domingo, 16 de febrero de 2025

7. Cuando son otros los que deciden por ti

 

Donde les aprieta el zapato a los Clavijo es en el peculio. Una vecina de la tía Paca la Francesa resumió su situación con estas palabras: hambre, lo que se dice hambre no pasan, pero lujos los justitos. Y justitos gracias a que Rosario hace precarios equilibrios para llenar el puchero. Y lo llena con más legumbres y hortalizas que con tajadas. Y porque la ropa se estira hasta que pasa de uno a otro hermano o hay que teñirla para que no se noten tanto los dobladillos o los acortamientos. De ahí que el último argumento del párroco, para convencer a los Clavijo de que lo mejor para Sacarietes y para la familia es que ingrese en el seminario diocesano de Tortosa, va por ese camino.

   -Y además, hay una última cuestión que debéis valorar… Si algún día el Señor decide que el chico llegue a cantar misa, no tendréis que volver a ocuparos de él, pues tendrá un trabajo fijo mientras viva. Y, más aún, si sus deudos lo necesitasen, estará en posición de echarles una mano o las dos si fuese necesario -En la España de los años treinta la influencia del clero es significativa en todos los órdenes. La recomendación o petición de un religioso suele ser atendida casi siempre, de ahí la sibilina referencia del párroco.

   Los Clavijo vuelven a casa con la cabeza caliente y los pies fríos, como suele decirse. La verdad es que los razonamientos del mosén les han impactado y, si todo discurriera como les ha descrito, los problemas que se les plantean con lo de que el chico pueda o no estudiar se resolverían de un plumazo si ingresa en el seminario. No solo podría estudiar, sino algo tan o más importante: el día de mañana estaría en condiciones de ayudar a sus hermanos y esto es algo que los Clavijo valoran enormemente.

   -Mira por donde, si dentro de unos años Zacarías llega a ser retor y Charito no se casara, podría hacerle de ama de llaves con lo que tendría el pan asegurado. Y todos los curas necesitan de alguien que se ocupe de los asuntos domésticos –razona el padre. En efecto, es habitual que los párrocos, ecónomos, coadjutores y vicarios destinados en los pueblos tengan con ellos a un familiar, generalmente una hermana, tía, sobrina o prima que les hace de ama de casa porque, al fin y al cabo, un sacerdote es un hombre y los hombres, como es propio de su sexo, no saben nada de las tareas propias de un hogar, eso queda reservado a las mujeres.

   -A mí que tengan tres comidas aseguradas y abundantes es lo que más tilín me ha hecho  -opina madre-. Y luego, es cierto que al haber una cuchara menos los demás tendrían raciones mayores. Aunque visto desde otra perspectiva, me preocupa que, al ser tan fetiller, si no tiene cerca alguien que le obligue a comer podría acabar tísico o algo peor.

   Los padres no tienen que debatirlo mucho, los argumentos del párroco les han convencido. Tan solo les queda una última duda: ¿querrá el chico?, pero están convencidos de que, en el supuesto de que se niegue, podrán hacerle entrar en razón. Se equivocaron, el chiquillo se cerró en banda y no hubo manera de que escuchara las razones paternas. Hasta que el llumero se cansó y quiso imponerse por las bravas, un mocoso de nueve años no le iba a faltar el respeto que se le debe a un padre.

   -Hasta aquí hemos llegado, Zacarías. En septiembre, te guste o no, ingresarás en el seminario.

   La respuesta del chaval era lo que menos podía esperar el padre que considera a su hijo más bien apocado.

   -Pues, si me mete en el seminario, me escaparé.

   Al oír la bravata, -algo inaudito en un chaval tan cuitado- la primera reacción del señor Zacarías fue cruzarle la cara, pero la señora Rosario se interpuso.

   -No le pegues, marido, ¿qué va a decir la gente cuándo se entere de que el encargado de la luz pega a su hijo porque no quiere entrar en el seminario? Posiblemente, hasta al propio mosén Fumadó no le guste, pues de alguna manera su nombre puede verse involucrado. Se le puede convencer por otros medios.

   La argumentación de Rosario hizo que el llumero se controlase, pero no que desistiese en su empeño. Ese verano, gracias a la intercesión y el consejo de las tías Paca y Emilia, los Clavijo tomaron una decisión: le darían al chaval un plazo para que, al cumplir los diez, se convenciera de que ingresar en el seminario era la mejor, y acaso la única  solución, para que pudiese estudiar y, al mismo tiempo, hacerle un favor a su familia. Y esa especie de ultimátum diferido, es lo que le lleva a mal traer, porque en abril de este año de gracia de 1930 ha cumplido los diez. Y a todo ese cúmulo de recuerdos, se une ahora la llamada del tío Paco Roca que quizá se haya puesto de acuerdo con el cura –dicen de él que es un meapilas-, y entre todos quieran meterlo en el seminario. Al chaval se le ponen los pelos de los brazos como escarpias solo de pensarlo, pero sospecha que no podrá hacer nada ante fuerzas tan poderosas, y ya se ve en Tortosa.

   Unos días después madre le avisa.

   -El tío Paco te espera a mediodía en su casa. Tienes que

ponerte la ropa de los domingos.

   -Madre, no voy a ponerme el pantalón de golf con el calor que hace.

  -No es necesario, pero sí los zapatos nuevos. Y la camisa que te regaló el tío Joaquín por tus notas. Y que la raya te salga recta y no lleves ese revoltijo de pelo. Y antes de irte quiero echarte un vistazo para asegurarme de que vas a ir como Dios manda. Y no te olvides: has de llevarle tus cuadernos de la escuela, las notas y la enciclopedia que estudias.

   -¿La enciclopedia también? –se extraña el muchacho.

   -Es en lo que más ha insistido el tío. Ah, y sé muy respetuoso y ni se te ocurra llevarle la contraria. ´

   Los Roca-Traver viven en una gran casa, aunque bastante vieja, en la zona alta de la Plaza de la iglesia y en la que solo residen cuando van a pasar el verano, pues durante el resto del año viven en Castellón en un caserón de la calle Mayor.

   El chico abre la persiana de listones, asoma la cabeza y llama.

   -¿Se puede? –Parece que no le ha escuchado nadie, por lo que vuelve a insistir- ¿Se puede? –repite elevando el tono.

   Una mujer de unos cuarenta años aparece en la entrada y se le queda mirando. Ante ella hay un chicuelo de unos diez años, delgadito y poquita cosa, bajito y cetrino, con pelo renegrido y una carita afilada en la que destacan unos gruesos labios y un gesto preocupado.

 -¿Eres el hijo de la prima Rosario? 

 -Sí, señora. Don Paco quiere verme.

 -Ven conmigo –La mujer lleva al chicuelo a un despachito que está casi enteramente ocupado por una mesa de madera tallada, de estilo castellano, y dos sillones del mismo porte.

  -Siéntate, que aviso a papá. Enseguida vendrá. ¿Quieres un caramelo?

   -No, señora, muchas gracias.

   A los pocos minutos aparece el tío Paco. El chaval hace dos años que no le veía y le encuentra más viejo. El poco pelo que le queda lo lleva cortado a cepillo, ahora usa gafas y está un poco más grueso de lo que recordaba, pero sigue teniendo el mismo porte de seguridad en sí mismo y de ser de los de ordeno y mando. Al muchacho le impone.

   -Sobrino, tenía ganas de verte. El año pasado creo que no te vi. Has crecido y eres casi un hombre –el muchacho no sabe qué hacer, si darle la mano o besársela como hace con mosén Fumadó. Su tío le resuelve el problema dándole un fugaz beso en la mejilla-. Vamos a ver qué traes.

   El chicuelo le enseña las notas de curso a las que el tío apenas presta atención porque, como habilitado de los maestros de la provincia, sabe mejor que nadie que el concepto de evaluación sistémica no figura en el currículo de la enseñanza española. Prácticamente, hace lo mismo con los cuadernos de clase, pero en cambio se queda con la sobada enciclopedia, de gruesas tapas de cartoné, de Dalmáu-Carles que es la que estudia el chaval. Y sin ningún tipo de preámbulo le dice:

   -Siéntate. Te voy a hacer unas cuantas preguntas y las vas contestando y, si no las sabes, lo dices. No pasa nada. 

   El tío cambia de gafas, coge la enciclopedia cíclico-pedagógica de grado medio y la abre al buen tuntún, salen matemáticas.

   -Enuncia el teorema de Pitágoras.

   -El cuadrado de la hipotenusa de un triángulo rectángulo es igual a la suma de los cuadrados de los dos catetos –recita el chico de inmediato.

   -¿Lo sabrías explicar matemáticamente?

   -No, señor –contesta el chaval.

   Estamos en lo de siempre, aprenden los teoremas de memoria, pero no les enseñan cómo desarrollarlos. Otro muchacho que terminará odiando las mates, se dice el tío que prosigue abriendo otra página del libro, religión.

  -¿Cuántos hijos tuvo Abraham?

   -Dos, Ismael e Isaac -Otra página, historia.

   -Háblame de la batalla de Las Navas de Tolosa.

   -En la batalla, que tuvo lugar en 1212, se enfrentaron

cristianos y musulmanes, venciendo los primeros bajo el mando de Alfonso VIII de Castilla, Pedro II de Aragón y Sancho VII de Navarra.

   Y el tío va abriendo páginas y el sobrino respondiendo como un disco rayado. El bueno de don Paco desconoce que el chico se sabe la enciclopedia de memoria, tan es así que hasta es capaz de recordar la leyenda que acompaña a muchos de los grabados, algunos de ellos tan pintorescos como el de un insecto, el Phlebotomus papatasi, que transmite la enfermedad cutánea conocida con el nombre de Botón de oriente.

   Llega un momento en el que el tío estima que es más que suficiente. No está seguro si el hijo de su sobrina es un cerebrito o solamente que cuenta con una prodigiosa memoria pero, sea lo que fuere, le vale. Zaca ha pasado el filtro del tío Paco. No lo sabe, ni siquiera lo sospecha, pero acaba de dar un paso que, posiblemente, marcará de forma decisiva su devenir. Es uno de esos momentos en que se decide la vida de una persona sin que el interesado sea consciente de que su futuro está en juego.

   Una vez más se cumple lo que es una constante en la vida del chicuelo: son otros los que deciden por él. Es el sino de los timoratos y Zaquita ¡vaya si lo es!


PD.- El próximo martes publicaré el episodio 8 de la novela “El masover”, titulado: 8. Paco Roca, la última palabra (9804 verano 1930)


viernes, 14 de febrero de 2025

Libro IV. Episodio 87. Pilar se independiza

 

   Alemania empieza los preparativos para invadir el Reino Unido. Los germanos no tienen ninguna esperanza de batir a la poderosa Royal Navy, pero piensan que tendrán una oportunidad de éxito si pueden destruir a la Royal Air Force. Se inicia un intenso combate aéreo, pero la Luftwaffe no puede con la RAF.

   En la tertulia de la perfumería, Julio pregunta qué efectos está teniendo lo que los corresponsales de guerra llaman la Batalla de Inglaterra.

   -Los alemanes no han obtenido los resultados esperados y Hitler, en venganza por el bombardeo inglés de Berlín, ha optado por bombardear las mayores ciudades de Inglaterra y especialmente Londres –informa Valdés.

   En septiembre, Alemania, Italia y Japón firman el Pacto Tripartito aumentando el potencial de los países con ansias expansionistas. Y un mes después, Franco y Hitler se reúnen en Hendaya para tratar asuntos estratégicos. La prensa nacional destaca dicha entrevista como una reunión fundamental para el devenir español, pero no concretan demasiado, aparte de narrar la anécdota de que el líder alemán tuvo que esperar cerca de media hora a que llegara el Caudillo.

   El 40 ha comenzado con mal pie para Álvaro, en marzo es dado de baja en el Canarias por enfermedad, tiene problemas intestinales, y se le conceden dos meses de licencia, prorrogada por otros dos meses, y pasa a situación de reemplazo, abandonando definitivamente el crucero. El primogénito, una vez recuperado de sus dolencias, es destinado al minador Júpiter, embarcando en Valencia el 1 de octubre y desempeñando el destino de director de tiro. Días después, el buque zarpa protegiendo un convoy de tropas a Melilla. Luego, vuelven a Palma de donde zarpan en noviembre con destino a Tánger para incorporarse a la Estación Naval de dicha ciudad internacional, apoyando a las fuerzas terrestres españolas que en junio han invadido la ciudad y desmantelado el gobierno internacional, aprovechando el desconcierto ante la ocupación alemana de París. Unos meses más tarde, Tánger es anexionada al protectorado español de Marruecos y se suprimen los órganos internacionales que hasta entonces habían gobernado la ciudad.

   En la primera quincena de diciembre, y haciendo buena la balandronada lanzada a la familia, Andrés aprueba el curso preparatorio, tras lo cual recibe una licencia reglamentaria hasta el 20 de enero en que será nombrado aspirante del Cuerpo General de la Armada y realizará el primer curso de la Escuela Naval que discurrirá de enero a junio de 1941. 

   Y mientras, la guerra, a la que ya se denomina la II Guerra Mundial, se propaga e intensifica.    

   Pilar y Luis han terminado las gestiones para trasladarse a Barcelona, en donde han alquilado un espacioso piso en la calle Lauria, esquina a Valencia, del burgués barrio del Eixample. Pilar, que quiere despedirse de sus hermanos, se plantea si despedirse también de su padre; lo consulta con Luis.

   -Deberías hacerlo, aunque te siga poniendo mala cara. Si estás en el mundo a él se lo debes. Ah, y puedes decirles a tus hermanos, de mi parte y supongo que también de la tuya, que en Barcelona tienen nuestra casa abierta y serán bien recibidos siempre.

   -Otra cuestión que debemos dilucidar es qué hacemos con mi título. Te diré lo que he pensado y luego me das tu opinión. En principio, pienso dejárselo, por qué si no, ¿de qué van a vivir? Al menos, hasta que Jesús termine la carrera y haya otro título en la familia. ¿Qué te parece?

   -Que haces muy bien. Es una forma de demostrar a los tuyos, sobre todo a tu padre, que no eres la arpía que dice que eres. Les devuelves bien por mal, y eso lo hacen las personas de buen corazón. Y para que lo valoren más, les puedes contar que yo no estaba de acuerdo, pero que tú dijiste que era una condición sine qua non para irte conmigo.

   -Eso último no pienso decirlo, no quiero que se formen una opinión equivocada de ti.

   Esa misma noche, Pilar se presenta en la casa familiar. La despedida es altamente emotiva y hasta hay alguna lágrima de agradecimiento cuando Pilar les explica que les deja el título para que puedan seguir regentando la farmacia. Al final, hasta el padre la besa y le desea que sea feliz en Cataluña.

   Pilar y Luis han amueblado y decorado el piso de la calle Roger de Lauria y están comenzando a hacer nuevas amistades, pues llevan una vida social muy activa. No se pierden ninguna exposición, ningún estreno de una obra teatral o la premier de una nueva película. Suelen salir a cenar varias veces por semana, aunque Luis continúa prefiriendo los exquisitos platos que Pilar ha aprendido a cocinar.

   -Cariño, ¿qué tenemos hoy de almuerzo?

   - Sopa de cebolla, ancas de rana y ratatouille.

   En la guerra, el control del sur de Europa, del Mediterráneo y de África del norte es muy importante para el Imperio británico, pues depende en gran parte del tráfico a través del canal de Suez. Tras la rendición de Francia, los británicos atacan la Armada francesa por temor a que pueda caer en manos alemanas. Después, la Royal Navy combate contra la Flota italiana por la supremacía en el Mediterráneo. Precisamente, sobre ese frente, Infantes tiene noticias.

   -Las tropas italianas han pasado a Egipto desde Libia para atacar las bases británicas y capturar el canal de Suez, pero los británicos los han derrotado. Dado el fracaso italiano, las fuerzas alemanas, bajo el mando del general Erwin Rommel, han desembarcado en Libia para renovar el asalto contra Egipto.

   -Yo traigo hoy noticias de los americanos –señala Valdés.

   -¿No me digas que los yanquis también se han metido en la guerra? –pregunta Julio.

   -No y sí –Vista la cara de Julio de no entenderle, Valdés se explica-. Tras la rendición de Francia, el Reino Unido se ha quedado sin recursos económicos para seguir combatiendo. Para ayudarles, el presidente de EEUU, Franklin Roosevelt, ha convencido al Congreso de que apruebe una Ley, llamada de Préstamo y Arriendo, que proveerá al Reino Unido y a otros países de equipo militar y otros suministros. Los americanos han entrado en la guerra con su dinero, pero no con sus soldados.

PD. Hasta el próximo viernes en que, dentro del Libro IV, Las Guerras, de la novela Los Carreño, publicaré el episodio 88. La segunda farmacia

martes, 11 de febrero de 2025

6. ¿Zaca seminarista?

   El tío Paco Roca, casado con una Traver –el segundo apellido de Rosario-, es una leyenda en la familia, pues es quién ha hecho mejor carrera, ya que no solo es el habilitado del magisterio provincial de enseñanza primaria, sino que hasta fue diputado en Cortes. El hecho de que tenga que ir a verle, impresiona a Sacarietes y, al mismo tiempo, le produce recelo. ¿Para qué querrá verme?, se pregunta, porque la gente mayor suele pasar de los niños. Las contadas veces que habló con él siempre se mostró afable, pero el hecho de que ahora quiera verle, y a solas, le mosquea. Quizás por eso no puede dormirse. Enciende la lamparilla de la mesita de noche para leer, procurando hacer el menor ruido posible para no despertar a Pedrito

   -Tete, ¿vas a leer?

   -Creí que estabas dormido.

   -Me ha despertado la luz. ¿Me quieres leer un cuento? Blancanieves y los siete enanitos.

   -Que recuerde, te lo he leído tres veces. ¿No prefieres otro o un tebeo?

   -Me gusta ese, sobre todo por los enanitos que son bajitos como yo, ¿verdad?

   -Vale –Zaca rebusca entre los libros que guarda en la parte baja de la mesita y comienza el cuento que, de tanto leérselo a su hermano, casi se lo sabe de memoria-: Érase una vez una joven y bella princesa llamada Blancanieves que vivía en un reino muy lejano con su padre y madrastra…-Cuando llega al segundo pasaje en que la madrastra pregunta al espejo quién es la más hermosa del reino, Pedrito se ha dormido. Deja el cuento y coge una edición en rústica de Las aventuras de Tom Sawyer. Le encantan las historias que narra Mark Twain. La lectura le hace olvidarse de la cita que tiene por la mañana y el sueño le vence con el libro entre las manos.

   Sin embargo, en cuanto despierta su primer pensamiento es: ¿qué puede querer el tío?, ¿no será una encerrona cómo la del año pasado de mosén Fumadó?, se pregunta con cierto temor. No tiene que hacer demasiados esfuerzos para recrear lo que califica como una encerrona porque ocurrió hace poco.

   A raíz de que fuera el mejor alumno del rebañito parroquial donde les preparaban para tomar la primera comunión, un día el párroco le mandó aviso de que le esperaba en la sacristía después del rezo del rosario, pues quería hablar con él. En la entrevista también estuvo presente el vicario. Mosén Fumadó., tras elogiar su aplicación y buen comportamiento en el rebañito, comenzó a hacerle preguntas sobre qué le gustaría ser de mayor.

   -Pues, no sé qué decirle, mosén Fumadó –El chicuelo duda, supone que mentir, y más a un cura, debe de ser pecado mortal. Y duda porque sí que ha pensado alguna vez qué le gustaría ser de mayor y, sobre todo, qué no le gustaría. Lo que hace, para no pecar, es inventarse una supuesta y sorprendente vocación-. Pero alguna vez si he imaginado qué me gustaría ser de mayor, me gustaría ser vaquero –Es mentira, porque lo que le gustaría ser es abogado. No conoce a nadie que lo sea, pero en el cine ha visto muchas pelis americanas en las que el protagonista es un letrado y le encanta ese papel.

   -¿Y trabajar en una granja con vacas y toros? .pregunta, desconcertado, el sacerdote.

   -No, ser vaquero pero del Oeste y trabajar en películas. Es que ¿sabe usted?, me gusta mucho el cine.

   -Ah. Yo me refiero a si has pensado en oficios y profesiones corrientes. Por ejemplo: en ser electricista como tu padre o maestro como don José Domingo o médico como don Eulogio o sacerdote como el señor vicario.

   -En ser médico, no –salta, raudo, el chiquillo-, me da miedo la sangre.

   -Y en ser electricista, maestro o sacerdote, ¿lo has pensado?

   El muchacho vuelve a vacilar. Piensa que al final el cura terminará sacándoselo todo, por lo que decide abreviar la entrevista.

   -No lo he pensado, pero ya que usted me lo pregunta, le juro por… -No tomarás el nombre de Dios en vano, le enseñaron en el catecismo-, le prometo que me lo pensaré. ¿Puedo irme?

    -¿Tienes prisa?

   -No, mosén, creía que había acabado de preguntarme.

   -Aun queremos contarte algo, y lo va a hacer don Florencio, que hace poco salió del seminario. Otra pregunta, ¿te gustaría estudiar el bachillerato?  

   -Sí, mosén, me gustaría. Todo lo que sea estudiar me gusta.

   -Pues podrás estudiarlo si ingresas en el Seminario Diocesano de Tortosa. Mosén Florencio, su turno –La Iglesia Católica, como es bien sabido, aborrece los cambios, pese a ello podrá mudar de criterios, formas o estructuras, pero hacerlo le llevará décadas y hasta siglos. Quizás esa fue la causa de que no respetara la división de España en provincias –vigente hasta nuestros días-, que Javier de Burgos trazó en 1833. Mantuvo las circunscripciones eclesiásticas antiguas; por eso, aunque la provincia de Castellón forma parte de la región valenciana, en el ámbito eclesiástico parte del territorio provincial pertenece a la catalana sede episcopal de Tortosa. Era el caso de Torreblanca -aunque ya no-.

   El vicario, carraspea para aclararse la garganta, y le narra la vida que los chicos internos llevan en el seminario tortosino. Mosén Florencio le hace un relato idealizado de lo bien que se lo pasan los seminaristas, de cuan buenos y comprensivos son los profesores, de lo mucho que se aprende, de lo laxa que es la disciplina y de lo bien que se come, hasta les dan de merendar. Lo que no le cuenta es que algunos de los internos, tras realizar los estudios con los que se puede convalidar el bachillerato, abandonan el seminario antes de cantar misa. Cuando el vicario termina, el párroco toma el relevo y remata la supuesta e idílica vida del seminarista diciendo algo que sabe que le llegará muy adentro al muchacho, prueba de que es conocedor de cuanto ocurre en su grey.

   -¿Te gusta el fútbol? ¿Sí? Pues muchos días, después de la última clase de la tarde, se forman varios equipillos para jugar al fútbol. Y juegan todos, le den mejor o peor a la pelota.  

   -¿Y juegan con sotana o sin ella? –Es la insospechada pregunta del chiquillo.

   -No necesitan quitársela. Se la recogen con las manos. Y no veas los pepinazos que sueltan. Bueno, por hoy hemos terminado, continuaremos hablando, y mientras ve pensando en lo que te ha contado mosén Florencio, Ah, y diles a tus padres que mañana les espero en la sacristía, después del rosario –tras lo cual, el reverendo le ofrece el dorso de su mano para que el chaval la bese.

   Lo que el chicuelo no se ha atrevido a contar al párroco es que, además de no querer ser médico por su miedo a la sangre, tampoco quiere ser cura porque sabe que los eclesiásticos no tienen mujer. Zaca, a sus nueve años, va muy retrasado emocionalmente respecto a compañeros de su misma edad, y las mujeres no le dicen nada, salvo que le parece que son como muy maníáticas, además de un poco raras y tienen la lágrima floja. Pero, por lo que fuere, la ausencia de una mujer en la vida de un sacerdote es lo que le lleva a no querer serlo.

   La insistencia del párroco se debe a que le han llamado la atención, desde el obispado, sobre el escaso número de vocaciones sacerdotales que surgen en el pueblo. Y le han exhortado a que la situación revierta pues, desde que hace unos años un tal Bartolomé Chaler, hijo de un pintor de brocha gorda, ingresó en el seminario, no ha vuelto a producirse otra incorporación de un torreblanquí al seminario tortosino. El párroco piensa probar con otros chicos, pero ha elegido primero a Zaca porque puede ser una buena piedra de toque.

   Los seminarios diocesanos, de la década de los treinta, están llenos de futuros clérigos que son segundones de familias de zonas pobres, como son la mayoría de las pertenecientes al Maestrazgo y la Sierra de Espadán. La causa es porque en muchas comarcas existe la tradición de que el hereu –el heredero o primogénito- reciba la mayor parte de los bienes raíces familiares, mientras al resto de hermanos solo les toca la legítima en forma de las peores tierras. Por eso, hay familias con escasos recursos que optan por enviar a alguno de sus hijos segundones a los seminarios, como medio para obtener una formación que de otro modo nunca podrán alcanzar. Y, además, un futuro asegurado si terminan la carrera sacerdotal.

   Al día siguiente, la entrevista de los padres con el párroco discurre por otros cauces. La estrategia de mosén Fumadó se basa en tres argumentos. El primero es que un niño, tan brillante académicamente como su hijo mayor, debería estudiar. Su maestro don José Domingo le ha informado de que jamás tuvo un alumno que fuera tan aplicado, tan voluntarioso y, sobremanera, que contara con una memoria tan prodigiosa. El segundo es el económico, pues el clérigo está al cabo de la calle de lo escasamente boyante que es la economía de los Clavijo. Estudiar en el seminario no les costará un céntimo, todo es gratis; por no gastar ni lo harán en ropa porque las sotanas, roquetes, fajines y todo lo que usan los seminaristas lo proporciona el seminario, hasta les dan los camisones que usan para dormir. El último argumento también es económico, en cierto modo. En la edad que está Zaca, los chicos comen como limas y en el seminario ese aspecto también lo tendrá cubierto. Tres comidas diarias, sanas, abundantes y aseguradas. Y mosén Fumadó ahonda más en esa cuestión. No solo tendrán asegurada la pitanza del primogénito, sino que, de rebote, su ausencia repercutirá positivamente en el resto de los hermanos porque, al ser uno menos en la mesa, habrá más para los demás. El párroco piensa que será un triunfo si consigue que el chaval ingrese en el seminario, así desde el obispado dejarán de darle la matraca, que a su edad no está para soflamas.

   Mosén Fumadó todavía se guarda un último comodín en la manga, pues al final de la entrevista deja caer, como el que no quiere la cosa, el último de sus cebos para ver si pican los padres. Es una potente carnaza con la que espera convencer a los Clavijo, ya que sabe dónde les aprieta el zapato.

 

PD.- El próximo martes publicaré el episodio 7, de la novela

<<El masover>>, titulado: Cuando son otros los que deciden por ti 

 [CM1]

viernes, 7 de febrero de 2025

Libro IV. Episodio 86. Andrés, cadete en la Escuela Naval Militar

   Ha llegado diciembre y con él la Navidad. Como en el periodo republicano los Carreño tiraron a la basura las figuritas del Belén, Eloísa y Concha han ido a la Plaza Mayor, donde en las Navidades se montan puestos en los que se venden todo tipo de objetos navideños. Compran las figuras más importantes para montar un nuevo Belén, así como elementos decorativos para adornar la casa. Este año estarán todos los Carreño en casa, salvo Pilar que se mantiene en sus trece de no enfrentarse con su padre. Incluso estará Álvaro, cuyo buque está fondeado en Ferrol desde hace dos meses, pues tienen que ponerlo a punto. En la preparación de las comidas navideñas, Paca echa de menos a Pilar que era la que se encargaba de preparar los platos más elaborados y durante los brindis del día de Navidad, Eloísa se atreve a proponer uno.

   -Por los presentes y los ausentes –Todos alzan las copas pensando en su fallecida madre, aunque en su brindis Eloísa también ha incluido mentalmente a la ausente Pilar.

   Desde hace unos meses, los domingos Julián casi no hace sobremesa, se va a su habitación y al rato sale hecho un brazo de mar.

   -Hasta la noche, familia.

   -¿Dónde va ese chico tan peripuesto? –pregunta el padre.

   -Papá, ya no es un chico, tiene veintinueve años. Y si se ha arreglado tanto supongo que es porque va a ver a su novia –le explica Eloísa.

   -¿Qué es eso de que tiene novia? –se asombra Julio-, a mí no me ha dicho nada.

   -Porque todavía no es oficial el noviazgo, pero tranquilo que cualquier día de estos te presentaré a la muchacha –le tranquiliza Eloísa.

   -¿La conoces?

   -Sí, pero por encima. Me los encontré un día paseando por la Plaza Mayor y Julián me la presentó. Estuvimos charlando un ratito. Es alta, casi tanto como Julián, tirando a rubia y me pareció muy desenvuelta.

   -¿Y de qué familia es?

   -Papá que Madrid no es Plasencia, ¿cómo quieres que sepa de qué familia es? Solo te puedo decir que trabaja de dependienta en los almacenes SEPU. Supongo que se habrán conocido allí.

   A pesar de no reunirse con la familia, Pilar no estará sola pues Luis ha venido de Chiclana para estar junto a ella. Los Ramírez lo acogen cordialmente y en su casa celebran las comidas de las fiestas navideñas. Pilar, que se está convirtiendo en toda un chef de cuisine, es la encargada, con la ayuda de Charo, de preparar los menús que concitan las felicitaciones de los comensales. Cuando las mujeres se han ido a la cocina tras recoger los platillos y cubiertos del postre, Damián comenta dirigiéndose a Luis:

   -Esta novia tuya vale un Potosí.

   -Me lo dirás a mí.

   -Si todo lo hace igual de bien a como cocina, te vas a divertir mucho –Como Luis cree encontrar una segunda intención en las palabras de Damián opta por no contestar.

   En primavera, Luis Verdú ha participado en el concurso de méritos para la elección de nuevas plazas de notarios y le han adjudicado una plaza en Hospitalet de Llobregat. El cambio provoca la inmediata reacción de la pareja que se pone inmediatamente a planear su marcha a Barcelona.

   Para otro miembro de los Carreño, el año 1940 supone un hito. El 1 de febrero, el balarrasa de Andrés, tras superar los exámenes sufridos al efecto en la Escuela Naval Militar de San Fernando, accede a la misma como alumno del curso preparatorio para ingresar en el Cuerpo General de la Armada.

Junio es un mal mes para Andrés: al haber obtenido en los exámenes la calificación inferior a suficiente, pierde el curso y tiene que unirse a la siguiente promoción. Sus malas notas del bachillerato le han pasado factura. Disfruta de un mes de licencia y en julio comienza la repetición del curso preparatorio. La familia se lleva un buen disgusto, no están acostumbrados a que sus miembros suspendan, pero el joven no se arredra y lanza una bravata.

   -No os preocupéis, en diciembre aprobaré.

   Entre tanto, los alemanes acaban la drôle de guerre cuando, en la primavera del 40, sus ejércitos ocupan Dinamarca e invaden Noruega. Luego atacan Bélgica, Holanda y Luxemburgo. Y lo hacen con tal rapidez y eficiencia que asombran al mundo; parece que nadie sea capaz de parar a sus blindados. La Fuerza expedicionaria británica y el Ejército francés, avanzan hacia el norte de Bélgica, mientras mantienen un frente estático a lo largo de la Línea Maginot, la gran barrera defensiva francesa a la que se considera infranqueable. Vistos los desastrosos resultados de la guerra, a mediados de mayo el primer ministro británico, Neville Chamberlain, dimite y es sustituido por Winston Churchill.

   En la guerra comienzan a participar más actores, pues en junio Italia declara la guerra a Gran Bretaña y Francia. Días después, la Unión Soviética invade los países bálticos. Al tiempo, los alemanes atacan Francia, sorteando la Línea Maginot, al colarse a través de las Ardenas, una región que los Aliados pensaban que era impenetrable para un ejército mecanizado.

   En la reunión de la perfumería, los tertulianos comentan la increíble rapidez en el avance de los ejércitos alemanes, bautizada con un nombre que pronto se hace popular en las crónicas de los corresponsales de guerra: la blitzkrieg.

 -¿Y qué ha pasado con la Fuerza expedicionaria británica y las divisiones del Ejército francés que se han quedado rodeados en el norte? –inquiere Julio.

   -Están siendo evacuados desde Dunkerke, a través del Canal de la Mancha, en barcos de guerra y mercantes, en una de las operaciones de evacuación más grandes de la historia militar.

   -¿Y por qué los alemanes no se han echado sobre ellos para rematar la faena? –vuelve a preguntar Julio.

   -Se rumorea que la ofensiva ha sido detenida por el mismo Hitler para que sus tropas cojan aliento, algo que al parecer no les ha gustado nada a los mandos de los regimientos de panzers.

   Tras acabar con la bolsa de Dunkerke, las fuerzas alemanas continúan avanzando por Francia, donde las divisiones galas sufren una derrota tras otra. Al final, el gobierno francés firma un armisticio con Alemania el 22 de junio, que conduce a la ocupación alemana de París y dos tercios del país, y al establecimiento de un gobierno títere con sede en el sudeste de Francia, conocido como la Francia de Vichy. El mariscal francés, Philippe Pétain, se convierte en jefe de ese gobierno. La guerra está siendo un paseo para el ejército teutón. ¿Seguirá así?

PD. Hasta el próximo viernes en que, dentro del Libro IV, Las Guerras, de la novela Los Carreño, publicaré el episodio 87. Pilar se independiza