martes, 28 de enero de 2025

4. Romanos y cartagineses

 

   El 12 de abril Zaca cumple diez años. Los Clavijo no han hecho una celebración especial, la economía familiar no está para muchos dispendios. Lo de la tarta, soplar las velas y demás rituales de los cumpleaños es propio de las ciudades, pero aún no ha llegado a los pueblos, al menos a Torreblanca. Sin embargo, madre, pensando en lo fetiller que es su primogénito, ha preparado dos de los pocos platos que el chico come sin demasiados remilgos: mandonguilles de patata, bacalao y piñones y, de plato fuerte, arroz con conejo, judías verdes y guisantes.

   El muchacho se zampa las croquetas, pero del arroz aparta los vegetales y la carne y apenas come un poco. Como es su día padre se lo perdona.

   Tras el almuerzo, ha llegado el momento de los regalos, pocos pero utilitarios. La tía Emilia le ha enviado desde San Mateo un paquete por correo que madre insta al chico a desenvolverlo.

   -¡Qué bien. Un diccionario enciclopédico ilustrado! Me va a venir como anillo al dedo.

  -Tienes otro regalo –y madre le da lo que es más un envoltorio que un paquete.

   -¡Ahí va, un pantalón largo! –exclama emocionado el muchacho, pues es el primero que tiene. Porque el pantalón de golf ni es corto ni largo, es una prenda que parece que solo se lleva en el extranjero. Y si él ha tenido que usar uno ha sido contra su voluntad. Fue cosa del tío Magín, el sastre de la calle Horno, que engatusó a madre.

      -Si vas a llevar pantalón largo, quiere decir que ya eres un hombre. Tendrás que portarte como tal –sentencia padre.

    Hoy ha sido un día escolar más, pero no para el mayor de los Clavijo, pues en la sesión de la tarde parece que al maestro le ha dado galbana y, en lugar de la clase habitual, han jugado a romanos y cartagineses. La rememoración de las guerras púnicas entre Roma y Cartago es incruenta, pero estimulante para los escolares, especialmente para Zaca que en ellas se encuentra como pez en el agua. El juego, pues de eso se trata, consiste en formar dos equipos de cuatro o cinco niños, generalmente de los dos últimos cursos, pues la clase funciona como una unitaria, hay escolares desde los seis a los doce años. Ambos conjuntos se enfrentan formulándose preguntas sobre materias escolares. Gana el equipo que más respuestas acierta, como atestigua el maestro. El capitán de cada equipo lo designa el docente como un premio a los más aplicados, y son ellos los que libremente eligen a los miembros de su equipo. Zaca, pese a que solo está en cuarto, es el capitán de uno de los equipos, ya que tiene fama de ser el que más sabe de la clase; al menos, según don José Domingo.

   Hoy ha habido empate entre ambos equipos y a los capitanes les corresponde romperlo. Comienza preguntando el líder de los cartagineses, que hoy es Manolo Sales con fama de ser más listo y astuto que los demás alumnos de doce años. La materia elegida por el maestro ha sido geografía de España. Sales no ha sabido responder a la pregunta formulada por Clavijo, a quién ahora le toca contestar la pregunta de su oponente.

   -¿Cuál es el río más largo e importante de España? –La

pregunta de Sales tiene su miga, porque es ambigua en lo de importante, y tiene trampa en cuanto a la longitud.

   Zaca, que se ha olido la trampa, piensa que no solo debe dar con la respuesta correcta, sino además lucirse para dejar tocada la moral de su rival. Por lo que, curándose en salud, antes de contestar a Sales, se dirige al maestro.

   -Con su permiso, don José, la pregunta que plantea Manolo exige precisar la respuesta. Porque si solo nos referimos a la nación española, el río más largo es el Ebro. Pero si hablamos de su longitud total, desde el nacimiento hasta la desembocadura, el más largo es el Tajo, aunque aproximadamente un veinte por ciento de su recorrido discurre por Portugal. En cuanto a caudal, el primero es el Ebro, por lo que se podría afirmar que, en conjunto, es el río más importante de España. Además, también es el que atraviesa más regiones, pues nace en Fontibre, provincia de Santander, que pertenece a Castilla la Vieja, pasa por Las Vascongadas, Logroño, discurre por Navarra, cruza Aragón y desemboca en Los Alfaques, cerca de Tortosa, que pertenece a la región catalana –el dedo del maestro se posa sobre el chico señalándole como vencedor, como suele ocurrir las más de las veces-. Por eso hoy vuelve de la escuela más alegre que unas castañuelas porque, en las raras ocasiones que pierde, el enfado consigo mismo le dura varios días. Esos juegos, en los que priman los conocimientos y no la potencia física, hacen feliz al muchacho, pues son en los que destaca muy por encima de sus condiscípulos. Y en los que no es el patito feo del grupo, sino el astro que brilla más que ningún otro.

   Cuando el muchacho llega a casa se extraña de no ver a padre. Madre le cuenta que, junto a su ayudante, Piñana, ha ido a recorrer la línea que, desde Cabanes, transporta el fluido eléctrico hasta Torreblanca. Es un tendido viejo por lo que, en cuanto sopla un viento medianamente fuerte, se avería fácilmente. Cuando eso ocurre, los encargados de la LUTE de Torreblanca y de Cabanes, tras dejar la línea fuera de servicio, se reparten la revisión de los aproximadamente veinte kilómetros de tendido hasta que uno de ellos encuentra y repara la avería. Si se trata de la caída de un poste, el apagón puede durar   veinticuatro horas, pues hay que contratar a un arriero para que con sus acémilas acarree uno nuevo. La línea de Cabanes es el particular calvario del llumero, pues le da más trabajo que el resto del tendido eléctrico del pueblo tanto el de alta como el de baja tensión.

   Puesto que Zaca va cumpliendo años, el matrimonio Clavijo-Alsina dialoga alguna que otra vez sobre el futuro del chico. Son conscientes de que, dada su falta de habilidad manual y su endeble físico, no va a tener futuro en un oficio artesano. En cambio, dado que es estudioso y con fama de listo se desenvolverá mejor en un trabajo en el que prime la mente. Por ello, en su momento, aspiraron a que estudiase una carrera, la principal dificultad residía que en Castellón solo existen dos centros académicos de grado medio: la Escuela Normal, donde se forman los maestros de enseñanza primaria, y la Escuela de Comercio, donde se cursan las carreras de perito y profesor mercantil. Para cursar estudios universitarios hay que desplazarse a Valencia, sede de la única universidad de la región. Lo de ir a la ciudad del Turia siempre estuvo descartado por su alto coste. Lo que si barajaron fue lo de que pudiera viajar a Castellón en el autobús diario o en el tren que cubre la ruta Tortosa-Valencia, el llamado ligeret. De esos proyectos ha tiempo que han dejado de hablar en la medida que la economía familiar ha ido  deteriorándose. Ahora los planes son más modestos y, en última instancia, padre piensa que siempre podrá trabajar en la LUTE, como sus hermanos Julián y Miguel y él  mismo, aunque solo es una última solución.

   Lo de trabajar en su empresa deja de ser una opción cuando un día que el padre ha ido al Banco de Vizcaya a ingresar el cobro de los recibos de la luz, el boticario, don Eduardo Leuba -también director de la entidad-, le sugiere que el chiquillo podría llegar a trabajar en el banco, pues él se hace mayor y llevar la botica y el banco al mismo tiempo comienza a resultarle gravoso. Y, cuando se jubile de director, el oficial que tiene ahora, Bernardo Simó que le sustituirá, necesitará un auxiliar. El padre vuelve a casa más que contento, porque trabajar en un banco es, como ser funcionario, el sueño dorado de cientos de miles de españoles. Cuando se lo cuenta al muchacho se equivoca en la manera de enfocar la propuesta, prueba de que conoce poco a su primogénito.

   -Y dice don Eduardo que, en cuanto dejes la escuela, irás varios días a la semana al banco para aprender a escribir a máquina y, si fuera necesario, barrerás la oficina, limpiarás los cristales, recogerás las papeleras y todo lo que te manden. Y en cuanto cumplas los dieciséis podrás entrar como aprendiz de auxiliar.

   Al chico, que se tiene muy creído lo de que es más que listo y aspira a cursar una carrera, lo de barrer, limpiar y recoger la  basura le parecen trabajos inapropiados para una persona tan inteligente como él y hace oídos sordos a la proposición paterna. ¡Hasta ahí podríamos llegar, estudiar álgebra y hasta ecuaciones para que te pongan a fregar!, dice.

   Para rematar la mala acogida al nonato proyecto, la madre echa gasolina al fuego,

   -¿Y hasta que cumpla dieciséis años qué va a hacer? Quita, quita.

   A pesar de que la propuesta sobre el futuro de Zaca del boticario/banquero ha caído en saco roto, ello no es óbice para que don Eduardo sea uno de los personajes locales que más fascina al chiquillo. El motivo: es que posee la llave que abre un receptáculo que es todo un tesoro para el chico.

 

PD.- El próximo martes publicaré el episodio 5, de la novela <<El masover>>, titulado: Este chaval promete

viernes, 24 de enero de 2025

Libro IV. Episodio 84. Los Carreño se ponen el mono de trabajo


   Don Nicolás Ferrero presenta a Luis a un amigo cuyo hijo es jefe de centuria y, lo más importante, secretario de la agrupación falangista del distrito de Chamberí. El notario se trabaja al falangista, y no le cuesta demasiado convencerle –exactamente 3000 pesetas- de que inscriba a Jesús como falangista de su agrupación con fecha de 1935, por lo que automáticamente se convierte en camisa vieja. Y como tal le pide a Julián que encargue un uniforme de falangista: boina roja, casaca negra, camisa azul, corbata negra, pantalón negro, botas relucientes y correaje.

   -¿Crees que debería llevar pistola al cinto? –Pregunta Jesús-. Eso me hará parecer un falangista de los que luchó en la guerra.

   -Me parece excesivo, será mejor no tentar demasiado a la suerte -responde Luis.

   En Palma, Álvaro, tras liberar a su hermano Julián, ha vuelto a embarcar en el Canarias, en el que tiene un mes de junio movidito. El 16 zarpan para Bilbao, en cuyo puerto fondean al día siguiente, para asistir a las fiestas de conmemoración de la liberación de la villa, y en cuyo puerto embarca el 20 su excelencia el Generalísimo. Aquella misma noche parten para Ferrol en cuyo muelle atracan en la mañana del 21, desembarcando el Caudillo. El 18 de julio, IV Año Triunfal, Álvaro recibe la noticia de que por orden del Comandante General de la Escuadra se le otorgan las siguientes recompensas: 1 Medalla de Campaña, 1 Medalla de Mérito Militar roja y 3 Cruces de Guerra. Sorprendentemente, Andrés también es condecorado, se le conceden la Medalla de Campaña, una Cruz Roja del Mérito Militar y una Cruz de Guerra.

   Luis Verdú, acompañado por su novia, ha ido a visitar a don Nicolás Ferrero, el notario mentor del murciano.

   -Hija, tenía muchas ganas de conocerte, Luis me ha hablado mucho de ti. Leonor –llama a su esposa-, ven que te presentaré a la novia de Luis.

   Las dos parejas conversan un rato hasta que la señora de Ferrero se disculpa, pues ha de ver cómo va la preparación de la cena a la que les han invitado. Don Nicolás aprovecha la ausencia para tratar sobre el futuro de la pareja.

   -Lo que deberías hacer, después de que te reintegres a tu notaría, es solicitar en el próximo concurso de méritos una plaza cercana a una gran ciudad. Si te la dan, y es posible después del caos originado por la guerra, podríais vivir en la ciudad y tú desplazarte diariamente a la notaría. En ese supuesto te recomiendo que solicites poblaciones del entorno de Barcelona. En su perímetro hay localidades muy grandes y que van a crecer aún más, con lo que te asegurarías una plaza muy lucrativa, al tiempo que podríais vivir en la ciudad que está bien comunicada con su periferia.

   Tras la cena, los novios se despiden de los Ferrero prometiéndoles que volverán a visitarles. Es una de las últimas noches de la pareja, puesto que Luis ha de marcharse a su notaría de Chiclana.

   -Pilar, cariño, he pensado que como nuestra separación va a durar un tiempo, aunque al menos una vez al mes procuraré venir, creo que no deberías continuar en la pensión, tendrías que encontrar un sitio más confortable y, sobre todo, que estuvieras menos sola.

   -No pensarás que vaya a volver a vivir con mi familia. No soporto la cara de mártir que pone papá cada vez que me mira. Estoy hasta el moño de que me siga considerando como la arpía de la familia.

   -Lo comprendo, pero no era por ahí por donde iban mis tiros. Pensaba en la oferta que te hizo Charo Guardiola. ¿Por qué no te vas a vivir con ella? Os lleváis estupendamente, es un hogar confortable y vas a tener mucho espacio. Y tendrás con quién charlar, cambiar impresiones, ir al cine y llevar una vida menos solitaria que si continúas en la pensión. Piénsalo, amor.

   Mientras tanto, ha llegado el verano y los Carreño se plantean si irse de vacaciones. Julio corta el debate de raíz.

   -Ni pensar en irnos de vacaciones, estamos en pleno duelo por el fallecimiento de vuestra santa madre, ¿qué diría la gente si estando de luto nos fuésemos? Ahora lo que hemos de hacer es trabajar mucho a ver si nos reponemos. El saldo de nuestra cuenta está en mínimos –Al oír los argumentos de su padre Eloísa piensa que sigue dándole demasiada importancia al qué dirán.

   Siguiendo el consejo del paterfamilias, los chicos se han puesto a buscar trabajo. A Julián lo vuelven a admitir en los almacenes SEPU y además le nombran encargado de la sección de transporte. Eloísa ha vuelto a la perfumería del señor Ramírez como primera oficiala. Concha se encarga de cuidar a la tía Mechita que le da una generosa retribución. Jesús ayuda a su hermana Pilar que sigue al frente de la farmacia, aunque ésta se cuida muy mucho de pisar la casa familiar. Andrés ha sido admitido en el Colegio de Huérfanos de la Armada, gracias a la gestión del tío Luis, donde preparará el ingreso en la Escuela Naval Militar. Ángela está matriculada de primer curso en la Facultad de Farmacia de la Universidad Central. Y Froilán anda acabando el bachillerato en el CHA, pues ya no quiere ser ingeniero, ahora lo que pretende es ser marino de guerra como el tato que sigue siendo el espejo en el que se miran los Carreño pequeños.

PD. Hasta el próximo viernes en que, dentro del Libro IV, Las Guerras, de la novela Los Carreño, publicaré el episodio 85. La II Guerra Mundial

martes, 21 de enero de 2025

3. Que ce soit ce que Dieu veut (21.91.2025)


   Lo que dice Pedrito de que el crío será futbolista porque ha

nacido de penalti desconcierta a Zaca. ¿Qué querrá decir eso?,

¿y qué tendrá Dios que ver con ello? No lo entiende y cuando

no entiende algo lo desazona. En esas, que Elvira se asoma a la

puerta.

  -Elvi, ¿qué tenemos para comer?  

  -Paella, como los días de fiesta. La tía Paca os llama.

 A Zaca, como buen fetiller, no le gusta ni la paella, por lo que refunfuña entre dientes. Lo que quiere saber la tía es si prefieren quedarse o ir a  omer con ella.

   -Tengo sopa de cebolla y chuletas de cordero. Si venís los dos igual no hay carne para todos, pero os haré una tortilla.

  La casa de la tía Paca está hacia la mitad de la calle San Antonio, a la que la gente mayor suele denominar el Raval, que es la arteria más importante del pueblo y que forma parte de la carretera nacional Valencia-Barcelona –que realmente no empieza en la ciudad del Turia ni acaba en la Ciudad Condal-, por lo que está asfaltada, igual que la plaza Ramón y Cajal y la calle San Jaime. Hasta llegar a casa, y no es un trayecto largo, han tenido que detenerse un par de veces para que la tíacuente a unas vecinas como ha sido el parto de su prima Rosario.

  -Id poniendo la mesa, mientras aso las chuletas y hago las tortillas. De cuántos huevos las queréis? –Zaca se pide de uno. Pedrito de dos.

  -La mesa, ¿para tres o para cuatro? –la pregunta viene a cuento porque, como sabe Zaca, uno de los boticarios del pueblo, don José Gauchía, suele almorzar en casa de la tía.

  -Para cuatro.

  -No, así no –corrige la tía al ver la disposición de los cubiertos- La

cuchara y el cuchillo a la derecha y el tenedor a la izquierda. ¿Es que no

ayudáis a vuestra madre a poner la mesa?

   -No, la pone Elvira y cuando no está lo hace Charo. Poner la mesa

es trabajo de mujeres.

  -Este país no cambiará nunca –se encocora la tía-, no hay trabajos que

sean de mujeres o de hombres, hay trabajos de persona y eso lo somos

todos, llevemos faldas o pantalones.

   A Paca, educada en Francia, le irrita el acusado machismoexistente en la arcaica y pueblerina sociedad torreblanquina. Zaca, educado en ese ambiente, piensa que si la tía se hubiese criado en España sabría que hay actividades propias de los hombres y otras de las que se encargan las mujeres.

   -¿Se puede? –llama un hombre, mientras abre la cortina decanutos que resguarda el umbral.

  Los niños se vuelven y, muy comedidos, saludan al recién llegado pues le conocen, es el boticario amigo de la tía.

  -Hombre, hoy tenemos invitados. Me han dicho que sois uno más en la familia. Felicidades. ¿Qué habríais preferido, niño oniña? -Pedrito se encoge de hombros. Zaca contesta rotundo.

   -Yo habría preferido niña.

   -¿Por qué?

   -Porque cuando fuera mayor podría dormir con Charito y sin embargo…

  La comida discurre en silencio para los niños y en unsosegado diálogo para los adultos. Zaca mira de reojo al boticario con curiosidad, pues en la botica, detrás del mostrador acristalado, solo se le ve de cintura para arriba. Es fibroso, lleva gafas con montura metálica, se está quedando calvo y viste como un dandi, esto último se lo ha oído decir a madre; también tiene apuntada la palabra en su libreta de los secretos. Otra cosa que le gustaría saber es por qué hay gente,incluso de la familia, que cuando hablan del boticario y de latía lo hacen con cierto retintín.

   Terminada la comida, don José se despide, se va al café a jugar su cotidiana partida de ajedrez. Al muchacho, al que le apasiona el juego de los escaques, le chiflaría echar una partida con él, pues tiene fama de jugar bien, pero nunca se atrevió a pedírselo y, posiblemente, nunca se atreverá. Toda esa mescolanza de pensamientos en el fondo no es más que una trampa para no centrarse en lo único que verdaderamente le preocupa: ¿qué pasará ahora que hay uno más en casa?, ¿dónde dormirá el nuevo hermanito? Porque la vivienda alquilada en la que viven da justo para los cuatro, ya que tiene el espacio tasado.

   La casa del número cinco de la calle Horno, donde viven los Clavijo, fue donde nacimos todos los hermanos y, aunque han discurrido ochenta y tantos años, la recuerdo como si aún viviese allí. Cuenta con tres plantas y un terrado, pero con una base de poca superficie, por lo que su habitabilidad es limitada. En cada una de las dos plantas superiores solo hay dos habitaciones, una grande y exterior y otra pequeñaja e interior. En la planta baja no cabe ni un alfiler en los cuatro mini habitáculos que hay. En la entradita hay dos silloncitos de mimbre, una mecedora, un macetero en el que se yergue una aspidistra y al final una puerta acristalada que da al comedor; detrás de la puerta de entrada, padre guarda la escalerilla que usa para leer los contadores dela luz. A la derecha está el despachito de padre que cuenta con un armario, una mesa y sillas de madera barnizada –que son todo el mobiliario de oficina que necesita; una mesa camilla pegada a la ventana y una silla de enea, junto a la cual está la máquina de coser de madre, una Singer alemana de la que está muy orgullosa. Al fondo el comedor, tan estrecho que, para pasar los que están sentados han de levantarse. Al final la cocina en la que hay un lavadero en el que, a falta de ducha, les lava madre, al lado un armazón de madera que sirve para poner los cántaros ya que en el pueblo no hay agua corriente y encima, y colgada de una cadena, padre guarda su la bicicleta. Del otro lado del comedor arranca la escalera que lleva a las plantas superiores y bajo cuyo hueco está el retrete de fosa séptica. En la primera planta la habitación grande es la alcoba de padres y la pequeña la de Charito. De los dos cuartos de la segunda planta, en el grande duermen, en una cama de matrimonio, Pedrito y Zaca; el pequeño es el cuarto de los trastos y donde madre guarda, entre otros cachivaches, la artesa y dos sacos de harina con la que amasa pan, y a veces alguna coca, tres veces al mes –quizás esa es la causa de que la vivienda esté impregnada de un tenue olor a molienda-. En la parte superior está el terrado al aire libre, donde madre tiende las coladas y en la que padre tiene tres jaulas, hechas por él, para criar conejos.

   Entonces, se dice Zaca, ¿dónde podrán al crío cuándo crezca? Teme lo peor, que pongan una segunda cama en su habitación y serán tres para compartir alcoba, porque con Charito no lo van a poner, es una chica. ¿Cabrá una segunda cama? O peor, ¿podremos dormir tres en la misma cama?

   La tía Paca y los dos chicos matan media tarde jugando al parchís. El primogénito apenas disimula el aburrimiento.

   -Zaquita, ¿qué te pasa? Estás aquí, pero tu cabeza Dios sabe dónde la tienes.

   Pese a su habitual timidez, propia de un niño más bien apocado, Zaca se atreve a contar lo que le preocupa. Cuando acaba su explicación, la tía trata de confortarlo..

   -No tiene por qué ser necesariamente así. De momento, el niño dormirá en la cuna en el dormitorio de vuestros padres y luego Dio proveerá.

   -No creo que Dios tenga tiempo para ocuparse de esas cosas –se atreve a decir el chico, ante el escándalo de su tía.

   -¿Insolente, ateo! ¿Recuerdas el segundo mandamiento de la Ley de Dios? Pues cúmplelo tal cual. Ah, y cuando te confieses, di al señor cura que has pecado contra el segundo.

   -Tía –pregunta Pedrito-, ¿y al crío cómo le van a poner?

   -Posiblemente Joaquín, como vuestro abuelo materno. Aunque a lo mejor acabamos llamándole Chimo o Chimet.

   Zaca piensa que si deja el mando de la charla a su hermano la tía se va a aburrir –de hecho ya muestra signos de ello- y los devolverá a casa que debe seguir llena de gente, y a él no le gusta le gente, pues siempre están acosándote a preguntas. Por eso le gustan tanto los libros, porque no preguntan nada. Y decide dar un vuelco a la conversación pidiendo algo a la tía que sabe que le encanta. 

   -Tía, ¿Cómo se hicieron novios los padres?

   La pregunta parece haber dado en la diana del interés de la tía, pues el gesto de aburrimiento desaparece.

   -Cuando vuestro padre llegó al pueblo ya tenía treinta y tantos años, pero enseguida se convirtió en un soltero codiciado, pues al tener una paga segura era un buen partido y más de una moza y más de dos se le insinuaron. Ël se dejaba querer, pero en cuanto conoció a vuestra madre, que era joven y con buena planta, aquello cambió. Ya no tuvo ojos más que para ella.

   -Si le digo la verdad, tía, yo no imagino a padre en el papel de novio romántico –comenta Zaca-, porque es muy serio y poco amigo de chirigotas

   -De joven era más divertido y hasta apasionado. Os contaré algo: en una época del noviazgo hubo restricciones y vuestro padre tenía que cortar la luz, desde la Fábrica, a las doce de la noche. Entonces lo que hacía era apagar la luz y volverla a encender y esa era la forma de decirle buenas noches a vuestra madre. No me digáis que no es romántico. Bueno, creo que ya es hora de que volváis a casa. Pedrito, no te sueltes de la mano de tu hermano e id por la acera que por esta calle pasan muchos coches. Dadme un beso de despedida.

   Desde la puerta de casa, Paca ve irse a sus sobrinos mientras piensa que parece mentira que el mayor, con solo nueve años, sea capaz de mantener una conversación como si fuese un adulto. Que listo es ese niño, se dice, lástima que no le vayan a dar estudios porque cabeza tiene. Le tengo que decir a Emilia que intente convencer a Rosario para que estudie aunque, como últimamente andan tan apretados, no sé si podrán enviarlo a Castellón para que haga, al menos, el bachillerato. Y en su otra lengua musita mentalmente una jaculatoria: Que ce soit ce que Dieu veut.

 

PD.- El próximo martes publicaré el episodio 4, de la novela <<El masover>>, titulado: Romanos y cartagineses

viernes, 17 de enero de 2025

Libro IV. Episodio 83. Los exámenes patrióticos

 

   Álvaro mira a su hermano Julián, lleva el uniforme que le identifica como miembro del Tren de transporte del Ejército republicano, está sucio y desgreñado, pero en general no tiene mal aspecto, aunque está bastante más delgado. El tío Luis corta las efusiones de sus sobrinos y saca la cartilla militar de Julián de cuando hizo el reglamentario servicio militar en el Parque y Centro de Abastecimiento de Material de Intendencia, que en previsión se han traído. Le enseña el documento al teniente Pérez Palomo al tiempo que le explica:

   -Como verá, esta cartilla identifica al soldado Julián Carreño Manzano y, a su vez, prueba que, cuando en su día hizo el servicio militar, trabajó de chófer en el Parque –y dirigiéndose a Julián le ordena-. Sobrino, recoge tus pertenencias que te vienes con nosotros.

   -Es que verá, mi teniente coronel… -el teniente no puede seguir porque Luis le corta.

   -¿Algún problema, teniente? –pregunta al tiempo que mira amenazadoramente al oficial.

   -No, mi teniente coronel, solo que hay que rellenar el formulario de la salida del campo de Julián.

   -¿Y a qué espera para ordenarlo? Le doy diez minutos, ya le dije que nos esperan en el gobierno militar de Alicante.

   Mientras el sargento rellena el correspondiente formulario de salida del campo, Julián se ha ido a recoger sus pertenencias que consisten en una manta y un macuto. Al tiempo que los dos Manzanos se despiden, ahora con más cordialidad, del jefe del campo.

   -Creo que se llama usted Agustín Pérez Palomo. Hablaré en el ministerio de usted, les diré que han hecho una buena elección al escogerle como jefe de este campo. Es usted un oficial de gran eficacia, en el tabor pueden estar orgullosos de contarle entre sus filas –hasta parece que Luis se ha humanizado, aunque en realidad todo es un paripé.

   En cuanto regresa Julián, el sargento le da el certificado de su salida del campo por no estar incurso en ninguno de los apartados que establece la Ley de responsabilidades políticas de febrero del 39. Tras los cual, el teniente, dirigiéndose al tío Luis, le dice:

   -Mi teniente coronel, ahora ya puede llevárselo bajo su personal responsabilidad. Ah, y otra cuestión: deberá estar localizable en los próximos meses por si la Auditoria ordena la práctica de alguna información previa. Que tengan un buen viaje y ya saben dónde me tienen.

   Durante el viaje de vuelta a Madrid, Julián les cuenta cómo fueron los últimos días de marzo cuando los ejércitos republicanos en tierras levantinas se desmoronaron como un castillo de naipes. La gente comenzó a desaparecer de sus unidades, especialmente los procedentes de la región levantina, aunque recuerda que un compañero, natural del municipio madrileño de Fuenlabrada, le anunció que se marchaba, y que cuando le dijo que había más de 400 kilómetros de Gandía, que era donde estaban, a su pueblo, le respondió:

   -Como si hay mil.

   En las paradas que hace el trío durante el trayecto, Luis y Álvaro se admiran de la voracidad con la que come Julián y de las cantidades que ingiere. Prueba del hambre atrasada que debe tener, por lo que, en vez de tres raciones, suelen pedir cuatro. Otra de las previsiones que tomó Álvaro, antes de partir a Albatera, fue llevarse uno de los trajes de paisano de su hermano para que no llamara la atención con su uniforme del Ejército republicano. Y en esas que llegan a Madrid. El recibimiento que la familia dispensa a su hermano es como si Julián, tras fallecer, hubiese resucitado. Aunque la alegría por su reaparición se ve apagada por la noticia que le dan: su madre ya no está con ellos. Pasados unos días, Julián habla de volver a trabajar, pero su padre le aconseja que no se precipite.

   -No tengas prisa, primero debes reponerte, amortiguar el hambre canina que todavía te obsesiona, volver a acostumbrarte a la vida civil y luego ya hablaremos de trabajo.

   Jesús, para animarle, le dice que en Callao ha visto un cartel publicitario anunciando: Alicante, la millor terreta del mon.

   -Eso díselo a uno que haya estado interno en Albatera y verás qué te contesta –responde, airado, Julián.

   La Ciudad Universitaria, que durante casi dos años fue campo de batalla en el asedio a Madrid, ha sido prácticamente destruida, por lo que Jesús, que va a reemprender los estudios de Farmacia, tiene que ir al caserón de San Bernardo a preguntar cuándo recomenzarán las clases. Lo que saca en limpio es que nadie tiene una idea precisa del reinicio, aunque lo más probable es que se realice en otoño. En esa visita, es cuando oye por primera vez la expresión exámenes patrióticos. Pregunta y le cuentan que se están preparando unos exámenes especiales para quienes hayan participado en la guerra, en el bando vencedor naturalmente. Sigue indagando y un conocido que trabaja en el pabellón de gobierno de la universidad Central le da más datos.

   -Se comenta que esos exámenes pueden ser un coladero. Bastará presentarse de uniforme a los exámenes, también parece que contará, además de ser excombatiente, ser alférez provisional, camisa vieja, excautivo y todas las situaciones relacionadas con Falange.

   Tras esta información, Jesús piensa en cómo aprovecharse de tales exámenes. El gran problema es que él no entra en ninguna de esas categorías. Piensa que si Álvaro no se hubiese vuelto a Palma le podría echar una mano, pero ahora no tiene a quién recurrir. Se lo comenta a Pilar que enseguida comprende la oportunidad que se le presenta a su hermano de licenciarse en Farmacia en un par de años y no en cuatro como le faltan.

   -¿Sabes qué?, se lo voy a comentar a Luis que en esas cuestiones se mueve como pez en el agua. Por lo pronto, ya tiene medio solucionada su situación personal para que no le imputen su condición de exsoldado de la república, y así poder reintegrarse a su plaza de notario.

   -¿Y cómo lo ha conseguido?

   -Ha sido decisiva la ayuda que le ha proporcionado don Nicolás Ferrero, un viejo notario de Madrid, que ha sido quien ha movido los hilos. A lo mejor te puede echar un capote.

   -¿Y crees que se prestará a ayudarme?

   -Hermano, Luis hará lo que yo le pida, además le caes bien, fuiste uno de los que no montó un pollo cuando papá se enfadó conmigo.

   Pilar cuenta a su novio la oportunidad que se le presenta a Jesús y lo bueno que sería para ellos que en la familia hubiese un segundo título de licenciado en Farmacia. Así, si en algún momento lo necesitaran, ella podría llevarse el suyo sin dejar tirada a la familia. Luis se pone al tajo e inmediatamente se tropieza con el obstáculo insalvable de que Jesús no ha participado en la guerra, solo hay una posible vía de salvación: si él ha conseguido convertirse en camisa vieja de la noche a la mañana, también puede lograrlo para Jesús.

 

PD. Hasta el próximo viernes en que, dentro del Libro IV, Las Guerras, de la novela Los Carreño, publicaré el episodio 84. Los Carreño se ponen el mono de trabajo