sábado, 11 de marzo de 2023

Libro III Episodio 186. Lo de irse a Madrid comienza a germinar

    Pilar ha dejado de ir a la farmacia de Guerrero, ahora ayuda en la tienda a su madre, lo que lleva a que tengan muchos ratos de intimidad.

   -Pilar, quiero contarte algo y deseo conocer tu opinión.

   -Soy toda oídos, mamá.

   -Pero antes te voy a explicar cómo están las cuentas familiares.

   Julia cuenta a su hija la situación de la economía familiar después de amortizar una parte del principal de la deuda que su padre contrajo con la Bronchales.

   -Tu padre y yo hemos llegado a la conclusión de que, con los intereses que nos cobra la víbora de Adelina y dado que ingresos y gastos están aproximadamente igualados, tardaremos un montón de años, si es que lo conseguimos, en saldar esa deuda. Cuando le conté dicha situación al tío Luis me sugirió que la única salida que veía era que nos fuésemos a vivir a Madrid, donde tus hermanos podrían estudiar con un coste mucho menor que si continuamos viviendo aquí. Creo que algo de razón tiene, solo le veo una pega: ¿cómo íbamos a ganarnos la vida?, ¿montando una droguería?, supongo que en la capital las debe de haber a patadas y tendríamos que partir de cero. ¿Y qué otra cosa podríamos hacer? Tu padre ya tiene sesenta y un años y, por lo que nos contó don Enrique, tiene el corazón débil. No está para volver a empezar un nuevo negocio ni, por supuesto, para trabajar por cuenta de otros. ¿Tú, qué opinas de este rompecabezas?

   Desde el momento en que Pilar escucha lo de irse a Madrid, solo le ha faltado dar saltos de alegría. ¡El sueño de su vida, volver a Madrid! Ha contenido sus impulsos y ha escuchado atentamente lo que le cuenta su madre, a quien se la ve muy preocupada.

   -Mamá, lo que cuentas puede ser determinante para la familia. Dame unos minutos para pensarlo, no quiero contestarte a tontas y a locas.

   La joven boticaria no necesita demasiado tiempo para meditar la respuesta a lo que le plantea su madre.

   -Mira mamá, creo que el tío Luis tiene razón. Lo he meditado y he llegado a las siguientes conclusiones -La joven comienza explicando a su madre que si continúan viviendo en Plasencia necesitarán unos ingresos mayores de los que tienen porque, a corto plazo, los gastos familiares crecerán exponencialmente. Y apuntala su explicación haciendo un recorrido de cómo afectará a cada uno de los hermanos el hecho de vivir en la capital de la nación. Julián, puesto que va a hacer la mili en Madrid, estará mejor atendido teniendo allí a la familia. Jesús en algún momento tendrá que irse a Madrid si sigue con su idea de preparar la oposición para vista de aduana. Eloísa, que está cursando Magisterio por enseñanza libre, en Madrid podrá hacerlo presencialmente con lo que su formación será mucho mejor. Con Concha, como no desea estudiar, da lo mismo donde vivan, pero en una ciudad grande contará con muchas más posibilidades de encontrar un buen empleo. Andrés, Ángela y Froilán podrán estudiar lo que quieran estando en Madrid- En cuanto a ti y a papá…

    Julia corta la explicación de su hija.

   -No te preocupes por mí y por papá, pero antes de que continúes una pregunta: ¿y de qué vamos a vivir en Madrid?

   -Viviremos, y creo que razonablemente bien, de mi título de farmacéutica.

   -A ver, hija, explícame eso del título que no acabo de entenderlo.

   -Pues que con mi título podemos tener una farmacia y, a poco que venda, nos puede dar lo suficiente, no para hacernos ricos pero si para vivir dignamente.

   -¿Una botica podría mantener a diez u once personas? Me perdonarás, pero lo dudo.

   -Verás, yo estaré al frente de la farmacia pues está reglado que el establecimiento lo dirija un licenciado. Tú, y Eloísa, cuando termine sus clases, me podéis ayudar. Julián, cuando salga del cuartel, también nos podrá echar una mano. Papá y Jesús, con la camioneta, pueden vender medicamentos de la farmacia por los pueblos de la provincia que no cuentan con botica…

   -¿Que en la provincia de Madrid hay pueblos que no tienen botica?, no es posible.

   -Pues así es, mamá. A menos de cuarenta kilómetros de Madrid, hay decenas de pueblecitos que no tienen farmacia. Solamente en la llamada sierra pobre hay más de cuarenta localidades, con una población rural y envejecida, en la que para encontrar una farmacia has de ir a otro pueblo. Prosigo. Paca, con la ayuda de Concha, se encargará de las faenas del piso donde vivamos…-Otra vez, Pilar se ve interrumpida por su madre.

   -¿Y dónde vamos a encontrar un piso para albergar al familión que somos? Si tengo entendido que la mayoría de pisos de Madrid son pequeños, y además supongo que serán muy caros.

   -No necesitamos un piso tan grande como crees. Nos bastará con que tenga cuatro habitaciones y hasta con tres podríamos apañarnos si fueran algo más grandes de lo normal. En un cuarto dormiríamos las chicas, en otro los chicos y en un tercero papá y tú.

   -Sí y estaríamos como sardinas en lata, como diría Álvaro que, por cierto, ¿y dónde lo meteríamos cuando viniera a casa?

   -Bueno, eso sería al principio, luego a poco que nos rodaran bien las cosas buscaríamos una casa más grande. Y por Álvaro no te preocupes, creo que la Marina tiene residencias para oficiales de paso por la ciudad.

   A Julia comienzan a hacerle mella los argumentos de su hija, de ahí su siguiente intervención.

   -En el supuesto de que nos fuéramos la primera meta sería buscar piso.

   -No, mamá, al revés, primero habría que saber dónde tendríamos el trabajo y luego buscar una casa cercana. Ten en cuenta que Madrid se ha hecho muy grande y sigue creciendo. Cuenta con cerca de un millón de habitantes censados, y si se suman los que no lo están, esa cifra se habrá sobrepasado. Y si tuviéramos la farmacia en Ciudad Lineal, pongo por caso, y viviéramos en Carabanchel tendríamos que emplear, al menos, dos horas diarias para ir de casa al trabajo y volver.

   -Hija, veo que lo tienes muy estudiado. Siempre he sabido que tienes muy buena cabeza y lo acabas de demostrar…Ah, otra pega, lo de que papá continúe dedicándose a la venta por los pueblos no sé si le apetecerá. Últimamente se cansa mucho, sus sesenta y un tacos comienzan a pesarle. Y gracias a que tu hermano Julián hace el trabajo más duro. Y lo que tampoco va a hacer a estas alturas de su vida es trabajar para otros.

   -Eso no es problema, si no quiere salir con la furgoneta puede ayudar llevando la contabilidad, que de eso sabe más que yo, yendo a los bancos, a visitar a los proveedores… En fin, que cosas que hacer no le faltarán. No estará mano sobre mano.

   -Sigues teniendo respuesta para todo, pero no me acabas de convencer. Me gustaría saber qué opinan tus hermanos sobre lo que estamos hablando. Tendré que hablarlo con ellos.

   -Vamos a hacer una cosa, de los hermanos me encargo yo. Tú dedícate a convencer a papá.

   Ajeno a las trascendentales determinaciones que se están cociendo en la familia, Álvaro continúa navegando a bordo del Elcano a lo largo del litoral oriental de las Américas. Sus últimas postales cuentan que han estado seis días fondeados en Rio de Janeiro, donde han visitado el arsenal militar de la isla de las Cobras, la isla Fiscal y la Escuela Naval de Brasil. Andrade, menos oficialista, cuenta a Pilar que no recuerda haber visto unas mulatas tan sensuales como las brasileñas y que una tarde estuvo en la playa de Copacabana y aquello era como el sueño de un adolescente salido. El siguiente puerto es Montevideo, donde estuvieron solo tres días y el 21 salieron para Buenos Aires, donde el recibimiento que les han dispensado los bonaerenses ha sido apoteósico. Se nota que la colonia española tiene mucho peso en la ciudad del Plata, donde han visitado el crucero argentino Almirante Brown. Andrade da a Pilar una versión más liberal de la estancia. Le cuenta que el Centro Gallego ofreció una fiesta en honor de la dotación del Elcano en el que las pibas literalmente se rifaban a los alféreces; al menos eso le contaron sus compañeros porque él tuvo la mala fortuna de formar parte de un destacamento que fue a la Casa Rosada a presentar sus respetos al presidente de la república argentina, Hipólito Yrigoyen, de ascendencia vasca. Y en la última postal, también datada en Buenos Aires, Álvaro les dice que estarán fondeados allí hasta pasar la Navidad y el fin de año, que ya les irá contando.

   En tanto el primogénito pasa el fin de año en tierras porteñas, en Plasencia los acontecimientos en casa de los Carreño se precipitan. Pilar ha reunido a sus hermanos y les ha pintado un cuadro maravilloso de lo bien que lo van a pasar viviendo en Madrid. A cada uno le ofrece una pincelada de lo excitante que puede ser para ellos la vida en la capital. A Julián le explica algo obvio, que viviendo en Madrid no tendrá que dormir en el cuartel sino que podrá hacerlo en la casa familiar. A Jesús, que podrá preparar la oposición para vista de aduanas y podrá ver los partidos del Atlético de Madrid. A Eloísa que le resultará más fácil aprobar los cursos de Magisterio yendo diariamente a la Escuela Normal. A Concha que encontrar un buen empleo que le guste será pan comido. Y a los pequeños que tendrán unos colegios estupendos, pero sobre todo que tendrán la oportunidad de hacer cosas tan excitantes como ir al cine más a menudo –son todos muy cinéfilos-, subirse en los tranvías y el metro, visitar el zoo y poder jugar en los parques públicos. El resultado no podía ser otro: todos se muestran partidarios de irse a vivir a Madrid, con la salvedad de Concha.

   -Pero en Madrid no tendré las amigas que tengo aquí.

 

PD. Hasta el próximo viernes en que, dentro del Libro III, La segunda generación, de la novela Los Carreño, publicaré el episodio 187. El título

viernes, 3 de marzo de 2023

Libro IIII Episodio 185. Un patrón sin ética

    Al tiempo que Julia se pregunta si será posible que sus hijos prefieran vivir en la capital, como dejó caer el tío Luis, desde allende el Atlántico, comienzan a llegar las primeras postales de Álvaro de su segundo crucero en el Juan Sebastián de Elcano. Les cuenta que desde las islas Canarias navegaron hasta el archipiélago de Cabo Verde. Fondearon en la bahía de Porto Grande y poco más les puede contar. De Cabo Verde, tras navegar 1882 millas marinas y traspasar el ecuador, recalaron en Recife, la capital del estado brasileño de Pernambuco. En cambio Andrade, que sigue escribiendo a Pilar, le cuenta en una serie de cuatro postales la fiesta que hicieron a bordo al cambiar de hemisferio, lo que ocurrió el 27 de octubre.

   En la primera le explica cómo es la fiesta del paso del ecuador por primera vez:

Como es costumbre, la dotación y los guardiamarinas celebramos el paso al día siguiente con una ceremonia sui géneris. En el momento de cruzar la línea hubo un repique de campana que nos emocionó, pues se dice que un marino que no haya traspasado el ecuador es solo medio marino.

   En su segunda postal escribe: No fue una ceremonia oficial, sino la parodia humorística de una ceremonia que realiza la marinería de todo barco. Uno de los cabos veteranos se disfrazó de rey Neptuno poniéndose una barba postiza y llevando un tridente. Interpretó muy bien su papel, tomando el mando del barco, que le cedió el comandante, y llevando a cabo una “desorden” que sustituyó a la orden diaria y que llevó, entre otras cosas, al intercambio de galones: el contramaestre se convirtió en gaviero o un alférez de navío en cocinero.

   En la tercera postal de su serie, Andrade sigue contando a Pilar la fiesta:

La dotación se preparó para la llegada del rey de los mares disfrazándose y también se produjo el tradicional intercambio de palas entre oficiales, guardiamarinas, suboficiales y marineros. A las diez horas a.m. llegó el dios Neptuno, acompañado de su verdugo y de dos ninfas, dirigiéndose en procesión al puente de gobierno donde el comandante, el capitán de fragata don Claudio Lago, le “cedió” el mando del Elcano. A los que cruzábamos el Ecuador por primera vez nos bautizaron en unas aguas sospechosamente turbias. También nos gastaron bromas y nos exigieron tributo, a mí me cortaron unos mechones.

   Y en su cuarta y última postal, Andrade remata la explicación sobre la ceremonia:

A mediodía, terminados los bautizos, realizamos el campeonato de tira-soga y después se celebró una comida especial en cubierta con toda la dotación. Por la tarde, el dios Neptuno, junto con el comandante del buque, entregó los premios a los ganadores de los juegos. Tras ello, Neptuno devolvió el mando al comandante. Fue una fiesta en la que nos divertimos mucho y que nunca olvidaremos.

   Como el final de año se está echando encima, los Carreño han activado la sugerencia del tío Luis de que Julián, en lugar de hacer la mili cuando le toque a su quinta, que es en 1930, siente plaza de voluntario en Madrid. Le han explicado al chico las ventajas que conlleva el voluntariado y lo han convencido de que Madrid puede depararle muchas oportunidades. Inmediatamente mandan la solicitud al tío Luis para que efectúe los trámites oportunos. El resto de hermanos embroma a Julián cuando saben la noticia.

   -Cuando venga el tato tendrás que cuadrarte y saludarle porque es un oficial y tú solo un recluta.

   -¿Te van a pelar al cero como le hicieron a papá?

   -¿Y vendrás en verano a Pinkety?

   Mientras, desde Recife, Álvaro cuenta que han visitado la Escuela de Aprendices Marineros y los potreros de Parayba. En la siguiente tarjeta, fechada el 10 de noviembre, solo les dice que al día siguiente zarparán hacia Río de Janeiro donde esperan arribar el 25.

   En la farmacia Guerrero, donde Pilar continúa haciendo prácticas, la joven ha sido objeto de un desagradable incidente. Cristóbal lleva una temporada hablando con ella de cuestiones que no tienen nada que ver con los asuntos de la botica. Son charlas en las que, cada vez con más frecuencia, el titular desliza frases de doble sentido y comentarios rijosos. Pilar le sigue la corriente, pero dejando claro que allí está solo para aprender. Hasta que una mañana Cristóbal pasa de los dichos a los hechos. La joven está en la rebotica acompañada de Graciano que observa atentamente como la neófita boticaria está preparando una de sus primeras fórmulas magistrales. Pilar está manejando la mano del almirez con el mismo cuidado que si estuviera trabajando con un bisturí.

   -¿Lo hago bien, Graciano?

   -Lo haces de cine, Pilar. Continúa.

   En esas entra en la rebotica Cristóbal que se acerca a la pareja colocándose detrás de Pilar que sigue dándole a la maza. El farmacéutico se va arrimando más y más a Pilar hasta que se aprieta contra las nalgas de la joven. Cuando la novata boticaria nota la presión del sexo endurecido del hombre contra sus posaderas, no se lo piensa, se vuelve y estrella el mazo del almirez en el rostro del libidinoso Cristóbal, produciéndole una brecha en la frente de la que enseguida comienza a fluir sangre.

   -¿Pero qué haces, putón, estás loca? –protesta airadamente Cristóbal echándose mano a la frente. Cuando ve la sangre, el hombre se pone histérico y comienza a soltar tacos e injurias contra la joven, que no le pide perdón, sino que con el rostro rojo de ira le dice a voz en grito:

   -Eres un malnacido. ¿Acaso crees que también soy una de tus caras bonitas a las que obligas a que te la chupen? La próxima vez que te arrimes más de la cuenta te voy a dar un rodillazo en tus partes que te vas a quedar impotente, ¡cabrón!

   Graciano coge de la mano a Pilar, sin que esta proteste, y se la lleva de la rebotica.

   -Será mejor que te vayas y no vuelvas hasta que se le pase el cabreo al jefe –y bajando la voz le susurra-: Bien hecho.

   Esa misma tarde, una de las mancebas de la farmacia Guerrero lleva a casa de los Carreño un mensaje verbal para Pilar.

   -De parte de don Cristóbal que no es necesario que vuelva más a la farmacia. El periodo de prácticas ha terminado.

   Cuando sus padres preguntan a Pilar que por qué no sigue yendo a la botica, la joven, que no les ha contado lo sucedido, les dice simplemente que el periodo de prácticas ha concluido. Ya está preparada para regentar una farmacia.

   Al tiempo que ocurre la cesantía de Pilar, sus padres, tras darle muchas vueltas al problema de la deuda con la Bronchales, llegan a la conclusión de que no les queda otra salida que vender la casita de la abuela Pilar, pues la casa en la que viven y el local de la droguería son alquilados.

   -¿Tú crees que sacaremos lo suficiente para saldar el total de lo que debemos a Adelina? –Pregunta Julia, que agrega-: Es una casa muy chica, no sé si nos llegará.

   -Es pequeña, pero mi madre hizo obras y le quedó muy aseada. Sondearé al tío Orlando para ver cómo está el mercado de la vivienda de segunda mano. Qué bien nos vendría ser dueños de la casa o del local de la droguería, podríamos hipotecarlos y salir de este apuro.

   -Marido, no conduce a nada llorar por la leche derramada. Yo te apoyé cuando en vez de comprarnos una casa montamos la tienda de regalos, pero es agua pasada.

   La casita de la abuela Pilar consiguen venderla por el precio máximo, y es que Plasencia está creciendo y hay una fuerte demanda de viviendas. La alegría de los Carreño es para contarla. Inmediatamente negocian con la Bronchales para amortizar parte del principal de la deuda que tienen con la usurera. Ahora solo les falta saldar lo que resta. El día que lo consigan podrán dormir a gusto.

   Con tantos problemas a los que hacer frente, Julio no ha tenido tiempo ni humor de ir al casino. Ahora que ha saldado parte de su deuda y está más sosegado, decide una tarde pasarse a ver qué cuentan sus amigos. Los encuentra departiendo sobre Italia, al parecer el Gran Consejo del fascismo se ha convertido en el órgano supremo que coordinará todas las actividades del régimen bajo la dirección del jefe de gobierno, que no es otro que Benito Mussolini. Estará a cargo de presentarle al rey una lista de candidatos a la presidencia del consejo en caso de que el cargo quede vacante.

   -¿Y eso qué supone? –pregunta Julio.

   -Pues que el gobierno de Mussolini se parece cada día más a una dictadura que a una democracia –responde Lavilla.

   A su vez, Julia no ha parado de darle vueltas a la sugerencia del tío Luis de que la solución más viable que tienen es irse a vivir a Madrid. Con lo que consiguieran por el traspaso de la droguería lograrían el dinero suficiente para saldar de una vez la deuda con la Bronchales y probablemente hasta les sobraría dinero. También recuerda el reto de que pregunte a sus hijos si prefieren seguir viviendo en Plasencia o en Madrid. Cree que es una propuesta que debería compartir, pero como sabe lo que piensa su marido sobre la misma, resuelve de momento hablarlo solamente con Pilar que, en ausencia de Álvaro, es la mayor y posiblemente la más inteligente de sus hijos. ¿Qué me responderá?, se pregunta.

 

PD. Hasta el próximo viernes en que, dentro del Libro III, La segunda generación, de la novela Los Carreño, publicaré el episodio 186. Lo de irse a Madrid comienza a germinar.