viernes, 20 de enero de 2023

Libro III. Episodio 179. La vida en el buque-escuela

    En la tertulia muchos menos comentarios que el Pacto de Letrán despierta la noticia que cuenta Lavilla de que también en febrero España ha ratificado el convenio de Washington, de la Organización Internacional del Trabajo, que limita la jornada laboral a 8 horas diarias y 48 semanales. El único que se pone como un basilisco es don Eduardo, el terrateniente.

   -No hay que hacer ningún convenio para limitar la jornada laboral, de marcar el límite del trabajo diario ya se encarga el sol, desde que sale hasta que se pone.

   En tanto, el Elcano, tras atravesar el Índico, continúa cruzando el Pacífico. Las jornadas se suceden una tras otra con exasperante monotonía, aunque los guardiamarinas están tan ocupados que no tienen tiempo de aburrirse. Los que, como Álvaro, llevan un diario siempre encuentran un hueco para verter sus vivencias. Lo último que ha escrito el placentino es hablar de las maniobras que a diario se llevan a cabo en el buque.

   <<En cualquier momento pueden tocar a maniobra general, equivalente a zafarrancho de combate en un barco de guerra. La llamada suele ser para arriar las velas más altas como el juanete cuando el viento pasa de 30 de nudos (unos 55,5 quilómetros por hora). En esta maniobra subimos a las velas por la arraigada y los flechastes hasta llegar al arranque de cada verga (o palo horizontal del que cuelgan las velas cuadras) y de ahí nos desplegamos cada uno a su sitio. De abajo a arriba son: el trinquete, velacho bajo, velacho medio y juanete. Los más bajitos suben al juanete, con mayor peligro y riesgo, y los más altos se quedan en el trinquete, como es mi caso. Debajo de las vergas, hay un cabo (o cuerda), llamado quitamiedos, adecuado a las alturas mencionadas, pues en ellos hay que apoyar los pies, dejando la barriga en la verga y las manos libres para poder recoger las velas. Prosigue la maniobra con el canto de un cabo de maniobra: paño arriba, paño al medio, paño al centro, y así vamos recogiendo las velas cuadras del palo más a proa del buque. Estos cabos (graduación de suboficiales) de maniobra han cogido alguna que otra vez a un guardiamarina que ya se caía. Se mueven por los palos con una agilidad y soltura admirable y encima están muy fuertes; de alguno decimos que tienen brazos que parecen piernas>>. Y hasta ahí llega puesto que hay una noticia que es importante comentar y que da la vuelta al barco a la velocidad del rayo: al día siguiente arribarán a Estados Unidos. ¿Cómo los recibirán los yanquis?

   El 23 de febrero de 1929, el Elcano fondea en el puerto californiano de San Diego, la más importante base de la flota estadounidense en la costa del Pacífico, donde los guardiamarinas visitan la base de aviación y la estación naval. Cuatro días después el buque parte para el puerto panameño de Balboa, pero antes de adentrarse en el Canal de Panamá, el Elcano pone rumbo al mejicano puerto de Mazatlán, para reparar averías en el eje propulsor del motor auxiliar. La reparación de los desperfectos dura once días. La dotación del buque, por primera vez desde que partieron de Cádiz, puede hablar en castellano con los nativos. Son muchos los guardiamarinas que se sorprenden ante el hecho de que la burguesía local les trata con cierto desdén y les llaman, despectivamente, pinches gachupines. Con cierto asombro descubren que llamar gachupín a un español denota cierta animadversión y resentimiento hacia los oriundos de España establecidos en Méjico. La otra cara de esa moneda es que cuando han pasado los primeros días y han frecuentado el trato con los mismos mejicanos, muchos de ellos se enorgullecen de ser descendientes de españoles que se afincaron en tierra azteca. Sale a relucir que el papá de mi papá era asturiano, gallego, andaluz… Eso es lo que le cuenta Andrade a Pilar en una extensa carta que le escribe desde allí.

   Una vez reparada la avería, el buque-escuela retorna a Balboa el 21 de marzo para entrar en la tarde del primero de abril en el mencionado puerto, donde visitan el arsenal y los llevan a ver las esclusas de Miraflores que, con una extensión superior a 1,7 kilómetros y una altura de 25 metros, resultan abrumadoramente grandes. Como le cuenta Andrade a Pilar: cuando ves pasar sin dificultades a enormes petroleros del tamaño de un edificio de diez plantas a unos centímetros de distancia de los bordes, te sientes del tamaño de una hormiga. El trayecto a través de estas esclusas gemelas situadas en la entrada del Pacífico lo recorre el buque-escuela en 16 minutos. El paso del Canal es uno de los momentos más espectaculares de la travesía del Elcano. Inevitablemente, los guardiamarinas lo comparan con el Canal de Suez y todos están de acuerdo en que no hay color, ambos son cimeros ejemplos de ingeniería, pero el de Panamá lo supera todo.

   Tras atravesar el canal, el buque-escuela prosigue camino hacia Jamaica, fondeando en Kingston el 9 de abril. Al día siguiente el buque suelta amarras y se dirige a la costa este de Estados Unidos fondeando 9 días después en una de las ciudades míticas del mundo: Nueva York. Para desencanto de los guardiamarinas solo pueden ver los famosos rascacielos de lejos, pues a las 48 horas el Elcano pone rumbo a donde comenzó su travesía, Cádiz. En cuanto parten les informan que tienen por delante unos 13 días de navegación, siempre que el Atlántico siga con buena mar. Con tiempo por delante, Álvaro retoma su diario y, como cree que se ha excedido contando detalles, procura ser más breve.

   <<Las comidas se realizan en la cámara de guardiamarinas y, como del papeo ya he hablado lo paso por alto, solo reitero que el rancho suele ser bueno. En el crepúsculo vespertino, tomamos la situación del buque con ayuda de las estrellas. La comprobación de la posición y su anotación en la carta y en el cuaderno de bitácora son una rutina de todo navegante. Si navegas cerca de la costa, calcular la propia posición es muy sencillo: tenemos a la vista una serie de puntos de referencia sobre los que basarnos. En cambio, si estamos en una navegación de altura, como es nuestro caso, no queda más remedio que echar mano del sextante para preguntar al sol dónde estamos. Es sólo cuestión de unas cuantas sumas y restas, además de un poco de práctica con el sextante en la mano. Uno de los obstáculos es identificar las estrellas de las que medimos sus alturas con el sextante. Para ello el profe de navegación y responsable de la derrota (o rumbo a seguir) del buque nos echa una mano. Ni que decir tiene la alegría con que recibimos los atardeceres nublados, en los que al no verse las estrellas no se puede tomar la situación. Tras la toma de datos se pone la solución, latitud y longitud, realizada por el profesor para comprobar el posible error cometido por cada uno de nosotros. Si el error es grande, puedes ser “invitado” por el profesor a altas horas de la noche a buscar el mencionado error, cosa que por otro lado no es fácil de encontrar>>. Al llegar aquí, Álvaro, que nunca ha sido hombre al que le tire la pluma, se harta y decide darle al diario un estoconazo. <<Y así acaba un día cualquiera a bordo del Juan Sebastián de Elcano (que es su nombre oficial), sin que hasta la fecha se sepa de nadie que haya padecido insomnio>>.

   El buque arriba a Cádiz el 13 de mayo, amarrando en el arsenal de La Carraca. Ante la sorpresa de los guardiamarinas, en los muelles gaditanos hay tanta gente como cuando partieron. Y aguardando entre el gentío se encuentran familiares de los tripulantes del buque. Una de las familias que esperan anhelantes estrechar entre los brazos a su hijo son los Carreño. Salvo Pilar, que ha tenido que quedarse atendiendo la farmacia, están todos. A los guardiamarinas y a los cadetes de Infantería de Marina son los primeros a los que el comandante concede permiso para descender. Cada uno de los alumnos embarcados va desalojando la nave, haciendo el reglamentario saludo a la bandera antes de pisar la pasarela. A Álvaro no se le ve por ninguna parte, hasta que Eloísa grita:

   -¡Ahí, ahí está el tato!

   No esperan a que llegue hasta ellos, todos se abalanzan a abrazar al hijo y hermano. Julia no puede contener las lágrimas y el guardiamarina tiene que volver a estrecharla entre sus brazos y decirle una y otra vez:

   -No llores, mamá. Estoy bien, y hemos hecho un viaje fabuloso. Anda, límpiate esas lágrimas que si no pueden pensar que este es un momento triste, cuando es todo lo contrario.

   Mientras Álvaro conforta a su madre, Julio le observa con una mezcla de orgullo y satisfacción. Lo ve con más hechuras de hombre, como si los 245 días de navegación que ha hecho en el Elcano lo hayan madurado. A su vez, Eloísa susurra a sus hermanos:

  -¿Os habéis fijado en lo moreno que está el tato?

  -Es natural, en el barco le habrá dado mucho el sol –explica Julián que, en ausencia de Pilar, es el hermano de mayor edad.

   -Te vendrás con nosotros a casa, ¿no? –pregunta Julio a su hijo.

   -Ya me gustaría, pero tenemos que volver a la Escuela pues nos esperan los exámenes de mayo que encima son duros del carajo.

   -No digas palabrotas, hijo –Julia no ha podido reprimirse.

   -Bueno, hasta las 21:00 pm tengo licencia para estar con vosotros. Voy a despedirme de los amigos y mientras id pensando donde me lleváis a almorzar. Prefiero un sitio donde den buen pescado pues, aunque parezca un contrasentido, es de lo que menos hemos papeado en el barco.

   -Marido, ¿conoces un buen restorán especializado en pescado? –pregunta Julia.

   -No, pero tampoco creo que haga falta. Esta es la tierra del pescaito frito, encontraremos buen pescado allá donde vayamos.

   No tienen que ir demasiado lejos, en las cercanías del puerto hay una hilera de tascas, chiringuitos y restaurantes en cuyas cartas el pescado es el plato más repetido. Dejan que sea Álvaro el que haga la comanda. El joven se lía a pedir hasta que su madre, con una sonrisa por bandera para que no crea que le pone cortapisas, le sugiere:

   -Hijo, creo que por el momento es suficiente, aunque si te apetece algo más pídelo.

 

PD. Hasta el próximo viernes en que, dentro del Libro III, La segunda generación, de la novela Los Carreño, publicaré el episodio 180. Pilar, farmacéutica

viernes, 13 de enero de 2023

Libro III. Episodio 178. Algunos Carreño descubren sus vocaciones

    En el viaje a la portuguesa ciudad de Elvas de Julio con Julián y Jesús, este último se interesa por el trabajo de los vistas de aduanas.

   -Papá, ¿por qué esos hombres lo registran todo?

   -No hacen más que cumplir con su obligación. Son los responsables de autorizar el embarque de las mercancías sujetas a impuestos arancelarios y de inspeccionar los cargamentos que pasan la aduana.

   -¿Y ganan mucho con ese trabajo?

   -Supongo y, si hacen la vista gorda, mucho más.

   -Y cuándo no pasa gente por la aduana, ¿qué hacen?

   -Imagino que estar mano sobre mano.

   -¿Y registran a todos los que cruzan la frontera?

   -No, solamente a aquellos de los que sospechan que pueden incumplir la normativa aduanera.

   -Para que te enteres, pardillo, registran a los que creen que son contrabandistas –añade Julián.

   -Entonces, ¿somos sospechosos de ser contrabandistas?

   El padre ríe a gusto pues la pregunta de Jesús le ha hecho rememorar los ya lejanos tiempos en que pasaba la raya, eufemismo que se usaba en San Martín para eludir hablar de contrabando.

   -No, Jesús, no sospechan que seamos contrabandistas, simplemente es que en este momento somos el único vehículo que cruza la frontera y tienen que justificar el sueldo.

   -¿Y quién les paga el sueldo?

   -El gobierno, son funcionarios del Estado al igual que los jueces, los maestros nacionales y los guardias civiles.

   -¿Y se les llama aduaneros?

   -Creo que su nombre oficial es el de vistas de aduanas.

   -¿Y qué hay que estudiar para ser vista de aduana?

   -Lo preguntaré.

     Jesús, que es despierto y pragmático, piensa que no estaría mal tener un trabajo así; cómodo, bien remunerado y con la cantidad de pasos fronterizos que hay en Extremadura posiblemente podría trabajar cerca de la familia. Tengo que averiguar más detalles de esa profesión, se dice.

   Además de Jesús, hay otros miembros de la familia Carreño que parece que están descubriendo su vocación. Uno de ellos es Eloísa. De todas las chicas Carreño, Eloísa quizá es de las que más ayuda a su madre en la tienda de regalos. Como es muy parlanchina, unido a su desparpajo y su natural simpatía, empatiza fácilmente con los clientes por lo que vender es algo que se le da especialmente bien. Por eso no es raro que en los días que no está algunos clientes suelan preguntar por ella.

   -Esta tarde me preguntó por ti la señora Rosario y me dijo que eres una estupenda vendedora.

   -La señora Rosario es muy amable, le daré las gracias cuando la vea. Y a propósito, he estado pensando en que de mayor voy a estudiar la carrera de vendedora, me encanta tratar con la gente.

   -Pero, hija, para vender no hay que estudiar ninguna carrera, solo es cuestión de acumular experiencia e imitar a los buenos vendedores.

   -Eso no lo sabía, en cuanto a lo de imitar lo tengo fácil, solamente tengo que fijarme en lo que haces tú, que a buen seguro eres la mejor vendedora del mundo.

   -Gracias, hija, pero los hay mejores, sin ir más lejos tu padre. En cuanto a lo de estudiar una carrera creo que lo mejor es que termines Magisterio y cuando cumplas dieciocho años decidir si prefieres enseñar o vender. Y ya te adelanto que ambas profesiones tienen sus pros y sus contras.

   El tercero de los Carreño que descubre su vocación o, mejor sería decir, que averigua lo que no le gustaría hacer es Concha. A la muchacha –que va a cumplir los trece- nunca le gustó mucho estudiar, ni el bachillerato ni ninguna otra clase de estudios, pero por respeto a sus padres jamás protestó. Ahora, como también ayuda en la tienda, ha descubierto que tampoco le gusta vender y tratar con gente desconocida. Se encuentra mucho más cómoda ayudando a Paca en las tareas domésticas. Sus deseos solamente se atreve a contárselos a Eloísa, la más cercana a ella en edad, y ésta se lo cuenta a su madre.

   -Concha, hija, ¿por qué no me has dicho que no estás a gusto en la tienda? Si no te encuentras a tus anchas no tienes por qué venir.

   -Es que quiero ayudar, como hacen todos los hermanos.

   -Pero se puede ayudar de otras muchas maneras. Por citar una, ¿preferirías quedarte en casa y echarle una mano a Paca?

   Concha no contesta, pero su carita lo dice todo. Desde ese momento, Julia dispone que Concha, después de que salga de la academia Magister, se quede en casa estudiando y cuando tenga algún rato libre que ayude a Paca que está desbordada de trabajo, pues solo se han quedado con la cocinera, a las demás criadas las han despedido.

    Un hecho que ocurre en el otoño, y que afecta al mundo cultural, es que un poeta, Federico García Lorca, cuyo nombre ya suena en los círculos literarios y progres del país, publica el Romancero gitano. Lo que es celebrado por los amigos de la Institución Libre de Enseñanza, entidad a la que está ligado el poeta granadino. Pilar, invitada por una compañera de la ILE, tiene la oportunidad de asistir a una jornada de lectura de versos del poeta y sale prendada, no solo de la poesía lorquiana sino también de la fuerte sensualidad que parece emanar del poeta. Al salir del recital le cuenta a su amiga Cuca como le ha cautivado García Lorca, pero ésta la desengaña:

   -No te hagas ilusiones con Federico, las mujeres solo contamos para él como musas.

   Últimamente Julio se ha aficionado a jugar a la lotería como medio para conseguir unos dineros, que cada día que discurre le son más necesarios, pero la fortuna le da la espalda. En el pasado 1928 no le tocó la lotería del Gordo de Navidad, el sorteo extraordinario que se celebra el 22 de diciembre, y que es el más importante y popular de todos los que se realizan en España, tampoco le tocó en la lotería extraordinaria de El Niño, otro de los sorteos populares que se lleva a cabo cada 6 de enero.

   Ajeno a las preocupaciones paternales, aunque conoce por sus padres las estrecheces económicas que están pasando, Álvaro sigue a bordo del Elcano surcando el Pacífico. El buque-escuela arriba a las islas Hawái, fondeando en el puerto de Honolulú el 7 de febrero de 1929, y tras una estadía de 5 días suelta amarras en dirección a la costa oeste estadounidense. La travesía vuelve a ser larga y tediosa, por lo que Álvaro retoma su diario y sigue describiendo cómo es el día a día en el buque.

   Por las mañanas, tras acabar de baldear la cubierta nos duchamos, pues tenemos agua generada por ósmosis inversa, aunque son duchas cortas porque el agua siempre es un bien escaso a bordo de un buque. Luego pasamos a un salón grande con un piano y una plataforma dorada alrededor de uno de los palos de una vela que atraviesa la estancia, donde dejamos nuestros sables. Allí desayunamos y después tenemos cuatro horas de clases con un descanso. A veces hay clase de gimnasia que la hacemos con pantalón corto y camiseta de uniforme, también  corremos por el barco, hacemos tablas de gimnasia, etcétera. Al mismo tiempo vamos montando guardias de puente, hacemos prácticas de meteorología, de máquinas, etcétera. El salón del piano es la cámara de guardiamarinas y sirve para todo. Está distribuido en dos partes separadas por un pasillo, donde el profesor de turno da su clase dirigiéndose a una sola parte. Si alguien de la otra parte hace bromas (siempre que el profesor no le vea), puedes no aguantarte y esbozar una risa y si te pillan eres invitado a subir a la cofa o cesta de vigía en lo alto del mástil. Cosa divertida, pues sales afuera, ves el mar y te da el viento en la cara. La cofa está bastante alta y hay flechastes (cuerdas que forman la escalera) que a veces están rotos. Es diferente a la cofa de la ENM, en la que hemos entrenado en los cursos anteriores. Además, el Elcano va navegando con sus gráciles movimientos de balance y cabeceo y cada vez se ve más pequeña su manga en la grandeza del mar. Y hasta ahí llegan sus anotaciones, de momento.

   Durante el mes de febrero, uno de los debates que, sorprendentemente, apasiona más a la tertulia de Julio son los resultados semanales de la primera temporada de la liga española de fútbol. Ha comenzado a disputarse el 10 de febrero y concluirá el 30 de junio. En la primera división se ha decidido que jueguen los seis clubes campeones de España hasta la fecha: Athletic Club, Real Madrid Foot-Ball Club, Foot-Ball Club Barcelona, Real Unión Club de Irún, Arenas Club de Guecho y la Real Sociedad de Foot-Ball, más tres finalistas, Athletic Club de Madrid, Club Deportivo Europa y Real Club Deportivo Español. Para decidir la décima plaza, se organizó un torneo eliminatorio entre diez clubes, en el cual venció el Real Santander Racing Club. Puesto que no hay ningún representante del fútbol extremeño los tertulianos, que de pronto se han hecho futboleros, se hacen fans de dos equipos: el Real Madrid y el Barcelona, y la pugna entre ambas aficiones se encona a medida que se desarrollan las jornadas futbolísticas.

   Asimismo en febrero, ocurre un hecho fuera de España, del que Julio se entera por medio de su esposa que a su vez lo ha sabido por el padre Galarza, su confesor. El primer ministro de Italia, Benito Mussolini, en nombre del rey Víctor Manuel III, y el cardenal Pietro Gasparri, en nombre del Papa Pío XI, firman los Pactos de Letrán que suponen la independencia política de la Santa Sede como Estado soberano, así como el restablecimiento de las relaciones entre los representantes de Italia y la Iglesia católica, rotas hace tiempo. La Ciudad del Vaticano se convierte en un estado soberano, cuyo territorio es un enclave dentro de la ciudad de Roma, y que es el estado más pequeño en extensión y población del mundo. Cuando Julio refiere el hecho en la tertulia, la gente parece tomárselo a chacota pues los comentarios son de chanza.

   -¿Y habrá una frontera física entre el Vaticano y Roma?

   -Si hay una frontera, habrá contrabando, ¿de qué serán los alijos?

   -De qué van a ser sino de rosarios y sotanas.

 

PD. Hasta el próximo viernes en que, dentro del Libro III, La segunda generación, de la novela Los Carreño, publicaré el episodio 179. La vida en el buque-escuela