viernes, 6 de mayo de 2022

Libro III. Episodio 143. ¿Las mujeres deberían estudiar?

   El matrimonio Carreño acaba aceptando la propuesta de su primogénito sobre las personas que vayan a apadrinar al recién nacido Andrés, y optan porque el padrino sea Argimiro y la madrina, Paca. A la oronda mucama, entrar en ese olimpo familiar que para ella son los Carreño-Manzano le llena de orgullo y gratitud, dado que las madrinas de los demás hijos siempre fueron de la familia de uno de los progenitores. Quizá ese sea el motivo por el que, a partir del bautizo, Andrés se convierta en su ojito derecho y a quién se lo perdona todo.

   Solucionado el problema del padrinazgo, el bautismo de Andrés se lleva a cabo en la iglesia parroquial de San Martín, cuyo párroco, hace un montón de años, medió en el frustrado cortejo de Julio con Amparo Lavilla. Hasta la iglesia es Paca quien lleva al niño. Se ha hecho un vestido nuevo para la ocasión y se la ve radiante y orgullosa como si el crío fuese de ella. En la pila bautismal es Argimiro quien sostiene al neonato mientras el párroco derrama el agua sobre la cabeza del crío al tiempo que musita: Andrés, yo te bautizo en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

   Se acerca el fin de año y Julia, se afana por preparar las fiestas navideñas. Álvaro, con los trece cumplidos, podría echar una mano en casa, pero la tradición manda que las tareas domésticas sean solo cosa de mujeres, por lo que son las niñas las que ayudan a su madre, sobre todo Pilar al ser la mayor. Julia, al ver la buena disposición de la chiquilla, comienza a introducirla en los secretos de la cocina regional en la que priman más los sabrosos ingredientes de la tierra que el arte culinario. Álvaro, junto con Julián y Jesús, se va a la droguería a ayudar a su padre pues eso si es tarea de chicos. Los Carreño están educando a sus hijos en el principio, para ellos irrevocable, de que la familia es lo primero y todos han de echar una mano en las tareas comunes. Lo que conlleva a otro fundamento que viene a ser como la piedra angular de su convivencia: familia que convive unida, permanece unida para siempre. De acuerdo a dichos principios, tanto la Navidad como las demás festividades las celebran todos juntos, hermanados como una piña. Y aunque en ocasiones, los padres han recibido invitaciones de amigos y conocidos para asistir a alguno de los saraos que suelen montarse en esa época del año, las han agradecido pero nunca las aceptaron. Como sentencia Julio:

   -Las fiestas son para estar con la familia.

   A lo que Julia remacha:

   -Y los días de diario, también.

   Precisamente, este año ha surgido un pequeño dilema sobre lo de que las fiestas son para estar con la familia. La madre de Julia acaba de cumplir los setenta y con dicho motivo sus hijos han pensado en celebrar el cumpleaños justo el día de Navidad, lo que supondrá que los Carreño tendrán que desplazarse a Malpartida, donde sigue viviendo la señora Soledad. Julio entiende la situación y, aunque no le gusta un pelo, acepta ir al pueblo de su esposa a participar en el homenaje que los Manzano van a brindar a su madre. Sin embargo Julia, que es a la que la celebración le toca más directamente, se opone frontalmente. No está dispuesta a romper el principio de que las fiestas son para estar con la familia. Ambos cónyuges discuten sobre qué hacer.

   -Si vamos al pueblo seguiremos estando en familia –argumenta Julio.

   -Sí, pero no en nuestra casa –replica Julia.

   No acaban de ponerse de acuerdo hasta que a Julio se le ocurre una posible salida.

   -¿Y por qué no cambiamos de sitio? Es decir, en lugar de comer en casa de tu madre, ¿por qué no la invitamos, así como a tus hermanos, cuñados y demás familia a que coman en la nuestra? Así matamos dos pájaros de un tiro, celebramos los setenta tacos de tu madre y al tiempo estamos con toda la familia sin salir de casa.

   -Como se nota que no eres ama de casa. ¿Sabes el trabajo que una comida con tanta gente puede conllevar?

   -Pero, reina mía, te sobran redaños para sacar adelante esa comida y otras mucho más numerosas. Además, podemos buscar ayuda externa para ese día. Contratamos dos o tres mujeres, o las que hiciesen falta, para que hagan el trabajo más pesado. Mejor todavía, ¿por qué no encargamos la comida y el servicio a uno de los restoranes locales?

   -Eso puede costar un riñón –Julia siempre es muy considerada en todo lo que sean gastos que considere superfluos.

   -Mujer, no será por dinero –fanfarronea Julio.

   A Julia la solución propuesta por su esposo acaba por no parecerle mal, pero aun así pone pegas.

   -¿Y mis hermanos no se van a enfadar?

   -No tienen por qué y más si sabemos venderles nuestra propuesta. Por otra parte, de los cuatro hermanos las tres chicas vivís aquí. Solo tendría que desplazarse Andrés con su familia y, por supuesto, tu madre. Además, se me acaba de ocurrir que podría ir con la camioneta al pueblo para recogerlos a todos, así no tendrían excusa para no venir.

   -Creo que es una buena salida, cariño. Me voy a poner en contacto con Consuelo para que me ayude a convencer a Andrés y a Luisa.

   Con la ayuda de su hermana mayor, Julia logra convencer al resto de sus hermanos que la celebración del cumpleaños de su madre se haga en su casa. Julio se compromete a traer y devolver a Malpartida a su suegra, a Andrés y a su familia. En cuanto a la comida en sí, ella se encarga de todo, los demás hermanos solo habrán de ponerse de acuerdo en el regalo que le van a hacer a la matriarca. La comida navideña de 1919, en casa de los Carreño, es realmente extraordinaria por el familión que se reúne alrededor de la mesa; mejor dicho, de las mesas, porque tienen que repartir a los asistentes en dos, una para los adultos y otra para los chavales bajo la vigilancia de la omnipresente Paca.

   El matrimonio Carreño se siente realmente orgulloso al ver a su prole y a sus primos hermanos sentados en la misma mesa. Para ese día, Julia ha contratado, tanto el almuerzo como el servicio, a uno de los mejores restoranes de la ciudad, por lo que puede permitirse el lujo de dedicarse solamente a ejercer las funciones de anfitriona. . En cuanto a Julio por primera vez tiene juntas, codo con codo, a las dos mujeres de las que se enamoró. Y, casi sin quererlo, no puede por menos que compararlas. Se dice que el destino, la fortuna o lo que tenía que ser se conchabaron para que al final se haya quedado con la mejor de las hermanas, porque entre una y otra no hay color. En silencio musita una plegaria de gratitud a la Virgen de Guadalupe a la que, como buen extremeño, le tiene gran devoción. En cuanto a Julia, el motivo de su satisfacción es doble: por un lado, por haberse salido con la suya en lo de no salir de casa en un día tan señalado; por otro, en observar a la familia de su niñez y a la de su madurez juntas y bien avenidas. No se le escapa otro detalle: pese a que sus hermanos están en general bien situados, ninguno de ellos ha alcanzado el estatus económico del que ella disfruta, pues se ha convertido en la más rica de la familia Manzano con diferencia, y sus hijos están estudiando o estudiarán para ser hombres y mujeres de provecho, pudiendo alcanzar una cota de cultura como ningún otro Manzano haya podido lograr, con la excepción del tío Luis Manzano, el único hermano de su padre que estudió.

   El almuerzo discurre apaciblemente y al final todos los asistentes brindan por su madre, abuela y suegra, deseándole que cumpla muchos más años. Y hasta le cantan una coplilla que, a rebufo de la radio y del cine, se va popularizando: Cumpleaños feliz, cumpleaños feliz, todos te deseamos cumpleaños feliz. La señora Soledad no lo puede remediar y una furtiva lágrima serpentea por su mejilla.

   Terminado el almuerzo, mientras las mujeres se afanan en recoger la vajilla, los cubiertos y demás adminículos que restan en la mesa, los hombres se fuman unos caliqueños y charlan de todo un poco: de los negocios, la política, los toros, la familia… Es hablar de temas familiares y el marido de Luisa le plantea a Julio una pregunta que le pone en un aprieto.

    -Oye, Julio, tú que tienes experiencia en lo de enviar los chicos a Cáceres pa que estudien, ¿qué me aconsejas que haga con Mariluz, que en unos meses cumplirá los diez? ¿La mando a la capital pa que estudie el bachillerato o la meto en el colegio de las monjitas de aquí pa que le den un baño de cultura general?

   -Depende de lo que tengáis pensado que haga la niña en el futuro. Me explico, Arturo, si aspiráis a que la chiquilla haga una carrera universitaria tendría que hacer el bachillerato. Si solo deseáis que tenga una culturilla para andar por casa, el colegio de las monjitas le valdría.

   -Joder, cuñao, pareces un abogao que hablan y hablan, pero que nunca se mojan.

   -Es lo que hay, Arturo. Si no concretas difícilmente te puedo aconsejar mejor.

   -Te lo planteo de otra manera –insiste Arturo-. Tu Pili está haciendo el bachillerato, ¿eso quiere decir que pensáis enviarla a la universidad?

   A Julio la pregunta de su concuñado le coge a contramano. En ese mismo momento se da cuenta de que nunca se ha formulado preguntas referentes al futuro de su hija mayor. ¿Estudiará Pilar todo el bachillerato o le valdrá con cursar el ciclo elemental?, y si se hace bachiller, ¿hará una carrera universitaria?; eso supondrá tener que enviarla a Madrid o a Sevilla que son las ciudades más cercanas donde se pueden cursar estudios universitarios. Es cierto que ha pensado que Álvaro acabe el bachillerato y luego, si le gusta estudiar, que curse la carrera que prefiera, pero eso no se lo ha planteado respecto a Pilar. Lo tendrá que hablar con Julia, que ella seguro que ha rumiado en más de una ocasión si las mujeres deberían estudiar.

 

PD. Hasta el próximo viernes en que, dentro del Libro III, Los hijos, de la novela Los Carreño, publicaré el episodio 144. ¿Tú qué quieres ser de mayor?

 

viernes, 29 de abril de 2022

Libro III. Episodio 142. Un Carreño al que le sobran padrinos

  En marzo, ocurre un rosario de hechos en Italia que ni siquiera el experto de la tertulia en asuntos europeos, don Enrique Lavilla, es capaz de desentrañar ni de medir su alcance. Un tal Benito Mussolini, joven editor, periodista y fundador del periódico independiente Popolo d´Italia, es expulsado del partido socialista italiano por su apoyo a la Gran Guerra. Tras lo cual, crea en Milán los Fasci de Combattimento, germen del fascismo que se define como un movimiento político y social de carácter corporativista.

   -Y los fascistas, ¿qué son, de izquierdas o de derechas? –pregunta el ferretero, amigo de o blanco o negro.  

  -Por ahora no sabría decirle, Galiana. Tienen algunos rasgos izquierdistas y otros muy de derechas, pero lo que claramente son es totalitarios y nacionalistas, aunque habrá que esperar y ver por donde se decantan porque una cosa es lo que dicen y otra lo que vayan a hacer. Y ya sabe, no es lo mismo predicar que dar trigo –explica Lavilla.

   Julio apenas presta atención a lo que ocurre en Italia ni a lo que pasa en Rusia, tiene otros problemas de índole familiar en qué ocuparse. El tercero de sus hijos, Julián, les está planteando un problema que puede ser trascendente para el futuro del chico, que ha cumplido nueve años y el próximo curso tenían pensado mandarlo a Cáceres para que, al igual que sus hermanos, comience los estudios de bachillerato. El problema radica en que el chiquillo se niega a ir, dice que no quiere estudiar, que los estudios no sirven para nada, y que a él lo que le gustaría sería acompañar a su padre en los viajes por la región e incluso trabajar en la tienda. Julio ha pensado, en más de una ocasión. que si todos sus hijos estudian, ¿quién se ocupará de las tiendas y la empresilla de interiorismo? Ni él ni Julia van a durar siempre y alguien tendrá que hacerse cargo de los establecimientos que son los que dan de comer a la familia. Y aunque ese pensamiento no lo ha exteriorizado, en el fondo no le parece tan mal que al menos uno de los hijos quiera seguir sus pasos y los de la propia Julia, la cual, al enterarse de la negativa de Julián, ha puesto el grito en el cielo.

   -¡Hasta ahí podríamos llegar! ¿Qué se habrá creído ese mocoso?, ¿qué vamos a dejarle hacer lo qué le venga en gana? Estudiará como los otros, ¡faltaría más!

   -No es forzoso que todos tengan que estudiar. Hay unos que sirven y otros que no –apunta Julio.

   -¿Qué quieres decir, que Julián no tiene cabeza para estudiar? –inquiere Julia mordiendo las palabras.

   -No. Lo que digo es que estudiar no solo es cuestión de cabeza sino también de voluntad y si el chiquillo no está llamado a los libros, ¿será bueno forzar su natural?

   -Pero que natural ni que porras. ¿Cómo va a saber un crío de nueve años lo qué le gusta y lo qué no? El curso que viene Julián a Cáceres, si tú no mandas otra cosa, claro –Como siempre hace, Julia cede la última palabra a su marido, quizá porque sabe que este no va a pelear por una cuestión que el matrimonio tiene largamente hablada.

   Llega el principio del verano, y antes de que los Carreño comiencen a planear sus vacaciones, a fines de junio se lleva a cabo en Versalles la firma del tratado de paz entre la Entente y la vencida Alianza que debe aceptar unas duras condiciones territoriales, militares, económicas y políticas. El tratado, que pone el definitivo fin a la Gran Guerra, supone la desaparición de algunos de los imperios más poderosos: el ruso, otomano, austro-húngaro y alemán.

   Pese a los pretendidos recortes, en julio los Carreño viajan a Punta Umbría para pasar en la playa onubense la temporada estival. Julia les ha pedido a sus dos hijos mayores que vayan comiéndole la cabeza a Julián con el fin de convencerle de que debería hacer lo que ellos, cursar el bachillerato. Y que cuando sea mayor, si no le gusta estudiar, podrá hacer lo qué quiera. Julián, pese a sus nueve años, parece que tiene las ideas muy claras.

   -A mí es que no me gustan los libros. Yo lo que quiero es acompañar a papá en los viajes que hace por los pueblos vendiendo las cosas de la droguería.

   -Eso lo podrás hacer, pero cuando tengas dieciséis años, no ahora. ¿Qué te gustaría hacer mientras tanto? –le pregunta Álvaro.

   -Ya lo he dicho, ir en el coche con papá, aunque como sé que soy chico me quedaré en la escuela del pueblo hasta que termine lo que allí estudio, pero no quiero ir a Cáceres.

  Los argumentos y consejos de Álvaro y de Pilar parece que hacen poca mella en la determinación de Julián por lo que lo dejan por imposible. Sus padres hacen lo mismo, pensando que todavía queda un año y tiempo tendrán de convencerle.

   En agosto, la familia Carreño cambia el mar por la montaña y se va a Pinkety que es, realmente, donde los niños mejor se lo pasan. Terminado el verano, Julia se pone de parto y da a luz a su séptimo hijo. El recién nacido, otro varón, viene a romper el empate de sexos que hay en la chiquillería Carreño. Al neonato le van a bautizar con el nombre de Andrés en honor del único hermano varón de Julia. En el casino, el padre es felicitado por sus contertulios y algún indiscreto hasta se atreve a preguntar:

   -¿Este va a ser el último crío, Carreño?

   -Lo dejamos en manos del Señor –responde el droguero sin meterse en disquisiciones.

   Uno de los tertulianos ocasionales cambia el sesgo de la conversación para centrarse en un tema que suele apasionar a la mayoría de los asistentes, la política.

   -Comandante Liaño, usted que es un experto en los asuntos de grescas, ¿qué opina de ese nuevo sindicato que acaba de crearse en Barcelona y al que los sindicatos obreros acusan de ser los pistoleros de la patronal?

   -Lo siento, Deogracias, pero ese tipo de gresca no es mi especialidad.

   -Yo le puedo informar –se ofrece don Romualdo-, la Corporación General de Trabajadores, también llamada Unión de Sindicatos Libres, es una organización sindical obrera creada por militantes carlistas, por lo que podríamos calificarla como un sindicato de derechas. El propio sindicato afirma que surge como oposición a la tiranía y el antipatriotismo de la CNT. Si van a ser o no los pistoleros de la patronal habrá que verlo.

   -Déjense de politiquerías, ¿no creen que es más interesante la noticia del Metro de Madrid? –propone Julio, que se ha empapado de la inauguración del transporte subterráneo leyendo los periódicos en la barbería del señor Vicente.

   -Cuente, Carreño, pero antes explique qué es el Metro, que aquí hay más de uno que puede creerse que se está refiriendo al sistema métrico decimal –sugiere con retranca el doctor Lavilla.

   -La noticia es que el Rey acaba de inaugurar la primera línea del Metro de Madrid, que cubrirá una distancia nada menos que de tres kilómetros y medio. 

   -¿Y todo eso bajo tierra, si ver las calles ni nada? Pues no le veo la gracia –pontifica don Mauricio.

   El bautismo de Andrés ha generado un pequeño rifirrafe en el matrimonio Carreño. El motivo: la elección de los que van a apadrinar al neófito. Julio ha decidido premiar de algún modo a su amigo y empleado Argimiro por la fidelidad que siempre le mostró. Y si Argimiro será el padrino de Andrés, lo natural es que la madrina sea su mujer, Carolina. Pero resulta que Julia, por su cuenta, también ha pensado en dos personas para apadrinar al niño, y asimismo como una forma de reconocimiento por lo mucho que le han ayudado y continúan ayudándole, sus candidatos son Rafael, el aparejador que es su socio en Interplás, para padrino, y en la insustituible Paca para madrina. Cuando marido y mujer se cuentan lo que tienen planeado sobre el bautismo de su nuevo vástago, ven que al neófito le sobran padrinos. Con lo que cada cónyuge debe explicar las razones que tiene para defender a sus patrocinados.

   -Ten en cuenta, Julia, que Argimiro es amigo mío desde antes de ir a la mili y cuando volví, ¿quién fue el único que tuvo el detalle de venir a esperarme con su carro para que no tuviera que recorrer a pie el trayecto desde Monfragüe a Plasencia?, pues Argimiro. Aparte de que me ha mostrado una lealtad a prueba de bombas. Y si Argimiro es el padrino, va de suyo que la madrina sea su esposa.

   -Entiendo tus motivos, cariño, pero los míos también son de peso. Rafael es mi mano derecha en Interplás, sin él hubiéramos cerrado hace tiempo. Y en cuanto a Paca, ¿qué te voy a contar que no sepas?, si fue tu madre quien se la trajo de San Martín. Y sabes tan bien como yo que los niños la adoran, para ellos es como su segunda madre.

   -Comprendo tu postura, mujer, pero permíteme recordarte que el padrino es quien se compromete a la educación cristiana del bautizado y debe de cumplir el papel de tutor en caso de que los padres del niño fallezcan o no puedan atenderlo, algo que no espero que ocurra, pero nunca se sabe –Julio debe echar mano de razones más rebuscadas porque no tiene otras.

   -Eso es cierto, como también lo es que el padrino ha de ser católico y haber recibido los sacramentos de primera comunión y confirmación. Y Argimiro, al menos la confirmación no la ha recibido; lo sé porque el domingo de la confirmación de Álvaro, me contó que no lo estaba. En cambio, Rafael si lo está y Paca también, me lo dijo tu madre, que en gloria esté. Y más aún, el padrino debe comprometerse a que el niño reciba una educación cristiana, y si nosotros faltáramos, no lo quiera Dios, ¿qué educación podría darle Argimiro si es medio analfabeto? –contrapone Julia.

      La sangre no llega al río, pero la pareja no se pone de acuerdo, hasta que media en el rifirrafe quien menos podía esperarse, su primogénito. Álvaro les ha oído discutir y al preguntar por qué lo hacen les ofrece una salida pactada.

   -¿Y por qué no hacéis una cosa? Si es padrino Argimiro, que la madrina sea Paca. O si lo es Rafael, que la madrina sea Carolina. Y así quedáis bien ambos.

 

PD. Hasta el próximo viernes en que, dentro del Libro III, Los hijos, de la novela Los Carreño, publicaré el episodio 143. ¿Las mujeres deberían estudiar?