viernes, 11 de marzo de 2022

Libro III. Episodio 135. Cada uno habla de la feria…

 

   Cada vez es mayor el número de países que se involucran en la guerra, lo que da pie a que uno de los contertulios del casino lance la pregunta de si el gobierno español seguirá el mismo camino.

   -Si lo hiciera demostraría que no tiene ni un gramo de sentido común –declara el doctor Lavilla-. A nosotros no se nos ha perdido nada en esa carnicería.

   -Entonces, ¿por qué los italianos, un pueblo con fama de pacífico, se han metido en la guerra? –quiere saber Carreño.

   -Según he leído en el ABC parece que el gobierno italiano ha estado negociando con ambos bandos con el objetivo de completar la unión de los territorios de población de lengua italiana y al mismo tiempo conseguir fronteras de más fácil defensa. Alemanes y austro-húngaros les prometieron unos territorios muy exiguos por lo que Italia, para conseguir lo que buscaba, ha terminado comprometiéndose con la Entente –explica Liaño.

   A Julio lo que le preocupa es que el ejemplo de Italia arrastre al gobierno de turno, pues los gobernantes españoles suelen mostrarse inseguros en política internacional. Queda algo más tranquilo cuando días después la Presidencia de Gobierno publica una nota en la que se reafirma la neutralidad de España.

   -Que sigamos neutrales, que eso es un chollo –afirma Julio, porque a él le está yendo muy bien el conflicto con la compraventa de ganado.

   En efecto, la contienda está siendo una bicoca para todos aquellos que tienen algo que vender, no importa lo que fuere, puesto que las potencias beligerantes lo compran todo sin reparar en gastos. Con lo cual los precios se disparan y la inflación sube como la espuma. En contraposición, para aquellos que nada pueden vender salvo su trabajo la guerra es un castigo porque los salarios crecen a un ritmo mucho menor que los precios, con lo cual el poder adquisitivo se debilita día a día. Otra dramática consecuencia de la guerra es que los productos de primera necesidad escasean y se encarecen lo que provoca motines y conflictos laborales protagonizados por los dos grandes sindicatos, la CNT y la UGT, que reclaman aumentos salariales.

   A los Carreño los problemas bélicos les quedan grandes, en cambio situaciones mucho más caseras les plantean problemas. El que tienen hoy es que la dependienta de la droguería, Antonina, embarazada del que será su segundo hijo, ha de causar baja porque está en vísperas de llegar a término. Es lo que comenta Julia a su marido.

  -Bueno, pues habrá que buscarle un sustituto –admite Julio-. Aunque mejor una sustituta, que las mujeres cobran menos –puntualiza.

  -Lo que no deja de ser una injusticia flagrante –se lamenta Julia.

  -Es posible, pero siempre ha sido así y siempre lo será –replica el marido, al tiempo que piensa que su esposa es demasiado liberal. Si la oyeran en el casino más de uno se escandalizaría. A buen seguro que esas ideas se las ha inculcado mi madre, sospecha.

   -Eres un carca, marido, estoy convencida de que eso cambiará algún día. Quizá cuando las mujeres tengamos derecho al voto. Ah, el recambio de Antonina tendrás que buscarlo tú, estos días ando de cabeza con la finalización de las obras de casa de los Viqueira.

   -No te preocupes, yo me encargo. Hablando de los Viqueira, ¿has vuelto a ver al pisaverde de Cortés?

   -Le veo a menudo cuando visito la obra. No lo reconocerías, ¿te acuerdas de lo chulo y lo arrogante que era? Pues ahora es más bien un pobre hombre a quien su suegro trata con la punta de la bota y lo tiene acoquinado. Me han contado que al principio de su casamiento con la hija de Viqueira pretendió llevar la misma vida de antes, golfear todo el día sin darle un palo al agua y tirarle los tejos a toda mujer que se cruzara en su camino. Pues bien, dicen las malas lenguas que el portugués encargó a un par de compatriotas que le explicaran que en casa de los Viqueira ese modo de vida era inaceptable. No se sabe que clase de explicación le dieron, se rumorea que una buena paliza, pero el resultado fue que le cortaron las garras al león, que ahora más bien parece un cachorro asustadizo.

   Julio ha estado buscando el reemplazo de Antonina y le ha costado encontrar una dependienta que se adapte al perfil que tienen en mente: que sea joven, con buena facha, que tenga desparpajo, que sonría fácilmente, que sepa leer, escribir y las cuatro reglas y mejor si es soltera y sin compromiso. Después de entrevistar a muchas candidatas al final encuentra lo que busca. Mercedes se llama la candidata elegida aunque, como ella indica, prefiere que le llamen Merche.

   -Tenemos sustituta de Antonina, pasado mañana la reemplazará. O mucho me equivoco o creo que he dado en el blanco. Cumple con todos los requisitos del perfil que habíamos trazado, quizá es algo más joven de lo que teníamos pensado, pero por lo demás puede valer. Échale un vistazo cuando venga y ya me dirás qué te parece –explica Julio a su esposa.

   Dos días después aparece por la droguería la tal Merche que es como Julio la había descrito: joven, con un talle que Julia envidia, descarada como ella sola, sonriente y que trae un certificado de haber completado con éxito los estudios primarios; es soltera y asegura que no tiene novio, algo que pone en duda la siempre suspicaz Lupe…

   -No solo es demasiado desenvuelta sino que le gusta coquetear hasta con las farolas de la Plaza Mayor. Que una jovenzuela así no tenga quien la corteje no se lo cree ni el Bobo de Coria.

   -Mientras sea una buena vendedora, lo demás no importa –sentencia la jefa que tiene otras preocupaciones en mente pues vuelve a estar embarazada.

   En esta ocasión ya no hay nadie del entorno familiar a quien le parezca mal la preñez de Julia, al menos es lo que dicen. Todos han asumido que los Carreño tendrán tantos hijos como Dios quiera mandarles, por tanto nada que oponer, aunque doña Pilar no ha podido contener un comentario irónico.

   -El embarazo es natural, es un año par –aludiendo que desde 1906, en que nació el primogénito, cada dos años, mes arriba mes abajo, Julia trae un nuevo retoño al mundo.

   A pesar de que este será su sexto hijo, si el embarazo llega a término, ninguno de ambos padres les ha explicado a los niños que en breve un nuevo hermanito o hermanita vendrá a vivir con ellos. En esta ocasión es Julia la que decide hacerlo. No se propone explicarles cómo se engendran los niños, todavía son demasiado críos para ello, pero sí que se vayan haciendo a la idea de lo que está por venir.

   -Niños, escuchad: el papá y yo hemos creído que sería bueno que tuvierais un nuevo hermanito y estamos a punto de pedírselo a Dios. ¿Qué os gustaría que fuese hermanito o hermanita?

   Los niños quedan callados pues salvo los tres mayores lo del nuevo hermanito no acaban de entenderlo. Nadie dice nada hasta que Pili, la más descarada, se arranca.

   -Y Paca, ¿qué dice?

   -¿Qué tiene que ver Paca con un nuevo hermanito? –inquiere, sorprendida, Julia.

   -Porque papá se irá de viaje, tú te marcharás a la tienda y, al final, será Paca quien tendrá que cuidarlo.

   Julia no puede por menos que sonreír, a la mayor de sus hijas lo que es caletre no le falta. Pese a que solo tiene siete años, camino de los ocho, es capaz de anticipar lo que efectivamente ocurrirá.

   En marzo, un nuevo país entra en la contienda, pues Alemania declara la guerra a Portugal y, aunque la participación de los lusos es irrelevante dado su exiguo potencial bélico y económico, el hecho tiene un enorme eco en España dada la vecindad de ambos países. De ello se discute en la tertulia.

   -¿Y por qué se han metido los portugueses en la guerra? –pregunta Julio a quien todo lo que pueda alterar la marcha del conflicto le preocupa.

   -Como es bien sabido –contesta Liaño-, Portugal es un aliado tradicional del Reino Unido y, como los lusos todavía tienen importantes colonias en África, los británicos les solicitaron, al principio de la contienda, ayuda y protección para sus colonias en África, por lo que en años pasados se han producido enfrentamientos con las tropas alemanas en el sur de Angola que limita con el África alemana del sudeste. Al final, los teutones se han cansado y les han declarado la guerra. Pues bien, salvo lo que puedan hacer los portugueses en esa parte de África no creo que puedan aportar mucho más a la contienda.

   -Comandante, ¿lo que a mí me gustaría saber es qué hará nuestro gobierno ahora que los portugueses se han sumado a la gresca?, ¿seguiremos neutrales? –quiere saber el letrado.

   -Mi querido don Mauricio –El tonillo sarcástico de Liaño anuncia una respuesta hiriente-, acabo de explicar las más que probables causas del por qué del rifirrafe luso-alemán, pero mi caletre todavía no alcanza a discernir lo que pueda llevar a cabo nuestro gobierno porque eso pertenece al dominio de las bolas de cristal de los videntes y, como no me preste la suya, no tengo respuesta que ofrecer.

   -Yo si la tengo –tercia el doctor Lavilla sin ningún tipo de ironía-, como nosotros no tenemos colonias, porque ni al Protectorado ni al pedazo de desierto que es Ifni se les pueden calificar como tales, no vamos a tener roces con ninguno de los contendientes; por consiguiente, lo más razonable que puede hacer nuestro gobierno es mantener al país como estaba; o séase, continuar con la neutralidad, entre otros motivos, porque como no me canso de repetir en esa guerra no se nos ha perdido nada.

   -¡Uf!, que peso me quita de encima, don Enrique –exclama Julio-. Porque como neutrales nos está yendo bien, pero si nos metemos en la bronca Dios sabe qué nos puede pasar.

   -Te estará yendo bien a ti –objeta Galiana- pues, según cuentan, desde que te has hecho chalán apaleas los duros como si fuesen guijarros de río. Los que solo podemos ceñirnos a lo que vendemos en la tienda no lo estamos pasando tan bien que digamos -Julio opta por no contestar, tampoco hay nadie que quiera meterse en una discusión entre ambos comerciantes pues piensan que cada uno habla de la feria según le va en ella.

 

PD. Hasta el próximo viernes en que, dentro del Libro III, Los hijos, dela novela Los Carreño, publicaré el episodio 136. Un problema de faldas

viernes, 4 de marzo de 2022

Libro III. Episodio 134. Julio se hace chalán


   Desde que el comandante Liaño aludió al dato de la gran cantidad de animales de tiro y carga que precisan los países beligerantes de la Gran Guerra, Julio no deja de pensar que en sus viajes podría adquirir animales trocándolos por sus productos o comprándolos. ¿Y cómo o a quién revenderlos?, se pregunta, hasta que se acuerda que conoce a uno de los mayores tratantes de ganado de la región, un gitano que se dedica a recorrer los pueblos y acudir a ferias en busca de animales para revender o que están listos para ser sacrificados y que luego vende a los carniceros. Tras explicar a su esposa lo que se le ha ocurrido, al día siguiente se pone camino de Almendralejo donde vive el tío Rafaé el Largo, que así es llamado el calé, y tras un inicial y florido palabreo le pregunta si le compraría las bestias que pueda traerle. Después de un retorcido chalaneo, en el que si uno es taimado el otro no le va a la zaga, se ponen de acuerdo en los posibles precios de cada clase de bestia en virtud de su posibilidad de seguir trabajando o servir solo para el matadero. A partir de ese día, Julio no desperdicia un solo viaje en el que sondear a sus clientes, en la localidad de turno, si están dispuestos o si conocen a alguien que quiera trocar su caballería por alguno de sus productos o, en todo caso, venderla. No obtiene demasiadas respuestas positivas puesto que, lógicamente, un campesino necesita de su acémila, pero cuando se topa con alguien que, por lo que fuera, le interesa el trueque o necesita vender obtiene unas ganancias con las que no contaba. Después de uno de esos viajes en los que ha vuelto con una mula y un asno le explica todo orgulloso a su mujer la plusvalía que va a obtener cuando los revenda al tío Rafaé.

   -Me voy a sacar unos buenos duros, Julia. De manera muy limpia y sin tener que doblar el espinazo.

   -Ya sabía yo con quien me casaba, mi amor. Tú eres de los que hasta de las piedras sacan partido. Pero digo yo, ¿y si haces eso con caballos, mulos y asnos por qué no lo haces también con otros animales? Si amplias tu abanico de compraventas podrías aumentar esos ingresos que tan bien nos vienen porque las ventas siguen estancadas.

   -¿A qué otros animales te refieres?

   -A todos los que son comestibles.

   -No querrás que me ponga a comprar gallinas, pavos y conejos.

   -No era esa clase de animales en los que estaba pensando, pero sí podrías comerciar con ovejas, cabras y, sobre todo, con cerdos. ¿Te imaginas cuántos guarros deben de haber en las pocilgas de la mayoría de casas de los pueblos de la región? Deben de ser cientos de miles. ¿Qué familia de campesinos no tiene al menos uno, dos o más cochinos en su cochiquera? Recuerdo haberte oído contar que hasta tu madre, que nunca fue una campesina precisamente, tenía un cerdo que solíais matar por San Martín. Y por su volumen…

   Unos gritos en el zaguán de la casa interrumpen la explicación de Julia, los gritos proceden de Paca que se muestra acalorada y nerviosa. Trae de la mano a Pili que parece enrabietada.

   -¿Qué pasa, Paca, qué trastada ha hecho Pili? –indaga Julia.

   -¿Trastada?, lo que tiene es un hombro dislocao, eso si no se lo ha partio –Y la mucama, que se ha ganado a pulso ser un miembro más de la familia, relata que los niños estaban jugando en un prado cercano donde Álvaro se subió a una enorme encina en la que había un nido de pajarillos. Los demás hermanos se quedaron mirando como su tato -así llaman a su hermano mayor- trepaba. Estaba a punto de coger los polluelos, cuando los gritos de Paca le hicieron mirar hacia abajo, Pili también estaba trepando. No subas –le gritaron al unísono Paca y su hermano-, te puedes caer. ¿Por qué no he de subir si has subido tú? –replicó la niña, cuando de repente la rama a la que estaba agarrada se partió y la cría se fue al suelo--. Menudo susto me he llevao. Habrá que llevarla al dotor –concluye Paca.

   -A ver, diablillo, ven para acá –llama Julio a su hija, palpándole el hombro con cuidado -. Creo que no hay rotura, solo se le ha salido.

   -Voy a llevarla al doctor Lavilla –dice Julia cogiendo a la niña que está callada y con gesto enfurruñado, pero que todavía no se ha quejado.

   -Si, como creo, es una dislocación no vale la pena molestar a don Enrique. Paca, vete a la barbería del señor Vicente el Cojo y dile que venga lo antes posible, que tiene que recolocar un hombro en su sitio.

   -Pero Julio, ¿vas a llamar al barbero para que recoloque el hombro de Pili? –se escandaliza Julia.

   -Pues sí, es quien mejor lo hace de toda la ciudad –y Julio se explica-. El señor Vicente nació la noche de San Juan y existe la creencia popular de que muchos de los que nacen esa noche tienen el don de curar de gracia. No creo mucho en esas cosas, pero lo cierto es que mi barbero es un artista recolocando huesos. Ya lo verás.

  Sobre unos veinte minutos después, aparece el tío Vicente el Cojo que, tras confirmar la dislocación y hacer unas friegas con alcohol para calentar el hombro de la niña, estira el brazo recolocando la articulación en su sitio natural. Pili emite un leve quejido, pero sigue sin derramar una sola lágrima. Su abuela materna, que en el entretanto ha llegado, se dice que si la mayor de sus nietas no cambia tendrá más temple que el acero. Reparada la dislocación, la cría se lleva un buen rapapolvo de su madre.

   -Hoy no te castigo, pero que sea la última vez que desobedeces a Paca y a tu hermano. Cuando no estemos ni papá ni yo, la que manda es Paca. Por tanto, lo que ella diga hay que acatarlo como si lo hubiésemos dicho nosotros. Y si no está Paca, vuestro hermano mayor, Álvaro, es a quien hay que hacerle caso en todo cuanto diga. ¿Entendido? -Pili, sigue enfurruñada, los demás miran a Álvaro con una mezcla de cariño y respeto, es el mayor, es el que manda.

  Mientras el fígaro realiza la operación, Julio no ha parado de darle vueltas a la sugerencia de su esposa cuando les interrumpió Paca: en el comercio de los animales comestibles. Esta mujer es un portento, a mí no se me había ocurrido lo de los ganados, pero tiene razón, ahí hay mucho dinero a ganar. Y pensat i fet, como dicen los valencianos, se mete de cabeza en el negocio del chalaneo.

   Julio, ha encontrado un filón en su nueva faceta de chalán, sobre todo de ganadería porcina. Como bien supuso su esposa, son cientos de miles los extremeños, casi todos del medio rural, que tienen en sus pocilgas uno o más cerdos que crían para su propio consumo pero, como también son muchos los que no tienen otro medio de allegar dinero, frecuentemente se avienen a vender algún ejemplar de sus pequeñas piaras. Puesto que la región extremeña, pese a ser una de las de menor densidad de población del país, cuenta en 1914 con un censo de algo más de un millón de habitantes, son muchísimas las oportunidades que tiene Julio de llenar la furgoneta y revender los animales ahora, en lugar del tío Rafaé el Largo, a una planta cárnica que se ha inaugurado en Mérida. Con lo que está ganando con ese negocio más que con las tiendas.

   Comienza 1915 y los cañones vuelven a tronar. En el extremo oriente la crisis entre Japón, que es el gallito de la región, y China parece agudizarse. En Europa, a principios de febrero se inicia la ofensiva de invierno en la región francesa de Champaña, pero los galos no logran romper el frente alemán. A mediados de ese mes comienza una batalla en Galípoli, Turquía, de triste recuerdo sobre todo para australianos y neozelandeses que sufren duras pérdidas. En mayo se produce un hecho que tiene amplia repercusión: submarinos alemanes hunden el transatlántico británico Lusitania, ahogándose más de mil pasajeros, la mayoría civiles y entre ellos un nutrido grupo de norteamericanos. A fines del mismo mes un nuevo país se suma al conflicto, el reino de Italia declara la guerra a Austria-Hungría. El hecho produce un gran revuelo en España pues hasta ahora el país transalpino era uno de los que se mantenía neutral. La gente teme que España pueda seguir el mismo camino. En la tertulia del casino el hecho provoca una viva discusión.

   -¿Y ahora qué va a hacer nuestro gobierno, meterse también en la pelea? –pregunta Julio, preocupado por si la política acaba torpedeando su lucrativo negocio de chalán.

   En febrero comienza la batalla de Verdún, en la que los ataques alemanes se ven frustrados ante la fuerte resistencia francesa y el escaso avance. Los franceses defienden tenazmente la fortaleza de Verdún con el general Pétain al mando, cuya actuación lo convierte en héroe nacional; la cruenta batalla dura más de nueve meses y deja tras de sí cientos de miles de víctimas en ambos bandos. En julio comienza la batalla del Somme que ha de asumir de forma mayoritaria la Fuerza Expedicionaria Británica ya que los franceses aún no se han recuperado de Verdún. La batalla finaliza en noviembre y la Entente apenas ha avanzado unos kilómetros. El Somme es la batalla con más bajas del frente occidental; la prensa internacional calcula alrededor de medio millón de soldados muertos, heridos o desaparecidos en cada bando.

   En la tertulia hoy se habla de temas más prosaicos, están hartos de tanta batalla.

   -Amigo Carreño, ¿cómo va el chalaneo? –pregunta el siempre curioso don Mauricio.

   -Pues en eso estamos –Julio prefiere no dar muchos detalles de su negocio-. Lo que son las acémilas no queda ni una, pero en lo que respecta a los demás animales nos vamos defendiendo, sobre todo con los guarros.

   -Es que en esta tierra, con las dehesas que hay, los cerdos se deben criar solos –apunta Liaño.

   -Cuando se tienen dehesas, sí pero si no hay que arrimar el hombro para criarlos –responde Carreño.

 

 

PD. Hasta el próximo viernes en que, dentro del Libro III, Los hijos, de la novela Los Carreño, publicaré el episodio 135. Cada uno habla de la feria…

viernes, 25 de febrero de 2022

Libro III. Episodio 133. A río revuelto, ganancia de pescadores

  

   A Julia ya le han llegado los presupuestos parciales de la decoración y electrificación de la nueva casa de los Viqueira y tras elaborar el presupuesto global se apresta a llevarlo al portugués. De camino al almacén del luso, se pregunta qué va a hacer si el señor Viqueira no está y tiene que entregar la estimación de costes a Toni Cortés. Lo piensa y se autocontesta: ya no eres una jovencita inexperta, eres una mujer casada, madre de cinco hijos y con treinta y dos tacos; por tanto, compórtate como tal y no te arrugues ni ante Toni ni ante ningún cantamañanas que se cruce en tu camino.

   En el almacén le informan que el senhor Viqueira está de viaje y que le recibirá su yerno. Toni continúa siendo un hombre apuesto, pero su rostro comienza a acusar, más que los años, los excesos de un tormentoso pasado. Pese a ello la sonrisa con la que recibe a Julia sigue siendo cálida y acogedora.

   -Mi querida Julia, cuantísimo tiempo sin verte. Has de saber que he seguido muy de cerca tu trayectoria y de tu vida lo sé casi todo. Y lo primero es decirte que a pesar de tu repetida maternidad sigues teniendo una figura envidiable y sobre todo tu mirada tiene la misma chispa que cuando tenías diecinueve años.

   -Toni, gracias por tus palabras, pero no estoy aquí para oír halagos sino para darte el presupuesto de la obra que tu suegro nos ha encargado. Te lo dejo y le dices que esperamos noticias suyas. Adiós.

   -Pero, ¿a qué vienen tantas prisas?, ¿quieres un cafelito?, tenemos los mejores cafés de España.

   -No, gracias. Acuérdate de entregarle estos papeles a tu suegro.

   -Lo siento, pero no puedes irte sin desglosarme detalladamente el presupuesto. Me lo ha encargado Viqueira.

   Julia se queda mirando al hombre. No sabe si le está diciendo la verdad o no es más que una treta para retenerla más tiempo. Pensando en el negocio más que en las trampas que le pueda tender el antiguo casanova, decide realizar lo que le ha pedido, pero...

   -Bien, si es como dices, te voy a detallar el presupuesto pero con una condición: en cuanto vuelvas a decir una sola palabra que no se ajuste a lo que para aquí estamos doy media vuelta y me voy. ¿Queda claro?

   Toni se da cuenta de que la antes cándida jovenzuela ha dejado de serlo y acepta la condición. Julia hace el desglose de la estimación de costes de manera sencilla y resumida y sin más se despide del yerno de Viqueira, del que acaba de darse cuenta que para ella ya no es más que  el familiar de un cliente.

   Poco después del estallido de la guerra los británicos, aprovechando el inmenso poder de su colosal armada, comenzaron el bloqueo naval de Alemania. La estrategia enseguida se mostró efectiva al cortar los vitales suministros civiles y militares a los germanos, aunque el bloqueo no dejara de ser una violación en toda regla del derecho marítimo internacional. Gran Bretaña incluso intervino las aguas internacionales para evitar que ningún barco arribase a los puertos alemanes, lo que hizo peligrar la integridad de los buques de los países neutrales. La respuesta de la Alianza a las tácticas británicas fue una guerra submarina sin restricciones. Los sumergibles alemanes intentaron cortar las rutas de suministro entre América del norte y las Islas británicas, hundiendo millones de toneladas de buques de la Entente. Operación que, a pesar del éxito inicial, terminó fracasando pues los británicos y sus aliados fueron capaces de construir más barcos de los que hundían los submarinos germanos.

   En 1915, además de la batalla de Ypres, hay sangrientos enfrentamientos con graves pérdidas, no tanto territoriales pero si humanas para ambos bandos, siendo las últimas ofensivas del año las de Artois y Champaña que causaron la pérdida de un cuarto de millón de soldados para ambas coaliciones contendientes.

   Es tal el cúmulo de noticias, a veces contradictorias, sobre el desarrollo de la contienda que la gente comienza a cansarse de tanta sobreinformación sobre lugares y ciudades que no les dicen nada porque en la mayoría de ocasiones ni siquiera sabían que existían. La excepción a esa falta de interés son los individuos que se empapan de las noticias de prensa cuando van a rasurarse a la barbería y leen la prensa, o los ciudadanos que forman parte de un grupo de debate o de una tertulia. Es lo que le ocurre a Julio que suele asistir a la reunión, más de conocidos que de amigos, que se celebra diariamente en el casino. Tertulia en la que la voz más autorizada sigue siendo la del comandante Liaño, básicamente por tres razones: porque es el único militar del grupo, porque también es el mejor informado y finalmente porque sus opiniones y comentarios suelen ser bastante razonables. Por eso, es a Liaño a quien más suele preguntar Julio.

   -Comandante, si no le importa, quisiera saber su opinión sobre la declaración gubernativa de la neutralidad de nuestro país. ¿Qué supondrá para la economía en general y para el comercio en particular?

   -Los comerciantes siempre a lo suyo, ¿verdad, Carreño?

   A Julio la alusiva respuesta de Liaño le sienta a cuerno quemado por lo que va a replicarle, pero el militar retoma la palabra.

  -Sin embargo, amigo Carreño, le contesto. Verá, que sea bueno o malo dependerá de varios factores, uno de ellos, quizá el más importante, será la duración de la contienda. Si es corta no creo que vaya a influir demasiado en nuestra maltrecha economía. Si la guerra se prolonga, digamos que dos o más años, la influencia en nuestra depauperada hacienda puede ser buena o mala. Y me explico. Será buena en la medida que nuestra agricultura, ganadería e industria sean capaces de suministrar alimentos y bienes de consumo a los contendientes que, al alargarse el conflicto, los necesitarán. Será mala si somos incapaces de hacerlo porque entonces tampoco podremos importar alimentos y bienes de producción, puesto que más de media Europa está envuelta en el conflicto. Imagino que no le habrá gustado mi respuesta, pero de momento no tengo otra que darle porque manejar la bola de cristal siempre supone pisar un terreno resbaladizo –Esto último lo ha dicho Liaño con evidente retranca.

   -Respetando la opinión, siempre cabal, del señor Liaño –El doctor Lavilla, que hoy es de la partida, suele omitir el rango militar del comandante-, y aunque lo de las guerras no sea mi fuerte, mi parecer es que en principio la neutralidad es buena. De entrada, supone que nuestros jóvenes no tendrán que ir a luchar a una guerra en la que no se nos ha perdido nada. Y aunque no soy votante del señor Dato, creo que ha optado por la mejor solución posible, declararse neutral; por cierto, como ha hecho el gobierno italiano entre otros.

   -Hay un aspecto que hasta ahora no hemos tocado –apunta don Mauricio, abogado de escasos saberes jurídicos y endebles argumentos-. Tenemos buenas relaciones con nuestros vecinos franceses e importamos muchos bienes y productos tanto de Alemania como de Inglaterra. Si alguno de ellos solicita nuestro apoyo, ¿qué podrá hacer nuestro gobierno? Lo digo, porque si fuera así, y como reza el adagio latino si vis pacem, para bellum, tendríamos que estar preparados por si hemos de meternos en el conflicto.

   -Interesante punto de vista, don Mauricio –Liaño no deja que otro conteste porque tiene enfilado al rábula-. Le voy a dar mi opinión al respecto. España, mal que nos pese, es un estado de segundo rango que carece de la potencia económica y militar suficiente para presentarse como un aliado deseable para cualquiera de las grandes potencias europeas en conflicto. ¿Por qué, si no, ninguno de los países beligerantes ha protestado por la neutralidad española? Sencillamente, porque no aportaríamos nada, por lo que en este caso el latinajo debería ser si vis pacem, para pacem.

   En España, la neutralidad comienza a tener visibles consecuencias económicas y sociales. En el terreno económico toma fuerza el proceso de modernización que se había iniciado tímidamente a principios del siglo XX. El progresivo aumento de la producción industrial es debido a que de repente se abren nuevos mercados, precisamente los de quienes ahora son los países beligerantes. La otra cara de la moneda es que al incrementarse las exportaciones restan oferta al mercado interior y la inflación se dispara, mientras que los salarios crecen a un menor ritmo, lo que acaba provocando un grave malestar social. En el campo político, la neutralidad comienza a no ser respetada ni por los países contendientes ni por la propia España que comienza a ser benevolente con los beligerantes en función de las inclinaciones del gobierno de turno. En general el pueblo español, que mayoritariamente rechaza de plano entrar en la guerra, es favorable a la Entente, pero las cúpulas del ejército, de la oligarquía y de la Iglesia católica son favorables a la Alianza. En cuanto a los partidos políticos, los conservadores se decantan por alemanes y austrohúngaros, mientras los liberales están a favor de franceses, británicos y rusos. Como explica Liaño, el impacto de la guerra se está haciendo cada vez más patente en el plano económico debido a la demanda de todo tipo de productos que necesitan los países que combaten. Se exporta todo lo que se puede, desde recursos minerales a productos agrícolas e incluso animales de carga y tiro. Y el comandante pone como ejemplo al ejército francés que cada mes necesita de unos 20000 caballos puesto que el naciente parque automovilístico todavía no cuenta con suficiente volumen como para reemplazar a los semovientes.

   La información del comandante sobre las necesidades equinas de los galos provoca que Julio se acuerde de un refrán muy español: a río revuelto, ganancia de pescadores. Y recuerda que en sus viajes por los pueblos de la región a veces los campesinos le ofrecen trueques por sus productos y uno de ellos son acémilas que ya no les hacen falta. Piensa que podría incrementar esos trueques y luego revender los animales adquiridos, ¿pero a quién y cómo?

 

    PD.- Hasta el próximo viernes en que, dentro del Libro III, Los hijos, de la novela Los Carreño, publicaré el episodio 134. Julio se hace chalán

 

viernes, 18 de febrero de 2022

Libro III. Episodio 132. La tregua navideña

 

   A fines de diciembre, en la guerra se produce un hecho que parece encender una pequeña llama de esperanza: el papa Benedicto XV promueve una tregua de Navidad que los contendientes aceptan. El hecho desconcierta a algunos de los contertulios del casino y Julio quiere saber el por qué.

   -Pues porque se están aniquilando unos a otros como matarifes y ahora van y acuerdan que durante la Navidad todo va a ser poner buena cara y mandarse felicitaciones –explica el inefable don Mauricio.

   -La tregua o cese temporal de hostilidades es algo que se viene dando desde siempre –El comandante Liaño se ha puesto profesoral-. Por ejemplo, durante el asedio de Breda en el siglo XVII, el ejército español y el orangista firmaron una tregua de dos días que se cumplió a rajatabla.

   El malhadado año 1914 está finalizando con los combatientes, de la que ya llaman Gran Guerra, relajados ya que por unos días han dejado en paz los fusiles y hasta los aviones que por primera vez han sido utilizados en un conflicto bélico. Pasada la tregua navideña, el mundo conocerá que durante la misma se han producido algunos actos que bien podrían calificarse de antibelicistas, y que ponen en evidencia a los oligarcas y políticos pues suelen ser ellos y no la gente del común quienes provocan los enfrentamientos entre los pueblos. Algunos medios difunden que aprovechando la tregua, en la víspera de Navidad las tropas alemanas decoraron sus trincheras y cantaron el conocido villancico Stille Nacht. Al oírlo, los soldados británicos respondieron con villancicos en inglés, pero los actos de confraternización no acabaron ahí. Otros soldados salieron de las trincheras para estrecharse la mano y fumarse un pitillo, juntos. Cada bando ayudó al contrario a cavar tumbas y celebrar ceremonias en memoria de los caídos. Los combatientes intercambiaron comida y regalos que les habían enviado de sus casas y botones del uniforme para guardarlos de recuerdo, ¡y hasta llegaron a jugar un partido de fútbol! Ningún soldado quería seguir combatiendo, pero los políticos y los militares sí y amenazaron con castigar a quienes desobedeciesen. Con el nuevo año ambos bandos reanudan la carnicería. La bonhomía de los que estaban a pie de trinchera cedió paso ante los intereses bastardos de los poderosos.

   Los Carreño acaban el año mejor de cómo lo empezaron. Los niños siguen fuertes y sanos. El mayor, Álvaro, ha cumplido ocho años y al que siguen, con una diferencia de dos años mes arriba mes abajo, Pilar, Julián, Jesús y Eloísa; la última parece que ha superado los problemas de sus primeras semanas de vida. Económicamente, el balance anual es más positivo de lo que pintaba los primeros meses gracias a que Interplás ha aumentado su cartera de clientes.

   Como el devenir de la guerra parece incierto pues tan pronto lleva ventaja un bloque como el otro, Julio, al que no le gusta nada la incertidumbre, pregunta a Liaño.

   -Las fuerzas de ambos bandos parece que son muy parejas porque tan pronto ganan los unos como los otros, ¿qué opina usted, comandante?

 -Pues sí, amigo Carreño, es lo que parece; casi tantas batallas han ganado los de la Alianza como los de la Entente, pero por el momento los que parecen llevar la voz cantante son los teutones pues ya han invadido parcialmente Francia.

   -Si las fuerzas son tan parejas como apunta Carreño, entonces es que la guerra va para largo y eso, para el comercio y la industria en general y para los que tenemos comercios en particular, puede resultar catastrófico –comenta el ferretero.

   -Galiana, como dije hace unos días, mientras España se mantenga neutral que el conflicto se alargue no tiene por qué ser necesariamente malo para nuestra economía. De hecho, parece que las industrias vascas y catalanas están multiplicando sus exportaciones –replica Liaño.

   -Bueno, es posible que a vascos y catalanes les vaya bien con la guerra, pero las regiones en las que no hay industria, como es el caso de Extremadura, ¿qué van a sacar de la contienda? –inquiere Julio.

   -Seguramente, nada –quien interviene es Galiana-. En cambio no sé si se han dado cuenta de cómo están subiendo los precios. El último boletín que me acaba de mandar uno de mis proveedores me ha dejado de piedra, los precios se han disparado más del ocho por ciento. Y al paso que vamos más que van a subir.

   -Esta tierra bien cierto es que no cuenta con un tejido industrial de relieve, pero tiene otras riquezas, la agricultura y la ganadería y también tiene minerales que, aunque no demasiado abundantes, en caso de ser necesarios podrían exportarse; solo hace falta gente con empuje y visión de futuro –apunta Lavilla contestando al droguero.

   Ha comenzado 1915 y no parece que el conflicto mundial vaya a sufrir grandes cambios. Los ejércitos de la Entente continúan con las clásicas estrategias de interferir en las líneas de suministro enemigas, presionar los flancos e intentar desmoralizar y desgastar materialmente al enemigo con bombardeos. Estas tácticas, dadas las contramedidas alemanas, resultan un fracaso o al menos no conducen a ningún éxito significativo, pero si se abren inéditos capítulos en la historia de las guerras pues en la segunda batalla de Ypres se emplea por primera vez gas tóxico con dramáticos resultados, lo que supone que los ejércitos tengan que añadir las máscaras antigás a su arsenal defensivo.  

   En la siguiente semana, otra vez el ferretero Galiana se lamenta de no haber vendido ni una escarpia en los últimos días.

   -La gente anda tan azorada con la dichosa guerra que pocos compran y el dinero lo guardan por temor a que de la noche a la mañana quedemos todos en camisa. Y por si faltaba algo ahora se matan con el dichoso gas.

   -A mí me pasa lo que a Galiana –secunda Julio-, las ventas han caído de tal forma que he reducido mis viajes porque hay desplazamientos en que gasto más en gasolina que saco de lo que vendo. 

   -Es que las noticias de las últimas semanas no invitan al optimismo y supongo que eso influye en el ánimo de los compradores –opina Liaño.

   -Comandante, ¿y al final quién cree que ganará? –inquiere don Mauricio.

   -Mi querido amigo, las guerras se sabe cómo empiezan pero nunca cómo acaban. Y para que no todo sea hablar del maldito conflicto les informo que hoy es la fecha señalada para que se inaugure oficialmente el Canal de Panamá –les comunica Liaño que es con diferencia el mejor informado de la tertulia dado que no tiene nada mejor que hacer y además es poseedor de la única radio de galena de la ciudad-. Hoy se hará realidad un viejo sueño de la humanidad: unir dos océanos.

   -Bueno, eso ya lo hizo el Canal de Suez –rectifica el abogado.

   -Acaba de columpiarse, don Mauricio, el Canal de Suez lo que unió fueron dos mares: el Mediterráneo y el mar Rojo y no dos océanos –Liaño es picajoso y no le gusta que le enmienden la plana.

   Y así, un día y otro, se suceden las animadas tertulias del casino que ayudan a Carreño a tener una visión más clara de la evolución de la Gran Guerra, pero que poco le aportan para saber cómo superar el estado involutivo que está sufriendo el comercio en general y sus negocios en particular. Solo hay uno de ellos que parece si no remontar al menos si estabilizarse, Interplás que, tras el comienzo del conflicto y las primeras retiradas de encargos, ha ido recuperándose no tanto en su faceta de interiorismo, pero sí en la de electrificación pues la demanda de fluido eléctrico parece imparable. Y uno de los últimos e importantes encargos que ha recibido la empresa ha sido la del señor Joao Viqueira. El portugués, que ha hecho fortuna con su empresa de importaciones de su país natal y con la torrefacción y distribución de café, ha encargado a Interplás la decoración y electrificación de una gran casa que acaba de construirse.

   -Señora Julia, me han dicho que en cuanto a tratar sobre el presupuesto de la obra tengo que hacerlo con você –El luso se expresa correctamente en castellano, aunque a veces mezcla palabras de portugués-. Es la primera vez que hablo sobre temas de dinero con una mujer e isso me parece estranho.

   -Para todo hay una primera vez, señor Viqueira. Sobre el presupuesto todavía no me han llegado las cifras de todos mis socios, por ahora solo tengo las del ebanista. En cuanto lo tenga no se preocupe que iré a verle inmediatamente y se lo entregaré para su estudio.

   -Obrigado, señora Julia. Ah, desculpa, como viajo a mi país a menudo, si cuando venga no estoy le da el presupuesto a mi genro –Al ver el gesto de ignorancia de Julia, el luso se disculpa-. Perdone, ¿cómo se llama en español el marido de una hija?

   -Yerno.

   -Pues eso, si yo no estoy se lo entrega a mi yerno. Otra vez obrigado, señora Julia.

   ¿Su yerno?, de golpe Julia recuerda quien es el yerno del lusitano: Toni Cortés, lo que le lleva a evocar recuerdos y sensaciones de su juventud que ahora le parecen muy lejanos. Recuerda que en algún momento de su breve flirteo con Toni creyó que había encontrado a su príncipe azul, pero el supuesto príncipe resultó ser un tenorio de pacotilla que solo pretendía abusar de la candidez e ingenuidad de una jovencita poco ducha en lides amatorias. Afortunadamente, pudo darse cuenta a tiempo. También recuerda la ayuda que le prestó quien entonces solo era un amigo, piensa que quizá aquel día en que Julio, saliendo en su defensa, le atizó una paliza a Toni fue cuando comenzó a enamorarse del mañego. Deja de pensar en el pasado y se centra en el presente, el encargo de Viqueira les va a venir como anillo al dedo para remontar la cuenta de resultados de la empresa que se acercaba peligrosamente a cifras negativas.

   Y mientras, el mundo continúa viéndose azotado por un conflicto que lleva camino, sobre todo en el frente occidental, de convertirse en una guerra de trincheras que en muchas ocasiones están separadas unas de otras por menos de cien metros. Y que sigue provocando que la preocupación de Julio vaya en aumento mientras sus ingresos decaen.

 

  PD.- Hasta el próximo viernes en que, dentro del Libro III, Los hijos, de la novela Los Carreño, publicaré el episodio 133. A río revuelto, ganancia de pescadores

viernes, 11 de febrero de 2022

Libro III. Episodio 131. Magnicidio en Sarajevo


   El nacimiento del quinto retoño ha provocado un coyuntural debate en la familia Carreño, el motivo es que no acaban de ponerse de acuerdo sobre el nombre con el que van a bautizar a la criatura. La madre sugiere llamarla Luisa como su segunda hermana, la abuela paterna que se llame Asunción como una de sus primas, la materna suspira porque su nieta lleve su nombre, Soledad, y cada cual tiene su propuesta. Tras debatirlo y al no haber acuerdo Paca, que ha estado callada hasta el momento porque al fin y al cabo no es de la familia aunque la tratan como si lo fuera, propone una solución neutra.

   -¿Y por qué no le ponen el nombre del santo del día?, es lo que hacen en San Martín.

   -A ver, buscadme el calendario Zaragozano, no sea que hoy vaya a ser el día de una de esas santas de nombre impronunciable y la cría cuando se haga mayor quiera asesinarnos –reclama el padre. Al momento llega Paca con el más popular calendario español. Julio busca el uno de junio y lee el santoral.

   -San Aníbal de Francia, san Caprasio de Lérins, Fortunato de Montefalco, Íñigo de Oña, Isquirión, Próculo de… -Al llegar ahí cierra el calendario de golpe y exclama-. ¡No pretenderéis que le pongamos a la niña uno de esos nombres, ni hablar!, la cría no tiene ninguna culpa de haber nacido hoy -y opta por cortar por lo sano-. Julia, ¿cómo se llamaba aquella amiga tuya del pueblo con la que tantas trastadas hacías de cría?

   -¿Te refieres a Eloísa?

   -La misma. Así se llamará la cría, Eloísa –Y con ese nombre es cristianada la neófita cuando once días después la bautizan. La pequeña, al revés de lo que ocurrió con sus hermanos, tiene un comienzo de vida azaroso. En las primeras semanas engancha una enfermedad tras otra y llega un momento en que parece que formará parte de la legión de críos que no llegan a cumplir un año, algo que dada la alta tasa de mortalidad infantil en España tampoco sería raro como explica Etelvina que, junto con el doctor Lavilla, es la que más pelea para que la pequeña Eloísa siga adelante.

   El año 1914, con la salvedad de la mala salud de Eloísa, discurre venturosamente para los Carreño. Los demás críos crecen sanos y vigorosos, las ventas han repuntado y la empresa de interiorismo no cesa de recibir encargos, sobre todo de electrificación…, hasta que a fines de junio, exactamente el veintiocho, un sangriento suceso que ocurre en un lugar muy alejado de Plasencia altera la vida de los Carreño y la de millones de europeos al principio, y del resto del mundo después. Todos los periódicos insertan en primera plana la noticia: El 28 de junio, el archiduque Francisco Fernando de Austria, heredero del Imperio Austro-Húngaro, ha sido asesinado junto con su esposa en Sarajevo, la capital de Bosnia. El magnicidio ha provocado una extrema tensión entre las potencias europeas.

   El suceso desata una crisis cuando Austria-Hungría da un ultimátum a Serbia y se invocan las distintas alianzas internacionales forjadas a lo largo de las décadas anteriores. Fracasada la diplomacia, un mes después del magnicidio Alemania declara la guerra a Rusia, y Austria se la declara a Serbia, lo que supone el comienzo de la Guerra Europea –así llamada al principio- en la que acaban involucradas todas las grandes potencias de la época divididas en dos bandos: por un lado la Triple Alianza formada por el Imperio alemán y el Imperio austro-húngaro y por otro la Triple Entente formada por el Reino Unido, Francia y Rusia.

   Al principio, la guerra parece muy lejana y totalmente ajena a los intereses cotidianos de los placentinos, por lo que el interés que suscita entre la ciudadanía es relativo, pero no así en el casino donde se discute apasionadamente sobre el conflicto. Los debates se centran no solo en la contienda sino en la postura que adoptará el gobierno español, a la sazón presidido por el conservador Eduardo Dato. Cuando Julio, que ha estado viajando por la región, llega a la tertulia el uno de agosto la discusión está al rojo vivo por el enfrentamiento entre los conservadores que ven en la Alianza a los representantes del orden y la autoridad, y los liberales que se decantan por la Entente que para ellos representa la libertad y la democracia. Julio quiere conocer las últimas noticias y el comandante Liaño le resume el estado del conflicto.

   -Los austrohúngaros han iniciado las hostilidades con el intento de invasión de Serbia. Mientras, Alemania ha invadido Bélgica y Luxemburgo, pese a ser países neutrales, en su camino a Francia donde han podido ser detenidos por los franceses casi a las puertas de París.

   -¿Y se sabe qué va a hacer nuestro gobierno? –pregunta Julio, más interesado por los problemas nacionales que por los internacionales.

   -De momento, Dato guarda silencio. Supongo que espera a ver el partido que toman otras naciones.

   El droguero llega a casa muy preocupado y hace a su esposa un resumen de las noticias que le han contado sus contertulios. Julia trata de tranquilizarle.

   -No te preocupes, mi amor, todos los países que has citado están muy lejos y no creo que esa guerra nos vaya a afectar. Puedes estar seguro que si sales a la calle y preguntas a cien personas donde está Serbia, seguro que como mucho una o dos lo sabrán, los demás ni lo saben ni les importa.

   -Sí, pero Francia es vecina nuestra, o sea que la guerra ya no está tan lejos.

   -Tranquilo, no creo que llegue la sangre al río. Y para que te alegres, te diré que ha estado don Enrique y me ha dicho que cree que Eloísa ha pasado lo peor y que a partir de ahora posiblemente no vuelva a enfermar, al menos de momento.

   En las semanas siguientes, la inquietud por la guerra comienza a generalizarse. Como bien suponía Julia, casi nadie en la ciudad sabe dónde está Serbia y son contados los que sabrían situar a Sarajevo en un mapa, pero las noticias sobre el conflicto son cada vez más inquietantes porque cada día que pasa aumentan los países involucrados en la contienda. Tras los primeros enfrentamientos, se inicia una guerra de desgaste donde las líneas de trincheras apenas sufren variaciones en el conocido como frente occidental. En el oriental, el ejército ruso logra algunas victorias frente a los austrohúngaros, pero son detenidos por los alemanes en su intento de invadir Prusia Oriental. Todo este cúmulo de noticias, comentadas hasta la saciedad en la tertulia del casino, inquieta sobremanera a Julio.

   -Ves lo que te dije, cariño, ya está casi toda Europa metida en el ajo y eso puede afectarnos.

   -No seas pesimista, mi amor –En la intimidad los Carreño se muestran muy afectuosos, en público su lenguaje es más contenido-, no creo que nuestro gobierno nos meta en ese lío en el que no se nos ha perdido nada.

   La reacción de la ciudadanía es lenta, como la de todas las macroestructuras sociales, pero cuando comienza una tendencia es complicada pararla pues la inercia adquirida suele provocar que sea más persistente que las individuales. Y eso es lo que comienza a ocurrir con la clientela en general y la de las tiendas de los Carreño en particular.

   -Tendría que repasar los números del año pasado por estas fechas, pero juraría que las ventas están bajando –comenta Julio cuando antes de acostarse la pareja se cuenta cómo ha ido el día.

   -Temo que sí. De los seis encargos que teníamos en Interplás, dos de ellos los han anulado y un tercero parece que seguirá el mismo camino –corrobora Julia.

   -Tenemos mala suerte, ahora que las ventas estaban repuntando.

   Las primeras batallas, de lo que por ahora sigue llamándose la Guerra Europea, son más bien cortas, en algunos casos de días, lo que parece indicar que el conflicto no puede tener mucho recorrido. Esa es la opinión que sustenta Julio cuando le preguntan en la tertulia, pero rápidamente el comandante Liaño le enmienda la plana.

   -Amigo Carreño, ojalá sea así, pero me temo que los tiros, y nunca mejor dicho, no van a ir por ahí. Ni Francia ni Alemania han puesto toda la carne en el asador, puede decirse que estos primeros enfrentamientos no han sido más que escaramuzas, sangrientas, pero solo meras refriegas. O mucho me equivoco o nos esperan batallas y días peores.

   En octubre se produce un hecho importante, el Imperio otomano entra en guerra con la ruptura de relaciones diplomáticas con la Entente y en noviembre Rusia declara la guerra a los turcos. Antes de que acabe 1914 la que es llamada Guerra Europea lleva camino de convertirse en mundial pues el conflicto, a través de las colonias de los distintos países europeos, se extiende al extremo oriente, al continente africano y hasta Oceanía, solo las Américas se salvan por el momento de la conflagración.

   Todas estas noticias, que los periódicos airean diariamente en sus portadas, consiguen que Julio acabe teniendo una idea obsesiva: hay que hacer recortes en el negocio pues cada día que discurre parece evidente que el terremoto bélico desencadenado por el  magnicidio de Sarajevo no se va a resolver en unos meses. Solo hay un hecho que le tranquiliza en parte: el siete de agosto de 1914, el diario oficial, La Gaceta de Madrid, publica un decreto por el que el gobierno declara la estricta neutralidad de España en la guerra. Cuando se lo cuenta a su esposa, Julia saca a relucir su espíritu pragmático.

   -Del mal, el menos.

   En los tres últimos meses del año, la contienda continúa con tono incierto y nuevos países entran en el conflicto. La Entente declara la guerra a Turquía, mientras en el extremo oriente el Imperio japonés se enfrenta a Alemania a la que derrota en China con el apoyo de los británicos. Los alemanes también son vencidos por los australianos en Oceanía, y en un lugar tan remoto y alejado de Europa como las islas Malvinas una escuadra de la flota alemana es aniquilada por la Royal Navy. Lo de la Guerra Europea es una denominación que cada día que pasa es menos cierta, por eso hay periódicos que ya la califican como la Gran Guerra. Aunque lo que se pregunta Carreño es ¿nos afectará la guerra se llame como se llame?

 

  PD.- Hasta el próximo viernes en que, dentro del Libro III, Los hijos, de la novela Los Carreño, publicaré el episodio 132. La tregua navideña

viernes, 4 de febrero de 2022

Libro III. Episodio 130. No hay quinto malo

 

   Charlando con Julia, Maribel le cuenta un cotilleo sobre unos antiguos conocidos, los Granados de Mérida, y le pregunta si se acuerda de ellos, sobre todo del hijo.

   -Como no me voy a acordar, si en el cotillón de las doce uvas del Círculo al que asistí hace años recordarás que fue quien me llevó al baile. ¿Qué ha sido de él, al fin encontró una pareja a su gusto?, lo digo porque a mí maldito el caso que me hizo aquella noche.

   -No me extraña que no te lo hiciera, realmente no nos lo hacía a ninguna. Entonces ya se rumoreaba, pero con los años se destapó, ¡el Granados hijo salió gay! –Es la primera vez que Julia oye tal palabreja.

   -¿Qué es gay?

   -Es como los anglosajones, que son muy remirados con el lenguaje, llaman a los mariquitas.

   -¿Quieres decir que… -Julia ha de pensar para escoger la expresión menos vulgar- es de los de la acera de enfrente?

   -Sí, hija, sí. Antonio Jesús es un julandrón, una loca de muchas plumas que por lo que cuentan hasta se trasviste de mujer.

   -¡Jesús, María y José! –se escandaliza Julia.

   -No seas antigua, Julia. Cada quien es dueño de su cuerpo y hace con él lo que le pete.

   -Si tú lo dices… -apostilla la matrona muy poco convencida.

   -Han discurrido ya once años desde aquel cotillón, como pasa el tiempo… Pues como decía, Macarena me contó que el viejo Granados se casó no hace mucho, con casi setenta años, con una vieja solterona de Villanueva de la Serena con fama de ser una de las mayores fortunas de las Vegas Altas. Y que tras la luna de miel se fueron a vivir a Sevilla donde el viejo Granados, a pesar de sus años, es el que cierra los tablaos y mancebías de las noches sevillanas. Y mientras su hijo va de pitiminí.

   A Julia no le interesa lo que cuenta Maribel sobre el viejo Granados, pero sí le ha impactado lo que ha dicho sobre el hijo. Pese a los años pasados se horroriza al pensar que estuvo entre los brazos de un afeminado, por mucho que con ella se mostró correcto en todo momento. Va recordando detalles y comienza a explicarse el comportamiento de Antonio Jesús al que tras aquella noche, de la que por otra parte guarda un grato recuerdo, le calificó como un blandengue, pero resulta que era algo más.

   Casi coincidiendo con la finalización de 1913, se completan las obras de remodelación de la casa solariega de los del Pino que en ese momento vuelven a estar en Madrid. Antes de irse, Julia ha estado cambiando impresiones con Maribel quien le ha dicho que para Navidad volverán y que piensa dar un baile al que invitarán a lo más selecto de la sociedad placentina. Así es como ha decidido dar a conocer la remozada casona.

   -Creo que es una gran idea, Maribel. Vas a ser la envidia de toda la ciudad. Nadie, ni los Sotomayor, ni los Orellana, ni los Benavente…, nadie de la ciudad tiene una casa como la tuya. Los vas a dejar a todos patidifusos.

   -Patidifusos no sé, pero amarillos de envidia seguro. Imagino que para entonces estará todo en perfecto estado de revista.

   -Por descontado, Maribel, solo falta ultimar pequeños detalles y luego la limpieza general, pero déjalo de mi cuenta, la casa va a quedar como los chorros de oro.

   -Se me olvidaba, ¿quieres venir al baile?, con tu marido, claro.

   -Muchas gracias, Maribel, ¿pero adónde voy con esto? –y Julia se señala el vientre.

   -Sí, comienza a notarse, ¿para cuándo lo esperas?

   -Para principios de junio.

   En el entorno de la aristocracia y la burguesía placentina el hecho de los cambios en la vetusta casa de los del Pino no ha hecho más que magnificarse a medida que van pasando los días. Julia ha tenido buen cuidado de que no entre nadie que sea ajeno a la obra, con lo que ha conseguido que la gente solo sepa cómo está quedando el interior de la mansión por lo que cuentan los obreros y artesanos que allí trabajan. A través de sus socios, Julia ha hecho correr la especie de que la remodelación de la casona se ha hecho siguiendo los patrones de la decoración del Titanic –lo que no deja de ser una exageración-, y como el hundimiento del trasatlántico ha ido generando noticias sin fin que han dado la vuelta al mundo ello ha provocado que media ciudad esté ansiosa por ver como ha quedado la vieja mansión. Ha habido personas, que por ser conocidos o clientes de sus tiendas, han pretendido que les dejen echar aunque sea un vistazo; Julia se ha escudado en un pretendido mandato de los del Pino de que nadie puede ver la casa sino lo autorizan los dueños. Con lo cual, la expectación crece sin parar. Algo que Julia no había previsto, pero que ha resultado ser uno de los mayores alicientes en la remodelación, ha sido la instalación de la luz eléctrica, no en vano va a ser el primer hogar de la ciudad que va a estar electrificado.

   Llega la última década de diciembre y el matrimonio del Pino vuelve a la ciudad y a su remodelado hogar. Tras pasar la Navidad, comienzan a mandar invitaciones para el baile que van a organizar en Nochevieja en su remozada casa-palacio. En la relación de invitados están todos los que son alguien en Plasencia y por supuesto todas las familias de rancio linaje. Puesto que el aforo de la mansión pese a ser amplio es limitado, no son invitadas algunas de las nuevas fortunas de la localidad, pero que no cuentan con el suficiente pedigrí, lo que provoca más de un enfado a lo que la pareja del Pino-Quirós no le da mayor importancia. La noche de fin de año, la casona de los del Pino reluce como una gema. El baile es todo un éxito, y los invitados se deshacen en elogios sobre cómo ha quedado lo que antes era un caserón vetusto y parcamente decorado. El día de Año Nuevo no se habla de otra cosa en los mentideros de la ciudad: el antiguo caserón de los del Pino se ha convertido en una mansión digna de ver, parece un palacio de cine. Y lo de la luz eléctrica resulta asombroso, no hay más que dar un cuarto de vuelta a un interruptor y donde antes había oscuridad el espacio se llena de claridad, en las lámparas se encienden unas bombillas que despiden luz, pero ni humean ni la luz vacila como ocurre en las lámparas de gas. ¡La electricidad, qué maravilla! es la exclamación que recorre la ciudad. 

   Pasadas las fiestas navideñas, Julio lee en uno de los diarios del casino una noticia que sabe que a su madre le encantará. Sin pensarlo dos veces, y tras echar un vistazo a su alrededor, corta la página y se la mete en el bolsillo.

   -Mira lo que te he traído, madre –y le enseña la página que además lleva una ilustración.

   -No tengo las gafas, léemela, por favor.

   Julio lee: El pasado 7 de enero, la grúa flotante Alexander La Valle realizó el primer tránsito completo por el Canal de Panamá, la vía de navegación interoceánica entre el Mar Caribe y el Océano Pacífico y que atraviesa el punto más estrecho del istmo de Panamá con una longitud de 82 kilómetros. Sin embargo, los buques no podrán usar el canal hasta que no se completen todas las infraestructuras adyacentes. El canal está considerado como una de las mayores obras de ingeniería del siglo XX. Funciona a través de esclusas que elevan los barcos a 27,5 metros sobre el nivel del mar, para después descenderlos hasta el nivel del Pacífico o el Atlántico.

   -Me encantaría poder verlo. Ahora no habrá que cruzar el peligroso estrecho de Magallanes. Gracias, hijo. Noticias como esas son las que hacen que valga la pena vivir.

   Tras los primeros días de 1914 algunas de las acaudaladas familias de la ciudad comienzan a llamar a la oficina de Interplás. Los socios han tenido la previsión de alquilar una planta baja en la que de momento solo hay una antigua alumna de doña Pilar que hace las veces de secretaria de la empresa. Lo más destacado del local está en el exterior, donde una placa exhibe un rótulo que dice: Interplás. Interiorismo e instalaciones eléctricas. Julia se ha apercibido que la electricidad será lo que mayor número de clientes les deparará, de ahí el rótulo. Rápidamente, la empresa capitaneada por Julia comienza a firmar contratos para remodelar algunas casas, generalmente destartaladas y obsoletas, de algunas de las familias pudientes de la localidad. Aunque la mayoría de clientes se inclinan solamente por electrificar sus hogares. Por eso, Interplás ha de extender el contrato por obra con los electricistas de Talavera para que presten sus servicios para obras concretas.

   Un día de marzo, al llegar Julio al casino encuentra a sus contertulios enzarzados en una fogosa discusión. El motivo es la noticia, que insertan los periódicos que tienen abiertos sobre la mesa, de la creación por un Real Decreto de la Mancomunidad Catalana, una institución que agrupará las cuatro diputaciones de Cataluña en un único ente regional, y que ha sido promovida por el político y escritor Prat de la Riba dirigente de la Lliga Regionalista.

   -Es increíble que el gobierno haya podido tragarse esa rueda de molino. ¿Es que no se dan cuenta que lo que pretenden los burgueses de la Lliga es independizarse de España? –se pregunta un tertuliano. La mayoría de los asistentes asienten, algo que a Julio no le sorprende porque todos tienen muy claro que la unidad de España no debe romperse.

   -La Mancomunidad no traerá más que problemas, solo va a ser un instrumento al servicio de la burguesía catalana –redunda otro. Opinión que tampoco sorprende a Julio, pues su autor pasa por ser socialista.

   -Cuantas más concesiones se hagan a la burguesía catalana mayores serán sus exigencias. Ahora han pedido un dedo, luego querrán la mano, después el brazo y… acabarán pidiéndolo todo –profetiza el comandante Liaño.

   El uno de junio, Julia pare a su quinto hijo. Cuando ponen al bebé en sus brazos, se sobrepone al dolor del parto y sonríe, por fin Pili tendrá otra hermanita. La criatura parece poquita cosa pero sus vagidos son estridentes.

   -Otra boca que alimentar –se lamenta la abuela materna.

   -Ya sabes lo que se dice entre los taurinos: no hay quinto malo -afirma Etelvina que ha vuelto a ejercer de partera.

 

PD.- Hasta el próximo viernes en que, dentro del Libro III, Los hijos, de la novela Los Carreño, publicaré el episodio 131. Magnicidio en Sarajevo