viernes, 15 de octubre de 2021

Libro II. Episodio 114. Abscisas y ordenadas

    Cuando Julio oye la petición de la joven de que no siga pateando a Toni, pues si le mata irá a la cárcel y ella donde quiere verle es a su lado, tarda unos segundos en asumir el mensaje, tal es su ira. En  tonces comienza a serenarse y  deja de golpear al maltrecho galán, lo que hace es tirar de él y ponerle en pie. Toni, la viva estampa de un eccehomo, tiene el rostro magullado, se queja del tórax como si tuviese alguna costilla rota, tiene una mano medio destrozada y sangra profusamente pues sufre varias heridas, aunque parecen superficiales. Julio lo apoya contra la pared para que pueda mantenerse en pie y, cogiéndole del cuello con la mano, le amenaza.

   -Escucha, rata de alcantarilla, como vuelva a verte, o me digan que te han visto a menos de cien metros de Julia, iré a por ti y te arrancaré los huevos –Y al decirlo su otra mano le agarra el escroto apretándolo lo que provoca un alarido del maltrecho donjuán-. ¿Te ha quedado claro, hijoputa? Como te acerques a ella te caparé, por Dios que lo haré, cacho cabrón –y cogiendo al malparado joven de las solapas lo arrastra hasta la puerta de la  trastienda que sigue cerrada-. Julia, abre la puerta.

   Julio, con una última patada, echa fuera del local al descompuesto casanova. Ya en la calle le grita:

   -¡Y no vuelvas a acercarte por aquí o acabaré contigo, gilipollas de mierda!

   Mientras tanto, Julia ha sacado un pequeño botiquín para restañar las heridas y contusiones que el malparado burlador le ha causado al mañego.

   -Ven, déjame que te ponga agua oxigenada, no se te vayan a infectar las heridas –y cuidadosamente va limpiando las magulladuras del hombre-. Nunca pude imaginar que fueras tan fuerte. Vaya paliza que le has dado a ese malnacido.

   -Se la buscó a pulso, ¿no?

   -Sí, se la ganó. Y nunca daré bastantes gracias a Dios de que llegaras a tiempo. No sé qué hubiese sido de mí si no apareces. Has salvado mi honra que para mí es el tesoro más preciado. Mil veces gracias, Julio, eres mi salvador, mi ángel de la guarda, mi leal escudero –Y por como lo dice da la impresión de que las palabras le salen del corazón.

  Desde el día de la pelea entre Toni y Julio, la chinata ha cambiado radicalmente su manera de tratar al mañego. Ya no le ve como a un hermano mayor, sino como su defensor, como alguien en quien puede confiar plenamente, como alguien con quien se siente segura, valorada y respetada. Ahora, Julio va muchas noches a casa de su madre a cenar y la pareja tiene la ocasión de hablar más a menudo. En esas charlas, Julia ha podido constatar que el droguero tiene una formación superior a la suya y, por supuesto, mucha más experiencia de la vida. Conversan a menudo del negocio, en el que cada vez son más colaboradores que competidores, ante el disgusto del Bisojo quien, sabiendo lo que opina su encargada sobre la vida privada, no le queda otra que callarse.

   Las partidas de parchís de los domingos han dado paso a otras actividades. Como en el teatro Alkázar, el único de la ciudad, se represente una obra teatral o actúe una compañía de zarzuela o de varietés, Julio saca entradas y se lleva a sus tres mujeres, como designa a Julia, Pilar y Etelvina, a ver la función de turno. Las dos mujeres mayores se han puesto de acuerdo y cuando tienen ocasión se inventan cualquier excusa para que sea la pareja de jóvenes los que asistan solos al teatro. Hoy es uno de esos domingos en el que la pareja saldrá sola, pero en esta ocasión a un baile en el casino mercantil. Cuando Julio se lo propuso, la joven accedió encantada y, aunque él le ha dicho que puede bailar con quien quiera, la joven ha rechazado a cuantos se han acercado a pedirle un baile, solo ha querido hacerlo con Julio.

   -Veo que te saluda mucha gente. No imaginaba que fueras tan popular.

   -No es que sea popular, es que estoy acompañado por la señorita más bonita del sarao y la que tiene más clase y estilo. Vamos, la más chic como dices a tus clientas.

   -No te burles de una pobre chica de pueblo. Guapas las hay mucho más que yo, y en cuanto a lo de clase y estilo, supongo que habrá opiniones para todos los gustos.

   -Lo de la chica de pueblo no cuela. Te recuerdo que yo también soy un chico de pueblo y bastante más pequeño que el tuyo, por cierto. Y sobre la guapeza y todo lo demás, si digo que eres la más bonita y estilosa es que para mí lo eres. Por lo que discusión finita, como diría un italiano. Vamos a bailar –En la pista siguen charlando.

   -Hablando de tu pueblo, no sé si sabes que no lo conozco. Tu madre me prometió que me llevaría un día, pero hasta hoy. ¿Por qué no lo haces tú?

   A Julio le brillan los ojos de alegría.

   -¿Vendrías conmigo a San Martín?, ¿a ver cómo son los mañegos en su salsa?

   -Por supuesto que sí, me encantaría. Mira, de este verano no ha de pasar sin que me lleves. Claro que también tendrá que venir Pilar o Etelvina, no estaría bien que fuéramos solos.

   -Naturalmente, Julia. Sabes que para mí tu honra es lo más valioso del mundo. Y pienso que quizá podríamos acercarnos a alguno de los pueblos de la Raya cercanos a San Martín, pero ya dentro de Portugal.

   -Me gustaría. A pesar de lo cerca que está nunca he estado en Portugal y no entiendo bien su lengua. ¿Tú comprendes el portugués?

   -Comprenderlo sí, hablarlo es otra cuestión, aunque me hago entender. Ten en cuenta que, como buen mañego, hablo la fala, que es medio gallego medio portugués.

   Cuando la charla decae, Julia apoya su cabeza en el hueco que forma el hombro y el cuello del mañego y cierra los ojos. Se encuentra bien, se siente segura, es feliz. Julio lo es mucho más, pero ha de andarse con cuidado porque el contacto con la muchacha dispara su instinto viril lo que puede gastarle una mala pasada. Hace un titánico esfuerzo para controlarse, por nada del mundo quisiera estropear la maravillosa tarde que está pasando. ¡Ojalá, se dice, Julia lo esté pasando igual de bien!

   Tardes como la discurrida en el casino se repiten cada vez más a menudo, ante la complacencia de Pilar y Etelvina que multiplican sus excusas para que la pareja goce de mayor intimidad. La mayor relación de la pareja ha terminado modificando sus costumbres. Julia casi ha dejado de salir a pasear con sus amigas y no ha vuelto a aceptar ninguna invitación de sus amistades burguesas. Julio ha morigerado aún más sus hábitos: va con menos frecuencia al casino, juega bastante menos, se cuida muy mucho de a que clientas embroma y ha abandonado sus visitas a los burdeles. Se podría decir que es un hombre nuevo, sobre todo en su vida religiosa, ahora confiesa y comulga regularmente y se esfuerza por respetar los mandamientos. Intenta seguir la estela de Julia que es una devota y practicante católica. Lo que no ha hecho el mañego es volver a requerir a la muchacha que le responda a la atípica declaración de amor que le hizo en su día y que ahora parece algo muy lejano. No tiene prisa en que Julia le responda, sabe que las mejores frutas son las que maduran poco a poco y Julia, día a día, lo va haciendo. Se impone esperar, y a eso se aplica con toda su alma. La creciente amistad entre ambos ha llegado a los mentideros.

   -Julina, me han contao que el domingo ibas muy amartelá con el de la competencia –Como Lupe suele llamar a Julio-. Como se entere el patrón cogerá un berrinche de muerte, con lo enfilao que tiene al Carreño.

   -Primero, no iba amartelada, sino cogida de su brazo. Y segundo, el señor Elías sabe bien, porque se lo dije hace tiempo, que en mi vida privada mando yo y nadie tiene porque inmiscuirse.

   -Que palabreo gastas, como se nota que tienes estudios. Y estoy de acuerdo contigo, nadie tiene porque meterse en lo que hace cada quisque en sus ratos libres.

   Lupe no es la única persona que le tira alguna puya a la joven por su creciente relación con Julio. Más de una amiga y hasta alguna de las clientas que le tienen mayor confianza le han preguntado si Carreño la corteja. La respuesta de Julia es que no, pero cada vez esa negativa da la impresión de ser menos consistente. Dado lo aficionada que es la chinata al autoanálisis, no tarda en llevar a ese terreno su relación con el mañego. ¿Qué es Julio para mí, aparte de ser mi amigo, mi colega y el hijo de la mujer que es como mi segunda madre? Pues de entrada, se contesta, es muchas cosas: amigo, camarada y casi un hermano, ¿pero qué más? ¿Me gusta cómo hombre?..., no sabe responder o, mejor dicho, no lo sabe bien, solo sabe que a su lado se siente feliz y segura. Como no avanza en la introspección recupera la vieja idea, de cuando no sabía a qué atenerse con Toni, de elaborar un cuadro de doble entrada, donde en el eje de las ordenadas pondrá los rasgos positivos, negativos y dudosos que Julio presenta. En ese eje hace tres apartados marcados con un + (positivo), un - (negativo) y un ? (dudoso). En el eje de las abscisas reseña los rasgos a considerar: físico, inteligencia, carácter, seriedad, simpatía, educación, afabilidad, honradez, palabra, capacidad para ganarse la vida, ¿será buen marido?, ¿será buen padre?, ¿me tratará como reina o sierva? Y aunque ya es agua pasada opta por poner también a Toni para que le sirva de patrón comparativo. 

 


   Cuando lo termina le echa un vistazo al cuadro. Su primera impresión es que no hay color, Julio gana por goleada, pero debe analizarlo detenidamente, por nada del mundo quisiera equivocarse.

PD.- Hasta el próximo viernes en que, dentro del Libro II, Julia, de la novela Los Carreño, publicaré el episodio 115. ¿Me los seguirás dando?

viernes, 8 de octubre de 2021

Libro II. Episodio 113. El escorpión y la rana

   Tras contar a Maribel Quirós lo sucedido con Toni, Julia tarda en entender el sentido de la inconclusa pregunta de su amiga, cuando cae en la cuenta responde a voz en grito:

   -¡No, no llegó!, pero… lo intentó.

   -¡Uf! Ese malnacido siempre hace lo mismo. Si no fuera porque es un vicioso sería encantador, pero siempre actúa igual. Cada vez que me entero de una canallada de las suyas me suelo acordar de la fábula del escorpión y la rana, es su naturaleza. Un día alguien le partirá la cara y se lo habrá ganado a pulso. ¡Miserable! Y permíteme que te dé un consejo, puesto que fui quien te lo presenté estoy obligada a ello: si vuelve a intentar cortejarte, algo que no me sorprendería, recházale de manera que no le quepa ninguna duda de que no quieres saber nada de él y ¡nunca, nunca! te quedes a solas con ese malnacido.

   Días después, como si la Quirós fuese profetisa, Toni reaparece.

   -Julina, el malasombra del Toni está ahí –dice Lupe en voz queda señalando con la cabeza a la trastienda-. Ten cuidao con él, recuerda lo que te conté de sus andanzas.

   La muchacha no vacila ni un segundo.

   -Lupe, ven conmigo y no me dejes sola en ningún momento –Ambas mujeres pasan a la trastienda donde el gavilán se ha arrellenado en una silla mientras fuma displicentemente un cigarrillo.

   -Me moría de ganas de volverte a ver, paloma mía. No he podido venir antes porque he estado de viaje.

   -Toni, ahora mismo estás saliendo de la tienda. Si no lo haces llamaré a la Guardia Civil.

   -Pero qué dices, preciosa. ¿Tienes hoy un mal día?

   -Cuento hasta tres, si no sales comenzaré a gritar.

   -Pero que tres ni que niño muerto. ¿Se te ha ido la chola?

   -Uno, dos, tres… Lupe, grita conmigo: ¡socorro, socorro, ayuda…!

   El galán no se arredra, pero comienza a retirarse hacia la puerta.

   -Vale, vale, no es necesario armar tanto alboroto. Cuando se me pide algo educadamente siempre lo atiendo. Y descuida, volveré. No me gusta dejar las cosas a medias y tú y yo, paloma, tenemos mucho de qué hablar.

   A Julia le tiemblan las piernas y la respiración se le entrecorta, pero en el semblante muestra un gesto decidido. Este desgraciado, se dice, no se va a burlar de mí otra vez.

   -Gracias, Lupe, eres una buena amiga. Ah, de ahora en adelante hay que tener la puerta de la trastienda cerrada con llave y si vuelve ese impresentable no te separes ni un segundo de mí. Y como se ponga chulo lo echaremos aunque sea a escobazos.

   Cuando la muchacha llega esa noche a casa duda de si contarle a Pilar lo ocurrido, tras meditarlo no le dice nada, no quiere preocuparla, además después de su reacción no cree que Toni vaya a volver. De todas formas, como es mejor prevenir que curar, decide tomar medidas cautelares.

   -Pilar, quiero pedirle consejo. ¿Cree que a Julio le sentaría mal si le pidiera que durante unos días viniera al cierre de la tienda para acompañarme a casa? No sé si es buena idea, porque bastante trabajo tiene en su negocio.

   Lo primero que piensa Pilar es contestar a la joven que ya está ella para acompañarla, algo que hace de lunes a jueves, pero se lo repiensa… Puede ser una oportunidad única para su hijo de que Julia se sienta protegida y amparada por un hombre del que puede fiarse.

   -¿Qué si le sentará mal? ¡Quia!, estará encantado de que recurras a él. Sabes bien que Julio te tiene un enorme cariño y no hay nada que le haga más feliz que poder ayudarte. Se lo diré y te garantizo que cuando cierres mañana, allí estará esperándote para traerte a casa sana y salva.

   La noche del siguiente día, bastante antes de cerrar, Lupe cuenta a la chinata que ha visto al mañego en la esquina.

   -Ahí está el de la competencia -Como suele llamar irónicamente a Julio-. Supongo que no ha venido a fisgar si tenemos muchos clientes.

   -Ya conoces a Julio, trabajaste con él. Entre sus defectos, que los tiene como cada hijo de vecino, no está ser un fisgón. Ha venido a acompañarme hasta casa.

   -Pues sí que ha llegao pronto, habrá dejao que Antonina se las apañe como pueda. Es un buen hombre, no como otros que yo me sé.

   Tras echar el cierre, Julia se acerca al de la competencia como le ha llamado Lupe.

   -Buenas noches, Julio, y muchas gracias por venir. Te debo parecer una niñata temerosa de que se la vaya a comer el lobo como a Caperucita Roja, ¿no?

   -De temerosa, nada. Eres una de las mujeres más valientes que he conocido –y la más maravillosa piensa, pero se calla, no vaya a estropearlo.

   -De todos modos, no es necesario que vengas tan pronto, conque estés aquí a la hora del cierre es más que suficiente. Incluso si algún día te retrasas porque tienes mucho lío en la tienda, no te preocupes, echaré la llave a la puerta y me quedaré dentro hasta que llegues.

   -Entendido, pero hay algo que quiero que te quede claro, para mí no hay nada mejor que dedicar mi tiempo a ayudarte, bien sea acompañándote o cumpliendo cualquier otro deseo tuyo. Además –dice sonriendo como para restar solemnidad a lo que acaba de afirmar-, ten en cuenta que acompañarte tiene premio: de aquí a casa, nos cruzaremos con cien pares de ojos envidiándome la suerte que tengo por llevar a mi vera a la jovencita más… -busca un adjetivo que no suene excesivo-, más encantadora de la ciudad.

   -Comprendo que tengas tanto éxito con las mujeres. Sabes decir las palabras que a cualquiera le gustan escuchar. Eres todo un caballero –De pronto, Julia se acuerda de algo que le dijo Maribel-. Por cierto, y aunque no viene a cuento, el otro día una amiga me habló de la fábula del escorpión y la rana y se me olvidó preguntarle de qué iba, ¿tú lo sabes?

   -No, es la primera vez que oigo hablar de esa fábula, pero pregúntale a mi madre, seguro que ella sí lo sabe.

   Julia toma nota y en la cena pregunta a Pilar sobre el escorpión y la rana.

   -Es una fábula atribuida a Esopo. Un escorpión pide a una rana que lo ayude a cruzar el río, prometiendo no hacerle ningún daño, puesto que si lo hiciera ambos morirían ahogados. La rana accede subiéndolo a su espalda, pero cuando están en medio de la corriente el escorpión la pica. La rana, incrédula, le pregunta: ¿cómo has podido hacer algo así?, ahora moriremos los dos. A lo que el escorpión responde: no he tenido elección, es mi naturaleza. La moraleja es que hay personas que sacan su maldad sin importarles las consecuencias de sus actos, incluso dañándose a sí mismos.

   -Yo conozco alguna persona de esa clase –comenta Julia casi como para sí.

   -Pues recuerda la fábula y apártate del escorpión, si no terminará picándote; es su naturaleza    -No, se dice Julia, ese malnacido de Toni no volverá a picarme, no le daré la ocasión.

   La noche del sábado, Julio ha avisado a la muchacha de que irá a buscarla un pelín más tarde que de costumbre, pues tiene que hablar con un proveedor.

   -¿Hoy no tienes quien te acompañe? –inquiere Lupe al no ver la habitual presencia del de la competencia.

   -Julio me ha mandado aviso de que vendrá un poco más tarde.

   -¿Quieres que me quede hasta que llegue?

   -Gracias, Lupe, no hace falta. ¿La puerta de la trastienda está cerrada?, ¿sí?, pues entonces puedes irte cuando quieras. Ya echo yo el cierre. Y hasta el lunes, Dios mediante.

   Lupe se va y cierra la puerta principal con picaporte, pero no echa la llave, ya lo hará Julia piensa, pero la joven cree que la puerta la ha cerrado su compañera. La falta de comunicación entre ambas es aprovechada por un indeseado visitante.

   -¡Qué ganas tenía de volverte a ver, paloma mía!

   Ante la sorpresa y el miedo de Julia, Toni Cortés está en medio de la tienda luciendo su sonrisa más cautivadora.

   -¡Márchate ahora mismo, vete o empiezo a gritar! –le amenaza la muchacha.

   -Sé sincera contigo misma, no es eso lo que quieres, lo que estás deseando es sentir mis manos enlazando tu talle y mis labios bebiendo de los tuyos. Eso es lo que deseas, lo están gritando esos ojazos que más parecen dos lagos aterciopelados.

   A la par que habla, el galán se ha ido acercando a la joven que corre a refugiarse en la trastienda donde intenta huir por la puerta que da acceso a la calle, pero Toni no le da tiempo, la coge por detrás, la levanta en vilo y la apretuja contra la pared.

   -¡No, por favor, no me toques, te lo ruego, Toni, márchate!

   El gavilán no le hace caso, ha puesto sus manos sobre los pechos de la muchacha pellizcándolos al tiempo que intenta que vuelva la cara para besarla. Julia forcejea tratando de deshacerse del abrazo del hombre, pero este es más fuerte y no la suelta. A la joven no le queda otra que pedir ayuda.

   -¡¡Socorro, ayuda, socorro, que alguien me ayude, socorro!!

   De pronto un par de recias manos tiran de Toni hacia atrás y al volverse un puñetazo impacta en su nariz haciéndole sangrar.

   -Julia, ¿estás bien? –es Julio quien le pregunta.

   -Sí, sí, no me ha pasado nada…

   Toni al notar la sangre se enfurece y se lanza contra Julio golpeándole. Ambos se enzarzan a puñetazo limpio. Toni es más joven y ágil, pero Julio le lleva unos cuantos quilos y está muy encolerizado por lo que termina empotrando contra la pared al galán y un último golpe en el plexo solar hace que el joven mida el suelo, lo que aprovecha el mañego para patearlo furiosamente. Julia se ha rehecho y se da cuenta de lo fuera de sí que está Julio por lo que le pide clemencia para el caído.

   -¡No sigas, Julio, lo vas a matar!

   -Un tío que intenta abusar de una mujer está mejor muerto que vivo –responde Julio que continúa pateando al caído.

   -¡No te pierdas, Julio, no te pierdas por una cucaracha como esa! Déjale que se vaya, ya le has dado bastante.

   -A las cucarachas se las aplasta, no se las deja –Julio, enfurecido, sigue pateando al maltrecho galán que ya no hace nada para defenderse, se ha acurrucado en posición fetal para cubrirse la cabeza.

   -¡Julio, hazlo por mí! Toni es un malnacido que no se merece más que mi desprecio y mi asco, pero déjale vivir. Si sigues golpeándole lo vas a matar e irás a la cárcel de por vida. Y no te quiero allí, te quiero a mi lado…

 

PD.- Hasta el próximo viernes en que, dentro del Libro II, Julia, de la novela Los Carreño, publicaré el episodio 114. Abscisas y ordenadas

 

viernes, 1 de octubre de 2021

Libro II. Episodio 112. ¿Llegó a…?


   Desde hace unos días Julia no hace más que llorar. Cuando hay gente presente su férrea voluntad le ayuda a reprimirse, pero en cuanto se queda sola su llanto es inconsolable, como si sus ojos se hubiesen convertido en inabarcables lagos de los que el agua escapa a raudales. Es incapaz de contener las lágrimas y la pena que siente no hace más que aumentar su llanto. Cuando creía que había encontrado el príncipe con el que soñaba desde que era adolescente se ha topado con un rufián de la peor calaña. Toni no la quiere, solo pretendía abusar de ella, convertirla en una perdida, en una mujer sin honor y sin honra. Y el llanto, una vez más, se torna inconsolable. Ha perdido el apetito, está desmejorada, se le marcan las ojeras, duerme poco y mal, está hecha un guiñapo. Hace esfuerzos titánicos para que no se note el calvario por el que está pasando, y con ayuda de cremas, coloretes y potingues, de los que vende en la tienda, cree que lo está consiguiendo. Lo cierto es que no es así, toda la gente de su entorno se ha percatado de que algo le pasa y no debe ser agradable precisamente. Como si alguien hubiese dado la consigna de que lo mejor que pueden hacer es no preguntarle, nadie la interpela pero sí lo comentan a su espalda.

   -Pilar, ¿qué le pasa a Julia?, tiene una cara que parece una Magdalena –se interesa Etelvina.

   -¿También te has dado cuenta? A ciencia cierta no lo sé, pero me da que sufre de mal de amores. Hay un caballerete que iba a buscarla a la tienda para acompañarla hasta casa y con el que el pasado domingo fue a un sarao de los que montan los ricachones. Se la veía muy ilusionada con Toni, así se llama el chico, pero no ha vuelto a vérsele el plumero. Para mí que han debido partir pajitas… y es lo mejor que ha podido pasarle porque el joven tiene una pésima reputación.

   -Pobre Julia –se lamenta la comadrona.

   -Se le pasará. Ahora debe creer que es el fin del mundo, pero el tiempo lo cura todo o casi todo.

   Hasta el Bisojo se ha dado cuenta de que su encargada presenta una imagen lamentable, como la de un chucho apaleado, y se interesa por ella pero no le pregunta, lo hace a su otra dependienta.

   -Lupe, ¿qué le pasa a Julina?, parece la Virgen de las Angustias.

   -Un pretendiente que le da achares, tío Elías.

   -Ya me barruntaba que tenía que ser mal de amores. Échale una mano si puedes, no nos interesa que tenga esa cara, eso espanta a los clientes.

   -Déjelo de mi mano y no se preocupe. Además, si lo ha dejao o ha roto con él, es lo mejor que le podía pasar. El tipo que le buscaba las vueltas es un malaje de cuidao.  

   Tampoco a Julio le ha pasado desapercibido el estado de Julia, y ha preferido no preguntarle, pero si lo hace a su madre.

   -Julia lo está pasando mal, madre. ¿Es por causa del impresentable de Toni Cortés?

   -Sospecho que sí. Desde que el domingo la llevó a casa de los Viqueira, el mozo no ha vuelto a dar señales de vida. Y desde ese día Julia no hace más que llorar por los rincones. Lo está pasando mal, pero se le pasará, démosle tiempo.

   -Mejor, no sabe de la que se ha librado. He preguntado por ahí y lo que me cuentan del fulano es como para no querer saber nada de él. Al parecer, es un truhan que no tiene desperdicio. Juega y le da al vino y a las muchachas, como el fraile de las tres tachas.

   -Es el momento más indicado para apoyarla. Lo mejor que podemos hacer es no recriminarle, ayudarla en lo que podamos, reconfortarla y hacerle la vida lo más agradable posible. Cuento con tu ayuda.

   -Por descontado, madre. Sabes lo que siento por ella y haré lo imposible para ayudarla a que pase este trago –Hay una pregunta que a Julio hace días que le corroe las entrañas, pero que no se ha atrevido a formular, ahora cree llegado el momento de hacerla-. ¿Crees que se ha enamorado de ese canalla?

   -No lo sé, pero es posible. Es el primer chico con el que la he visto ilusionada. Aunque no sé si ha sido un amor de los de para toda la vida o solo un arrebato pasajero. Posiblemente ni ella misma lo sabe.

   No puede imaginarse Pilar que eso mismo es lo que se está planteando Julia. Se ha obligado a llevar a cabo un profundo autoanálisis, a reflexionar lo más objetivamente posible sobre lo que le ha sucedido. Aunque no se engaña, es consciente de que hablar de objetividad tratándose de sentimientos es una pura contradicción, pero aun así se esfuerza por razonar. Y tiene que analizar los sentimientos tanto de ella como de Toni en relación con el lamentable suceso en casa de los Viqueira. De Toni lo tiene claro, nunca la ha querido, nunca ha estado enamorada de ella, para él solo ha sido un capricho, alguien con quien divertirse y añadir un florón más a su corona de conquistador. Si no llega a entrar Assunçao en el dormitorio, no sabe qué habría podido pasar, posiblemente, y a pesar de sus desesperadas negativas, quizá habría acabado poseyéndola. Solo de pensarlo se le eriza el vello, pero no de placer sino de asco y vergüenza.

   Si del joven Julia tiene claro sus sentimientos y deseos, sobre ella misma todo es confusión. Piensa que cuando las emociones imperan sobre la razón los resultados pueden ser desastrosos o, al menos, dejar mucho que desear. Tiene que esforzarse mucho más, tiene que olvidarse de lo que siente su cuerpo y concentrarse solo en su mente. Puesto que no lo consigue de manera global, opta por trocear sus sensaciones. Y lo primero es contestarse: ¿me gustaba, me gusta Toni? Ahí no tiene ninguna duda, le gustaba como jamás le había gustado otro chico…, lo que ya no es capaz de responderse tajantemente es si le sigue gustando…; no puede gustarte después de la canallada que intentó, se dice. No puede gustarte un hombre que ha intentado violarte, que ha estado en un tris de hacerte suya a la fuerza. ¿Estaba enamorada de Toni y, si es así, sigue estándolo? La respuesta no es nítida. Es incapaz de deslindar lo de que le gustaba de lo de estar enamorada. Busca otro enfoque. ¿Cuándo pensaba en Toni le veía como un marido cariñoso y fiel, le veía como el padre de sus hijos? Por ahí comienza a encontrar respuestas. Nunca pensó en él como un marido, como un padre, solo en alguien que la trastornaba, que alteraba su respiración, el ritmo del corazón, que provocaba que llegara a mojarse… Era una sensación más física que sentimental, se dice. Y cuando llega a esa conclusión comienza a sentirse mejor, a sentirse en paz consigo misma. No era amor-amor, era una suerte de atracción animal, una sensación irreprimible y hasta inconfesable, pero no era auténtico amor; al menos, no como el que describen novelistas y poetas. Y vuelve a sentirse mejor. Ha pecado de ingenua al creerse las seductoras, las turbadoras palabras que Toni vertía en sus oídos… Claro, se autodisculpa, que nunca le habían hablado así. Toni ha sido el primero que la ha tratado como una mujer deseable, se centró más en su cuerpo que en su mente y su carácter.

   Cuando completa el autoanálisis toma dos decisiones, que no sabe si será capaz de hacerlas realidad, pero al menos debe intentarlo. La primera es olvidarse de Toni, borrarlo de su mente, como si nunca hubiese existido…, pero ¿y si vuelve a rondarme?, se pregunta. No duda sobre la respuesta: si vuelve tengo que rechazarlo de plano, no dejarle que vuelva a embaucarme, diga lo que diga. Toni debe ser para mí como si fuera un leproso, debo apartarme de él o acabará contagiándome sus turbios deseos, acabaré teniendo sus mismos vicios, y eso es todo lo opuesto a lo que tantas veces he soñado sobre mi futuro. La segunda decisión es andarse con pies de plomo cada vez que se le acerque un mozo que pretenda algo más que parlotear o echarse unas risas. No debe hacer caso de las palabras, sino de los hechos. Recuerda una máxima que le ha escuchado a Pilar: no valores lo que dicen, sino lo que hacen. Lo que habrá de valorar son las acciones, los hechos, no las palabras por floridas y hermosas que sean. Y muy al final de la noche, consigue dormirse.

   El sueño reparador ha obrado milagros, Julia se levanta con mucha mejor cara, ya no se le ve el rictus de amargura que tenía los últimos días y hasta las ojeras parecen haberse diluido. En cuanto la ve Pilar en el desayuno comprende que la muchacha ha experimentado algún tipo de catarsis, parece otra, de lo que se alegra infinitamente. El cambio experimentado es tan patente que en la tienda hasta Lupe, que no es demasiado observadora, se da cuenta.

   -Vaya Julina, buena cara traes hoy. ¿Has tenido felices sueños?

   -No recuerdo haber soñado, pero sí, estoy mejor.

   -Mira, Julina, no quiero meterme en camisa de once varas, pero si no te lo digo reviento. El señoritingo ese que ha venido algunos días a buscarte es un malaje, un mal hombre. De él no cuentan na bueno, sobre to de cómo se porta con las mujeres –la palabra en boca de Lupe suena como mueres-. Va presumiendo por ahí que no hay ninguna que se le resista. Puedes hacer lo que quieras, ¡faltaría más!, pero lo mejor que puedes hacer es olvidarlo. Y no te lo tomes a mal, pero como me considero amiga tuya tenía que decírtelo.

   Por la tarde, visita la tienda una clienta de la alta burguesía local, Maribel Quirós, una de las contadas amigas de Julia. Ha venido a buscar otro carmín, hace tiempo que usa el mismo y quiere cambiar.

   -¿Crees que este rosa me sentará bien?

   -Depende del maquillaje. Creo que deberías llevarte más de uno y usarlos según el traje y la ocasión. En la trastienda tengo más, ¿quieres probarlos? –Julia sigue siendo una excelente vendedora.

   Maribel va probando y comparando los carmines mientras siguen conversando.

   -El domingo te busqué para despedirme, pero ya te habías ido. Me dijeron que parecías estar disgustada.

   -Me enfadé con Toni.

   -¿Se portó mal?

   -Peor…, intentó propasarse.

   -No me extraña. ¿Te acuerdas que cuándo te lo presenté le dije que debía portarse como un caballero y no como acostumbra?, pero no, al final siempre se extralimita, es un vicioso.

   -Es que se extralimitó demasiado.

   -¡No!, ¡¿llegó a…?! –exclama Maribel, consternada.

 

PD.- Hasta el próximo viernes en que, dentro del Libro II, Julia, de la novela Los Carreño, publicaré el episodio 113. El escorpión y la rana