viernes, 16 de julio de 2021

Libro II. Episodio 101. La puesta de largo

 

   La maestra no puede reprimir su sorpresa ante el relato que le hace Julia sobre los Granados y la posterior invitación al baile de fin de año del Círculo. Creía que la muchacha se lo contaba todo, pero no se enfada y reacciona positivamente, es mucho el cariño que tiene a su pupila.

   -Me dejas de piedra, Julia, no me habías dicho nada de la reunión con los Granados –En el tono de su mentora Julia intuye un cierto reproche, por lo que rápidamente se disculpa.

   -No le conté lo de los Granados porque no le di mayor importancia. Nunca creí que esa visita tuviese alguna consecuencia, pero lo que más me interesa es saber su opinión, ¿cree que debería asistir al baile?

   Pilar no tiene que pensárselo ni un instante.

   -Por supuesto que debes ir; si es que te place, claro. Verás…, las familias de alcurnia tienen por costumbre presentar en sociedad a sus hijas al cumplir quince o dieciséis años. La puesta de largo, llamada así porque las jóvenes lucen su primer vestido largo o de noche, además de una presentación en sociedad es una celebración del paso de la adolescencia a la juventud, y eso ocurre una sola vez en la vida. Este baile será para ti tu presentación a lo más granado de la sociedad placentina. Debes de ir, divertirte cuanto puedas y, desde luego, no perderte detalle porque quiero que luego me lo cuentes todo.

   -Tengo una duda, Pilar. Para serle sincera le diré que me apetece mucho asistir al baile, nunca he estado en una fiesta de esa categoría y posiblemente no se me presente otra oportunidad, pero… ¿qué hago si Antonio Jesús quiere algo más de mí que ser su ocasional compañera en el baile?, ¿qué hago?

   -Esa es otra historia, Julia. He opinado que debes asistir al baile para que conozcas como es una fiesta de esa clase y me reafirmo en ello, pero otra cuestión muy diferente es si ese joven habla de cortejarte. La respuesta a esa cuestión no la encontrarás en mí ni en nadie, la descubrirás en tu interior. Bucea dentro de ti y pregúntate: ¿me gusta Antonio Jesús cómo para que me corteje? Solo tú tienes la respuesta.

   -Ese es el problema, ya me lo he preguntado, pero sin encontrar respuesta. Y es natural, casi no conozco al chico, solo estuve con él durante el almuerzo en mi casa y apenas si abrió el pico. De hecho no intercambié una palabra con él, únicamente cuando nos presentaron y al despedirnos. No puedo saber si me gusta o me disgusta, lo más exacto sería decir que me resulta indiferente.

   -Comprendo, en ese caso lo que tendrías que hacer es…

   -Ya sé, esperar y ver, ¿verdad? –se adelanta Julia con una sonrisa a lo que posiblemente vaya a decir Pilar.

   -Compruebo una vez más que mis enseñanzas no han caído en saco roto. Lo que en mi opinión deberías hacer es comportarte correctamente con el chico, ser afable sin pasarte y dejar que sea él quien hable y que diga lo que tenga que decir. Luego tendrás tiempo para pensar lo que vayas a responderle.

   -A propósito de lo que acaba de decir, tengo otra duda todavía mayor, mejor dicho más importante. ¿Cómo le sentará a Julio que vaya al baile con un prácticamente desconocido?

Aunque aún no tengo del todo claro una respuesta a su petición, por nada del mundo quisiera herirle.

   -Ya lo había pensado, Julia, pero sigo reafirmándome en que deberías ir al baile, lo de menos es con quien vayas. Tu respuesta a Julio deberás meditarla detenidamente, ya tendremos tiempo de hablar de ello, pero ahora estamos hablando del baile. Y lo dicho: ve, pásatelo bien, y disfruta como nunca. Vas a ser una de las debutantes del baile, ¿qué tal el vestido que te ha comprado Consuelo, te sienta bien?

   -Me sienta como un guante. Me gustaría que esa noche me ayudara a vestirme y a maquillarme. ¿Puedo contar con usted?

   El día treinta y uno Julia sale de la droguería a media tarde, tiene mucho que hacer. En casa le esperan Pilar y Etelvina, y al poco aparecen la señora Soledad y Consuelo que no quieren perderse el arreglo de la benjamina de la familia Manzano. Las mujeres que rodean a la muchacha parecen estar más nerviosas que la interesada, como si fueran ellas las que tuviesen que a asistir al baile. Lo primero que hacen es someter a la joven a un concienzudo lavoteo en el pilón que hay en el patiecillo de la casa. De ello se han encargado Etelvina y Consuelo, mientras las que pudieron ser consuegras charlan distendidamente sobre el baile y su entorno. Pilar está más interesada en sonsacar a Soledad si hay algo más, algo que no le haya contado a Julia, sobre la visita que les hicieron los Granados. Aunque la matriarca de los Manzano se cierra como una ostra, sí revela algo de lo que piensa sobre una posible unión de su pequeña con el heredero de los Granados.

   -A don Juan José he debido parecerle tontorrona, pero de tonta tengo lo que de novicia, na. Estaba empeñao en conocer, aunque fuera aproximadamente, la dote que llevará Julina el día que pase por el altar. Le di una larga cambiá, como dicen los toreros, y se fue con el rabo entre las piernas. Como si me la dieran con queso. Es que sabe usté, de los dineros que me dejó mi segundo marido, que Dios tenga en su gloria, todavía no hice cuentas. Quiero repartirlos entre tos los hijos pero, teniendo en cuenta que el chico es quien se ha hecho cargo de la hacienda familiar, debo reforzar su parte pa ser justos. Entonces, no tengo que hacer cuatro partes sino cinco o seis, aún no lo sé y pa decir la verdá estoy hecha un lío.

   -Puede aprovechar lo mucho que sabe de cuentas Julia. Ella se lo puede calcular en un pispás.

   En cuanto Julia termina el aseo, viene la parte más prolija del arreglo, el maquillaje. Antes se ha producido un desencuentro entre Pilar y Consuelo sobre como maquillarla. La hermana quiere pintarla a fondo, Pilar sostiene que el mejor maquillaje es el que no se nota, que si la pintan demasiado alterará su natural belleza y convertirá su rostro en una especie de máscara. Al final llegan a un acuerdo y, siguiendo las indicaciones de Julia, es Consuelo quien se encarga del farragoso trabajo. Con un jabón neutro elimina la suciedad del cutis, luego le embadurna la tez con una crema hidratante y después con una brocha aplica una base ligera y satinada que termina en el cuello. Tras lo cual dice de aplicarle un corrector a lo que vuelve a oponerse Pilar.

   -Eso es para las que tengan algo que corregir, disimular o camuflar, pero con esa cara que tiene de Madonna renacentista, Julia no lo necesita.

   Consuelo continúa y le aplica con una brocha gorda unos polvos translúcidos que sirven para fijar el maquillaje y reducir los incómodos brillos de la frente. Cuando Consuelo toma el lápiz de cejas, al ver el gesto de desaprobación de Pilar, se limita a darles unos pequeños toques para definir mejor su forma. Luego le aplica en el rostro un colorete en polvo para ayudarle a potenciar los pómulos y darle un poco más de vida a la cara. Comienza en la mitad del rostro y lo extiende hacia la sien difuminando bien los bordes para evitar manchas. Después llega el maquillaje de los ojos. Empieza aplicándole la sombra sobre el pliegue del párpado con un pincel pequeño, utilizando un tono más claro para la zona central y superior. Acabada la sombra, llega la hora del rímel. Antes Consuelo riza ligeramente las pestañas sin hacer demasiada presión, luego usa un rímel marrón oscuro para resaltar los ojos. Finalmente le llega el turno a los labios. Primero los exfolia y luego los hidrata con cacao, después aplica un lápiz labial, comenzando por el centro del labio y extendiéndolo hacia los bordes. Puesto que Julia tiene la piel clara, Consuelo ha utilizado una barra de labios de un rojo fuerte.

   Cuando Consuelo termina la meticulosa tarea del maquillaje, Julia parece otra. Es como una princesa de cuento, como una diva de las que cantan ópera en el Teatro Real. Hasta Pilar, reacia a todo lo que no sea agua y jabón, tiene que reconocerlo.

   -Estás guapísima –y volviéndose a Consuelo pregunta-. ¿Y tú dónde aprendiste a maquillar de esa manera?, lo digo porque has hecho una obra de arte.

   -No he hecho más que seguir las indicaciones de Julia. Ahora, hermanita, date un par de vueltas para ver el conjunto -De pronto Consuelo se apercibe de que falta algo-. Acabo de darme cuenta que no he pensado en comprar una prenda de abrigo para que Julia pueda taparse los brazos y la espalda porque en la calle hace frío.

   Pilar sale de la habitación y regresa al instante exhibiendo un precioso echarpe de seda.

   -Es un regalo de mi hijo. Póntelo en los hombros y te servirá como abrigo y al mismo tiempo como adorno.

   Llega el mágico momento de enfundarse el vestido de noche. Dejan solas a Julia y a Consuelo para que, tras deshacerse del albornoz, se ponga la lencería: el sostén, las braguitas a juego y el liguero que sujeta unas medias de seda casi transparentes. Luego viene la enagua que cumple una doble función: ayudar al vestido a colgar suavemente y proteger la tela fina del traje de la transpiración corporal. Finalmente Consuelo le pone el vestido de noche que le sienta como si lo hubiesen confeccionado a medida. El resultado es espectacular.

   -Hija, pareces una estrella de las que trae el Blanco y Negro –se admira Pilar al verla.

   -Preciosa, estás preciosa –asevera Etelvina.

   -¡Ay, Julina, lo que diría tu padre, que en gloria esté, si pudiera verte! Vas a ser la más guapa y más bien plantá de todo el sarao. Se van a enterar los estreñidos de los placentinos de lo que es una Manzano.

   En eso se oyen unos discretos golpes en la puerta. Etelvina se encarga de abrir.

   -Buenas noches. Soy Antonio Jesús Granados y vengo a escoltar a la señorita Julia Manzano al baile del Círculo Recreativo -El mozo lleva un abrigo cruzado negro, guantes de piel, sombrero de fieltro y ala ancha y calza unos zapatos acharolados. Porta un pequeño paquete envuelto en papel de seda. Detrás de él hay un carruaje esperando.

   -Buenas noches, sígame, por favor –Etelvina lo conduce a la salita de estar-. Espere aquí, Julia viene enseguida.

 

PD.- Hasta el próximo viernes en que, dentro del Libro II, Julia, de la novela Los Carreño, publicaré el episodio 102. El baile de las doce uvas

viernes, 9 de julio de 2021

Libro II. Episodio 100. El vestido de noche

   Terminada la Navidad, Julia vuelve a Plasencia en compañía de su hermana y su marido. Durante el viaje Consuelo le cuenta más historias de los Granados de las que se ha ido enterando.

   -Cuentan que don Juan José ha sido un mujeriego y un viva la virgen, y si ahora no lo es tanto es porque no tiene con qué. De soltero era el que cerraba todos los garitos de mala nota de media Extremadura, tanto tablaos flamencos como casas de mala reputación. Vamos, que no tiene desperdicio. Cuando se casó con la heredera de los del Valle, una de las familias más ricas de Badajoz, se recogió algo pero al poco volvió a las andadas. Las malas lenguas aseguran que media región la tiene sembrada de bastardos suyos, aunque hijo legítimo solo tiene a Antonio Jesús. Su madre murió al poco de dar a luz y el crío se educó entre niñeras e institutrices. A los diez años lo metió en un internao de Sevilla y allí estuvo la criaturita hasta que cumplió los dieciocho.

   -¿Estudió algo?

   -Creo que el bachillerato.

   -Madre me contó que vinieron para conocerme, pues don Juan José anda buscando una mujer culta y educada para su hijo.

   -Madre, como siempre, dorando la píldora. Lo que está buscando el juerguista del padre es alguien con buena dote. Parece que están a dos velas y don Juan se ve que ha pensao que la única forma de volver a dar brillo a los blasones familiares es que su hijo se case con una heredera que apuntale su menguante hacienda. Julina, no te hagas ilusiones, no han venido por tu educación ni por tu palmito, sino a darle un zarpazo a los dineros que ha atesorao madre de los que saldrá tu dote. Y si encuentran a alguien con más cuartos lo más probable es que no vuelvas a verles.

   -Me quitas un peso de encima, Consuelo. Porque el chico no me pareció gran cosa. Apenas si dijo palabra y en una ocasión le pillé bostezando. Para mí que se estaba aburriendo.

   Días antes del fin de año, Julia recibe en la tienda la visita inesperada de su hermana mayor.

   -¿Dónde puedo hablar contigo a solas?

   -Sígueme –y Julia la lleva a la trastienda.

   -Tengo un encargo de madre. Ha mandao dinero para que te compre un traje de noche y lo que haga falta.

   -¡Qué me dices! ¿Y para qué quiero un traje de noche?

   -Ya te lo explicaré cuando vuelva de Cáceres. Voy allí a comprarlo porque aquí todo lo que he encontrao son vestidos pasaos de moda. Mañana estaré de vuelta y te lo cuento todo. Ahora dame tus medidas y qué número de zapatos calzas. Ah, y ve haciendo una selección de las cremas, coloretes y perfumes que más te gusten. No te preocupes por lo que cuesten, todo corre a cuenta de madre que está que lo tira, nunca la vi así de generosa.

   -Pero Consuelo, no puedes irte sin contarme lo que pasa.

   -No tengo tiempo o perderé el tren, voy muy justita de tiempo. Te prometo que mañana te lo cuento todo de pe a pa.

   Julia despide a su hermana, intrigada y hecha un mar de interrogantes. ¿Para que puede necesitar ella un vestido de noche? Nunca tuvo ninguno y no le hizo falta. ¿Qué estará tramando su madre para que de pronto se haya vuelto tan espléndida? Un vestido de gala, ¿para qué?, para ir a una fiesta o a un acto social de alto copete o quizá…; de pronto recuerda que en este final de año están vendiendo muchos artículos de la sección Pour la femme,  especialmente para la clientela de la alta burguesía y de las familias aristocráticas de la ciudad. Eso le proporciona una pista y cuando uno no sabe lo más rápido para salir de la ignorancia es preguntar.

   -Lupe, tú que eres de aquí, ¿se va a celebrar en los próximos días alguna fiesta o acto importante en el que las señoras deban ir con trajes de noche?

   -Naturaca –Lupe a veces se pone en plan de chulapa madrileña-, el día de Nochevieja, como todos los años, el Círculo Recreativo celebra su fiesta de fin de año y la entrá del Año Nuevo. Y los invitaos a la fiesta han de ponerse de tiros largos. ¿No te has dao cuenta la cantidad de potingues, coloretes y esencias que estamos despachando? Es pa el baile del Círculo.

   -¿Hay un baile? –Julia algo ha oído comentar a sus amigas sobre el cotillón de fin de año o baile de las doce uvas como también se lo conoce, pero prefiere que Lupe le dé más detalles.

   -Julina, sabrás mucho de cuentas, pero de la vida social de la ciudad no sabes na. En cosas como esta se nota que todavía no se te ha caído el pelo de la dehesa. Sigues siendo una pueblerina.

   Julia pasa por alto el comentario despectivo de su compañera y continúa preguntando, necesita más información para saber si el traje de noche que le va a comprar Consuelo es para el baile de marras.

   -¿Y cómo es la fiesta y el baile de fin de año?

   -Pos es uno de los actos que el mocerío de la gente bien de la ciudad espera con más ansia. Tos los asistentes se ponen de tiros largos y es costumbre que las jóvenes que asisten por primera vez al baile estrenen traje…

   -¿Un traje de noche?

   -Pos claro, no va a ser un traje pa ir de romería. Se cuenta que muchas familias que quieren lucir a sus hijas se desplazan a Cáceres, Badajoz y algunas hasta Madrid pa comprarles el vestido que lucirán esa noche. En el fondo se trata de dar la campaná y epatar a los demás.

   -¿Y quiénes asisten al baile, todos lo que quieren?

   -¡Quia! Na más pueden ir los socios del Círculo y un invitao o invitá más por socio. Y los que son socios de número pueden invitar hasta una familia completa, es decir padres e hijos. Hay puñalás pa que te inviten. Conozco gente de medio pelo que ha hecho mil diabluras pa ser invitaos y no han podido conseguirlo. En Plasencia solo eres alguien cuando puedes ir tos los años al cotillón de la Nochevieja.

   -No me digas. Entonces nosotras no somos nadie –comenta irónicamente Julia, con lo que da fin al interrogatorio.

   Bueno, se dice la joven, ya sé para que debe ser el traje de noche que me va a comprar Consuelo. Y si es así, ¿quién será el socio o la familia que me va a invitar? ¿Tendrá eso algo que ver con la visita que nos hicieron hace unos días los Granados? Aunque no lo creo, dudo que viviendo en Mérida sean socios del Círculo. Entonces, ¿quién puede ser el que pretende que vaya a ese baile? Y piensa: y digo pretende porque hasta ahora nadie ha pedido mi opinión sobre si me gustaría asistir al cotillón de fin de año, aunque parece que madre lo da por sentado, algo muy propio de ella.

   Al día siguiente, y antes de que Julia marche a la droguería, aparece Consuelo en casa de doña Pilar con unos paquetes.

   -Vengo a que te pruebes el vestido y los zapatos que te he comprao.

   -Consuelo, tengo que irme a la tienda, soy yo la que abro.

   -No sin antes probarte el traje. No sabes lo que me costó encontrar uno de tu talla. Y tuvieron que entrarlo un poco, ¡eres tan delgada! Le voy a decir a madre que una y no más santo Tomás; es la primera y última vez que me presto a uno de sus enjuagues. Conque vamos a tu habitación a ver cómo te sienta el maldito vestido y los puñeteros zapatitos.

  En el dormitorio de Julia, su hermana abre el paquete más grande. De una caja saca un vestido largo y asimétrico con volantes, sin mangas, con el cuerpo bordado con lentejuelas y parte de la espalda al aire. Nada más verlo, Julia se enamora del traje. Nunca ha tenido algo tan fascinante y chic. Y le da la impresión que el color de melocotón del vestido le sentará de maravilla a su blanca piel. El complemento perfecto son unos zapatos de tacón a juego con el color del traje. Mientras la joven se prueba el vestido y los zapatos, Consuelo le explica el motivo de todo ello. Resulta que al heredero de los Granados parece que Julia le hizo tilín y una manera de comenzar a conocerse es invitándola al cotillón del Círculo. Don Juan José ha tirado de los hilos oportunos para que, una de las familias más nobles, los Sotomayor, con los que está lejanamente emparentado y que son socios del Círculo inviten al baile a Antonio Jesús y a Julia. Más tarde recibirá un billete de los Sotomayor invitándola formalmente al baile y una nota del Granados joven indicándole que el treinta y uno sobre las nueve y media de la noche pasará a recogerla para acompañarla al Círculo. Que esté preparada.

   -¿Y a todo esto, alguien me ha preguntado si me gustaría ir al dichoso baile? –pregunta Julia, más por mantener el tipo que otra cosa.

   -Si no te peta no vayas, pero te anticipo que le darás a madre el mayor disgusto de su vida y, si me apuras, a todos los Manzano y Barrado. No veas lo ilusionados que están con que podamos emparentar con una de las familias de mayor alcurnia de toda Extremadura. Y por mi parte te diré que no sabes cómo te envidio, me hubiera chiflado que me invitaran al baile, pero a una vaquera no la invita nadie. Además, ten en cuenta que el hecho de que aceptes la invitación no te obliga a nada. Lo peor que te puede ocurrir es que Antonio Jesús sea un patoso bailando y te pise alguna que otra vez, pero si el rubito no te dice na, pues adiós muy buenas.

   No es el posible disgusto de su madre ni las razones alegadas por su hermana las que convencen a Julia, es el traje, le chifla. Sabe que posiblemente no tendrá otra oportunidad de lucir un vestido así y quiere experimentar que se siente enfundada en un vestido que le sienta como un guante que, por cierto, son otros de los complementos que Consuelo le ha traído de Cáceres. Por lo que le dice a su hermana que acepta la invitación, más por la familia que porque le haga la más mínima ilusión asistir al baile. Guarda los paquetes y se va a la droguería donde pasa la mañana sin prestar demasiada atención al trabajo. En cuanto llega a casa a mediodía y se junta con Pilar piensa que debe contarle lo que le ocurre, e incluso pedirle consejo.

   -Pilar, no puede imaginarse lo que acaba de pasarme –Y Julia le cuenta la invitación recibida para asistir al cotillón del Círculo, lo que también la obliga a explicarle el encuentro con los Granados y el motivo por el qué comieron con su familia el día después de Navidad, y termina pidiéndole consejo-: ¿Qué cree que debería hacer?

 

PD.- Hasta el próximo viernes en que, dentro del Libro II, Julia, de la novela Los Carreño, publicaré el episodio 101. Maquillaje