viernes, 18 de diciembre de 2020

Libro II. Episodio 71. Me ha salido el tiro por la culata

   Isabelina, esposa don Cristóbal el boticario, le cuenta a su amante una noticia tan inesperada como preocupante.

   -Corazón, tengo que contarte algo y espero que no te espantes. Lo digo porque todavía no sé si para ti va a ser una noticia buena o mala.

   -Viniendo de ti, reina mora, todas las noticias son buenas –Julio sabe que a su amante le encanta cuando tira de retórica.

   -¡Qué bien hablas, jodio, como se nota que ties letras y qué bien sabes adornarlo to! –Y sin más suelta la bomba-: Estoy preñá.

   -¡¿Qué estás embarazada?! ¡No puede ser, si uso siempre goma! –Julio no quiere creerse la noticia, solo le faltaba tener un hijo bastardo.

   -Siempre, no. ¿O es que no quieres acordarte la de veces que me has tomao en la rebotica y, con las prisas por si nos pillasen, lo has hecho a pelo?

   -¿Pero estás segura?

   -Voy por la segunda falta y soy más regular que el reloj del ayuntamiento.

   -¿Y qué piensas hacer?

   -¿Tú que crees?, pues tener al crío.

   -¡Pero no pensarás decir que es mío!

   -Tos los tíos sois iguales, na más pensáis que en vosotros. Pa empezar, no estoy segura de quien es el padre, igual puede ser tuyo que de Cristóbal, aunque tú eres quien lleva más papeletas. Pero como lo que venga va a llevar el apellio de mi marido, será de él. Encima le voy a dar el alegrón de su vida, na menos que un heredero. Se va a mear de gusto.

   -¿Entonces…?

   -Entonces, na. Que como te he oído decir alguna vez: fue bonito mientras duró. Esta es la última vez que estamos juntos. Desde ahora cada uno por su lao. Ahora que voy a ser madre tengo que cuidar de mi reputación.

   Pasado el natural sobresalto, Julio no sabe cómo tomarse la preñez de la fogosa mujer del boticario. Tiene sentimientos encontrados. Lo que sí percibe es que el 98 está siendo un año desastroso, no solo para el país sino también para él. A la debacle contra los norteamericanos la prensa comienza a bautizarla el Desastre del 98, cuando Julio lo lee se dice que mejor sería hablar de desastres.

    El 1989 comienza para Julio con otra novedad y también referida a su vida sentimental. Mariví, la descarada manceba de la farmacia de don Cristóbal, con quien sigue acostándose regularmente, le cuenta que ha resuelto casarse con el panadero que bebe los vientos por ella. Al final resulta que el mozo se va a quedar con la tahona familiar, y una ocasión así no puede desperdiciarse. Con esa boda pasará de dependienta a patrona, el sueño dorado de todo empleado.

   -Lo siento, chacho, porque me divertía mucho contigo, pero la vida es como es, y las oportunidades hay que cogerlas al vuelo. Tenemos que dejar de vernos, no sea que le llegue algún soplo a mi chico, que aquí lo que son cotillas no faltan.

   En cuestión de semanas, Julio ha pasado de tener dos aventuras a no tener ninguna. Tendré que volver donde las putas, se dice. Pero en lo que verdaderamente está centrado es en su plan para que el Bisojo le venda el negocio. Julio lleva a un terreno neutral la que puede ser la entrevista decisiva. Invita a merendar al Bisojo al casino. El viejo, después de zamparse dos jícaras de chocolate acompañadas por una bandeja de perrunillas y haberse atizado un lingotazo de coñac, parece estar en la mejor de las disposiciones. Es cuando el mañego despliega su plan.

   -Tengo que contarle algo, señor Elías, pero antes quiero que sepa lo agradecido que le estoy. Ni en mil años podría pagarle lo que ha hecho por mí. Me dio un trabajo recién llegado de la mili. Me enseñó el negocio de la droguería, del que no sabía ni papa. Y por si faltara algo, me paga generosamente; los amigos que trabajan de dependientes aseguran que debo ser uno de los empleados mejor pagados de la ciudad. Mire usted si tengo motivos para estarle agradecido.

   -Me alegro que lo reconozcas, chico –Es una de las muchas cosas que repatean a Julio de cómo le trata el Bisojo que, a punto de cumplir treinta años, todavía le llama chico como si fuera un jovenzuelo-, porque no es corriente que la gente sepa apreciar lo que hacen por ella.

   -Por eso me resulta mucho más duro tener que decirle lo que me ocurre. Se lo cuento sin más florituras –y comienza a hilvanar la historia que ha preparado-. Mi madre hace tiempo que insiste en que tengo edad más que suficiente para formar un hogar. Y tiene razón, voy a cumplir treinta años y no hay ni uno solo de mis amigos que con esa edad no esté casado, algo que puede cambiar. Le he echado el ojo a una moza de Jaraíz de la Vera, que es de una familia de posibles, pero a sus padres no les gusto como yerno, dicen que soy poco para su hija, que no van a casarla con un dependiente. Por lo que he decidido… -Julio hace una ensayada pausa dramática-… establecerme por mi cuenta.

   -¡La hostia!, ¿pero qué dices? –exclama, alarmado, el tío Elías.

   -Lo que le cuento, que voy a abrir una tienda.

   -¿Una tienda?, ¿y de qué? –La inquietud del droguero va en aumento.

   -De lo único que, gracias a usted, sé manejar, una droguería.

   -¡No me jodas!, ¿qué vas a abrir una droguería?, ¿qué me vas a hacer la competencia?, ¡pero tú no estás bien de la chinostra, chico!

   -Lo tengo muy pensado, señor Elías. Y créame que me duele el disgusto que le estoy dando, pero como le he dicho no quiero seguir siendo su encargado, quiero ser mi propio patrón. Y para eso no tengo más remedio que independizarme.

   -Vamos a ver, chico –el Bisojo se pone en plan conciliador-, hablemos en serio. ¿Cuánto tiempo llevas conmigo?, si no recuerdo mal siete años. ¿Y en tos esos años, hemos tenido algún desencuentro?, no que yo sepa. ¿Vas a echar por tierra lo mucho que hemos trabajao juntos? No es de recibo. ¿Qué te quieres casar?, me parece bien, es algo que antes o después tos hacemos. Pero de ahí a que quieras abrir un comercio por tu cuenta hay un mundo. La tienda es un buen negocio, y reconozco que algo has hecho tú pa que lo siga siendo, pero en la ciudad no hay clientela pa dos droguerías. Además, la gente está acostumbrada a mi tienda y no iría a una nueva. Y pa abrir una droguería hacen falta muchos duros, ¿de dónde piensas sacarlos?

   -Todo lo que dice es cierto, no se lo niego. Pero le voy a contestar a lo último que ha preguntado. El dinero para abrir la tienda no va a ser problema. Además de lo que tengo ahorrado, el tío Dimas me va a prestar todo el que necesite –Lo que no es cierto, se trata de una estratagema con la finalidad de que el Bisojo crea que con el apoyo financiero del Bronchales no va a tener ninguna dificultad financiera.

   -¿Qué te va a prestar dinero el Bronchales? Estás loco. A buen árbol has ido a arrimarte. Los intereses se te comerán por los pies y lo único que conseguirás es que en lugar de trabajar pa mí vas a terminar trabajando pa él, y no será tan buen patrón como yo, te lo aseguro.

   -No va a ser así señor Elías. Usted sabe que mi madre trabaja con el tío Dimas. Por eso, me va a hacer un préstamo a bajo interés y a largo plazo. Es un favor, aunque más que a mí se lo hace a mi madre a la que le está muy agradecido.

   -Es la primera vez que oigo que el Bronchales hace un favor tratándose de dinero. De todas maneras sigo creyendo que lo que pretendes es una locura. Ya te he dicho que aquí no hay clientela pa dos droguerías.

   A este punto quería llegar Julio, a la existencia de dos droguerías y a su imposible subsistencia.

   -Bueno, hay una solución intermedia basada en el hecho de que usted no va a volver a despachar y que la única persona que hay en la ciudad que sabe cómo funciona el negocio soy yo. Gracias a usted, no me duelen prendas reconocerlo; pues bien…

   -También están Lupe y Antonina –le corta el Bisojo refiriéndose a las dos dependientas que trabajan a las órdenes de Julio en la droguería.

   -En efecto, pero ninguna de las dos está cualificada para llevar adelante la tienda. Ambas son buenas chicas, obedientes y dispuestas, pero nada más. La solución a la que me refería es que usted me venda o me traspase el negocio. El precio…

   Es oír hablar de venta y el tío Elías no puede contenerse, como si le hubieran mentado a la bicha.

   -¡¿Vender?! ¡No, mientras viva! ¿Crees que voy a venderte un negocio en el que he empleado mi vida? ¡De ninguna manera! ¡La droguería del tío Elías lleva abierta treinta años y seguirá con mi nombre mientras me quede una gota de sangre en las venas! –El viejo droguero se ha puesto melodramático.

   -Piénselo bien, señor Elías. No tire por la borda una ocasión como esta por un calentón. Podemos llegar a un acuerdo. Estoy dispuesto a pagarle lo que me pida, dentro de un orden. Y usted no tendrá que preocuparse más de la tienda. Podrá vivir los años que le resten, que le deseo que sean muchos, sin pensar en los proveedores, en los cambios de gusto de las clientas, en si la siembra se retrasa o si la cosecha de tabaco es mala…Que sé yo, en mil y un detalle que ahora le roban horas de sueño.

   -No me dores la píldora, chico. Creía que tenías buena cabeza, pero veo que me equivoqué. No vendería la tienda aunque la rodearas de duros de plata. Y menos que a nadie a ti porque eres un falsario. Tan agradecido que estás y pretendes clavarme un cuchillo en la espalda. Es lo último que esperaba de ti.

   Por mucho que Julio intenta hacerle cambiar de opinión, no hay forma de conseguirlo. El tío Elías se ha cerrado en banda y no cambia de postura. Lo único que consigue el mañego es que la entrevista vaya a peor.

   -¡No hay más que hablar! Si quieres ser tu propio patrón allá te las compongas, pero conmigo no cuentes, ni pa que te venda la tienda ni pa na. Mañana a primera hora ten preparadas las cuentas, el arqueo de las existencias, los albaranes de las últimas compras y el resto del papeleo. Y en cuanto hayamos terminao de pasar cuentas, no quiero volver a verte por la tienda. ¡No quiero un Judas en mi casa!

   Julio sale del casino preguntándose qué ha hecho mal. No solo no ha logrado que el Bisojo le venda el negocio, sino que lo ha despedido sin contemplaciones. En cuanto llega a casa le cuenta a su madre el fracaso de su gestión.

   -Me ha salido el tiro por la culata.

 

PD.- Hasta el próximo viernes en que, dentro del Libro II, Julia, de la novela Los Carreño, publicaré el episodio 72. ¿Has probado untar al de las licencias?

 

viernes, 11 de diciembre de 2020

Libro II. Episodio 70. El 98, un año de desastres

   Madre e hijo siguen dialogando sobre como presionar al Bisojo para que explique qué piensa hacer en el caso de que no vuelva a la droguería.

   -Es cierto que el tío Elías tiene más mañas que pulgas un chucho, pero los años y posiblemente la enfermedad algo le habrán ablandado –supone Julio.

   -Vamos a ponernos en el peor de los supuestos. Que no ceda, incluso que te eche y que  busque otro empleado. Entonces, ¿qué haríamos?

   -Ya te lo dije, madre. Si ocurre eso, y aunque no seas partidaria, haré lo siguiente: alquilaré un local que sea lo más céntrico posible y abriré una nueva droguería; informaré a todos los clientes de la apertura y crearé una sección especial de artículos de tocador y perfumería que el Bisojo no sabe ni que existen. Eso me asegurará el mantenimiento de las clientas más adineradas de la ciudad, y el boca a boca se encargará de que la apertura de la nueva tienda se conozca por todas partes.

   -Es un plan peligroso y ambicioso, y para llevarlo a cabo necesitarás mucho dinero, ¿estás preparado para ello?

   -Llevo ahorrando mucho tiempo y en mi libreta de la Caja de Ahorros tengo dinero suficiente para pagar el alquiler de unos meses y hacer frente a los primeros envíos de los proveedores. Y los negocios de la Raya continúan marchando a las mil maravillas, por tanto cuento con esos ingresos adicionales para ir tirando. Creo que lo tengo todo bien atado.

   -Pues si es así, hijo, adelante con los faroles y roguemos a la Virgen del Pilar que todo salga tan bien como lo pintas.

   -Bueno, tú reza a tu Pilarica, que yo, como hijo de esta tierra, rezaré a la Virgen de Guadalupe. A ver si entre los dos logramos que nuestras vírgenes nos echen un capote.

   -Tendrá que ser algo más que un capote, porque lo que nos aguarda no es una tienta de novillos, nos enfrentamos a una torada de morlacos resabiados y con trapío –dice Pilar poniéndose taurina.

   El plan de Julio sobre cómo chantajear al Bisojo por distintas causas se va alargando hasta diciembre. El mañego se ha fijado como fecha tope para llevarlo a cabo a mediados de mes, pero antes de dicha fecha ocurre algo que, aunque sin relación alguna con el proyecto, altera su calendario. El 10 de diciembre, en la capital de Francia, España y Estados Unidos firman el llamado Tratado de París que pone fin a la guerra hispano-norteamericana. España cede los territorios de Cuba, Puerto Rico y Filipinas a los estadounidenses, lo que representa el fin del imperio colonial español. El hecho, aunque previsible, provoca un shock en la nación. Los intelectuales claman contra los gobiernos que no han sabido preservar las colonias que, desde el descubrimiento del Nuevo Mundo, han sido españolas. A partir de ahí es cuando se acuña el término de Desastre del 98 y el goteo de la llegada de los soldados, derrotados y desmoralizados, desde Cuba y Filipinas, hace que la sociedad española conozca de primera mano los sufrimientos y penurias que han pasado, lo que supone un clavo más en el ataúd de la política nacional. La derrota comienza a debilitar la frágil estabilidad del régimen político, conocido como la Restauración, que había sido establecido por los gobiernos de Alfonso XII.

   Antes y durante la contienda, en España se menospreciaba a los yanquis, y se creía firmemente que la guerra podía ser ganada con relativa facilidad. Los datos que facilitaba el gobierno, y de los que se hacía eco una prensa en manos de la oligarquía, sobre las fuerzas españolas, tanto de tierra como de mar, no respondían a la realidad contribuyendo a persuadir al ciudadano de que España era verdaderamente una potencia económica y militar. La irresponsabilidad del gobierno, de la cúpula militar y de la prensa arrastró a la nación a una rápida y humillante derrota que provoca un cataclismo social. Todo ello no atañe al Bisojo, ni a Julio, ni al comercio, pero terminan sufriéndolo, puesto que la vida entera de la sociedad española se ha visto perturbada. Los proveedores incumplen los plazos de entrega y muchos productos comienzan a escasear, como si de la noche a la mañana el país se hubiera empobrecido. Aunque en cierto modo es lo contrario, pues grandes cantidades de capital, en poder de los españoles en Cuba y los Estados Unidos, retornan y se invierten en España. Cuando las aguas comienzan a remansarse, Julio piensa que ha llegado el momento de poner en marcha su plan, pero de pronto otro desastre le impide seguir adelante, y esta vez sí le atañe directamente.

   Desde Valverde del Fresno, y por medio de los Piñana -los arrieros de Galisteo-, le llega a Julio una noticia que es como un bombazo para su proyecto de alzarse con la droguería del Bisojo. El Hurón, y sus hombres han sido detenidos por una unidad especial de los Carabineros, cuerpo armado cuya misión es la vigilancia de costas y fronteras y la represión del fraude fiscal y el contrabando. Al socio de Julio lo han cogido con las manos en la masa alijando sendos cargamentos de medicinas y tabaco. Al parecer los dos guardias civiles de Valverde, que eran sus compinches, hacía tiempo que estaban siendo vigilados por el Cuerpo de Carabineros, rival tradicional de la Guardia Civil. El resultado ha sido un completo desastre: toda la mercancía decomisada, el Hurón y sus hombres arrestados y puestos a disposición del Juzgado de Primera Instancia e Instrucción de Plasencia. Se prevé que los condenen a prisión, pues el Hurón y su gente son reincidentes, y que se les aplique una fuerte multa. Sanción de la que, de acuerdo con lo que pactaron en su día ambos socios, Julio tendrá que pagar la mitad. Y los problemas no terminan ahí. El sargento de la Guardia Civil del puesto de Valverde ha sido fulminantemente destituido, los dos guardias sobornados han sido expedientados y el resto de la dotación del puesto ha sido trasladada a otros destinos. Con lo cual, aun cuando Julio quisiera rehacer la red contrabandista va a ser imposible a corto plazo, al no contar con la anuencia de las fuerzas que vigilan la Raya, pues los dos agentes compinchados de la Guardia Nacional Republicana han sido igualmente desenmascarados. Julio sabe que la justicia está corrompida en su mayor parte, y que el dinero es el único medio de aliviar la más que segura condena de su socio, por eso se ve obligado a desembolsar los primeros pagos a abogados, procuradores y funcionarios judiciales para que la condena del Hurón y sus hombres sea lo más liviana posible. La primera consecuencia material del desafortunado suceso es que su cuenta en la Caja de Ahorros queda en pañales. No ha querido decirle nada a su madre, pero a Pilar no se le escapa el rostro malhumorado y preocupado de Julio.

   -Algo te pasa, hijo. Si no quieres no me lo cuentes, pero sabes que es mejor descargar en otro las preocupaciones que guardárselas. Acaban pudriéndose.

   Y Julio termina contándole lo ocurrido.

   -… y para mí es un doble desastre. Por un lado, de momento se acabaron los sustanciosos ingresos que los medicamentos y el tabaco me proporcionaban. Por otro, me estoy descapitalizando a la carrera, pues tengo que hacer frente a la mitad de los gastos y sobornos que conlleva la detención del Hurón y sus hombres, que ahora también son los míos. Y dentro del desastre, todavía debo dar gracias de que los jodidos carabineros no pillaran a los Piñana. Faltó un pelo de… -Julio iba a decir de coño, pero lo omite, a su madre no le gusta que diga palabrotas- para que los cogieran cargando la mercancía que el Hurón había traído de Portugal.

   -Lo que más me preocupa es que tu nombre pueda aparecer en el atestado de los carabineros, pues en ese Cuerpo no conozco a nadie que pueda echarnos una mano.

   -De momento, parece que mi nombre no figura en ninguna parte.

   -¿Y no hay riesgo de que el Hurón o alguno de sus compañeros te delate?

   -No lo creo, madre. El Hurón antes se dejaría cortar una mano que convertirse en un soplón,

eso es impensable para él. Además, sabe que si alguien puede hacer algo para que no lleve grilletes demasiados años soy yo.

   -Pero podría denunciarte alguno de los que trabajan para él –Pilar sigue muy recelosa.

   -Los hombres del Hurón le son fieles como perros y si alguno se convirtiera en un Judas se las tendría que ver con él, cosa que no creo que ocurra pues además de fidelidad le tienen más miedo que a un pedrisco.

   -¿Esta desgracia te afectará en tu plan del Bisojo?

   -¿Qué si me afectará?, lo ha dinamitado. Me he quedado sin el capital necesario para montar la nueva tienda en el caso de que el tío Elías diga nanay a lo del traspaso de la droguería.

   -Entonces, ¿qué piensas hacer?, no irás a tirar la toalla. La valía de las personas se mide por su entereza en hacer frente a los contratiempos. Y tú, hijo, vales mucho.

   -Lo he estado pensando. Necesito que alguien me preste dinero. He preguntado en la Caja de Ahorros y me piden un avalista, lógico pues no tengo propiedades. Tendré que recurrir a un prestamista. ¿Podrías tantear al tío Bronchales? -Pilar por toda respuesta sale de donde están conversando y regresa al momento blandiendo una pequeña libreta.

   -No va a ser necesario que pidas un préstamo, para eso está tu madre –y abriendo la libreta, que es una cartilla de la Caja de Ahorros, le enseña a su hijo la última anotación en la misma.

   -¡Coño! -Julio no ha podido reprimir el reniego al leer la cifra del saldo-. ¿Y de dónde has sacado tanto dinero?

   -¿Te acuerdas de lo que nos reímos cuando el contencioso con el señor Dimas sobre la batalla del medio punto?, pues ese es el resultado, a fecha de hoy. Guardaba ese dinero para comprar la casa con la que siempre he soñado, pero antes que mis sueños están los tuyos. Ahí hay capital suficiente para montar tu droguería si el Bisojo no se pone en razón -Julio no dice una palabra, se abraza a su madre con la misma devoción que lo hacía de niño al despertar de una pesadilla.

   Antes de que acabe el fatídico 98, Julio se ve amenazado por otro potencial desastre. Su aventura con la mujer del boticario le provoca un susto de muerte.

 

PD.- Hasta el próximo viernes en que, dentro del Libro II, Julia, de la novela Los Carreño, publicaré el episodio 71. Me ha salido el tiro por la culata