viernes, 11 de diciembre de 2020

Libro II. Episodio 70. El 98, un año de desastres

   Madre e hijo siguen dialogando sobre como presionar al Bisojo para que explique qué piensa hacer en el caso de que no vuelva a la droguería.

   -Es cierto que el tío Elías tiene más mañas que pulgas un chucho, pero los años y posiblemente la enfermedad algo le habrán ablandado –supone Julio.

   -Vamos a ponernos en el peor de los supuestos. Que no ceda, incluso que te eche y que  busque otro empleado. Entonces, ¿qué haríamos?

   -Ya te lo dije, madre. Si ocurre eso, y aunque no seas partidaria, haré lo siguiente: alquilaré un local que sea lo más céntrico posible y abriré una nueva droguería; informaré a todos los clientes de la apertura y crearé una sección especial de artículos de tocador y perfumería que el Bisojo no sabe ni que existen. Eso me asegurará el mantenimiento de las clientas más adineradas de la ciudad, y el boca a boca se encargará de que la apertura de la nueva tienda se conozca por todas partes.

   -Es un plan peligroso y ambicioso, y para llevarlo a cabo necesitarás mucho dinero, ¿estás preparado para ello?

   -Llevo ahorrando mucho tiempo y en mi libreta de la Caja de Ahorros tengo dinero suficiente para pagar el alquiler de unos meses y hacer frente a los primeros envíos de los proveedores. Y los negocios de la Raya continúan marchando a las mil maravillas, por tanto cuento con esos ingresos adicionales para ir tirando. Creo que lo tengo todo bien atado.

   -Pues si es así, hijo, adelante con los faroles y roguemos a la Virgen del Pilar que todo salga tan bien como lo pintas.

   -Bueno, tú reza a tu Pilarica, que yo, como hijo de esta tierra, rezaré a la Virgen de Guadalupe. A ver si entre los dos logramos que nuestras vírgenes nos echen un capote.

   -Tendrá que ser algo más que un capote, porque lo que nos aguarda no es una tienta de novillos, nos enfrentamos a una torada de morlacos resabiados y con trapío –dice Pilar poniéndose taurina.

   El plan de Julio sobre cómo chantajear al Bisojo por distintas causas se va alargando hasta diciembre. El mañego se ha fijado como fecha tope para llevarlo a cabo a mediados de mes, pero antes de dicha fecha ocurre algo que, aunque sin relación alguna con el proyecto, altera su calendario. El 10 de diciembre, en la capital de Francia, España y Estados Unidos firman el llamado Tratado de París que pone fin a la guerra hispano-norteamericana. España cede los territorios de Cuba, Puerto Rico y Filipinas a los estadounidenses, lo que representa el fin del imperio colonial español. El hecho, aunque previsible, provoca un shock en la nación. Los intelectuales claman contra los gobiernos que no han sabido preservar las colonias que, desde el descubrimiento del Nuevo Mundo, han sido españolas. A partir de ahí es cuando se acuña el término de Desastre del 98 y el goteo de la llegada de los soldados, derrotados y desmoralizados, desde Cuba y Filipinas, hace que la sociedad española conozca de primera mano los sufrimientos y penurias que han pasado, lo que supone un clavo más en el ataúd de la política nacional. La derrota comienza a debilitar la frágil estabilidad del régimen político, conocido como la Restauración, que había sido establecido por los gobiernos de Alfonso XII.

   Antes y durante la contienda, en España se menospreciaba a los yanquis, y se creía firmemente que la guerra podía ser ganada con relativa facilidad. Los datos que facilitaba el gobierno, y de los que se hacía eco una prensa en manos de la oligarquía, sobre las fuerzas españolas, tanto de tierra como de mar, no respondían a la realidad contribuyendo a persuadir al ciudadano de que España era verdaderamente una potencia económica y militar. La irresponsabilidad del gobierno, de la cúpula militar y de la prensa arrastró a la nación a una rápida y humillante derrota que provoca un cataclismo social. Todo ello no atañe al Bisojo, ni a Julio, ni al comercio, pero terminan sufriéndolo, puesto que la vida entera de la sociedad española se ha visto perturbada. Los proveedores incumplen los plazos de entrega y muchos productos comienzan a escasear, como si de la noche a la mañana el país se hubiera empobrecido. Aunque en cierto modo es lo contrario, pues grandes cantidades de capital, en poder de los españoles en Cuba y los Estados Unidos, retornan y se invierten en España. Cuando las aguas comienzan a remansarse, Julio piensa que ha llegado el momento de poner en marcha su plan, pero de pronto otro desastre le impide seguir adelante, y esta vez sí le atañe directamente.

   Desde Valverde del Fresno, y por medio de los Piñana -los arrieros de Galisteo-, le llega a Julio una noticia que es como un bombazo para su proyecto de alzarse con la droguería del Bisojo. El Hurón, y sus hombres han sido detenidos por una unidad especial de los Carabineros, cuerpo armado cuya misión es la vigilancia de costas y fronteras y la represión del fraude fiscal y el contrabando. Al socio de Julio lo han cogido con las manos en la masa alijando sendos cargamentos de medicinas y tabaco. Al parecer los dos guardias civiles de Valverde, que eran sus compinches, hacía tiempo que estaban siendo vigilados por el Cuerpo de Carabineros, rival tradicional de la Guardia Civil. El resultado ha sido un completo desastre: toda la mercancía decomisada, el Hurón y sus hombres arrestados y puestos a disposición del Juzgado de Primera Instancia e Instrucción de Plasencia. Se prevé que los condenen a prisión, pues el Hurón y su gente son reincidentes, y que se les aplique una fuerte multa. Sanción de la que, de acuerdo con lo que pactaron en su día ambos socios, Julio tendrá que pagar la mitad. Y los problemas no terminan ahí. El sargento de la Guardia Civil del puesto de Valverde ha sido fulminantemente destituido, los dos guardias sobornados han sido expedientados y el resto de la dotación del puesto ha sido trasladada a otros destinos. Con lo cual, aun cuando Julio quisiera rehacer la red contrabandista va a ser imposible a corto plazo, al no contar con la anuencia de las fuerzas que vigilan la Raya, pues los dos agentes compinchados de la Guardia Nacional Republicana han sido igualmente desenmascarados. Julio sabe que la justicia está corrompida en su mayor parte, y que el dinero es el único medio de aliviar la más que segura condena de su socio, por eso se ve obligado a desembolsar los primeros pagos a abogados, procuradores y funcionarios judiciales para que la condena del Hurón y sus hombres sea lo más liviana posible. La primera consecuencia material del desafortunado suceso es que su cuenta en la Caja de Ahorros queda en pañales. No ha querido decirle nada a su madre, pero a Pilar no se le escapa el rostro malhumorado y preocupado de Julio.

   -Algo te pasa, hijo. Si no quieres no me lo cuentes, pero sabes que es mejor descargar en otro las preocupaciones que guardárselas. Acaban pudriéndose.

   Y Julio termina contándole lo ocurrido.

   -… y para mí es un doble desastre. Por un lado, de momento se acabaron los sustanciosos ingresos que los medicamentos y el tabaco me proporcionaban. Por otro, me estoy descapitalizando a la carrera, pues tengo que hacer frente a la mitad de los gastos y sobornos que conlleva la detención del Hurón y sus hombres, que ahora también son los míos. Y dentro del desastre, todavía debo dar gracias de que los jodidos carabineros no pillaran a los Piñana. Faltó un pelo de… -Julio iba a decir de coño, pero lo omite, a su madre no le gusta que diga palabrotas- para que los cogieran cargando la mercancía que el Hurón había traído de Portugal.

   -Lo que más me preocupa es que tu nombre pueda aparecer en el atestado de los carabineros, pues en ese Cuerpo no conozco a nadie que pueda echarnos una mano.

   -De momento, parece que mi nombre no figura en ninguna parte.

   -¿Y no hay riesgo de que el Hurón o alguno de sus compañeros te delate?

   -No lo creo, madre. El Hurón antes se dejaría cortar una mano que convertirse en un soplón,

eso es impensable para él. Además, sabe que si alguien puede hacer algo para que no lleve grilletes demasiados años soy yo.

   -Pero podría denunciarte alguno de los que trabajan para él –Pilar sigue muy recelosa.

   -Los hombres del Hurón le son fieles como perros y si alguno se convirtiera en un Judas se las tendría que ver con él, cosa que no creo que ocurra pues además de fidelidad le tienen más miedo que a un pedrisco.

   -¿Esta desgracia te afectará en tu plan del Bisojo?

   -¿Qué si me afectará?, lo ha dinamitado. Me he quedado sin el capital necesario para montar la nueva tienda en el caso de que el tío Elías diga nanay a lo del traspaso de la droguería.

   -Entonces, ¿qué piensas hacer?, no irás a tirar la toalla. La valía de las personas se mide por su entereza en hacer frente a los contratiempos. Y tú, hijo, vales mucho.

   -Lo he estado pensando. Necesito que alguien me preste dinero. He preguntado en la Caja de Ahorros y me piden un avalista, lógico pues no tengo propiedades. Tendré que recurrir a un prestamista. ¿Podrías tantear al tío Bronchales? -Pilar por toda respuesta sale de donde están conversando y regresa al momento blandiendo una pequeña libreta.

   -No va a ser necesario que pidas un préstamo, para eso está tu madre –y abriendo la libreta, que es una cartilla de la Caja de Ahorros, le enseña a su hijo la última anotación en la misma.

   -¡Coño! -Julio no ha podido reprimir el reniego al leer la cifra del saldo-. ¿Y de dónde has sacado tanto dinero?

   -¿Te acuerdas de lo que nos reímos cuando el contencioso con el señor Dimas sobre la batalla del medio punto?, pues ese es el resultado, a fecha de hoy. Guardaba ese dinero para comprar la casa con la que siempre he soñado, pero antes que mis sueños están los tuyos. Ahí hay capital suficiente para montar tu droguería si el Bisojo no se pone en razón -Julio no dice una palabra, se abraza a su madre con la misma devoción que lo hacía de niño al despertar de una pesadilla.

   Antes de que acabe el fatídico 98, Julio se ve amenazado por otro potencial desastre. Su aventura con la mujer del boticario le provoca un susto de muerte.

 

PD.- Hasta el próximo viernes en que, dentro del Libro II, Julia, de la novela Los Carreño, publicaré el episodio 71. Me ha salido el tiro por la culata

 

viernes, 4 de diciembre de 2020

Libro II. Episodio 69. ¡Ojo con el viejo que no es un pendejo!

   Pilar y Julio dialogan sobre los posibles sucesores del Bisojo ante la eventualidad de que tenga que deshacerse de la droguería.

   -En estos momentos, madre, solo tengo cabeza para lo de Cuba.

   -Deja de pensar en la guerra que eso no te va a llevar a ninguna parte. Además, el enfrentamiento contra los estadounidenses no creo que dure mucho.

   -¿Y cómo lo sabes?, ¿tienes hilo directo con el Ministerio de la Guerra?

   -Menos sarcasmos, hijo. Para prever el resultado de esa guerra solo hay que saber algo de geografía e historia. Y este enfrentamiento con los norteamericanos me recuerda el episodio bíblico de David y Goliat, con la pequeña diferencia de que el David español ni siquiera tiene honda, por lo que el resultado está cantado.

   La metáfora de la maestra pronto se ve cumplida. En julio, el gobierno español pide al  norteamericano negociar la paz, y en agosto se firma el armisticio. Posteriormente, el Tratado de París del 10 de diciembre da por finalizada la guerra, en el que España se retira de Cuba, que declara su independencia; Filipinas es entregada a los Estados Unidos por veinte millones de dólares y Guam y Puerto Rico también quedan bajo el dominio norteamericano. La amenaza de una guerra prolongada contra los estadounidenses desaparece; Julio respira tranquilo y retorna a sus preocupaciones domésticas visitando a su patrón.

   -Señor Elías, hay algo que me inquieta desde hace tiempo y creo que lo mejor es que se lo plantee. Verá… -Ha preparado una especie de exordio, pero en última instancia desiste y va directamente al grano-, he pensado que sí, desafortunadamente, usted no puede volver a la tienda, ¿qué piensa hacer con ella?

   La pregunta parece pillar a contrapié al Bisojo. Su vacilación es patente.

   -No…, no he pensao na. ¿Por qué lo preguntas, es qué estás descontento? -Ahora, el que no sabe qué contestar es Julio. Lo de que a una pregunta suya se le conteste con otra nunca fue su fuerte.

   -No…, pero –después de tanto pensar resulta que no sabe qué decir al Bisojo, por lo que opta por desviar la charla hacia otros derroteros-…lo preguntaba por saber si hago los pedidos para la próxima sementera.

   -Pues claro, hombre, pero todavía es pronto pa hablar de posibles cantidades, espera a que pasen los calores.

   Julio sale de la entrevista enormemente enfadado, no tanto contra el viejo droguero sino contra sí mismo. Esperaba otra respuesta y no la que le ha dado el Bisojo, que al parecer no ha pensado nada, lo que puede suponer que su intención es que la situación siga como está: que continúe de dependiente con mismo  sueldo e idéntica comisión del doce y medio por ciento de los beneficios. Lo cierto es que con esas prestaciones, Julio debe de ser el dependiente mejor pagado de la ciudad, cualquiera se quedaría más que satisfecho con tales ingresos. Si a ello se añade lo que se embolsa de sus negocios con el Hurón, gana sus buenos dineros que están incrementando la cuenta que tiene abierta en la Caja de Ahorros y Monte de Piedad de Badajoz. Debería bastarle, pero no es así. Cumplidos los 29, considera que con esa edad debería estar al frente de su propio negocio, ser su propio patrón y no un empleado. De ahí, su enojo por no haber sido más sutil, y al tiempo más categórico en su charla con el Bisojo. Le cuenta a su madre la frustrante conversación con el taimado droguero, en la que ha sido incapaz de sonsacarle lo que piensa hacer con la tienda.

   -El tío Elías no tiene intención de cambiar la situación actual. Lo que quiere es que todo siga igual. Y lo entiendo porque más que una tienda lo que tiene es un chollo, y ha sido gracias a mi esfuerzo. He conseguido que las ventas casi se dupliquen. He hecho crecer la cartera de clientes como nunca pudo imaginarse. Y además, he fidelizado a la mayoría de la clientela. Y con todo eso, ¿qué he conseguido? Que se quede con el 87,5 % de los beneficios sin aparecer por el negocio, mientras yo sigo siendo un triste empleado. Voy camino de los treinta y ninguno de mis sueños se ha visto cumplido.

   Pilar trata de remontar el abatimiento de su hijo.

   -No te amohínes, hijo, que no hay mal que cien años dure. Lo que debemos hacer es buscar una estrategia para forzar a Elías a que tome una resolución. Puesto que no tiene herederos naturales, nuestra meta debe ser conseguir que no tenga más salida que venderte o traspasarte la droguería. Y hablando de eso, ¿conoces a alguien del pueblo que pueda tener interés en comprar la tienda?

   -Hace tiempo se rumoreó que Manuel Galiana pretendía ampliar su ferretería con una sección de droguería, pero eso fue hace al menos cuatro años y desde entonces no he vuelto a oír nada al respecto.

   -¿Y algún terrateniente que quiera adquirirla como inversión o para buscarle un acomodo a alguno de sus hijos?

   -Madre, sabes tan bien como yo que los ricos de por aquí si compran algo son más fincas o más ganados, ¿pero una droguería?, lo dudo.

   -¿Podría comprarla alguna de las dependientas que tienes?

   -Lo preguntas en broma, ¿no? Entre las dos no alzan ni cien duros.

   -Entonces, si descartamos la existencia de otra persona que pueda estar interesada en la compra del negocio, y ante la ausencia de familiares que puedan hacerse cargo, solo resta un candidato, tú.

   -Esa parece la salida lógica, pero por lo visto el tío Elías no lo ve así. Su idea es que todo siga igual hasta su muerte, y cuando se abra su testamento ¡Dios sabe lo que puede ocurrir! Y no pienso esperar a que se muera para tener mi propio negocio. Y aunque bien no está, la artritis no es una enfermedad de muerte, puede durar muchos años.

   -De acuerdo, no le demos más vueltas. Lo que tenemos que hacer, desde ya mismo, es pensar una estrategia para forzar a Elías a que te venda el negocio.

   Mientras, en septiembre Julia Manzano ha comenzado sus estudios de cálculo y contabilidad con doña Pilar y se ha revelado como una alumna tan aplicada como cuando estudiaba bachillerato. Además de sus estudios, Pilar sigue empecinada en convertirla en una mujer modélica en todos los sentidos. Le ha pulido las destrezas que aprendió en su casa. Le ha costado convencerla, pero al fin ha logrado que la muchacha comprenda que lavar, fregar, planchar o coser se pueden hacer bien o mal, y que resulta más eficaz y rentable hacerlo bien que mal. Ahora le está enseñando a bordar y a coser a máquina. Además, le está transmitiendo un conjunto de habilidades que en su opinión toda mujer moderna debería conocer y, cuando llegue el caso, practicar. Le explica cómo debe vestirse, como conjuntar los colores y las distintas prendas, como debe  peinarse, más ahora que ha dicho adiós a sus trenzas de adolescente, y como debe comenzar a utilizar los primeros maquillajes de jovencita. Como la chiquilla tiene una cierta tendencia a cargarse de espaldas, le hace dar vueltas por la casa llevando un libro en la cabeza, lo que le obliga a caminar erguida. Y con la ayuda de su amiga Etelvina le está enseñando a cocinar, a preparar una mesa por si hay invitados de postín, a comprar y saber distinguir cuando un pescado es fresco o está pasado, a diferenciar las distintas clases de carnes…, un sinfín de enseñanzas que la maestra estima que, en los dos años que estará con ella, tendrá tiempo para enseñarle, sino todas sí la mayoría. Julia, que había comenzado con mal pie su relación con Pilar, ha terminado adorando a su maestra, y se ha convertido en cera blanda en manos de la aragonesa que hace con ella lo que hubiera hecho con la hija que no llegó a tener. Todo eso no le aparta de su meta principal que sigue siendo el futuro de su hijo.

   Tras mucho cavilar, madre e hijo intentan dar forma a un plan sobre cómo presionar al Bisojo para que se decida a vender la droguería a Julio.

   -Hemos de lograr que te venda o te traspase el negocio –reitera Pilar.

   -Eso habrá que matizarlo. Más teniendo en cuenta que el local de la tienda es de su propiedad.

   -¿Y eso qué supone?

   -En un traspaso se paga por los activos materiales e inmateriales, tanto del mobiliario, la decoración, las existencias, así como por los clientes que tenga el negocio, y el prestigio del establecimiento. Si Elías me traspasara la droguería habría que negociar todo ello más el alquiler del local.

   -¿Y crees que se avendría a traspasarte el negocio?

   -Lo que piensa el Bisojo es siempre un misterio, pero alguna posibilidad existe. Lo que veo más difícil es que acepte venderme el local. Sé que hace algunos años la familia Orellana pretendió comprárselo, pues ya son dueños de media manzana y necesitaban más metros de suelo porque pensaban construir un hotel. Y les dijo que nanay.

   -¿Los Orellana continúan con la idea del hotel?, lo pregunto porque si se enteran de lo mal que está el señor Elías quizá vuelvan a intentarlo.

   -No lo creo, en esa familia, como nadie ha doblado el lomo desde la Reconquista, se gasta más de lo que se ingresa y se rumorea que ahora están a dos velas.

   Pilar, mientras Julio le explica lo del traspaso, no hace más que dar vueltas a su magín sobre algo que cree que están haciendo mal.

   -De acuerdo con lo que dices, lo primero que deberíamos concretar es como logramos que Elías acceda a traspasarte el negocio –Repite una vez más y, aunque la droguería va a ser para el hijo, cuando tratan del asunto siempre hablan en primera persona del plural, como si fuera un negocio de ambos.

   -Ya lo he pensado, madre. Creo que la mejor opción que tenemos es amenazar al Bisojo conque o me vende el negocio o voy a montar por mi cuenta otra droguería y lo voy a arruinar. Porque la clientela, por decirlo de algún modo, es mía, no de él. Y si abriera tienda propia, estoy convencido de que la mayoría de los clientes se vendrían conmigo.

   -Esa opción me parece demasiado radical. No sabemos cómo puede responder Elías si lo pones entre la espada y la pared. Ten en cuenta que tiene muchos años y muchas mañas y te puede salir por donde menos lo esperas. O sea que, ¡ojo con el viejo que no es un pendejo! Vaya, me ha salido un pareado.

 

PD.- Hasta el próximo viernes en que, dentro del Libro II, Julia, de la novela Los Carreño, publicaré el episodio 70. El 98, un año de desastres