viernes, 4 de diciembre de 2020

Libro II. Episodio 69. ¡Ojo con el viejo que no es un pendejo!

   Pilar y Julio dialogan sobre los posibles sucesores del Bisojo ante la eventualidad de que tenga que deshacerse de la droguería.

   -En estos momentos, madre, solo tengo cabeza para lo de Cuba.

   -Deja de pensar en la guerra que eso no te va a llevar a ninguna parte. Además, el enfrentamiento contra los estadounidenses no creo que dure mucho.

   -¿Y cómo lo sabes?, ¿tienes hilo directo con el Ministerio de la Guerra?

   -Menos sarcasmos, hijo. Para prever el resultado de esa guerra solo hay que saber algo de geografía e historia. Y este enfrentamiento con los norteamericanos me recuerda el episodio bíblico de David y Goliat, con la pequeña diferencia de que el David español ni siquiera tiene honda, por lo que el resultado está cantado.

   La metáfora de la maestra pronto se ve cumplida. En julio, el gobierno español pide al  norteamericano negociar la paz, y en agosto se firma el armisticio. Posteriormente, el Tratado de París del 10 de diciembre da por finalizada la guerra, en el que España se retira de Cuba, que declara su independencia; Filipinas es entregada a los Estados Unidos por veinte millones de dólares y Guam y Puerto Rico también quedan bajo el dominio norteamericano. La amenaza de una guerra prolongada contra los estadounidenses desaparece; Julio respira tranquilo y retorna a sus preocupaciones domésticas visitando a su patrón.

   -Señor Elías, hay algo que me inquieta desde hace tiempo y creo que lo mejor es que se lo plantee. Verá… -Ha preparado una especie de exordio, pero en última instancia desiste y va directamente al grano-, he pensado que sí, desafortunadamente, usted no puede volver a la tienda, ¿qué piensa hacer con ella?

   La pregunta parece pillar a contrapié al Bisojo. Su vacilación es patente.

   -No…, no he pensao na. ¿Por qué lo preguntas, es qué estás descontento? -Ahora, el que no sabe qué contestar es Julio. Lo de que a una pregunta suya se le conteste con otra nunca fue su fuerte.

   -No…, pero –después de tanto pensar resulta que no sabe qué decir al Bisojo, por lo que opta por desviar la charla hacia otros derroteros-…lo preguntaba por saber si hago los pedidos para la próxima sementera.

   -Pues claro, hombre, pero todavía es pronto pa hablar de posibles cantidades, espera a que pasen los calores.

   Julio sale de la entrevista enormemente enfadado, no tanto contra el viejo droguero sino contra sí mismo. Esperaba otra respuesta y no la que le ha dado el Bisojo, que al parecer no ha pensado nada, lo que puede suponer que su intención es que la situación siga como está: que continúe de dependiente con mismo  sueldo e idéntica comisión del doce y medio por ciento de los beneficios. Lo cierto es que con esas prestaciones, Julio debe de ser el dependiente mejor pagado de la ciudad, cualquiera se quedaría más que satisfecho con tales ingresos. Si a ello se añade lo que se embolsa de sus negocios con el Hurón, gana sus buenos dineros que están incrementando la cuenta que tiene abierta en la Caja de Ahorros y Monte de Piedad de Badajoz. Debería bastarle, pero no es así. Cumplidos los 29, considera que con esa edad debería estar al frente de su propio negocio, ser su propio patrón y no un empleado. De ahí, su enojo por no haber sido más sutil, y al tiempo más categórico en su charla con el Bisojo. Le cuenta a su madre la frustrante conversación con el taimado droguero, en la que ha sido incapaz de sonsacarle lo que piensa hacer con la tienda.

   -El tío Elías no tiene intención de cambiar la situación actual. Lo que quiere es que todo siga igual. Y lo entiendo porque más que una tienda lo que tiene es un chollo, y ha sido gracias a mi esfuerzo. He conseguido que las ventas casi se dupliquen. He hecho crecer la cartera de clientes como nunca pudo imaginarse. Y además, he fidelizado a la mayoría de la clientela. Y con todo eso, ¿qué he conseguido? Que se quede con el 87,5 % de los beneficios sin aparecer por el negocio, mientras yo sigo siendo un triste empleado. Voy camino de los treinta y ninguno de mis sueños se ha visto cumplido.

   Pilar trata de remontar el abatimiento de su hijo.

   -No te amohínes, hijo, que no hay mal que cien años dure. Lo que debemos hacer es buscar una estrategia para forzar a Elías a que tome una resolución. Puesto que no tiene herederos naturales, nuestra meta debe ser conseguir que no tenga más salida que venderte o traspasarte la droguería. Y hablando de eso, ¿conoces a alguien del pueblo que pueda tener interés en comprar la tienda?

   -Hace tiempo se rumoreó que Manuel Galiana pretendía ampliar su ferretería con una sección de droguería, pero eso fue hace al menos cuatro años y desde entonces no he vuelto a oír nada al respecto.

   -¿Y algún terrateniente que quiera adquirirla como inversión o para buscarle un acomodo a alguno de sus hijos?

   -Madre, sabes tan bien como yo que los ricos de por aquí si compran algo son más fincas o más ganados, ¿pero una droguería?, lo dudo.

   -¿Podría comprarla alguna de las dependientas que tienes?

   -Lo preguntas en broma, ¿no? Entre las dos no alzan ni cien duros.

   -Entonces, si descartamos la existencia de otra persona que pueda estar interesada en la compra del negocio, y ante la ausencia de familiares que puedan hacerse cargo, solo resta un candidato, tú.

   -Esa parece la salida lógica, pero por lo visto el tío Elías no lo ve así. Su idea es que todo siga igual hasta su muerte, y cuando se abra su testamento ¡Dios sabe lo que puede ocurrir! Y no pienso esperar a que se muera para tener mi propio negocio. Y aunque bien no está, la artritis no es una enfermedad de muerte, puede durar muchos años.

   -De acuerdo, no le demos más vueltas. Lo que tenemos que hacer, desde ya mismo, es pensar una estrategia para forzar a Elías a que te venda el negocio.

   Mientras, en septiembre Julia Manzano ha comenzado sus estudios de cálculo y contabilidad con doña Pilar y se ha revelado como una alumna tan aplicada como cuando estudiaba bachillerato. Además de sus estudios, Pilar sigue empecinada en convertirla en una mujer modélica en todos los sentidos. Le ha pulido las destrezas que aprendió en su casa. Le ha costado convencerla, pero al fin ha logrado que la muchacha comprenda que lavar, fregar, planchar o coser se pueden hacer bien o mal, y que resulta más eficaz y rentable hacerlo bien que mal. Ahora le está enseñando a bordar y a coser a máquina. Además, le está transmitiendo un conjunto de habilidades que en su opinión toda mujer moderna debería conocer y, cuando llegue el caso, practicar. Le explica cómo debe vestirse, como conjuntar los colores y las distintas prendas, como debe  peinarse, más ahora que ha dicho adiós a sus trenzas de adolescente, y como debe comenzar a utilizar los primeros maquillajes de jovencita. Como la chiquilla tiene una cierta tendencia a cargarse de espaldas, le hace dar vueltas por la casa llevando un libro en la cabeza, lo que le obliga a caminar erguida. Y con la ayuda de su amiga Etelvina le está enseñando a cocinar, a preparar una mesa por si hay invitados de postín, a comprar y saber distinguir cuando un pescado es fresco o está pasado, a diferenciar las distintas clases de carnes…, un sinfín de enseñanzas que la maestra estima que, en los dos años que estará con ella, tendrá tiempo para enseñarle, sino todas sí la mayoría. Julia, que había comenzado con mal pie su relación con Pilar, ha terminado adorando a su maestra, y se ha convertido en cera blanda en manos de la aragonesa que hace con ella lo que hubiera hecho con la hija que no llegó a tener. Todo eso no le aparta de su meta principal que sigue siendo el futuro de su hijo.

   Tras mucho cavilar, madre e hijo intentan dar forma a un plan sobre cómo presionar al Bisojo para que se decida a vender la droguería a Julio.

   -Hemos de lograr que te venda o te traspase el negocio –reitera Pilar.

   -Eso habrá que matizarlo. Más teniendo en cuenta que el local de la tienda es de su propiedad.

   -¿Y eso qué supone?

   -En un traspaso se paga por los activos materiales e inmateriales, tanto del mobiliario, la decoración, las existencias, así como por los clientes que tenga el negocio, y el prestigio del establecimiento. Si Elías me traspasara la droguería habría que negociar todo ello más el alquiler del local.

   -¿Y crees que se avendría a traspasarte el negocio?

   -Lo que piensa el Bisojo es siempre un misterio, pero alguna posibilidad existe. Lo que veo más difícil es que acepte venderme el local. Sé que hace algunos años la familia Orellana pretendió comprárselo, pues ya son dueños de media manzana y necesitaban más metros de suelo porque pensaban construir un hotel. Y les dijo que nanay.

   -¿Los Orellana continúan con la idea del hotel?, lo pregunto porque si se enteran de lo mal que está el señor Elías quizá vuelvan a intentarlo.

   -No lo creo, en esa familia, como nadie ha doblado el lomo desde la Reconquista, se gasta más de lo que se ingresa y se rumorea que ahora están a dos velas.

   Pilar, mientras Julio le explica lo del traspaso, no hace más que dar vueltas a su magín sobre algo que cree que están haciendo mal.

   -De acuerdo con lo que dices, lo primero que deberíamos concretar es como logramos que Elías acceda a traspasarte el negocio –Repite una vez más y, aunque la droguería va a ser para el hijo, cuando tratan del asunto siempre hablan en primera persona del plural, como si fuera un negocio de ambos.

   -Ya lo he pensado, madre. Creo que la mejor opción que tenemos es amenazar al Bisojo conque o me vende el negocio o voy a montar por mi cuenta otra droguería y lo voy a arruinar. Porque la clientela, por decirlo de algún modo, es mía, no de él. Y si abriera tienda propia, estoy convencido de que la mayoría de los clientes se vendrían conmigo.

   -Esa opción me parece demasiado radical. No sabemos cómo puede responder Elías si lo pones entre la espada y la pared. Ten en cuenta que tiene muchos años y muchas mañas y te puede salir por donde menos lo esperas. O sea que, ¡ojo con el viejo que no es un pendejo! Vaya, me ha salido un pareado.

 

PD.- Hasta el próximo viernes en que, dentro del Libro II, Julia, de la novela Los Carreño, publicaré el episodio 70. El 98, un año de desastres

 

viernes, 27 de noviembre de 2020

Libro II. Episodio 68. Remember the Maine, to Hell with Spain

   En la tertulia del casino se comenta el magnicidio del presidente del gobierno español y sus posibles consecuencias. Uno de los tertulianos, poco versado en la política nacional, pregunta:

   -¿Qué es el Pacto de El Pardo? 

   -Más que pacto fue un acuerdo personal, en vísperas de la muerte de Alfonso XII, entre Cánovas del Castillo, por los conservadores, y Mateo Sagasta, por los liberales, para proporcionar estabilidad al régimen monárquico. Lo que acordaron en concreto fue la alternancia pacífica de gobierno entre ambas formaciones –explica el enterado de turno.

   El magnicidio de Cánovas es un mazazo para la frágil democracia española de finales del XIX, pero es acabando el año cuando se producen sucesos que de manera concluyente determinan el devenir de la historia española. En noviembre, el presidente de Estados Unidos, McKinley, anuncia la ayuda de su país a la insurrección cubana, espoleada por la oligarquía de la isla que anhela la independencia para poder comerciar libremente. Eso supone el principio del fin para el ya menguado imperio colonial español, pues el año anterior España concedió la Carta Autonómica a Puerto Rico que de hecho se independiza, ya que la Carta autorizaba la formación de un gobierno de carácter autonómico. La presión de la creciente política expansionista de Estados Unidos y el afán de independencia de las antiguas colonias se enfrentan a unos gobiernos españoles débiles, corruptos y con escasa representatividad social. Más allá de los políticos, de los intereses de los militares y del eco que de todo ello se hace la prensa en manos de grupos de poder, la mayoría de la sociedad española no percibe que los sucesos de ultramar le afecten, quizá debido a la lejanía de las guerras coloniales, quizá por el desinterés de un pueblo que participa  escasamente en la vida política, amordazado por el caciquismo. En la tertulia del casino, en la que cada vez cuenta más la opinión de Julio, los coloquios sobre la guerra de Cuba se dan con mayor frecuencia.

   -Carreño, usted que es buen lector de periódicos, ¿qué nos puede contar de lo de Cuba?

   -Pues que anda de mal en peor y más desde que los yanquis se han metido por medio.

   -Esos yanquis son unos zascandiles, habrá que darles una lección.

    El año 1898 comienza para Julio como terminó el anterior, trabajando en la droguería a la que la gente sigue llamando del Bisojo, aunque realmente deberían apelarla de Carreño, pues el viejo droguero ni la pisa. Su artritis no es que no se cura, sino que va a peor; la enfermedad y el frío del invierno han provocado que las manos del Bisojo se le hayan quedado como garfios agarrotados, y el médico le ha dicho que se olvide de volver al trabajo, lo que debe hacer es pensar en jubilarse. Al enterarse Julio del diagnóstico, comienza a germinar en su mente la idea de que puede ser el sucesor de su patrón. ¿Por qué no?, se dice, y como la mayoría de ideas que se le ocurren se la plantea a su madre.

   -El médico ha dicho que el señor Elías no va a volver a la tienda, que debería jubilarse.

   -¿Y qué pasará con la droguería? ¿Sabes qué piensa hacer con ella? –indaga Pilar.

   -No lo hemos hablado, lo único seguro por el momento es que no vuelve.

   -Elías no tiene hijos, ¿sabes si tiene sobrinos u otros parientes cercanos? Lo pregunto porque si no vuelve alguien tendrá que hacerse cargo del negocio.

   -Una vez le oí decir que tiene una hermana en Béjar, pero no deben tener una relación muy cercana porque nunca volví a oírle hablar de ella y me parece que tampoco deben cartearse. Las únicas cartas, mejor dicho postales, de familiares que han llegado a la tienda son de un primo hermano que vive en Cintruénigo, un pueblo de Navarra, y solo las recibe una vez al año, por Navidad.

   -La hermana que vive en Béjar, ¿tiene descendencia?

   -Nunca le oí hablar de sobrinos.

   -Procuraré enterarme, así como de ese primo navarro, pero la pregunta a plantearse es: si Elías no tiene sucesores naturales, ¿quién sería el mejor situado para hacerse cargo del negocio?

   -Esa es una pregunta de las que tú calificas como retórica, madre. Sabes bien la respuesta, si hay un candidato natural soy yo.

   -De eso no hay duda. Quizá estemos ante la posibilidad, de la que tanto hablamos en nuestra correspondencia cuando estuviste en la mili, de hacer realidad ese viejo sueño tuyo de montar un comercio. Con la ventaja de que en este caso el negocio ya está montado y, por lo que cuentas, reporta buenos dividendos.

   -Ya puedes imaginarte que lo he pensado, madre. De hecho se ha convertido en una idea fija desde que me enteré del estado del tío Elías.

   -Pues mira, hijo, adelante que se hace tarde. Vamos a pensar en cómo afrontamos la situación de la mejor manera posible para tus intereses.

   Madre e hijo debaten lo que podrían hacer para que la droguería termine en manos de Julio, siempre que el Bisojo no les dé una sorpresa de última hora y traspase el negocio a un ignoto pariente o lo venda al mejor postor. Se reparten las primeras tareas a llevar a cabo. Pilar se informará sobre los descendientes de los parientes que pueda tener Elías, sobre todo de aquellos que tengan chicos en situación de seguir con el negocio. Julio le planteará directamente qué piensa hacer con la tienda. En esas gestiones andan metidos madre e hijo cuando ocurre un suceso muy lejos de Plasencia, pero que de algún modo termina influyendo en los objetivos que acaban de marcarse.

   Por medio del último gran invento del siglo, el telégrafo de Marconi patentado el año anterior, el 16 de febrero del 98 llega a España la noticia de que el acorazado norteamericano Maine zozobró el día anterior en la bahía de La Habana a causa de una explosión. El buque había sido enviado para proteger los intereses de los ciudadanos estadounidenses en Cuba mientras durasen las revueltas de los independentistas. Estalló de repente y las causas de la explosión no están claras, pero la opinión pública norteamericana, exaltada por las noticias manipuladas de su prensa amarilla, culpa a España. El lema Remember the Maine, to Hell with Spain se convierte en una proclama incendiaria para quienes claman a favor de la guerra contra España. Estados Unidos acusa al gobierno español del hundimiento del acorazado y lanza un ultimátum en el que le exige la retirada de Cuba y, sin esperar a recibir la respuesta española, empieza a movilizar voluntarios. Las tropas norteamericanas rápidamente arriban a Cuba y su armada destruye dos flotas españolas, una en la batalla de Cavite, pues Filipinas también se ha alzado contra la metrópoli, y otra en la batalla de Santiago de Cuba. Los reveses bélicos son comentados por los tertulianos del casino con sentimientos encontrados, pues siempre consideraron que España era una potencia naval, pero la realidad es que la armada española ha sido masacrada por la flota estadounidense.

   -¿Quién fue el gilipollas que dijo que íbamos a dar una lección a los yanquis?

   La pregunta no tiene respuesta, queda tapada por otra que apunta al futuro.

   -¿Y ahora qué pasará?

   -Lo que debería hacer el gobierno es mandar al ejército que invada Estados Unidos –pide el optimista desinformado que hay en toda tertulia.

   -Sí, hombre, ¿y con qué vamos a transportar las tropas, en barcas de pesca?

   -Si la guerra contra los insurgentes cubanos y filipinos continúa, y a ello se añade un enfrentamiento con los yanquis, ¿es posible que nuestro ejército tenga que ser reforzado con más tropas? –El interrogante que Julio lanza a la tertulia, y específicamente a un comandante retirado que forma parte de la misma, es una pregunta interesada pues está pensando en que por su edad puede ser llamado a filas.

   -Eso, seguro; si ya no podíamos con los mambises, imagínese lo que será enfrentarse a los yanquis. Nos van a poner a marcar el paso hasta a los de la reserva.

   La respuesta, aunque carente de rigor, es la que se temía Julio. Lo que genera que sus preocupaciones dejen de ser las referidas a la droguería y se centran en su situación militar. Pertenece a la llamada reserva activa y está adscrito al regimiento de Infantería Covadonga, número 40. Si la guerra contra los insurgentes y los yanquis se prolonga, igual deja de tener sentido su interés por la sucesión del Bisojo, porque si llaman a filas a los reservistas y tiene que marcharse al otro lado del Atlántico sus preocupaciones pasarán a ser otras. Se ve vestido con la guerrera de cuello vuelto y el pantalón de rayadillo, que es el uniforme de las tropas españolas en ultramar, y portando un Máuser, el fusil reglamentario de la infantería española. En el supuesto de que eso ocurra piensa que podría escribir al sargento Linares que tan bien se portó con él durante la mili, pues fue quien le facilitó el enchufe en la Capitanía General de Baleares, o quizá al sargento Fernández, el que fue su jefe inmediato en la Secretaría de Justicia, pero desiste al pensar que si vuelven a llamarle a filas no irá a Mallorca, dado que el regimiento al que está adscrito tras su licencia está de guarnición en la madrileña ciudad de Leganés. La preocupación por lo que le puede ocurrir, si es nuevamente enrolado en el ejército, aparca de momento sus pesquisas por el problema de la sucesión del Bisojo.

   Doña Pilar, que no tiene esas preocupaciones aunque sigue con interés los acontecimientos por lo que pudieran afectar a su hijo, ha seguido indagando sobre la familia del tío Elías. Por medio de sus contactos en la Guardia Civil, pues es hija del Cuerpo, se entera de que la hermana del Bisojo que vive en Béjar solo tiene un hijo, ya cuarentón y que disfruta de un buen empleo en una fábrica textil de la ciudad salmantina. No parece que por ahí haya algo que temer. Del primo que vive en Cintruénigo no logra enterarse de nada, pero piensa que Navarra está muy lejos y que si solo le envía una postal por Navidad los lazos no deben ser demasiado estrechos. Noticias que cuenta a Julio a quien pregunta:

   -¿Qué te parece que hagamos, hijo?

 

PD.- Hasta el próximo viernes en que, dentro del Libro II, Julia, de la novela Los Carreño, publicaré el episodio 69. ¡Ojito con el viejo que es un pendejo!

 

viernes, 20 de noviembre de 2020

Libro II. Episodio 67. Julia cambia de estudios

 

   A la madre de Julia no le viene de cara que su hija pequeña estudie el segundo ciclo de bachillerato. Doña Pilar intenta convencerla espoleando la vanidad de la matriarca.

   -¿Se imagina lo que se diría en Malpartida si Julia llegase a ser universitaria? Ya estoy viendo a sus vecinas comentando: ¿sabéis que la pequeña de Soledad es médica o abogada? Seguro que eso no ha ocurrido nunca en el pueblo y con la inteligencia que tiene su hija, que ha debido de heredar de usted, podría ser lo que ella quisiera.

   -Ya se lo he dicho, ¿pa que quiero un médico o un abogao en casa? Lo que necesito es que aprenda bien de números pa llevar las cuentas de los negocios familiares, y de letras pa entender tos los papeles que nos envía el ayuntamiento, la deputación y qué se yo quien más. Y pa eso creo que debe estar prepará. Desde que se casó Consuelín, las cuentas de la casa andan manga por hombro y es hora de que Julina las coja por su cuenta.

   Visto que no consigue ablandar a la coriácea Soledad, Pilar se agarra a un clavo ardiendo, lo único que le queda para que la muchacha pueda continuar los estudios aunque sean de otra clase.

   -Siento decirle, señora Soledad, que para llevar cuentas tan complejas como las de las fincas, los ganados y los otros negocios, la niña todavía no está preparada.

   -¿Pero qué me dice? –Se escandaliza Soledad-, ¿qué entavía no está prepará? Entonces, ¿qué rediez ha estao haciendo la criatura estos tres años?

   -Pues estudiar, y aprobar con sobresaliente, los tres primeros cursos del bachillerato. Ahora solo le falta aprobar, que seguro que lo hará con nota, el examen de reválida del primer ciclo de estudios.

   -Pues si es medio bachillera, digo yo que sabrá lo suficiente de números, ¿no? –insiste Soledad.

   -Lamento llevarle la contraria, pero no es así. Tenga en cuenta que lo que se estudia en los cursos que ha aprobado es Gramática, Retórica y Poética. Los números solo se tocan de refilón.

   -¡Eso podría habérmelo dicho cuando le traje a la criatura! –Se queja, malhumorada, Soledad-. Pues de haberlo sabio no se la habría dejao. Al final, ha sio como echar margaritas a los guarros.

   -Ni mucho menos, señora Soledad –Pilar sabe que a la matriarca le encanta que la traten de señora, por eso no pierde ninguna oportunidad de hacerlo-. Si lo recuerda, la primera vez que habló conmigo me dijo que quería que la chica estudiara el bachillerato y eso es lo que ha hecho. En cuanto apruebe la reválida, Julia habrá terminado el bachillerato elemental, con ese título puede estudiar para maestra, enfermera, hacer oposiciones para…

   -Pare el carro, doña Pilar. Le repito lo mesmo: ¿pa que me sirve una maestra o una enfermera? Se lo diré: pa na. Lo que necesito es que sepa bien de números -Ahí es adonde Pilar quería llegar.

   -Si me lo hubiera explicado cuando trajo a la chiquilla, esta conversación no hubiera tenido lugar. Y reconozco que en parte ha sido culpa mía. Debería haberle preguntado para qué quería que la niña estudiara, y no lo hice. Al decirme que quería que hiciera el bachillerato, no pensé en otras posibilidades. Pero eso tiene solución, siempre que a usted le parezca bien, claro. En un par de cursos me comprometo a que su hija aprenda todos los números que pueda necesitar para llevar las cuentas de las cosechas, las montaneras y de todos los negocios de la familia. Se lo prometo.

   -Si me va a decir que pa eso hay que enviarla a Cáceres, olvídese.

   -No tiene que ir a ninguna parte, puede seguir en Plasencia viviendo en casa de su hermana Consuelo. Seré yo quien le enseñará las cuentas que le hagan falta.

   -Pero usté, solo es maestra de escuela, ¿y los maestros saben tanto de cuentas?

   -¿Que sí sé de cuentas? ¿Usted conoce al señor Dimas el Bronchales?

   -¿Y quién no conoce al Bronchales?, si es más conocio que lo era Cúchares.

   -Pues le diré un secreto que pocos saben y que le ruego que me guarde, soy yo quien le lleva las cuentas, que ya podrá imaginar lo complicadas que son. Y va para más de dos años.

   La referencia del Bronchales ha impactado a Soledad pues la fama del usurero se extiende por toda la provincia. Por lo que la matriarca se mete en terrenos más pragmáticos.

   -Y enseñarle tos los números y cuentas que hagan falta, ¿cuánto va a costarme?, porque si es mu caro…

   Pilar está en un tris de cantar ¡eureka, lo conseguí!, pero juiciosamente lo que hace es contestar al asunto de los dineros.

   -Ni un céntimo más de lo que le ha costado el bachillerato. Y eso es algo que no hago con todos, es una excepción que hago con su hija porque es muy buena estudiante; es más, le diré entre nosotras que es la alumna más lista que jamás he tenido. Puede estar orgullosa de ella. Ah, una última cuestión para que quede todo bien claro, las enseñanzas que le voy a dar no se refrendan con ningún título.

   -¿Y pa qué necesita Julina un título? Lo que quiero es que sepa llevar bien las cuentas  familiares. Na más.

   Y cierran el acuerdo. Los dos próximos cursos 97-98 y 98-99, Julia Manzano cursará estudios de cálculo y contabilidad elemental con doña Pilar. La aragonesa ya tiene en mente que la enseñanza de la contabilidad más avanzada se la dé su hijo, pero ha preferido no mencionar a Julio por si Soledad se echaba atrás al escuchar el nombre del que para ella fue una pesadilla. Como Pilar es adicta al proverbio lo que puedas hacer hoy no lo dejes para mañana, esa misma noche después de cenar, que es cuando madre e hijo conversan sobre los avatares del día, le plantea a Julio lo que tiene pensado sobre las enseñanzas que va a impartir a Julia.

   -… y me he comprometido, con la que a Dios gracias no se convirtió en tu suegra, a enseñarle cálculo y contabilidad a la pequeña Julia. Y espero que cuando mis conocimientos contables no alcancen me ayudes a completar las enseñanzas a la chiquilla.

   -A ver, madre que, con lo bien que siempre te explicas, no te he acabado de entender o te he entendido mal. ¿Me estás diciendo que te ayude en las clases de contabilidad a la cría de los Manzano?

   -Eso es, pero no te preocupes, no va a ser ahora. Comenzaré por el cálculo más elemental y no será hasta el curso próximo cuando necesitaré tu ayuda para que le expliques algo más de lo que sé sobre contabilidad.

   -Perdóname que te lo diga, pero has hecho muy mal comprometiéndote a algo que no está en tu mano. Estoy todo el día liado en la tienda y cuando termino me tengo que dedicar a los otros negocios que llevo entre manos, ¿de dónde crees que voy a sacar tiempo para enseñarle a esa cría?

   -Primero, esa cría tiene nombre, se llama como tú pero en femenino. Segundo, lo que te pido es poca cosa, pues no te va a llevar mucho tiempo. Será suficiente con que le dediques unas pocas horas que las puedes sacar de tus fines de semana. En lugar de gastar tanto tiempo en tus amistades non sanctas, y no me tires de la lengua, podrías dedicar algunas horas a ocuparte de Julia, que para mí no es una alumna cualquiera. Tú estás todo el día fuera y los domingos y fiestas sales a tus correrías. No te lo reprocho, eres joven y debes divertirte. Yo me quedo aquí sola, ¿y quién es la única persona que me hace compañía y espanta mi soledad? Pues Julia, por eso he llegado a quererla como si fuera una hija. Ah y, por supuesto, las horas que emplees con ella se te retribuirán.

   Lo de las amistades non sanctas, unido a la aposición y no me tires de la lengua, dispara la alarma del joven. Su madre debe estar al tanto de sus aventuras amorosas o, al menos, debe sospecharlo. Pero eso no es algo que le preocupe, lo que le enoja es que está chantajeándole. Mucho debe querer a esa cría, se dice. Su orgullo le impulsa a echar un pulso a su madre, pero se lo piensa. La mujer que tiene delante, con los cincuenta a punto de cumplir, ha dado literalmente su vida por él. Le ha criado, le ha educado, le ha aconsejado, le ha protegido, le ha cuidado…, ¿y va a enfrentarse con ella por algo tan baladí como su petición de dedicar unas horas a enseñar a una chicuela que a él ni le va ni le viene, pero que para su madre sí cuenta, y al parecer mucho? Se traga el orgullo y su respuesta es otra.

   -Sigo creyendo que has hecho mal prometiendo algo que no está en tu mano, pero no quiero discutir contigo. Cuando llegue el momento estaré a tu disposición para ayudarte con esa cría. Y no voy a cobrar ni un real, el dinero de las clases te lo puedes quedar o lo empleas en obras de caridad, lo que prefieras. Y dicho esto, madre, ¿por qué no cambiamos de tema? He leído en el periódico una noticia que es de las que te chiflan. En Elche han descubierto por casualidad el busto de una mujer que se cree que data de la época de los íberos. Al parecer está perfectamente conservado. También se dice que un museo francés está haciendo gestiones para comprarlo.

   -Y nuestro gobierno sin mover un dedo para impedirlo. Panda de inútiles -Pilar acepta el envite de su hijo y rehúye seguir con el enfrentamiento.

   Tres días después del hallazgo de la que, con el paso de los años y tras sufrir un sinfín de avatares, será mundialmente conocida como la Dama de Elche, una noticia tan trágica como relevante conmociona al país: el magnicidio del presidente del gobierno, Cánovas del Castillo. La noticia cae como una bomba en la tertulia del casino.

   -¿Dónde ha sido asesinado, en Madrid? –pregunta uno.

   -No, estaba tomando las aguas en un balneario de Mondragón, en Guipúzcoa.

   -¿Y se sabe quién ha sido el asesino?

   -Un tal Michele Angiolillo, anarquista italiano. Según ha declarado lo ha hecho en venganza por las muertes de los anarquistas detenidos en Barcelona.

   -¡Qué horror, adónde vamos a parar, ni los presidentes de gobierno están seguros!

   -¿Y quién le sucederá? –pregunta otro mirando a Julio.

   -Supongo que alguien del Partido Conservador hasta que les toque gobernar a los liberales de Mateo Sagasta, de acuerdo con el Pacto de El Pardo –responde el mañego. Alguno se pregunta: ¿qué diablos es el Pacto del Pardo?, pero prefiere ocultar su ignorancia.

 

PD.- Hasta el próximo viernes en que, dentro del Libro II, Julia, de la novela Los Carreño, publicaré el episodio 68. Remember the Maine, to Hell with Spain

viernes, 13 de noviembre de 2020

Libro II. Episodio 66. Que retorcido que eres, jodío

 

   A doña Pilar no le ha gustado nada lo de que Julio alije medicinas más allá de la Raya, pero aún no ha oído la segunda parte.

   -Aún no he terminado, madre –Y Julio le cuenta el negocio del tabaco al que no se atreve a motejarlo como obra de caridad. Y termina aludiendo al Bisojo-. A partir de ahora no voy a volver a rebajarme pidiéndole que me aumente la comisión. Y hasta me estoy pensando en decirle que se busque a otro desgraciado a quien mal pagar.

   Doña Pilar se queda mirando a su hijo como si no terminase de entender lo que acaba de decir.

   -¿Qué no vas a volver…? -Hasta que parece comprender- ¿Dejar de trabajar para el Bisojo? ¡Ni se te ocurra!, y debes continuar pidiéndole que te aumente la comisión y el sueldo.

   -¿Y para qué?, si lo del tabaco sale tan bien como lo de los medicamentos, que creo que podrá salir, el Bisojo se puede meter las cuatro perras que me paga donde le quepan.

   -Hijico, esa forma de reaccionar no es la que yo te he enseñado. Hay un pasaje de la Biblia que dice: Yo os envío como a ovejas en medio de lobos; sed pues prudentes como serpientes, y sencillos como palomas. Así has de ser, prudente y sencillo. Mientras lo de las medicinas y lo del tabaco no sea algo sólido y estable necesitas tener un trabajo conocido para que te sirva de tapadera. Y tu actual desempeño vendiendo productos de droguería por la provincia es una tapadera perfecta.

   -Bueno, pues no me despediré, pero desde luego no voy a volver a pedirle ni una peseta de más.

   -Que mal recuerdas mis enseñanzas, hijo –se lamenta Pilar.

   -¿Qué es lo que no recuerdo, madre?

   -Julito, Julito –A veces Pilar emplea el diminutivo cuando su hijo dice algo que le retrotrae a su etapa de niño-, ahora a quien cito no es la Biblia sino al anónimo autor de El Lazarillo de Tormes. ¿Recuerdas la escena en la que el ciego y Lázaro acuerdan comer uvas de un racimo de una en una, y cuando acaban el ciego acusa a Lázaro de haber cogido uvas de tres en tres? Lázaro responde que no es así y pregunta por qué lo sospecha. La respuesta del ciego es contundente: en que yo comía de dos en dos, y tú callabas. Pues bien, el señor Elías, que es casi tan astuto como el ciego de El Lazarillo, si no vuelves a pedirle un aumento de sueldo sospechará que estás ganando dinero por otros medios y puede descubrir el tinglado. Aplícate el cuento y compórtate con tu patrón como si todo siguiera igual.

   Puesto que en la droguería Julio ha logrado que se venda mucho más, el trabajo le desborda por lo que, tras mucho insistirle, el Bisojo ha accedido a contratar a dos dependientas para que le ayuden. Son dos chiquitas jóvenes, Lupe y Antonina, a las que el mañego va enseñando los rudimentos del negocio. El hecho de haberse convertido en encargado y ganar más, le induce a ir adquiriendo hábitos burgueses por lo que aspira a moverse en un estrato de la sociedad placentina superior al que frecuenta. A conseguir esa mejora de status le puede ayudar que le admitan como socio en el casino mercantil, un club restringido en el que no ingresa el que quiere, pues los socios son muy estrictos con los nuevos aspirantes. Los primeros tanteos que, de forma discreta, ha hecho el mañego con algún socio conocido han sido decepcionantes.

   -Ni lo intentes, no admiten empleados y más de una droguería.

   En esas conversaciones, Julio se entera de que don Cristóbal, el boticario, es el tesorero del club y persona decisiva en la cuestión de los ingresos. Dado que el farmacéutico es su socio piensa pedirle que ejerza su influencia para que lo admitan, hasta que se le ocurre que quizá sea más efectivo que quien se lo pida sea su esposa. El siguiente día que yace con la temperamental Isabelina se lo plantea.

   -Tesoro, quiero pedirte algo, una pequeñez -Y Julio le cuenta a la boticaria consorte su aspiración: ser socio del casino, y para ello necesita de la influencia de don Cristóbal. ¿Y quién mejor que ella para pedírselo?

   -Lo haría con mucho gusto, corazón, pero si se lo pido seguro que recelará de por qué me intereso por ti. Y de ahí a sospechar que estamos liaos no hay más que un paso. Cristóbal es viejo, pero no lerdo.

   -He pensado un plan para que eso no ocurra. Para empezar, se lo tienes que pedir después de hacerle una felación –Isabelina le ha contado que es la manera con la que se excita el boticario.

   -¿Una fequé?, nunca había oio esa palabreja.

   -Una mamada. Después de hacérsela, ese es el momento en que se lo pedirás. Verás…, mañana, cuando tu marido esté en el casino, iré a la farmacia con cara mustia. Me preguntarás qué me pasa, de forma que todos lo oigan. Te contestaré que estoy muy cabreado porque no me admiten en el casino. Eso se lo contarás a tu marido, y a continuación le dirás: he pensado que no es bueno para ti que tu socio, aunque lo sea de tapadillo, ande enfadado porque si se cabrea mucho igual en un momento de rabia cuenta lo de vuestro trato, y eso te perjudicaría. Y antes de que eso pueda pasar se me ha ocurrido como puedes evitarlo: no tienes más que forzar un poco la mano para que lo admitan. Y puedes añadir que el chico es persona instruida, pues casi es bachiller y sabe mucho de contabilidad, por lo que no apadrinarías a un palurdo sino a un hombre culto. Y puedes rematar tu explicación añadiendo: como ves, mi amor, hasta en las situaciones más simples no pienso más que en tu buen nombre. Y si además le haces unos cuantos arrumacos, no será capaz de negarse.

   -Que retorcido que eres, jodío.

   Julio no sabe si todo debió suceder como le explicó a Isabelina, pero sea como fuere el hecho es que la intervención de la adúltera funcionó. Don Cristóbal le avaló y, aunque con alguna reticencia, ha sido admitido en el casino, si bien no como socio de número sino como socio accidental. En el casino Julio hace nuevas amistades, aprende a jugar al tresillo, al billar y se integra en una tertulia en la que se habla de todo, especialmente de política y sucesos locales. Hoy el coloquio versa sobre la guerra contra los insurgentes cubanos. Desde el llamado Grito de Baire en el 95 del líder independentista cubano José Martí, grupos de rebeldes atacan a las tropas españolas, y el hecho marca el inicio de la guerra entre Cuba y España en la que, gracias al larvado apoyo estadounidense, los rebeldes plantan cara al desorganizado y mal equipado ejército español. Cuba no solo es una cuestión de prestigio para España, sino que se trata de uno de sus territorios más ricos y el tráfico comercial con la isla es importantísimo, sobre todo para la industria catalana y vasca. El conflicto se ve agravado por las limitaciones políticas y comerciales impuestas por España. La prohibición del libre intercambio de productos, fundamentalmente azúcar de caña, con Estados Unidos y otras potencias ha levantado contra la metrópoli a la burguesía industrial y comercial cubana, y también a buena parte de la población.

   -¿Cómo está lo de Cuba? – pregunta alguien de la tertulia en la que Julio es más oyente que participante.

   -Pues mal, como todo –responde el pesimista del grupo.

   -Yo creo que nuestro ejército acabará metiendo en cintura a los mambises –opina el optimista -, al menos eso es lo que trae el Heraldo de Cáceres.

   -¿Quiénes son los mambises? –pregunta un tercero al que los ha mencionado.

   -No sé, eso no lo dicen los papeles.

   -Perdón, pero el término mambises se utiliza para referirse a los guerrilleros independentistas cubanos, pero también a los dominicanos y filipinos –explica Julio. Intervenciones como esta hacen que el prestigio del mañego como persona instruida y documentada comience a crecer entre sus contertulios y empiecen a pedirle su opinión.

   -Se llama Carreño, ¿verdad?, ¿y qué opina de la guerra cubana?

   -No le podría decir, lo poco que sé es lo que leo en el Norte de Extremadura. Y lo último que he leído es que la situación militar española es complicada. Los mambises, dirigidos por un tal Maceo, parece que controlan el campo, quedando bajo dominio español solamente las zonas fortificadas y las principales poblaciones. El capitán general Weyler concentra a los campesinos en reservas vigiladas. Con esa política pretende aislar a los rebeldes y dejarles sin suministros. Pero está por ver que esa estrategia funcione.

   -¿El Norte de Extremadura qué orientación política tiene? –pregunta uno de los tertulianos.

   -Pues no lo sé, pero pertenece al partido liberal-democrático.

   -Ah, vamos, los liberales –El tertuliano lo ha dicho con su tono más despectivo.

   -Peor sería que leyera la Región Extremeña, que es republicano –comenta otro.

   Doña Pilar tiene otras preocupaciones muy distintas a las de su hijo. El curso 96-97, su alumna predilecta, Julia Manzano, terminó el primer ciclo de tres años de la enseñanza secundaria, que ha cursado por libre y bajo su guía. Como está previsto reglamentariamente, concluidos los estudios del primer ciclo, los alumnos han de sufrir un examen de reválida, cuya duración no bajará de una hora de las materias estudiadas: Gramática castellana y latina, con ejercicios de traducción y análisis, Retórica y Poética. Para los estudiantes de enseñanza libre el examen se realiza en el establecimiento donde el alumno vaya a matricularse para el segundo ciclo; en el caso de Julia será en el Instituto de Enseñanza Secundaria de Cáceres. La señora Soledad se resiste a enviar a su hija a la capital de la provincia para completar el bachillerato, justificando que no puede ser bueno que la jovencita viva fuera de casa. Esa es la excusa que da, en el fondo lo que no quiere es gastarse un puñado de cuartos en la manutención y hospedaje de Julia. Doña Pilar trata por todos los medios de convencer a Soledad y le explica los beneficios que puede sacar Julia por ser bachiller.

   -¿Sabe usted, señora Soledad lo que puede suponer para la chiquilla que acabe el bachillerato? No solo por los saberes que atesorará, sino porque luego podría ingresar en la universidad y quizá llegar a ser abogado, médico, ingeniero…

   -¿Y pa que me va a servir que sea abogá?

 

PD.- Hasta el próximo viernes en que publicaré, dentro del Libro II, Julia, de la novela Los Carreño, el episodio 67. La pequeña Julia cambia de estudios