sábado, 5 de septiembre de 2020

Libro II. Episodio 55. El descubrimiento de los márgenes

   Los domingos son los días vacíos de Julio, no sabe qué hacer. Ha hecho algún amigo ocasional, pero no ha llegado a intimar con nadie. Un buen día se da cuenta que una de sus clientas, una moza sobre la veintena, frecuenta la tienda más de lo usual aunque no siempre compra, la mayor parte de las veces solo curiosea. Julio comienza a dar palique a la chica que le pone buena cara y hasta se ríe cuando le cuenta alguna anécdota chusca. Tras unos días de cháchara le pregunta si no le importa que vaya a verla al cerrar la tienda.

   -Pues venir, puedes, pero no creo que vayas a verme. Sirvo de criada en casa de don Práxedes, el registrador de la propiedá, y trabajo todo el día. Solo libro los domingos y algunas fiestas.

   La pareja queda en que se verán el domingo. Nico se llama la joven, Julio supone que debe ser el diminutivo de Nicolasa. El domingo, sobre las cuatro y algo, aparece la moza de punta en blanco. El mañego se maravilla de lo cambiada que está, aunque no se la ve tan desenvuelta, se corta fácilmente, por lo que Julio se inclina por ser él quien lleve el peso de la conversación. Como no sabe qué temas le pueden interesar, opta por contarle sucedidos de cuándo viajaba por los pueblos de la provincia. ¡Y acierta!, pues resulta que Nico es de Jarilla, un pueblecito situado en el Valle del río Ambroz, una de las rutas que recorría. En cuanto le dice que conoce su pueblo, un villorrio de poco más de cien vecinos, la joven parece recuperar el aplomo.

   -Pues si conoces mi pueblo, comprenderás porqué me vine a servir. Allí no hay ná que no sea partirte los riñones de tanto agacharte pa sacar de la tierra unas patatas y algo de cereal. Si encima eres la mayor de ocho hermanos, no te queda otra que buscarte los garbanzos fuera del pueblo y así tu madre tiene un plato menos que poner en la mesa.

   A Julio le sorprende que la chica, siendo de donde es e imaginando que su formación, en el supuesto de que tenga alguna, debe de ser muy elemental, habla razonablemente bien aunque se le escape algún modismo extremeño. Su curiosidad puede más que su discreción y le pregunta a qué es debido.

   -A mi señora, que es más buena que el pan. Se ha ocupado de mí desde que entré a servir con catorce años. De más chica me hacía leer un rato la mitad de los días. Cada vez que decía mal una palabra me corregía al momento -Metida en el campo de las confidencias, la joven le cuenta que su señora se gasta una pequeña fortuna en potingues para el rostro, las manos, las piernas…-. Se da crema en to el cuerpo y, como ni en las farmacias ni en tu droguería se venden las marcas que usa, las encarga a Cáceres y en ocasiones a Madrid -Esa información despierta el interés profesional del aprendiz de droguero.

   -Te voy a pedir un favor. Escribe en un papel las marcas de crema que usa tu señora y el primer día que vengas a la tienda me lo traes.

   Los jóvenes terminan la tarde en un merendero donde han tomado chocolate con churros y han jugado a la ruleta del barquillero. Nico ha disfrutado como una niña jugando. Lo que no puede la pareja es bailar porque este domingo no hay música. Julio se ha portado en todo momento como un caballero y no ha hecho nada que pudiera incomodar a la joven. Hacia el final, ha hecho un torpe intento de acariciarle una mano, lo que ha evitado la moza retirándola suavemente pero con firmeza. El mañego no ha vuelto a intentar ningún otro acercamiento, hecho que Nico parece apreciar pues se despide con su mejor sonrisa, y en cuanto Julio dice de verse el próximo domingo la respuesta de la joven no deja lugar a dudas.

   -A ver si tenemos suerte y podemos echar unos bailes.

   Al inicio de la nueva semana Julio atiende a unas compradoras de una categoría a la que no está acostumbrado. Han sido dos señoras muy emperifolladas, que han acudido a la droguería acompañadas de sus doncellas. Las damas han comprado artículos de belleza y han pagado religiosamente, sin regatear. Hasta ahí ha sido una venta normal, pero para el mañego ha resultado una experiencia frustrante porque no ha sabido cómo tratarlas. Se ha sentido cohibido, se ha cortado y ha hablado poco y mal. Cuando llega a casa para almorzar se lo cuenta a su madre.

   -… y lo cierto es que estuve apocado y sin saber qué decir. Como vendedor he debido parecerles un pasmado.

   -Por lo que cuentas, debes haber atendido a dos señoras de la alta burguesía placentina. Tendrás que acostumbrarte a tratar con esa clase de clientas porque al ser la única droguería que hay en la ciudad no será esta la última vez que las tendrás en la tienda.

   -Lo que me ha dejado mal cuerpo es que creía estar preparado para vender a toda clase de clientes, pero visto lo de hoy parece que no es así. ¿Puedes darme algún consejo al respecto?

   -Analicemos lo ocurrido –Doña Pilar se apresta a sacar su vena analítica-. Unas compradoras bien vestidas y acompañadas de sendas doncellas, eso significa que se trata de señoras de buena posición. A unas clientas así hay que tratarlas con el debido respeto, nada de tuteos, de usted y de señora. Y en cuanto te hagas con sus nombres, llámalas doña fulana y doña sotana aunque sean analfabetas. Nada de regateos, dices el precio por alto que sea y te mantienes en él. Si no tienes el artículo solicitado les dirás que tomas nota del mismo y que pedirás a tus proveedores que te lo remitan a vuelta de correo. Y cuando termines la venta, te adelantarás y les abrirás la puerta de la tienda en gesto atento, pero sin caer en el servilismo….Ah, y nunca te dirigirás a las doncellas, como si no existieran… Y no se me ocurren más cosas.

   -Madre, creo que te has pasado. Más que un dependiente les voy a parecer un lacayo.

   -¿Tú quieres vender o no? Si esa clase de compradoras creen que eres un patán posiblemente continuarán yendo a la droguería, pero porque es la única. Si un día se abre otra, no irán donde hay un empleado zafio. En cambio, si estiman que las tratas con respeto lo más seguro es que las fidelizarás como clientes. Y esa clase de compradoras son las que sabrán apreciar si vas bien trajeado o hecho un andrajoso -Julio queda pensativo. Sabe que su madre no da puntada sin hilo, que todo lo que dice o hace tiene algún objetivo, normalmente beneficioso para él.

   Comienza 1894 y Julio sigue al frente de la tienda, pues el Bisojo no solo no ha mejorado de su artritis, sino que además tiene un ataque de ciática en la zona lumbar que le lleva a mal traer. Al mañego le ha tocado hacer el balance de fin de año y el inventario de la mercancía existente. Por eso, y por vez primera, se ha tenido que poner en contacto con los diversos mayoristas que suministran el material. Lo que le ha servido para comprobar cuáles son los márgenes comerciales de la droguería. Al ver lo mucho que gana su patrón y lo poco que le sigue pagando se coge un cabreo monumental. Al llegar a casa cuenta a su madre lo que ha descubierto de los márgenes. Visto lo cual está más empeñado que nunca en volver a pedirle que le aumente el salario o que le suba la comisión.

   -… y si se niega o vuelve a darme largas lo voy a plantar. Que se haga cargo de la droguería con su artritis y su ciática, que mi menda no está dispuesto a que me pague una miseria con los márgenes con los que trabaja.

   -Vamos a ver, hijico. Te he dicho otras veces que un ultimátum suele servir poco con gente como el señor Elías. Por otro lado, no se deben de tomar decisiones, y más si son importantes, en momentos de enfado. Piensa fríamente. Si te despides, ¿qué harás, en qué trabajarás, dónde encontrarás un empleo como el que tienes? Te puede resultar duro oír esto, ¿pero dominas algún oficio, tienes una carrera, te has especializado en alguna actividad? Conoces la respuesta. Podrás decirme que hay muchos trabajos que no requieren saber un oficio, haber estudiado o estar especializado. Cierto, ¿pero qué clase de trabajos?, ¿bracero, peón de albañil, porquero, gañán…? No es imposible, pero sí muy complicado, que encuentres en Plasencia o en los pueblos de su entorno un trabajo como el que ahora tienes… -doña Pilar hace una pausa pues se ha acalorado, lo que aprovecha su hijo para protestar.

   -Madre, sabes que te respeto muchísimo, pero no estoy de acuerdo con alguna de las cosas que has dicho. Y si te soy sincero, he de añadir que algunas me han dolido. Es verdad que no tengo ningún oficio, pero sí tengo buenos conocimientos de contabilidad y una cultura general bastante aceptable. ¿Y qué me propones?, ¿lo mismo de siempre?, ¿qué me calle, que aguante carros y carretas? Me pides demasiado. Voy a cumplir veinticinco años y creo que es hora de que tome mis propias decisiones.

   -Como quieras, hijo. Es tu futuro el que está en juego, y es cierto que has de ser tú quien decida lo qué hacer, pero ándate con pies de plomo cuando hables con el señor Elías. ¿Cuándo piensas hacerlo?

   -En dos o tres días tendré finalizado el balance y el arqueo de la mercancía que hay que reponer.

   Y ahí acaba la discusión. Pilar teme que Julio, quizá por un orgullo mal entendido, pueda echar por la borda su porvenir. Porque la aragonesa tiene proyectos a largo plazo. Ha pensado que el tío Elías no tiene herederos ni, que ella sepa, familiares cercanos que pudieran hacerse cargo de la droguería si su enfermedad se hiciera crónica o tuviera que jubilarse. En esos casos, Julio sería el mejor situado para reemplazarle en el negocio. Podrían acordar un traspaso, un alquiler o, mejor aún, la venta de la tienda si el precio estuviera a su alcance, y para ello sabe que el señor Dimas le prestaría la cantidad necesaria a un interés más blando que el usual. Pero tal y como se ha puesto su hijo todos esos planes a largo plazo tienen un negro futuro. Tendré que hacer algo, se dice la aragonesa. Por si le faltaban preocupaciones, acaba de enterarse de que su hijo está saliendo los domingos con una moza, de la que solo sabe que sirve en casa de don Práxedes, el registrador de la propiedad, y que es de Jarilla.

   Dios quiera que lo de los márgenes no le nublen el juicio a Julio, musita.

 

PD.- Hasta el próximo viernes en que, dentro del Libro II, Julia, de la novela Los Carreño, publicaré el episodio 56. Entre pillos anda el juego

 

viernes, 4 de septiembre de 2020

Libro II. Episodio 56. Entre pillos anda el juego


   Tras meditarlo detenidamente, Pilar llega a la conclusión de que, aunque su hijo pueda enfadarse si algún día se entera, tiene que intervenir para que el chico no lo eche todo a perder. Y eso le lleva a entrevistarse con el tío Elías antes de que Julio le plantee su ultimátum. Medita sobre cómo enfocar la entrevista con el Bisojo del que sabe que es un pillo negociando. Deberá ser más hábil que el droguero si quiere sacar algo en limpio. En cuanto tiene bien trabados sus argumentos se planta en casa del Bisojo para interesarse por su salud, es su pretexto.

   -¡Doña Pilar, usté por aquí, cuanto me alegro de verla! Que bien está; en cambio yo, ya me ve, hecho un eccehomo –se lamenta Elías.

   -Pues por su cara nadie diría que está usted con los arrechuchos de la artritis –La maestra comienza a darle jabón al droguero.

   -No, si de la cara no me quejo, pero mire como tengo las manos y la pierna, y además con una ciática que me lleva por la calle de la amargura. Pero ya está bien de quejas, que esas no me van a curar. Tiene que saber que estoy muy satisfecho con el trabajo de su hijo. Se ha revelao como un chico cumplidor como el que más, y honrao a carta cabal –El Bisojo se ha enterado de las pernoctaciones que le cobra el mañego cuando duerme en el carro, pero como es consciente de lo poco que le paga prefiere hacerse el ignorante-. Y, por lo que me cuentan, tiene mano izquierda pa tratar con las clientas. Una joya, vamos.

   -No sabe la satisfacción que me da al hablar así del chico, y eso me hace más cuesta arriba lo que vengo a decirle –La aragonesa aprovecha sin dudarlo el pie que le acaba de dar, sin pretenderlo, el droguero.

   -Usté dirá –El Bisojo se ha puesto en guardia, algo le dice que la visita de la maestra no es únicamente para interesarse por su salud.

   -Verá, señor Elías, no voy a andarme por las ramas, vengo a pedirle disculpas.

   -¿Pedirme disculpas, usté?, ¿por qué?, si no me ha hecho na.

   -Yo no, pero mi hijo sí. O mejor dicho, se lo hará. Y como usted se portó tan bien con nosotros, creo de ley que, como el chico no lo hará, debo hacerlo yo.

   -Sigo sin entenderlo, doña Pilar, ¿qué es lo que me hará Julio?

   Y la aragonesa le cuenta que su hijo está muy contento con el trato que le dispensa, y que cada día que pasa le gusta más su trabajo, tanto cuando viaja como cuando trabaja en la tienda, pero…

   -… ya sabe usted como es la gente joven, son culos inquietos y no tienen apego a na. Resulta… -Pilar hace una estudiada pausa- que le han ofrecido un empleo en el que ganará casi el doble de lo que usted le paga y lo ha aceptado o está a punto de hacerlo. Y como él igual no lo hace, tengo que ser yo la que le pida perdón por esa falta de lealtad.

    El Bisojo acusa la noticia, inmediatamente calcula el estropicio que le puede causar Julio si se va en estos momentos. El médico le ha dicho que no se va a curar a corto plazo, con su mujer sigue sin poder contar, y contratar a un nuevo empleado significa que, por espabilado que sea, tardará semanas, sino meses, en ponerle al día acerca de los múltiples y diferentes artículos de la droguería. Y mientras se forme, ¿qué? No le queda otra que atajar de inmediato la anunciada renuncia, pero para eso necesita más información.

   -¿Y se puede saber quién le va a pagar al chico el doble?, ¿es alguien conocido?

   -Desconozco quien pueda ser el que le va a pagar tanto al chico, pero parece que es de aquí.

   -No me diga más, debe de ser el malasombra de Manuel Galiana que lleva tiempo fanfarroneando de que quiere ampliar su ferretería con una sección de droguería. Y si lo hace, necesitará de alguien experto en el ramo. Por eso le habrá ofrecio a Julio el oro y el moro, pero ya sabe usté que una cosa es predicar y otra dar trigo.

   -No puedo asegurarle que sea ese Galiana del que habla, pero lo que dice está bien traído.

   -Sabe usté que menos la muerte to tiene solución en la vida. ¿Cómo podríamos arreglar este desaguisao antes de que sea demasiao tarde?

   La maestra sabe que, hasta el momento lo que han hablado han sido fuegos de artificio, a partir de ahora es cuando va a comenzar la negociación de pillo a pillo. Y se apresta a ello, para lo cual debe de ser el Bisojo quien lleve la voz cantante y quien parezca que marca las reglas del juego.

   -No tengo ninguna experiencia en cuestiones como la que nos ocupa, señor Elías, pero a buen seguro que, en su larga vida de comerciante, usted debe habérselas visto en más de una ocasión con problemas como este y más complicados aún –Pilar devuelve la pelota al terreno de su oponente.

   -Pues, aunque pueda parecerle raro, le diré que es la primera vez que me pasa. Julio es mi primer empleao. Hasta el presente, yo y mi mujer nos las hemos apañao solos, pero los años no pasan en balde… Así que el doble eh, ¿y del sueldo o de la comisión?

   -Eso no me lo ha contado el chico –Pilar insiste en llamar a su hijo el chico, como si estuvieran ante la travesura de un adolescente y no de un hombre hecho y derecho-, pero imagino que será el doble del montante del salario y de la comisión que usted le abona.

   -Bueno, los problemas de dinero se solucionan con dinero. ¿Con cuánto calcula usté que se conformaría el chico pa no irse?

   La aragonesa sonríe para sus adentros. Evidentemente, el tío Elías es un pillo negociando y trata de que sea ella la que marque los límites del acuerdo, pero a pillería no le va a ganar.

   -Ya le he dicho que no tengo experiencia en asuntos como este. Solo soy una maestra de primeras letras, aquí el que sabe de negocios es usted.

   El Bisojo, que dista de ser lerdo, percibe que no va a poder llevar a la maestra a su terreno, por lo que se lanza a realizar ofertas concretas.

   -¿Usté cree que se quedaría si le ofreciera aumentarle el sueldo veinte duros al mes? Un aumento de cien pesetas es mucho dinero.

   -No, no lo creo –Doña Pilar acepta el envite del regateo y sabe que en esa fase cuantas menos explicaciones dé mejor le irá.

   -¿Entonces…?

   -Además de subirle el salario tendría que subirle también la comisión, es de lo que más quejoso está.

   -Sabrá usté, que hace na se la subí hasta el siete. Y buenos dineros que se está sacando. No puede pedirme más, ¿no le parece?

    La aragonesa da la callada por respuesta. El droguero, muy a su pesar, intuye que debe subir la apuesta.

   -En el mejor de los casos, y sería un duro recorte pa mis ganancias, podría irme hasta el ocho, lo que puede suponerle una montonera de dinero, ese porcentaje debería ser más que suficiente, ¿no cree?

   Pilar sigue callada, presiente que todavía puede estirar más la cuerda.

   -¿No dice na?, ¿es que el ocho no le parece bastante?

   -Yo estaba pensando en el doce.

   -¡Pero que dice usté, buena mujer, ¡¡el doce!!, solo falta que me diga que le regale la tienda! Así no nos entenderemos, no se puede negociar pidiendo lo que no se puede dar –El Bisojo parece verdaderamente escandalizado, aunque la maestra sospecha que está haciendo teatro, algo que nunca viene mal en una negociación. En lugar de entrar en el clásico tira y afloja de todo pacto, opta por llevar la discusión al terreno en el que sabe que se desenvuelve mejor que su interlocutor, el del análisis.

   -Vamos a analizar el problema, señor Elías. Veamos lo que ambas partes pierden y ganan. Comencemos por el chico –Sigue hablando del chico como si se tratara de alguien ajeno a ella-. Perderá un buen trabajo en el que se siente muy a gusto, pero ganará otro parecido. Perderá una paga mensual con la que no está contento, en cambio ganará otra que le supondrá el doble de sueldo. Y perderá un patrón a quien tiene en alta consideración, y en su lugar tendrá otro que todavía no sabe cómo le tratará. Veamos qué perderá y ganará usted. Perderá a un empleado conocedor del negocio, ganará otro que posiblemente no conozca nada o, en el mejor de los casos, muy poco del negocio. Se ahorrará dinero con el nuevo empleado, puesto que al ser novato podrá pagarle menos que al que tiene ahora. Y perderá un empleado del que sabe que puede fiarse, para tener otro del que no sabrá, hasta que pase un tiempo, si es tan honrado como el que tiene. Dígame usted quien pierde y quien gana más de los dos.

   -Pos yo veo un empate.

   -No hay empate. El chico gana poco, pero usted va a perder mucho. Analicemos a ese hipotético nuevo empleado –Por el gesto que ha hecho el Bisojo, la maestra intuye que lo del hipotético nuevo empleado no lo ha entendido y lo aclara-, me refiero a la persona, sea quien fuere, que deberá contratar para suplir al chico. Hasta donde yo sé, en toda Plasencia solo hay dos personas, mejor dicho tres, que sepan de droguería. Una es usted, que por ahora está fuera de juego y, desgraciadamente, lo puede estar bastante tiempo. Otra es su esposa, que desafortunadamente está todavía peor. Y el tercero, aunque a mucha distancia, está el chico. Si emplea a alguien de la ciudad forzosamente tendrá que ser un novato en el negocio. ¿Cuánto tiempo tardará en ponerse al día?, ¿dos meses, tres, cuatro?, ¿y mientras tanto qué? Se lo diré: las ventas caerán en picado y, lo que es peor, puede dar lugar a que alguien abra una nueva droguería.

   -Cualquiera diría que es usté andaluza por lo exagerá que es. Me basto y me sobro pa poner al día a cualquiera que no sea una acémila en menos de una semana.

   -No soy quien para enmendarle la plana, pero permítame que lo dude. Por lo que me ha contado el chico la droguería es un negocio muy complejo y muy diferente a la mayoría de comercios. Por ejemplo, en una zapatería se venden muchos tipos de zapatos, de diferentes modelos, colores, materiales, etcétera, pero siempre se trata del mismo artículo, zapatos. En cambio, en una droguería se venden decenas y decenas de artículos que se parecen entre sí lo que un huevo a una castaña pilonga. Eso no se aprende en un mes ni en cinco, por muy bien que usted lo enseñe, y aunque el que contrate sea el más listo del pueblo.

   -Bueno, pues buscaré a alguien de fuera –El Bisojo tiene siempre la réplica a punto.

 

PD.- Hasta el próximo viernes en que, dentro del Libro II, Julia, de la novela Los Carreño, publicaré el episodio 57. Una alumna deplorable

martes, 1 de septiembre de 2020

*** Post info. 14. Próxima inclusión en el blog de la novela "Las dos guerras de Aurelio Ríos"


   Como habrán advertido los lectores, he modificado el prólogo del blog. He pensado que la explicación que daba del contenido del mismo se podía presentar de una forma más clara y más ajustada a las obras archivadas en él. Y, sobre todo, porque desde la próxima semana el blog contendrá un archivo nuevo: Las dos guerras de Aurelio Ríos, la primera obra de ficción que escribía desde una pésima narración que pergeñé al salir de la adolescencia.

   Mi primera novela comencé a escribirla en 2005; fue una especie de placebo para mitigar la pena por el fallecimiento de mi esposa. Me costó terminarla casi cinco años y, como aún no había descubierto las posibilidades que brinda internet, desde el primer momento tuve la intención de que, si algún día la publicaba, sería en la forma tradicional, en papel. Logré que la Diputación de Castellón se interesara por la obra y publicó la primera edición de Las dos guerras de Aurelio Ríos. La tirada se agotó y, posteriormente, hice por mi cuenta una corta edición de la que me quedan un puñado de ejemplares que no los vendo, los regalo. 

 

   Cuando descubrí, gracias a mi amigo Ricardo G. Ballarín, las posibilidades que tenían los blogs, ya no me preocupé por buscar editores, colgué mis relatos en el blog que creé explícitamente para ello, senillar.blogspot.com.es. En él están recogidas mis cuatro novelas posteriores, presentadas por episodios, y que por orden cronológico son: La pertinaz sequía, Apartamento con vistas al mar, El robo del Tesoro Quimbaya y Una playa aparentemente tranquila. Y ahora estoy colgando los episodios de la narración que estoy escribiendo, Los Carreño.