viernes, 14 de agosto de 2020

Libro II. Episodio 53. Igual acabo haciendo carrera

   Al preparar su próximo viaje, Julio, además de no detenerse en los pueblos chicos, ha resuelto que dadas las cortas distancias entre las localidades de La Vera parará en dos el mismo día, una por la mañana y otra por la tarde. Lo que no tiene resuelto es como informar de su llegada a los vecinos de los pueblos en que hará las paradas, hasta que su madre le brinda una solución.

   -Lo que podrías hacer es llamar a los alguaciles de los municipios que vas a visitar para que el día anterior lo pregonen -Y evocando los tiempos en que vivieron en San Martín rememora-. No sé si te acuerdas que de crío te gustaba seguir al tío Paquito, el alguacil, que después de tocar el cornetín empezaba la mayoría de sus pregones diciendo: de orden del señor alcalde, se hace saber...


   -Lo recuerdo y lo que sugieres puede valer. Y ya que estamos metidos en harina, ¿puedes contarme más cosas sobre La Vera?

   Doña Pilar le explica que la comarca de La Vera está delimitada por el Valle del Jerte, la provincia de Ávila, la de Toledo y la comarca de Plasencia, y está regada por el río Tiétar. Y como le contó, es la zona más tabaquera de la península, lo que le lleva a hablar del real monopolio del tabaco: desde el siglo XVIII, casi una tercera parte de los ingresos ordinarios de la Corona española provienen del monopolio fiscal del tabaco, y el estado protege policialmente dicho monopolio persiguiendo a los que trafican al margen. El contrabando del tabaco, como variante específica del contrabando en general, tiene un carácter endémico en la sociedad española y en especial en los territorios en que se cultiva, como es el caso de La Vera.

   -Los agricultores tabaqueros –prosigue Pilar- deben declarar el monto de la cosecha, que el Gobierno adquiere a precio oficial, pero donde ganan buenos dineros es vendiendo de tapadillo tabaco en rama o en hojas secas.

   -O sea, que la mayoría de compradores que puedo tener en La Vera son contrabandistas –comenta Julio con ironía.

   -Yo no les calificaría así, realmente son agricultores que salen adelante vendiendo a hurtadillas aquella parte de la cosecha que pueden esconder del voraz apetito fiscal del gobierno de turno. Si no lo hicieran malvivirían y haciéndolo, no es que se hagan ricos, pero sacan adelante a sus familias. Son defraudadores fiscales por necesidad.

   Julio, que algo ha aprendido de los errores de sus anteriores viajes, en esta ocasión planifica meticulosamente el desplazamiento. Puesto que la distancia de Plasencia a su primera parada, es de unos veintisiete kilómetros, calcula que le costará llegar toda la mañana del primer día, venderá por la tarde y, si puede, hará noche en Jaraíz de la Vera. Allí venderá por la mañana y por la tarde en Cuacos de Yuste. Dormirá en Aldeanueva de la Vera, donde estará hasta mediodía, y por la tarde irá a Losar de la Vera, abrirá el puesto y dormirá allí. En la cuarta etapa, se desplazará hasta Villanueva de la Vera y, según como vayan las ventas, llegará hasta Jarandilla. En principio, ha decidido acortar la ruta porque las siete jornadas que empleó en su anterior viaje le resultaron pesadas. Otras providencias que ha tomado, y estas no se las ha contado a su madre porque sabe que no las aprobaría, se refieren a la comida y la pernoctación. Comerá las menos veces posibles en posadas y ventas, en su lugar ha comprado provisiones de mano, pan y una bota de vino. Y en cuanto a pernoctar, se ha hecho con una colchoneta enrollable, dos mantas y un cojín a modo de almohada, y mientras dure el verano dormirá en el carro. Luego le pasará los correspondientes, aunque no realizados, gastos de manutención y pernocta al Bisojo. Es consciente de que lo que piensa hacer no es que sea muy honesto, pero tranquiliza su conciencia diciéndose que más que robarle al Bisojo lo que hará será ganarse unas pesetillas a costa de su comodidad, pues evidentemente no es lo mismo dormir en una cama que en el carro, como no es igual comer en una venta que zamparse un bocadillo.

   El lunes, Julio se pone en camino hacia Tejeda del Tiétar con el carro cargado de productos, también lleva aperos de labranza y hasta un arado que, por su peso y volumen, merma la capacidad del carro para transportar otros artículos de menor tamaño, pero de mayor beneficio. Piensa que eso es algo a discutir con el Bisojo para los siguientes viajes. Llega a Tejeda y se va a una taberna donde encarga una ensalada y media botella de vino y almuerza con las viandas y el pan que lleva. Por la tarde, cuando llega a la plaza ya hay clientas esperándole, se ve que el pregón del alguacil ha hecho efecto. Cuando acaba se marcha a Jaraíz de la Vera. Allí estrena el lecho de la colchoneta enrollable. No duerme demasiado bien, aunque piensa que todo será cuestión de acostumbrarse. Por la mañana abre el puesto en Jaraíz que, con sus más de dos mil doscientos vecinos, ha de ser una de las plazas fuertes del viaje, pues además el pueblo es conocido como la capital española del pimentón. Aquí las ventas son de las mejores que ha tenido hasta la fecha.

   Por la tarde emprende camino hacia Cuacos de Yuste. Mientras recorre el polvoriento camino piensa que se acerca a uno de los lugares más emblemáticos de Extremadura, pues cerca del pueblo está el Monasterio de Yuste en el que vivió Carlos I de España y V del Sacro Imperio Romano Germánico tras su abdicación, y donde murió. Las ventas son discretas y se dirige a Aldeanueva de la Vera donde espera aumentarlas al ser una plaza de buen poder adquisitivo, pues es uno de los mayores productores de tabaco, y además su pimentón está entre los de mayor calidad, conservando la tradición artesanal de su secado con humo de encina y roble, que le da una fragancia y color que lo hacen inconfundible. Como preveía, las ventas se disparan, por lo que se permite el lujo de cenar en la posada, pero luego se va a dormir al carro. A media noche le despiertan unos ruidos.

   -¡Quién va por ahí! –vocea.

   Al oír su grito, dos individuos que estaban pegados a los adrales del carro echan a correr. Julio solo es capaz de percibir dos bultos que rápidamente desaparecen tras una esquina. ¿Habrán pretendido robarme?, se pregunta, y es cuando se da cuenta de que no tiene nada con que defenderse. Quizá sería aconsejable que me agenciara una escopeta, piensa. Por la mañana se dirige a Jarandilla de la Vera que, con sus cerca de dos mil vecinos, será otra de las plazas fuertes para la venta. Los pronósticos se cumplen y vuelve a tener unas ventas excelentes. En cuanto recoge se pone en camino hacia Losar de la Vera a unos seis quilómetros. Aquí no despacha tanto como creía. Finalmente, opta por acercarse hasta Villanueva de la Vera, otra población de más de dos mil doscientos habitantes y donde las buenas ventas le confirman lo acertado de su decisión.

   Van pasando los meses y Julio se encuentra cada vez más cómodo en la venta ambulante. Empieza a conocerse al dedillo los caminos de la zona norte cacereña. Está cogiendo el tranquillo a las compradoras –pues la mayoría de sus clientes son mujeres-, y ha averiguado que productos son los más demandados según la localidad. El único pero del trabajo es la cerrazón del Bisojo en no aumentarle el salario, por lo que se dice que no le queda otra que incrementar las ventas para que su modesto cinco por ciento sea relevante.

   En cuanto a las rutas, la experiencia le ha enseñado que no debe desplazarse más de sesenta y tantos kilómetros de Plasencia porque para el regreso emplea toda una jornada. De manera que, tomando como centro la ciudad placentina y trazando un imaginario círculo, los pueblos que caen dentro del mismo son en los que piensa vender. Por el norte, llega hasta Béjar, en la provincia de Salamanca, que con algo más de doce mil habitantes es la localidad más poblada que frecuenta y en la que más vende, pues la ciudad cuenta con una incipiente industria textil, caso único en las provincias del occidente peninsular. Por el nordeste, arriba a Tornavacas, cuyo puerto situado en el extremo occidental de la Sierra de Gredos, y donde nace el río Jerte, es la cabecera del valle del mismo nombre. Hacia levante, y puesto que la comarca es la más rica, se alarga hasta Villanueva de la Vera. Por el sudeste, llega a Navalmoral de la Mata que, con sus cuatro mil quinientos vecinos y estar cruzado por la carretera de Madrid a Badajoz, es un fuerte punto de venta. Hacia occidente, arriba a Coria que se halla en el centro de la llanura del Valle del Alagón. Finalmente, por el noroeste tiene dos rutas, una llega hasta Nuñomoral, población sita en la comarca de Las Hurdes, a la que va contadas veces pues es una zona muy pobre, y, en la otra ruta del noroeste, se desplaza hasta Almaraz, en la comarca del Campo Arañuelo.

  La planificación de cada viaje no es la misma, depende de donde vaya. Ha descubierto que no todos los artículos se venden por igual y que las ventas son estacionales. Hay una excepción: los artículos parafarmacéuticos y medicamentosos se venden por igual en todas partes y durante todo el año. Esta venta tiene una limitación: no puede venderlos en aquellas localidades que cuentan con botica, pues los farmacéuticos lo denuncian, pero como farmacias solo las hay en los pueblos grandes, en los demás son los productos de mayor salida y encima tienen la ventaja de que suelen venir en envases pequeños y de escaso peso, con lo cual puede acarrearlos en mayor cantidad. A ese respecto, su madre le dio una sugerencia: que los aperos agrícolas, grandes y pesados, los venda únicamente previo encargo, de ese modo no los acarreará en vano. Otra medida que ha mejorado para contactar con los alguaciles de las localidades que va a visitar en la siguiente semana es mandarles noticia por medio de los recaderos de los pueblos que se desplazan al mercado semanal de Plasencia. Con toda esa serie de medidas, Julio piensa que está en disposición de convertirse en un vendedor itinerante eficaz. Igual acabo haciendo carrera con la droguería, se dice.

 

PD.- Hasta el próximo viernes en que, dentro del Libro II, Julia, de la novela Los Carreño, publicaré el episodio 54. Tendrías que ir como un pincel

 

viernes, 7 de agosto de 2020

Libro II. Episodio 52. Lo que no deja se deja

 

   En la sobremesa de la posada de la villa de Jerte, al preguntar uno de los vendedores trashumantes porque el pueblo tiene tantos edificios nuevos, el posadero lo explica:

   -Las casas nuevas se las debemos a los gabachos de cuando la Guerra de la Independencia. Como los jerteños de entonces se negaron a suministrar bastimentos a las tropas napoleónicas y además las atacaban, en mil ochocientos nueve, y como represalia, los soldados franchutes quemaron el pueblo. Luego hubo que reconstruir las casas de la localidad.

   A la mañana del séptimo día, Julio se pone en camino de vuelta. Ha sido una semana en la que ha aprendido mucho sobre la venta ambulante y sobre el negocio de los productos de droguería, fármacos y artículos de toda índole que acarrea. En cuanto llega a Plasencia lo primero que hace es pasarse por la tienda para informar al Bisojo, darle la recaudación y decirle que tras dejar a la Pelona en su cuadra volverá para pasar cuentas e intercambiar impresiones.

   -No tengas prisa, chico, que no me voy a ir a ningún lao. Lo que debes hacer en cuanto dejes el carro y la mula es irte a tu casa, darle un beso a tu señora madre, asearte, ponerte ropa limpia, comer algo caliente y mañana, sin prisas, te pasas por aquí.

   Siguiendo el consejo del patrón, llegado a casa Julio se mete, tal y como vino al mundo, en el pilón que hay en el patiecillo, se quita el polvo y la mugre de siete días de viaje, se pone ropa limpia y se sienta a tomar un vaso de pitarra. Todavía le queda un culo del caldo cuando llega su madre.

   -¡Hijo, que alegría, ya de vuelta! Cuéntame, ¿qué tal ha ido este segundo viaje?

   -Mejor de lo que esperaba, pero ahora solo pienso en comer, tengo un hambre de lobo. En la vuelta no he comido más que unos cachos de pan seco, unas rodajas de embutido y un puñado de cerezas, de las que te he traído un cestillo.

   -¡Las cerezas del Jerte que algún día serán famosas en toda España! Siéntate y descansa mientras preparo la cena y me sigues contando el viaje.

   Julio hace un detallado relato de su periplo a través de ambas orillas del Jerte. Cuando el joven termina, llega el turno de las preguntas de su madre.

   -Globalmente, ¿cómo calificarías el viaje?

   -De positivo, con reparos. Las ventas, con alguna excepción, no han ido mal gracias a que he ido cuando se cobra la cosecha de la cereza y el dinero circula con fluidez. En cuanto a la gente con la que me he cruzado me ha tratado si no amable, sí correctamente –Es decir eso y acordarse de la vecina de Rebollar que no le dejó su pajar para dormir-,… aunque con salvedades. En cuanto a los aspectos negativos, básicamente son dos. Uno que el señor Elías puso en el plan de viaje a pueblos con cortos vecindarios. Al haber poca gente, los clientes también son pocos y por consiguiente son pocas las ventas. El otro es que he traspasado el Jerte un montón de veces para ir a pueblos con unos pocos centenares de vecinos, y en ocasiones he debido desandar lo que ya había andado y eso te hace perder un montón de tiempo.

   -Otra pregunta, ¿qué piensas decirle mañana a tu patrón?

  -Le voy a decir que pienso continuar con el trabajo, que empieza a gustarme, pero que tengo que ganar más. Con el sueldo que me paga ahora más la comisión no voy a ninguna parte, necesitaría una pila de años para ahorrar unos pocos miles de pesetas. Para que siga es imprescindible que o me aumente el sueldo o me suba la comisión. Y mejor, ambas cosas.

   -¿Le vas a proponer cifras concretas? –se interesa la madre.

   -Del sueldo no lo tengo decidido, pero de la comisión sí, tendría que ser al menos el diez por ciento y mejor si fuera el quince.

   -No te lo va a dar –asegura de manera tajante Pilar-. El señor Elías es buena gente, pero también muy tacaño. Además, no tiene experiencia como patrón, tú eres el primer empleado que contrata. Lo que ahora haces tú, antes lo hacía él y cada punto de porcentaje de más que le pidas le va a parecer que se lo robas.

   -Pues lo voy a sentir, pero se quedará sin empleado –afirma Julio muy convencido.

   -No rompas la baraja, hijico. No la rompas, al menos hasta que tengas un as en la manga.

   -O sea, que me pides una vez más que me aguante –exclama, irritado, el joven.

   -No, lo que te aconsejo es que no plantees la propuesta como un trágala, sino de manera que si no acepta tu petición dejes margen para que pueda hacerte una contraoferta. En definitiva, que negocies con él, no que le digas o blanco o negro; el gris es el color que más abunda.

   Al día siguiente del viaje por el Jerte, el Bisojo recibe a Julio con su mejor sonrisa.

   -Chico, no sabes cuánto me alegro de que las ventas hayan ido bien. Ya te dije que después de la cosecha de las cerezas el dinero corre en el valle que da gusto. Cuéntame los detalles.

    Julio le hace un pormenorizado relato de su viaje. Asimismo, le explica que en su opinión habría que hacer algunos cambios en la ruta para próximos viajes. El Bisojo le escucha atentamente, y cuando el mañego termina la exposición le da su opinión.

   -Eso de eliminar los pueblos con poco vecindario me parece bien hasta cierto punto. Quiero decir que borrarlos del to de nuestra lista no es de recibo, pero lo que si podríamos hacer es visitarlos con menos frecuencia. Habría que hacer un calendario marcando las fechas que en esos pueblines corre más el dinero, además de cuando la recogía de las cerezas, cuando las matanzas de los guarros, la época de la venta de los lechales y añojos y cuando celebren la feria anual. ¿Qué te parece?

   -Creo que es un planteamiento muy acertado –Julio está por contentar al Bisojo para que acoja mejor las peticiones que tiene en cartera.

   -¿Algo más que contarme?

  Julio carraspea para aclararse la voz, quiere que suene alta y clara para lo que va a pedir a su patrón.

   -Pues verá, señor Elías, si echa cuentas se habrá percatado de que, sumando el sueldo más la comisión del cinco por ciento, lo que voy a ganar, después de un viaje de siete días por caminos que en muchos casos solo son trochas, es poca cosa…  

   -Lo de poca cosa no es del todo cierto –le ataja el Bisojo-, te vas a llevar un buen dinero teniendo en cuenta que es tu primer trabajo honrao –Lo de honrado lo ha dejado caer con cierta sorna-, y que pa un mozo como tú, soltero y sin compromiso, que vive en casa de su madre y que tiene pocos gastos, no está nada mal. Y lo has ganao sin mancharte las manos ni doblar el espinazo. ¡Cuántos quisieran estar en tu lugar!

   Este cabrón, piensa Julio, que duro es de pelar; no le queda otra que contraargumentar.

   -Tiene usted razón, señor Elías, al menos en parte. Es cierto que es mi primer trabajo desde que volví de la mili, también lo es que vivo con mi madre. Lo de no mancharme las manos no lo es tanto porque en más de una ocasión el carro se quedó atascado en un riachuelo y tuve que remangarme y tirar de azada para poder salir del atolladero. En cuanto a lo de que sigo soltero eso es probable que cambie pronto. Conocí a una chica en Cabezuela –Julio está improvisando sobre la marcha pues lo que va a contar se lo está inventando- que me ha hecho reconsiderar mi soltería. No puede imaginarse lo maja y lo bien plantá que es la moza. Le tiré los tejos y no me hizo ascos. Por lo que he resuelto que voy a empezar a ahorrar porque algún día, posiblemente no muy lejano, pienso casarme. Y con el sueldo más la comisión actual he calculado que voy a tener que trabajar al menos cinco o seis años para tener ahorrado lo suficiente para la boda.

   -Me parece muy bien que sientes la cabeza, ya tienes edad pa ello, pero lo que cuentas no son más que proyectos. Cuando vengas con las amonestaciones hechas por el cura de tu parroquia, entonces hablaremos de subida. Y a lo mejor no te subo solo la comisión, sino también el sueldo. Mientras tanto, dejemos las cosas como están.

   Por mucho que el mañego insiste, el Bisojo no se apea del burro. Julio vuelve a casa con la moral por los suelos. No solo porque su patrón ha rechazado sus peticiones, sino también porque en el último momento no ha tenido el valor suficiente para poner pie en pared y decirle al Bisojo que se busque otro empleado. En cuanto llega a casa su madre le consuela.

   -Creo que has hecho bien en callarte, hijo. Ya te dije que un ultimátum, y más con gente como el señor Elías, no suele dar buen resultado. Ahora bien, lo que debes hacer es no desanimarte, al contrario, que este traspié te sirva como acicate para espolear tu imaginación. Deberías de concentrarte en pensar por qué medios, siempre honestos, puedes incrementar tus ingresos al margen de las limitaciones que te impone el patrón.

   -Eres como mi amigo Chimo, siempre ves la botella medio llena.

   -Ya que citas a tu amigo valenciano, ¿él no se dedica a los negocios?, pues te sugiero que le escribas y le cuentes lo que te ocurre. Si es tan espabilado como lo pintas, quizá tenga algún consejo que darte.

   Julio se olvida por el momento de sus diferencias con el Bisojo y se apresta a preparar su próximo viaje que será por la comarca de La Vera. En la planificación de este viaje es cuando comienza a proyectar planes que no siguen al pie de la letra las órdenes de su patrón. Uno es que no piensa parar en los pueblos más pequeños, por lo que borra de su ruta localidades como Arroyomolinos de la Vera y Pasarón de la Vera, y se queda con las de mayor vecindario. Su madre le ha explicado que los municipios que integran La Vera son muy dependientes de la agricultura, siendo los principales cultivos de la zona el tabaco y el pimiento, sobradamente conocidos en muchas partes del país, y termina afirmando:

   -Dentro del marco de pobreza que caracteriza a Extremadura, La Vera es una comarca bastante rica, gracias especialmente al monopolio del tabaco.

   Julio, aunque no es fumador, sabe que la comercialización del tabaco está regulada por el estado, pero no conoce a fondo en qué consiste lo del monopolio; aunque no es el tabaco la idea que da vueltas por su mente sino lo poco que gana, y vuelve a plantearse la idea de que lo que no deja se deja.

 

PD.- Hasta el próximo viernes en que, dentro del Libro II, Julia, de la novela Los Carreño, publicaré el episodio 53. Igual acabo haciendo carrera