viernes, 24 de julio de 2020

Libro II. Episodio 50. La alternativa


   Julio y el Bisojo están conversando sobre la mecánica de la venta ambulante, y como es la segunda vez que este le dice que promete, el mañego se revuelve.

   -¿Y qué prometo, ser el peor vendedor de artículos de droguería que hay en la provincia?

   -De eso na, chico, si negocias como lo has hecho en la compra de la mula te vas a bandear bien. Lo digo yo que algo entiendo de este negociejo –afirma el patrón.

   En la etapa de aprendizaje, el Bisojo explica a Julio los productos que hay en la droguería y que, entre otros muchos, son: artículos de belleza, alimentos especiales, artículos especializados para el hogar, aperos y productos para el campo; a lo que el viejo droguero añade artículos de salud y productos parafarmacéuticos. Julio se asombra ante la multitud y heterogeneidad de los productos que tendrá que vender.

   -Madre, me parece que me he metido en un buen fregado. No puedes imaginarte la cantidad de artículos que vende el Bisojo y lo diferentes que son. Aquello es como un mercadillo de feria.

   -Hijico, dos cosas. Una, que no sigas llamando Bisojo al hombre que te va a dar de comer, acostúmbrate a llamarle señor Elías. Otra, que cuanto más diferentes sean los productos que ofertes más posibilidades tendrás de venderlos, porque en cuestión de gustos no hay nada escrito.

   Otra tarea que aguarda al mañego es aprender a hacerse con el control del carro y la mula. Lo primero que piensa es que tiene que ponerle un nombre al animal. Como la mula está recién esquilada la llama Pelona. Es una mula relativamente joven, torda y de genio vivo. El Bisojo le enseña cómo ha de aparejarla al carro, tipo galera, que tiene una vela semicircular que le protegerá, hasta cierto punto, de la lluvia y el sol. Completa el equipamiento un tosco sistema de frenado sobre las dos ruedas, dos varas de apoyo que mantienen horizontal el carro cuando la mula no está uncida y un farol de aceite como luz piloto para los viajes de noche. Tras explicarle todo ello, el droguero le hace un rudimentario mapa de las primeras poblaciones a visitar en función de su distancia a Plasencia.

  -Perdone, señor Elías –le interrumpe Julio-, pero la distancia no debería ser el único criterio para confeccionar una ruta, será igual de importante la ubicación y el censo de los pueblos. Vamos, digo yo.

   -Por supuesto que hay más criterios, chico. Hay que tener en cuenta el número de habitantes, la situación del pueblo y la época en que es más rentable visitarlos. Por ejemplo: en el Valle del Jerte hay que ir cuando se cobra la cosecha de las cerezas porque es cuando corre más la guita, y en la comarca de La Vera después de la cosecha del tabaco. Otra cosa que debes tener en cuenta son los días de mercado de cada localidad. Y también habrás de tener presente aquellos pueblos que no tienen botica, pues en ellos podrás vender productos medicamentosos que donde hay farmacias no podemos, ya que los boticarios nos denuncian por venta ilegal de medicamentos.

   Julio se vuelve a casa pensando que su nuevo trabajo no va a ser tan fácil como vender bisutería. Son muchas las variantes que ha de tener en cuenta a la hora de confeccionar las rutas de viaje. Cuando lo consulta con su madre, Pilar le sugiere que elabore un cuadro de doble entrada con los nombres de los pueblos en las ordenadas y las diferentes variantes a tener en cuenta en las abscisas, y que le atribuya un valor discrecional a cada variante. Las localidades con mayor valoración serán a las que deberá dar prioridad a la hora de elaborar las rutas. Siguiendo el consejo materno, Julio elabora los primeros itinerarios del norte y del oeste, teniendo en cuenta los valores obtenidos. Le salen: la ruta del Valle de Ambroz, al norte de Plasencia, y la del Valle del Jerte, al nordeste. Hacia el oeste confecciona otras dos, una más al norte que termina en Guijo de Granadilla, y otra al sudoeste que acaba en Coria. En total le salen veintitrés poblaciones a visitar.

   -No sé si son muchos pueblos, madre, ¿qué te parece?

   -Hijo, de esto sé menos que tú, por tanto no tengo opinión, pero te sugiero que tus primeros viajes te los plantees como si fueran un ensayo y luego valoras como te ha ido. Aplica el clásico método de ensayo y error.

   Cuando el Bisojo considera que el aprendiz cuenta con suficientes conocimientos sobre el amplio espectro de la droguería, le llama.

   -Chico, ¿tú sabes qué es dar la alternativa?

   -Sí, señor Elías, cuando doctoran a los novilleros, pasando a ser matadores de toros.

   Equilicuá!, pues te voy a dar la alternativa. Mañana, que es día de mercado en Oliva de Plasencia, vamos a ir allí. Voy a acompañarte para que veas como se debe llevar el negocio.

   Al día siguiente, y tras aparejar la mula, patrón y empleado toman camino a Oliva sobre las seis de la mañana, pues la gente que acude a los mercados es madrugadora. El día está nublado y han de encender el farol que, con su macilenta luz, sirve más para que otros vehículos los identifiquen que para iluminar el polvoriento camino. En cuanto salen de la ciudad, el Bisojo le da las riendas de la mula al mañego.

   -Toda tuya, a ver cómo te manejas.

   Durante el viaje, el droguero le explica a su joven empleado lo que se va a encontrar en el mercado del pueblo y como debe proceder a la venta de los productos. También le cuenta que una premisa básica de los mercadillos, y que es uno de sus reclamos, es que en ellos casi nunca hay precios fijos, lo habitual es el regateo.

   -Para los artículos más solicitaos y necesarios debes mantenerte en el precio fijao, na de regateos ni rebajas. Si alguien te pide medio quilo de sosa o un frasquito de tintura de yodo es porque los necesita, no los rebajes ni un céntimo. Puedes regatear en aquellos artículos que tienen un mayor margen de ganancia y sobre to que no sean imprescindibles, por ejemplo un pintalabios o una crema pa la cara. Has de acordarte cual es el precio de cada producto y como te has hecho una lista, si no lo recuerdas, consúltala. Y hablando de regateo, al no haber precios fijos nunca sabré a cómo has vendido un artículo, por eso en este trabajo la honradez es fundamental. Tu madre tiene fama de ser honrá a carta cabal y me ha asegurao que tú también lo eres, pero quien ha de responder de tu comportamiento eres tú, no tu madre –El Bisojo le sigue contando que otra de las causas de que los mercados al aire libre suelan ser un aceptable negocio es que los gastos generales que tienen los vendedores son menores que los de los comercios tradicionales, ya que no tienen que hacer frente a gastos fijos y considerables como el alquiler de un local. Suelen ser negocios unipersonales o familiares y en muchos puestos lo que se vende consiste en restos de serie, productos con taras o excedentes de fabricación que se han comprado directamente a los fabricantes. Otro motivo que atrae a los compradores es que la mayoría de artículos se venden más baratos que en los comercios tradicionales.

   En algo menos de dos horas se plantan en la localidad, que hoy está concurrida al ser día de mercado. El zoco está instalado al aire libre en la plaza de la iglesia, formado por una treintena de puestos consistentes la mayoría en una manta tendida en el suelo y en la que se apilan los artículos que cada feriante oferta. Hay unos pocos puestos que son tenderetes construidos con unos soportes de madera en forma de aspa sobre los que se coloca un tablero a modo de mostrador. Los productos que se venden son de lo más variado: alimentos de toda clase, ropa, zapatos y alpargatas, productos para el hogar, baratijas, menaje, plantas con cepellón, fertilizantes y hasta hay un puesto con semillas. El Bisojo le enseña cómo se monta el tenderete y como hay que disponer los artículos para que los clientes puedan verlos mejor.

   -Hoy no ha venido el Carapán, vamos a ser los únicos drogueros –señala el Bisojo que se explica-. Es un droguero de Navalmoral de la Mata que a veces se llega hasta aquí. No es que su competencia me haga sombra, pero mejor si no aparece. Otra cosa que se me había olvidao contarte. Pa vender hay que tener la licencia del ayuntamiento y pagar la tasa correspondiente. El precio varía según el pueblo y hasta de un año a otro, depende de la necesidad de cuartos que tenga el municipio. Y si llega el municipal a cobrar, y yo no estoy, dile que vuelva más tarde que ya le pago. ¿Serás capaz de acordarte de todo o te he dao la alternativa antes de hora?

   La mañana transcurre sin demasiadas ventas. La mayoría de compradores miran y revuelven los artículos, pero cuando preguntan el precio todo les parece caro. Cerca de las dos, el Bisojo decide cerrar el tenderete.

   -Chico, te espero en la taberna de enfrente. Dale pienso y agua a la mula. Has de cuidarla como a la niña de tus ojos, sin ella no hay negocio, por eso antes de preocuparte por tu pitanza has de ocuparte de la suya.

   Después de comer, patrón y empleado emprenden el viaje de regreso. El Bisojo le cuenta a Julio que la venta no ha sido gran cosa, pero que tampoco esperaba mucho más.

   -En estos pueblos de pan vivir, las ventas nunca suelen ser muy provechosas, pero a pesar de to hay que mantenerlos en la ruta porque hay varios momentos a lo largo del año que si se gastan los duros. Cuando las fiestas patronales, después de la siega, cuando venden los guarros y durante la feria anual. Si no vienes con alguna regularidad parece que te olvidan y les resulta más cuesta arriba comprarte. Otra cosa, habrás visto que no me canso de dar palique a las clientas. Eso es muy importante, con las mujeres hay que darle a la labia to lo posible. No hay que ser estirao ni parco en el decir pues entonces no vendes ni una escoba. Con los hombres se puede tener menos parloteo, suelen ir al grano.

   Julio, como si fuera una esponja, va absorbiendo cuanto le explica el patrón. Es consciente de que tiene mucho que aprender. Cerrada la noche llegan a Plasencia. Tras dejar a la Pelona en el establo se marcha a casa mientras va pensando: no sé si la alternativa que me ha dado el Bisojo habrá sido antes de tiempo.

 

PD.- Hasta el próximo viernes en que, dentro del Libro II, Julia, de la novela Los Carreño, publicaré el episodio 51. Un viaje por el Jerte

viernes, 17 de julio de 2020

Libro II, Julia, de la novela Los Carreño. Episodio 49. Tú prometes, chico.


   Julio despierta sobresaltado, ha tenido una pesadilla: pretendía besar a Consuelo, pero la joven apartaba la cara. Intenta volver a dormirse, pero no lo consigue. Ya no suele pensar en la que fue su novia, pero sueña frecuentemente con ella. En su subconsciente parece que sigue manteniendo la relación con la chinata, lo que le tiene perplejo. Su vida de recién licenciado también es confusa. Se ha dado unos días de descanso para adaptarse a la vida civil, pero al estar acostumbrado a la rutina de su vida en Palma el no tener nada concreto que hacer acentúa su confusión. Desde que volvió del ejército vive con su madre en la casa que Pilar ha alquilado en Plasencia. Suele levantarse tarde, sale a dar una vuelta y tomarse unos vinos, aunque ahora los caldos extremeños le saben un tanto ásperos. Por la tarde su plan de vida es parecido. El hecho de deambular sin norte por la ciudad le lleva a preguntarse: y si encuentro a Consuelo, ¿qué hago, la saludo, paso de largo o le escupo a la cara? No, eso no debo hacerlo, no se le escupe a una madre, piensa  -Le han comentado que Consuelo está embarazada-. Continúa así hasta que pasados unos días Pilar le llama al orden, suavemente, pero lo hace.

   -Julio, hijico, supongo que pasar de la vida militar a la civil tiene su aquel, pero creo que va siendo hora de que pongas los pies en la tierra. Tienes veintitrés años y has de decidir qué hacer con tu vida. ¿Has pensado en el empleo del señor Elías? Lo digo porque en algo tendrás que trabajar. Los duros que has traído de Mallorca se te van a acabar en cuatro días, ¿y entonces qué vas a hacer?

   -Madre, es que no me veo yendo por los pueblos vendiendo objetos y productos de los que no sé un carajo. Además, ¿qué clase de vida será esa?, ¿dónde dormiré, dónde comeré…? ¿He estudiado para acabar llevando una vida como la de los chamarileros y los quinquilleros?, hoy aquí, mañana allá.

   -Bueno, hijo, tampoco exageres. Los chamarileros comercian con objetos viejos o usados y en cuanto a los quinquilleros, casi todos gitanos, se dedican a arreglar ollas y demás cacharros de metal. Y tú no eres gitano, no vas a reparar ollas, ni vas a comerciar con objetos viejos y usados. Venderás productos de droguería que, en ciertos momentos, todos necesitamos. Ahora bien, si no te gusta ese trabajo no pasa nada. Solo tendré que darle las gracias al señor Elías y punto –afirma Pilar un tanto molesta.

   -No te enfades, madre, me lo pensaré, pero antes me voy a ir unos días a San Martín, saludaré a los amigos y a ver si el aire de la sierra me aclara las ideas.

   Julio marcha a su pueblo natal donde todo el mundo le saluda con afecto. Constata que en San Martín las cosas están más o menos como cuando vivía allí; la gente sigue trabajando en los campos, apacentando el ganado, elaborando el pitarra y cuando tienen la oportunidad, y andan cortos de dinero, se internan más allá de la Raya y alijan lo que pueden, casi siempre en pequeñas cantidades. Una vida de subsistencia y poco más. No, tampoco está dispuesto a vivir así. Los tres años transcurridos en Mallorca le han enseñado que hay mejores formas, y sobre todo más rentables, de ganarse la vida. No quiere llevar una existencia gris y mediocre, al menos en lo material, como la llevada hasta ahora; aspira a más, lo que ocurre es que todavía no tiene una idea nítida de qué es ese más. Bueno, veamos que puedo hacer en el campo de la contabilidad, piensa. En cuanto vuelve a Plasencia se lo dice a su madre.

   -Voy a hablar con el profesor Hernández.

   -Me parece buena idea, pero te adelanto que no es el mismo que dejaste. Ha envejecido mucho y, prácticamente, ha dejado de trabajar. No sé si lleva alguna contabilidad, pero si lo hace deben ser contadas. En cualquier caso, quizá pueda ofrecerte trabajo si es que quieres seguir con lo de contable.

   -Ahí me duele, madre, que no tengo nada claro lo que quiero. Mi amigo Chimo Puig, del que tanto te hablaba en mis cartas, me aconsejó que si quería hacer fortuna debería trabajar para mí y no para otros. Y tanto si acepto la oferta del Bisojo como si llevo las cuentas de otros no pasaré de ser un asalariado…

   -¿Y qué hay de ese comercio del que tanto hemos hablado en nuestra correspondencia?

   -Me pasa lo mismo, que no tengo nada claro qué puedo emprender. Noto que me falta empuje, decisión… La verdad es que me encuentro un poco perdido, no hago más que dar palos de ciego.

   -Bueno, hijo, tómate las cosas con calma, pero sin perder el ánimo. Es una buena decisión que vayas a charlar con Hernández. Por algo hay que empezar.

   Como le previno su madre, Julio encuentra a su antiguo profesor hecho una ruina. Se le ve demacrado, con profundas ojeras, la boca chupada por la falta de dientes y además se ha quedado sordo, ha de elevar el tono para que pueda oírle. Hernández ya no lleva contabilidades, por tanto, no le puede pasar ninguna, y cuando Carreño le pregunta si el puesto de contable de aquella empresa que comercializaba el aceite de la Sierra de Gata sigue vacante la respuesta es negativa. Si quiere trabajar en el campo de la contabilidad tendrá que buscar ocupación por su cuenta. La frustrante visita a su antiguo maestro le provoca una suerte de reacción negativa y se dice que tampoco piensa trabajar de contable, lo de ser un empleado de camisa blanca y corbata ya no le va. En cuanto volver al contrabando, si no puede hacerlo a gran escala, tampoco es un asunto que le atraiga… Solo le queda la oferta del Bisojo, tendrá que aceptarla mientras encuentra algo mejor.

   La conversación entre el posible patrón y el aspirante a empleado es tan breve como efectiva. El droguero explica al joven lo que pretende de él.

   -Mira, chico, lo que te ofrezco es un trabajo en el que, como seas la mitad de espabilao que tu señora madre, te puedes ganar muy bien la vida. Se trata de que viajes por los pueblos de las comarcas cercanas e incluso de más allá vendiendo los productos de mi droguería.

   -Señor Elías –Julio por consejo de su madre ha abandonado el tratamiento habitual en el pueblo que es el de tío-, para serle sincero tengo que decirle que no sé ni jota de droguería.

   -Eso no es problema, déjalo de mi cuenta que te pongo al corriente en unos días. Lo importante es que sepas vender y, por lo que me contó tu madre, sí tienes experiencia en ventas. ¿No es así, chico?

   -Sí, señor Elías, de vendedor tengo experiencia pero de bisutería, algo que no tiene nada que ver con los productos de droguería.

   -Cuando se domina el arte de la venta da lo mismo lo que vendas, sea bisutería, jamones o disolventes –El mañego cree estar oyendo otra vez al brigada Carbonero cuando le dijo que no sabía nada de bisutería-. Con una ventaja, la quincalla de la bisutería solo sirve pa fardar y aquí vas a vender productos que casi siempre son necesarios. La gente los compra porque les hacen falta y no para presumir.

   -Visto desde ese punto de vista, tiene usted razón.

   -Claro que la tengo, prenda. Otra cosa, ¿qué tal te manejas con las caballerías?

   Y Julio, dispuesto a decir toda la verdad como le aconsejó Pilar, cuenta que en los tiempos en que alijaba en la Raya acarreaban la mercancía a lomos de mulos y asnos por lo que, si bien no es un consumado acemilero, si tiene experiencia en el trato con las bestias.

   -La pregunta viene a cuento porque voy a comprar un mulo o un caballo, el carro ya lo tengo, con el que viajarás por los pueblos. Otro asunto, pues como dice mi mujer el chocolate espeso y las cuentas claras, al principio te voy a pagar poco sueldo; por supuesto cubriré tus gastos de comida y hospedaje y los impuestos que los buitres de los ayuntamientos cobran por usos y consumos y por las tasas pa vender. Ah y, por descontao, la comida de la bestia y lo que hayas de pagar por el establo -El Bisojo en lo tocante a salario no lo ha dicho todo, se guarda un as en la manga en espera de la reacción del chico, como ha dado en llamarle.

   -Señor Elías, sigo siendo sincero con usted, si voy a ganar poco no voy a salir de pobre. Me temo que si es así voy a tener que rechazar su oferta, aunque le agradezco de corazón su propuesta.

   -Bueno, chico, es que no te lo he dicho to –El Bisojo se dispone a jugar el as escondido-. Hay otra forma de que aumentes tus ingresos, tendrás un porcentaje sobre lo que vendas, exactamente el cinco por ciento, de tal manera que si vendes mucho podrás ganar un dinerillo curioso.

   En ese momento, Julio recuerda a su amigo Chimo Puig cuando Carbonero le habló del porcentaje en las ventas y hace lo que hizo el morellano.

    -Señor Elías, con el debido respeto, pero… ¿el porcentaje podría ser del diez?

   El Bisojo, de momento queda sorprendido ante la contraoferta del mañego, y acaba soltando una risotada.

   -¡Vaya con Carreño!, ahora sí sé que has salido a tu señora madre. No, chico, no. No te puedo dar el diez, pero si con el tiempo llegas a vender una cierta cantidad, que ya veremos cuál sería, podría subirte uno o dos puntos la comisión. Pues hasta aquí hemos llegao, ¿lo coges o lo dejas?

   Ante la disyuntiva en que le pone el Bisojo, a Julio no le queda otra.

   -Que sí, señor Elías, que sí, y gracias por confiar en mí. Le prometo que no le voy a defraudar. En cuanto a lo del diez no se lo tome a mal, estaba obligado. Una oferta exige siempre una contraoferta.

   -Tienes maneras, chico. Tú llegarás.

   En los días siguientes, Julio va todas las tardes a la droguería del Bisojo para que este le enseñe los mil y un productos que vende en su tienda. Uno de esos días Julio acompaña al tío Elías a comprar una caballería que tire del carro, que todavía guarda de cuando era él quien vendía por los pueblos. Discuten si comprar un caballo o un mulo, al final se decantan por los mulos pues son más baratos y resistentes que los caballos. En la negociación con el chalán, el mañego saca a relucir algunas de las triquiñuelas que le enseñó Carbonero con lo que consigue una sustancial rebaja del precio de la mula, que finalmente compran; lo que hace que el Bisojo le repita:

-Tú prometes, chico.

 

PD.- Hasta el próximo viernes en que, dentro del Libro II, Julia, de la novela Los Carreño,  publicaré el episodio 50. La alternativa

domingo, 12 de julio de 2020

*** Post info. 13. El entorno del Libro II, Julia, de la novela Los Carreño

   Desde 1892, año en el que Julio Carreño termina la mili, hasta 1903, en que el mañego se enamora de la que será madre de sus hijos, tanto en España como en el resto del mundo se suceden multitud de hechos, de todo tipo, que influyen poderosamente en el devenir de la familia Carreño. Todo ello lo contaremos en los episodios del Libro II de la novela, titulado Julia. Asistiremos a la adaptación de Julio a la vida civil y sabremos de sus primeros trabajos como vendedor ambulante, primero, y como dependiente de una droguería después. Veremos como el afán de prosperar y llegar a ser alguien, le lleva a meterse en algunos negocios non sanctos. Seremos testigos de cómo Julia Manzano, otra figura clave de la novela, pasa de ser una niña rebelde a la alumna más aplicada de doña Pilar Lahoz. Y de cómo, bajo su guía, se convierte en una jovencita encantadora y con un talante duro como el pedernal.

   Durante esa época si hay un hecho que marcó a los españoles de entonces fue, primero, la guerra contra los insurgentes cubanos y filipinos, lo que provoca el enfrentamiento hispano-norteamericano que termina con la pérdida del imperio colonial español. Es lo que se conoce como el Desastre del 98, que genera que las grandes figuras de esa generación, Unamuno, Ortega y Gasset, Azorín, entre otros, tomen conciencia del retraso acumulado en el país y hacen un llamamiento a una reforma intelectual y moral en forma de europeización o regresando a lo netamente español. Durante esos años se suceden las huelgas y agitaciones de los obreros para mejorar su estado. Algo absolutamente necesario, pues basta señalar que hasta 1902 no se decreta la prohibición del trabajo de los niños menores de 10 años.

   El país, que en 1900 cuenta con 18,5 millones de habitantes, tiene como marco político la Constitución de 1876 y como Jefe de Estado a la reina regente doña María Cristina de Habsburgo-Lorena, ya que hasta 1902 no será mayor de edad, y comenzará su reinado, Alfonso XIII.

   En el resto del mundo se producen hechos que marcan o determinarán el devenir de los siguientes años. Por citar solo un puñado de ellos. Comienzan en China los Cien Días de Reforma, auspiciados por Mao Tse Tung. El científico alemán Max Planck formula la teoría cuántica, base de la Física del siglo XX. El físico italiano Guillermo Marconi transmite las primeras señales radioeléctricas a través del Atlántico. Los hermanos Wright realizan el primer vuelo aéreo con motor de la historia. Se abre la primera sala de cine en EE.UU. Y la electricidad da sus primeros pasos y cambia la economía, la industria, las comunicaciones; en definitiva, la vida de la gente.

   En ese mundo es en el que los Carreño, de la primera generación, viven, aman, sufren y se desenvuelven. Y eso lo contamos en los episodios del Libro II. Os espero en el blog.