viernes, 19 de abril de 2019

100. De joven debió causar estragos


   El 24 de agosto se celebra la festividad del patrono de Torreblanca, San Bartolomé. Ramo ha contado a sus amigos madrileños que antaño esa fecha marcaba el inicio de las fiestas patronales que se esperaban con ansia, especialmente por la gente joven. Este año, según reza el programa de festejos, los actos más relevantes son la solemne misa en honor del santo, una ofrenda floral al Santísimo Cristo del Calvario, un campeonato de parchís, una gran gincana popular y rematando la jornada la indispensable verbena seguida de un disco-móvil.
   Ajeno a ello, Grandal ha madrugado pues ha quedado en ir a las once al apartamento del hijo de Álvarez para verse con sus amigos, y que le cuenten como han ido las investigaciones llevadas a cabo el día anterior. Antes les ha explicado lo que le contó la tarde anterior la amiga de Francisco José sobre un extranjero que podría ser el mismo que estuvo en la habitación de Salazar. Luego les hace un resumen de lo tratado con el sargento de la Guardia Civil de Torreblanca. Después, Álvarez y Ballarín cuentan que estuvieron en el restorán El Marítim donde la dueña les dio escasa información sobre la joven que acompañaba al guiri que estuvo comiendo el 15, por lo que no va a ser posible la elaboración de un retrato robot de la misma. En cuanto al dato que le interesa saber a Grandal de cómo se desenvolvía en español dicho extranjero, la respuesta fue tajante.
-Nos dijo que francamente bien. Hasta recordó que pidió vino y estuvo discutiendo sobre cuál acompañaría mejor a la mariscada, como si entendiera de caldos –cuenta Álvarez.
-Ese dato coincide con lo que me contó Vero –Al ver la cara de ignorancia de sus amigos, Grandal se apresura a explicarse-. Es la novieta del joven Salazar. Ella también dijo que el guiri que iba con su amiga hablaba bien el castellano.
-Lo que está en contradicción con lo que han declarado los pichones –afirma Álvarez que también se ha aprendido el mote que Grandal les ha puesto al trío del episodio del maletín.
-Efectivamente. Claro que… es posible que el extranjero de la habitación de Salazar falseara su conocimiento de nuestra lengua como forma de no hablar demasiado para no cometer errores –conjetura Grandal.
-Es posible y hasta probable –afirma Ponte-. El modo de hablar se puede modificar fácilmente, pero la talla, la corpulencia y el color de la piel no se cambian con tanta facilidad. Y esos tres últimos rasgos los tenía el extranjero descrito por los pichones, también los tenía el guiri que comió en El Marítim, así como el que describió la tal Vero.
-Manolo, chapó. En pocas palabras acabas de dar todo un curso de técnica investigadora. Estoy orgulloso de ti –le alaba Grandal, que a continuación pregunta dirigiéndose a Ramo y Ponte- ¿Y a vosotros cómo os ha ido la investigación sobre el Chato de Trebujena?
-Pues mejor de lo que esperábamos –contesta Ramo-. El dibujo que hizo mi hermano ha sido reconocido por dos personas: una camarera de un bar llamado Vintage y un camarero de un restorán, el Pica-Pica. La chica no estaba muy segura de que fuera el Chato, pero el camarero del restorán sí; hasta ha recordado que pidió una fritura doble lo que al parecer es una comanda poco corriente.
-Fenomenal. Esos testimonios confirman lo que ya sabíamos por los taxistas que le trajeron y le devolvieron a Alcossebre, que el Chato estuvo en Torrenostra el día de autos. Cuando se lo cuente a Bellido se va a poner como un crio con zapatos nuevos. Y no me salgas –añade Grandal mirando a Álvarez- con tu eterna cantinela de que unos cardan la lana y otros crían fama.
-Bien, ¿y ahora qué? –pregunta Ballarín que hoy está muy callado.
-Pues vosotros tenéis el día libre, al menos por ahora. Podéis ir a ver los toros pues creo que es lo más popular de las fiestas que deben estar en su apogeo.
-Los toros no empiezan hasta mañana –le corrige Ramo.
-Bueno, pues podéis pasaros el día en la playa o donde os pete. Yo me voy a ver que le saco a la chica que estuvo acompañando al extranjero del que me habló ayer la amiguita de Francisco José. A ver si es capaz de contarme algo más sobre él y de que tal hablaba nuestra lengua.
-¿Quieres que te acompañemos alguno? –ofrece Ponte.
-No, gracias. Igual si vamos dos se pone a la defensiva y no le sacamos palabra. Si os necesitase os llamaré.
   Grandal se pone en camino hacia Las Villas de Benicàssim donde con la ayuda del GPS que ha instalado en su viejo coche localiza fácilmente el bar en el que trabaja la tal Elvi. Durante el camino ha pensado en la forma de entrarle a la mujer, quizá presentándose como policía pero lo desecha, dejará que la propia charla marque el camino de cómo llevar el diálogo. Antes de sentarse en una de las mesas de la terraza, el excomisario observa a las dos camareras que atienden a la clientela. En seguida ve que cada una de las empleadas se encarga de una zona. Tras estudiarlas se decanta por la más aparente, que no guapa. Se sienta en una de sus mesas y no la llama, espera que se le acerque, algo que tarda unos minutos en hacer pues hay muchos clientes.
-¿Qué va a tomar?
-Un doble y algo para picar que no sean patatas fritas.
-Hoy tenemos gambas al ajillo, sepia en salsa verde, mejillones al vapor, patatas bravas, caragòls punxents  y lo habitual –recita de carrerilla la joven.
-¿Qué me recomiendas?
-Tanto las gambas como la sepia están buenísimas.
-Me voy a fiar de ti, tienes carita de no contar mentiras. Tráeme una ración de cada.
-No se fíe. A los tíos que se ponen pesados les suelto cada trola de a kilo, pero se nota que usted es un caballero. Atendiendo a tanto personal como pasa por aquí acabas aprendiendo a calar a la gente. Enseguida le traigo el doble, las raciones tardarán algo más.
   Como dijo la muchacha, en menos de un minuto volvía a estar allí con la cerveza, hecho que provoca el enfado de unos clientes, al parecer habituales, sentados en una mesa contigua y que gritan:
-¡Elvi!, ¿qué pasa?, ¿porque sirves a ese carroza primero cuándo nosotros hemos llegado antes?, ¿es qué ahora te van los vejestorios?
-Podrá ser mayor, pero podéis estar seguros que os da una y mil vueltas en cuanto a modales. Y no os pongáis bordes que ahora os atiendo –les responde la camarera, y dirigiéndose a Grandal disculpa el comportamiento del grupito-. No se lo tenga en cuenta, señor, son así de groseros porque no dan más de sí.
-No te preocupes, Elvi, por cierto si esa es tu gracia, como decían los antiguos, sepas que en mi opinión tienes un nombre precioso y para mí muy querido. Tengo una hija algo mayor que tú que también se llama Elvira –Grandal no tiene ninguna hija, pero suele utilizar esos trucos.
-Pues fíjese lo que son las cosas, a mí no me gusta, por eso prefiero que me llamen Elvi. Me parece que es un nombre que suena como antiguo.
-No estoy de acuerdo contigo, jovencita. Perdona que te llame así, pero es que podrías ser perfectamente otra de mis hijas. No sé si sabes que Elvira es un nombre de origen germánico que significa aquella que es una noble consejera, y en la antigüedad solo se lo ponían a las damas y a las mujeres de la nobleza.
-No solo es educado sino que tiene la labia de un donjuán, pero le tengo que dejar porque si no esos bordes pueden seguir dando la tabarra. Luego le traigo las tapas.
   Pasan unos minutos y Elvi está de vuelta portando la comanda de Grandal.
-Aquí tiene las gambas y la sepia. Cómase primero ésta porque si se enfría no vale ni la mitad, en cambio la cazuelita de gambas guarda mejor el calor.
-Gracias, Elvi. Ah, una cosa. Desde que me has atendido no hago más que preguntarme ¿dónde he visto esa cara?, y al final he encontrado la respuesta. Juraría que hace unos días te vi en Torrenostra. Si no eras tú, desde luego era tu doble.
-¡Vaya, el mundo es un pañuelo! Pues sí, estuve en Torrenostra justamente el día de la Virgen de Agosto; es decir, el quince.
-Te voy a ser sincero, posiblemente haya mujeres mucho más bonitas, pero tú tienes una cara que no se olvida fácilmente, tienes como una especie de toque, como una luz singular que te da un encanto especial.
-Huy, huy, huy, que peligro tiene usted. De joven debió hacer estragos. La gente mayor sabe decir cosas a una mujer que los jóvenes de ahora desconocen.
-Por cierto, y no me llames cotilla, pero tienes un novio que parece un levantador de pesas, ¡menudo tiarrón!
-¿Quién, Pako?, no es mi novio, por no ser ni es amigo mío, solo un cliente de la casa que ese día, que el jefe me dio fiesta, me invitó a pasarlo en Torrenostra.
-Tenía pinta de extranjero.
-Y lo es, no sé exactamente de dónde, yo creo que ruso o de por ahí.
-Pues para ser ruso o lo que sea, me pareció que hablaba el castellano bastante bien.
-Y así es, si no fuera por el acento podría pasar por alguien de aquí. ¿Y usted dónde estaba, cómo pudo darse cuenta de hasta cómo habla Pako?
-Muy cerquita de vosotros. Yo y tres amigos, tan carcamales como el que te habla, estábamos en la sombrilla de al lado donde os pusisteis vosotros en la arena, cerca de donde hay un recinto con palmeras. Lo que ocurre es que en la playa los viejos nos volvemos invisibles para la gente joven. Así que tu conocido se llama Paco.
-Eso dice él, que se llama Pako pero con ka, aunque me da que no debe ser su verdadero nombre.
-¿Veranea también aquí?
-Creo que estaba en un apartamento yendo hacia el Grao, pero se fue. Lo debió hacer el mismo día que estuvimos en Torrenostra porque ya no le he vuelto a ver.
-¡Elvi, mueve el culo que hay clientes esperando que les atiendas! –brama más que habla un tipo cetrino que ha aparecido en la puerta del bar.
   A Elvi todavía le da tiempo a contarle que Pako es un grosero pues en Torrenostra se fue a pasear y la dejó sola en la playa un buen rato, y que cree que vive por la Costa del Sol. Tras despedirse, Grandal deja una generosa propina y al irse, sin saber por qué, se le viene a la mente algo que le dijo la joven camarera: De joven debió hacer estragos. ¡Qué lástima que no fuera así!, se dice con melancolía.

PD.- Hasta el próximo viernes en que publicaré el episodio 101. Una paella trastocada en metáfora.

viernes, 12 de abril de 2019

99. Las buenas noticias hay que darlas de una en una


   Por si Grandal tenía alguna duda, el hijo de Salazar le ha dado la clave de la muerte de su padre: el caso ERE, pues todos los que visitaban al exsindicalista querían algo de él relacionado con dicho proceso. Como se acerca la hora del almuerzo, Grandal se despide del joven sevillano.
-Bueno, majete, te dejo, tengo que ir a Marina d´Or que igual la parienta se mosquea si llego tarde.
-Si va a Marina d´Or, ¿me puede dejar en El Piero?, es que mi tronca curra allí de camarera y he quedao en ir a verla.
-¿Qué es El Piero?
-Un restorán que está al laito de la carretera nasioná yendo hasia Oropesa.
-Bueno, si no tengo que desviarme…
   En el corto trayecto hasta el restorán, el joven sevillano se explaya en lo bien que se lo está pasando con su nueva amiga con derecho a roce y lo guay que es.
-Si no le importa, jefe, métase donde están aparcaos aquellos camiones y así podrá crusar mejor la carretera que esta nasioná tiene un tráfico que es la leche.
   Grandal accede de mala gana a la demanda del joven, sale de la carretera para luego cruzar la N-340 y para delante de un restorán que supone que es El Piero.
-Mire, jefe, la titi que está ar laito de aquella puerta es mi tronca. Le he puesto un whatsapp y me está esperando. Es un rato molona, sarga un momento que se la quiero presentar, si no es molestia.
   Estos chavales de hoy ni saben cuándo se ponen pesados, ni se cortan lo más mínimo pidiendo lo que sea, piensa Grandal, pero “el si no es molestia del chico” le ha ablandado y sale del coche. Ambos jóvenes, sin cortarse un pelo, se funden en un tórrido e interminable beso que el expolicía contempla con sonrisa irónica.
-Mira, churri, te presento ar señor Grandal, que fue un polisía mu importante y que m´a ayudao a entender to lo que está pasando con la muerte de mi papa.
   La muchacha, poco más de dieciocho años, adelantándose al formal intento de Grandal de darle la mano, le planta dos besos en las mejillas sin pensárselo.
-Francisco José me dijo que usté es el que dirige la investigación para descubrir que le pasó a su padre. Como s´a portao bien con él, yo le voy a pagar con la misma moneda. Ayer estuvieron aquí dos carrozones enseñando un retrato hecho a mano de alguien que dijeron que era un guiri, añadiendo que se trataba de un tío grande, moreno y que hablaba mal el castellano. Nadie supo dar razón de él, tampoco yo, pero mentí. Sabrá que con los maderos nadie quiere tratos, por eso no dije ni mu, pero como mi chico me ha contao lo considerao que fue usté con él lo he repensao y me he dicho que iba a contarle la verdad porque usté no es un madero como los demás.
   La muchacha se calla como si una parrafada como la que acaba de soltar le haya dejado sin fuerzas. Tras unos segundos de pausa la joven arranca otra vez.
-El día de la Virgen de Agosto, como a mediodía, se pasó por aquí una conocida con la que había currado en un bar de Las Villas de Benicàssim. No es que seamos amigas, pero nos llevamos bien. A la Elvi le gusta mucho fardar, supongo que por eso se pasó por aquí para presumir que en una fecha con tanto trabajo su jefe le había dao fiesta, y se iba a disfrutar el día a la playa de Torrenostra con un amigo que la había invitao, y que tenía un buga que era lo más de lo más. El amigo rumboso resultó ser un guiri que no se parecía mucho al del retrato que enseñaron ayer los carcamales, pero si era moreno, alto y amazacotao como un campanario. Lo único que no cuadraba con la descripción que dieron los vejestorios es que hablaba bien el castellano aunque se le notaba que era extranjero. No sé si es el guiri que Francisco José me ha dicho que andan buscando, pero se lo cuento por si acaso.
-Gracias…
-Vero, me llamo Vero, por Verónica.
-Pues otra vez gracias, Vero. ¿Algo más que quieras contarme?
-No, nada; bueno sí, pero no creo que sea importante. Me dijo Elvi que al regresar volverían a pasar, pero no lo hicieron o, al menos, yo no les ví.
-¿Y dónde podría tener una charla con tu amiga Elvi?
   La joven le da el nombre del bar donde curra la Elvi. Tras despedirse de la pareja, Grandal, prosigue su camino hacia Marina d´Or. En el corto recorrido hasta la urbanización orpesina no deja de pensar en lo que acaba de contarle la amiga del joven Salazar y en como el puro azar a veces juega un rol importante. Un extranjero, con los mismos rasgos que han dado de él las tres personas que lo vieron en la habitación 16, estuvo comiendo el día de la Asunción de la Virgen en un restorán de Torrenostra. Ahora tiene la confirmación de que otro extranjero, ¿o acaso el mismo?, en esa misma fecha y con idénticos rasgos, estuvo a media mañana en aquel parador de carretera de camino hacia la misma playa. La única nota discordante es que el guiri del que le ha hablado Vero se desenvolvía bien en español, pero aun así son muchos los datos coincidentes y él no cree en las casualidades. Empieza a confirmarse la sospecha de que está muy cerca de descubrir quién era el extranjero que estuvo en la habitación donde se estaba muriendo Salazar. ¿Será ese extranjero el tal Grigol Pakelia que fue multado por la guardia civil de carretera un poco antes de Valencia en dirección norte? …y Torrenostra está al norte de la ciudad del Turia. De pronto se acuerda de algo más: según la amiga del joven Salazar, el guiri que se pasó por el restorán tenía un buga lo más de lo más. ¿Un Audi A7 Sportback puede ser considerado un automóvil de lo más? Posiblemente sí para los parámetros sobre vehículos de la muchacha. Las piezas van encajando. Se dice que mañana sin falta tiene que hacerle una visita a la tal Elvi.
   Antes de las seis de la tarde, Grandal acude al Marina d´Or Hotel Gran Duque. Bellido se le ha adelantado. Al igual que en la anterior cita, el sargento ha venido de paisano. Es cauteloso, no quiere que alguien le pueda identificar, piensa el expolicía.
-Buenas tarde, comisario, vaya solina que hace. ¿Qué quiere tomar?
-Hola, Bellido. Cualquier cosa siempre que esté fresquita, por ejemplo un bourbon con hielo. ¿Qué novedades tiene de la juez del Valle?
-Las más destacadas las que le he contado por teléfono. Las referidas a ese clan ruso que, según diversas fuentes de la policía malagueña, recibió el encargo de liquidar a Salazar. A lo que hay que añadir la identificación de uno de sus miembros que fue multado por exceso de velocidad cuando circulaba por carreteras valencianas en dirección norte y que responde al nombre de Grigol Pakelia. ¿Será ese el extranjero que los pichones encontraron en la habitación 16?
-Eso mismo me he preguntado. Y hemos descubierto más pistas que apuntan a que el tal Pakelia puede ser ese extranjero.
-¿Nuevas pistas? Cuénteme, comisario –pide el sargento sin ocultar su alegría ante tal noticia.
-Luego te cuento, pero primero hemos de ponernos de acuerdo sobre el contenido del próximo informe que vas a enviar a la juez del Valle. Verás…
   Y Grandal le explica al sargento los nuevos datos que hay sobre tres de los testigos que ya han declarado ante su señoría, pero que en función de las últimas investigaciones deberían ser citados otra vez. A Pacheco y a Sierra hay testimonios de que se les vio el día de autos en Torrenostra, algo que en su primera declaración no contaron. Y también habría que citar para declarar a la esposa de Pacheco que muy posiblemente le acompañó en el mencionado día. En cuanto a Espinosa debe volver a declarar para que explique cuál era el motivo para comprar un raticida en un supermercado de El Grao en el día de autos.
-… y eso no es todo. La jueza debería citar a declarar a José Jiménez, no sé su segundo apellido porque no me he acordado de pedirle a alguno de mis amigos que lo mirara en internet, y al que llaman habitualmente Pepillo y que es más conocido por el nombre con que fue conocido en el mundo de las doce cuerdas, el Chato de Trebujena. Al parecer fue quien le pegó la paliza a Salazar y además también estuvo en Torrenostra el día de los hechos.
-Eso es un notición, comisario. ¡Qué grande es usted y que bien hice pidiéndole ayuda! –exclama el sargento.
-Y ahora vamos con el extranjero de marras. Hay una testigo muy fiable que ha identificado a alguien muy  parecido al guiri que encontraron los pichones en la habitación 16 y que estuvo comiendo en un restorán de Torrenostra el día de autos. Y hace menos de cuatro horas otra testigo me ha informado que ese mismo día un extranjero, parecido al descrito por los pichones, se paró en un restorán de carretera cercano a Torreblanca. La mujer que le acompañaba contó que iban a pasar el día a la playa de Torrenostra. Mañana pienso ir a ver a esa mujer que trabaja en un bar de Las Villas de Benicàssim. Si se trataba o no del tal Pakelia está por confirmar, pero todas las pistas apuntan al mismo blanco.
-¡Qué barbaridad, comisario, es usted el Sherlock Holmes español –exclama el sargento sin poder reprimir su entusiasmo.
-No será tanto, Bellido, no será tanto –comenta Grandal que pese a su falsa modestia le ha encantado el elogio del sargento.
-Eso y mucho más, comisario. Ya veo que el hombre que descubrió al asesino del crimen de la calle Leganitos no se ha oxidado, sigue con el mismo olfato policial de entonces. ¿Lo último referido al extranjero también lo incluyo en mi informe a la señora jueza?
-En principio, no. Espera a que mañana hable con la llamada Elvi que es la mujer que acompañó al extranjero el día 15 a Torrenostra. Las buenas noticias hay que darlas de una en una, si las das todas de golpe no se las valora como es debido. Y si no fuera porque el tiempo que me queda para ayudarte a descubrir a los autores y/o encubridores de la muerte de Salazar es tan corto, lo que te he dicho antes que debes informar a la juez todavía lo reduciríamos más, pero el 30, que es cuando me voy, está a la vuelta de la esquina.
   El sargento se queda pensando en lo que le ha dicho el excomisario, que las buenas noticias hay que darlas de una en una, deberá tenerlo en cuenta en el futuro.

PD.- Hasta el próximo viernes en que publicaré, en el capítulo 24, el episodio 100. De joven debió causar estragos

viernes, 5 de abril de 2019

98. Verde y con asas


  Grandal ha hecho a sus amigos una sinopsis de lo que se sabe y de lo que no sobre la muerte de Salazar. Todo pivota sobre las poco más de dos horas en las que el exsindicalista pasó de encontrarse bien a estar en estado comatoso. ¿Qué ocurrió durante ese espacio de tiempo?, ¿qué personas estuvieron en ese lapso en la habitación 16?, ¿qué hay que hacer para averiguarlo?
-Vamos a reordenar las investigaciones a llevar a cabo. Una pareja, podríais ser tú, Manolo acompañado de Pedro, será la que investigara las huellas que haya podido dejar el Chato en las seis horas que estuvo el día 15 en Torrenostra. Pedro, que tu hermano Chimo haga un retrato robot del Chato, para ello vais a contar con la ayuda de Rocío Molina que es la persona que mejor lo conoce. Yo me encargo de llamar a la andaluza y decirle que se ponga a vuestra disposición. Vosotros no tendréis más que recogerla donde os diga. Una vez esté hecho el retrato será cuestión de que lo vayáis enseñando por los bares y chiringuitos de la playa. Ah, también por los restoranes pues en algún sitio tuvo que almorzar. Si os preguntan que por qué lo buscáis dad cualquier pretexto. Si os surge algún problema, llamadme inmediatamente y personalmente o a través del sargento Bellido lo solucionaremos. ¿Alguna pregunta?, ¿no?, pues cuando queráis podéis comenzar vuestra tarea.
-Y que Dios reparta suerte, como decimos los taurinos –agrega Álvarez por su cuenta.
   Luego Grandal se dirige a Ballarín y Álvarez.
-En cuanto a vosotros, vais a comenzar por volver al restorán donde estuvisteis ayer y en el que la dueña os contó que estuvo un guiri, que bien podría ser el misterioso extranjero que estuvo en la habitación 16, acompañado de una mujer joven. Sacadle el mayor número de datos sobre dicha mujer: su estatura y complexión, color del pelo, si tenía algún rasgo característico, cómo iba vestida, etcétera. Todo lo necesario para ver si el hermano de Pedro nos puede hacer un retrato robot de la misma. Luego, ya sabéis el procedimiento, id preguntando y si conseguimos un retrato enseñarlo por la playa a ver si suena la flauta.
-Oye, Jacinto, por pura curiosidad, ¿y tú qué vas a hacer? –pregunta, indiscreto como siempre Álvarez.
-Lo primero, hablar con Bellido y explicarle como están las cosas. Y luego, decidir entre ambos de que parte de nuestras investigaciones va a informar a la jueza para que active las citaciones a los nuevos testigos o vuelva a citar a aquellos qua ya declararon, pero de los que tenemos nuevos datos.
-Ya estamos otra vez en lo de que unos crían fama y otros cardan la lana –se queja Álvarez.
-No, Luis, no se trata de eso. De lo que se trata es que en este caso hay testigos a los que no podemos llegar. Realmente todos, con la excepción de los pichones, están fuera de nuestro alcance. Nosotros no podemos, pero sí la Guardia Civil y/o la Jueza Instructora. Tan simple como eso.
   En cuanto se queda solo, Grandal llama al sargento del puesto de Torreblanca.
-¿Bellido?, soy Grandal, ¿puedes hablar?
   La respuesta del guardia civil no es la que esperaba el expolicía.
-Hola, don Jacinto, supongo que me llama por lo de su permiso de caza, en cuanto tenga un hueco le prometo que termino de cumplimentarlo. Yo le llamo –y el suboficial apaga su móvil.
   Gandal entiende que el sargento no está en condiciones de hablar por lo que abandona el apartamento del hijo de Álvarez, donde han estado reunidos, y sale a la calle a tomarse una caña mientras hace tiempo para que le llame Bellido. La llamada se hace esperar hasta que…
-Perdone, comisario, pero como habrá comprendido antes no podía hablar. Estaba con los enteradillos de la UCO. Verá…
    Y el suboficial le cuenta que los dos agentes de la Unidad Central Operativa han estado algunos días ausentes, hasta llegó a sospechar que se hubiesen vuelto a Madrid, pero no. Adónde habían viajado era a Algeciras. Resulta que en una operación antidroga, una de las muchas que se llevan a cabo periódicamente en el mayor puerto del sur de España, la policía ha cogido con las manos en la masa, como suele decirse, a un importante mafioso calabrés. Al ver que su horizonte penal se ponía muy cuesta arriba, el italiano pactó con la fiscalía una rebaja de penas a cambio de proporcionar información sobre la nueva ruta de la droga que, dado el incremento de vigilancia en el Estrecho de Gibraltar, se ha desviado hacia la Costa del Sol, convirtiendo a la propia ciudad de Málaga en una suerte de guardería de estupefacientes. Al activar a sus informadores en dicha costa, la policía ha descubierto que allí operan varios grupos siendo el más poderoso un clan ruso que no solo se dedica a las drogas sino también a cualesquiera otras operaciones al margen de la ley, y que le reportan sustanciosos ingresos. Una de esas operaciones es la de liquidar a cualquier fulano a quien se le haya puesto precio a su cabeza. Y los rumores, en los que coinciden varias fuentes, apuntan que el último encargo de esa clase que han recibido ha sido el de pasaportar a Francisco Salazar Jiménez, más conocido como El Conseguidor en los ambientes sevillanos. Lo que desconocen es el nombre del sicario o sicarios a los que han encargado el trabajo. Una de las primeras acciones que ha llevado a cabo el Grupo Especial Antidroga de la Costa del Sol ha sido hacerse con las matrículas de la flota de vehículos que manejan habitualmente los mafiosos rusos. Ello les ha llevado a detectar que uno de los coches que conducen, un Audi A7 Sportback de cuatro plazas, una berlina de alta gama, tuvo un incidente recientemente según informe de la Dirección General de Tráfico. El individuo que conducía dicho vehículo fue multado el pasado día seis de los corrientes en la provincia de Valencia, por ir a ciento sesenta kilómetros por hora, excediendo en cuarenta kilómetros los ciento veinte que es la velocidad máxima permitida en las autopistas españolas. Se sancionó al conductor con trescientos euros y una pérdida de dos puntos en su carné de conducir. El titular del vehículo es una empresa con sede en Marbella (Málaga), de nombre Trapisa. El nombre del conductor, de nacionalidad georgiana y con residencia en Marbella, es Grigol Pakelia…
-… y los de la UCO creen que el tal Pakelia puede ser el misterioso extranjero que fue sorprendido por los pichones en la habitación de Salazar –finaliza el sargento.
-Eso es un notición. Precisamente, mis amigos están buscando en Torrenostra información sobre una mujer que acompañaba a un extranjero, que podría ser ese Pakelia, y que estuvieron comiendo en un restorán de la playa el día de autos. 
-Parece que las piezas del puzle van encajando –comenta el sargento.
-De eso, precisamente, quería hablarte. De cómo encajar los últimos datos que hemos descubierto y de los que has informado a la jueza, pero eso es mejor hacerlo personalmente y no por teléfono. ¿Cuándo nos podemos ver?
-Cuando quiera, comisario.
-Bien, ¿dónde prefieres?
-¿Le parece bien que quedemos en la cafetería del mismo hotel donde 333tuvimos la primera charla?
   Grandal hace una mueca pues eso supone volver a Marina d´Or. A él le vendría mejor verse en Torrenostra ya que está allí, pero sabe que el sargento prefiere encontrarse con él en un lugar fuera de su circunscripción.
-De acuerdo, esta tarde a las 18, ¿vale?
   Cuando Grandal está pidiendo la cuenta, alguien le saluda.
-Hola, jefe, ¿cómo está usté?, me alegra verle porque quería preguntarle argo.
   Se trata de Francisco José Salazar a quien no había vuelto a ver.
-Vaya, chaval, ¿qué es de tu vida? –Grandal percibe enseguida que lo de chaval no le ha gustado nada al joven, pero ya está dicho-. ¿Qué querías preguntarme?
-Mi mama, que se está poniendo mu pesá con lo der entierro der papa. ¿Por un casuá no sabría usté cuándo va a terminar lo de la autopsia y podamos llevarnos er cadáver a Sevilla, que es dónde quiere mi mama que lo enterremos?
-Creo que la autopsia ya ha concluido, pero será la Jueza Instructora la que decidirá cuándo los familiares podréis haceros cargo del cuerpo. Mientras, tendrás que esperar. Supongo que al no tener nada que hacer te aburres, claro.
-Ahora menos. He ligao, sabe usté. Me he echao una tronca con derecho a rose de lo más guay. Yo creía que por aquí las titis eran una esaborías, pero se ve que hay exsepsiones y a mí m´a tocao la lotería, no sé si er gordo, pero ar menos la pedrea, seguro.
-Me alegro por ti y no me sorprende lo que cuentas. En cualquier lugar encuentras gente de todo tipo: agradable, desagradable y mediopensionista.
-Eso de mediopensionista no lo he entendío, jefe, ¿a qué se refiere?
   El expolicía se afirma en lo que ya pensó la primera vez que habló con Salazar junior: que es más bien cortito y con la ignorancia propia de buena parte de tantos jóvenes de hoy.
-Es una forma de hablar. Y ya que te tengo a mano, ¿has recordado algo más sobre tu padre en sus últimos días?
-Pues ahora que lo pregunta… He recordao que una tarde de las que fui a visitarle, mi papa, cosa rara porque er nunca hablaba de sus cosas, me comentó que estaba hasta los cojones, perdone pero eso es lo que dijo, de que to er mundo quería comerle er coco.
-¿Comerle el coco?, ¿y eso que significa?
-Pues que tos lo que iban a verle querían argo de él: que si se tenía que entregar a los maderos, que si tenía que desir esto o lo otro a la juesa que lo encalomó, que si no debía sitar a este o aquel nombre, que si mejor marcharse fuera der país… Totá, que tos querían argo de él cuando lo que le petaba era seguir tan ricamente en esta playa. ¿Por qué sabe usté?, aquí se lo pasaba guay, le molaba esto un montón.
   Mientras el joven sevillano sigue con su insustancial perorata, Grandal reflexiona en lo que le está diciendo el chico: que todos los que iban a ver a su padre querían algo de él, y por lo que cuenta siempre se referían a lo mismo, lo que le lleva a una conclusión: la clave de la muerte del exsindicalista es el caso ERE.
-Verde y con asas –musita Grandal para sí.

PD.- Hasta el próximo viernes en que publicaré el episodio 99. Las buenas noticias hay que darlas de una en una