viernes, 18 de enero de 2019

Capítulo 21. Comienza el baile judicial.- 87. Vuelve el cuarto hombre


   Jacinto Grandal piensa que como no acelere las investigaciones se va a terminar agosto sin que haya podido descubrir si hubo una o varias personas que participaron de algún modo en la muerte de Curro Salazar. Por eso opta por olvidarse de los límites que la normativa impone a la policía en la investigación de un supuesto hecho delictivo y decide jugar por libre. Al fin y al cabo él causó baja en el Cuerpo Nacional de Policía hace ya unos años. Habla con el sargento Bellido y le pide que le facilite los nombres de los nuevos testigos que van a declarar ante la instructora del caso Pradera. Aunque fue él quien solicitó su ayuda el suboficial se resiste, tiene miedo de que si trasciende que está pasando información del caso a un civil las consecuencias puedan ser nefastas para su carrera.
-Pero vamos a ver, Bellido, has de ser consecuente, si estoy investigando la muerte de Salazar es porque tú me lo pediste. ¿Quieres o no quieres descubrir si alguien intervino en ella? Dicho de otro modo, ¿quieres o no quieres ascender? Pues tú mismo.
   Con cierta renuencia, el sargento le facilita los nombres y la fecha en que declararán los tres testigos andaluces relacionados con las postreras horas de vida de Salazar. Son tres porque en el último momento la Juez Instructora también ha citado a declarar a Jaime Sierra, otro de los nombres facilitados por el hijo del fallecido. Una vez en su poder los datos de dichos declarantes, vista su edad y demás circunstancias, Grandal formula una hipótesis y un plan. La hipótesis es que dada la edad de los testigos es probable, aunque no seguro, que viajen desde Andalucía a Castellón en sus propios coches. En cuanto al plan consiste en fotografiarles sin que se aperciban para luego mostrar sus rostros a los empleados del hostal a ver si los reconocen. Lo primero que hace es llamar a un antiguo subordinado y buen amigo suyo destinado en la Jefatura Superior de Policía de la Comunidad Autónoma de Andalucía y le pide que le facilite las matrículas de los vehículos que están a nombre de Carlos Espinosa, Alfonso Pacheco y Jaime Sierra. No le dice para que lo quiere, le cuenta de modo vago que le está haciendo un favor a otro amigo de Madrid. El que fuera subordinado se hace de rogar, pero termina accediendo. Espinosa tiene hasta tres vehículos a su nombre, Grandal desecha automáticamente dos de ellos porque se tratan de un Mini y de un Bugui arenero. Se queda con el tercero: un BMV Serie 4 Cabrio. Pacheco cuenta con dos coches, solo marca uno de ellos con un asterisco, un Volvo V40 Cv Kinetic. En cuanto a Sierra únicamente posee un Opel Cabrio. Una vez en posesión de las matrículas de los vehículos se las da a Álvarez y a Ponte para que en su día y a través de ellos puedan localizar y luego fotografiar a los testigos. En esas están cuando alguien llama al timbre del apartamento del hijo de Álvarez donde están reunidos. Ante la sorpresa y la alegría del trío el visitante resulta ser Amadeo Ballarín, el cuarto hombre de las partidas en el Centro de Mayores de Moncloa.
-Amadeo, ¿pero no ibas a quedarte en Lérida hasta el final del verano? –pregunta Álvarez sorprendido al ver a Ballarín.
-Qué alegría, Amadeo, felices los ojos –se congratula Ponte.
-Amigo mío, llegas como caído del cielo. Vas a volver a hacer de fotógrafo espía como cuando el robo del Tesoro Quimbaya (*) –le anuncia Grandal.
   Ballarín les explica que su mujer se ha cansado de las continuas broncas entre él y su yerno y le ha dicho que por ella puede irse a pasar con sus amigos los últimos días que restan de agosto. El exferretero no se lo ha pensado, ha cogido su vetusto Renault y se ha plantado en Torrenostra.
-¡Ballarín ha vuelto, el cuarteto está al completo! –exclama alborozado Ponte al terminar su amigo el relato.
-Ya somos otra vez los cuatro de siempre. ¡Las partidas volverán a ser lo que eran! –se congratula Álvarez.
-Algo tendremos que hacer con Ramo, no es cuestión de dejarle a un lado –objeta Ponte y le cuenta a Ballarín quién es Pedro Ramo y como se ha unido a la cuadrilla.
-Tiene razón Manolo –secunda Grandal-. No podemos prescindir de Pedro, le necesitamos para que nos cuente todo lo que se rumorea en el pueblo sobre la muerte del pobre Salazar. Lo solucionaremos como hacíamos antes. Los cuatro que saquen la ficha más alta juegan ese día y el que haya sacado la más baja no juega al día siguiente. Y vamos rotando –propone Grandal.
   Álvarez no pone muy buena cara, pero los demás están de acuerdo por lo que no le queda más remedio que apechugar. A todo eso, llega al apartamento Ramo a quien presentan a Ballarín. Una vez completo el flamante equipo de ayudantes, Grandal comienza a repartir tareas. A Luis y a Manolo les pide que vayan al súper de Mercadona más cercano al hotel de El Grao donde se hospedó Carlos Espinosa. El objetivo es averiguar qué compró el día del fallecimiento de Salazar. Es un tiro a ciegas, pero no quiere dejar ningún fleco sin investigar. A Amadeo le deja en reserva hasta que le ponga al día del caso Pradera. A Pedro le encarga que hable con los taxistas del pueblo para que le informen sobre los servicios que realizaron el 15 de agosto y adónde llevaron a los pasajeros o de dónde los recogieron.
-Ah, Pedro –añade-. Quiero que también investigues como anda el noviazgo de Anca y Vicentín. Me da la impresión de que la muchacha no me ha contado todo lo que ocurrió durante el episodio del maletín y quizá la relación de la pareja sea una carta a jugar.
-Eso está hecho. Preguntaré a mi fuente más fiable, la Espardenyera. Por cierto, ahora que cito a la hija de la Maicalles tengo que contarte la última media noticia medio bulo que corre por el pueblo y que es, como decía un viejo amigo, como para mear y no echar gota. Lo que parece noticia, pues son varias las fuentes que coinciden en los mismos detalles, es que días antes de que muriera Salazar se vio a su hijo paseando con una Harley. Moto que, según cuentan, se la prestó un tipo de Castellón o, al menos, que procedía de allí. Las distintas versiones coinciden en que se vio hablando al fulano de la moto y al hijo de Salazar varias veces en el Hotel Miramar del pueblo. La parte del bulo es mucho más imaginativa: se cuenta que ambos, el hijo del muerto y el tipo de la Harley, son los que mataron a Salazar dándole de beber una especie de pócima que contenía un veneno de los que no dejan ningún rastro, y que fue el forastero el que le dio al chico el tóxico. Cómo verás, a imaginación es difícil ganarles a mis paisanos.
-En todas partes cuecen habas, Pedro. ¿Hay algún dato que verifique la parte noticiable de lo que acabas de contar? –quiere saber el excomisario.
-Lo de la Harley y lo de que se vieron más de una vez en el Hotel Miramar parece ser cierto. En cuanto al bulo ya puedes imaginar que no hay el más mínimo dato que lo confirme.
-¿Se sabe quién era el tipo de Castellón?
-No, pero si he oído decir que posiblemente el fulano no sea natural de la capital de la provincia porque los que le oyeron hablar dicen que hablaba un castellano propio de la gente del sur.
-¿Por qué no te acercas a ese hotel y tratas de averiguar algo más sobre el fulano de la Harley? Supongo que siendo del pueblo conocerás allí a gente.
-Conocía mucho a su antiguo propietario, el hombre que lo construyó, que era conocido por su apodo familiar, Randero. Ahora creo que lo lleva un hijo suyo a quien no conozco, pero de todas formas iré a ver que saco.
   Mientras Álvarez, Ponte y Ramo parten hacia los distintos cometidos que el jefe Grandal, así le llaman a sus espaldas, les ha encargado, este se queda poniendo al día a Ballarín de los entresijos del fallecimiento de Curro Salazar y la petición de ayuda que le ha hecho el comandante del puesto local de la Guardia Civil. Al  saber de qué va el caso, Ballarín le hace mil y una preguntas con tal entusiasmo que el excomisario tiene que calmar su fogosidad.
-Amadeo, tranquilo, no está demasiado claro si estamos ante una muerte natural o violenta, las dudas están sobre el tapete mientras no se realice la segunda autopsia que ha pedido la juez que lleva el caso y el análisis toxicológico esté terminado. Eso sí, nosotros tenemos un problema, el tiempo. Si no lo solucionamos antes del uno de septiembre podemos darnos por jodidos.
   Han discurrido algo más de dos horas cuando aparece Pedro Ramo más contento que un quinceañero con zapatillas nuevas. Sus averiguaciones en el Hotel Miramar no han descubierto nada nuevo, solo el dato de que el fulano de la Harley iba siempre hecho un brazo de mar y la constatación de que era andaluz, de alguna provincia costera posiblemente. Su contento viene de que su charla con los taxistas del pueblo sí ha sido provechosa. Uno de los conductores el día 15 hizo dos servicios en los que no hubo nada destacable. El otro conductor solo hizo un viaje con destino a Alcossebre, pero lo relevante es lo que contó a continuación: llevó a un pasajero hasta los Apartamentos Jeremías, que hablaba un andaluz cerrado, que tenía pinta de haber sido boxeador o luchador de lucha libre y que le dio la impresión de que estaba bastante alterado.
-Ah, el servicio lo realizó hacia las seis de la tarde –concluye ufano Ramo.
-Fenomenal, Pedro. Eres un excelente detective –le felicita Grandal.
-No es mérito mío, es del taxista que ha demostrado ser un fino observador.
-¿Y por casualidad, no sabrás cómo enterarnos de quién era ese tipo y qué hizo mientras estuvo en Alcossebre?, ¿conoces a alguien que trabaje en esos apartamentos?
-Por supuesto, el que construyó esos apartamentos fue un antiguo albañil llamado Jeremías que trabajó muchos años en Torreblanca y sigue habiendo gente del pueblo que curra allí. Como los que trabajan en la hostelería terminan tarde, dame unas horas para que hable con una sobrina mía que está allí de camarera y le preguntaré.
-De acuerdo. Si te enteras de algo relevante, llámame sea la hora que sea.

PD.- Hasta el próximo viernes. 
(*) “El robo del Tesoro Quimbaya” es una novela publicada en este blog.

viernes, 11 de enero de 2019

86. Festes patronals de Torreblanca del 21 al 31 d´agost, 2016


   Grandal, con la ayuda de Anca, ha tramado un encuentro que parezca fortuito entre él y la pareja. Tras un principio incierto por su falta de tacto, con la colaboración de la joven consigue encauzar la conversación hacia dónde le interesa: la participación del joven torreblanquí en lo que aconteció en la habitación de Curro Salazar. Superados unos iniciales titubeos, Vicentín se siente encantado de que una persona tan cualificada como el excomisario preste tanta atención a su relato:
-… y justamente ese día estaba muy cabreado porque la preciosidad que tengo al lado, y que es la novia más guapa de la provincia incluidas las Islas Columbretes –el joven se ríe de su gracieta-, me había dicho que debíamos romper. Me sentó tan mal y tenía tal disgusto que estaba como una hiena y no sabía qué hacer. A primera hora de la tarde, cuando creí que ya habría terminado la recogida del comedor y Anca ya no estaría tan atareada, me acerqué al hostal para hablar con ella y arreglar el malentendido. Hasta eso de las siete no pude encontrarla. Iba con Rocío y andaban muy apuradas. Fue cuando la andaluza me propuso que las acompañara a la habitación de Mar…, digo de Salazar. Acepté cuando también me lo pidió Anca…
-Imagino que debió de ser impactante ver a…, por cierto, ¿cómo estaba Salazar? –Grandal recurre a sus viejos trucos de interrogador para que las respuestas vayan por el camino que le interesa.
-¿Qué cómo estaba? Recuerdo que dije que el tipo estaba como para diñarla y que se debería llamar urgentemente a un doctor. Yo no sé de medicina, pero no era necesario ser un matasanos para ver que aquel fulano estaba más cerca de palmarla que otra cosa.
-En ese momento es cuando Rocío –interviene Anca- dijo que de llamar al médico y a una ambulancia ya se había encargado Espinosa. Lo digo porque lo de que no llegase el doctor no se nos puede culpar a nosotras –se disculpa la rumana.
-Entonces entramos –prosigue Fabregat- y fue cuando vimos al guiri…
-¿No te extrañó la presencia de un extranjero? –pregunta Grandal.
-Pues no sé qué decirle. Como en el puente de la Virgen de Agosto hay tanto forastero… Lo cierto es que en ese momento no me chocó que estuviera allí un guiri.
-Y cuando el extranjero se fue, ¿qué hicisteis?
   Vicentín cuenta como Rocío le pidió que les ayudara a abrir un maletín metálico de los que tienen cerradura numérica. Creían que dentro estarían los papeles de la Seguridad Social de Martínez por si hubiera necesidad de ingresarlo en un hospital. Algo que confirmó la propia Anca al explicar que habían registrado el resto del equipaje y que lo único que les faltaba por mirar era er jodío maletín, como repetía Rocío cada dos por tres, que estaba cerrado y que no sabían dónde estaban las llaves.
-Por cierto, que entonces no quise hacer ningún comentario, pero me parece, cariño –dice dirigiéndose a su novia-, que pecasteis de paletas. Un maletín con cerradura numérica no necesita llaves, solo hay que saber la clave –aclara el joven con aires de superioridad.
-¿Y qué hiciste a continuación? –Grandal le anima a seguir.
-Ayudarlas en lo del maletín. Las explicaciones que dieron me parecieron tan lógicas que no lo dudé ni un momento. Y el resto creo que ya lo sabe.
   Grandal sale defraudado de la conversación. El joven nini no le ha contado nada que no supiera. Su esperanza de que aportara alguna pista nueva se ha esfumado. Se consuela cuando recuerda que una de las armas más poderosas de la policía para desentrañar un crimen es la paciencia. No le queda otra que encomendarse al santo Job, patrono de los pacientes. Su contenido malhumor desaparece como por encanto en cuanto recibe la llamada de sus dos enviados a los campos de golf.
-¡Jacinto, premio! Hemos encontrado rastros de Espinosa en los dos campos que hemos visitado –explica Álvarez-. Estuvo jugando, primero en el Club de Golf Costa de Azahar que es el que está en El Grao, y días más tarde en el Club de Campo del Mediterráneo que está en un pueblo llamado Borriol y que es donde se hizo golfista Sergio García.
-Estupendo. ¿Algún dato interesante? –quiere saber Grandal.
-Pues que parecía una persona muy correcta, que es un buen aficionado, tiene hándicap cuatro, y que no contrató un cadi sino que alquiló un carrito de golf. Ah, presentó una tarjeta de socio del Marbella Golf Country Club y como domicilio dio el del hotel del Golf Playa del Grao de Castellón. No hemos sacado gran cosa porque aparte de los de administración parece que no habló con nadie más.
-Cómo os viene en cierto modo de paso, ¿por qué no os acercáis al hotel en el que estuvo a ver si podéis enteraros de algo más?
-¿Quiénes decime como nos presentamos para preguntar por Espinosa?
-No se me ocurre nada, lo dejo en vuestras manos.
-Oye, pregunta Manolo que si al Campo de Golf de Panorámica, el que está en el pueblo de San Jorge, ¿tenemos que ir?
-No creo que visitara un campo que está a casi noventa kilómetros de Castellón. Centraos en el hotel del Grao. Ah, y lo estáis haciendo tan bien como esperaba. Esta tarde nos vemos.
   Grandal se zampa en un santiamén la comida dietética que le ha dado por preparar a su novia Chelo, que aprovecha las vacaciones veraniegas para mejorar la línea algo que es necesario para su exigente trabajo de hostess de lujo, y se marcha a Torrenostra para jugar la cotidiana partida e intercambiar impresiones sobre el caso Pradera con sus amigos y ayudantes. Antes ha vuelto a llamar al sargento Bellido, pero su móvil sigue apagado o fuera de cobertura. Cuando llega a la terraza de los Prados ya le están esperando los otros tres jugadores. Están hojeando un folleto del que Ramo les está explicando su contenido.
-¿De qué va la explicación? –pregunta curioso Grandal.
-Pedro, que nos ha traído el programa de las fiestas del pueblo que han empezado hoy –le informa Álvarez.
-Alguien me dijo que comenzaban el 22 –comenta Grandal.
-Es la fecha en la que comienzan siempre, pero este año, no sé por qué, las han adelantado –y Ramo le tiende el programa al excomisario.
   Grandal echa una ojeada a la portada en la que sobre un fondo en el que hay una iglesia y una ermita emerge el pitón de un toro, todo ello coronado por estallidos de fuegos artificiales. En un lateral aparece el rótulo: Festes D´agost. Torreblanca del 21 al 31 D´agost. 2016. Abre la primera página y debajo del escudo del pueblo se lee: L´Ajuntament desitja a tots el veïns y visitants unes Bones Festes. No sigue leyendo.
-¿Y creen esos lumbreras del Ayuntamiento que los visitantes que no hablamos valenciano vamos a leer este panfleto? –pregunta con más ironía que enojo.
-Lo que son las programaciones diarias de las fiestas también están en español –explica Ramo.
-Bueno. Dejémonos de fiestas y vamos a lo nuestro. Volver a contarme el viaje golfístico de esta mañana y, sobre todo, si habéis sacado algo en limpio del hotel en el que estuvo Espinosa –inquiere Grandal dirigiéndose a Ponte y Álvarez.
   Ponte resume el viaje a los clubes de golf de Borriol y del Grao y en cuanto al hotel del Golf Playa del Grao en el que se alojó Espinosa no han sacado mucha información, al menos que sea relevante.
-Más o menos nos han dicho lo mismo que en los campos: que era una persona correcta, dejaba las propinas adecuadas y pese a lo poco que habló uno de los recepcionistas nos contó que debía de ser del oficio por un par de detalles que tuvo y que no llegó a explicarnos porque llegó un cliente reclamando algo y ya no tuvo tiempo de decirnos más –cuenta Ponte.
-Manolo, te olvidas de lo del supermercado –recuerda Álvarez.
-Ah, sí. El recepcionista que habló con nosotros nos dijo que el día de la fiesta de la Asunción Espinosa preguntó dónde había un supermercado de la cadena Mercadona que estuviera cerca del hotel. Salió y un rato más tarde le vio entrar portando una bolsa con el logotipo de esa cadena, pero no nos contó nada más.
-¿Y un tipo como Espinosa para qué querría ir a un supermercado y además de una determinada cadena? –pregunta Grandal sin dirigirse a nadie en concreto.
-Hombre, a los súper se va a comprar –precisa Álvarez que inmediatamente se da cuenta de la obviedad que acaba de decir por lo que se apresura a matizar-. Me refiero que lo interesante sería saber qué compró.
-Interesante deducción –le anima Grandal-. ¿Y sabéis a que súper de Mercadona fue?
-Ahí nos has pillado –comenta Ponte con una media sonrisa-. Eso no lo preguntamos.
-Pero para eso está internet –apunta Álvarez-. Ahora mismo lo sabremos –Y dicho y hecho, saca el móvil y pulsa el icono de Cortana. Aparece un círculo con la pregunta: ¿Hay algo en lo que te pueda ayudar, Luis? y en la parte inferior: Escribe aquí para buscar. Álvarez teclea: mercadona cercano a hotel golf playa del grao, y espera. La demora es breve, en unos segundos Cortana contesta: Mercadona de Avenida de Ferrandis Salvador, s/n, El Grao.
-Estupendo, Luis. Ahí es donde tendréis que hacer la próxima visita. A ver si sois capaces de averiguar qué compró en ese súper el llamado Espinosa.
-No querrás que vayamos ahora –se queja Álvarez.
-No seas quejica, Luis. Por descontado que no. Es una tarea que podéis hacer mañana en vez de haraganear tomando cañas.
-Jacinto –interviene Ramo truncando la conversación sobre el súper-, he pensado que, aunque ahora todo el mundo está motorizado, quizá alguien de los que haya podido venir a ver a Salazar lo haya hecho en taxi. Y al irse es posible que haya utilizado algún taxi del pueblo. Lo digo porque aquí solo hay dos taxistas y da la casualidad que conozco a ambos. Bueno, para ser más preciso, personalmente solo conozco a uno, al otro conozco a su padre. Digo esto porque si te parece bien les podía preguntar o presentártelos para que los interrogues tú sobre los servicios que realizaron el día de la Asunción.
-Muy buena idea, Pedro. No había pensado en esa posibilidad. ¿Qué haría yo sin vosotros? –pregunta retóricamente Grandal dando coba a sus flamantes ayudantes.

PD.- Hasta el próximo viernes

viernes, 4 de enero de 2019

85. Rumores, bulos, cotilleos, patrañas…


   El 21 de agosto Grandal madruga, tiene mucho tajo por delante y solo le quedan diez días para resolver el caso de la muerte de Curro Salazar, si es que lo consigue. Mientras se rasura la cerrada barba con la maquinilla eléctrica piensa que el difunto exsindicalista está dando tanta guerra después de muerto como la dio de vivo. “Está claro que no era un individuo anodino. Vivió a contracorriente y su muerte y el misterio que la rodea también es algo fuera de lo usual”. Deja de pensar en el zahareño porque tiene otros asuntos que atender. Ha de ir al hotel donde ha quedado con Anca en toparse con ella y el nini de su novio como si fuera por casualidad. Antes de eso ha de hablar con Bellido para ver si puede hacer algo para que los agentes de la UCO no sigan atosigando a la pobre patrona del Hostal Los Prados tal y como le prometió a Ramo que haría. Llama al sargento pero su móvil está apagado o fuera de cobertura como informa la voz metálica de la central de comunicaciones. “Debe de estar en el Juzgado de Instrucción a ver si se entera de las declaraciones de Espinosa y Pacheco” se dice. Luego llama a Álvarez para que le cuente como van las investigaciones en los campos de golf de la provincia, pero quien contesta es Ponte.
-Soy Manolo, es que Luis va conduciendo. Vamos por la A-7, la autovía del interior, en dirección a Borriol donde está el campo de golf de La Coma, así es como nos han dicho que le llaman aquí, y luego iremos al campo del Grao de Castellón. Hemos dejado para otro día ir al golf de San Jorge porque al estar más lejos creemos que es el que menos posibilidades tiene que haya estado en él Espinosa. Oye, dice Luis ¿qué si nos preguntan cuál es nuestro hándicap qué decimos?
-Dile a Luis que no pregunte pavadas. Ya se os ocurrirá algo. Y ahora os dejo, tengo mucho qué hacer.
   Otra de las tareas pendientes del excomisario es que ha quedado con Ramo para que le cuente los chismes que circulan por Torreblanca acerca del fallecimiento de Salazar. Se han citado en una cafetería de Marina d´Or. El viejo torreblanquí  ha preferido que fuera allí para evitar miradas indiscretas y poder hablar con más tranquilidad. Debido a que su familia no le aconseja conducir por carreras muy transitadas, ha tomado una vía rural, el Camí de l´Atall, por la cual puede llegar desde Torreblanca a la Marina sin necesidad de tocar la peligrosa N-340. Ramo incluso lleva unas notas sobre los rumores y bulos que corren por el pueblo sobre el caso de Martínez el Andaluz, como le llamaban, y del que le ha informado cumplidamente Julieta la Espardenyera.
-Hay rumores y bulos de todos los tipos y colores, desde los que parecen medianamente creíbles hasta los que cuentan las historias más disparatadas. No puedes imaginarte lo cotillas que son mis paisanos y cuanta imaginación le echan.
-Supongo que pasa como en todas las sociedades pequeñas y cerradas en las que cuando ocurre algo fuera de lo habitual la imaginación de la gente se dispara –Grandal le quita importancia para que Ramo no pueda sentirse mal, al fin y al cabo esos cotillas de los que habla son su gente o, al menos, lo fueron.
-Sí, claro. Te resumo lo que me ha contado la Espardenyera que, como os dije, es mi fuente principal. Al principio, se extendió la noticia de que la muerte de Salazar había sido producto de las fracturas que había sufrido cuando le dieron la paliza, pero en cuanto intervino la Guardia Civil y, sobre todo, el Juzgado de Instrucción, todo cambió. A partir de ahí se dispararon los rumores de que Martínez el Andaluz no había fallecido de muerte natural sino que lo habían asesinado. Y en cuanto se supo su auténtica identidad y su papel en el caso de los ERE los chismes se intensificaron y la posibilidad del asesinato tomó fuerza. La versión más extendida, y te la resumo, es que alguien vino de Sevilla y se lo cargó. Todo eso sin aportar ninguna clase de datos. No se dan nombres, ni horas, ni cómo lo mataron. Esa no solo es la versión más extendida sino también la mayormente aceptada.
-¿Hay otros rumores que aporten nombres del posible asesino?
-Por supuesto. Hay un bulo que cuenta que el asesino es el hijo del muerto, el chico que está aquí. Según cuentan mató a su padre porque estaba resentido con él por haberles abandonado y dejado en la miseria. Otro rumor con nombre incorporado apunta que la asesina es la novia, la tal Rocío. Se lo cargó por despecho. Al parecer, Salazar se había liado con Anca la Potranca, como la conocen aquí, y a la andaluza eso le había sentado a cuerno quemado.
-¿Los autores de esos chismes no se han parado a pensar que fue el hijo quien avisó del estado de Salazar? Y los que achacan la muerte a Rocío Molina por celos a Anca, no han pensado en qué si eso fuera así, ¿cómo es que estuvieron juntas ambas mujeres en el episodio del maletín del fallecido? Esos chismorreos no tienen ni pies ni cabeza.
-Naturalmente, pero esa es la sustancia de que están hechos la mayoría de bulos. Ah, hay otro rumor que también le pone nombre al asesino, en este caso el autor sería Vicentín. La Espardenyera cree que este bulo está propagado por los rivales de los Fabregat, clan que es muy poderoso pero que también tiene muchos enemigos. ¿Motivo? Los celos. Aquí puede haber algo de verdad y no me refiero al asesinato en sí. Ese niñato es incapaz de matar una mosca, como lo es de hacer algo de provecho. Un perfecto inútil, vamos. Lo que sí podría ser cierto es que posiblemente hubo un amago de romance o, al menos, un lío de los de aquí te pillo, aquí te mato entre Curro y Anca. Hay testigos que afirman que los vieron comer juntos y muy amartelados en un restorán de Alcossebre. Dan fechas, lugares y otros datos, y algunos de esos testigos son personas creíbles.
-He hablado con Anca en dos ocasiones y no me ha contado que tuviera una aventura con Salazar. Si eso fuera verdad quizá podría aportar alguna luz al caso, aunque… -Grandal deja la frase al aire.
-Pues quizá sea conveniente que hables una tercera vez –apostilla Ramo.
-¿Hay más bulos? –quiere saber el excomisario.
-Alguno más, pero son tan disparatados que me resisto a contártelos.
-Bueno. Sigue pegando la oreja a los chismes de tus paisanos y báilale el agua a la Espardenyera para que te siga informando. Ahora me tendrás que perdonar, pero tengo otra cita y no quiero llegar tarde. Nos vemos esta tarde en la partida y seguimos comentando.
   Cerca del mediodía, Grandal se dirige al Hotel Balneario Marina d´Or. El establecimiento suele tener muchos visitantes porque, aparte de sus propios huéspedes, es mucha la gente que visita el que, según la propia propaganda, es el mayor balneario de agua marina de Europa que cuenta con un circuito de piscinas, jacuzzis, hot tubes, baños de vapor y helioterapia. El expolicía se coloca en un punto estratégico desde donde puede controlar las entradas al hall. Poco después de las doce ve entrar a la pareja, les deja que den un par de vueltas por las instalaciones y luego hace como si se topara con ellos fortuitamente.
-¡Vaya, qué casualidad, mi camarera favorita! –Nada más decirlo se da cuenta de que acaba de meter la pata. Dado lo celoso que es Vicentín no se extraña de la mirada asesina que le ha dirigido el joven. Trata inmediatamente de corregir su error-. Al decir favorita he querido decir que tanto yo como el resto de mayores a los que nos atendías siempre te consideramos que eras la empleada más eficaz y eficiente del hostal. No comprendo como la taruga de la dueña te ha podido despedir. Ella se lo pierde. ¿Y qué hacéis por aquí?
-Don Jacinto, usted tan caballeroso como siempre. A veces se lo comento a Vicente, las personas mayores suelen ser más detallistas que los jóvenes. Ah, cariño –Hace días que Anca no llamaba cariño al nini que empieza a distender el gesto cariacontecido que se le ha puesto-, no te he contado que el señor Grandal nos está ayudando a Rocío y a mí colaborando con nuestros abogados para que la juez retire los cargos que pesan contra nosotras. Y todo eso por nada, solo por hacernos un favor. Nunca se lo agradeceremos bastante y tú también tendrás que estarle agradecido si al final consigue sacarnos de ese apuro –La rumana ha jugado fuerte y ha puesto al joven torreblanquí en la tesitura de tener que dirigirse a Grandal, algo que no pensaba hacer.
-Muchas gracias, señor, cualquier cosa que se haga por mi novia es como si lo hicieran por mí. De verdad.
-No me agradezcáis nada. Esto para mí es una especie de entretenimiento. Como no me gusta la playa y aquí hay poco más en qué matar el tiempo…, pero ¿qué hacemos aquí de pie? Vamos a sentarnos y os invito a lo que queráis. Hasta la hora del almuerzo no tengo nada mejor que hacer.
   Y sin dar pie a que Vicentín pueda rechazar la invitación les conduce a la cafetería.
-Me han dicho que aquí preparan unos cócteles, cosa rica.
-La verdad es que yo soy más de cerveza –declara el joven.
-Pues creo que cervezas tienen las de media Europa. El otro día me tomé una genuina Pilsener checa hecha con malta de Moravia que era una auténtica pasada. ¿Te apetecería probarla?
   Con el cuento de la cerveza, parece que Grandal se ha hecho con la aceptación, al menos momentánea, del joven nini que se ha puesto a presumir de lo mucho que sabe de cuestiones cerveceras y que alardea que incluso sabe tirarla mucho mejor que la mayoría de bármanes. De ahí a charlar del brete en el que está metida su novia, y casi en la misma medida también él, ha transcurrido un suspiro… El excomisario conduce la conversación con la pericia que le da el haber estado en muchas situaciones parecidas hasta que la hace desembocar en lo que es su objetivo: ver si el nini le proporciona alguna información sobre los sucesos del día de autos que no le dieron Rocío ni Anca y que pueda ayudarle a desenredar la madeja de la muerte de Curro Salazar.

PD.- Hasta el próximo viernes

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