viernes, 4 de enero de 2019

85. Rumores, bulos, cotilleos, patrañas…


   El 21 de agosto Grandal madruga, tiene mucho tajo por delante y solo le quedan diez días para resolver el caso de la muerte de Curro Salazar, si es que lo consigue. Mientras se rasura la cerrada barba con la maquinilla eléctrica piensa que el difunto exsindicalista está dando tanta guerra después de muerto como la dio de vivo. “Está claro que no era un individuo anodino. Vivió a contracorriente y su muerte y el misterio que la rodea también es algo fuera de lo usual”. Deja de pensar en el zahareño porque tiene otros asuntos que atender. Ha de ir al hotel donde ha quedado con Anca en toparse con ella y el nini de su novio como si fuera por casualidad. Antes de eso ha de hablar con Bellido para ver si puede hacer algo para que los agentes de la UCO no sigan atosigando a la pobre patrona del Hostal Los Prados tal y como le prometió a Ramo que haría. Llama al sargento pero su móvil está apagado o fuera de cobertura como informa la voz metálica de la central de comunicaciones. “Debe de estar en el Juzgado de Instrucción a ver si se entera de las declaraciones de Espinosa y Pacheco” se dice. Luego llama a Álvarez para que le cuente como van las investigaciones en los campos de golf de la provincia, pero quien contesta es Ponte.
-Soy Manolo, es que Luis va conduciendo. Vamos por la A-7, la autovía del interior, en dirección a Borriol donde está el campo de golf de La Coma, así es como nos han dicho que le llaman aquí, y luego iremos al campo del Grao de Castellón. Hemos dejado para otro día ir al golf de San Jorge porque al estar más lejos creemos que es el que menos posibilidades tiene que haya estado en él Espinosa. Oye, dice Luis ¿qué si nos preguntan cuál es nuestro hándicap qué decimos?
-Dile a Luis que no pregunte pavadas. Ya se os ocurrirá algo. Y ahora os dejo, tengo mucho qué hacer.
   Otra de las tareas pendientes del excomisario es que ha quedado con Ramo para que le cuente los chismes que circulan por Torreblanca acerca del fallecimiento de Salazar. Se han citado en una cafetería de Marina d´Or. El viejo torreblanquí  ha preferido que fuera allí para evitar miradas indiscretas y poder hablar con más tranquilidad. Debido a que su familia no le aconseja conducir por carreras muy transitadas, ha tomado una vía rural, el Camí de l´Atall, por la cual puede llegar desde Torreblanca a la Marina sin necesidad de tocar la peligrosa N-340. Ramo incluso lleva unas notas sobre los rumores y bulos que corren por el pueblo sobre el caso de Martínez el Andaluz, como le llamaban, y del que le ha informado cumplidamente Julieta la Espardenyera.
-Hay rumores y bulos de todos los tipos y colores, desde los que parecen medianamente creíbles hasta los que cuentan las historias más disparatadas. No puedes imaginarte lo cotillas que son mis paisanos y cuanta imaginación le echan.
-Supongo que pasa como en todas las sociedades pequeñas y cerradas en las que cuando ocurre algo fuera de lo habitual la imaginación de la gente se dispara –Grandal le quita importancia para que Ramo no pueda sentirse mal, al fin y al cabo esos cotillas de los que habla son su gente o, al menos, lo fueron.
-Sí, claro. Te resumo lo que me ha contado la Espardenyera que, como os dije, es mi fuente principal. Al principio, se extendió la noticia de que la muerte de Salazar había sido producto de las fracturas que había sufrido cuando le dieron la paliza, pero en cuanto intervino la Guardia Civil y, sobre todo, el Juzgado de Instrucción, todo cambió. A partir de ahí se dispararon los rumores de que Martínez el Andaluz no había fallecido de muerte natural sino que lo habían asesinado. Y en cuanto se supo su auténtica identidad y su papel en el caso de los ERE los chismes se intensificaron y la posibilidad del asesinato tomó fuerza. La versión más extendida, y te la resumo, es que alguien vino de Sevilla y se lo cargó. Todo eso sin aportar ninguna clase de datos. No se dan nombres, ni horas, ni cómo lo mataron. Esa no solo es la versión más extendida sino también la mayormente aceptada.
-¿Hay otros rumores que aporten nombres del posible asesino?
-Por supuesto. Hay un bulo que cuenta que el asesino es el hijo del muerto, el chico que está aquí. Según cuentan mató a su padre porque estaba resentido con él por haberles abandonado y dejado en la miseria. Otro rumor con nombre incorporado apunta que la asesina es la novia, la tal Rocío. Se lo cargó por despecho. Al parecer, Salazar se había liado con Anca la Potranca, como la conocen aquí, y a la andaluza eso le había sentado a cuerno quemado.
-¿Los autores de esos chismes no se han parado a pensar que fue el hijo quien avisó del estado de Salazar? Y los que achacan la muerte a Rocío Molina por celos a Anca, no han pensado en qué si eso fuera así, ¿cómo es que estuvieron juntas ambas mujeres en el episodio del maletín del fallecido? Esos chismorreos no tienen ni pies ni cabeza.
-Naturalmente, pero esa es la sustancia de que están hechos la mayoría de bulos. Ah, hay otro rumor que también le pone nombre al asesino, en este caso el autor sería Vicentín. La Espardenyera cree que este bulo está propagado por los rivales de los Fabregat, clan que es muy poderoso pero que también tiene muchos enemigos. ¿Motivo? Los celos. Aquí puede haber algo de verdad y no me refiero al asesinato en sí. Ese niñato es incapaz de matar una mosca, como lo es de hacer algo de provecho. Un perfecto inútil, vamos. Lo que sí podría ser cierto es que posiblemente hubo un amago de romance o, al menos, un lío de los de aquí te pillo, aquí te mato entre Curro y Anca. Hay testigos que afirman que los vieron comer juntos y muy amartelados en un restorán de Alcossebre. Dan fechas, lugares y otros datos, y algunos de esos testigos son personas creíbles.
-He hablado con Anca en dos ocasiones y no me ha contado que tuviera una aventura con Salazar. Si eso fuera verdad quizá podría aportar alguna luz al caso, aunque… -Grandal deja la frase al aire.
-Pues quizá sea conveniente que hables una tercera vez –apostilla Ramo.
-¿Hay más bulos? –quiere saber el excomisario.
-Alguno más, pero son tan disparatados que me resisto a contártelos.
-Bueno. Sigue pegando la oreja a los chismes de tus paisanos y báilale el agua a la Espardenyera para que te siga informando. Ahora me tendrás que perdonar, pero tengo otra cita y no quiero llegar tarde. Nos vemos esta tarde en la partida y seguimos comentando.
   Cerca del mediodía, Grandal se dirige al Hotel Balneario Marina d´Or. El establecimiento suele tener muchos visitantes porque, aparte de sus propios huéspedes, es mucha la gente que visita el que, según la propia propaganda, es el mayor balneario de agua marina de Europa que cuenta con un circuito de piscinas, jacuzzis, hot tubes, baños de vapor y helioterapia. El expolicía se coloca en un punto estratégico desde donde puede controlar las entradas al hall. Poco después de las doce ve entrar a la pareja, les deja que den un par de vueltas por las instalaciones y luego hace como si se topara con ellos fortuitamente.
-¡Vaya, qué casualidad, mi camarera favorita! –Nada más decirlo se da cuenta de que acaba de meter la pata. Dado lo celoso que es Vicentín no se extraña de la mirada asesina que le ha dirigido el joven. Trata inmediatamente de corregir su error-. Al decir favorita he querido decir que tanto yo como el resto de mayores a los que nos atendías siempre te consideramos que eras la empleada más eficaz y eficiente del hostal. No comprendo como la taruga de la dueña te ha podido despedir. Ella se lo pierde. ¿Y qué hacéis por aquí?
-Don Jacinto, usted tan caballeroso como siempre. A veces se lo comento a Vicente, las personas mayores suelen ser más detallistas que los jóvenes. Ah, cariño –Hace días que Anca no llamaba cariño al nini que empieza a distender el gesto cariacontecido que se le ha puesto-, no te he contado que el señor Grandal nos está ayudando a Rocío y a mí colaborando con nuestros abogados para que la juez retire los cargos que pesan contra nosotras. Y todo eso por nada, solo por hacernos un favor. Nunca se lo agradeceremos bastante y tú también tendrás que estarle agradecido si al final consigue sacarnos de ese apuro –La rumana ha jugado fuerte y ha puesto al joven torreblanquí en la tesitura de tener que dirigirse a Grandal, algo que no pensaba hacer.
-Muchas gracias, señor, cualquier cosa que se haga por mi novia es como si lo hicieran por mí. De verdad.
-No me agradezcáis nada. Esto para mí es una especie de entretenimiento. Como no me gusta la playa y aquí hay poco más en qué matar el tiempo…, pero ¿qué hacemos aquí de pie? Vamos a sentarnos y os invito a lo que queráis. Hasta la hora del almuerzo no tengo nada mejor que hacer.
   Y sin dar pie a que Vicentín pueda rechazar la invitación les conduce a la cafetería.
-Me han dicho que aquí preparan unos cócteles, cosa rica.
-La verdad es que yo soy más de cerveza –declara el joven.
-Pues creo que cervezas tienen las de media Europa. El otro día me tomé una genuina Pilsener checa hecha con malta de Moravia que era una auténtica pasada. ¿Te apetecería probarla?
   Con el cuento de la cerveza, parece que Grandal se ha hecho con la aceptación, al menos momentánea, del joven nini que se ha puesto a presumir de lo mucho que sabe de cuestiones cerveceras y que alardea que incluso sabe tirarla mucho mejor que la mayoría de bármanes. De ahí a charlar del brete en el que está metida su novia, y casi en la misma medida también él, ha transcurrido un suspiro… El excomisario conduce la conversación con la pericia que le da el haber estado en muchas situaciones parecidas hasta que la hace desembocar en lo que es su objetivo: ver si el nini le proporciona alguna información sobre los sucesos del día de autos que no le dieron Rocío ni Anca y que pueda ayudarle a desenredar la madeja de la muerte de Curro Salazar.

PD.- Hasta el próximo viernes

 [ZR1]amo

viernes, 28 de diciembre de 2018

84. ¡Cómo en los viejos tiempos!


   Grandal está pensado visitar los tres campos de golf que el sargento Bellido le ha dicho que están operativos en la provincia de Castellón para investigar si en alguno de ellos estuvo Carlos Espinosa y en que fechas, pero para ello tiene que desplazarse a las localidades en las que están ubicados. Lo de viajar le da pereza y además tendría que emplear un tiempo que comienza a faltarle. Lo del factor tiempo no le había preocupado hasta que recordó que el 31 de agosto tienen que dejar el apartamento de Marina d´Or que la amiga de Chelo les cedió. O sea, que solamente le quedan once días para descubrir el misterio del fallecimiento de Curro Salazar. Tras meditarlo se dice que no puede llegar a todo. No va a tener más remedio que recurrir a sus inseparables amigos del dominó para investigar todas las pistas relativas al fallecimiento del exsindicalista. Ya formaron equipo cuando el caso del robo del Tesoro Quimbaya (*) y funcionaron como un reloj suizo de los caros.
   Antes de la cotidiana partida en la que el cuarto jugador va a ser Ramo cuando llegue, Grandal habla con Álvarez y Ponte y les informa de lo que le ha pedido el sargento Bellido y de que va a necesitar de ellos pues son varias las pistas a seguir en el caso Pradera. Los vejetes se ponen más contentos que unas castañuelas. Ponte, como suele ocurrir, es el primero en mostrar su alegría.
-¡Cómo en los viejos tiempos! No sabes la ilusión que me hace y supongo que lo mismo le pasa a Luis.
-A mí me hace más que ilusión. Al fin podré usar mi placa de policía honorario –apunta Álvarez.
-Nada de placas. El trabajo tiene que hacerse con la mayor discreción. Le he dado mi palabra al sargento Bellido de que así actuaría y así se hará o no contaré con vosotros. Oficialmente no estoy investigando el caso, no puedo hacerlo, estoy jubilado. Con los guardias de la comandancia local no habrá problema, pero hay dos agentes de la UCO venidos de Madrid que si se enteran de que vamos metiendo las narices en el caso le puede costar un serio disgusto a Bellido. O sea, que punto en boca y mucho cuidadito con lo que se dice y hasta con lo que no. Y estoy hablando muy en serio –Grandal ha puesto énfasis en su última frase.
-Tranquilo, Jacinto, nada de placas y te prometemos que seremos unas tumbas. ¿De acuerdo, Luis? –le dice Ponte a Álvarez que hace con los dedos una cruz en señal de promesa.
-Otra cosa. De todo esto no vamos a hablar delante de Ramo, no sea que comience a largarlo por ahí y hacemos un pan como unas hostias –les pide Grandal.
-Pedro es un tipo muy reservado y discreto, solo te diré que no me contó nada de su vida hasta que llevábamos unas cuantas semanas juntándonos para pasear a nuestros nietos –replica Ponte.
-No dudo de su discreción, pero como es de aquí se puede ir fácilmente de la mui para darse pisto –recela Grandal.
-Creo que te equivocas, Jacinto -insiste Ponte-, Pedro no solo es de los que no se va de la lengua sino que también es de los que no le gusta fardar. Y el hecho de que sea de aquí nos puede ayudar y mucho. ¿De qué manera?, ten en cuenta que la mayoría de los lugareños hablan en valenciano y él es el único de nosotros que lo chamulla. Otra cuestión es que como conoce a la gente del pueblo por medio de él podremos acceder a personas que nosotros ni sabemos que existen.
   Tras debatirlo, Ponte termina convenciendo al excomisario de que Pedro Ramo puede ser el reemplazo de Amadeo Ballarín que completaba el cuarteto cuando el caso Quimbaya y que sigue en Lérida con su familia. Al final de las partidas de dominó, hoy solo han hecho dos y no las tres habituales, Grandal hace una sucinta explicación dirigida especialmente a Ramo para ponerle al día en lo que se refiere a su posible participación en el caso del fallecimiento de Curro Salazar. Le pide que se una a ellos y en contrapartida le exige la mayor discreción y su promesa que de todo lo que se hable en adelante sobre el caso no dirá una sola palabra, ni siquiera a su familia. Ramo, que nunca se había visto en una así, da su palabra de que será una tumba y que pueden contar con él para lo que quieran.
-Gracias, Pedro, ya me había dicho Manolo que eres de los que se visten por los pies, de los nuestros, vamos. Y mira, lo primero en lo que nos puedes ayudar es que, dado que conoces bien a tus paisanos, te enteres de los rumores, bulos y chismorreos que corren por el pueblo sobre la muerte de Salazar. A veces, de las patrañas se pueden sacar verdades.
-Entendido, y ya sé a quién tengo que preguntar.
-¿Nos puedes decir a quién, si no es indiscreción? –quiere saber Álvarez.
-A la hija mayor de una señora a la que conocía bien y a quien llamaban Teresita la Maicalles, que en valenciano significa la que nunca calla. La persona de la que hablo ha sacado la inclinación materna de enterarse de todos los chismes que circulan por el pueblo. Todos los rumores que pueda haber sobre la muerte de Salazar a buen seguro que los sabe ella.
-¿Y cómo llaman a la hija, la Maicalles bis? –pregunta Álvarez con sorna.
-No, la llaman Julieta la Espardenyera, la alpargatera en español, porque durante muchos años regentó una alpargatería, pero es igual de cotilla que lo fue su madre.
-Bien. Y ahora lo de las visitas a los campos de golf de la provincia que yo no voy a poder hacer. Hay que ir a Borriol, El Grao, y San Jorge –y dirigiéndose a Álvarez y a Ponte les pregunta-. ¿Os repartís esas visitas o preferís hacerlas en comandita?
-Tendrá que ser en pareja, Jacinto, solo tenemos el coche de Luis –precisa Ponte.
-Tienes razón, lo había olvidado. Pedro, ¿tú conduces?
-Podría porque mi carné de conducir no caduca hasta el 2021, pero mis hijos no me dejan, dicen que estoy muy mayor para conducir sobre todo en carreteras con mucho tráfico.
-¡Coño –exclama Ponte -, y yo que creía que eso solo me pasaba a mí! El mío también es válido hasta ese año, pero mi hija Clara se pone como una pantera en celo cuando hablo de coger el coche.
-Vale, vale –Grandal corta los lamentos de los abuelos en ejercicio y se centra otra vez en las visitas a los campos de golf-. Os voy a dar una descripción de Carlos Espinosa Valgrande y vais a preguntar si ha estado jugando en alguno de esos campos, las fechas, las horas y cuantos datos podáis recopilar.
-¿Y cómo nos presentamos, quiénes decimos que somos? –le interpela Álvarez.
-Lo he estado pensando y no se me ha ocurrido nada mejor que esto: vais a decir que sois los representantes de un club de jubilados de Madrid, empedernidos jugadores de golf, que pasan largas temporadas en la Costa de Azahar y que estáis buscando un campo que se adapte a vuestras condiciones de gente mayor. En cada campo diréis que os lo ha recomendado un amigo vuestro, Carlos Espinosa, y hablando de él tiráis de la lengua a quien os atienda y a ver lo qué sacáis.
-Hombre, para eso nos pueden servir las tarjetas acreditativas de socios del Centro de Mayores de Moncloa –comenta Álvarez.
-Perdón, pero acabo de recordar algo que puede interferir en las investigaciones, sobre todo en lo que atañe a interrogatorios –dice Ramo dirigiéndose a Grandal-. Me refiero a las fiestas del pueblo.
-¿Qué fiestas? –pregunta Grandal.
-Las que se celebran en honor del patrono del pueblo, San Bartolomé –explica Ramo-. Este año las fiestas comienzan mañana y duran hasta el 31 de agosto y durante esos diez días la gente solo piensa en divertirse y pasárselo bien. La gente de Torreblanca que veranea en la playa se sube al pueblo y ya no suelen volver. Por otra parte localizar a la gente joven se puede convertir en un problema porque están de jarana por las noches hasta las tantas y duermen durante el día. Cuento esto porque si piensas interrogar a gente del pueblo conviene que lo hagas cuanto antes porque luego te resultará más complicado.
-Gracias por la información, lo tendré en cuenta –agradece Grandal.
-Oye, Pedro, recuerdo que mi nuera que es muy de salir solía traer traía una revistilla en la que se recogía la programación de las fiestas, ¿este año también la hay? –pregunta Álvarez.
-Por supuesto, la hay todos los años. Mañana, cuando suba a la compra, me acercaré a la oficina de turismo del Ayuntamiento y compraré la de este año.
   En esas, suena el móvil de Grandal. Mira, es la joven rumana.
-Dime, Anca.
-Señor Grandal, le he pedido a Vicente que me lleve a visitar el Hotel Balneario Marina d´Or. Hemos quedado en ir mañana sobre las doce y luego igual nos bañamos. Como estoy sin trabajo tengo todo el día para mí. ¿Le viene bien la hora?
-Perfecto. Sobre las doce estaré en el bar que hay entrando a la izquierda y nos haremos los encontradizos. Cuando llegue el momento le tendrás que insistir en que estoy retirado y por tanto puede hablar conmigo con total tranquilidad y que lo que pueda contar allí se quedará. ¿De acuerdo? Pues hasta mañana y gracias por tu colaboración.
   Mientras el excomisario ha estado hablando con la joven rumana, Ramo ha acudido a una llamada de la patrona del hostal que le ha contado, medio entre lágrimas y visiblemente alterada, que los agentes de la UCO siguen acosándola con la excusa de que no ha contado todo cuanto sabe sobre la estancia en su establecimiento de Salazar. Se ha quejado al sargento Bellido, pero éste le ha dicho que poco puede hacer al respecto y que tenga paciencia que más pronto que tarde los investigadores de la Unidad Central Operativa se volverán a Madrid. A la patrona lo de la paciencia no le sirve porque ya la ha agotado y la pareja de agentes sigue atosigándola a todas horas. Si se lo cuenta a Pedro es porque sabe de su amistad, aunque reciente, con un compañero de partida de dominó que es o fue comisario. Y piensa que un señor que tuvo un cargo tan importante en la policía quizá pueda hacer algo para quitarle de encima a los molestos enviados de la UCO. Ramo no le promete nada, pero le dice que se lo comentará a Grandal a ver qué puede hacer al respecto.

PD.- Hasta el próximo viernes y feliz 2019. Salud, paz y felicidad.
(*) La novela “El robo del Tesoro Quimbaya” está publicada en este blog.

viernes, 21 de diciembre de 2018

Capítulo 20. Grandal ya tiene quien le ayude.- 83. El que algo quiere algo le cuesta


   En la reunión que Grandal tiene con Rocío y Anca para que le cuenten cuanto saben sobre la muerte de Curro Salazar, la andaluza omite que vio al Chato de Trebujena en la habitación del exsindicalista la tarde del 15. Sigue pensando que algún día podrá obtener beneficios a cambio de revelar que vio al exboxeador. La omisión, aunque no sabe sobre qué, no le pasa por alto a
Grandal que tiene muchas horas de interrogatorios en su haber, por eso ha puesto a la andaluza entre la espada y la pared, la ha instado a que cuente cuanto sabe y que no le vaya con cuentos chinos.
-Rocío, te repregunto y es la última oportunidad que te doy: has dicho que viste a un individuo que tenía mala jeta y a esa conclusión no se llega con una sola ojeada. Me has descrito su cuerpo, haz lo mismo con su cara.
   La andaluza se ve derrotada, pero no arroja del todo la toalla. Le describirá el rostro pero no le dirá a quien pertenece.
-Pue, verá usté, don Jasinto, argo si recuerdo: tenía una cara ancha, labios gruesos, ojos chicos y lo más destacado era que tenía la narís aplastá, como si se la hubiesen planchao.
-Muy bien, Rocío. Te felicito porque para una ojeada te fijaste en muchos rasgos. ¿Y no sabrás a quién pertenece ese rostro que tan bien has descrito?
   Ante la pregunta directa que no esperaba, Rocío duda una milésima de segundo, tiempo suficiente para que la entrenada mente del expolicía se haya percatado. “Esta fulana sabe quién es el tipo, pero no lo va a decir. Se lo tendré que sacar por otras vías” se dice Grandal.
-Pue no lo sé, pero le aseguro que no hago más que darle vuertas a la cabesa porque me parese que esa cara la he visto en arguna parte, pero no recuerdo dónde. En cuantito m´acuerde se lo digo volando, por estas que son cruces –dice la andaluza cruzando los índices.
-Así lo espero –Grandal piensa que no es momento de presionar más a Rocío y lo deja correr-. Bien, y ahora vamos con el guiri que, al parecer, entró para ayudar a Salazar –pasa a otra página del rotafolios y rotula- 19.10 h., mas menos, Rocío, Anca y Vicentín entran en la habitación 16 y ven a un extranjero inclinado sobre Salazar-. Habladme de ese extranjero, suponiendo que lo fuera. Empieza tú, Rocío.
-Pue verá usté, don Jasinto –la andaluza ya se ha hecho con una muletilla para darse tiempo a pensar lo que debe y lo que no debe contar-. Ma o meno, a la hora que ha dicho entramos los tres y vimos a un guiri poniendo la armohada bajo la cabesa der pobre Curro. Nos quedamos tos paraos en la puerta porque lo que menos esperábamos era encontrarnos allí a un forastero. Recuerdo que Anca le preguntó qué hasía allí y nos echó una parrafá, en ese españó que hablan los guiris que no hay cristiano que los entienda. Lo que le entendimos es que pasaba por er pasillo y que ar escuchar quejios entró por si podía ayudar.
-Fue así, señor Grandal, como lo cuenta Rocío –reafirma Anca-. Recuerdo que le pregunté: ¿quién es usted, qué hace aquí? Y entonces se volvió y nos contestó en un castellano difícil de entender como ha dicho Rocío.
-Bien. Describidlo.
    Ambas mujeres se miran, Rocío hace un gesto dándole la palabra a la rumana.
-Lo que mejor recuerdo es que era muy grande y muy fuerte, como un armario ropero, vamos. Tenía el pelo negro y unos ojos oscuros con una mirada como muy dura. Los demás rasgos de la cara eran normales, quiero decir que no tenía nada que destacara. Ah, también tenía unas manos más grandes que la pala de un tractor.
-Otra cosa, don Jasinto –explica Rocío-. Cuando le pregunté que cómo había oío ayes si er pobre Curro no había dicho ni pio hasta entonses, no me respondió, se limitó a encogerse de hombros. A mí aquello si me paresió raro, pero como nuestra preocupasion era er estao de Currito pues lo pasamos por arto.
-Vale. ¿Y cuándo se marchó?
   Otra vez las dos mujeres vuelven a consultarse con la mirada. Es Anca la que habla:
-De seguro no lo sé, pero calculo que estaría con nosotros como diez o quince minutos aproximadamente.
-¿Se despidió o se fue a la francesa?
-Dijo argo de que como allí ya no hasía farta que se iba –explica Rocío.
-¿Seríais capaz de reconocerle en una foto?
   Ambas jóvenes asienten.
-Bien. Por el momento es todo, pero seguiremos hablando. Vuestros recuerdos son fundamentales para descubrir lo que ocurrió en la habitación 16 –Grandal sabe por experiencia que se cazan más moscas con miel que con hiel, por eso halaga a las mujeres-. Ahora –dice dirigiéndose a Anca-, necesito dialogar con tu novio, me refiero a Vicente Fabregat, ¿cómo puedo ponerme en contacto con él?
-Huy, va a ser difícil. Su padre le ha mandado que no diga ni una palabra del suceso sino es en presencia de su abogado y que mejor que se olvide de todo lo ocurrido.
-Bueno, eso será para cuando sea interrogado de manera oficial, pero no es el caso. Yo no voy a interrogarle, solo quiero charlar con él tal como lo estoy haciendo con vosotras, de una manera informal y sin que tenga ninguna repercusión legal.
-Lo intentaré, señor Grandal, pero ya le digo que como se entere su padre se puede montar un cirio de narices. No sabe el mal genio que se gasta el viejo Fabregat y las buenas relaciones que tiene con todos los que mandan en el pueblo.
-Mira, Anca, vamos a hacer una cosa. ¿Conoces el Hotel Balneario de Marina d´Or?, ¿qué no has estado nunca? Bueno, pues le cuentas que tienes el capricho de conocerlo y me dices el día y la hora en que vais a ir, y por casualidad me toparé allí con vosotros. Me lo presentas y tendremos una agradable conversación entre los tres. Y, por supuesto, de esto que no se entere su padre ni nadie. Será nuestro secreto.
-Es que… -A la joven rumana la propuesta del excomisario no parece hacerle demasiada gracia y se resiste-, verá, señor Grandal, prácticamente hemos roto y se me hace muy cuesta arriba pedirle nada.
-¿Cómo que habéis roto si estuvisteis todo el tiempo juntos cuando la odisea del maletín?
-Ya habíamos roto; mejor dicho, yo le había dejado porque estaba harta de sus ataques de cuernos, fue Rocío la que lo metió en lo del maletín y yo no me opuse, pero desde entonces no hemos vuelto a hablar. Además, me da que su familia le ha prohibido que vuelva conmigo y yo estoy como unas pascuas de contenta que sea así porque en los últimos tiempos la relación se había vuelto un sinvivir.
-Anca, el que algo quiere, algo le cuesta. Te pregunto lo mismo que le pregunté a Rocío: ¿quieres que te ayude a no entrar en el trullo o prefieres pasar en él una temporada?
-¡Ay, don Jacinto, que duro es usted! –Se lamenta Anca-. Bueno, tendré que hacer de tripas corazón y volver a ponerle buena cara a ese membrillo. ¿Cuándo quiere que nos encontremos en ese hotel que ha dicho?
-Mañana mejor que pasado. En cuanto lo sepas llámame a este número.
   Grandal se despide por el momento de ambas mujeres y se pone en contacto con el sargento Bellido para que le cuente si hay alguna novedad sobre el caso Pradera.
-Pues las hay, comisario –el suboficial no le apea el tratamiento de su antiguo rango por mucho que Grandal le haya recordado que ahora solo es un jubilado-. Mis compañeros de la comandancia de Málaga han localizado al llamado Carlos Espinosa Valgrande, que ese es el nombre completo del individuo en cuestión. Es el director de uno de los hoteles de cinco estrellas más importantes de la Costa del Sol. Se le ha mandado por vía urgente la citación para que comparezca como testigo del caso ante la jueza del Valle. Creo que declarará mañana o pasado. También se ha localizado a Alfonso Pacheco Ruiz, en este caso han sido los compañeros de la comandancia sevillana. El tal Pacheco fue quien salvó al fallecido Salazar el día que un fulano, aún no identificado, le dio una paliza y el que al día siguiente le llevó a una clínica de Castellón para que lo reconocieran los médicos. Se trata de un ingeniero forestal que trabaja para la Junta de Andalucía. También ha sido citado a declarar, en principio como testigo, y se espera que lo haga igualmente un día de estos.
-Vale. Tenme al corriente de las declaraciones. ¿Y qué se sabe del extranjero al que el trío de pichones del maletín encontró en la habitación 16 tratando, al parecer, de ayudar a Salazar?
-De momento, nada. De localizar a ese tipo se ha encargado la UCO.
-Hablando de la UCO, ¿has vuelto a tener problemas con los dos pájaros de Madrid?
-Ninguno, comisario. No sé qué es lo que hizo usted, pero desde que la juez del Valle les tiró de las orejas están más suaves que la seda.
   Grandal piensa en cómo sonsacarle al sargento si sabe algo del tipo que también estuvo en la habitación 16 el día del fallecimiento de Salazar y al que Rocío ha definido como un fulano que tenía muy mala jeta. Sabe que dicho individuo no aparece en las declaraciones que los distintos testigos han hecho hasta el momento en el juzgado que lleva el caso. Tras pensarlo decide guardarse esa baza, pero por si acaso pregunta:
-¿Habéis investigado si hubo más personas que entraron en la habitación de Salazar el día de autos?
-Sospechamos que sí, en eso hay testimonios que difieren. Estamos en proceso de confrontar a varios miembros del personal del hostal para ver si obtenemos datos fiables al respecto.
-Bien. Ah, Anca me ha contado que el tal Espinosa en una de las ocasiones que fue a visitar a Salazar dijo que se iba a jugar al golf. ¿Me podrías facilitar una relación de los campos de golf que hay en la provincia?
-Eso se lo digo ya mismo porque solo hay tres en funcionamiento, y digo esto porque creo que programados para construirlos en un próximo futuro hay hasta trece más. Los que funcionan son: el Club de Campo del Mediterráneo que está en Borriol, de ese es de donde salió el famoso Sergio García, el Club de Golf Costa de Azahar ubicado en El Grao y el Campo de Golf de Panorámica que radica en el pueblo de San Jorge.
-Gracias, Bellido, eres la eficacia personificada. En cuanto sepas algo de las declaraciones de Espinosa y de Pacheco me llamas para contarme. Nos vemos.

PD.- Hasta el próximo viernes y feliz Navidad
PD.- Hasta el próximo viernes