viernes, 9 de noviembre de 2018

77. Para ascender hay que tragarse algún que otro sapo


   Las dos personas relacionadas con el difunto Salazar que se han quedado en el pueblo llevan rumbos muy distintos. A Rocío Molina la han trasladado a Castellón para prestar declaración ante la juez que instruye el caso Pradera. De momento ocupa una celda en la Audiencia Provincial. Cada hora que pasa es una dentellada que la dura realidad le pega a su moral. Aunque todavía se guarda el comodín de una posible negociación con la fiscalía intercambiando la prisión por los secretos que sabe del día de autos, expresión que de tanto oírla se le ha hecho familiar. Pese a ello hay un hecho que la tiene muy preocupada y es que ella no le hizo nada a Curro, solo se llevó su maletín que para más inri no pudo abrirlo, entonces ¿por qué la han detenido y a sus dos compinches, Anca y Vicentín, los han soltado? Piensa que razón tenía aquel alcalde de Jerez al proclamar que la justicia es un cachondeo.
   El derrotero de Francisco José es diferente: está varado en el pueblo ocupando una habitación del hostal en el que falleció su padre gracias a una gestión del sargento y a la buena voluntad de la patrona. El joven sevillano se aburre más que una lapa y, aunque como urbanita es más de piscina que de mar, dedica la mayor parte de la jornada a deambular por las playas puesto que no hay mucho más que hacer. Dado que Torrenostra es un lugar pequeño rápidamente ha circulado la especie de que es el hijo del señor que murió en el hostal lo que le confiere un cierto halo de misterio. Será por eso, porque su habla les parece muy graciosa a los autóctonos o porque no es mal parecido la realidad es que está ligando con una facilidad que a él mismo le sorprende. El día que murió su padre ya se cameló a una veraneante y la paseó en la Harley. Algo que ya no podrá repetir porque el pasado día dieciséis vino un tipo de Castellón con los papeles de la moto y se la llevó por haber vencido el período de alquiler que no ha sido renovado. Su mayor problema es que hasta que Pepote el Salvaculos, el viejo amigo de su padre, no le envíe pasta está sin un euro, pero de momento se va bandeando en plan gorrón.
   La pareja que acompañó a Rocío en el affaire del maletín de Curro está en un impasse en lo que respecta a su relación. Vicentín sigue empeñado en reconquistar a Anca, que ha mantenido una larga conversación con sus padres en la que le han aconsejado que se piense muy mucho lo de romper definitivamente con el chico. Le han hecho ver que en el pueblo ellos siguen siendo uns forasters por mucho que haga más de quince años que viven allí y que la propia Anca hable el valenciano como si hubiese nacido en Torreblanca. Ello supone que si el asunto del muerto del hostal se complica nadie con poder en el pueblo romperá una lanza en su favor. En cambio, si continúa de novia con Vicentín la cosa cambia puesto que ello significa que algún día pueda emparentar con los Fabregat y ese apellido tiene mucho peso en el pueblo. La joven, pese a que se ha resistido, ha terminado siguiendo el consejo de sus padres y ha matizado su decisión de romper definitivamente con el que ella ya consideraba como exnovio.
- Mira, hija. Mientras no se resuelva el lío de la muerte no te vendrá mal que sigan considerando que eres la novia de Vicentín. Los Fabregat son una familia que cuenta mucho en el pueblo.
-Madre, es que no lo soporto.
-Pues te conviene soportarlo. No le digas que no lo  aguantas, dile que te lo estás pensando y de momento ponle buena cara. Cuando el lío del señor que murió haya terminado le das puerta y adiós muy buenas. Aunque sigo aconsejándote lo de siempre: si quieres ser alguien en el pueblo cásate con él. Dejarás de ser otra pobre rumana más para convertirte en la señora de Fabregat. Y eso aquí supone tanto como si te dieran el pasaporte español.
   En el plano de la investigación sobre la muerte de Salazar, los dos agentes que la Unidad Central Operativa de la Guardia Civil ha mandado a Torreblanca están comenzando sus investigaciones y no dejan piedra sin remover. Lo primero que han hecho es una exploración a fondo del hostal y sus terrenos aledaños. Han confeccionado un plano a escala de la habitación en la que falleció Salazar y un croquis del lugar que ocupa la misma en el establecimiento. Luego han pedido al sargento la relación de todos los testigos que prestaron declaración y están sistemáticamente volviéndolos a interrogar. El sargento hace de poli malo y la cabo primero de poli buena. Antes de eso y por aquello de guardar las formas, el sargento Sales le ha dicho a su colega:
-Bellido, por supuesto, puedes estar presente en los interrogatorios –y después de una pausa agrega-,… si lo deseas.
   La primera reacción de Bellido ha sido dejarles claro que sigue siendo el comandante del puesto y mientras estén bajo su jurisdicción quien manda es él, pero hace un esfuerzo y se traga el sapo. Sabe que si quiere ascender no será el último que tendrá que engullir. Por lo que su respuesta es diplomática.
-Estáis en vuestra casa. Si necesitáis cualquier cosa no tenéis más que decirlo -y hace mutis, pero reafirmándose que es imprescindible hablar con el excomisario con el que se ha citado.
   Grandal siempre ha presumido de puntual, pero cuando llega al bar del hotel ya le está esperando el sargento que se levanta para saludarle y casi se cuadra ante el excomisario pese a que va vestido de paisano. “Este quiere pedirme algo, pero no quiere que le identifiquen, ni siquiera ha venido de uniforme”, piensa el policía.
-Ante todo, don Jacinto, gracias por su amabilidad a pesar de que, como le dije, esto más que una cita es un atraco.
-Tranquilo, Bellido. En la agenda de los jubilados hay muchos más espacios en blanco que escritos.
-Esta es una conversación que le ruego que mantenga en la más estricta privacidad. Acabamos de conocernos, pero un hombre con una trayectoria profesional como la suya sabe lo que es la confidencialidad y una conversación privada entre dos miembros de los cuerpos de seguridad del Estado por mucho que esté jubilado.
   “Jacinto, creo que no has marrado el tiro, este tío te quiere contar algo relacionado con la muerte de Salazar…”, piensa Grandal.
-Sargento, tranquilo. Le doy mi palabra de que lo que aquí se hable, aquí se va a quedar.
   Bellido en pocas palabras le cuenta lo que está sucediendo: tiene el mandato oficial de la juez que instruye el fallecimiento de Francisco Salazar para actuar como cabeza de la policía judicial, pero la llegada de dos componentes de la UCO han hecho que en la práctica haya quedado relegado a un segundo plano. Y eso es algo que su orgullo profesional y, ¿por qué no decirlo?, su legítima ambición de ascender en el Cuerpo pueden quedar muy tocados si son los miembros de la Unidad Central Operativa los que se lleven el mérito de solucionar el caso. Ante tal tesitura solo conoce una persona que le puede ayudar, aunque sea extraoficialmente, y es don Jacinto Grandal, galardonado comisario de policía con notorios éxitos en el esclarecimiento de complicados casos criminales.
-Lo que le pido, don Jacinto, es que, de forma confidencial y sin que se entere nadie, me eche una mano y me ayude a descubrir quién mató al finado Salazar. Si esta petición le chafa sus vacaciones, olvídese de lo que acabo de pedirle y le pido mil disculpas, pero si me atrevo a plantearlas es porque he recordado sus palabras de que como no le gusta nada la playa tiene mucho tiempo libre.
-Vamos a ver Bellido –Grandal pasa al tuteo para dar más confianza al sargento-. Primero, no vuelvas a llamarme don Jacinto, por favor, me suena muy raro. Estoy acostumbrado a que me llamen por mi apellido o si lo prefieres trátame de comisario. Segundo, no me vas a chafar mis vacaciones, salvo la partida de dominó de las tardes el resto del día lo tengo más libre que los pájaros del cielo. Y tercero y último, estoy encantado de poder ayudarte, por supuesto dentro de la más estricta reserva. Por tanto, como diría un argentino dejémonos de pavadas y vamos al grano. ¿Por dónde empezamos?
   El sargento intuía que el excomisario le ayudaría, por lo que ha venido preparado. Saca de su cartera una copia del expediente que ha compilado hasta el momento sobre el caso Pradera.
-¿Es el nombre que le han puesto al caso?
-Sí, se lo puse yo.
   Grandal piensa lo mismo que pensó en su momento la juez del Valle, que el suboficial no se ha roto precisamente las meninges para encontrar un nombre al caso.
-Aquí están todas las actuaciones que mis hombres y yo hemos realizado hasta el día de hoy y que se centran fundamentalmente en los interrogatorios que hemos hecho a todos los testigos que, directa o indirectamente, tuvieron alguna relación con el fallecido Salazar, así como aquellas personas que estuvieron en el hostal el día de autos.
   Una rápida ojeada a los papeles le sirve a Grandal para preguntar algo y lo hace modulando la voz pues no pretende avergonzar al suboficial, pero al mismo tiempo quiere sentar desde el principio su saber hacer en una investigación criminal.
-De entrada, noto dos ausencias. El informe sobre el escenario de la muerte y que faltan algunas declaraciones de personas que estuvieron en el hostal el día de autos y que por otra parte tenían alguna relación con Salazar.
   El sargento se aturulla al oír las palabras de Grandal.
-Perdone, comisario. El informe es que se me ha olvidado incluirlo y sobre que faltan algunas declaraciones…, no sé a qué o a quién puede referirse.
-A mí y a mis amigos. Estuvimos en el hostal la tarde de autos jugando al dominó y tuvimos una relación cierta aunque corta con el difunto –dicho lo cual añade con tono festivo-, pero no se preocupe, le doy mi palabra de honor que ninguno de nosotros asesinó a Salazar.
   El suboficial enrojece como una novicia, acaba de tragarse otro sapo.

PD.- Hasta el próximo viernes

lunes, 5 de noviembre de 2018

*** Un fenómeno sociolaboral netamente español: los puentes


   No sé cómo están estructurados los calendarios laborales de los demás países, pero el español tiene una singularidad que, posiblemente, lo diferencian notablemente de todos los demás. Me refiero a la particularidad de los puentes que se forman al unir un día festivo con otro, o un fin de semana, y que se da necesariamente en días alternos. La explicación creo que no me ha quedado demasiado lúcida. Lo voy a describir con ejemplos, a ver si es más entendible. Un ejemplo de puente es cuando es festivo un martes y el lunes, si es laborable, se toma como festivo. Otro ejemplo: es festivo un viernes y el sábado, en caso de que sea laborable, se toma como festivo.
   En los países occidentales los puentes festivos o fines de semana largos son un fenómeno conocido, pero se dan en muy poco casos. Lo que hace que los puentes españoles sean una rareza es que aquí abundan como las setas en un otoño lluvioso. Y para que vean que es así les describo el calendario español del último trimestre del 2018. En octubre, el día 12 fue la Fiesta Nacional, naturalmente era una fecha festiva que como cayó en viernes la mayoría de la gente empalmó los días 12, 13 (sábado) y 14 (domingo). El primer puente del trimestre. En noviembre, el día 1 es la festividad de Todos los Santos que es un día festivo. Pues bien, muchos españoles empalmaron el día 1 (jueves) con el 2 (viernes), el 3 (sábado) y el 4 (domingo). Un hermoso puente de cuatro días que más que puente parece un viaducto. En diciembre el 6 es el Día de la Constitución, fiesta nacional. Les apuesto doble contra sencillo que millones de españolitos construirán un precioso puente enlazando el 1 (jueves) con el 2 (viernes), el 3 (sábado) y el 4 (domingo). Otro puentazo de cuatro ojos. No acaba ahí la cosa. El 25, como todos saben, es Navidad y este año cae en martes. Ya pueden imaginarse que el 24 (lunes) que en principio es laboral está sentenciado para convertirse en otro puente.
   Resumiendo lo anterior. En octubre hubo un puente de 4 días. En noviembre otro también de 4 días. En diciembre otro puente igualmente de 4 días, más otro de 2 días. Es decir, que en tres meses habrá 14 días de puente, de ellos 6 días laborales (bien es cierto que los sábados solo se trabaja en determinados sectores). ¡Y solo hemos contabilizado el último trimestre!
   El Instituto Nacional de Estadística calcula que en el año 2018 habrá empleados en España 19.210.000 de personas. Multipliquen esa cifra por las horas que se pierden con los puentes y la cifra que resulte debe ser alucinante. Naturalmente, los empresarios debían estar que trinan, pero no parece que sus quejas lleguen a buen puerto porque cambian los gobiernos, cambia la política sociolaboral, pero los puentes no se tocan; como mucho se retocan, pero poco. ¿Por qué? Porque en mi país costumbres tan arraigadas como la de los puentes tienen mucho peso, porque los puentes son un enorme estímulo para determinados sectores empresariales, porque los puentes mueven millones de personas yendo de acá para allá tanto en el territorio patrio como en el extranjero.
   Luego hay otros imponderables que hacen que los puentes sean, en buena medida, cuasi obligatorios hasta para aquella gente que se queda en su casa y no va a ninguna parte porque no quiere o no puede. Una institución que tiene mucho que ver con esa presión para la práctica de los puentes es el sistema educativo español. En nuestras guarderías, colegios, institutos y universidades la práctica de los puentes es algo habitual y casi sagrado. Y si sus hijos se quedan en casa en un puente, ¿qué puede hacer usted? Los que han de trabajar, sí o sí, han de echar mano de los abuelos, los tíos o cualquier otro pariente, en el supuesto de que los tengan. Como lo de los/las canguros es una práctica poco extendida en España, si no se tienen los comodines que mencionábamos no te queda otra que hacer puente aunque no seas partidario de ello.
   En todas las legislaturas surgen voces que hablan de que hay que acabar o, al menos, regular la práctica de los puentes. Bueno, eso es como hablar de construir el canal del Ebro para irrigar el levante hispano. Se viene hablando de ello desde el siglo XIX y en el XXI estamos con lo mismo. Temo que igual pasará con los puentes. Podría hablar mucho más de ese fenómeno sociolaboral tan español como son los puentes, pero no quiero hacer este post excesivamente largo. Lo dejo para otra ocasión. Y les diré una cosa para despedirme: tienen su encanto, los puentes, claro.

viernes, 2 de noviembre de 2018

76. No hay más cera que la que arde

   Una vez recibido el informe forense, la jueza del caso Pradera emprende las diligencias pertinentes con la participación activa del ministerio fiscal. Reclama los correspondientes informes periciales a la Guardia Civil de Torreblanca que actúa como policía judicial del caso, así como las declaraciones de aquellas personas que pudieran ser consideradas como testigos de un óbito que tras la autopsia pasa a ser calificado como de muerte violenta al concurrir la existencia de un mecanismo exógeno que puso en marcha el proceso de fallecimiento y en consecuencia pudiesen derivarse responsabilidades de la persona o personas que lo hayan provocado.
   La jueza anda atareada realizando las oportunas diligencias del caso cuando la llama a su despacho el Presidente de la Audiencia Provincial que, al igual que ella, es novato en el puesto pues acaba de acceder a la presidencia tras ser nombrado por el pleno del Consejo General del Poder Judicial. José María Márquez la recibe con su más cordial sonrisa y la invita a sentarse.
-Querida Isabel, iré directamente al grano. Me han llamado de Madrid y me han pedido que te traslade una intervención que afecta al caso que estás instruyendo, el Pradera. Como habrás constatado por su ficha, el fallecido, además de encausado, era un testigo clave en el caso de los ERE y su óbito va a afectar al proceso del mismo. Debido a la importancia, al trasfondo político y a la repercusión mediática que arrastra el precitado caso, Interior, con la anuencia de Justicia, ha decidido que dos investigadores de la Unidad Central Operativa de la Guardia Civil presten su apoyo a la comandancia del puesto de Torreblanca a cuyos agentes has designado como policía judicial del caso. Sé perfectamente que esto podría entenderse como una invasión de competencias, pero si lo contemplamos desde la perspectiva que la ley de 2003 atribuye a la UCO como policía judicial y que, como bien sabes, comprende el auxilio a los juzgados y al ministerio fiscal en la averiguación de delitos, la cuestión no es tan invasiva como pudiera parecer a primera vista.
-Pero, señor presidente…
-José María, por favor.
-Pues José María, si la LEC no ha sido modificada, y a fecha de hoy no ha ocurrido, las competencias sobre el caso Pradera pertenecen plenamente al Juzgado de Instrucción que estaba de guardia en el día de autos y ese juzgado es el mío. Y tengo que añadir que la designación de la Guardia Civil de Torreblanca como policía judicial no la hice a ojo de buen cubero sino porque he sido consciente de que en pleno agosto las comisarias provinciales, tanto la de Castellón como la de Vila-Real, están con la plantilla en cuadro debido a las vacaciones. Y a ello tengo que agregar que hasta el momento no tengo ninguna queja de la investigación llevada a cabo por los agentes de la comandancia de Torreblanca.
-Lo sé, Isabel y entiendo que puedas estar molesta y hasta enfadada, pero si dos ministerios dicen lo que han dicho sin retorcer demasiado el ordenamiento, pues que quieres que te diga. Es mejor decir amén y que el proceso siga el camino que tú establezcas, por supuesto.
Además, si la Dirección General de la Guardia Civil decide mandar a agentes de refuerzo al puesto de Torreblanca es del todo punto imposible que lo podamos impugnar. Y que esos números sean de la UCO también es algo que escapa a nuestro ámbito competencial. O sea, querida Isabel, que blanco y en botella.
   La jueza sale del despacho del presidente jurando en arameo. Está persuadida de que se aprovechan de su falta de experiencia en la carrera para meterle un gol por toda la escuadra. “A buen seguro que si tuviera un montón de trienios no se hubieran atrevido a invadir mi ámbito jurisdiccional”, se dice. Más tarde, y pasado el primer enfado, piensa que en realidad no han cambiado nada, sencillamente han implementado su orden de que actuara de policía judicial la Benemérita de Torreblanca aumentando sus efectivos. “Tengo que informar al sargento Bellido, no sé cómo se lo va a tomar”, piensa. Cuando llama al suboficial resulta que las noticias se le han adelantado.
-Gracias por la información, señoría, pero ya lo sabía. Esta mañana han llegado de Madrid dos compañeros de la UCO para ayudarnos en la investigación sobre el caso. Son el sargento Miguel Sales y la cabo primero Lucía Monterde. Precisamente, iba a llamarla para informarla.
-¿Le han dicho algo sobre el caso que no sepamos?
-Han traído un voluminoso expediente sobre Francisco Salazar que todavía no he tenido ocasión de leer. Sales ha insistido que quien dirige la investigación soy yo y que vienen a ponerse a mis órdenes, que únicamente les han mandado para ayudarnos en todo cuanto necesitemos, pero… -el sargento deja en el aire el final de la frase.
-¿Pero qué, Bellido?
-Que no estoy seguro de que me lo hayan contado todo y de que sus intenciones no vayan por otros caminos.
-No me extrañaría. Lo que tiene que hacer es atarles cortos y seguir en todo momento mis resoluciones. ¿Conoce a alguno de esos agentes?
-No, señoría, pero los he investigado y puedo informarle de que Sales nació en esta provincia, exactamente en el pueblo de Cálig por lo que es valencianoparlante, y antes de ingresar en la UCO estuvo destinado en la unidad de criminalística de la comandancia de Valencia. En cuanto a Monterde ha prestado servicios en la Dirección General, en la unidad del Servicio Fiscal.
-O sea, que han mandado a un detective y a una experta en temas fiscales. Lo primero tiene sentido, pero lo segundo… no acabo de pillarlo. ¿Usted qué opina?
-Tampoco acabo de entenderlo, salvo que… lo de la cuestión fiscal tenga que ver con el caso ERE en el que, al parecer, se ventila un presunto fraude de un montón de millones.
-Premio, Bellido. No sé cómo no se me ha ocurrido. Bien, téngame al corriente de cualquier novedad que haya por nimia que sea. Estaremos en contacto.
   Bellido no ha sido del todo franco con la jueza, en realidad tiene un cabreo que no lo saltaría un pertiguista olímpico. El que Guzmán el Bueno (así suelen llamar a la Dirección General de la Guardia Civil por la calle madrileña en la que está ubicada) haya enviado a dos miembros de la UCO supone que no confían en él. Reconoce que nunca se ha enfrentado con un caso como el que tiene entre manos y que su habilidad como detective está por confirmar, pero se siente capaz de investigar el deceso de Salazar y, ¡quién sabe si hasta resolverlo! Su orgullo y su ambición profesional han sufrido un duro quebranto pues si los tipos de la central son los que solucionan el caso eso significará un obstáculo en sus naturales deseos de ascender. Piensa en si comentarlo con sus guardias, pero estos son demasiado jóvenes y ayunos de experiencia en investigaciones criminalísticas como para que puedan ayudarle… hasta que le viene a la mente un nombre. Lo piensa detenidamente pues es plenamente consciente de que si hace lo que está pensando estará incurriendo en una falta tipificada como grave en el reglamento del cuerpo y seguramente también en alguna de las disposiciones que desarrollan la Ley de Enjuiciamiento Criminal, pero asimismo sabe que si actúa con la debida discreción es probable que nadie llegue a enterarse… No se lo piensa más, coge el móvil y hace una llamada.
-Señora Eulalia, soy Bellido. La noche del fallecimiento de su huésped, me presentaron a un señor mayor que estaba jugando al dominó con otros viejos. Tengo que hablar con él y no recuerdo su nombre – el sargento miente, si lo recuerda- ni sé cómo localizarlo. ¿Podría ayudarme a encontrarlo? Creo que era madrileño.
-Debe de ser alguno de la partida de dominó en la que juega Pedro Ramo. No se preocupe, a través de Pedro lo voy a localizar, si es que continúa estando aquí.
   La gestión de la patrona se salda con éxito y al sargento le facilitan el número de teléfono de Jacinto Grandal. El suboficial le llama.
-¿Comisario Grandal?, soy el sargento Bellido de Torreblanca. Tengo que pedirle un pequeño favor. Necesito que me dedique un ratito de su tiempo.
-Como le dije cuando nos presentaron estoy a su disposición, Bellido. Dispare.
-No es algo que deba comentarse por teléfono sino más bien en una conversación privada.
-Entiendo. Mire, todas las tardes voy a Los Prados a jugar al dominó. Si quiere podemos vernos esta misma tarde después de que haya terminado la partida.
-Si no le importa, comisario, prefiero que nos veamos fuera de Torreblanca. Me han dicho que está veraneando en Marina d´Or. Indíqueme un bar o una cafetería de ahí y la hora que le venga bien y charlaremos.
   Grandal no se lo tiene que pensar demasiado pues no conoce demasiadas cafeterías de la zona, por lo que cita la primera que le viene a mente.
-¿Conoce el hotel Marina d´Or Gran Duque?, pues le espero en la cafetería. ¿Mañana como a las siete le viene bien?
-Sé que esto es un atraco, pero ¿podríamos vernos hoy? A la hora que le venga bien y en el hotel mencionado.
   Quedan en verse a las doce. A Grandal le ha intrigado la llamada del sargento y, sobre todo, dos aspectos de la misma: las prisas del suboficial y el hecho de que quiera reunirse con él fuera de la circunscripción bajo su mando, lo que significa que quiere que la cita no trascienda. “¿De qué querrá hablarme?”, se pregunta. No tiene que pensarlo demasiado, solo tienen un nexo común: la muerte de Curro Salazar. El excomisario se frota las manos, igual tiene ocasión de reverdecer sus oxidadas habilidades investigadoras y si fuera así tendría algo en que ocuparse en las muchas horas que tiene el día porque a él lo de la playa, el bronceado y los baños se le da una higa. Aunque al final de su perorata mental se dice: “No te hagas muchas ilusiones, Jacinto, lo mismo quiere contarte algún problema que pueda tener con cualquier robaperas del pueblo…, pero nunca se sabe…”. Y remata su soliloquio diciéndose: “Bueno que sea lo que quiera, en todo caso no hay más cera que la que arde”.

PD.- Hasta el próximo viernes