viernes, 2 de noviembre de 2018

76. No hay más cera que la que arde

   Una vez recibido el informe forense, la jueza del caso Pradera emprende las diligencias pertinentes con la participación activa del ministerio fiscal. Reclama los correspondientes informes periciales a la Guardia Civil de Torreblanca que actúa como policía judicial del caso, así como las declaraciones de aquellas personas que pudieran ser consideradas como testigos de un óbito que tras la autopsia pasa a ser calificado como de muerte violenta al concurrir la existencia de un mecanismo exógeno que puso en marcha el proceso de fallecimiento y en consecuencia pudiesen derivarse responsabilidades de la persona o personas que lo hayan provocado.
   La jueza anda atareada realizando las oportunas diligencias del caso cuando la llama a su despacho el Presidente de la Audiencia Provincial que, al igual que ella, es novato en el puesto pues acaba de acceder a la presidencia tras ser nombrado por el pleno del Consejo General del Poder Judicial. José María Márquez la recibe con su más cordial sonrisa y la invita a sentarse.
-Querida Isabel, iré directamente al grano. Me han llamado de Madrid y me han pedido que te traslade una intervención que afecta al caso que estás instruyendo, el Pradera. Como habrás constatado por su ficha, el fallecido, además de encausado, era un testigo clave en el caso de los ERE y su óbito va a afectar al proceso del mismo. Debido a la importancia, al trasfondo político y a la repercusión mediática que arrastra el precitado caso, Interior, con la anuencia de Justicia, ha decidido que dos investigadores de la Unidad Central Operativa de la Guardia Civil presten su apoyo a la comandancia del puesto de Torreblanca a cuyos agentes has designado como policía judicial del caso. Sé perfectamente que esto podría entenderse como una invasión de competencias, pero si lo contemplamos desde la perspectiva que la ley de 2003 atribuye a la UCO como policía judicial y que, como bien sabes, comprende el auxilio a los juzgados y al ministerio fiscal en la averiguación de delitos, la cuestión no es tan invasiva como pudiera parecer a primera vista.
-Pero, señor presidente…
-José María, por favor.
-Pues José María, si la LEC no ha sido modificada, y a fecha de hoy no ha ocurrido, las competencias sobre el caso Pradera pertenecen plenamente al Juzgado de Instrucción que estaba de guardia en el día de autos y ese juzgado es el mío. Y tengo que añadir que la designación de la Guardia Civil de Torreblanca como policía judicial no la hice a ojo de buen cubero sino porque he sido consciente de que en pleno agosto las comisarias provinciales, tanto la de Castellón como la de Vila-Real, están con la plantilla en cuadro debido a las vacaciones. Y a ello tengo que agregar que hasta el momento no tengo ninguna queja de la investigación llevada a cabo por los agentes de la comandancia de Torreblanca.
-Lo sé, Isabel y entiendo que puedas estar molesta y hasta enfadada, pero si dos ministerios dicen lo que han dicho sin retorcer demasiado el ordenamiento, pues que quieres que te diga. Es mejor decir amén y que el proceso siga el camino que tú establezcas, por supuesto.
Además, si la Dirección General de la Guardia Civil decide mandar a agentes de refuerzo al puesto de Torreblanca es del todo punto imposible que lo podamos impugnar. Y que esos números sean de la UCO también es algo que escapa a nuestro ámbito competencial. O sea, querida Isabel, que blanco y en botella.
   La jueza sale del despacho del presidente jurando en arameo. Está persuadida de que se aprovechan de su falta de experiencia en la carrera para meterle un gol por toda la escuadra. “A buen seguro que si tuviera un montón de trienios no se hubieran atrevido a invadir mi ámbito jurisdiccional”, se dice. Más tarde, y pasado el primer enfado, piensa que en realidad no han cambiado nada, sencillamente han implementado su orden de que actuara de policía judicial la Benemérita de Torreblanca aumentando sus efectivos. “Tengo que informar al sargento Bellido, no sé cómo se lo va a tomar”, piensa. Cuando llama al suboficial resulta que las noticias se le han adelantado.
-Gracias por la información, señoría, pero ya lo sabía. Esta mañana han llegado de Madrid dos compañeros de la UCO para ayudarnos en la investigación sobre el caso. Son el sargento Miguel Sales y la cabo primero Lucía Monterde. Precisamente, iba a llamarla para informarla.
-¿Le han dicho algo sobre el caso que no sepamos?
-Han traído un voluminoso expediente sobre Francisco Salazar que todavía no he tenido ocasión de leer. Sales ha insistido que quien dirige la investigación soy yo y que vienen a ponerse a mis órdenes, que únicamente les han mandado para ayudarnos en todo cuanto necesitemos, pero… -el sargento deja en el aire el final de la frase.
-¿Pero qué, Bellido?
-Que no estoy seguro de que me lo hayan contado todo y de que sus intenciones no vayan por otros caminos.
-No me extrañaría. Lo que tiene que hacer es atarles cortos y seguir en todo momento mis resoluciones. ¿Conoce a alguno de esos agentes?
-No, señoría, pero los he investigado y puedo informarle de que Sales nació en esta provincia, exactamente en el pueblo de Cálig por lo que es valencianoparlante, y antes de ingresar en la UCO estuvo destinado en la unidad de criminalística de la comandancia de Valencia. En cuanto a Monterde ha prestado servicios en la Dirección General, en la unidad del Servicio Fiscal.
-O sea, que han mandado a un detective y a una experta en temas fiscales. Lo primero tiene sentido, pero lo segundo… no acabo de pillarlo. ¿Usted qué opina?
-Tampoco acabo de entenderlo, salvo que… lo de la cuestión fiscal tenga que ver con el caso ERE en el que, al parecer, se ventila un presunto fraude de un montón de millones.
-Premio, Bellido. No sé cómo no se me ha ocurrido. Bien, téngame al corriente de cualquier novedad que haya por nimia que sea. Estaremos en contacto.
   Bellido no ha sido del todo franco con la jueza, en realidad tiene un cabreo que no lo saltaría un pertiguista olímpico. El que Guzmán el Bueno (así suelen llamar a la Dirección General de la Guardia Civil por la calle madrileña en la que está ubicada) haya enviado a dos miembros de la UCO supone que no confían en él. Reconoce que nunca se ha enfrentado con un caso como el que tiene entre manos y que su habilidad como detective está por confirmar, pero se siente capaz de investigar el deceso de Salazar y, ¡quién sabe si hasta resolverlo! Su orgullo y su ambición profesional han sufrido un duro quebranto pues si los tipos de la central son los que solucionan el caso eso significará un obstáculo en sus naturales deseos de ascender. Piensa en si comentarlo con sus guardias, pero estos son demasiado jóvenes y ayunos de experiencia en investigaciones criminalísticas como para que puedan ayudarle… hasta que le viene a la mente un nombre. Lo piensa detenidamente pues es plenamente consciente de que si hace lo que está pensando estará incurriendo en una falta tipificada como grave en el reglamento del cuerpo y seguramente también en alguna de las disposiciones que desarrollan la Ley de Enjuiciamiento Criminal, pero asimismo sabe que si actúa con la debida discreción es probable que nadie llegue a enterarse… No se lo piensa más, coge el móvil y hace una llamada.
-Señora Eulalia, soy Bellido. La noche del fallecimiento de su huésped, me presentaron a un señor mayor que estaba jugando al dominó con otros viejos. Tengo que hablar con él y no recuerdo su nombre – el sargento miente, si lo recuerda- ni sé cómo localizarlo. ¿Podría ayudarme a encontrarlo? Creo que era madrileño.
-Debe de ser alguno de la partida de dominó en la que juega Pedro Ramo. No se preocupe, a través de Pedro lo voy a localizar, si es que continúa estando aquí.
   La gestión de la patrona se salda con éxito y al sargento le facilitan el número de teléfono de Jacinto Grandal. El suboficial le llama.
-¿Comisario Grandal?, soy el sargento Bellido de Torreblanca. Tengo que pedirle un pequeño favor. Necesito que me dedique un ratito de su tiempo.
-Como le dije cuando nos presentaron estoy a su disposición, Bellido. Dispare.
-No es algo que deba comentarse por teléfono sino más bien en una conversación privada.
-Entiendo. Mire, todas las tardes voy a Los Prados a jugar al dominó. Si quiere podemos vernos esta misma tarde después de que haya terminado la partida.
-Si no le importa, comisario, prefiero que nos veamos fuera de Torreblanca. Me han dicho que está veraneando en Marina d´Or. Indíqueme un bar o una cafetería de ahí y la hora que le venga bien y charlaremos.
   Grandal no se lo tiene que pensar demasiado pues no conoce demasiadas cafeterías de la zona, por lo que cita la primera que le viene a mente.
-¿Conoce el hotel Marina d´Or Gran Duque?, pues le espero en la cafetería. ¿Mañana como a las siete le viene bien?
-Sé que esto es un atraco, pero ¿podríamos vernos hoy? A la hora que le venga bien y en el hotel mencionado.
   Quedan en verse a las doce. A Grandal le ha intrigado la llamada del sargento y, sobre todo, dos aspectos de la misma: las prisas del suboficial y el hecho de que quiera reunirse con él fuera de la circunscripción bajo su mando, lo que significa que quiere que la cita no trascienda. “¿De qué querrá hablarme?”, se pregunta. No tiene que pensarlo demasiado, solo tienen un nexo común: la muerte de Curro Salazar. El excomisario se frota las manos, igual tiene ocasión de reverdecer sus oxidadas habilidades investigadoras y si fuera así tendría algo en que ocuparse en las muchas horas que tiene el día porque a él lo de la playa, el bronceado y los baños se le da una higa. Aunque al final de su perorata mental se dice: “No te hagas muchas ilusiones, Jacinto, lo mismo quiere contarte algún problema que pueda tener con cualquier robaperas del pueblo…, pero nunca se sabe…”. Y remata su soliloquio diciéndose: “Bueno que sea lo que quiera, en todo caso no hay más cera que la que arde”.

PD.- Hasta el próximo viernes

lunes, 29 de octubre de 2018

*** ¿Anomalía o normalidad?, en pleno otoño ha llegado el invierno




   En el post de la pasada semana les hablaba del fenómeno atmosférico de la gota fría. Hoy les voy a hablar de otra anomalía climatológica que estamos sufriendo, al menos en la península ibérica. Hasta el pasado viernes estábamos en pleno otoño astronómico, pero más bien parecía que era primavera porque en plena meseta castellana temperaturas de más de 23 grados son más primaverales que otoñales.
   Estábamos pues en un otoño disfrazado de primavera, ya no. En veinticuatro horas el tiempo cambió radicalmente. Llegó el señor invierno. Del viernes al sábado las temperaturas se han desplomado más de doce grados. Hace un frío polar, un viento que corta el cutis y está nevando copiosamente en los sistemas montañosos de casi toda España. Y donde no nieva cae una llovizna que por lo fría se asemeja más a aguanieve que a otra cosa.
   Habría que ver lo que dicen las estadísticas para saber si este imprevisto y drástico cambio de tiempo es una cuestión que entra en los parámetros de la normalidad o es otro efecto del cambio climático que, como les conté en otro post, es un hecho del que me he hecho creyente porque los años y, sobre todo, los árboles no engañan.
   Es curioso lo del cambio climático, todo el mundo habla de él, pero no veo que se hagan muchas acciones para, si no pararlo, sí al menos mitigarlo. Debe ser algo propio de la condición humana: decir una cosa y hacer la contraria. Alguien debería meter en la cabeza a los políticos y a los que, detrás de las bambalinas, manejan el teatrillo mundial que lo que valen son los hechos y no las palabras. Para el bla, bla, bla ya tenemos la ONU, la UE, la OEA y demás organismos internacionales que solucionar, solucionan pocas cosas, pero lo que es hablar se llevan la palma.
   No sé si estamos a tiempo, pero menudo planeta les vamos a dejar a nuestros hijos, nietos y descendientes varios. Ignoro si vivirán mejor, pero la tierra que pisarán, el agua que beberán y el aire que van a respirar van a ser infinitamente peores que los que nosotros hemos gozado. A ver si de una vez por todas los que tienen la sartén por el mango deciden hacer algo para remediar este despropósito. Amén.

viernes, 26 de octubre de 2018

75. Errare humanum est


   La dueña del hostal sigue en sus trece de ser la causante de la muerte de Curro Salazar por no haber atendido la llamada del hijo del exsindicalista cuando le dijo que su padre estaba muy chungo. Al sargento le cuesta un imperio conseguir que la patrona se serene y deje de acusarse.
-Tranquilícese, señora Eulalia. Usted no tuvo ni arte ni parte en el fallecimiento de Salazar, se lo aseguro. Y ahora, por favor, prosiga su relato. Nos quedamos en el momento en que el hijo le avisó de que su padre estaba enfermo. ¿Qué hizo usted?
-Le contesté que en cuanto el trabajo me diera un respiro llamaría al centro de salud del pueblo.
-¿Y llamó?
   Es preguntar eso y el llanto de la patrona vuelve a resonar en la cafetería ante el desconcierto de empleados y clientes. Y una vez más el sargento ha de esforzarse para calmar a la dueña y procurar que se serene.
-Por favor, señora Eulalia, cálmese, le repito que no es en absoluto culpable de la muerte de su huésped. Si el médico hubiese llegado antes no sabemos si hubiera podido hacer algo por él. Ahora lo que tiene que hacer es serenarse y contarme lo que pasó después de que Francisco José le dijera que su padre estaba mal.
   La patrona se limpia las lágrimas, bebe un sorbo de la tila que le ha traído una empleada y entre hipos que se esfuerza por controlar prosigue su relato.
-Como le conté, cuando el chico me dijo que su padre estaba chungo –emplea reiteradamente ese vocablo porque sabe que esa voz, desusada en el habla del levante español, significa de mal aspecto, en mal estado y no que alguien se esté muriendo- estábamos en la mitad del primer turno para la cena y al faltar una camarera íbamos todos de cabeza porque no dábamos abasto. Y la verdad, y es algo que no me lo perdonaré mientras viva, se me olvidó el aviso del chaval. Un rato después, como una media hora más tarde, volvió el chico para preguntarme si había avisado al médico, pero fue cuando me dijo que si podría ayudarle alguien a subir a su padre a la cama porque estaba tirado en el suelo cuando me asusté. Le pedí a Juanito, el chico de la barra, que nos acompañara y subimos a la habitación…
   La señora Eulalia se toma un respiro y vuelve a tomar otro sorbo de tila. El guardia civil no le mete prisas y espera pacientemente a que retome su relato.
-Entramos en la habitación y me quede de piedra al ver al señor Martínez, que en gloria esté, espatarrado en medio del cuarto. Entre los tres lo cogimos y lo acostamos. Luego, cuando me serené, le tomé el pulso, puse el oído en el pecho y no escuché latir el corazón… Fue entonces cuando adiviné que el pobre hombre había pasado a mejor vida. Después envié al chaval y a un camarero a buscar la ambulancia del SAMUR de la playa que resultó que no estaba y entonces alguien, no recuerdo quien, llamó al 112… y el resto ya lo sabe.
-Bien, ¿vio u oyó algo o a alguna persona que le llamara la atención? Piénselo.
   La patrona entrecierra los ojos para concentrarse y trata de evocar cuanto pasó a su alrededor en esa fatídica tarde.
-Pues que recuerde, no, sargento, pero si me viniera algo a la cabeza se lo diría en seguida.
-Me interesa mucho que indague entre sus clientes y empleados si alguien vio al extranjero que, según los primeros testigos, estuvo ayer por la tarde en la habitación 16. Es alto, fuerte, moreno y habla mal el español. Por lo demás, hemos terminado. Mañana antes del mediodía se pasa por el cuartel para firmar la declaración.
   Los guardias civiles se vuelven al pueblo, todavía les queda trabajo por delante pues tienen que poner en limpio las declaraciones de los testigos que han interrogado hasta el momento: Rocío Molina, la única detenida por ahora, Anca Dumitrescu, Vicente Fabregat y Eulalia Betoret, más las declaraciones de los empleados del hostal, de los demás huéspedes y de los comensales que cenaron en el mismo la noche anterior. Cuando el sargento llega al modesto piso de la casa-cuartel que ocupa con su mujer y dos hijos aún pequeños, su esposa, mientras cenan, le pregunta:
-Hernando, ya sé que no te gusta que te pregunte por asuntos del servicio, pero… me ha llamado Teresa, la esposa de Manuel Pitarch, que como sabes me está enseñando a hacer encaje de bolillos, y me ha preguntado por lo de Vicentín. En su familia están muy preocupados. Teresa es prima hermana de los Fabregat y esa es una familia muy unida y sabes que cuando llegan los problemas es la familia la única que te apoya. También sabes que los Fabregat son partidarios de que la ropa sucia se lave en casa…
   La mujer conoce a su marido lo suficiente como para saber que no debe hacerle una petición concreta, por eso deja sin terminar su parrafada. Al suboficial le ocurre lo mismo, conoce lo bastante bien a su media naranja para saber que no le va a formular una pregunta concreta. El guardia civil vacila entre el deber de sigilo, el equilibrio conyugal y, sobre todo, la posición de su esposa en el complejo microcosmo social de la localidad. Tras pensarlo decide que lo mejor será, sin desvelar lo que sabe del caso, contar lo suficiente a su mujer para que calme a los Fabregat.
-Maripaz, eres consciente de que no puedo revelarte los pormenores del caso, más aún cuando ni siquiera he remitido a la Juez Instructora el atestado, pero… puedo decirte sin faltar a mis deberes que los Fabregat pueden estar tranquilos…, si no aparecen otros testigos que aporten más datos sobre el fallecimiento de ese pobre hombre que pudiesen cambiar lo que se sabe hasta el momento. Y ahora, vamos a acostar a los niños y yo haré lo mismo, hoy he tenido una jornada muy ajetreada.
   En la mañana del diecisiete el comandante del puesto de la Guardia Civil de Torreblanca remite a la titular del Juzgado de Instrucción número cuatro de Castellón el atestado con las declaraciones de los testigos del caso Pradera y solicita un vehículo para la conducción a dicho juzgado de la única detenida, Rocío Molina.
   En la misma fecha, en el Instituto de Medicina Legal de Castellón el forense ha terminado de practicar la autopsia del cadáver de Curro Salazar. Primero ha observado la parte exterior buscando indicios de la muerte. Después ha examinado los órganos internos. Ha practicado un corte en forma de Y en el pecho y abajo del abdomen. Asimismo, ha tomado muestras de tejidos para observarlas al microscopio. Luego ha mandado realizar un análisis toxicológico para verificar si hay drogas o productos químicos en la sangre, orina o saliva. Mientras ha llevado a cabo la operación ha ido describiendo en voz alta sus acciones para que las registre una grabadora que pende de un cable del techo, así como los indicios que encuentra. Al terminar, después de algo más de tres horas, ha devuelto todos los órganos al cuerpo y lo ha cosido. Finalmente, tras despojarse de la ropa de trabajo y lavarse meticulosamente se ha sentado para redactar un informe preliminar, a expensas de lo que digan en toxicología y el laboratorio que hará los estudios detallados en muestras de tejido. El atestado va dirigido a su señoría doña Isabel del Valle, titular del Juzgado de Instrucción número cuatro de la Audiencia Provincial de Castellón de la Plana.
   El Certificado Médico Legal, que es el documento que recoge los resultados de la autopsia practicada a Francisco Salazar Jiménez, establece como causa última de la muerte una contracción miocárdica que supuso la detención de la circulación de la sangre y que implicó la detención del suministro de oxígeno al cerebro durante más de diez minutos con efectos irreversibles. Lo que en lenguaje más reconocible se conoce como parada cardiorrespiratoria. El cadáver presenta dos costillas fracturadas, una de las cuales por un traumatismo de origen desconocido perforó la pleura lo que provocó un neumotórax traumático que, al no ser tratado a tiempo, puede situarse como causa remota del cuadro clínico que finalizó en la muerte diferida del fallecido. Asimismo, se detecta una agresión en el rostro del cadáver hecho por persona o personas desconocidas el día 15 de agosto de 2016, a las 17 horas aproximadamente, con el resultado de un hematoma, de 4 cm de diámetro por 1 cm de relieve, de color rojo localizado en las regiones supraorbitaria palpebral superior, palpebral inferior e infraorbitaria izquierdas y un edema traumático, de 4 cm de diámetro por 1 cm de relieve no cromatizado localizado en la hemirregión frontal derecha. Ambas agresiones pudieron coadyuvar a intensificar los problemas del neumotórax. Durante el acto quirúrgico se percibió un olor sui géneris y se tomaron muestras del tubo digestivo, de sangre, de orina y de tejido hepático para su posterior análisis por toxicología. Hasta que se realice el informe toxicológico no puede determinarse el impacto de una posible sustancia tóxica que coadyuvase al óbito. El informe termina especificando que el  fallecimiento ocurrió en el Hostal Los Prados de la población de Torrenostra (Torreblanca-Castellón de la Plana), hacia las veinte horas de la tarde del 15 de agosto de 2016, habiendo permanecido el cuerpo en el lugar del hecho hasta las 00,30 horas del 16 de agosto aproximadamente cuando se efectuó el levantamiento del cadáver.
   Cuando la juez del Valle lee la autopsia siente un escalofrío en el que se mezclan la emoción y el temor, va a ser su primer caso criminal y le preocupa no estar a la altura de las circunstancias. Afortunadamente para ella, el fiscal del caso es Joaquín Navarro, jurisconsulto con una dilatada carrera, que le podrá ayudar a cometer el menor número posible de errores. Aun así no puede menos que evocar el conocido latinajo:
-Errare humanum est –aunque al recordar la expresión latina completa hace una mueca de burla hacia sí misma pues la segunda parte de la máxima es sed perseverare diabolicum.

PD.- Hasta el próximo viernes