viernes, 8 de junio de 2018

56. Se avecina tormenta


   Los empresarios del grupo que lidera Eduardo Gálvez se han vuelto a reunir. Puesto que hasta el momento Carlos Espinosa, su enviado para negociar con Curro Salazar, no ha conseguido nada positivo, resuelven que hay que pasar al plan B. Demorarlo más sería tentar a la suerte, corren el riesgo de que el exsindicalista pueda ser apresado por la policía o aceptar otra oferta que vaya contra sus intereses. Por consiguiente, se ponen en contacto con Grigol Pakelia y le ordenan que ejecute su encargo para lo que le proporcionan datos que hasta ahora le habían ocultado: quién es el objetivo, dónde encontrarlo y las demás referencias, que paradójicamente les ha proporcionado Espinosa, entre la que se incluye una foto actual del antiguo Conseguidor. Al saber el sitio donde se hospeda Salazar el sicario georgiano lanza un silbido, resulta que en su primer y único viaje a Torrenostra estuvo pidiendo una habitación para acostarse con una turista italiana en el hostal donde se aloja el fulano al que tiene que pasaportar.
   Inmediatamente comienza a planear el trabajo. Lo primero es preparar el viaje, duda entre ir en coche o en un fueraborda como hizo cuando estuvo allí con Alessia. Al pensar en la italiana también se plantea en si ir solo o llevar compañía, aunque la duda es breve, se dice que en una playa en verano una pareja pasa más desapercibida que un hombre solitario. En cuanto a la manera de liquidar a Salazar tendrá que ser con el menor ruido posible, para ello prepara su inseparable cuchillo afgano, el lohar, acopla silenciador a la Griazev-Shipunov GSh-18, pistola de última generación, y saca del equipaje el cable de fibra que utiliza como arma de estrangulamiento y de corte con el que asfixiar o degollar hasta la muerte al comprimir las arterias carótidas o la tráquea. La ventaja de la fibra es que no es reconocida por los detectores de metales, incluso pasa desapercibida en las revisiones manuales. El problema que más le preocupa es el plan de fuga. Se trata de un sitio pequeño y con una población limitada de veraneantes por lo que los rostros desconocidos destacan fácilmente. Tiene a su favor que en este puente de la Asunción el número de visitantes aumenta exponencialmente, pero aun así deberá darle muchas vueltas al plan de escape tras ejecutar el trabajo.
   Gálvez no le ha dicho a Espinosa que ha puesto en marcha el plan B. Y no lo ha hecho porque cree que el CEO malagueño podría interferir en el trabajo de Pakelia. Ha llegado a esa conclusión por alguna frase suelta que Espinosa ha soltado en sus últimas conversaciones telefónicas. Lo que Gálvez ignora es que el malagueño, tras mil dudas y cavilaciones, está pensando en llevar a cabo un plan B por su cuenta. No está dispuesto a que el georgiano le chafe la guitarra como diría un castizo. Piensa que no tendrá demasiados obstáculos para acceder a la habitación de Salazar, bien directamente o por medio del hijo a quien lo tiene metido en el bolsillo desde que le prestó la Harley. La cuestión más peliaguda es como liquidar a Curro. No tiene armas, quizá podría comprar una pistola en Castellón, pero no conoce los bajos fondos de la ciudad. Al pensar en el arma es cuando se da cuenta de que no se ha planteado si tendrá las agallas necesarias para cometer el crimen. Tras pensarlo detenidamente se dice que sí, pero un sí acotado. Quizá no tenga los suficientes arrestos para matar a alguien apuñalándolo o estrangulándolo, pero es posible que sí los tenga para liquidarlo por otros medios, por ejemplo por medio de un veneno o poniendo una bomba en su coche. La idea de la bomba la desecha de inmediato, lo ignora todo sobre explosivos, por lo que usar un veneno comienza a tomar cuerpo en su mente. 
   Otro de los que negocian con Curro, Alfonso Pacheco, ha terminado contaminándose de la radical aversión que siente su mujer por el gaditano por lo que comienza también a compartir la idea que tanto repite Macarena de que muerto el perro se acabó la rabia. Su problema es que le faltan más arrestos que a Espinosa para llevar adelante el plan de extinción de una vida humana. Le gustaría que Salazar desapareciera del mapa, pero se ve incapaz de ser él quien lo haga desparecer. Se pregunta si su esposa tendrá el coraje que a él le falta. Posiblemente sí, pero no se arriesga a preguntárselo, cualquier tipo de respuesta que le diera Macarena podría poner en peligro su estabilidad conyugal. También se plantea si sería conveniente dialogar con Sierra sobre todo esto. No está seguro de cuál podría ser la respuesta de su colega, piensa que los homosexuales, en el supuesto de que Sierra lo fuera, es posible que realicen unos razonamientos que discurran por otras vías diferentes a las suyas, aunque tampoco está tan convencido de que eso sea así. Al final, de tanto darle vueltas al problema en que se ha convertido Salazar termina con dolor de cabeza. Se toma un analgésico y se acuesta con la vista fija en su mujer que parece dormir plácidamente. “¿Es el sueño de los que tienen la conciencia tranquila o de los inconscientes?”, se pregunta Pacheco.
   El socio de Pacheco en la negociación con Curro, Jaime Sierra, anda navegando por la red a falta de mejores cosas que hacer. Ha tecleado caso ere para ver en qué estado está la instrucción del sumario. No hay nada nuevo, pero un enlace le lleva a un titular del periódico Libertad Digital que, aunque ya conocía, consigue volver a crisparle como cuando lo leyó por primera vez: Nuevo macrocaso de corrupción en Andalucía: delito masivo en la Agencia IDEA. La entradilla de la información ya es demoledora: La Agencia IDEA es el perejil de casi todas las salsas de los diferentes macrocasos como los ERE, Invercaria y el caso de los avales. Desde ella se ha orquestado la financiación de las diversas operaciones presuntamente delictivas que están siendo investigadas por los tribunales. Ahora la propia Agencia IDEA va a ser investigada por un presunto delito masivo en su financiación, nada menos que de 4.315 millones de euros…. No sigue leyendo, él mejor que nadie sabe lo que viene a continuación, como no va a saberlo si dirigió la agencia durante cerca de siete años. La información le lleva a pensar en su negro futuro penal como más de uno comience a contar lo que realmente pasó. Y uno de ellos, posiblemente el que más daño puede hacerle, es Salazar. “Si al menos Curro atendiera a razones y aceptara nuestra oferta podría estar a salvo, pero si la rechaza, ¿qué puede pasar”, se pregunta. “Puede pasar de todo”, se responde. “Quizá tenga razón Macarena y lo más seguro sería que Curro no pudiese declarar”, piensa.
   Otro implicado en el caso ERE, Juan Antonio Almagro, le ha vuelto a instar al Chato de Trebujena que es hora de volverse a Sevilla.
-Pepillo tienes que volver, sí o sí. Como te quedes un día más tendrás que costearte el hotel por tu cuenta.
   La respuesta del antiguo púgil es que lo tiene decidido: mañana intentará dar a Curro el último aviso de lo que le puede pasar si no mantiene la boca cerrada. Y si no consigue hablar con él pues adiós, muy buenas.
   Rocío Molina también tiene un patrón que le aprieta las tuercas, su billetera. Está prácticamente vacía. Por eso tiene claro su plan de acción: “Mañana, con Anca o sin ella me voy a colar en la habitasión de Curro y le voy a sacar a ese cabrón la guita que me debe aunque tenga que sacarle los ojos. Por estas que son cruses”, se dice.
   Francisco José está en las mismas que la exnovia de su padre. “Me vuervo a Sevilla de toas, toas. Er cabrón de mi señor padre tendrá que sortarme los talegos que tanta farta nos hasen. Y le voy a aconsejar otra ves que lo mejor será que haga caso a Espinosa y que se largue a un país de guiris, que allí nadie hará por él. Pero que si no quiere irse, que haga lo que le sarga de los cojones, pero que suerte la tela”.
   Anca no tiene los problemas de los que intentan presionar a Salazar, los suyos son de otra índole. Como tantas veces ocurre con los hijos, la opinión de su madre que es partidaria de que continúe el noviazgo con Vicentín, ha provocado en la joven la reacción opuesta. Está decidida, va a dejarle. No soporta ni un día más la presión de los celos. Su novio ha convertido su existencia en un sinvivir. Y cada vez se pone más violento. Terminará haciéndole daño y no está dispuesta a que eso pueda pasar. Su madre ha llegado a decirle que el dolor de una bofetada pasa, pero que el papel en el que se oficializa que el maltratador es tu marido permanece. Anca, cuya cultura es muy primaria, desconoce el movimiento Me Too pero ello no es óbice para que sea una feminista, aunque ella lo ignora, que no está dispuesta a que nadie le imponga a la fuerza algo con lo que no esté de acuerdo. Y mucho menos que le pongan la mano encima. “Hasta ahí podríamos llegar, que ese baboso intente pegarme que le doy una patada en los huevos que se los pongo por corbata”. Cuando resuelve decirle sin andarse por las ramas que le va a dejar la reacción de Vicentín es poco menos que apocalíptica. Ruega, suplica, llora, insta, exige y termina con toda clase de amenazas: contra ella, su familia, sus amigos y, por último, contra el andaluz Martínez al que acusa de ser el cerebro en la sombra que ha influido en Anca para su determinación.
-¡Si tú no vas a ser mía, no lo serás de nadie y menos de ese viejo chocho de Martínez. Esto no va a quedar así, lo juro por mis muertos!
   Todos los presagios apuntan en la misma dirección: se avecina tormenta.

PD.- Hasta el próximo viernes.

viernes, 1 de junio de 2018

55. Paquito el Chocolatero


   La patrona del hostal se para un momento para coger aire, está sofocada. Entre la calorina que hace en este día agosteño y el ir y venir de los clientes que abarrotan el establecimiento no tiene un segundo para descansar. Para consolarse piensa en el buen dinero que va a ingresar con el puente, pero le puede más el cansancio y se dice que ojalá pudiera hacer realidad aquello de perdono el huevo por el coscorrón. Tras el desahogo sonríe burlándose de sí misma y retoma la tarea de revisar el servicio. Se sorprende al encontrar a Anca, que debería estar preparando las mesas para la cena, inmóvil y con la mirada perdida en Dios sabe dónde. Le extraña porque la joven rumana es diligente y no le hace ascos al trabajo.
-Anca, ¿se puede saber qué te pasa?
   La camarera da un respingo como si despertara en ese momento.
-Nada, estaba pensando.
-Pues no te pago por pensar. Y esas mesas no se van a componer por sí solas. ¿Tienes la regla? –A la dueña le cae bien la joven, es trabajadora y su rotunda arquitectura alegra la vista a los clientes lo que siempre es bueno para el negocio.
-No… -La chica opta por sincerarse, sabe lo cotilla que es su jefa-. Es que tengo problemas con mi novio.
-Tranquila, eso pasa en todos los noviazgos, hay ratos buenos y otros que lo son menos. Al final, ya verás como todo acaba solucionándose. Y ahora, concéntrate en lo que haces. Hoy y mañana tenemos mucho tajo por delante, el martes podrás descansar.
   La joven retoma su tarea con diligencia, pero en cuanto la señora Eulalia desaparece de su vista sigue haciendo el trabajo pero mecánicamente, su cabeza está en otra parte. Hace días que no piensa en otra cosa: su relación con Vicentín. La historia viene de lejos, pero en los últimos tiempos el problema se ha acentuado de manera alarmante. Su novio siempre fue celoso y posesivo, pero lo de este verano supera todas las marcas, tanto que se ha vuelto insoportable. Últimamente está obsesionado con el pobre señor Martínez, precisamente ahora que el dolorido andaluz no está en condiciones de desnudarla como si hizo antes. Sea por su obsesión con Martínez o porque lo de que le puedan poner los cuernos es algo que le vuelve loco, está literalmente insufrible y ha hecho del noviazgo una bronca cotidiana, un continuo torrente de reproches y hasta de vejaciones. El tormento de los celos ha convertido a Vicentín en otra persona: la espía, la controla, la zahiere y en un par de ocasiones hasta le ha levantado la mano. La situación ha llegado a tal extremo que se ha planteado si no sería mejor dejarlo porque es un sinvivir. Hace unos días se lo insinuó a su madre. El resultado es que ahora los reproches se han duplicado: los de su novio y de su progenitora. Ésta no quiere oír hablar de que rompa con uno de los mejores partidos del pueblo. Le ha insistido hasta la saciedad que si quiere ser alguien en Torreblanca, si quiere que la traten como a una verdadera señora el único camino es casarse con el hereu de los Fabregat. Por lo que el último consejo materno ha sido rotundo:
-Hija, capea el temporal como puedas y espera tiempos mejores que seguro que llegarán.
   Pese a la postura de su madre, Anca sigue llena de dudas. Es más, piensa que si tuviera dinero ya lo habría dejado y posiblemente hasta se habría ido de allí porque está del pueblo y de los cotilleos de las chafarderas hasta la coronilla.  
   El otro polo de la pareja está apostado, como suele hacer los días festivos, en la terraza del hostal donde pasa las horas muertas dándole al coñac o a lo que se tercie y de vez en cuando jugándose los cuartos al guiñote, el guiñot en valenciano, un juego de cartas similar al tute y emparentado con otros como la brisca o el arrastrado. Cuando no ve a su novia sirviendo en el comedor o en la terraza, en su cabeza solo anida un pensamiento: “¿Qué estará haciendo esa mala puta? Seguro que está riéndole las gracias al mamón del andaluz. Como me ponga los cuernos, lo juro por…, por mis muertos que le parto la cara a hostias. Y al chulo ese me lo cargo. Vaya si me lo cargo, como me llamo Vicente”. Como todos los fanfarrones trata de armarse de un valor que es dudoso que posea. En esas está cuando alguien le posa una mano en el hombro.
-Vaya, Vicentín, que casualidad, tú por aquí –si el joven no estuviera tan ensimismado en sus obsesiones podría haberse dado cuenta del tonillo irónico de Pedro Ramo-. ¿Cómo están tus padres?
-Hola, Pedro. Bien, mi madre quejándose como siempre, pero bien.
-Ya sabes lo que se dice: mujer enferma, mujer eterna. Al final tu madre nos enterrará a todos. ¿Hoy no tienes partida de guiñot?
-Estoy esperando a mi amigo José Luis.
   El diálogo lo corta Ramo cuando ve llegar a sus amigos del dominó que ya le están llamando.
-Ahí están mis compañeros. Te dejo. Saluda a tus padres de mi parte.
   La partida de los jubilados transcurre como la mayor parte de los días, con las burlas de los ganadores y los mutuos reproches entre la pareja perdedora. La charla postpartida acaba centrándose en la gran cantidad de forasteros que hay en la playa en este puente de la Asunción.
-Pasa igual todos los veranos –comenta Álvarez-, al menos desde que recuerdo. Cómo el día de la Asunción caiga en lunes, martes, jueves o viernes se convierte en el puente con más millones de desplazamientos del año.
-O sea, que solo el miércoles libra que no haya puente –apunta Grandal.
-Y aun así. Ten en cuenta que agosto es el mes de vacaciones por excelencia y una fiesta que se celebra justo en su mitad es un señuelo irresistible para que el personal salga de las ciudades –precisa Álvarez.
-Y qué mejor lugar que irse unos días al mar –añade Ponte.
-Al quince aquí le llaman la Mare de Déu de Agost y era uno de los contados días en que la gente del pueblo bajábamos a bañarnos –rememora Ramo.
-¡No fastidies! ¿Tus paisanos no venían al mar los fines de semana teniéndolo tan cerquita? –pregunta sorprendido Grandal.
-¡Qué va! Cuando yo era un crío, estoy hablando de hace setenta años –recuerda Ramo- bajábamos solo a la playa en días contados: en San Juan, San Jaime, San Pedro, la Virgen del Carmen y la Virgen de Agosto. Lo cierto es que en el pueblo vivíamos de espalda al mar. Lo de veranear y bañarse era considerada una costumbre de señoritos y de gente de la ciudad.
-Oye, Pedro, ¿y este año también saldrá la fanfarria esa de otros años y los que tiran cohetes y petardos? –pregunta Álvarez.
-Supongo que sí. Lo del correfoc es una costumbre muy arraigada. Ya sabéis que a los valencianos lo de la pólvora nos gusta más que a un tonto un lápiz.
-Explícanos que es eso del correfoc -quiere saber Ponte.
-El correfoc, correfuegos en castellano, es una manifestación popular propia de los pueblos del arco mediterráneo en la que un grupo de personas disfrazadas de demonios, o sin disfrazar, desfilan por las calles corriendo, bailando y disparando fuegos artificiales. Hay años que también llevan el toro de fuego que es un armazón metálico, que imita la forma de un toro, sobre el cual se coloca un bastidor con cohetes y petardos. Es transportado por una persona que corre persiguiendo a la gente asustándola con las chispas y buscapiés que va soltando. A ello se une una charanga que alegra el festejo tocando pasodobles y canciones populares.
-Supongo que en el repertorio de la charanga no faltará Paquito el Chocolatero –apunta Álvarez.
   Para Grandal al que, como decían de Napoleón, la música le parece el menos molesto de los ruidos, lo de Paquito el Chocolatero le suena a broma, por eso pregunta:
-¿Qué coño es eso de Paquito el Chocolatero?
   Ramo ve ocasión de lucir su conocimiento de la cultura popular de su tierra y le explica que Paquito el Chocolatero es un pasodoble compuesto en 1937 en Cocentaina, un pueblo alicantino famoso por sus fiestas de Moros y Cristianos, por un músico local llamado Gustavo Pascual. Desde entonces no hay fiesta popular valenciana en que la composición no se toque. Y se ha popularizado de tal forma que según un informe de la Sociedad General de Autores fue la pieza musical más interpretada en vivo durante el año 2007 y la composición española más tocada en el mundo. Todo un fenómeno.
-Y a todo eso, ¿quién coño era el tal Paquito el Chocolatero? –quiere saber Grandal.
-Un cuñado del autor llamado Francisco y de profesión chocolatero al que el músico dedicó su pasodoble.
-O sea, que es más que posible que nadie recuerde quien fue el autor de la música, pero todos saben que existió un tal Paquito chocolatero. Así se escribe la historia -remacha Grandal.
-Eso ha pasado más veces –pontifica Ponte que a veces se pone en plan erudito-. Hay personajes que en su día fueron unos verdaderos quídams, personas absolutamente desconocidas y de poco valer, pero que por el hecho de ser referente de una obra de arte hoy todo el mundo las conoce. Por poner un ejemplo: posiblemente cuando Lisa Gherardini vivió fue conocida por muy poca gente, pero al pintarla Leonardo de Vinci como la Mona Lisa hoy es universalmente conocida.
-Oye, ¿y por qué el correfoc y las charangas no montan su juerga mañana que es el día de la fiesta? –pregunta Grandal.
-Porque en esta tierra decimos que de la festa la vespra –explica Ramo-. Literalmente: de la fiesta, la víspera. Porque es en la víspera cuando se puede celebrar que al día siguiente no hay que trabajar y en cambio habrá alegría, jolgorio y, como dice la gente joven, buen rollo.

PD.- Hasta el próximo viernes
Enlace para quien quiera oír Paquito el Chocolatero. Duración: 3,06 m.
https://www.youtube.com/watch?v=f7JzWQiBx5I

viernes, 25 de mayo de 2018

54. De mañana no pasa


   Rocío Molina está desesperada, se le está acabando el dinero y sigue sin poder hablar con Curro. Se dice que no puede seguir así y que ha de presionar a Anca para que cumpla lo que acordó con ella a cambio de una más que sustanciosa mordida, introducirla en la habitación de su antiguo amante. Se traslada a Torrenostra para lo que ha de coger un taxi pues entre esta población y Alcossebre no hay transporte público, lo que mengua aún más su magro monedero. Se aposta en las cercanías del hostal Los Prados. En una de las salidas de la rumana a la terraza le chista hasta que consigue atraer su atención.
-Anca, te recuerdo que tenemos un trato. Hoy sin falta he de hablar con Curro. ¿Podemos hacerlo ahora?
-¿Ahora?, ni soñarlo. Hemos tenido una baja de última hora y entre Nicoleta y yo hemos de arreglar todas las habitaciones, sin contar que tanto al mediodía como a la noche vamos a tener el comedor lleno.
-Entonces, ¿cuándo? –le urge Rocío.
-Quizá esta tarde a última hora, un poco antes de que empecemos a servir la cena, como entre
siete y ocho. A esas horas el trabajo afloja algo. Te sientas en El Muret, el bar de al lado, y esperas a que te llame.
   Tras aceptar la propuesta de la rumana puesto que no tiene otra alternativa, Rocío duda entre volver a Alcossebre o quedarse allí. Piensa que la espera se le va a hacer interminable, pero la otra opción que es volverse supone otro desembolso para taxi, la reflexión resuelve el dilema: se quedará y pasará las horas lo mejor que pueda. Como había supuesto, la tarde veraniega se le está haciendo desesperadamente larga y tediosa. El de ahora es el tercer bar en el que la andaluza asienta las posaderas. Ha estado en La Jijonenca donde se ha tomado un helado, en el Vintage ha pedido una tónica y a media tarde en C´al Pitu donde está comiéndose un bocadillo acompañado de una cerveza. Para matar el tiempo ha ido pergeñando una historia que ablande el rocoso corazón de su exnovio y le dé la guita que tanto necesita. En esos pensamientos está cuando alguien dueño de una ronca voz le saluda:
-Paizana, tú por aquí. Te hazía en Alcozebre. No zabes el guzto que me da verte –el Chato de Trebujena parece que es sincero y que de verdad se alegra encontrarla.
   A Rocío el encuentro con el Chato maldita la gracia que le hace, pero desarruga el entrecejo, pone su mejor cara y devuelve el saludo casi con idéntica efusividad.
-Hombre, Pepillo, que gusto verte. Te pregunto lo mismo, ¿qué hases por aquí?
-Me he dicho que era hora de hazer argo de turismo.
-Esto está hoy mu animao, me han dicho que porque es la víspera de la Virgen de Agosto que es como llaman aquí ar día de la Asensión.
   El paripé de charla que han iniciado ambos trebujeneros no tiene nada que ver con sus pensamientos. El Chato piensa que si su paisana está allí debe ser porque sigue cuidando al Curro, del que sabe la recaída en su problema pulmonar gracias a Nicoleta, la camarera rumana a la que ha sobornado para que le facilite el acceso a la habitación del exsindicalista. Los pensamientos de Rocío deambulan por otros vericuetos: vuelve a preguntarse si será el Chato quien le sacudió la paliza a Curro, aunque piensa que si hubiese sido él no habría vuelto porque podrían detenerlo, aunque es algo de lo que no está segura. La cavilación de la mujer se ve cortada cuando el expúgil pregunta:
-Por zierto, tu amigo Curro Zalazar, ¿ha mejorao?
   Rocío improvisa:
-No del tó, cuando ya estaba mucho mejor pilló una neumonía y sigue en cama. Presisamente, en poco más de un cuarto de hora tengo que ir a verle.
-O zea, que zigue pachucho.
-¿Pachucho?, lo que está es bardao de la palisa que le dieron.
-Hay mucho malaje zuerto por er mundo. Y ar que le zurró lo habrán detenío, ¿no?
-Los picoletos están en ello.
   Visto que no consigue sacar nada de su paisana, el Chato se despide. Rocío lo ve alejarse sin pena ni gloria. Mira el reloj, son cerca de las siete, es hora de acercarse al hostal a ver si de una puñetera vez Anca consigue meterla en la habitación de Curro sin que se entere la patrona. Son casi las siete y media cuando por fin aparece Anca.
-Creí que ya no venías –le reprocha Rocío sin disimular su enfado.
-Ya te dije que estamos a tope. Todos los años pasa lo mismo en este puente, que se pone hasta la bandera. Está el hostal abarrotado y por si faltaba poco la patrona ha alquilado varios apartamentos para meter más huéspedes a los que hay que atender, que es lo que voy a hacer ya mismo. Lo cual hace que me sea imposible meterte ahora en la habitación del señor Martínez.
   Rocío, que ya estaba enfadada, se coge un cabreo monumental.
-Mardita sea tu estampa. Me tienes aquí todita la tarde sin na que haser y muerta de aburrimiento y ahora me vienes con que no puedes ayudarme. Pues hasta aquí hemos llegao. Ahora mismo voy a ver a Curro contigo o sin ti.
  Y dicho esto, la andaluza se dirige con paso decidido hacia el hostal cuando la rumana la coge del brazo.
-Yo de ti no lo haría. No hace ni cinco minutos que he visto entrar en la habitación al hijo del señor Martínez. Tú verás.
   La andaluza duda. Su intención era hablar con Curro sin testigos y el primogénito de su exnovio es la persona menos indicada para estar presente en una conversación que Rocío presume que puede ser tensa.
-¿Sabes cuándo va a salir?
-Suele estarse un rato, pero a ciencia cierta no sé cuándo saldrá. Mira, cuanto más tarde más difícil será meterte en la habitación sin que te vean. Por tanto, lo más práctico será que te vuelvas a tu hotel y mañana te prometo que haré lo imposible para que puedas hablar con tu exnovio –lo del ex lo ha remarcado mucho.
   A Rocío la propuesta no le hace ninguna gracia, pero tiene que plegarse a la sugerencia de Anca. Se despide y se vuelve a Alcossebre diciéndose que de mañana no pasa.
   En la habitación de Curro se encuentra en efecto Francisco José. No es que lo de visitar a su padre, por muy fastidiado que este pueda estar, sea un plato de gusto para él, pero se encuentra en una situación similar a la de Rocío: se está quedando sin dinero, apenas tiene para poder pagarse unos días más de hotel, por lo que ha resuelto que ha de presionar a su padre para que le dé más pasta. También está cansado de estar en Torreblanca, más desde que el día anterior tuviera una llamada telefónica de uno de sus amigos que le contó que ha visto a Estrella, una trianera por la que bebe los vientos, parloteando con un tronco que se la comía con los ojos. Lo que le faltaba, él hecho un muermo y en Sevilla le están levantando a su chiquilla. Y toda la culpa la tiene el desgraciado de su padre que ni siquiera tiene ganas de conversar, solo se dedica a ver la tele y poco más. Se fija más atentamente en su progenitor y se da cuenta de algo que hasta ahora se le había pasado por alto: en los últimos días Curro ha envejecido de golpe. Tiene el rostro flácido y macilento, se le marcan unas arrugas en la frente que antes no tenía o, al menos, no tan nítidas como ahora y la mirada se la ve apagada y tristona. No, no es el mismo Curro el Conseguidor, el hombre con una vitalidad y una energía desbordantes que hacían de él un auténtico fuera de serie. El joven aparta de sí esos pensamientos, no le conducen a ninguna parte y no harán que el cabroncete de su padre le suelte la guita. Decide coger al toro por los cuernos como diría cualquier devoto del arte de la tauromaquia.
-Papa –le cuesta un imperio decir esa palabra que le amarguea la boca al pronunciarla-, he de vorver a Sevilla y estoy pelao. Me quedan veinte talegos y con eso no tengo ni pa er billete de vuerta –Miente, sacó billete de ida y vuelta, este último abierto-. Tienes que darme guita pa er hotel, er bus y pa llevar argo pa la mama y los hermanos chicos.
  Curro, absorto en lo que están poniendo en la pequeña pantalla, da la impresión de que no le ha oído. Francisco José no se lo piensa, coge el mando del aparato y lo apaga.
-¡Quillo!, ¿se puede saber que hases? –El contacto con su hijo hace que Salazar a menudo sesee cuando charla con él.
-Es la única manera de que me escuches. Te estoy disiendo que me tengo que vorver a Sevilla y nesesito parné pa er viaje y pa llevar argo pa los críos.
-¿Y cuándo te tienes que ir? –pregunta Curro con desgana.
-Mañana mejor que pasao.
   Por unos momentos Curro ha pensado en levantarse, abrir un maletín, la única de sus valijas que está cerrada con llave y en la que guarda el dinero, y darle unos cuantos billetes al chico más que nada para quitárselo de encima. Lo piensa, pero no lo hace, le echa para atrás otro pensamiento: no es bueno que el chaval sepa donde tiene la pasta. Desde que empezó su vida de prófugo ha hecho de la desconfianza hacia los que le rodean una de sus normas de conducta. El lugar donde guarda el dinero no se lo ha dicho a nadie, ni siquiera a Anca. No es cuestión de romper ahora la regla aunque se trate de su propio hijo del que por otra parte es consciente de que no le tiene ningún cariño pues su mirada no sabe mentir, le mira cómo se hace con alguien a quien detestes con toda tu alma.
-No tengo ánimos para levantarme, me ha vuelto a dar la migraña. Ahora, hasme el puñetero favor de volver a poner la tele y de lo de darte la tela de mañana no pasa.

PD.- Hasta el próximo viernes