viernes, 18 de mayo de 2018

53. ¡Ojú con las tías, de lo que son capaces!


   El matrimonio Pacheco está de morros, tenían planeado visitar Peñíscola, pero a última hora Macarena ha dicho que si no van a Morella tampoco tienen porqué ir a la ciudad del Papa Luna. Resultado: una agria bronca entre marido y mujer en la que salen a relucir las desavenencias de la pareja que toda vida en común reporta casi inevitablemente. Discrepancias que en principio pueden ser minúsculos riachuelos, pero que si no se atajan a tiempo pueden convertirse en impetuosos torrentes con la fuerza suficiente como para dar al traste con las uniones mejor conservadas. Al final, como suele suceder, cede quien más quiere o quien más tiene que perder, que eso es algo que nunca queda del todo claro. Y en la pareja Pacheco-Hernández quien tiene más que perder es él, por una parte sigue enamorado de su mujer y por otra ella es la que aporta la mayor contribución a la economía doméstica pues su familia es dueña de una saneada fortuna. Tras la pelea, y una vez hechas las paces, resuelven que no irán a ninguna parte, pasarán su penúltimo día de unas inesperadas vacaciones en la playa, algo que no pueden hacer en Sevilla. Como colofón de la discusión Alfonso explica que le resta una obligación ineludible:
-De todas formas, cariño, tengo que hacer una última visita a Salazar para saber su respuesta a la propuesta de mi gente. O, si le parece mejor, a la oferta conjunta que le hicimos Jaime y yo.
-Eso lo puedes haser mañana en un periquete. Y hasta puede que te acompañe, tengo ganas de ver la jeta de ese engendro de Satanás. La verdad es que nunca lo he visto personalmente, solo le conosco de verlo en Canal Sur cuando salía en los informativos día sí, día no, la primera ves que lo detuvieron. A ver si lo gafo y la espachurra.
   Pacheco se dice una vez más que la inquina que le tiene su mujer a Salazar es como para hacérselo mirar. Y eso que, como acaba de confesar, únicamente lo ha visto en el plasma.
   Otro de los enviados para negociar con el exsindicalista, Jaime Sierra, está cansado de su inactividad: no conoce a nadie, ni siquiera ha intentado ligar, la playa le aburre y echa de menos a su Sevilla y a sus amigos. Le ha contado vía telefónica a Felipe Muñoz, el líder de su camarilla, el escaso eco que su propuesta ha encontrado en Curro. Asimismo, le ha explicado que la oferta común con Pacheco tampoco parece que haya corrido mejor fortuna. Muñoz le insta a que fuerce al exsindicalista a que dé una respuesta concreta cuánto antes.
-No puedes estar ahí indefinidamente, Jaime. Tienes que presionar a Salazar a que responda sí o no. Nuestra tesorería no es de goma, tiene límites.
-Todo eso ya lo he pensado, Felipe. Por eso había decidido darme de plazo hasta mediados de mes. Es decir, que mañana, día de la sevillana Virgen de los Reyes, es el último que pienso pasar aquí. Diga lo que diga el irresoluto de nuestro amigo Curro no aguanto ni un día más.
-¿Tienes algún pálpito de por dónde puede decantarse Salazar? –quiere saber Muñoz.
-Creo que lo que más le tienta es lo de marcharse al extranjero. Y hablando de ello, tú que tienes buenos contactos, ¿te ha llegado alguna onda de quién o quiénes pueden estar detrás de esa oferta? Porque el figurín que está aquí no es más que un mensajero, bien vestido, pero nada más.
-Me ha llegado el rumor de que puede tratarse de gente del mundo de los negocios que se generan en el entorno de la Junta y que uno de los que parece que más mueve el braserillo es Eduardo Gálvez.
-¡Ojú, Gálvez!, eso son palabras mayores. Con competidores como ese no vamos a rascar bola.
-Es lo que me temo, pero en todo caso la idea de plantearle un ultimátum a Curro me parece correcta. Se me ocurre que ¿por qué no vais Pacheco y tú a verle conjuntamente? Quizá entre los dos podríais presionarle más.
-Me parece buena idea. Ahora mismo llamo a Alfonso y se lo propondré. No creo que ponga ningún obstáculo.
   Pacheco contesta la llamada de Sierra. Está en la playa con su esposa.
-Como sé que no eres nada playero, ¿por qué no quedamos a mediodía y almorzamos juntos? Voy a preguntar dónde se come bien por aquí y si no te importa te vienes para acá. Invito yo. Ah, te prevengo que Macarena tiene uno de sus días malos, si en algún momento sale por peteneras no se lo tengas en cuenta. Ya sabes cómo son las mujeres.
-¿Por qué crees que a estas alturas no me he casado? –responde Sierra.
   Cuando apaga el móvil, Pacheco piensa que quizá tengan razón los que comentan que Sierra es de los que pierden aceite y que esa es la causa real por la que sigue célibe. Se encoge de hombros pues es de los que creen que en el mundo de los sentimientos cada uno es dueño de manifestarlos como le pete. Al volver al hotel pregunta dónde comer que no esté muy lejos de la playa. Le ofrecen varias opciones y al final se decanta por un restorán que ostenta un nombre muy madrileño: Puerta del Sol y que está en el Paseo Marítimo de la Concha con unas espléndidas vistas a la playa del mismo nombre.
   Tal y como le había prevenido Alfonso, Jaime encuentra a Macarena de mal humor, pero la mujer se contiene pues el sevillano le cae bien. Tiene algo de femenino que atrae a las mujeres. Sierra, que entiende al mal llamado sexo débil como nadie, acaba de ponerla de mejor temple al rogarle que escoja ella el menú, algo que suele ser prerrogativa de los varones. Macarena, con la interesada ayuda del maitre, escoge un menú que es una auténtica miscelánea. Como entrantes: sepia del Grao con alcachofa de Benicarló, burrata de búfala fresca con tomate valenciano, anchoas, pesto de albahaca y alcaparras, y unos buñuelos de bacalao y piñones que les llaman mandonguilles. Como menú principal un plato muy de la tierra: arroz meloso de marisco en caldera con langostinos de Vinaroz, cigalas y almejas.
   La comida parece que ha logrado poner de mejor humor a Macarena que ha estado dicharachera y en plan simpático. Uno de los temas que la mujer ha sacado a colación es su interés en conocer más a fondo lo que Jaime y su marido se traen entre manos en relación a Curro Salazar. Sierra, tras mirar a Pacheco y ver su muda invitación, le explica a Macarena la propuesta que le han hecho al gaditano y de la que todavía no han recibido respuesta.
-¿Os habéis planteao –pregunta la mujer- que el hecho de que no os haya contestao es una forma de respuesta?
-No entiendo eso. Explícalo, por favor –pide Sierra.
-Me has dicho que no sois los únicos venidos a haserle propuestas a Curro para que no hable o si lo hase que sea en determinao sentido. Pues bien, si su respuesta a vuestra oferta es que ni la asepta ni la rechasa debe ser porque alguna de las otras que le han hecho la considera mejor que la vuestra.
-Entra dentro de lo posible, pero en ese caso, ¿por qué no nos dice de una vez que no le interesa nuestra oferta y colorín, colorao? –apunta Sierra.
-Quisá por vuestra espesial relasión con él. Tú no eres amigo suyo, pero dises que hase mucho que os conoséis y os lleváis bien. En cuanto a Alfonso, tampoco es su amigo pero es paisano suyo y eso siempre pesa. Esa puede ser la rasón de que no sea claro en su respuesta, pero en mi opinión estáis perdiendo el tiempo con Curro. Dudo mucho que si declara ante la juesa lo haga en el sentido que vosotros queréis. Se lo he dicho a Alfonso más de una ves. La única solusión a todo este embrollo del caso ERE es haser lo que hasen los mafiosos con los testigos incómodos.
-¿Y qué es lo que hacen? –pregunta Sierra que conoce bien la respuesta, pero quiere averiguar hasta donde llega Macarena en su argumentación.
-Lo sabes igual que yo, los meten envueltos en hormigón en el subsuelo de un edifisio en construcsión y allí se acaba el problema.
-No le hagas caso, Jaime –interviene Pacheco-, los Hernández cuando se ponen en plan chulito tienden a desbarrar.
-Aquí los únicos chulitos sois vosotros. Los hombres mucho fanfarronear, mucho jactarse de lo machos que sois, pero a la hora de la verdad mostráis vuestro verdadero fuste: que estáis hechos de pasta de hojaldre, pura mantequilla, ea.
-Vamos a ver, Macarena. ¿Dónde están aquí los mafiosos? –pregunta Sierra-. Yo no veo ninguno. Seamos serios, Curro no ha cometido ningún crimen ni ha hecho una fechoría de tal calibre como para pensar en que la solución sea pasaportarlo.
-No habrá cometido ningún crimen como dises, pero puede amargaros la vida. Y a alguien que puede joderte lo más eficas es joderle tú antes. Esa es la única solusión al problema que representa Curro, darle matarile.
-¿Darle matarile? –inquiere un desconcertado Sierra mirando a Pacheco quien hace un gesto como diciendo: luego te lo explico.
   En el viaje de vuelta a Marina d´Or, Sierra no hace más que darle vueltas al argumento expuesto por Macarena. Al principio no se la tomó en serio hasta que se dio cuenta de que la mujer no hablaba en broma. “Menuda tiparraca está hecha la Macarena y parecía una mosquita muerta. Claro que en algo si lleva razón, si Curro por arte de birlibirloque desapareciera de un plumazo más de la mitad de nuestros problemas con la justicia también se esfumarían. ¡Ojú con las tías, de lo que son capaces!

PD.- Hasta el próximo viernes

viernes, 11 de mayo de 2018

Capítulo 13.- De la festa la vespra 52. Chi lo sa?


   El paréntesis que ha supuesto el infortunado incidente sufrido por Curro Salazar ha sido el detonante para que Carlos Espinosa vuelva a pensar en un hipotético plan B que pudiera llevar a cabo para desembarazarse del exsindicalista, pero no se le ocurre ninguno para ejecutarlo sin que le pillen con las manos en la masa. Aparca la idea y decide guardarla en la recámara. Hoy ha resuelto no ir al Club de Campo del Mediterráneo a jugar al golf, como es domingo supone que el campo estará hasta arriba de aficionados domingueros que dada su general impericia ralentizan mucho el juego. En su lugar opta por hacer turismo. El día anterior hizo una reserva para visitar las islas Columbretes que, como describe el folleto que se adjunta al billete, son un conjunto de cuatro grupos de islotes volcánicos situados a 30 millas al este del cabo de Orpesa y los únicos que hay en el litoral castellonense. Constituyen un paraje muy apreciado por los aficionados al submarinismo pues desde que en 1988 fue declarado Reserva Natural constituye uno de los espacios marítimos protegidos más importante de la Comunidad Valenciana y en el que destacan la transparencia de sus aguas, la belleza de sus fondos y la gran variedad de especies animales y vegetales que alberga.
   El viaje lo hacen en un catamarán, el Clavel, en el que se embarcan veintitantos pasajeros. Salen del puerto del Grao de Castellón sobre las ocho. La travesía dura algo más de dos horas y media. Sin descender del barco, costean los islotes de La Ferrera, La Foradada y el Carallot para finalmente echar anclas en la bahía de la Illa Grossa, antiguo cráter de un volcán y que, como les explica el guía, es la isla más grande aunque solo tenga menos de un kilómetro cuadrado. Desembarcan y, en una visita guiada por un experto ornitológico de la Generalitat valenciana, recorren la isla que solo cuenta con un faro en la cota más alta y en el otro extremo un cementerio donde fueron enterrados en su día fareros y familiares suyos fallecidos en la isla. El ornitólogo les cuenta que en el reino vegetal destacan en las islas dos plantas endémicas: la alfalfa arbórea y el mastuerzo de Columbretes y que en el animal lo más interesante es la presencia de gran número de aves marinas como la gaviota de Audouin, la pardela centenaria y el cormorán moñudo. Después de la breve y decepcionante excursión tienen tiempo para bañarse y hacer esnórkel en la bahía. Ven meros, nacras, langostas y llamativas gorgonias rojas. Tras volver a embarcar, hay un tiempo para comer lo que cada pasajero se haya traído pues en el barco solo sirven bebidas.
   En la travesía de ida, Espinosa ya se fijó en una pareja, sobre todo en la mujer que es sin lugar a dudas la pasajera más sexi que viaja en el catamarán. Entre ellos hablan en una especie de popurrí en el que mezclan italiano, español e inglés y al varón se le ha escapado alguna expresión en ruso. En un momento del diálogo entre la pareja una inflexión de la voz del varón enciende una alarma en su mente. “¿Dónde he oído esa voz?”, se pregunta el malagueño. Discretamente se pone al lado del dúo y aguza el oído. “Ese tono me resulta familiar, ¿pero dónde lo he oído?”, vuelve a preguntarse. Trata de recordar hasta que al fin descubre donde ha oído ese timbre vocal: es la misma voz o al menos muy parecida a la del tipo que le llama diariamente para preguntarle si cenan esa noche. “¿Es posible que este sea el fulano que me llama todos los días?”. Hace un recuento de los datos que tiene sobre el desconocido: es extranjero, tiene pinta de matón, y si está allí debe residir aunque sea temporalmente en la Costa de Azahar. “Vistas así las cosas cualquiera diría: verde y con asas”, se dice. Aunque aún no tiene la plena seguridad de que sea el mismo fulano del que sospecha que es el elegido por sus patrones para llevar a cabo un plan B decide cerciorarse. El picnic que se está realizando a bordo le da el pretexto necesario para trabar conversación con el dúo. En el hotel le han preparado una bolsa colmada de bocadillos y unas piezas de fruta. En cambio, parece que la pareja a la que no pierde vista no ha sido nada previsora y no lleva ni un triste tentempié, quizá por eso la mujer mira a hurtadillas como Espinosa va desenvolviendo el papel de aluminio en que están envueltos los emparedados para ver de qué son. El CEO malagueño aprovecha la oportunidad y dirigiéndose a sus dos compañeros de travesía les invita.
-Me haréis un favor si aceptáis alguno de estos bocadillos. En el hotel han debido creer que el mar me despertaría el apetito y se han pasado.
   La mujer, que parece haberle entendido, no se lo piensa y acepta encantada el bocata.
-Grazie tante.
-Prego –responde Espinosa que no habla italiano pero que hasta ahí llega.
-Parli italiano? –se interesa la transalpina con un coqueto aleteo de pestañas.
-Lamentablemente, no. Grazie, prego, arrivederci, ragazza, bambino, molto bene y complimenti son todo mi vocabulario. Ah, y buongiorno, buonasera y buonanotte, -y llegado ahí, Espinosa se pasa al inglés en el que se siente más cómodo-. But we can speak in english.
   A partir de ahí, la conversación se generaliza entre la pareja y el malagueño que  precavidamente se presenta como Roberto sin dar ningún dato personal más. El ruso, es lo que supone Espinosa, que ha dicho llamarse Pako también ha aceptado la invitación y el grupo, ahora convertido en trío, mantiene una animada charla durante la vuelta. Al principio, el malagueño ha sido cauto en sus expresiones, piensa que como a él le ha ocurrido el ruso también puede reconocer su timbre de voz, pero cuando lo medita se tranquiliza, es posible pero harto improbable que sea capaz de reconocer una voz que a la pregunta de si van a cenar hasta ahora solo ha respondido con un no.
   El catamarán arriba al puerto a media tarde. Espinosa, que cada momento que pasa está   más convencido de que el tal Pako es el mismo que le llama diariamente, les invita a tomar unas copas y el trío se aposenta en la terraza de una cafetería que tiene unas espléndidas vistas sobre la marina. Por alguna de las cosas que el supuesto ruso ha dicho durante la charla, Espinosa deduce que debe vivir en la Costa del Sol y que sus actividades se centren posiblemente en el ámbito de los clubes nocturnos tan abundantes allí. Por la corpulencia del eslavo que no le restan ni un ápice de elasticidad y rapidez de reflejos, Espinosa también induce que es hombre más de acción que de pensamiento. Cerca del ocaso y en un momento de la charla, Pako, que efectivamente no es otro que Grigol Pakelia, invita a Carlos a cenar con ellos. El malagueño contesta que sí, pero pone una condición: que sea él quien pague la cuenta. Y va más allá: les propone el lugar, el restaurante del Real Club Náutico de Castellón que tiene unas magníficas vistas sobre la dársena y una carta más que notable.
   Espinosa habla previamente con el maitre y encarga para la cena un menú por todo lo alto. Como entrante focaccia de vieira de cerdo a baja temperatura y puré de remolacha, acompañado de tinto Ribera del Duero Condado de Oriza. Como primer plato merluza con jugo verde de espárragos blancos, amontillada y crustáceos con crujiente de alcaparra. Un sorbete de mojito para desengrasar. Luego presa ibérica con salsa de Périgueux, frutos rojos y trinxat. De postre timbal de fresas con espuma especiada y granizado de mandarina acompañado de cava prima. Todo ello regado con los correspondientes vinos. La italiana, ahora ya sabe que se llama Alessia, tras el pescado apenas si ha probado un bocado más, pero Pako ha engullido todo lo que le han servido y ha trasegado cuantos caldos le han escanciado.
   Tras una cena tan copiosa, Espinosa ha conseguido en parte lo que pretendía: que al ruso se le soltara la lengua. Así se entera de que vive en Fuengirola, pero que viaja a menudo por el resto de la Costa del Sol para ayudar a controlar diversos clubes y locales de diversión y juegos. Que no es ruso sino georgiano, la patria del camarada Iósif Stalin, el hombre que plantó cara a los nazis en la II Guerra Mundial recuerda con orgullo. Lo que no llega a contar Pakelia es el motivo por el que está pasando unas vacaciones en Las Villas de Benicàssim. Pese a esa omisión, el relato del georgiano reafirma la creencia de Espinosa de que, casi con plena seguridad, se trata del hombre que le llama todos los días, aunque hoy no lo ha hecho, y en consecuencia quien está encargado de ejecutar un posible plan B relacionado con Curro Salazar. “Porque, ¿a santo de qué un tío que vive en la Costa del Sol se viene a pasar unas vacaciones a la Costa de Azahar? Eso posible lo es, pero es poco probable. ¿Y en qué puede consistir el plan que le han encargado? Visto como es y a qué se dedica solo puede tratarse de un proyecto en el que predomine la fuerza física y la falta de escrúpulos. ¿Una paliza, romperle los brazos, las piernas o algo más definitivo?”.
   Como en un acto reflejo, el parloteo de la italiana hace que Espinosa se plantee sus dudas con una expresión que usó Alessia durante la travesía de vuelta de las Columbretes y que no necesita traducción: Chi lo sa?

PD.- Hasta el próximo viernes

viernes, 4 de mayo de 2018

51. A ese habría que darle matarile


   En la noche del sábado, trece de agosto, el cuarteto de jubilados ha planeado jugar lo que denominan una nocturna que no es más que la partida de dominó de siempre solo que por la noche. En atención al último de sus fichajes que vive en la zona norte de la playa deciden jugarla en la terraza de El Perero, la cafetería contigua a la pizzería donde conocieron a Martínez el Andaluz, como siguen llamándole. Precisamente de Martínez están charlando pues Ramo, que como oriundo conoce a mucha gente del pueblo, les comenta la versión que cuentan las chafarderas locales sobre la caída que el gaditano ha tenido esa misma tarde.
-O sea que ocurrió cuando estábamos jugando allí y no nos enteramos. Lo que son las cosas –comenta Ponte un tanto sorprendido.
-Supongo que Eulalia, la patrona del hostal, habrá llevado el suceso con la máxima discreción como hacen los hoteleros con hechos como ese –explica Ramo-. No hay peor propaganda para un establecimiento que se ponga enfermo un huésped y no os cuento si la casca.
-¿Y tú como te has enterado? –quiere saber Álvarez un poco molesto pues siempre presume de su conocimiento de todo lo que pasa en el barrio marítimo de Torreblanca.
-En un sitio pequeño como este -les explica Ramo- es raro que algo fuera de lo habitual pase inadvertido. Alguien vio entrar al médico y se lo comentó a una segunda persona, ésta a otra quien se lo refirió a una cuarta y así continúo la cadena del boca-oreja por lo que al poco rato la noticia daba la vuelta al pueblo: un huésped de la Eulalia se había caído y había necesitado que le viera el médico. Luego vienen las distintas versiones: desde quien cuenta que ha sido una caída sin mayores consecuencias hasta el que habla de que si lo tendrán que ingresar en la Residencia que es como llaman en el pueblo al Hospital General Universitario de Castellón.
   Y el viejo torreblanquí les sigue contando uno de los rasgos que forman parte esencial de la vida en las comunidades pequeñas y aquella lo es. A los habitantes de esas localidades, donde todos se conocen y saben de qué pie cojea cada quisque, les importa mucho más lo que le ocurra a cualquiera de sus vecinos, por nimio que sea el suceso, que aquello que pase en el resto del mundo, sea la caída del Muro de Berlín o el descubrimiento de un nuevo exoplaneta. Las noticias locales antes de serlo han sido rumores, bulos o maledicencias. Se comentan, se analizan del derecho y del revés, se diseccionan de arriba a abajo. Hubo quien creyó que con la masiva invasión de la televisión y de las redes sociales ese rasgo tan típico de las sociedades cerradas desaparecería, ¡pero qué va! La única variante es que ahora los chismes circulan también por los teléfonos móviles lo que significa que el chismorreo es el mismo pero se expande mucho más rápido. El trío de madrileños escucha divertido la sociológica explicación de su nuevo compañero pues como urbanitas que son no conocían esa faceta de las localidades rurales.
-O sea, que aquí te tiras un pedo y a la hora lo sabe todo Dios –comenta humorísticamente Ponte.
-A la hora, no, mucho antes de que la ventosidad deje de oler –le rectifica Ramo con una sonrisa burlona.
-Pues mirad lo que os digo, de lo que le ha pasado a Martínez yo solo sé lo que Pedro nos acaba de contar, pero no me creo lo del resbalón. ¿Y por qué no me lo creo? –Se pregunta retóricamente Grandal-. Porque aquí los suelos son de cerámica y no suelen estar alfombrados, y con pisos así los resbalones son posibles pero no probables. Me dejaría ahorcar el seis doble a que el incidente ha podido ser por cualquier otra causa antes que por una caída fortuita.
-Tú es que lo de ser policía lo llevas en al ADN. Desconfías de todo –se burla Álvarez.
-¿Eres policía? –pregunta Ramo, que sin esperar respuesta añade-. Yo tuve un amigo que también lo era, Carmelo Burgos. En los tiempos que salíamos de copas era subinspector, no sé lo que se habrá hecho de él, hace mucho que dejamos de tener contacto.
-¿Burgos?, no me suena –responde Grandal que retoma sus sospechas-. Volviendo a lo que os decía. ¿No os parece extraño que a Martínez le den una paliza de órdago y que no denuncie el hecho? ¿No es muy raro que el agresor le sacudiera a modo, pero en cambio no le robara nada? Y ahora, resbala y necesita de atención médica. Desde luego o ese tío es un gafe de campeonato o ahí hay gato encerrado.
   En ese mismo momento el matrimonio Pacheco-Hernández está discutiendo. Motivo: a él le han llamado desde la unidad en la que trabaja como ingeniero forestal, la Dirección General del Medio Natural y Espacios Protegidos, para comunicarle que no puede estirar más la comisión de servicios para estudiar cómo se lleva a cabo el Plan de Prevención y Extinción de Incendios Forestales en una zona orográficamente tan abrupta como es el Maestrazgo, que fue la justificación que idearon los compañeros de su camarilla para que pudiera desplazarse a Castellón. Le ponen como fecha límite el día 15. Al saber la noticia, la mujer esboza los planes que ha pensado para esos últimos días de estancia en tierras levantinas.
-He estado mirando en internet los lugares más pintorescos de la provinsia y he escogido los dos que son con diferensia los más visitados: Peñíscola y Morella, uno en la costa y otro en el interior.
   Y la mujer se lanza a explicar los encantos de ambos lugares. Peñíscola se sitúa en un tómbolo, una península rocosa que antiguamente estaba unida a tierra por un istmo de arena que en la actualidad ha desaparecido. Sobre la roca se erige el casco viejo de la ciudad en el que sobresale el castillo del antipapa Benedicto XIII, más conocido como el Papa Luna, y que está perfectamente conservado. Tiene unas estupendas playas tanto al norte como al sur de la península y en su término se incluye la Serra d´Irta, una de las sierras costeras vírgenes mejor conservadas del litoral valenciano. Cuenta con un pequeño puerto pesquero por lo que en sus restoranes se pueden degustar los mejores pescados de esa parte del Mediterráneo. Las guías turísticas recomiendan probar el all i pebre, el suquet de peix y els caragols punxents, sin olvidarse de las alcachofas y de los espárragos trigueros o, si se prefiere, de los arroces. Cualquiera de esos platos hará las delicias del paladar más exigente. En cuanto a Morella está a unos sesenta quilómetros en el extremo noroeste de la provincia y a unos mil metros de altitud. Es una ciudad amurallada coronada por un imponente castillo. Ha sido declarada Conjunto Histórico-Artístico y reconocida como ciudad Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Todas las guías que ha leído, rememora la mujer, recomiendan la ciudad no solo por sus vistas panorámicas sino también por sus monumentos, su folklore y su gastronomía en la que sobresalen los entrantes de embutidos, de los quesos artesanales de oveja y cabra y de las croquetas morellanas envueltas en una oblea de pan ácimo. Como platos fuertes: las costillas de cabritillo rebozadas, las perdices escabechadas y la carne de corzo, todo ello acompañado con setas de temporada, una de las joyas de la gastronomía morellana. Y termina precisando el calendario que ha pensado para ambas visitas.
-Podemos ir mañana domingo a Morella, el lunes a Peñíscola y el martes nos ponemos de viaje. Si la fecha tope es el 15, podemos estar en Sevilla el 16 por la tarde. Supongo que no va a pasar nada porque faltes una mañana.
   Pacheco tiene que echar agua al vino del entusiasmo turístico de su esposa.
-Lo siento, cariño, pero solo podremos ir a uno de esos lugares. Tendrás que escoger entre Morella o Peñíscola.
-¿Y eso por qué?
-Porque necesito medio día para hablar con Salazar.
   Es oír el nombre del exsindicalista y a la mujer se la agria el semblante.
-¿Y por qué has de volver a hablar con ese mierda?
-Tengo que volver adónde Curro porque necesito que me responda a la propuesta que le hicimos Sierra y yo. No creas que lo hago por gusto.
-A ese malnasido habría que darle matarile.
-¿Qué diablos es eso de darle matarile?
-Mi padre me contó que así llamaban en la guerra sivil a pegarle cuatro tiros al que estorbaba por lo que fuera, ¡y vaya si estorba el malaje del Curro!
-¡Qué burra eres Macarena! Cuando te pones en plan borde me preocupas.
   La pareja se enzarza en una acalorada discusión. El marido razona que no puede dejar inconcluso el motivo por el que han hecho el viaje. Ella se pone cabezona e insiste en que no quiere dejar la provincia sin visitar unos sitios tan pintorescos y que al comemierda del Curro le pueden ir dando. La disputa amaina con la llegada de Jaime Sierra. Viene a darles una noticia que desconocen: Salazar se ha caído fortuitamente y al parecer se ha resentido de sus fracturas. Han de ir a verle antes de que su estado pueda agravarse. La mujer se pone hecha un basilisco, no queda muy claro si por la pérdida de sus ilusiones viajeras o más bien por el odio africano que siente hacia el exsindicalista desde que arruinó la vida de su hermano predilecto. Antes de dejarles solos les lanza su última admonición:
-¿Sabéis lo que pienso? Que estáis perdiendo el tiempo esperando una respuesta de ese hijo de mala madre. Lo mejor que alguien podría haser es darle matarile. De esa manera, muerto el perro, se acabó la rabia.

PD.- Hasta el próximo viernes