viernes, 6 de abril de 2018

47. Mañana será otro día


   Curro Salazar sigue postrado en su habitación, su recuperación es lenta y ello no solo se debe a las costillas fracturadas, lo que más le tiene amilanado es pensar en los individuos que pretenden manipularle para que cuente a la justicia un relato edulcorado sobre el caso ERE. No se encuentra con la cabeza lo suficientemente lúcida para discernir la propuesta que le puede interesar más. Como de tonto no tiene un pelo es consciente de que cada emisario lo que busca es que no incrimine a sus respectivos patrocinadores en sus futuras declaraciones. Aunque tanto su hijo como su exnovia no parecen tener intenciones manipuladoras también le preocupan porque no cree que sea una casualidad que ambos hayan coincidido allí y ahora. “Aquí debe de haber algo más que se me escapa”, se dice. A sus recelos se suma que, aunque no se lo ha confesado a nadie, tiene miedo. “Si un descerebrado como el Chato de Trebujena me pegó una paliza, ¿no habrá alguien con más sesera que me pueda hacer daño de verdad?”, se pregunta. Esa mescolanza de sensaciones es lo que más le ata a la habitación. Le han instalado una televisión y pasa las horas muertas viéndola y departiendo con Anca que se ha revelado como una cariñosa y eficiente enfermera. Únicamente le visita, y no todos los días, su hijo; casi prefiere que sea así porque cuando aparece por allí no cesa de darle la matraca de que lo mejor que puede hacer es largarse al extranjero. Está convencido de que al chaval le debe de haber comido el tarro el petimetre de Espinosa.
   Lo que menos puede sospechar Salazar es que hay dos personas que ya han cerrado un trato para poder acceder a él de manera que podría calificarse como clandestina. Rocío ha terminado convenciendo a Anca para que le facilite un encuentro con su exnovio. Según la andaluza lo único que pretende es que Curro le pague los dineros que necesita para hacer frente al supuesto crédito que pidieron. La rumana no acaba de creerse una historia que hace agua por todas partes y en la que no hay proporcionalidad entre el soborno ofrecido y lo que se pide por ello. Anca le ha cogido cariño al dolorido huésped, pero trescientos euros son muchos euros, por eso ha aceptado. Aunque como no se fía de Rocío piensa que tendrá que vigilarla de cerca, no sea que la zorra de la andaluza se la quiera meter doblada.
   La otra persona que también ha cerrado un trato para poder entrar en la habitación de Curro es El Chato de Trebujena. El expugilista ha sobornado a Nicoleta, otra camarera rumana del hostal. El trebujenero ha sido mejor negociador que Rocío o quizá Nicoleta tiene un cachet inferior al de Anca, porque el soborno solo ha sido de cien euros. Lo que todavía no tiene muy claro El Chato es qué le va a decir o hacer al exsindicalista cuando lo vea. Piensa que no tiene mucho sentido volver a atizarle. A lo que le queda de deontología boxística le repele pegarle a un tío que está en la cama. “Eso no lo haría ni el tipo más tirado que haya subido a un ring”, piensa. Lo que tiene que hacer es dejarle bien clarito a Curro que ante la jueza de instrucción no abra la boca si no es para respirar.
   Tanto Anca como Nicoleta informan a sus dos dos corruptores que el mejor momento para meterles en la habitación de Salazar será en el inminente puente de la Asunción pues el Ferragosto, como lo denominan los italianos, este año cae en lunes lo que supone un puente de tres días. Y en España un puente de tres ojos y en plena canícula supone el desplazamiento de millones de personas. Va a haber muchísima más gente que de ordinario, de hecho en el hostal van a tener overbooking lo que lleva de cabeza a la patrona. Son unas fechas en las que ver una cara desconocida no llama en absoluto la atención. A todo esto, ninguna de ambas camareras sabe lo que planea la otra.
   Hay otros dos emisarios que también proyectan ver a Salazar, pero sin ninguna clase de tapujos. Son Jaime Sierra y Alfonso Pacheco que, una vez cerrado su acuerdo de agrupar sus propuestas en una sola, van a visitar al exsindicalista. El sábado, trece, se plantan en el hostal. La patrona reconoce a Pacheco como la persona que impidió con su aviso que siguieran golpeando a su huésped y que al día siguiente le llevó a Castellón para que le hicieran una exploración médica. Por ello no pone ningún impedimento a su deseo de ver al magullado huésped.
-Sin problema, pueden ustedes subir a ver al señor Martínez. Lo único es que como el médico insistió en lo del reposo será mejor que su visita no sea muy larga.
   Tras llamar a la puerta y sin esperar a que respondan, ambos colegas entran y encuentran a Curro recostado en la cama y junto a él, y sentada en la misma, una agraciada jovencita que está estirándose la falda que tenía subida a medio muslo. Al volverse, Pacheco la reconoce como la camarera que se encarga de la habitación del exsindicalista. Los dos andaluces se paran en el mismo umbral ante la sensación de que han interrumpido algo, no debe ser así pues es el mismo Curro quien les anima a entrar.
-Alfonso, Jaime, dichosos los ojos. Ya creía que os habíais olvidado de mí. Os presento a Anca, la mejor enfermera que he tenido nunca. Y estos son dos amigos míos que han venido de la mismísima Sevilla.   
   La camarera les regala una sonrisa al par que se levanta de la cama.
-Les dejo. Don Francisco, luego le traigo el almuerzo. Encantada –dice dirigiéndose a los recién llegados.
-¿Cómo estás, Curro? –pregunta Sierra.
   Pacheco es más expresivo:
-Un amigo común, Juan Simón, me dijo en una ocasión: si ves a Curro tirándose por una ventana, haz lo mismo, seguro que al final de la caída está esperando un montón de tías a cual más rica. ¡Menudas enfermeras te gastas! Así tampoco me importaría ponerme malo.
-Tú, otra cosa no tendrás, paisano, pero lo que es guasa tienes para dar y vender –replica Salazar.
   Y así, entre pullas y chanzas discurren los primeros momentos de la charla hasta que Pacheco considera que es llegado el momento de hablar de lo que les ha llevado allí.
-Curro, hemos venido a verte para ver cómo va tu recuperación, pero también para tener una conversación seria contigo. Verás, Jaime y yo hemos convenido fundir nuestras propuestas en una cuyos puntos más destacados te resumo. Uno, que te entregues a la justicia después de que nuestra gente haya pactado con la fiscalía una rebaja de la posible pena. Dos, frenar y torpedear la investigación del caso ERE. Tres, contratar al mejor bufete para tu defensa. Cuatro, facilitarte el dinero que necesites cuando la justicia confisque tus bienes. Y cinco, ayudaremos a tu familia y le buscaremos un buen trabajo a tu hijo mayor.
-Como contrapartida –completa Sierra- únicamente te pedimos dos cosas. Una, que cuando declares no involucres a nadie de los que figuran; mejor dicho, figuramos en esta lista –y le entrega una hoja-. Y dos, que insistas en que los funcionarios con los que trataste se limitaban a cumplir la ley y no tuvieron nada que ver con posibles cohechos. Estarás de acuerdo en que te pedimos poco y te ofrecemos mucho.
   Salazar entrecierra los ojos y queda en silencio como si sopesara la propuesta de sus dos excompañeros de partido. Cuando los abre y habla lo que dice no es lo que esperaban oír sus interlocutores.
-¿Sabéis qué le ha ofrecido el pisaverde de Espinosa a mi hijo? Os lo pregunto porque cada vez que viene a verme me da la matraca con que lo mejor que puedo hacer es marcharme al extranjero.
-Exactamente no sé qué le ha podido ofrecer al muchacho –contesta Sierra-, pero lo he visto pilotando una Harley. Por ahí pueden ir los tiros –y Sierra, que estudió derecho aunque nunca ejerció la abogacía, se explica-. Marcharse no creo que sea buena idea. La prescripción de los delitos que se te imputan podría tener un plazo entre diez y veinte años, dependiendo del tribunal que en su momento juzgue el caso. Tendrías que esperar ese tiempo para volver a España y cuando lo hicieras serías un viejo. Tu mejor opción es aceptar nuestra propuesta y entregarte. Te aseguro que saldrás de prisión antes del dos mil veinte.
-Posiblemente, tengáis razón, pero os confieso que en estos momentos no tengo fuerzas ni cabeza para decidir nada. ¿Por qué no volvéis en un par de días y mientras lo voy pensando?
   Los dos colegas se miran y asienten. Ambos intuyen que no sería bueno para sus intereses presionarle demasiado. A su vuelta al hotel, Pacheco, que ha decidido no volver a ocultar a su esposa nada de lo relacionado con Salazar, le cuenta la entrevista con el exsindicalista. El comentario de la mujer no tiene desperdicio:
-Perdéis el tiempo intentando convencerle. Salazar es esclavo de su origen y su historia, y no sabe de amigos ni de paisanos ni de excompañeros –Y remata su crítica con una metáfora aviaria-. La mejor forma de que el canario no cante es retorciéndole el cuello.
   Cuando Curro se queda solo en su habitación vuelve a encender la televisión. Su último pensamiento de cada noche es para un futuro de no más allá de veinticuatro horas: “Mañana será otro día”, piensa.

PD.- Hasta el próximo viernes.

viernes, 30 de marzo de 2018

46. Sobornos de tres al cuarto


   Rocío Molina está negociando con Anca para que acepte colarla en la habitación de Salazar con la finalidad de que éste le pague los dineros que, según la andaluza, le debe. Ha empezado ofreciéndole cien euros que han sido rechazados por la rumana, al igual que los doscientos que ha sido su siguiente oferta. “Habrá que pujar más alto”, se dice Rocío.
-Te podría dar dosientos sincuenta, es serca de un tersio de lo que ganas en un mes.
-Sigue siendo una miseria. Tendrás que buscarte a alguien que necesite la pasta más que yo.
   Rocío opta por cambiar de estrategia.
-Vamos a ver, Anca, ¿por cuánto me ayudarías?
   La joven rumana se queda mirando a la andaluza como calculando cuanto debe valer la necesidad que tiene de hablar con el magullado huésped y lanza una cifra a voleo.
-No lo haría por menos de mil euros.
-¡Mil euros!, pero quilla ¿te has creído que soy un jeque del petróleo? Mil latas por una gestión de ná, pues no eres tú nadie pidiendo.
-Te podría rebajar doscientos euros, pero ni una libra más.
-Ochosientos euros sigue siendo una burrá, mi arma.
-Lo tomas o lo dejas –Anca no se cree demasiado la historia de Rocío y está hablando sin dar demasiada importancia a las cifras que maneja.
-Por favor, Anca, recapasita y hablemos en serio. Que te parese si lo dejamos en tresientos y nos olvidemos de regateos. Tú no tendrás que haser casi ná, meterme en la habitasión de Martínes cuando no esté la patrona y ná más. En el caso de que me encontrasen diría que me había colao por mi cuenta y tú podrías jurar que ni siquiera me conoses. Tresientos es lo que ganas en dies días de haser camas, servir comidas y limpiar suelos. Piénsalo.
   Lo que está diciendo Rocío ya lo ha pensado Anca y sabe que es la pura verdad. Con todo, decide repensarse la propuesta de la andaluza.
-Me lo pensaré. Y ahora tengo que irme que mi novio se sube a la parra cada vez que me retraso.
   Rocío se vuelve a su hotel pensando en que si Anca accede a meterla en la habitación de Curro tendrá que salir de allí con el dinero necesario para volverse a Sevilla y además para pagar lo prometido a la muchacha. No está demasiado segura de haber hecho un buen trato.
   Lo que ha pensado Rocío de hacerse con los servicios de alguien que le permita acceder fácilmente a la habitación de Salazar, es parecido a lo que está a punto de ocurrirle al Chato de Trebujena. En principio, el exboxeador se conforma con que le tengan informado de la evolución de la salud del exsindicalista. Arriesgándose a ser reconocido, se acerca a Torrenostra y establece contacto con una de las camareras del hostal donde se aloja el gaditano. Se presenta como un viejo conocido de Salazar que no va a visitarle para no molestarle, solo quiere saber cómo anda de sus dolencias. La empleada, que se llama Nicoleta y también es rumana, le proporciona una detallada información del estado de Salazar. En un momento de la charla El Chato pregunta:
-¿Y aparte del zervizio y de su hijo alguien más ha vizitao al zeñor Martínez?
-No. El médico ha ordenado que cuantas menos visitas reciba mejor porque tiene que reposar. La patrona nos ha advertido tajantemente que sin su autorización nadie más debe subir a la habitación, sin embargo… -Nicoleta acaba de darse cuenta de que le puede sacar a ese forastero que tiene un acento tan gracioso algo más de los veinte euros que éste le ha dado- …por cien euros puedo meterle en la habitación sin que nadie se entere, aunque si le pillan me ha de prometer que no dirá mi nombre.
-Eso está hecho, quilla –El Chato se apresura a aceptar la inesperada proposición que puede servirle para rematar su cometido. De momento, no cierran una fecha hasta que Nicoleta decida el día que puede ser más propicio para colarle.
   Otro de los que está a la espera de la mejoría de Salazar es Jaime Sierra que por fin ha podido localizar a Alfonso Pacheco. Quedan en verse para hablar sobre el encargo que ambos tienen respecto al exsindicalista. Sierra que, como está solo, es quien tiene más tiempo disponible para pensar es quien plantea una nueva estrategia a Pacheco.
-Creo, Alfonso, que lo más eficaz y positivo que podríamos hacer es aunar las propuestas que tenemos para Curro y presentárselas como si fueran una sola. Si lo piensas, es la solución más lógica, eficiente y barata.
   Pacheco no ha tenido tanto tiempo de ocio como su colega para dedicarlo al problema de Curro. Por una parte, es algo que no le preocupa demasiado y, por otra, su mujer lleva unos días con unas ganas locas de juerga. Por eso sus primeras palabras son más bien anodinas.
-¿Tú crees?
-Estoy convencido. Es la estrategia más lógica porque la propuesta de tu grupo y la del mío no te diré que sean dos gotas de agua, pero se parecen un montón. Puede ser la más eficiente porque podemos escoger lo más positivo de cada una y transformarlas en una nueva oferta que puede ser irresistible. Y como los costes que se puedan derivar se repartirán entre más personas nos costará menos guita.
-Visto así estoy por darte la razón –acepta Pacheco-. Y no me extrañaría que a mi paisano le pueda resultar atractiva.
-Acabas de mencionar un factor que puede ser decisivo, la afinidad. Está más claro que el agua de Sierra Nevada que tú, por el hecho del paisanaje con Curro, y yo porque le conozco de hace mucho somos los que más chance tenemos de que escuche nuestra propuesta con simpatía. Lo digo porque a estas alturas supongo que no tienes ninguna duda de que no somos los únicos que estamos pendientes de la salud de nuestro amigo. Ya nos consta del señorito cortijero de Espinosa, pero el pendón de la exnovia y hasta el propio hijo de Curro no están aquí por casualidad, es muy posible que también ellos lleven una oferta bajo el brazo.
-Por supuesto que lo había pensado. Incluso no me extrañaría que hubiese algún proponente más que por el momento desconocemos –aventura Pacheco.
-Pues entre todos ellos, nosotros somos los mejor posicionados. Al tal Espinosa parece que Curro no le conocía, a la Rocío no la quiere ver ni en pintura y en cuanto a su hijo, que podría ser nuestro mayor rival, le tiene tal odio a su padre que dudo mucho que éste no lo haya notado. Al final, ¿cuáles son las personas en quiénes más puede confiar? En quien es su paisano y el hombre que impidió que le siguieran dando leña, o sea Alfonso Pacheco, y en quien, sin ser un amigo íntimo, conoce desde hace mucho tiempo y se fía de él, es decir, servidor y picapedrero –remacha Sierra con una media sonrisa.
   Ambos colegas sellan con un apretón de manos su acuerdo, presentarán a Salazar una propuesta conjunta. Sierra se vuelve a Marina d´Or más contento que unas pascuas y Pacheco regresa a su hotel con una idea fija: la de no contar ni una palabra de lo acordado a su esposa. “Se puede poner como una hiena”, se dice.
   En el grupo de los viejos, Ballarín, que se ha marchado a Huesca para celebrar con su familia la onomástica de su mujer, ha sido reemplazado por un nuevo miembro para la partida de dominó, Pedro Ramo, el torreblanquí, recriado en Madrid pues lleva más de medio siglo viviendo en la capital del reino. El primer día Ramo flojea bastante, se nota que está desentrenado, pero Ponte que es su partenaire le anima para que no decaiga su moral.
-No te preocupes, Pedro, acuérdate del adagio: quien ríe el último ríe mejor. Seguro que mañana les pegamos una paliza.
-Hablando de palizas, ¿sabéis algo de cómo anda de la suya el pobre Martínez? –pregunta Grandal.
-Ni idea –contesta Álvarez.
-¿Os referís al veraneante que está alojado aquí y al que por poco matan a golpes? –inquiere Ramo que, ante la respuesta afirmativa de sus compañeros, agrega-. Yo tampoco sé nada, pero ahí veo a alguien que nos puede poner al día. ¡Fabregat! –llama Ramo a un joven que está apoyado en un coche como si estuviera esperando a alguien, al tiempo que le hace señas de que se acerque-. El chico que os voy a presentar es el novio o la pareja, como dicen los modernos, de la camarera que limpia la habitación del agredido.
   El joven, que parece que ha reconocido a Ramo, se acerca con desgana.
-Os presento a Vicentín Fabregat a quien conozco desde que nació, aunque lo que se dice conocer a quien conozco mejor es a sus padres. Vicentín, estos amigos míos tienen interés en saber cómo se está recuperando de sus dolencias el señor a quien pegaron y que se aloja en el hostal.
-Sigue jodido, aunque lo que tiene no es para tanto porque solo le han fracturado dos costillas. Hace años a mi padre le fracturó una la coz de un mulo y a los tres días ya estaba trabajando en el campo. Estos andaluces, y perdón si alguno de ustedes también lo es, son muy flojos y el tal Martínez parece que no es una excepción.
-No todas las fracturas son iguales –matiza Álvarez.
-Por supuesto, pero Martínez ha encontrado un filón con las suyas, todo el mundo le lleva en palmas y le miman como si tuviese un cáncer terminal –replica Vicentín con mordacidad.
   “Que poco simpático te cae Martínez, jovenzuelo” piensa Grandal.

PD.- Hasta el próximo viernes.

viernes, 23 de marzo de 2018

45. En vísperas del Ferragosto


   El 15 de agosto, el Ferragosto de los italianos, es una fiesta de carácter laico en la península transalpina, en cambio en España se caracteriza por la celebración de un sinfín de festejos en honor a las diferentes advocaciones de la Virgen María. Ello no es óbice para que también haya toda clase de actos y manifestaciones civiles: regatas de piraguas, exposiciones de arte, exhibiciones de deportes rurales e incruentas batallas de moros y cristianos. También es la fecha en la que Amadeo Ballarín prometió a su mujer que volvería a Huesca.
-¿Pero de verdad tienes que irte, no puedes estirarlo una semanita más? Piensa en el gilipollas de tu yerno y verás cómo encuentras razones para quedarte –sugiere Álvarez maliciosamente.
-Ya me gustaría, Luis, pero le prometí a Asunción que el día de su onomástica estaría con ellos. Siempre hemos celebrado ese día en familia y no voy a cambiar la costumbre por el mala sombra de Manel.
-¿Quién coño es Manel? –inquiere Ponte.
-Mi yerno. Fue bautizado como Manuel, pero desde que se ha hecho independentista está emperrado en que le llamemos Manel.
-Y viviendo en Huesca, ¿de qué coño es independentista? –quiere saber Grandal.
-Es independentista catalán porque, aunque nació en Huesca, su familia proviene de Tamarite de Litera, un pueblo oscense que está enclavado en la denominada Franja de Aragón y donde se habla el catalán.
-El mundo de los soplapollas es inabarcable –sentencia Grandal.
-¿Y qué vamos a hacer si te vas? Nos quedaremos sin poder jugar al dominó –se lamenta Álvarez.
-Bueno, ya encontraréis un cuarto. Aquí hay más gente que juega –apunta Ballarín.
-Pero casi todos son unos muermos de cuidado.
   Esa misma tarde los cuatro jubilados reciben una visita inesperada.
-A las buenas tardes, caballeros –saluda el viejo que se ha acercado hasta la mesa.
-Hombre, Pedro, ¿pero qué haces tú por estos lares? –es Ponte quien responde al saludo del recién llegado-. Os presento a mi buen amigo, Pedro Ramo. Somos vecinos de barrio.
   Tras invitar a Ramo a que se siente con ellos, Ponte se interesa por los motivos de que su vecino esté en Torrenostra.
-Es que nací aquí. Soc un torreblanquí, como diría un paisano. Y tengo una casa junto al mar. Lo raro no es que yo veranee en Torrenostra, lo que sí es sorprendente es que lo hagas tú.
   Ponte explica a Ramo los motivos por los que está pasando el mes de agosto allí.
-A ti te tengo visto por la playa –interviene Álvarez-. Recuerdo un par de veces que fui a la terraza de El Perero y estabas jugando al dominó.
-No es raro, solía jugar allí todas las tardes. Y digo solía porque ya no es así. Teníamos montada una partida desde hace muchos años, pero la edad no perdona y unos por unas causas y otros por otras al final me he quedado sin compañeros para jugar. Precisamente, me he acercado hasta aquí para ver si encontraba con quien echar una partidita.
-Vienes como anillo al dedo. Ya tenéis a mi sustituto –anuncia Ballarín.
   Álvarez explica al vecino de Ponte que Ballarín debe volver a Huesca y que les hará falta un cuarto para completar el imprescindible cuarteto.
-No sé si estaré a vuestra altura –comenta modesto Ramo-. ¿A qué hora comenzáis?
-Sobre las cuatro y media más o menos.
-Pues entonces hasta mañana. Ahora me voy que me esperan mis nietos.
   Tras partir Ramo, Ponte cuenta a sus amigos algo más de su vecino del barrio de Gaztambide.
-Vive en mi misma manzana aunque en diferente calle y alguna que otra vez nos hemos emparejado llevando los carritos de nuestros nietos. También he jugado al dominó algunas veces con él en el Centro de Mayores de Chamberí al que voy poco porque me pilla lejos. Es buena gente.
-¿Qué edad tiene? –quiere saber el cotilla de Luis.
-Es de mi quinta. Otro jovencito, vamos.
-¡Anca! –Ballarín llama a la camarera que se ha asomado a la puerta de la cafetería-. Por favor, sirve a estos amigos lo que quieran que habrá que celebrar mi despedida.
-¿Ya se va, don Amadeo?, ¿tan pronto? Todavía queda mucho verano –A la camarera le caen bien los viejos, no es que den grandes propinas, pero son clientes fijos, nunca se propasan y dan poca guerra.
-La obligación es antes que la devoción, hija. Es el santo de mi mujer.
-Y uno de los tres jueves del refrán –añade Álvarez que recita-. Tres jueves hay en el año que relucen más que el sol: Jueves Santo, Corpus Christi y el día de la Ascensión.
   En cuanto Anca se va por las bebidas Jacinto, que no desperdicia la ocasión de meterle una puya a Álvarez, le corrige:
-Luisito, en lo que atañe al santoral estás más verde que una papaya. El día quince de agosto es la Asunción de María y puede caer en cualquier día de la semana, de hecho este año cae en lunes. El jueves del refrán que has mencionado es el día de la Ascensión del Señor que se celebra en Pascua. Jesús ascendió al cielo, María es ascendida, pues ella no es Dios.
-¡Joder con el exseminarista! –se cachondea Álvarez.
    Cuando vuelve Anca con la comanda, Ponte le pregunta:
-Niña, ¿cómo está el señor Martínez?, ¿mejoran sus fracturas?
-Está mejor, pero todavía le duelen y duerme malamente pues según la postura que adopta le dificulta la respiración.
-¿Sabes si al final presentó la denuncia de su agresión ante la Guardia Civil? –pregunta Grandal.
-No estoy muy segura, don Jacinto, creo que no.
   El excomisario mueve la cabeza en gesto negativo y murmura entre dientes:
-Ese tipo no es trigo limpio, tan cierto como me llamo Jacinto.
   Al tiempo que discurre este diálogo, en Alcossebre Rocío Molina, como no la dejan visitar a Salazar, trama como podría conseguir hablar con su antiguo novio para reclamarle los dineros que en su día le prometió. Previo pago de un pequeño soborno, ha tirado de la lengua a una de las empleadas del hostal y se ha enterado de varias cuestiones. La principal es que solo su hijo y las camareras acceden al cuarto del exsindicalista. Puesto que su relación con Francisco José no puede ser peor, únicamente le queda la opción de servirse de alguna de las chicas de servicio. También le cuentan que entre todas ellas es la llamada Anca la que mayormente atiende las necesidades del dolorido Curro. Y que la rumana tiene fama de ser una desvergonzada a la que le gusta mucho el dinero. “Tendrá que ser Anca -se dice- la que me sirva para contactar con Curro”.
   Aquella tarde cuando Anca termina su jornada de trabajo, que como en tantos días ha sobrepasado con creces las horas reglamentarias, encuentra a Rocío que parece esperarla. La joven camarera intenta esquivarla, pero la andaluza se le planta delante.
-Perdona, Anca, pero tenemos que hablar. Será solo cuestión de unos pocos minutos. Y podría ser interesante para ti, podrías ganar un dinero fásil.
   Lo del dinero fácil es lo que decide a la joven rumana a aceptar la invitación de la andaluza.
-Vamos a sentarnos en cualquier sitio que no esté muy concurrido y hablamos –sugiere Rocío.
   La rumana lleva a la andaluza a un paseo que está a espaldas de las calles que dan al mar, los llamados Jardines de Cabrera, donde se sientan en uno de los bancos de madera a los que dan sombra unas moreras de denso ramaje. Rocío ha elaborado una historia con la que trata de convencer a la joven.
-Verás, Anca, se trata de una historia complicá, pero voy a intentar resumirla. El señor Martínes –ha optado por no revelar la verdadera personalidad de Salazar- y yo fuimos novios casi seis años. Durante ese tiempo compartimos muchas cosas, entre otras montamos una peluquería para lo que pedimos un crédito hipotecando para ello un piso de mi propiedá. Las mensualidades de la hipoteca las pagábamos a medias. Pues bien, desde hase bastantes meses Martínes ha dejado de abonar las mensualidades con lo que tengo que afrontar yo todos los pagos. Y ha llegao un momento en que ya no me queda pasta, en el banco me han dicho que tendrán que ejecutar la hipoteca y me voy a quedar en la calle. Por eso estoy aquí, pa pedirle a Martínes que me abone lo que me debe. Esta es mi triste historia y a buen seguro que estás pensando: ¿y a mí que me va y que me viene todo eso?
   Anca no contesta, sigue mirando a la andaluza con recelo. Visto lo cual, Rocío sigue con su falso relato.
-Verás. Solo he podido hablar con Martínes una ves, antes de lo de la palisa, y me prometió que me daría el dinero nesesario para resarsirme de lo que me debe y además de que me adelantaría la cantidad sufisiente pa las mensualidades de la hipoteca de lo que resta de este año. Como no he vuerto a verle no me ha podio haser efectivas esas cantidades que se asercan a los veinte mil euros –Roció ha soltado una cifra a voleo-. Lo que te pido es que me fasilites un encuentro con Martínes y como el que argo quiere, argo le cuesta, estoy dispuesta a recompensarte ese favor. ¿Qué te paresen sien euros?
-¿Cien euros?, por esa cantidad no muevo ni un dedo. Si mi patrona se entera de que te he dejado subir a la habitación de don Francisco, con lo estricta que es, puede ponerme de patitas en la calle. No voy a arriesgar mi trabajo por esa miseria.
-¿Y dosientos?

PD.- Hasta el próximo viernes