viernes, 19 de enero de 2018

36. ¡Éramos pocos y parió la abuela!



   Sierra no ha sabido qué responder a la pregunta de Salazar de si la mejor solución a sus problemas con la justicia sería irse de España, no estaba preparado para una pregunta así. Lo que ha hecho es insistir en su propuesta de que lo más conveniente para el exsindicalista es que se entregue a las autoridades judiciales previa negociación con la fiscalía de una rebaja sustancial de pena. A Curro la proposición del enviado de la camarilla de Felipe Muñoz no le ha convencido, lo de volver al trullo es muy duro, más ahora que lleva dos años gozando de plena libertad y que tiene a una jovencita a punto de caramelo. Quedan en que seguirán hablando. Como no cree que sea casualidad que en tan pocas horas dos personas hayan llegado hasta él, en cuanto llega al hostal inquiere:
-¿Alguien más ha preguntado por mí?
   La negativa le hace soltar un suspiro de tranquilidad, aunque no la suficiente para que pueda dormir apaciblemente. Antes de coger el sueño le ha dado una y mil vueltas a las dos inesperadas visitas que ha recibido y a lo que le han propuesto. Llega un momento en que el sueño le atrapa en sus redes. Le despiertan unos discretos golpes en la puerta, la abre, es Anca que hace una mueca de alivio al verle.
-He llamado porque son cerca de las once y me extrañaba no haberte visto desayunando. ¿Estás bien, te pasa algo?
-Estoy bien. Es que anoche me encontré con un antiguo amigo y estuvimos charlando hasta las tantas lo que hizo que me acostara muy tarde, pero no me pasa nada, lo único es que me he perdido el desayuno y ahora que lo digo noto que tengo hambre.
-Ya hemos recogido el servicio del desayuno, pero si quieres te puedo subir alguna cosilla para que mates la gazuza.
-Gracias, princesa, pero no hace falta. Voy a darme una ducha a ver si me quito las telarañas de los ojos y saldré a dar una vuelta para que me dé el aire.
-Pues te aconsejo que vayas por la sombra porque esta mañana hace un sol de justicia.
   Es oír la palabra justicia y a Curro se le revuelven las tripas. Cuando pasa por delante de recepción la joven que hace de factótum le llama.
-Don Francisco, un chico ha preguntado por usted. Le está esperando en la terraza.
   A Curro se le vuelve a agriar el semblante. “¿Pero que pasa aquí?, ¿otro que también me busca?”. En cuanto ve quien le espera el corazón le da un vuelco, incluso estando de espaldas lo reconoce. El que le está esperando es quien menos podía suponer: su hijo mayor.
-Pisha, ¿se puede saber qué coño hases aquí? –Ha vuelto a aparecer el seseo, se ha puesto de los nervios.
   Su primogénito se le queda mirando. Sus ojos son como puñales que se clavan en el rostro del padre.
-Tengo que hablar contigo.
-¡La hostia! Últimamente, todos quieren hablar conmigo. Estoy más solisitado que las contrabarreras de la Maestranza. Espero que estés de mejor talante que la última ves. Hablaremos, pero no aquí, esto está lleno de correveidiles. Sígueme.
   Vuelve a hacer lo mismo que la noche anterior hizo con Sierra para tener más tiempo para pensar. Lleva a su hijo por todo el paseo marítimo hasta que pasada la desembocadura de la carretera a Torreblanca se sientan en Xaloc, uno de los restoranes en primera línea de playa en el que todavía hay gente desayunando.
-¿Ya has desayunado? Yo suelo haserlo en el hostal, pero anoche se me pegaron las sábanas –se excusa Curro que pregunta para ir limando aristas -. ¿Has venido en coche?
-Desde Sevilla en un bus de ALSA y desde el pueblo en el coche que hase el trayecto hasta la playa.
-No sabía que hubiera transporte público entre el pueblo y la playa.
-Lo hay, un bus sale a las horas del pueblo y a las medias de la playa.
-¿Y a qué has venido?
-Tengo que desirte que no quería venir ni harto de vino, pero la mama me convensió. Han descubierto tu paradero, no sé si también lo saben los maderos, pero seguro que sí porque media Sevilla está al tanto.
-Entonses tendré que largarme de aquí.
-Justo a desirte eso es a lo que he venío. A avisarte de que se ha corrio la notisia de que estás aquí y hasta se sabe que te hases llamar Fransisco Martínes.
-¡La leche que me dieron! ¿Lo sabe la pasma?
-No lo sé, a mí me lo contó la mujer de Juan Simón, el de Mercasevilla. Si lo sabe ese que es un chichirivaina entonses es que lo sabe media Andalusía.
-¿Y de verdá has hecho más de setesientos quilómetros solo para avisarme? –Curro está que no da crédito a sus oídos.
-Ya te lo he dicho. Yo no quería venir, pero la mama se puso mu jartible hasta que me convensió. Yo creo que te sigue queriendo a pesar de las muchas putadas que le has hecho. Además… -el chico duda un momento-. Pa desir toda la verdá, estamos más secos que los trastos de una era y como, según se dise por Sevilla, tienes una jartá de billetes, hemos pensao que podrías darnos algo. No para arrucharte sino que nos des algo de lo que te sobra –Los modismos andaluces del habla de Francisco José son como para crear un diccionario.
   Salazar escucha a su primogénito y piensa cuan diferentes son. “Ha salido a su madre. No es un sieso ni un malafollá, pero sí un papafrita. Y que no tengan una lata puede ser hasta verdá. ¡Haserse setesientos y pico de quilómetros pa eso, pobre criatura”. Sigue viendo a su hijo como a un chaval a pesar de que cumplió ya los veintidós.
-¿Y estás seguro de que los maderos no saben dónde estoy? –vuelve a preguntar receloso.
-Te repito que no lo sé, pero si lo sabe el andoba de Juan Simón tú dirás.
-Si lo sabe Juan es que lo se han debido soplar en el partido y si están enterados mis excompañeros también deben saberlo en la Junta. Entonses…, entonses no me queda otra que darme el piro.
-Es lo que dise la mama, que tienes que largarte de aquí enseguidita y buscarte otro escondrijo porque si sigues aquí te van a follar. Y antes de que huyas, ¿qué hay de los dineros? ¿Nos puedes dar algo de lo que te sobra? La verdá es que lo estamos pasando mal.
-¿Es que tu madre y tú no curráis?
-Madre sí, yo solo curro cuando hago algún refuerso de uvas a peras en Mercasevilla por lo que me dan cuatro libras mal contadas. Desde que desaparesiste la gente de tu partido y de tu sindicato nos han dao la esparda. Como si estuviéramos apestaos. Nadie quiere saber na de nosotros y apellidarse Salasar es como llevar una crus a cuestas. Alguna exsepsión hay, pero sobran dedos en la mano pa contarlos. Y los que más se resienten de la farta de monis son mis hermanos chicos. Por ellos y por la mama es por lo que estoy aquí –vuelve a repetir Francisco José.
-Bueno, te voy a dar algo de guita, pero después lo que haré será mandaros todos los meses algo de dinero para que dejéis de pasar apuros. Tendré que ver como lo arreglo. ¿Cuándo piensas irte?
-En cuanto me des la pasta. Después de avisarte, aquí no se me ha perdío na.
-Entonses vamos a haser una cosa. Quedamos aquí mismo como a las cuatro de la tarde. Te traeré algún dinerillo. ¿De acuerdo, chavea?
-No soy un chavea, hase muchos años que me afeito –Es la airada respuesta del hijo.
   Salazar se vuelve al hostal, pero antes se sienta en una de las terrazas de primera línea de playa a meditar y tomarse una cerveza. No hace más que darle vueltas a lo que le acaba de contar su hijo, no a la falta de recursos de su familia sino a que media Sevilla conoce su paradero. “No me queda otra, tengo que largarme de aquí. Si lo saben en el partido y en la Junta alguien terminará yéndose del pico y la noticia acabará llegando al juzgado de instrucción. Tengo que pirarme y cuanto antes mejor sino me pueden enchiquerar en cualquier momento. El problema es ¿dónde? Quizá tenga razón el lechuguino de Espinosa y lo mejor sea huir a algún país extranjero que es lo que tendría que haber hecho, pero sigue estando el obstáculo del pasaporte, de tener que dar un nombre para volar y todas las demás pejigueras que desde el 11-S ponen las compañías aéreas. Espinosa dijo que todo eso podría solucionarlo. Tendré que volver a hablar con él –se dice”.
-Perdone, ¿quiere algo? –le pregunta una jovencita que por cómo va ataviada debe de ser una camarera.
-No; bueno, sí. Tráeme una caña, mejor si es de barril.
   Cuando la camarera deja la cerveza encima del posavasos, Curro descubre que la terraza en la que está sentado es del restorán Azar. “¡Qué curioso!, Azar, Azahar, Zahara. Que nombres tan parecidos. ¿Eso debe ser un buen presagio o un signo de mal fario? Lo mejor será no darle más vueltas. Comeré pronto, me echaré una buena siesta y lo consultaré con la almohada”. Cuando llega al hostal todas sus previsiones se van al traste. Nuevamente hay alguien esperándole. Cuando descubre quien es parece como si el cielo se desplomara sobre su cabeza como tanto temen los habitantes de la aldea gala de Asterix. Si el gaditano hubiese sido más culto de lo que es quizá se hubiese acordado de la Ley de Murphy: Si algo puede salir mal, saldrá mal. Y si además puede empeorar, lo hará, pero como solo es un genuino oriundo de Zahara de los Atunes exclama:  
-¡Éramos pocos y parió la abuela!

PD.- Hasta el próximo viernes

viernes, 12 de enero de 2018

35. ¿Y si me marcho al extranjero?



   Jaime Sierra, enviado por el grupo de Felipe Muñoz para contactar con Salazar, se ha hospedado en el hotel Marina d´Or ubicado en la playa del mismo nombre de Orpesa del Mar que es la población que limita al sur con Torreblanca. Ha hecho el viaje en su propio coche, un Opel Cabrio, y ha seguido una de las rutas más cortas entre Sevilla y Castellón por lo que después de Carlos Espinosa es el siguiente mensajero en llegar a la Costa de Azahar. Su camarilla le ha instado a que se entreviste cuanto antes con Salazar, por lo que tan pronto como se da una ducha y se cambia de ropa se dispone a encontrar al exsindicalista.
-¿Por dónde voy a Torrenostra? –pegunta en recepción.
-Tiene que coger la 340 en dirección a Barcelona. A unos trece quilómetros verá el indicador de Torreblanca, entre en la población y siga las señales que ponen Playa, a unos tres quilómetros encontrará Torrenostra.
-Y el Hostal Los Prados, ¿sabe dónde está?
-No sabría decirle. Es una población pequeña. Supongo que cualquiera podrá informarle.
   En efecto, una vez en Torrenostra, la segunda persona a la que interroga le indica donde encontrar el hostal. En la hostería pregunta por el señor Francisco Martínez, pues sabe que ese es el nombre con el que Salazar se ha inscrito.
-La llave de la habitación está en el casillero, señal de que no está en su cuarto. Puede esperarle o volver más tarde. A la hora de la cena seguro que lo encontrará –le informan.
   Para hacer más corta la espera, opta por dar una vuelta a los alrededores, pero sin apartarse mucho del hostal. Cruza la calle y se adentra por el arenal que termina en uno de los malecones que acotan las playas y cuyo brazo orientado al sur sirve de fondeadero a un puñado de botes y lanchas de escaso calado. En mitad de la precaria dársena se yergue un imponente mástil en el que ondea una bandera con el rótulo de Club Náutico. La visión le arranca una sonrisa pues acostumbrado a los atracaderos de la Costa del Sol le parece una humorada llamar así a aquel fondeadero de barquitos de papel. Llega hasta el final del espigón desde donde divisa las edificaciones de un núcleo urbano que se levanta al sur. “¿Qué pueblo será ese?”, se dice, hasta que al fijarse en un gran rótulo azulado de neón se da cuenta de que lo que está contemplando es su lugar de partida, Marina d´Or. Algo más al sur, justo en el límite del horizonte donde se junta la tierra y el mar, comienza a verse la señal intermitente de lo que parece un faro. “Entonces –piensa-, ese debe ser el faro del Cabo de Orpesa”, lo supone pues ha estado consultando Google Maps. Vuelve sobre sus pasos y se sienta en un chiringuito llamado El Muret que está situado casi frente al hostal, donde se toma una cerveza. Sobre las nueve de la noche vuelve al albergue.
-El señor Martínez todavía no ha llegado -le comunican.
-¿Suele cenar aquí?
-Casi todas las noches.
   Como empieza a tener gazuza decide matar el tiempo cenando allí mismo mientras llega Salazar. Está con el postre cuando ve entrar en la sala al exsindicalista. Se levanta de la mesa al tiempo que le hace un gesto llamando su atención. El asombro del gaditano al verle es mayúsculo. Con la sorpresa pintada en su rostro, se acerca.
-Coño, Jaime, ¿pero qué hases tú aquí? –El seseo de Curro vuelve a ser señal de que sus nervios se han disparado.
-Esperarte. Tenemos que hablar.
-¡Joder!, hoy todo el mundo quiere hablar conmigo. ¿Cómo me has encontrao?
-Ahora te lo cuento, pero antes ¿has cenado? Yo, prácticamente, he terminado. ¿Quieres cenar aquí y mientras tanto te cuento o prefieres que vayamos a otra parte?
-Prefiero ir a otro sitio. Ah, y hazme un favor, por aquí no me conocen como Salazar –se ha recuperado, ya no sesea- sino como Martínez. No me interesa divulgar mi verdadero apellido, limítate a llamarme Curro.
-Ya lo sabía. De hecho he preguntado en recepción por Francisco Martínez. Y no te preocupes, nadie sabrá por mí quien eres. ¿Dónde quieres que vayamos? Tú eres quien conoce este lugar.
   La primera intención de Salazar es llevar a Sierra al primer restorán que encuentre, pero tras repensarlo opta por lo contrario, irán al que esté más alejado así tendrá tiempo para pensar en el hecho de que el exdirector de la Agencia de Innovación y Desarrollo de Andalucía sea el segundo individuo ligado al caso ERE que le haya encontrado y que quiere hablar con él. “¿Qué coño está pasando? –piensa-, porque esto no es una casualidad. Si me han encontrado estos dos tipos eso quiere decir que han descubierto mi refugio. Tendré que largarme de aquí a todo trapo”. Pasan diversos restoranes hasta que recuerda que detrás de la pizzería, en la que conoció a los jubilados con los que juega al dominó, hay un restaurante llamado Pica Pica y que debe ser uno de los últimos que está ubicado al norte del paseo.
-Vamos a un restorán que a veces tiene pescaito frito que es lo que me apetece cenar esta noche –se justifica Curro.
   En el Pica Pica esta noche no hay pescaito, pero Salazar que ha perdido el apetito se contenta con pedir un gazpacho y unas almejas a la marinera.
-Tomar una sopa fría como el gazpacho es una acertada elección en un día como el de hoy en que Lorenzo se ha puesto más que serio –Sierra, aunque conoce la retranca de Curro, no duda en darle coba.
-¿Tú quieres tomar algo? –pregunta Salazar.
-Tomaré un helado, la noche lo pide.
   El servicio es rápido y ponen delante del gaditano un bol de gazpacho y una fuente en la que hay una miscelánea de hortalizas crudas troceadas: tomates, pepinos, pimientos y cebollas. Y antes de que Sierra entre en la conversación sobre el motivo de su estancia allí, Curro opta por demorar el inicio de la misma.
-Déjame cenar tranquilo y guarda para el final el asunto que te ha traído. De momento dime: ¿conoces a un fulano, el típico señorito cortijero de nuestra tierra, que se llama Carlos Espinosa? Creo que es malagueño o al menos vive en Málaga.
-No me suena el nombre, pero si te interesa saber de él en cuanto llegue al hotel abro la tablet y lo busco.
-No hace falta, ya lo hago yo. Y cuéntame, ¿cómo has dado conmigo? –repite Salazar.
   Sierra le cuenta la verdad, se ha planteado mentir únicamente si las circunstancias le fuerzan a ello. Sabe que Salazar es un lince y recuerda que antes se coge a un mentiroso que a un cojo. Le explica como, por pura chiripa, un funcionario de la Junta de Andalucía le vio almorzando en un restorán de la costa y tirando de aquel hilo fortuito encontraron el lugar en el que se escondía…
-Y un grupo de amigos, con Felipe Muñoz a la cabeza, pensamos que debíamos hablar contigo antes de que lo hiciera la pasma –concluye Sierra.
   A todo eso traen el segundo plato que ha pedido Salazar, lo que le da ocasión para volver a demorar la conversación de fondo.
-¿Tú crees que estas almejas serán como las que preparan en Cádiz?
-Ni idea –Sierra decide seguirle el juego a Salazar. Piensa que en algún momento de la noche el exsindicalista tendrá que abandonar el filibusterismo coloquial y escuchar lo que quiere contarle-. La gastronomía no es mi fuerte. ¿Cómo las preparan en Cádiz?
  Salazar se distiende explicando una receta de su terruño natal:
-Se lavan bien las almejas, mejor sin son de la Bahía. Se colocan en una cazuela con aceite de oliva, mejor si es virgen extra, y se fríen los ajos laminados. Cuando se dore el ajo se echan las almejas y el pimentón se pone encima. Algunos le ponen perejil. Hay que rehogarlo todo rápidamente para que el pimentón no se queme y agregar vino, mejor si es un buen fino jerezano. Se deja unos minutos la cazuela tapada a fuego lento hasta que las almejas se abren. Se comprueba el punto de sal y pueden servirse  -y añade-. Hay lugares en que las preparan con cebolla, jamón, tomate e incluso gambas. Así preparadas de almejas a la marinera no tienen nada, como mucho se les puede llamar almejas en salsa. Y estas que me estoy comiendo no son ni una cosa ni la otra, aunque reconozco que no están mal.
   Cuando termina con las almejas, Curro se rinde ante lo inevitable.
-Bueno, pues cuéntame lo que tengas que decirme.
   Sierra le relata la secuencia entera desde que Muñoz le localizó a través de un amigo hasta el momento en que el grupo de compañeros y amigos decidieron enviarle para tratar con él su posible entrega a la justicia previa negociación con la fiscalía. Le explica todo lo que pueden hacer por él y las seguras ventajas que ello le podrá reportar. A sensu contrario, está el mar de problemas que se le pueden venir encima si la policía le detiene y ha de comparecer ante la juez de instrucción sin tener ningún cortafuego preparado. Cómo Sierra ve que el exsindicalista no parece muy convencido con su oferta añade por su cuenta el plan B: también ayudarán económicamente a su familia y le encontrarán un buen trabajo a su hijo mayor. Sierra esperaba cualquier clase de respuesta menos la pregunta que le plantea Curro:
-Jaime, tú siempre has tenido buena cabeza, ¿qué te parece si me marcho al extranjero?

PD.- Hasta el próximo viernes

viernes, 5 de enero de 2018

Capítulo 9. A Curro se lo rifan 34. A buon intenditor poche parole



   La llamada telefónica de un desconocido, que le ha interpelado por su verdadero nombre, ha dejado atónito a Salazar que no es capaz de reaccionar hasta que su interlocutor le dice que no corre peligro y que tienen que hablar.
-¿De qué tenemos que hablar? No te conosco y no me gusta hablar con desconosidos -El nerviosismo ha hecho que le salga su innato seseo.
-Me llamo Carlos Espinosa y como acabo de decirte no soy policía ni tengo nada que ver con la judicatura. Y sí, es cierto que no me conoces, pero el nombre de Eduardo Gálvez ¿te suena?
   Claro que le suena. Personalmente no ha hablado con el empresario, pero conoce su reputación de ser un hombre sin escrúpulos para conseguir cuanto se propone, así es como ha amasado la millonaria fortuna que según dicen posee. “Pues si este fulano representa a Gálvez –se dice- mejor será que le escuche”. El hecho de que el forastero asegura no ser policía ni tener nada que ver con los de las togas acaba por tranquilizarle.
-Bueno, tú dirás.
-Lo que tengo que hablar contigo es personal y no para contarlo por teléfono. Dime dónde y cuándo podemos vernos y allí estaré.
-No sé, estos días estoy muy liado –Lo que le pide el cuerpo a Curro es enviar al forastero a tomar viento, pero nuevamente el nombre de Gálvez le impulsa a rectificar-. Quisás mañana…
   Le corta Espinosa.
-Se me ocurre que podríamos almorzar juntos. ¿Qué te parece mañana a las dos? En cuanto al restorán he ojeado la Guía Michelín y uno de los más recomendados de la zona es Can Roig que está cerca de Torrenostra. Yo me encargo de hacer la reserva. ¿Paso a recogerte o vas por tu cuenta?
   Curro se dice aquello de que los malos tragos mejor pasarlos cuanto antes y acepta. Se verán en el restorán. Cuando el exsindicalista llega a Can Roig y pregunta por una reserva a nombre de Carlos Espinosa, la camarera le señala una mesa en la que hay una persona. Lo primero que salta a la vista del forastero es que se trata de un dandi. Lleva un pantalón de Armani de liviano lino color canela, con un polo a juego de Ralph Lauren, mocasines Callaghan que no desentonan y en su muñeca luce lo que parece ser un Cartier de oro. “Desde luego este figurín –piensa Curro- no puede ser de la pasma, demasiado relamido. Tendría que haberme puesto algo más aparente, a su lado parezco un costalero”. Tras los protocolarios saludos, Espinosa inicia inmediatamente el intento de congraciarse con Curro.
-¿Tomamos unos güisquis o hacemos honor a nuestra tierra y pedimos unos finos?
   Después, Espinosa comienza una charla informal preguntándole sobre los encantos de Torrenostra como medio de romper el hielo. A lo que Salazar corta por lo sano:
-Perdona Espinosa, pero es mejor que vayamos al grano y me cuentes lo que tengas que decirme, tengo una cita a las cuatro –El que Curro haya dejado de sesear es señal de que ha superado el nerviosismo inicial.
-Se nota que eres un experto en el arte de negociar –le adula Espinosa-. Tengo un amigo del Cuerpo de Carabinieri que veranea en Marbella que cuando alguien se enrolla suele decir lo de a buon intenditor poche parole.
-No entiendo italiano, pero en Cádiz decimos que lo breve, si bueno, dos veces bueno.
-De acuerdo. Pues lo primero es recordar tu situación procesal. Doy por descontado que sabes que el juzgado de instrucción número seis de Sevilla, el que entiende del mal llamado caso ERE, ha dictado una orden de busca y captura contra ti y…
-Perdona Carlos, te puedo tutear, ¿verdad? –Que Curro pregunte si puede tutearle, cuando ya lo están haciendo, es señal de que la mera mención del caso ERE ha vuelto a poner de los nervios al exsindicalista-. No me habrás invitado para contarme algo que ya sé. Si es así lo podríamos haber arreglado por teléfono.
-Por supuesto que no se trata de eso. Estoy aquí para ofrecerte una solución que resolverá de un plumazo todos tus problemas con la justicia. Verás…
   Espinosa lleva bien preparado el argumentario sobre el pacto que ha de proponer a Salazar. Le cuenta que representa a un grupo de hombres de negocios andaluces que están muy preocupados por el rumbo que ha tomado el proceso sobre el caso ERE. Se apresura a especificar que ninguno de ellos está imputado en el caso, pero que el terremoto político y la alarma social que ha generado el proceso está afectando muy negativamente a la marcha de sus empresas, algo que sus patrocinadores están dispuestos a atajarlo en la medida que esté a su alcance. No quieren involucrarse en las controversias políticas que ha causado el caso, pero sí están dispuestos a que se calme la tempestad social y económica levantada por el escándalo judicial sobre los expedientes de regulación de empleo que, en algunos casos, se han producido en varias de sus empresas. Según saben de fuentes absolutamente fiables Salazar se ha convertido, posiblemente sin pretenderlo, en una figura clave en el caso por lo mucho que sabe y, al parecer, por la documentación que atesora. Más pronto que tarde le encontrará la policía lo que supondrá que volverá a ingresar en prisión de la que es más que posible que tarde muchos años en salir, quizá décadas.
-Para que veas que te hablo con total sinceridad, te confieso que el hecho de que estés libre o encarcelado no es algo que preocupe a las personas que me envían. Lo que si les quita el sueño es que cuando declares ante el tribunal puedas involucrar a gente que no está imputada y, sobre todo, que tu deposición pueda ser altamente perjudicial para el normal desarrollo de algunas de sus empresas. Ya sabes cómo son los ricos, pueden tragarse lo que sea, pero no les toques un solo euro porque entonces se ponen como tigres.
   Espinosa hace una mínima pausa que es aprovechada por Curro para soltarle un rejonazo:
-Lo de la brevedad lo admites pero no lo practicas.
-Eso es un golpe bajo –acepta Espinosa con una sonrisa-, pero me lo he ganado a pulso. Al grano.
   Le explica lo que quieren sus patrocinadores. Primero, que eluda la cárcel, lo que ya es todo un premio. Con ello no tendrá que declarar ni poner en peligro a otras personas ni se abrirán nuevas instrucciones. Por tanto, la mejor solución es eludir la acción de la justicia y eso solo se puede lograr de una manera: marcharse de España y trasladarse a un país que no tenga tratado de extradición con el estado español hasta que termine el proceso y se calme el turbio ambiente que lo acompaña.
-No tendrás que preocuparte por nada. Todos los gastos correrán a cargo de mis patrocinadores que además te pasarán una cantidad mensual para que puedas vivir como un marqués en el país que elijas. Por poner un ejemplo: ¿Te imaginas lo que debe ser estar tumbado en la cubana playa de Varadero teniendo al lado una mulata de esas que tienen un culo capaz de resucitar a un muerto?
-¿Por qué ha de ser en la playa de Varadero?
   Al oír la inesperada pregunta de Curro, Salazar la interpreta en el sentido de que al exsindicalista no le parece mal su propuesta y está a punto de exclamar ¡eureka!, pero se contiene aunque sí piensa que la conclusión del pacto está al alcance de sus manos.
-Lo he dicho a guisa de ejemplo, pero no tiene que ser necesariamente Cuba, podrás instalarte en el país que te pete. Únicamente deberá tener el requisito de no tener tratado de extradición con España para que las garras de los jueces no puedan alcanzarte….
-¿Y qué países son esos?
-Pues los hay en casi todos los continentes. En este momento no tengo la lista completa, pero en cuanto entre en internet te la puedo facilitar. Si no recuerdo mal están, entre otros, Cuba; Nicaragua y Honduras en América; Singapur, Qatar, Indonesia o Birmania en Asia y en África hay un montón: Gambia, Nigeria, Burundi…, hasta los hay en las antípodas, es el caso de Nueva Zelanda. Tienes mucho donde elegir.
-Y si saliera de España, como estoy fichado, ¿no me detendrían en la frontera?
-Por tu salida del país no te preocupes, eso está solucionado. Como dentro de la Unión Europea no es necesario enseñar el pasaporte y las fronteras son casi inexistentes, te llevaremos en coche a Francia o a Portugal y allí coges un vuelo hacia el país que previamente hayas elegido.
-¿Y quién me garantiza que una vez que me haya largado seguiré recibiendo una paga mensual?
-Hombre, Salazar, ¿o prefieres que te llame Curro? –La pregunta no tiene respuesta por lo que Espinosa prosigue su exposición-. Como comprenderás lo que estamos negociando no es algo que se pueda plasmar en un documento, pero mis patrocinadores son los más interesados en que la justicia no te ponga las manos encima, entonces por la cuenta que les trae no te van a fallar en lo que te prometen. Además, si es por dinero no te preocupes. Otra cosa no tendrán, pero guita la tienen por pecado. ¿Cerramos el trato? No hará falta firmar nada, me basta tu palabra.
-Mi abuela, que era muy refranera, decía que buenas palabras y malos hechos, acaban con los buenos.
-Y ese aforismo, ¿cómo debo entenderlo?
-En que tenemos que seguir hablando.

PD.- Hasta el próximo viernes