viernes, 12 de enero de 2018

35. ¿Y si me marcho al extranjero?



   Jaime Sierra, enviado por el grupo de Felipe Muñoz para contactar con Salazar, se ha hospedado en el hotel Marina d´Or ubicado en la playa del mismo nombre de Orpesa del Mar que es la población que limita al sur con Torreblanca. Ha hecho el viaje en su propio coche, un Opel Cabrio, y ha seguido una de las rutas más cortas entre Sevilla y Castellón por lo que después de Carlos Espinosa es el siguiente mensajero en llegar a la Costa de Azahar. Su camarilla le ha instado a que se entreviste cuanto antes con Salazar, por lo que tan pronto como se da una ducha y se cambia de ropa se dispone a encontrar al exsindicalista.
-¿Por dónde voy a Torrenostra? –pegunta en recepción.
-Tiene que coger la 340 en dirección a Barcelona. A unos trece quilómetros verá el indicador de Torreblanca, entre en la población y siga las señales que ponen Playa, a unos tres quilómetros encontrará Torrenostra.
-Y el Hostal Los Prados, ¿sabe dónde está?
-No sabría decirle. Es una población pequeña. Supongo que cualquiera podrá informarle.
   En efecto, una vez en Torrenostra, la segunda persona a la que interroga le indica donde encontrar el hostal. En la hostería pregunta por el señor Francisco Martínez, pues sabe que ese es el nombre con el que Salazar se ha inscrito.
-La llave de la habitación está en el casillero, señal de que no está en su cuarto. Puede esperarle o volver más tarde. A la hora de la cena seguro que lo encontrará –le informan.
   Para hacer más corta la espera, opta por dar una vuelta a los alrededores, pero sin apartarse mucho del hostal. Cruza la calle y se adentra por el arenal que termina en uno de los malecones que acotan las playas y cuyo brazo orientado al sur sirve de fondeadero a un puñado de botes y lanchas de escaso calado. En mitad de la precaria dársena se yergue un imponente mástil en el que ondea una bandera con el rótulo de Club Náutico. La visión le arranca una sonrisa pues acostumbrado a los atracaderos de la Costa del Sol le parece una humorada llamar así a aquel fondeadero de barquitos de papel. Llega hasta el final del espigón desde donde divisa las edificaciones de un núcleo urbano que se levanta al sur. “¿Qué pueblo será ese?”, se dice, hasta que al fijarse en un gran rótulo azulado de neón se da cuenta de que lo que está contemplando es su lugar de partida, Marina d´Or. Algo más al sur, justo en el límite del horizonte donde se junta la tierra y el mar, comienza a verse la señal intermitente de lo que parece un faro. “Entonces –piensa-, ese debe ser el faro del Cabo de Orpesa”, lo supone pues ha estado consultando Google Maps. Vuelve sobre sus pasos y se sienta en un chiringuito llamado El Muret que está situado casi frente al hostal, donde se toma una cerveza. Sobre las nueve de la noche vuelve al albergue.
-El señor Martínez todavía no ha llegado -le comunican.
-¿Suele cenar aquí?
-Casi todas las noches.
   Como empieza a tener gazuza decide matar el tiempo cenando allí mismo mientras llega Salazar. Está con el postre cuando ve entrar en la sala al exsindicalista. Se levanta de la mesa al tiempo que le hace un gesto llamando su atención. El asombro del gaditano al verle es mayúsculo. Con la sorpresa pintada en su rostro, se acerca.
-Coño, Jaime, ¿pero qué hases tú aquí? –El seseo de Curro vuelve a ser señal de que sus nervios se han disparado.
-Esperarte. Tenemos que hablar.
-¡Joder!, hoy todo el mundo quiere hablar conmigo. ¿Cómo me has encontrao?
-Ahora te lo cuento, pero antes ¿has cenado? Yo, prácticamente, he terminado. ¿Quieres cenar aquí y mientras tanto te cuento o prefieres que vayamos a otra parte?
-Prefiero ir a otro sitio. Ah, y hazme un favor, por aquí no me conocen como Salazar –se ha recuperado, ya no sesea- sino como Martínez. No me interesa divulgar mi verdadero apellido, limítate a llamarme Curro.
-Ya lo sabía. De hecho he preguntado en recepción por Francisco Martínez. Y no te preocupes, nadie sabrá por mí quien eres. ¿Dónde quieres que vayamos? Tú eres quien conoce este lugar.
   La primera intención de Salazar es llevar a Sierra al primer restorán que encuentre, pero tras repensarlo opta por lo contrario, irán al que esté más alejado así tendrá tiempo para pensar en el hecho de que el exdirector de la Agencia de Innovación y Desarrollo de Andalucía sea el segundo individuo ligado al caso ERE que le haya encontrado y que quiere hablar con él. “¿Qué coño está pasando? –piensa-, porque esto no es una casualidad. Si me han encontrado estos dos tipos eso quiere decir que han descubierto mi refugio. Tendré que largarme de aquí a todo trapo”. Pasan diversos restoranes hasta que recuerda que detrás de la pizzería, en la que conoció a los jubilados con los que juega al dominó, hay un restaurante llamado Pica Pica y que debe ser uno de los últimos que está ubicado al norte del paseo.
-Vamos a un restorán que a veces tiene pescaito frito que es lo que me apetece cenar esta noche –se justifica Curro.
   En el Pica Pica esta noche no hay pescaito, pero Salazar que ha perdido el apetito se contenta con pedir un gazpacho y unas almejas a la marinera.
-Tomar una sopa fría como el gazpacho es una acertada elección en un día como el de hoy en que Lorenzo se ha puesto más que serio –Sierra, aunque conoce la retranca de Curro, no duda en darle coba.
-¿Tú quieres tomar algo? –pregunta Salazar.
-Tomaré un helado, la noche lo pide.
   El servicio es rápido y ponen delante del gaditano un bol de gazpacho y una fuente en la que hay una miscelánea de hortalizas crudas troceadas: tomates, pepinos, pimientos y cebollas. Y antes de que Sierra entre en la conversación sobre el motivo de su estancia allí, Curro opta por demorar el inicio de la misma.
-Déjame cenar tranquilo y guarda para el final el asunto que te ha traído. De momento dime: ¿conoces a un fulano, el típico señorito cortijero de nuestra tierra, que se llama Carlos Espinosa? Creo que es malagueño o al menos vive en Málaga.
-No me suena el nombre, pero si te interesa saber de él en cuanto llegue al hotel abro la tablet y lo busco.
-No hace falta, ya lo hago yo. Y cuéntame, ¿cómo has dado conmigo? –repite Salazar.
   Sierra le cuenta la verdad, se ha planteado mentir únicamente si las circunstancias le fuerzan a ello. Sabe que Salazar es un lince y recuerda que antes se coge a un mentiroso que a un cojo. Le explica como, por pura chiripa, un funcionario de la Junta de Andalucía le vio almorzando en un restorán de la costa y tirando de aquel hilo fortuito encontraron el lugar en el que se escondía…
-Y un grupo de amigos, con Felipe Muñoz a la cabeza, pensamos que debíamos hablar contigo antes de que lo hiciera la pasma –concluye Sierra.
   A todo eso traen el segundo plato que ha pedido Salazar, lo que le da ocasión para volver a demorar la conversación de fondo.
-¿Tú crees que estas almejas serán como las que preparan en Cádiz?
-Ni idea –Sierra decide seguirle el juego a Salazar. Piensa que en algún momento de la noche el exsindicalista tendrá que abandonar el filibusterismo coloquial y escuchar lo que quiere contarle-. La gastronomía no es mi fuerte. ¿Cómo las preparan en Cádiz?
  Salazar se distiende explicando una receta de su terruño natal:
-Se lavan bien las almejas, mejor sin son de la Bahía. Se colocan en una cazuela con aceite de oliva, mejor si es virgen extra, y se fríen los ajos laminados. Cuando se dore el ajo se echan las almejas y el pimentón se pone encima. Algunos le ponen perejil. Hay que rehogarlo todo rápidamente para que el pimentón no se queme y agregar vino, mejor si es un buen fino jerezano. Se deja unos minutos la cazuela tapada a fuego lento hasta que las almejas se abren. Se comprueba el punto de sal y pueden servirse  -y añade-. Hay lugares en que las preparan con cebolla, jamón, tomate e incluso gambas. Así preparadas de almejas a la marinera no tienen nada, como mucho se les puede llamar almejas en salsa. Y estas que me estoy comiendo no son ni una cosa ni la otra, aunque reconozco que no están mal.
   Cuando termina con las almejas, Curro se rinde ante lo inevitable.
-Bueno, pues cuéntame lo que tengas que decirme.
   Sierra le relata la secuencia entera desde que Muñoz le localizó a través de un amigo hasta el momento en que el grupo de compañeros y amigos decidieron enviarle para tratar con él su posible entrega a la justicia previa negociación con la fiscalía. Le explica todo lo que pueden hacer por él y las seguras ventajas que ello le podrá reportar. A sensu contrario, está el mar de problemas que se le pueden venir encima si la policía le detiene y ha de comparecer ante la juez de instrucción sin tener ningún cortafuego preparado. Cómo Sierra ve que el exsindicalista no parece muy convencido con su oferta añade por su cuenta el plan B: también ayudarán económicamente a su familia y le encontrarán un buen trabajo a su hijo mayor. Sierra esperaba cualquier clase de respuesta menos la pregunta que le plantea Curro:
-Jaime, tú siempre has tenido buena cabeza, ¿qué te parece si me marcho al extranjero?

PD.- Hasta el próximo viernes

viernes, 5 de enero de 2018

Capítulo 9. A Curro se lo rifan 34. A buon intenditor poche parole



   La llamada telefónica de un desconocido, que le ha interpelado por su verdadero nombre, ha dejado atónito a Salazar que no es capaz de reaccionar hasta que su interlocutor le dice que no corre peligro y que tienen que hablar.
-¿De qué tenemos que hablar? No te conosco y no me gusta hablar con desconosidos -El nerviosismo ha hecho que le salga su innato seseo.
-Me llamo Carlos Espinosa y como acabo de decirte no soy policía ni tengo nada que ver con la judicatura. Y sí, es cierto que no me conoces, pero el nombre de Eduardo Gálvez ¿te suena?
   Claro que le suena. Personalmente no ha hablado con el empresario, pero conoce su reputación de ser un hombre sin escrúpulos para conseguir cuanto se propone, así es como ha amasado la millonaria fortuna que según dicen posee. “Pues si este fulano representa a Gálvez –se dice- mejor será que le escuche”. El hecho de que el forastero asegura no ser policía ni tener nada que ver con los de las togas acaba por tranquilizarle.
-Bueno, tú dirás.
-Lo que tengo que hablar contigo es personal y no para contarlo por teléfono. Dime dónde y cuándo podemos vernos y allí estaré.
-No sé, estos días estoy muy liado –Lo que le pide el cuerpo a Curro es enviar al forastero a tomar viento, pero nuevamente el nombre de Gálvez le impulsa a rectificar-. Quisás mañana…
   Le corta Espinosa.
-Se me ocurre que podríamos almorzar juntos. ¿Qué te parece mañana a las dos? En cuanto al restorán he ojeado la Guía Michelín y uno de los más recomendados de la zona es Can Roig que está cerca de Torrenostra. Yo me encargo de hacer la reserva. ¿Paso a recogerte o vas por tu cuenta?
   Curro se dice aquello de que los malos tragos mejor pasarlos cuanto antes y acepta. Se verán en el restorán. Cuando el exsindicalista llega a Can Roig y pregunta por una reserva a nombre de Carlos Espinosa, la camarera le señala una mesa en la que hay una persona. Lo primero que salta a la vista del forastero es que se trata de un dandi. Lleva un pantalón de Armani de liviano lino color canela, con un polo a juego de Ralph Lauren, mocasines Callaghan que no desentonan y en su muñeca luce lo que parece ser un Cartier de oro. “Desde luego este figurín –piensa Curro- no puede ser de la pasma, demasiado relamido. Tendría que haberme puesto algo más aparente, a su lado parezco un costalero”. Tras los protocolarios saludos, Espinosa inicia inmediatamente el intento de congraciarse con Curro.
-¿Tomamos unos güisquis o hacemos honor a nuestra tierra y pedimos unos finos?
   Después, Espinosa comienza una charla informal preguntándole sobre los encantos de Torrenostra como medio de romper el hielo. A lo que Salazar corta por lo sano:
-Perdona Espinosa, pero es mejor que vayamos al grano y me cuentes lo que tengas que decirme, tengo una cita a las cuatro –El que Curro haya dejado de sesear es señal de que ha superado el nerviosismo inicial.
-Se nota que eres un experto en el arte de negociar –le adula Espinosa-. Tengo un amigo del Cuerpo de Carabinieri que veranea en Marbella que cuando alguien se enrolla suele decir lo de a buon intenditor poche parole.
-No entiendo italiano, pero en Cádiz decimos que lo breve, si bueno, dos veces bueno.
-De acuerdo. Pues lo primero es recordar tu situación procesal. Doy por descontado que sabes que el juzgado de instrucción número seis de Sevilla, el que entiende del mal llamado caso ERE, ha dictado una orden de busca y captura contra ti y…
-Perdona Carlos, te puedo tutear, ¿verdad? –Que Curro pregunte si puede tutearle, cuando ya lo están haciendo, es señal de que la mera mención del caso ERE ha vuelto a poner de los nervios al exsindicalista-. No me habrás invitado para contarme algo que ya sé. Si es así lo podríamos haber arreglado por teléfono.
-Por supuesto que no se trata de eso. Estoy aquí para ofrecerte una solución que resolverá de un plumazo todos tus problemas con la justicia. Verás…
   Espinosa lleva bien preparado el argumentario sobre el pacto que ha de proponer a Salazar. Le cuenta que representa a un grupo de hombres de negocios andaluces que están muy preocupados por el rumbo que ha tomado el proceso sobre el caso ERE. Se apresura a especificar que ninguno de ellos está imputado en el caso, pero que el terremoto político y la alarma social que ha generado el proceso está afectando muy negativamente a la marcha de sus empresas, algo que sus patrocinadores están dispuestos a atajarlo en la medida que esté a su alcance. No quieren involucrarse en las controversias políticas que ha causado el caso, pero sí están dispuestos a que se calme la tempestad social y económica levantada por el escándalo judicial sobre los expedientes de regulación de empleo que, en algunos casos, se han producido en varias de sus empresas. Según saben de fuentes absolutamente fiables Salazar se ha convertido, posiblemente sin pretenderlo, en una figura clave en el caso por lo mucho que sabe y, al parecer, por la documentación que atesora. Más pronto que tarde le encontrará la policía lo que supondrá que volverá a ingresar en prisión de la que es más que posible que tarde muchos años en salir, quizá décadas.
-Para que veas que te hablo con total sinceridad, te confieso que el hecho de que estés libre o encarcelado no es algo que preocupe a las personas que me envían. Lo que si les quita el sueño es que cuando declares ante el tribunal puedas involucrar a gente que no está imputada y, sobre todo, que tu deposición pueda ser altamente perjudicial para el normal desarrollo de algunas de sus empresas. Ya sabes cómo son los ricos, pueden tragarse lo que sea, pero no les toques un solo euro porque entonces se ponen como tigres.
   Espinosa hace una mínima pausa que es aprovechada por Curro para soltarle un rejonazo:
-Lo de la brevedad lo admites pero no lo practicas.
-Eso es un golpe bajo –acepta Espinosa con una sonrisa-, pero me lo he ganado a pulso. Al grano.
   Le explica lo que quieren sus patrocinadores. Primero, que eluda la cárcel, lo que ya es todo un premio. Con ello no tendrá que declarar ni poner en peligro a otras personas ni se abrirán nuevas instrucciones. Por tanto, la mejor solución es eludir la acción de la justicia y eso solo se puede lograr de una manera: marcharse de España y trasladarse a un país que no tenga tratado de extradición con el estado español hasta que termine el proceso y se calme el turbio ambiente que lo acompaña.
-No tendrás que preocuparte por nada. Todos los gastos correrán a cargo de mis patrocinadores que además te pasarán una cantidad mensual para que puedas vivir como un marqués en el país que elijas. Por poner un ejemplo: ¿Te imaginas lo que debe ser estar tumbado en la cubana playa de Varadero teniendo al lado una mulata de esas que tienen un culo capaz de resucitar a un muerto?
-¿Por qué ha de ser en la playa de Varadero?
   Al oír la inesperada pregunta de Curro, Salazar la interpreta en el sentido de que al exsindicalista no le parece mal su propuesta y está a punto de exclamar ¡eureka!, pero se contiene aunque sí piensa que la conclusión del pacto está al alcance de sus manos.
-Lo he dicho a guisa de ejemplo, pero no tiene que ser necesariamente Cuba, podrás instalarte en el país que te pete. Únicamente deberá tener el requisito de no tener tratado de extradición con España para que las garras de los jueces no puedan alcanzarte….
-¿Y qué países son esos?
-Pues los hay en casi todos los continentes. En este momento no tengo la lista completa, pero en cuanto entre en internet te la puedo facilitar. Si no recuerdo mal están, entre otros, Cuba; Nicaragua y Honduras en América; Singapur, Qatar, Indonesia o Birmania en Asia y en África hay un montón: Gambia, Nigeria, Burundi…, hasta los hay en las antípodas, es el caso de Nueva Zelanda. Tienes mucho donde elegir.
-Y si saliera de España, como estoy fichado, ¿no me detendrían en la frontera?
-Por tu salida del país no te preocupes, eso está solucionado. Como dentro de la Unión Europea no es necesario enseñar el pasaporte y las fronteras son casi inexistentes, te llevaremos en coche a Francia o a Portugal y allí coges un vuelo hacia el país que previamente hayas elegido.
-¿Y quién me garantiza que una vez que me haya largado seguiré recibiendo una paga mensual?
-Hombre, Salazar, ¿o prefieres que te llame Curro? –La pregunta no tiene respuesta por lo que Espinosa prosigue su exposición-. Como comprenderás lo que estamos negociando no es algo que se pueda plasmar en un documento, pero mis patrocinadores son los más interesados en que la justicia no te ponga las manos encima, entonces por la cuenta que les trae no te van a fallar en lo que te prometen. Además, si es por dinero no te preocupes. Otra cosa no tendrán, pero guita la tienen por pecado. ¿Cerramos el trato? No hará falta firmar nada, me basta tu palabra.
-Mi abuela, que era muy refranera, decía que buenas palabras y malos hechos, acaban con los buenos.
-Y ese aforismo, ¿cómo debo entenderlo?
-En que tenemos que seguir hablando.

PD.- Hasta el próximo viernes

viernes, 29 de diciembre de 2017

33. Se escurre sin haber barro



   Curro está cada día más colado por la joven camarera rumana. En buena parte es porque Anca, pese a sus pocos años, tiene la astucia suficiente para mantener al hombre en la cuerda floja del deseo. Un día le trata con displicencia y al siguiente le hace unos arrumacos que ponen al exsindicalista en el disparadero del antojo. La táctica del palo y la zanahoria parece funcionar pues Curro, a pesar de sus años y de una trabajada experiencia con el mal llamado sexo débil, está en un sinvivir por culpa de una jovencita que bien podría ser su hija. En una situación así, siente la imperiosa necesidad de compartir sus vivencias con alguien. Más que pedir consejo lo que necesita es explayarse, aligerar la carga de encontrados sentimientos en los que se mezclan el sexo y un incipiente enamoramiento. El problema es que en Torrenostra no cuenta con ese alguien. Sigue sin revelar a nadie su verdadera personalidad y no tiene ni familia ni amigos ni colegas. Lo más parecido a unos compañeros son los jubilados con los que, de vez en cuando, se echa una partida de dominó, pero ni por asomo se le ocurre comentar con ellos sus cuitas amorosas, posiblemente no le entenderían. Esa tarde, tras terminarse la cotidiana partida de dominó en la que ha estado de mirón, los viejos se van a dar una vuelta por la playa, dicen que a estirar las piernas. Grandal no les acompaña pues tiene que volverse a Marina d´Or. Cuando se quedan solos le comenta burlonamente a Salazar:
-No se van a pasear, a lo que van es a ver jovencitas con las tetas al aire. Como ya no se les levanta se contentan con ir de voyeurs –lo ha dicho a la manera francesa.
-¿Vuayeurs? –repite Curro con una entonación interrogativa.
-Ya sabes, los tipos que espían a escondidas a otras personas en situaciones eróticas para excitarse sexualmente. Aunque dudo que se exciten mucho pero, bueno, tampoco hacen daño a nadie.
   Un comentario aparentemente tan aséptico como el que acaba de hacer Grandal es motivo suficiente para que Salazar se lance, sin pensárselo demasiado, a contar al excomisario sus cuitas amorosas, aunque da una versión edulcorada de su vida sentimental. Le explica que se divorció hace años, luego se emparejó con una compañera del trabajo bastante más joven que él, la cual le dio puerta cuando le cazó pegándosela con su hermana. Después fue pasando de unos brazos a otros y en los últimos tiempos convivió con una mujer con la que también ha roto. Llegó a un extremo en que, un tanto hastiado de su difícil convivencia con la grey femenina, se prometió a sí mismo que ya no iba a tener más líos de faldas. Pero es cierto aquello de que el hombre propone y la mujer todo lo descompone, pues ha sido aterrizar en Torrenostra y la camarera que se ocupa de ordenar su habitación resulta ser una jovencita que está más buena que el pan y tiene salero a raudales. Muchas mañanas está un rato de palique con ella aprovechando que arregla el cuarto y hasta la ha invitado a comer un par de veces explotando el hecho de que estaba enfadada con su novio. Y lo que comenzó como un modo de mitigar la necesidad de compañía cuando uno está solo pasó a ser un tímido flirteo y ha terminado convirtiéndose en una verdadera obsesión por la joven. No consigue quitársela de la cabeza y más aún desde que Anca le brindó sus favores.
-No sé si alguna vez has experimentado lo que es tener entre tus brazos a una mujer de diecinueve años cuando tú vas para los cincuenta. ¡Qué mujer y qué cuerpazo tiene!. Cómo para hacer perder la cabeza al más pintado. Me ha hecho sentir sensaciones que creía que no volvería a experimentar. Y eso a mi edad es algo que te vuelve loco.
   Grandal no hace ningún comentario, se limita a mover la cabeza en gesto de que entiende las vivencias que le está confesando Curro.
-Y encima, si no quieres taza, taza y media porque hay un problema añadido, Anca tiene novio. Es un chiquilicuatro del pueblo, uno de esos ninis de hoy en día que ni estudia ni trabaja. Y del que para más inri no está enamorada, solo está con él porque el pazguato pertenece a una familia con mucha pasta. Le he dicho a Anca que se venga conmigo, que podemos vivir donde ella quiera, que no le va a faltar de nada, pero no acabo de convencerla. Y, chico, no sé qué hacer. Estoy hecho un verdadero lío.
   Grandal tiene demasiada experiencia como para recoger la velada invitación de su interlocutor de aconsejarle sobre la tesitura en la que se encuentra. Sigue limitándose a escuchar y asentir. Por otra parte, no se sorprende demasiado de lo que le cuenta Martínez, así sigue creyendo que se llama, pues en su larga carrera en la policía ha tenido que escuchar relatos mucho más retorcidos y escabrosos.
-Tú, en mi lugar, ¿qué harías? –inquiere Curro.
   La pregunta coge al excomisario desprevenido porque no se la esperaba de un tipo que parece curtido en mil batallas de toda clase. Sale del paso echando mano del galleguismo tópico.
-Pues que quieres que te diga. Ya sabes cómo son las mujeres, nunca aciertas por donde van a salir. Y tendrás que disculparme porque se está haciendo tarde y Chelo me debe estar aguardando. Nos vemos mañana.
   Al día siguiente, aprovechando que Curro no aparece por la partida vespertina, en cuanto la terminan Grandal cuenta a sus amigos el dilema sentimental en el que anda metido Martínez el Andaluz, así le motejan a su espalda.
-Ya habías comentado que se timaba con la moza –recuerda Ballarín.
-Hay que reconocer que Martínez tiene buen gusto porque la Anca está de toma pan y moja –comenta Ponte desvelando una cierta envidia.
-A mí no me extraña nada de lo que estás contando –apostilla Álvarez- porque la moza parece que es de las que se escurre sin haber barro.
-Explica eso del barro –pide Ballarín- porque si no me quedo in albis.
-Es una frase que se suele decir por la toledana comarca de La Sagra, la oí por primera vez en Añover de Tajo, y se refiere a las mozas ligeras de cascos.
-¿Y cómo sabes que esa chica es facilona? –pregunta Ponte.
-Porque hace un par de veranos estuvo trabajando de canguro en casa de mi hijo Nacho, que nunca fue precisamente un santo. Un día que su mujer volvió antes de lo acostumbrado se lo encontró morreándose a brazo partido con la muchacha. Esa misma tarde mi nuera la puso de patitas en la calle. Y entonces ya tenía novio, no el de ahora, era un joven rumano que parecía un buen muchacho y al que también le ponía los cuernos. ¡Menuda pelandusca está hecha la tal Anca!
-Llamarla pelandusca es un poco fuerte –replica Ballarín-, pero desde luego si se la puede calificar de promiscua.
-Eres un santo varón Amadeo –se mofa Grandal-. ¿Promiscua?. Por lo que acaba de contarnos Luis ya le ponía los cuernos al novio de entonces y se los pone también al que tiene ahora. De promiscua, nada, esa muchacha es más puta que las gallinas.
-O sea, que lo dicho, se escurre sin haber barro –remacha Álvarez.
   Las dos personas que protagonizan el cotilleo de los jubilados están en esos mismos momentos en situaciones distintas. Anca está en el coche de Vicentín soportando, por lo que parece, la enésima bronca de su novio porque alguien le ha ido con el cuento de que la vieron en el coche de un foraster. Se han reconciliado en cuanto la joven ha comenzado a besuquearlo. A Curro, que los está espiando, se lo llevan los demonios, y termina de descomponerse cuando adivina, más que verlo pues solo puede observar las cabezas de la pareja, que Anca se inclina hacia la entrepierna del chico mientras este pone cara de felicidad. Es más de lo que puede soportar y se marcha.
   Cuando Curro llega al hostal se encuentra con una desagradable sorpresa, tiene una nota en el casillero de su habitación. El mensaje, escrito en un pésimo castellano, dice: Le a yamado un señor. Volverá a yamar.
-¿Quién es el que me ha llamado? –pregunta a la jovencita que hace las veces de factótum.
-No lo sé, no ha dejado su nombre.
-¿Pero seguro que el hombre que ha llamado ha preguntado por mí?
-Por supuesto. Ha dicho que quería hablar con el señor Francisco Martínez. Usted es el único huésped que se llama así.
   Desde que está en Torrenostra es la primera vez que alguien pregunta por él, aunque el hecho de que hayan dado su falsa identidad debería tranquilizarle. Otra cosa es que hubieran usado su verdadero nombre. De todos modos es algo inquietante. La preocupación crece exponencialmente cuando le llaman para avisarle de que vuelve a tener una llamada. Coge el teléfono como si fuera un bicho venenoso.
-Diga.
-¿Francisco Salazar?
   Al oír su nombre el corazón le da un vuelco. Su primer pensamiento es que se trata de la policía, pero en seguida recapacita, si fueran los maderos no le llamarían por teléfono, habrían estado allí para detenerle. Por su mente pasan como un torbellino múltiples pensamientos. Como no contesta, el desconocido que parece que le ha leído el pensamiento vuelve a hablar:
-Tranquilo, Salazar, no corre ningún peligro, pero tenemos que hablar.

PD.- ¡¡¡FELIZ Y PRÓSPERO AÑO NUEVO 2018!!!