viernes, 27 de octubre de 2017

24. Hay noticias que vuelan y traen cola



   Los silencios siempre tienen fecha de caducidad, así le ocurre al causado por la pregunta de Felipe Muñoz sobre quienes son partidarios de establecer contacto con Curro Salazar una vez descubierto su actual paradero. Uno tras otro los reunidos van levantando la mano, entre ellos el exconsejero que además precisa:
-Mi voto afirmativo está condisionado a saber cuál será la contraprestasión que se le ofresca.
-Bien, pero ahora la cuestión no es esa. Lo que hay que plantearse es: ¿quién será el que le ponga el cascabel al gato –pregunta el letrado que, al ver algún gesto de incomprensión, aclara-; es decir, ¿quién se pondrá en contacto con Salazar?
   La cuestión que plantea el abogado sume al grupo en otra pausa silenciosa. El silencio se va espesando hasta que, nuevamente, ha de ser el anfitrión quien lo rompa y lo hace respondiendo indirectamente a la pregunta formulada por Rivera:
-Estoy pensando que probablemente siete seamos demasiados para llevar a cabo lo que podríamos llamar la fase preparatoria de la estrategia a seguir. Dos o, como mucho, tres personas sería un grupo más operativo para estudiar quien se pone en contacto con Curro, y además qué proponerle, cómo, cuándo, etsétera. Puesto que he sido yo el que ha montado esta reunión, me veo en el deber de presentarme como voluntario para ese comité operasional. ¿Quién más se apunta?
   El exdirector de IDEA es el primero en levantar la mano y, con cierta renuencia, también termina alzándola el abogado. El exconsejero vuelve a intervenir para precisar:
-Con el buen entendimiento que ese comité no tendrá en prinsipio ningún carácter ejecutivo, sino que se limitará a presentar propuestas al resto.
-Por supuesto, nos limitaremos a diseñar una estrategia y proponerla a la totalidad del grupo –confirma Muñoz.
   Y así es como se forma el primer comité cuyo cometido es negociar con Curro. Lo que todavía no está definido es que clase de negociación.
   Unas horas después de haber terminado la reunión urdida por Felipe Muñoz, en ciertos círculos muy concretos de la sociedad sevillana se está comentando la última noticia que afecta al caso ERE: ha reaparecido Curro Salazar. Las versiones sobre la reaparición difieren considerablemente, solo coinciden en que el exsindicalista ha dado nuevamente señales de vida, algo que tiene su importancia puesto que en algún momento se le dio por fallecido. Se cuenta que si ha sido visto en Madrid en el aeropuerto Adolfo Suárez-Barajas tomando un avión para Brasil, otra versión dice que alguien se ha tropezado con él en la estación sevillana de Santa Justa subiéndose al AVE a Madrid, otros aseguran que está descansando en la onubense playa de Punta Umbría y hasta hay quien afirma haberle visto tomándose unos finos en su pueblo natal, Zahara de los Atunes. De momento, solo algunas personas concretas y con estrechos contactos en la Junta de Andalucía conocen el paradero exacto del fugitivo: Torrenostra. Asimismo, se ha conocido las dos propuestas que han surgido del grupo que acudió a la invitación de Muñoz. Propuestas a las que se han añadido muchos y diferentes matices, desde los que piensan que el dinero es el mejor medio para taparle la boca hasta los que insisten en que la mejor solución para que no cante es darle una buena paliza y dejarle bien clarito que si se va de la lengua puede terminar en el fondo del Guadalquivir con una cadena de ancla atada al cuello.
   Además de los que, debido a sus problemas judiciales, están interesados en saber dónde se esconde Curro, también lo están quienes en otro tiempo le tuvieron cariño, como su mujer, o los que le siguen teniendo afecto como el viejo sindicalista Pepote el Salvaculos, el hombre que le aconsejó que se fuera de Sevilla. Y en el mismo caso se supone que está Rocío Molina, su amante de los tiempos dorados.
   En el que fue hogar de Salazar la noticia de su reaparición causa una profunda conmoción cuando el hijo mayor, visiblemente nervioso, la cuenta:
-Mama, me acaba de desir la mujer de Juan Simón, el que fue director de Mercasevilla, que han visto al malnasío de tu marido en una playa de la Costa de Asahar.  
-Fransisco José, el malnasío de mi marido es tu padre, por tanto no debes hablar de él de esa manera. Te guste o no llevas su sangre.
-Pues bien que reniegas de él y buenas llantinas que has tenío por su culpa.
-Una cosa no quita la otra. Sigue siendo tu padre.
-Será mi padre si tú lo dises, pero tal y como se ha portao con nosotros es como para maldesirle un millón de veses. Y hay gente en Sevilla que prefiere verle muerto antes que vivo. Mala puñalá le den. Y ensima, nosotros pasando fatigas para llegar a fin de mes y él gastándose la guita en putas.
   Mientras el hijo se deshace en denuestos contra el autor de sus días, la madre está cavilando.
-¿Sabes qué?, estoy pensando que lo mismo ignora que se ha descubierto su escondite. Si le avisamos quisás se ablande y nos dé algo del mucho parné que según cuentan tiene. En cambio, si lo meten en el trullo no podrá darnos ná porque le quitarán la pasta o no tendrá ocasión de ir a por ella, porque la debe tener bien escondía. Piénsalo, hijo, tu podrías haserlo.
-¿Haser qué?
-Ir a verle antes de que le pongan los grilletes, avisarle de lo que ocurre y de paso contarle las fatiguitas que estamos pasando. Tu padre no es mala gente, lo que le pasó fue que cuando se vio con tantos dineros se le fue la olla, pero igual le ha vuelto el sentío común. Únicamente veo un pero a lo que estoy proponiendo, ¿de dónde sacaremos la guita para el viaje?, porque eso de la Costa de Asahar debe estar en algún sitio del extranjero donde veranea la gente de posibles.
   A la examante de Curro le llega la noticia del paradero a través del viejo sindicalista Pepote.
-Malas notisias, Rosío, han localisao al Curro. Parese que está en una playa de la provinsia de Castellón. Veo que no me hiso caso, yo le aconsejé que se fuera lo más lejos posible de Sevilla, mejor si era al extranjero, pero al final s´a quedao en España y, claro, han acabao descubriéndolo.
-¿Y qué le puede pasar? – pregunta Rocío, a quien la noticia no ha parecido alterarla.
-Pues que la juesa, más pronto que tarde, le echará el guante. Si me he enterao yo que soy el último de la fila eso quiere desir que a estas horas la polisía también debe saberlo. Y si no se da el piro antes de que lo trinquen de nuevo está ves irá al trullo y ¡cualquiera sabe cuándo podrá salir, si es que sale!
-¿Y qué debería haser para que eso no pase? –pregunta Rocío que sigue sin mostrar demasiado interés.
-Lo que te he dicho, largarse de donde esté y cuanto antes mejor. Igual no sabe que le han echao el ojo, por eso sería apropiao que alguien le avisase. Yo ya no estoy para trotes, pero alguien joven como tú podría darle el soplo de que tome las de Villadiego.
-¿Sabes qué, Pepote? –La mujer se pone brava-. Por mí, a Curro que le vayan dando por donde amarga el pepino. Desde que desaparesió no he vuelto a saber de él. Ni una carta, ni una llamada, ni siquiera un mensaje de móvil. Y lo que es peor, las transferensias que me hasía también terminaron. He tenido que buscarme un curro antes de que se terminara la guita que había guardao. Tengo motivos más que sobraos para desearle lo peor porque se ha portao como un marrano. Por eso no seré yo la que le ayude a escapar.
-Pero chiquilla, acuérdate de los buenos días que has pasao con Curro y de que te tenía como a una reina, que eras la envidia de la mitá de las mositas sevillanas.
-Pepote, de recuerdos no se vive. Te repito, el Curro se ha portao como un puerco, me prometió el oro y el moro y un mal día se hiso humo. Y así, para más de dos años. Si me lo echara a la cara no sería para avisarle sino para exigirle que me montara la peluquería que me prometió y que todavía estoy esperando.
-Acabas de desir otro motivo de por qué te interesa ver a Curro antes de que los maderos le echen el guante. Si lo meten en la trena no podrás sacarle un real. En cambio, si continúa estando libre puedes hablar con él y…
   El argumento del  viejo sindicalista motiva que la mujer se quede pensativa.
   En otros cenáculos mucho más restringidos y arcanos que el que montó Felipe Muñoz, también se discute sobre qué hacer con Curro Salazar. Así ocurre con uno formado por funcionarios públicos que en su día fueron altos cargos de la Junta de Andalucía y que lidera el exconsejero de empleo Gabriel Salcedo. Este es partidario de intentar convencer al exsindicalista para que se entregue a la justicia, previa negociación con la fiscalía sobre la reducción de las posibles penas de prisión y pecuniarias. Le quieren ofrecer todo tipo de ayuda. Todo ello a cambio de que sus declaraciones, informes y, en su caso, entrega de pruebas fueran en un determinado sentido: la mayoría de cargos imputados no hicieron más que acatar el ordenamiento jurídico promulgado por el gobierno andaluz. Ellos se limitaban a cumplir la ley y hacerla cumplir, algo que es el primer mandamiento de todo funcionario público.
   Mientras por los cenáculos sevillanos vuela la noticia del nuevo paradero de Curro que, por lo que parece, puede traer cola, el interfecto, ajeno por completo a ello, se dedica a chicolear a la joven rumana de la que anda encaprichado o no sabe si enamoriscado.

PD.- Hasta el próximo viernes

viernes, 20 de octubre de 2017

23. Ir un paso por delante



   El almuerzo, organizado por el exviceconsejero Felipe Muñoz para estudiar qué hacer con el reencontrado Curro Salazar, está discurriendo distendidamente quizá porque el resto de comensales todavía no conocen el motivo de la reunión. Cuando se produce el receso que siempre supone la petición de los postres y cafés, Juan Antonio Almagro, el único de los  presentes que llegó a consejero del Gobierno de la Junta de Andalucía, hace valer su mayor rango político de entre los reunidos y rompe el fuego.
-Bueno, Felipe, ¿nos vas a contar el porqué de esta reunión o esperas a la próxima Feria de Abril?
    Muñoz no se hace de rogar y suelta la bomba: por pura chiripa un amigo suyo ha descubierto el paradero de Curro Salazar. Es nombrar al exsindicalista y un manto de silencio tan denso que casi se puede palpar se abate sobre la mesa. De pronto, parece que a los dicharacheros comensales se les ha comido la lengua el gato, como dice la expresión popular. Es, otra vez, el exconsejero quien vuelve a preguntar, pero en esta ocasión con un tonillo trufado de sarcasmo.
-¿Y nos has congregado a esta mesa para contarnos por dónde hase su vida el pringao de Curro?
-Pensé que tendríais interés en saberlo por lo que pudiera pasar.
-¿Y qué te lleva a suponer que estamos interesaos en conoser el paradero de ese hijoputa?  
   Muñoz, ante la agresividad de quien fuera superior suyo, recula y no se atreve a explayarse sobre el verdadero motivo de la cita. Tiene que ser otro de los comensales, Jaime Sierra, antiguo director general de IDEA, el que verbaliza lo que todos están pensando tras la noticia que acaba de darles el exviceconsejero, pero que nadie se atreve a decir en voz alta.
-No seamos hipócritas, todos los que estamos aquí sabemos lo que puede pasar si la juez instructora le echa mano al membrillo de Curro.
-¿Y qué puede pasar? –El antiguo consejero continúa encasillado en su postura de menospreciar el valor que tiene haber localizado a Salazar.
-¿Que qué puede pasar? Pues entre otras muchas cosas que como ese boquifloja se venga abajo en cuanto la jueza le apriete las tuercas, más de uno y más de dos las podemos pasar más putas que un vendedor de Rolex en un mercadillo de barrio. ¿Por qué creéis que el Curro se dio el piro? Porque es el primero que no ignora que como se vea en la tesitura de tener que cantar lo mucho que sabe se va a ganar enemigos a porrillo y algunos con muy mala hostia. Y si ese amigo de Felipe, aunque sea por casualidad, ha descubierto el paradero del gilipollas de Zahara de los Atunes, ¿cuánto creéis que le va a costar a la justicia echarle el guante? Pues días, por tanto lo que hay que hacer es, primero, agradecerle a Felipe la información y segundo pensar que partido podemos sacarle a esta circunstancia –Jaime Sierra, como oriundo de Lora del Río, sesea en la intimidad, pero no suele hacerlo en público.
-¿Y para qué? –El exconsejero se mantiene terne en su posición de no dar valor a la noticia.
-¿Para qué? –Quien le contesta es otra vez Sierra-. Siempre tuve la sospecha, Juan Antonio, de que tu nombramiento como consejero se debió más a la presión del clan de Alcalá de los Gazules que a tu equipamiento intelectual y con esa última pregunta mi sospecha deja de ser tal para convertirse en otra cosa. ¿Para qué? Para ir un paso por delante del juzgado de instrucción, ¿te parece poco?
-Lo que dice Jaime –El que ahora interviene es Santiago Rivera, socio de un bufete de abogados implicado en el caso ERE y que es otro de los que tampoco sesea- tiene mucho sentido. Os recuerdo que Salazar está en busca y captura, lo que quiere decir que más pronto que tarde  terminarán echándole el guante, por eso si pudiésemos hablar con él antes de que lo detengan podría ser una baza estupenda a nuestro favor.
-Explícate, Rivera, por favor –pide Macarena Chacón, antigua exdelegada de empleo y
única mujer de entre los reunidos.
-Si los que estamos aquí habláramos con él antes de que ingrese nuevamente en prisión, podríamos cambiar el sentido de sus declaraciones ante la juez instructora y nuestro futuro procesal podría cambiar como del día a la noche –explica Rivera.
-¿Y eso cómo lo podríamos conseguir? –pregunta otro de los comensales.
   Hay un momento de silencio por ver quien contesta a la pregunta. Visto que nadie se arranca, es el abogado quien vuelve a tomar la palabra.
-Así a bote pronto se me ocurre que podríamos contactar con Salazar y proponerle un pacto: él no le cuenta nada a la juez instructora o, mejor todavía, le cuenta una historia que previamente nosotros hayamos confeccionado y a cambio le daríamos alguna clase de compensación a convenir, como una prima o algo así.
-¿Una prima? –masculla el exconsejero-, a ese hijoputa lo que habría que darle es una mano de hostias bien dadas.
-Unas hostias no sé –dice otro de los reunidos-, pero Juan Antonio tiene rasón en parte. He oído comentar que el padre del soplagaitas de Curro va alardeando por ahí de que su hijo tiene guita como para asar una vaca con los billetes que guarda. Por tanto, darle una prima no creo que fuera ningún alisiente para él, tendría que ser otra clase de compensasión.
-Todo hombre tiene su precio en dinero o en especies –afirma Sierra-. Lo importante es llegar a un acuerdo con Salazar. La contraprestación que le podemos ofrecer sería cuestión de estudiarla.
-¿Eso quiere decir que estás de acuerdo con la propuesta de Santiago? –inquiere Guillermo Mina, el exdirector de una compañía aseguradora, también imputado por el caso ERE.
-¿Quién es Santiago? –pregunta el despistado de turno.
-Servidor y picapedrero –contesta en tono burlesco el letrado.
-Yo te conosía como Rivera –se excusa el despistado.
-Y así me apellido, pero como todo hijo de vecino también tengo nombre.
   En vista de que la charla se está yendo por otros derroteros, Felipe Muñoz trata de volver a centrarla en el verdadero motivo de la reunión: qué hacer ahora que conocen el paradero de Salazar.
-Por favor, no nos vayamos por las ramas. Sentremos el debate. Os pido propuestas sobre qué medidas tomar respecto a Curro.
-No sé si se pueden calificar de propuestas, pero aquí se han puesto sobre la mesa tres sugerencias, por llamarlas de alguna manera, –afirma Mina-. Una, la de Jaime, de que sería una ayuda para muchos imputados que pudiéramos ir un paso por delante de la juez de instrucción. Otra y que enlaza con la anterior, la de Santiago, contactar con Salazar y proponerle un pacto para que, en el supuesto de que le detengan, le cuente a la instructora lo que previamente hayamos acordado. Y la tercera, la de Juan Antonio, que sería darle unas hostias bien dadas.
-Lo que acaba de recordar Guillermo –dice Felipe en alusión a Mina- podemos resumirlo en que hay dos posturas básicas, una está muy clara: la de contactar con Curro y negosiar con él antes de que lo trinque la polisia; la otra, la de darle unas hostias o una palisa, no sé cómo calificarla. Por eso, te pido, Juan Antonio que la expliques, comensando por si crees que deberíamos ponernos en contacto con él o no.
   Las miradas de los comensales se centran en el exconsejero que se remueve inquieto,  carraspea, se toma su tiempo, pero al final responde:
-Claro que hay que echarle mano a ese soplón, pero no para pactar sino para meterle el miedo en el cuerpo. La mejor manera de que ese desgrasiao no se vaya de la húmeda es dejarle muy clarito lo que le podría pasar si canta lo que no debe. O sea, lo que hay que haser es acojonarlo.
-¿Y cómo se le acojona? -pregunta Eduardo Guerra, el exsecretario general técnico que hasta ahora no había abierto la boca.
-¡No preguntes gilipolleses, coño! Hay muchas formas de acojonar a un tío. Personalisando: a ti te metieron los huevos por corbata cuando te preguntaron porque diste tu visto bueno a algunas partidas de los presupuestos del 2008. En el caso de Curro como jamás firmó un papel, puesto que fuera de la UGT nunca ejersió un cargo, el ejemplo anterior no vale, pero se le puede acoquinar de mil maneras distintas –la iracunda respuesta lleva la firma del exconsejero.
   Felipe Muñoz, como anfitrión de la reunión, ve que los diálogos a dos vuelven a hacer descarrilar el objeto de la cita, por lo que retoma la palabra.
-Constato que todos los que hemos hablado somos partidarios de ponernos en contacto con Curro, en lo que diferimos es qué desirle o haser con él, pero eso es, en mi opinión, la segunda fase del proseso y sería cuestión de discutirlo en su momento. Vamos a dejarnos de toreo de salón y entremos a matar y lo primero es preguntar: ¿quiénes son partidarios de que nos pongamos en contacto con Curro? Los que lo sean que levanten la mano o que lo digan. Naturalmente, los que no lo sean también pueden manifestarse como quieran. Luego, seguiremos hablando.
   La pregunta de Muñoz, sobre contactar o no con Curro, vuelve a provocar un silencio que es más aparatoso que real pues lo de ir un paso por delante de la justicia ha calado en la mente de todos, solo esperan a que alguien levante la mano el primero.

PD.- Hasta el próximo viernes

viernes, 13 de octubre de 2017

Capítulo 6. En pos de Curro Salazar.- 22. El mundo es un pañuelo



   El almuerzo que han degustado Curro y Anca en Can Roig puede traer cola porque, ¡quién lo iba a decir!, uno de los comensales que estaba almorzando en el interior del restaurante, y al que Salazar no pudo ver porque él y la chica lo hicieron en el jardín, es un subdirector general de la Junta de Andalucía. Cristóbal Diéguez, así se llama el funcionario, no tiene cuentas pendientes con el exsindicalista, pero conoce a alguien que si las tiene, Felipe Muñoz, un viceconsejero del gobierno andaluz, al que el caso ERE se ha llevado por delante y ahora está en la lista de los ex. Desde el mismo restaurante llama a su antiguo superior de quien sabe que daría cualquier cosa por mantener un careo con Curro.
-¿Felipe?, soy Cristóbal Diéguez, ¿tienes un minuto? Verás, tengo una información que te va a interesar. Estoy pasando unos días en la provincia de Castellón, concretamente en Benicàssim, invitado por uno de mis hermanos. Pues bien, hoy hemos ido a comer a un restorán que nos habían recomendado. Y lo que son las casualidades, ¿a qué no puedes imaginar quién estaba almorzando allí? Tu amigo Curro Salazar, por cierto, acompañado de una real hembra.
-¡Coño, Cristóbal!, ¿qué me cuentas? Si me interesa la notisia. ¿Y sabes dónde está viviendo ese impresentable?
-No, pero dado el emplazamiento del restorán supongo que estará residiendo en alguno de los pueblos costeros más o menos cercanos. ¿Quieres que lo localice?
-Me harías un gran favor.
-Creo que sé cómo dar con él. He visto que el maitre le daba mucho palique. Todo será cuestión de trabajarlo y seguro que alguna información me facilitará. Déjalo de mi cuenta.
   El subdirector tiene una breve charla con el maitre quien al principio se resiste a informar sobre sus clientes, pero un billete de cien euros diluye su discreción profesional y le cuenta a Diéguez todo cuanto sabe del rumboso comensal que ha estado almorzando con una joven. Aunque lo que sabe es bien poco: que el individuo es de los que tienen mano izquierda para conseguir una mesa sin haberla reservado previamente, que dice apellidarse Martínez y que le ha dicho que venía de Torrenostra. Diéguez se informa sobre dicha población y cuando descubre que solo tiene un establecimiento hotelero supone que posiblemente Curro resida en el mismo. Al día siguiente envía a su esposa a Torrenostra, a él le conoce el exsindicalista, a investigar el paradero del fugitivo. La mujer se da buena maña, y se presenta en el hostal como una madre de familia que está buscando un hotel tranquilo al lado del mar. En un determinado momento de la conversación con la dueña deja caer que el hostal se lo ha recomendado un amigo de su marido que se llama Francisco Salazar, aunque todo el mundo le conoce como Curro.
-Pues lo siento por partida doble, señora. El hostal está lleno hasta el veinticinco de agosto y no tenemos ningún cliente que se apellide Salazar, aunque fíjese lo que son las casualidades, tenemos un huésped, don Francisco Martínez, a quien he oído que sus amigos de partida le suelen llamar Curro.
   La esposa del subdirector vuelve a Benicàssim con la información que buscaba su marido: ha localizado a Curro Salazar y hasta sabe el falso nombre que ahora utiliza. Diéguez llama inmediatamente al exviceconsejero y le cuenta lo que ha descubierto su esposa.
-Grasias, Cristóbal. Te debo una. Oye, y tú que estás ahí, ¿dónde se podría hospedar uno serquita de esa playa de Torrenostra?
-Hay cuatro sitios que están cerca y que cuentan con muchos hoteles: Oropesa del Mar Alcossebre, Benicàssim y Peñíscola. ¿Piensas venir?
-No, no lo creo, tengo que hablarlo con algunos compañeros. En cualquier caso, muchas grasias. Esto no lo voy a olvidar.
   Ajeno a que su anonimato ha dejado de serlo, Curro sigue con su vida de fugitivo que en estos momentos pivota alrededor de Anca pues se ha encoñado con la joven rumana. Al día siguiente de su apasionado encuentro en la Sierra de Irta el exsindicalista no se mueve de su habitación hasta que la muchacha llama a la puerta para arreglar la estancia. En cuanto le abre toma a la joven en brazos y comienza a comérsela a besos. La muchacha al principio se deja acariciar, pero cuando Salazar hace un desmañado intento de desnudarla se deshace del abrazo.
-Para el carro, majete, que no todos los días son domingo. Ayer me lo pasé muy bien, pero eso no debe volver a repetirse. No veas la que me montó Vicentín con lo celoso que es. Le tuve que contar un montón de trolas que como algún día las descubra puede hacer cualquier barbaridad. No digo que en otro momento no podamos volver a divertirnos, pero hasta que no se le pasee el cabreo al moro que tengo de novio olvídate de mí. Por ahora, aquí en el hostal, tú eres un cliente y yo una camarera. Tú en tu sitio y yo en el mío. Y ahora o sales de la habitación para que pueda arreglarla o la que se va soy yo. Tú decides.
   Curro, de mal humor, sale de la estancia dando un portazo. Él que creía que tenía a la joven en sus manos y resulta que no es así. Se le pasa pronto el enfado, sabe que con las mujeres la paciencia es una regla de oro. Habrá que darle tiempo a Anca para que compruebe que entre un bobalicón celoso como el tal Vicentín y un hombre hecho y derecho como él hay todo un mundo de diferencia.
   Mientras Anca le pone las peras a cuarto al exsindicalista, a unos  seiscientos veintitrés kilómetros de Torrenostra, en la capital hispalense, Felipe Muñoz, el exviceconsejero de la Junta de Andalucía a quien un antiguo subordinado le ha soplado el paradero de Curro, no hace más que darle vueltas a la información recibida. Ha mantenido conversaciones con otros imputados en el caso ERE sobre la bomba de relojería que puede ser Salazar, sobre el que pesa una orden de busca y captura. Si Curro fuera apresado, y se viera presionado hasta el extremo de tener que contar todo lo que sabe y empezara a soltar nombres, podría involucrar a muchas personas que, por el momento, se han librado de comparecer ante la justicia. Y como parece que posee abundante documentación podría presentar pruebas de muchos de los delitos de los que están acusados diversos imputados que, hasta ahora, solo son presuntos culpables. Y lo peor sería si hiciera un pacto con la fiscalía para rebajar su condena y tirara de la manta, entonces se podría montar un lio procesal del carajo. Muñoz se dice que tiene que ponerse en contacto con algunos de sus amigos que, como él, están inmersos en el caso para ver como gestionan la información sobre el paradero de Salazar. El problema es ¿a quiénes? Han de ser tipos de confianza y, en principio, no demasiados. Es consciente de que hay opiniones muy diversas y hasta encontradas sobre el modo de conseguir que el exsindicalista no declare ante la juez instructora o, en su caso, lo haga de la forma más conveniente para los imputados. Tras muchos descartes, al final se queda con media docena de compañeros, todos ellos pringados en el caso ERE, a los que invita a un almuerzo. Sabe perfectamente que alrededor de un mantel y con buenas viandas por medio las relaciones son más acomodaticias y llevaderas. Asimismo, opta por no revelarles el verdadero motivo de la reunión, se limita a indicarles que van a tratar de un asunto que les interesa a todos, lo hace porque no quiere que la noticia del paradero de Curro comience a circular por los cenáculos sevillanos antes de que él y sus amigos tomen una decisión sobre ello.
   Muñoz elige un discreto restaurante en el barrio de Santa Cruz. Alrededor de la mesa se sientan una colección de políticos involucrados en el caso ERE hasta la coronilla: un exconsejero de la Junta de Andalucía, uno de los socios de un bufete de abogados, un exdirector general de la Agencia de Innovación y Desarrollo de Andalucía (IDEA), el exdirector de una empresa aseguradora, un exsecretario general técnico y una exdelegada de empleo. Los políticos todos son ex porque el tsunami del caso ERE se los ha llevado por delante. Antes de organizar la reunión, Muñoz se ha atrevido a sondear a los dos últimos expresidentes de la Junta, pero desde los gabinetes de ambos políticos le han informado que declinan su asistencia.
   La conversación entre los siete comensales es distendida al principio. Son viejos conocidos y tienen muchos nexos comunes, el último estar imputados en el caso ERE y haber tenido que declarar ante la juez instructora del caso o ante el Tribunal Supremo en el caso de los aforados. Algunos de ellos incluso han sufrido prisión condicional. Los delitos que se les imputan comprenden un amplio abanico, los más recurrentes son malversación de fondos públicos, fraude en subvenciones, cohecho y falsedad documental, blanqueo de capitales, asociación ilícita, prevaricación, delito contra la Hacienda Pública, omisión del deber de denunciar delitos, infidelidad en la custodia de documentos, negociación prohibida a funcionario, obtención fraudulenta de ayudas, etcétera.
   Cuando está organizando la reunión y al recordar como su amigo Diéguez ha dado con el paradero de Salazar, Muñoz se dice:
-Desde luego, el mundo es un pañuelo.

PD.- Hasta el próximo viernes