viernes, 22 de septiembre de 2017

19. Está de toma pan y moja



   La parrafada de Grandal sobre federalismo ha sido tan rotunda que Salazar no ha querido rebatirla, no ha querido y en buena parte no ha podido. Le ha parecido más oportuno no dar muestras de su posicionamiento político teniendo en cuenta que, por lo que parece, sus compañeros de partida son más de derechas que los lectores del ABC. En su lugar, decide mostrarse rumboso porque lo es que es dinero no le falta.
-Bueno, ya que vosotros sois hoy los paganos –dice a Ponte y Álvarez que son los que han perdido la partida y por tanto han de abonar los cafés-, espero que me permitáis invitaros a una copa –y sin dar posibilidad de réplica, llama a la camarera-. Anca, por favor, a ver que quieren estos amigos.
   Cuando la camarera, una rubiales que no es de bote pues así lo certifica la albura de su piel y el dorado colorido de sus cejas, se vuelve a la barra para encargar la comanda, al pasar junto a Curro le guiña pícaramente un ojo. Grandal, al que no se le escapa una, es el único que se ha dado cuenta del gesto pero no lo comenta, lo que hace es preguntar:
-¿Qué nombre es ese de Anca?
-Es rumano –responde Curro-. Creo que en español sería Ana. Por cierto, sus padres tuvieron buen ojo al ponerle el nombre porque vaya trasero respingón que gasta la moza. Un culo así vale más que todos los yates que atracan en Puerto Banús.
-Buen trasero tiene, sí señor –corrobora Álvarez al que lo de la palabra culo todavía le cuesta manejarla-, de los que le alegran a uno el día.
-Pues lo que son las cosas. Ahí donde la veis, con esa proa y esa popa –A Curro parece que algo le ha quedado del lenguaje marinero de su padre-, que son como para mear y no echar gota, tiene un novio que es más poquita cosa que un camarón. Y además de esaborío más atontolinao que el bobo de Coria.
-Alguna gracia oculta tendrá el gachó para llevarse a una mujer de bandera como esa; vamos, digo yo –comenta Ballarín.
-La gracia que supongo que tiene es que es hijo único, lo que aquí llaman el hereu, de una familia del pueblo propietaria de muchas fincas –explica Curro-. Y la chavala parese –de vez en cuando se le escapa el seseo- que se ha dicho aquello de que los duelos con pan son menos.
-Eso es un error –objeta Ponte-. Recuerdo que en una novela que leí, titulada “La pertinaz sequía”, uno de los protagonistas, hablando sobre las bodas de conveniencia, citaba un proverbio escocés: no te cases por dinero, puedes pedirlo prestado con menor interés. Alguien se lo tendría que decir a esa muchacha que tiene una carita atractiva y atesora más curvas que un circuito de fórmula uno. Una joven así podría emparejarse con quien quisiera.
-Es lo que le repito la mitad de los días, pero no está por la labor –explica Curro que para evitar malos entendidos añade-. Arregla mi habitación, por eso la veo diariamente y de vez en cuando echamos una parrafada.
-Y hay que ver lo bien que habla castellano –comenta Álvarez.
-Lleva ya bastantes años viviendo aquí –cuenta Salazar-. Me contó que sus padres vinieron a trabajar al pueblo a principios del dos mil, cuando el boom inmobiliario estaba por las nubes. Ella era una niña y, como todos los críos, aprendió el idioma rápidamente. Luego llego la puta crisis del dos mil ocho, al padre le echaron de la constructora en la que trabajaba de albañil, a la madre le afectó un ERE que hizo la cooperativa naranjera del pueblo y el resultado fue que tuvo que arrimar el hombro y ponerse a currar. Durante el verano trabaja en el hostal y cuando termina la temporada está de camarera en un parador de carretera que aquí hay varios.
-Con ese par de pitones que se gasta y ese pompis tan provocativo no le va a faltar curro –comenta jocosamente Álvarez.
-Por supuesto, pero ella a lo que aspira es a ser una señora. Por eso tiene el novio que tiene, para que la saque de pobre –sigue explicando Curro-. Y es posible que así sea, pero va a tener que soportar berrinches a tutiplén porque el fulano es más celoso que el Otelo ese del teatro y ensima tiene mala leche como para parar un tren.
-¿Aquí hay muchos guiris? –pregunta Ponte a quien la conversación sobre la camarera le aburre.
-Había –quien contesta es Álvarez-. Cuando el boom de la construcción esto se llenó de extranjeros que venían como las moscas a la miel. Especialmente de africanos y de gente del este de Europa: polacos, ucranianos, checos y sobre todo rumanos. Se calcula que llegaron a vivir más de dos mil, lo que para una localidad de poco más de cinco mil vecinos es una cifra astronómica. Luego, como ha contado Curro, llegó la crisis, se acabó el trabajo y la mayoría desapareció. Solo quedaron los que habían conseguido un trabajo estable y los que, de alguna manera, se habían enraizado en el pueblo. Ahora los guiris que más abundan son los turistas, en verano, claro, aunque esta playa sigue siendo feudo de los veraneantes nacionales.
-Debe ser así porque en el puesto de periódicos solo he visto prensa nacional, ningún diario extranjero. Y otro dato curioso, hay más cabeseras vascas y navarras que de otras regiones –observa Salazar.
-Eso también tiene su explicación –dice Álvarez que es quien mejor conoce el pueblo-. Aquí parece que desde antiguo, hay una amplia colonia de veraneantes vascos y navarros. Muchos de los chalés de las callejuelas que lindan con El Palmeral son propiedad de gente de esas comunidades. Y es que a los del norte, como a todo hijo de vecino, les gusta lo que no tienen, en este caso el sol y en cuanto tienen la menor oportunidad salen disparados a buscarlo.
-¿Y de qué otras regiones hay veraneantes? –pregunta Ponte.
-Hay bastantes aragoneses, madrileños, de ambas Castillas, de otras partes de la Comunidad Valenciana y algún que otro catalán. En cambio –añade Álvarez dirigiéndose a Curro-, no hay andaluces, al menos yo no he conocido ninguno desde que veraneo aquí, tú eres el primero.
   Y espero que el único, se dice Salazar, que lo justifica.
-Es natural que no haya paisanos, esto queda bastante lejos de Andalucía que, por otra parte, tiene muchos quilómetros de playas a las que acudir. Y si yo estoy aquí es más por una casualidad que por otra razón y porque me gusta visitar lugares para mí desconosidos.
-¿Una casualidad…? – inquiere Álvarez tan indiscreto como suele.
-Es una forma de hablar. Por sierto –Curro da un quiebro a la conversación llevando a la práctica el principio de si no quieres que te pregunten, pregunta tú antes-, Luis, tú que conoces mejor esta zona ¿qué lugares cercanos me recomiendas para visitar?
-Pues mira, para empezar te recomiendo los sitios más cercanos, Oropesa del Mar al sur y Alcossebre, que es la playa de Alcalà de Xivert, al norte –y Álvarez hace una sucinta descripción de ambos lugares-. Oropesa, Orpesa en valenciano, cuenta con excelentes playas entre las que destaca la de La Concha, aunque su paraje más publicitado es Marina d´Or. En cuanto a Alcossebre tiene cinco grandes playas, en una de ellas, Las Fuentes, existen varios manantiales de agua dulce que nacen dentro del mar.
   Luego Álvarez le recomienda que también debe visitar Peñíscola, que se asienta sobre una península rocosa, con el famoso castillo del Papa Luna, unas excelentes playas y una de las sierras costeras más vírgenes de la costa valenciana, la Sierra de Irta. Y en el interior de la provincia no debe dejar de visitar la ciudad de Morella, que tiene preciosos monumentos como la Iglesia Arciprestal y, especialmente, el castillo que corona el pueblo y las murallas medievales que están muy bien conservadas.
   Con tantas explicaciones, la tarde ha comenzado a declinar y Salazar es el primero en despedirse.
-Bueno, ya es hora de irme –dice Curro-. Ahora que no pega tanto el sol y en la playa comiensa a clarear la gente voy a dar un paseo. Mañana será otro día y a ver si esta noche repasáis el manual –sugiere con una sonrisa burlona dedicada a Ponte y Álvarez que han sido los perdedores de la partida de dominó.
   Grandal vuelve a ser el único que se da cuenta de que al salir de la terraza y pasar al lado de Anca, Curro le ha dado un leve azote en el trasero que tiene por respuesta una sonrisa maliciosa de la muchacha.
-Este fulano –dice el expolicía-, o se ha tirado a la tal Anca o está en camino de hacerlo. Y tiene buen gusto el jodío porque la muchacha está de toma pan y moja.
¿Tú crees? –pregunta Ballarín que en asuntos de sexo es el más cándido.
-Yo no sé si se la tira, pero lo que os aseguro es que el tal Curro miente sin venir a cuento –afirma Álvarez-. Esta mañana hemos estado tomando unas cervezas y le he pillado en un renuncio de lo más tonto. Me estaba hablando de una novia que tiene en Sevilla y luego me cuenta que donde está es en Marbella.
-Hombre, puede que sea así –justifica Ponte.
-No lo es. Tal y como lo ha contado lo de Marbella solo ha sido un pegote para despistar.
-A mí me da en la pituitaria –opina Grandal- que este fulano no es trigo limpio.

PD.- Hasta el próximo viernes

viernes, 15 de septiembre de 2017

18. Pasemos página



   Álvarez ha tenido que ir al súper de la playa. En la compra del día anterior se le olvidó algo tan básico como la sal y aunque a su edad no es nada recomendable abusar del cloruro de sodio una ingesta sin una pizca de sal es incomible. Puesto que cerca del súper hay varios bares, al salir del súper decide tomarse una caña. Se encamina hacia uno de ellos cuando alguien le chista, en la terraza del hostal está Curro que es quien le ha llamado la atención.
-¿Dónde vas? –pregunta el andaluz.                                                                                                                   
-Pensaba tomarme una caña.
-Vente para acá que hay mejor sombra y nos tomamos unas birras juntos. –Curro llama a la camarera-. Anca, tráenos dos cañas y algo para picar que no sean patatas fritas. ¿Qué tal la cena de anoche?, ¿qué os preparó la mujer de Jacinto?
-Preparó unos espaguetis con almejas que estaban francamente ricos. Ah, y no es su mujer –La discreción no es el fuerte de Álvarez-. Podríamos decir que es su novia aunque mantienen una relación bastante curiosa.
   Álvarez le explica que durante el resto del año, Chelo y Jacinto no viven juntos sino cada uno en su casa. Como Chelo trabaja mucho, especialmente los fines de semana, solo se juntan los lunes que es el día en que hacen vida conyugal. Los amigos cuando hablan de los lunes de Grandal se refieren precisamente a esa especial relación. Lo que ya no cuenta el madrileño es que Chelo trabaja de escort, que es como los modernos llaman a las peripatéticas de siempre, y que fue en una redada de furcias de lujo donde el entonces comisario Grandal la conoció.
-Bueno, yo también tengo novia –comenta Curro-, que es toda una mujer, bragada como ella sola y, si digo la verdad, cada día que pasa la echo de menos.
-Queda todavía mucho verano. ¿No va a venir?
-¡Qué más quisiera!, pero ha de currar. Es la dueña de una tienda de regalos y souvenirs –Salazar miente, cuando la conoció solo era una empleada a la que prometió comprarle un establecimiento similar. Su apresurada huida hizo que no pudiera cumplir su promesa-. Y como en agosto Sevilla –nada más citar la ciudad se lo reprocha, tiene que dar el menor número posible de datos concretos sobre su vida-, bueno, quien dice Sevilla dice todas las ciudades andaluzas, se llenan de guiris no le es posible dejarla. ¿Te puedes imaginar cómo se pone Marbella de turistas, que es dónde tiene la tienda? Aquello es de locura.
-¿Y tú en qué trabajas? –pregunta sin venir a cuento Álvarez que si no es discreto para contar las vidas de sus amigos tampoco lo es para preguntar a alguien a quien acaba de conocer.
   Salazar ha aprendido a mentir con suma facilidad:
-Trabajaba en una empresa de tubos, pero hubo una reestructura hace poco, dieron muchas facilidades y un suculento finiquito a los que quisieran marcharse. Me lo pensé y opté por coger la guita y salir por la puerta grande. He decidido estar tres meses descansando y luego buscaré algo. Vosotros debéis estar jubilados, ¿no?
   Álvarez se despacha a gusto. Cuenta que él trabajó prácticamente toda su vida en el Canal de Isabel II, la empresa que gestiona el ciclo integral del agua en la Comunidad de Madrid. Y que Ponte fue empleado, primero de Hidroeléctrica Española y luego de Iberdrola, una de las compañías eléctricas más importantes de Europa. En cuanto a Grandal era policía y llegó a ser un comisario de mucha fama, hasta salía en la prensa. Lo de la policía dispara los recelos del fugitivo.
-¿Y dónde estuvo de policía? –pregunta Curro.
-No tengo ni idea de los sitios en los que pudo estar, lo que sí sé es que, más o menos, en los últimos veinte años estuvo destinado en Madrid.
   La respuesta tranquiliza a Salazar. Si Grandal estuvo las dos últimas décadas en Madrid y a ello se le suman los años que debe llevar jubilado, eso quiere decir que aunque en algún momento hubiese estado destinado en Sevilla ha pasado el suficiente tiempo para que no sepa nada del caso de los EREs, más allá de lo que publican los medios.
-¿Y el amigo que falta a qué se dedicaba?, lo digo porque supongo que también estará jubilado.
-¿Ballarín?, jubiladísimo. Aunque lo que son las cosas, es el único del cuarteto que podría seguir trabajando si quisiera. Era dueño de una ferretería del barrio de Gaztambide. Como propietario podía seguir faenando, pero un buen día le hicieron una suculenta oferta por el local, que era de su propiedad, para instalar un bazar de chinos y no se lo pensó. Lo vendió y desde entonces se da la gran vida. De los cuatro es el que tiene más pasta. Bueno, me perdonarás pero Manolo debe estar pensando que me he perdido. Lo he dejado preparando una sopa de sobre qué es lo único que sabe hacer. Sobre las cinco nos esperas para la partida. Hasta luego.
   Hoy ni Álvarez ni Ponte han tenido una siesta pesada. Han echado una cabezada después del almuerzo y antes de que llegue Grandal desde Marina d´Or ya están en pie y listos para la partida. Cuando los tres amigos llegan a la terraza del hostal, ya está allí Curro esperándoles. Hoy las fichas han emparejado a Grandal y Salazar que ganan las dos primeras partidas como si fuera un paseo militar, lo que da lugar a que no jueguen la partida de desempate y que la tertulia sea más larga que de costumbre. Como tampoco hay tantas cosas de las que hablar, al final terminan charlando de un tema muy actual: las gestiones para formar gobierno.
-El Mundo de esta mañana –explica Ponte-, al menos la versión on line, trae la rueda de prensa de Rajoy tras reunirse con Rivera. El líder de Ciudadanos le ha traslado al presidente del gobierno en funciones que su partido se mantiene en la abstención.
-¿Y Rajoy qué le ha contestado? –quiere saber Grandal.
-Ya te puedes figurar, una gallegada. Algo así como que han dado un primer paso y así es como empieza el más largo de los caminos.
-Pues El País destaca como noticia principal que el bloqueo político se agrava tras la reunión entre Rajoy y Sánchez –comenta Grandal-. Y también cuenta que el líder del PP ha subrayado que si el PSOE se mantiene en su no es no, habrá nuevas elecciones. A lo que el Secretario General de los socialistas ha contestado que si las derechas le rechazan, ¿por qué la izquierda va a apoyarles?
-Esto de las portadas de la prensa tiene su miga. ¿Sabéis que trae el ABC como noticia destacada? Pues que el paro baja en más de ochenta mil personas en el mejor julio de los últimos veinte años y que el número de cotizantes a la Seguridad Social se acelera –refiere Álvarez.
-Yo solo he ojeado El Mediterráneo, que es el diario que recibe el hostal, y su noticia de nacional más destacada es similar a lo que ha contado Manolo, que Rajoy y Rivera abren camino a la negociación y urgen al PSOE a mover ficha –comenta Salazar a su vez.
-Tenemos unos políticos que son una mierda –opina Álvarez-. ¿Cuál es el mayor problema que tiene hoy España? Siendo importante la constitución del nuevo gobierno, que lo es, pero el problema peliagudo no es ese sino la provocación de los secesionistas catalanes. ¿Qué es eso de pretender partir un país que es el más antiguo de Europa?
-¿Y eso cómo se soluciona? –pregunta Curro.
-Yo lo tengo claro –responde el interpelado-. Uniéndose los dos partidos constitucionalistas mayoritarios; es decir, el PP y el PSOE, formando un gobierno que tendría los votos suficientes para reformar la Constitución, cargarse la melonada de las comunidades autónomas y que en España no hay más que un estado, no diecisiete.
-Luis, solo te falta que añadas que España, además de una, es grande y libre. Y si después resucitamos a Franco pues ya está todo arreglado –comenta con sorna Grandal.
-Tú tómatelo a broma, pero la única solución es la que he dicho y para ello no hace falta Franco sino políticos que tengan los huevos que le sobraban al Caudillo.
-Bueno, hay otra solución –interviene Salazar-, que se acepte la propuesta del PSOE de una España federal.
-A mí no me parecería mal, si supiera la diferencia que existe entre un estado de las autonomías y otro federal –apunta Grandal-. Porque vamos a ver, sino recuerdo mal un estado federal es una unión de estados que gozan de autonomía e incluso soberanía en importantes aspectos de la política interna, pero que se integran en un estado de nivel superior organizado mediante una constitución propia y se someten al poder central o federal. Los dos ejemplos de estado federal que siempre se citan son los Estados Unidos de América y la República Federal Alemana, pues bien, cualquier comunidad autónoma española tiene más poderes que ninguno de los estados que conforman esos dos países. Para ese camino de la federalización, como diría Sancho, no hacen falta alforjas –remacha el excomisario.
-Bueno, ya está bien de cháchara política –les reconviene Ponte-, mejor que pasemos página.
  

PD.- Hasta el próximo viernes

viernes, 8 de septiembre de 2017

Capítulo 5. Un romance en el filo de la navaja.- 17. Boccato di cardinale



   Álvarez y Ponte han quedado con Grandal en verse sobre las cinco de la tarde. Tras comer la paella, ambos se han echado un ratito para hacer la imprescindible siesta. Su sueño debe de ser profundo porque no oyen el timbre. El excomisario, que es quien está llamando, tiene que aporrear la puerta para que sus amigos despierten.
-Perdona, Jacinto, nos hemos quedado sobados –se excusa Álvarez.
-Y sordos. Manolo, ¿todavía está en el sobre?
-Ahora sale, se está refrescando la cara. ¿Qué tal Chelo, no te ha puesto mala cara por dejarla sola? –pregunta Álvarez.
   Grandal va a responder cuando aparece Ponte que le da un abrazo.
-Jacinto, te estábamos esperando como agua de mayo –dice Ponte y dirigiéndose a Luis le recuerda- Hemos quedado con Martínez sobre las cinco y cuarto.
-¿Quién es Martínez? –quiere saber Grandal.
    Álvarez le cuenta la cena de la noche anterior y como trabaron amistad con un desconocido que resultó ser también aficionado a jugar al dominó.
-… y hemos quedado con él que nos vemos esta tarde para echar una partida. Mientras no venga Amadeo será el cuarto que nos falta.
-¿Y de dónde ha salido ese paisano?
-Solo sabemos que se llama Francisco Martínez, que se aloja en el hostal y que le gusta el dominó –explica Álvarez.
-Y que no le gusta que le hagan preguntas –añade Ponte.
   Los tres amigos se dirigen a la terraza del hostal donde, en efecto, sentado en una mesa de la terraza está esperándoles el llamado Martínez, que no es otro que Curro Salazar. Ante sí tiene un café y una copa.
   Álvarez hace las presentaciones.
-Si me permiten me gustaría invitarles a esta primera ronda –pide Curro que sigue usando el falso apellido de Martínez-. Es una manera como otra de agradecerles que me acepten como compañero de juego.
-Anoche ya nos invitó. Si volvemos a aceptar va a pensar que se ha juntado con unos gorrones. Haremos como en Madrid, que pague las consumiciones la pareja que pierda –propone Ponte.
-¿Eso es coñac? –pregunta Grandal señalando la copa medio vacía de Curro.
-Sí señor. Es uno de mis pequeños vicios. Si tomo café sin acompañarlo con una copa es como si me faltara algo. Y eso a pesar de que un amigo de Jerez cuando me ve tomarlo me recuerda el dicho de su tierra: el vino para beberlo y el coñac para venderlo. ¿A usted también le gusta?
-Me gustaba y aún lo sigo tomando pero en pequeñas dosis, las que me permite la úlcera.
-Bueno, basta de cháchara –corta Álvarez al tiempo que vuelca las fichas de la caja que acaba de traerles el camarero-. ¡Qué mierda de dominó!, parece de juguete. Mañana voy a traer el mío que es un dominó de verdad y no esta porquería.
   Echan a fichas la formación de las parejas.
-Bueno, señor Ponte  le toca jugar conmigo. Como estoy algo desentrenado espero que me perdone los fallos que pueda cometer que seguro que serán muchos –se disculpa Curro con falsa modestia.
-Por favor, llámeme Manolo que es como me llaman mis amigos.
-Yo creo que lo que hemos de hacer es dejarnos de ringorrangos y tutearnos. –sugiere Álvarez.
-Por mí, encantado. Y llamadme Curro que es como me llaman los amigos, y que como sabréis es la versión andaluza de Francisco.
-¿Eres andaluz –pregunta otra vez Álvarez.
-Pues sí, pero he vivido en otras muchas partes. Os habréis dando cuenta de que apenas sí tengo acento y es que he recorrido muchos sitios. ¿A cuántos puntos soléis jugar? –una vez más Curro cambia de tema de conversación.
-Al mejor de tres partidas.
   En cuanto han hecho un par de juegos, Ponte constata que Curro es un buen jugador, bastante mejor que él, aunque tiene la tendencia de jugar para sí sin tener en cuenta que forman un equipo. El resultado final es de dos a uno a favor de Álvarez y Grandal que están más acostumbrados a jugar de pareja. Después de los obligados comentarios sobre la marcha de las partidas y las diversas incidencias ocurridas, se produce una pausa en la charla. Antes de que la reiniciación pueda deparar derroteros incómodos para un fugitivo, Curro formula una pregunta genérica de un tema muy actual y que aparentemente no presenta peligro.
-No sé si habéis leído hoy la prensa, ¿pero qué os parece el hecho de que Sánchez no negociará con Rajoy la oferta para su investidura?
-¿Dónde has leído eso? Esta mañana he estado ojeando el ABC y lo que decía es que el PP ofrece sostén territorial al PSOE a cambio de desbloquear la investidura –comenta Ponte.
-Lo leí en El País, es una de las noticias que trae en la portada –contesta Curro.
-O sea, que la constitución del nuevo gobierno está bloqueada –dice Álvarez-. Si es que la cabra siempre tira al monte. Sánchez al fin y al cabo es más rojo que Fidel Castro y lo que terminará haciendo es aliarse con los muchachos de Podemos para formar un gobierno de los que llaman de progreso. ¡Menudo progreso! Al final lo que formarán será un nuevo Frente Popular, como en el treinta y seis.
-Para el carro, Luis, no seas extremista. El PSOE de ahora no es el del treinta y seis y en cuanto a los niñatos de Podemos solo son unos revolucionarios de salón. Ninguno de ellos ha cogido en su vida un pico, toda la fuerza se les va por la boca –replica Grandal- ¿Tú qué opinas Curro?
   La directa pregunta de Grandal mete a Salazar en un apuro. Si cuenta lo que de verdad piensa pondrá de manifiesto su izquierdismo de manual y se ganará la enemiga de sus nuevos y vejestorios amigos que por lo que opinan son unos fachas de cuidado. Está tratando de encontrar una respuesta que sea políticamente correcta cuando Ponte le salva del compromiso.
-Os queréis dejar de cháchara política de una vez. Gobierne quien gobierne a los jubilados como nosotros nos van a dar para el pelo igualmente. Por tanto, dejaros de politiqueos y hablemos de cualquier otro asunto que sea más agradable y real. Por ejemplo de la cena de esta noche. Jacinto –pregunta dirigiéndose a Grandal-, ¿te quedas a cenar con nosotros o vuelves a Marina d´Or?
-¡Coño, se me había olvidado decíroslo! Chelo me ha pedido que esta noche seáis nuestros invitados. Va a hacer espaguetis a la vóngole con almejas que es uno de los platos que mejor le salen. Y de postre unas natillas de vainilla con caramelo que es otra de sus especialidades. Ah, y me ha dejado bien claro que no aceptará un no como respuesta. O sea, que si no queréis que la tenga de morros lo que resta de verano, esta noche cenamos en casa de Jennifer.
-¿Quién es Jennifer? –pregunta Álvarez tan curioso como siempre.
-La amiga de Chelo que nos ha prestado el apartamento. En realidad, su verdadero nombre es Nicolasa, el de Jennifer es, digamos, su nombre de guerra –y dirigiéndose a Curro le explica-. No te invito porque a Chelo no le gusta que lleve a desconocidos. Habrá más ocasiones para que puedas venir con nosotros.
-Faltaría más. No tienes porqué disculparte. Estoy a pensión completa, por tanto no tengo que preocuparme por las cenas, aunque como los menús suelen ser repetitivos alguna noche voy a comer a otra parte, como anoche a la pizzería.
-¿Aquí hay una pizzería? –indaga Grandal que, ante el gesto afirmativo de Álvarez, explica-. Estupendo, ya tengo excusa para traerme alguna noche a Chelo pues le encantan las pizzas y así podremos montar una partida nocturna que hace la tira de años que no hacemos ninguna.
   Álvarez y Ponte se han puesto de tiros largos porque saben que a Chelo le gusta la etiqueta, quizá porque en su profesión la etiqueta brilla por su ausencia. La mujer esta radiante, pocas veces tiene la oportunidad de lucir sus habilidades culinarias. Durante la cena explica a los amigos de su novio, así suele llamar a Grandal, la receta de la pasta que ha preparado. Ha puesto las almejas en agua fría con sal que ha cambiado un par de veces para que suelten la arena, durante unas dos horas, y luego las ha escurrido bien. Después las ha puesto en una cazuela con agua hirviendo para que se abran y ha guardado el caldo. Mientras tanto ha puesto la pasta a cocer. En otra cazuela con agua ha echado sal y laurel y cuando comienza a hervir ha añadido los espaguetis y los ha cocido durante ocho minutos, tras lo cual los escurre. Ha picado unos ajos y los ha freído en una sartén con aceite y cuando se han dorado ha incorporado las almejas. Ha agregado el caldo de la cocción y lo ha dejado hervir durante un par de minutos, después los ha retirado del fuego y los ha triturado hasta conseguir la salsa. Ha cortado por la mitad unos tomates cherry y los ha salteado en una sartén, luego ha mezclado los espaguetis con la salsa de las almejas para que se conjunten bien todos los ingredientes. Finalmente, ha puesto en la base del plato los espaguetis con la salsa de almejas y los ha decorado con los tomates cherry y unas hojas de albahaca.
   Los invitados, exagerando la nota, se deshacen en elogios ante la buena mano que Chelo ha mostrado tener. A la mujer se la ve radiante ante los plácemes de los amigos de su novio pues no está acostumbrada a ellos. Ponte pone la guinda a  las alabanzas expresándolo en italiano:
- Chelo esto es boccato di cardinale.

PD.- Hasta el próximo viernes