martes, 18 de abril de 2017

123. Arroz senyoret para míster Connolly



   En la conversación que Grandal mantuvo con Pérez Recarte y Kevin Connolly en el Hotel Barceló Emperatriz de Madrid, el norteamericano comentó que sentía una gran curiosidad profesional ante el hecho de que un grupo de jubilados que no tenían ninguna formación policial, a excepción del excomisario, habían sido capaces de iniciar investigaciones, encontrar pistas y realizar certeros análisis determinantes para impulsar la investigación del Caso Inca. Y ello sin ninguna clase de ayuda tecnológica lo que añadía más mérito a su actuación. También dejó caer que le gustaría reunirse con los cuatro para conocer personalmente como actuaron grupalmente, puesto que en sus muchos años de investigador y analista nunca se había encontrado con un caso tan singular.
   Cuando el excomisario se lo contó a sus amigos, los vejetes fliparon en colores de que un agente de la todopoderosa CIA estuviese interesado en conocerles y en saber cómo habían llevado a cabo sus investigaciones. Han pasado más de veinte días y Grandal casi se ha olvidado de la conversación con los dos agentes de inteligencia cuando casi terminando mayo recibe una llamada. Es un número privado.
- ¿Comisario Grandal? Soy, Enrique Pérez Recarte. ¿Qué tal, cómo está?
- Bien, Enrique, ¿cómo van las cosas?
- Le llamo porque el norteamericano que le presenté no hace más que darme la vara sobre cuando nos juntamos con usted y sus amigos. Kevin dice que nos quiere invitar a comer a todos. Pueden ustedes elegir día, hora y lugar. Por supuesto la cuenta va a cargo de míster Connolly. Ah, un dato, elijan el restorán que más les apetezca, pero les adelanto que el yanqui se pirra por la cocina típicamente española, dice que bastantes hamburguesas ha comido en su vida.
- Podríamos elegir un sitio especializado en cocidos, fabadas, arroces o algo por el estilo.  
- Casi le sugiero mejor la paella, le encanta.
   Quedan en que elegirán el lugar y que en cuanto tengan decidido día y hora se llamarán. A Grandal le falta tiempo para contactar con sus amigos: el norteamericano quiere conocerles y les invita a comer. Discuten sobre un lugar famoso por sus arroces: Ponte sugiere la Casa de Valencia, Ballarín apuesta por El Garbí y Grandal por L´Albufera Moraleja hasta que Álvarez con su pregunta revienta el asunto.
- Pero bueno, ¿habéis comido en esos sitios o habláis de oídas?
   Resulta que el único restorán en el que todos han estado es la Casa de Valencia, en el Paseo de Rosales, los otros los han citado porque han oído hablar bien de ellos.
- Reconozco que la Casa de Valencia tiene fama – acepta Álvarez -, pero yo tengo una oferta que si no es mejor sí es más novedosa. Hay un restorán llamado Torrenostra que está en la calle Moreto, en pleno centro, y en el que preparan un arroz senyoret que a buen seguro el yanqui no ha probado en su vida.
- ¿Qué coño es eso del arroz senyoret? – pregunta Ponte.
- En español se llamaría arroz señorito y sus ingredientes básicos son arroz bomba, sepia, mejillones, gambones o langostinos y gambas – explica Álvarez.
- O sea, que en definitiva es un arroz con pescado, tampoco es que eso sea tan novedoso – objeta Ballarín.
- ¿Y por qué se llama arroz señorito? – se interesa Grandal.
- Porque los que lo comen pueden comportarse en la mesa como tales. No tienen que mancharse los dedos sacando los mejillones de sus valvas pues eso ya lo han hecho en la cocina, ni tienen que pelearse con el tenedor y el cuchillo para pelar las gambas o los langostinos, pues ya vienen pelados, ni cortar la sepia que ya está troceada. Es un arroz para gente fina o sea para señoritos.
- ¿Y tú de qué conoces ese restorán o también hablas de oídas? – inquiere un picajoso Ponte.
- Lo conozco, de hecho he estado varias veces. Mi hijo Nacho compró hace años un apartamento en Torrenostra, una playa al norte de la provincia de Castellón, y alguna vez solía ir a comer a un restorán de allí, creo recordar que se llamaba el Bahía, en el que preparaban buenos guisos de la tierra. Allí fue donde se aficionó al arroz senyoret. Pues bien, la misma familia que regentaba aquel restorán es la que ha abierto el que os he comentado en Madrid y en el que sirven unos arroces como para chuparse los dedos. El yanqui habrá comido paella muchas veces, pero un arroz así seguro que no. Ya veréis como le va a encantar.
   Y así quedan. Álvarez se encargará de hacer la reserva y Grandal le informa a Pérez Recarte el día, hora y el lugar de la comida.
- Y adelántale a míster Connolly que va a probar un arroz como nunca ha comido.
   Al agente norteamericano lo primero que le choca al conocer a los amigos de Grandal es que son muy viejos, casi se les podría calificar de ancianos. Lo que hace aumentar su interés por como aquellos vejestorios han sido capaces de encontrar pistas, seguirlas y analizar con tanta finura los resultados. Se dice que sus colegas de Washington no le creerán por mucho que les cuente, por eso les pregunta si tienen algún inconveniente en que les haga algunas fotos. Lo que no consiguen los jubilados es que el yanqui pose junto a ellos.
   Antes del plato fuerte les han servido unos entrantes a base de ensalada de gulas, mejillones a la marinera y vieiras con foie. Y como preveía Álvarez, al norteamericano le ha encantado el arroz senyoret, tanto que ha repetido una y otra vez hasta que en la paellera no queda ni un grano. La degustación le ha debido sentar tan bien a Connolly que durante los postres se arranca a hablar sin que nadie le haya preguntado nada. Y cuenta a los viejos dos noticias referentes al robo del tesoro.
   Lo primero que el norteamericano relata es que, paradójicamente, el desenlace del robo sigue estando muy ligado a las conversaciones FARC-Gobierno colombiano. Conversaciones que, en sus últimos momentos, han estado en un tris de romperse por el empeño de los guerrilleros en que se les considere como víctimas y no como victimarios. Por su parte, el gobierno del presidente Santos ha insistido en que los acuerdos deben de ser avalados por un plebiscito popular a realizar una semana después de la firma oficial de los Acuerdos de La Habana. El gobierno teme que los partidos opositores a los acuerdos boicoteen su aprobación en el Congreso de la República. Pese a todo, los obstáculos se están superando y según fuentes del gobierno estadounidense podrían firmarse los acuerdos de paz en la segunda quincena de junio. Y hasta que no se firmen los acuerdos de paz es muy posible que no acabe el culebrón del Caso Inca.
   El plato fuerte de las explicaciones de Connolly y que deja con los ojos a cuadros a sus contertulios es lo que les cuenta a continuación. En una operación, realizada en Francia, en París exactamente, en la que han intervenido las policías española y francesa con el apoyo de varias agencias norteamericanas y la coordinación de Interpol, han sido detenidos casi todos los integrantes de la banda que llevó a cabo el asalto al furgón blindado ante el Museo de América y que fue el origen de lo que posteriormente se ha conocido como Caso Inca. La pista que llevó hasta el grupo de atracadores fue el colombiano Efraím Gomes que fue identificado por el grupo del comisario Grandal. El núcleo de la banda estaba formado por colombianos con algunas incrustaciones de albanokosovares y belgas. 
- Esa noticia no la he leído en ningún medio y desde que nos dijeron que el final del robo podía llevarse a cabo fuera de España todos los días doy un repaso a los titulares de los principales periódicos europeos – objeta Ballarín.
- Es que la operasión, a la que en honor a ustedes se llamó Erant que en latín quiere desir jubilado, fue una actuasión secreta y que no llegó a los medios. Posteriormente se filtró a la prensa como la detensión de una banda de ladrones sin más. Y tengo que reiterar que sin la colaborasión de ustedes la localisasión y apresamiento de la banda habría sido mucho más problemática. Yo no sé qué piensan haser los mandos de la polisía española – y al decirlo, Connolly mira de refilon a Pérez Recarte que asiste de invitado de piedra a la conversación -, pero en nombre de los agentes extranjeros que hemos partisipado en la investigasión les doy las grasias por su colaborasión y ayuda.
- O sea, que al fin han pillado a los autores materiales del robo. ¿Y qué pasa con los autores intelectuales, los han detenido o están en ello? – pregunta Grandal.
- Estamos en ello porque como expliqué antes hemos de plegarnos a los meandros de las conversasiones de La Habana – explica Connolly.
- Y con las piezas quimbayas robadas, ¿qué pasa, ya están otra vez en el Museo de América? – pregunta Ponte.
- De las joyas del Tesoro Quimbaya – el que contesta es Pérez Recarte - solo se han recuperado las tres piezas que le enseñaron a la profesora de Zaragoza para su datación, el resto sigue sin aparecer – es la sorprendente respuesta del hombre del CNI.

domingo, 16 de abril de 2017

*** Último capítulo de “El robo del Tesoro Quimbaya”



El pasado viernes colgué en el blog el primer episodio del capítulo 25, el último de la novela. Lo que significa que en dos semanas habrá finalizado “El robo del Tesoro Quimbaya”, narración que comencé a publicar el dieciséis de febrero del dos mil dieciséis. Casi catorce meses desde su inicio y después de ciento veinticinco episodios publicados la novela llega a su término. A esa cantidad de episodios hay que sumar una veintena de posts informativos, lo que supone que durante ciento cuarenta y cinco días el blog ha estado operativo.
Espero que quienes la hayan seguido se habrán entretenido tanto leyéndola como yo me he divertido escribiéndola. Porque en definitiva la última meta de un autor de novelas no es otra que entretener a sus lectores. Nada más ni nada menos.

viernes, 14 de abril de 2017

Capítulo 25. El final del Caso Inca.- 122. La orden de stand by salta por los aires



   A mediados de mayo Grandal, tras mucho tiempo sin tener noticias sobre la marcha de las investigaciones del Caso Inca, recibe una llamada de Atienza.
- Hombre, Juan Carlos, dichosos los oídos, cuanto tiempo sin saber de ti. ¿Qué me cuentas de nuevo?
- Para eso te llamaba, comisario, para echar una parrafada contigo y darte las gracias por tu impagable información sobre Efraím Gomes. No puedes imaginarte lo que supuso para la investigación del robo.
- El hecho de haber podido ayudaros fue mi mayor satisfacción. Volví a sentirme tan policía como en los viejos tiempos.
- Bernal, Blanchard y yo nos sentimos en deuda contigo y hemos pensado en invitarte a comer y de paso contarte, hasta donde nos sea posible porque al caso le faltan todavía algunos flecos, lo que siguió a tu identificación del sicario colombiano.
   El excomisario está a punto de aceptar la invitación cuando una imagen cruza su mente: la de sus jubilados amigos azacaneándose por los alrededores del Polideportivo de La Elipa fotografiando a todos los coches de los presuntos amigos del Efraím.
- Te voy a ser sincero, Juan Carlos, iba a decirte que por mí encantado pero no sería justo que me dierais las gracias solo a mí. Aquello fue un trabajo de equipo y tanto o más mérito que yo lo tienen mis amigos. Sin la colaboración y el esfuerzo de Ballarín, Álvarez y Ponte yo solo no hubiera conseguido nada.
   Por lo que contesta Atienza da la impresión de que algo así ya lo esperaba.
- Me consta que es como dices, pero eso tiene fácil remedio. Extendemos la invitación al trío y les dices de nuestra parte que para nosotros será un honor compartir mesa y mantel con unos sabuesos que han demostrado tener tanto olfato policial como su jefe. Porque creo que a veces te llaman así.
- Esa actitud os honra y muy gustosamente les haré llegar vuestra invitación. Aunque no sé si aceptarán, ya sabes que las relaciones entre mis amigos y vosotros no siempre han transitado por un camino de rosas precisamente.
- Diles que por nuestra parte no tenemos nada que reprocharles y si en el pasado hubo algunas fricciones las hemos olvidado. Diles también que les vamos a contar aspectos de la investigación que solo unos cuantos saben y que por tanto van a ser unos privilegiados en cuanto al conocimiento de cómo marchan las penúltimas fases del caso. Como estoy seguro que les convencerás, solo tenéis que indicarnos día y hora en que os venga bien que nos reunamos y nosotros elegimos el lugar. Espero tus noticias, comisario.
   Grandal no dilata la transmisión de la oferta de los Sacapuntas. En cuanto termina de hablar envía un WhatsApp al trío de jubilados: Reunión esta tarde, 18 h, en casa. Si alguien no puede mañana mismo lugar y hora. Tengo noticias.
   No hace falta recurrir a la segunda convocatoria, aquella misma tarde están todos reunidos en casa del excomisario quien les cuenta la invitación que han cursado los policías del Caso Inca para comer juntos. Están todos encantados, solo hay una opinión discrepante, la de Ponte que la tiene tomada con el trío, especialmente con el gabacho, como siempre llama a Blanchard.
- Hombre, Manolo, no seas rencoroso, el pobre francés tampoco se ha portado tan mal como para que le tengas ojeriza. Al contrario, ha sido el que más nos ayudó – precisa Grandal.
- A mí es que los tíos que me miran por encima del hombro me tocan los cojones. Y el franchute en cuestión es de lo que cuando te echa el ojo encima parece como si te perdonara la vida.  
- De acuerdo, Manolo, nosotros no aceptamos la invitación y ellos no nos cuentan todo lo que pasó después de que localizáramos al colombiano del béisbol.
- Podrían contárnoslo sin necesidad de que comamos juntos – Ponte sigue emperrado en sus trece.
- Naturalmente que no es necesario que comamos juntos. Lo de la comida no deja de ser un detalle de los Sacapuntas para agradecernos lo mucho que les hemos ayudado.
- Oye, Jacinto – se interesa Álvarez -, eso que has dicho de que quieren agradecernos lo mucho que les hemos ayudado es un invento tuyo o de verdad lo han dicho ellos.
- Si no recuerdo mal, lo que dijo Atienza fue que para ellos será un honor compartir mesa y mantel con unos sabuesos que han demostrado tener tanto olfato policial como su jefe
- Manolo, después de oír lo que acaba de decir Jacinto te la vas a tener que envainar. No solamente vamos a aceptar su invitación sino que además vamos a ir con una sonrisa de oreja a oreja. Como insistas en negarte te retiro el saludo para los restos – Ballarín se ha puesto serio.
   Visto como se ha puesto el patio, a Ponte no le queda más remedio que claudicar, aunque cuando ve el modesto restaurante de barrio al que les han llevado se dice que los polis además de unos prepotentes son unos rácanos. Pese a las apariencias el menú que les sirven está bien preparado y hasta alguno de los platos podría calificarse de excelente. Cuando están terminando el plato fuerte, unas alubias con oreja muy sustanciosas, los policías comienzan a contarles las penúltimas secuencias del caso. Inicia la narración Atienza:
- Cuando nos hicisteis llegar a través de Blanchard la identificación positiva de Efraím Gomes como uno de los participantes en el tiroteo de Fuenlabrada y en el secuestro de Zaragoza, de entrada tuvimos la sensación de que alguien nos había puesto un cartucho de dinamita en la mano y con la mecha encendida. Tuvimos una acalorada discusión sobre qué hacer y en algún momento hasta acusamos al bueno de Michel de traidor, de doble juego y de no sé cuántas cosas más. Nos debatíamos entre la orden de nuestros superiores de no hacer nada respecto al caso y la importancia de la pista que acababais de facilitarnos. Al final, pudo más el instinto policial y nos dirigimos al polideportivo de La Elipa, cuando llegamos resultó que ya no quedaba nadie. Nos tirábamos de los pelos hasta que Michel sacó a relucir las otras fotos que habíais hecho, las de las matrículas de los vehículos estacionados alrededor del recinto deportivo. Tras debatirlo llegamos a la conclusión de que una pista que podía ser trascendental no podíamos dejarla pudrir. Estuvimos de acuerdo en que el mando que mejor podía comprender que nos hubiéramos saltado la orden de stand by era el Jefe de mi Brigada. Le llamé y le pedí si podía recibirnos en su casa aquella misma noche. Ante mi sorpresa no puso ningún inconveniente. Nos escuchó con suma atención y no se extrañó demasiado ante lo que le contábamos. Curiosamente no nos preguntó cómo habíamos conseguido la identificación del sujeto. Solo quiso saber si le habíamos contado a alguien la información. Le dijimos una verdad a medias: que solo lo sabíamos los tres. Nos ordenó que no se lo comentáramos a nadie y que al día siguiente estuviéramos en nuestro despacho, que ya nos llamaría – Atienza hace una pausa y ante su plato de alubias todavía a medias pide-. Eusebio, sigue tú, por favor, porque o hablo o como.
- Pasamos una mañana de pena, transcurrían las horas y nadie llamaba. Debimos dejar seca la máquina del café. Hasta que cerca de las dos nos llamó Ramos, es el jefe de Juan Carlos – aclara Bernal a los vejetes -. Ante nuestra sorpresa y júbilo nos dijo que el Director General Adjunto acababa de levantar la orden de stand by sobre el Caso Inca y que volvíamos a estar operativos. Que ya hablaríamos sobre como habíamos conseguido la pista, pero que por el momento lo prioritario era localizar al colombiano, pero sin detenerle. Michel – pide Bernal -, ponle la guinda al informe.
- Ahí es cuando se reveló la importancia de las fotos que hicisteis en los alrededores de La Elipa. Las matrículas de los coches que fotografiasteis nos permitieron que en menos de cuarenta y ocho horas localizáramos a Efraím Gomes y a varios de sus amigos, algunos de los cuales también eran colombianos involucrados en el mundo de la droga. En cuanto dimos con él nos ordenaron montar una red de vigilancia de manera que no pudiera ni ir a mear sin que lo supiéramos. Al día siguiente de tener identificado al individuo y haber puesto en funcionamiento un triple equipo para su seguimiento y vigilancia, nos convocaron a una reunión en la Dirección General de la Policía en la que solo faltaba una representación del Vaticano. Estaban todos: la Policía Judicial, los de Extranjería y Fronteras, de Cooperación Internacional, los de Seguridad Ciudadana, del CNI, la Interpol, de la DEA, la CIA, un representante de la División Internacional de mis colegas parisinos y posiblemente me olvide de alguien. Aquello más que una reunión policial parecía la ONU. Y… - el francés mira a Atienza – remata tú la faena Juan Carlos.
- Y hasta aquí podemos contaros – es cuanto dice Atienza.
- ¡Qué cabrones – exclama Álvarez que, como el más temperamental de todos, no ha podido contenerse -, a eso se le llama dejarnos con un palmo de narices!