martes, 14 de marzo de 2017

113. Quien tuvo, retuvo y guardó para la vejez



   Ponte abre el ordenador a ver que cuenta la prensa en esta fecha de seis de abril de dos mil dieciséis. Hoy elige El País, cuyo titular de entrada dice: El Gobierno interviene los pagos de dos autonomías. Si es que este invento de las autonomías seguramente que fue bienintencionado, se dice el viejo, pero su desarrollo no ha podido ser más catastrófico; están casi todas endeudadas y así les luce el pelo, aunque sería más correcto decir que así nos luce porque luego las deudas las pagamos los ciudadanos de a pie. Al titular de salida apenas si le echa un vistazo. En cambio, le llaman la atención dos noticias de internacional. Una es: El jefe de Gobierno de Islandia, primera víctima de los papeles de Panamá. Esto de la corrupción de los políticos parece que se da en todos los sitios, hasta en un lugar tan frío como Islandia, piensa Ponte. La otra noticia es: Bruselas propone cambiar el sistema europeo de asilo. Mejor que regulen lo de la entrada de inmigrantes porque es algo que no lo va a parar nadie por muchos muros que construyan. En esas que suena el teléfono. Mira la pantalla, es Grandal.
- Manolo, buenos días. Igual te pillo en un mal momento.
- ¡Qué va!, estaba leyendo la prensa para ponerme al día. ¿Qué me cuentas?
- ¿Cuánto hace que no visitas Zaragoza?
- Visitar, lo que se dice visitar desde la Exposición Internacional del dos mil ocho. Fui a verla con los chicos y nos lo pasamos chachi. Ahora, lo que es verla de paso, en octubre del año pasado cuando fui con mi hijo a ver al primo Julián que vive en Cintruénigo. Primero estuvimos en Barcelona y de camino a Navarra cruzamos Zaragoza.
- Te lo digo porque he de ir a Zaragoza por un tema de la investigación y me da una pereza terrible hacerlo solo. Si me acompañas podíamos coger el AVE e ir y venir en el día o quedarnos un par de días si te apetece. Solo te llamo a ti porque Amadeo y Luis han de contar con sus costillas, pero tú eres como yo, no has de hablar con nadie.
- El buey suelto bien se lame – apostilla Ponte, echando mano del inagotable refranero español.
- ¿Te animas o qué? – reitera Grandal.
- Primero concrétame cual es el tema por el que vas a Zaragoza, no sea que se trate de una cuestión amorosa y en ese campo ya sabes lo que se dice: que tres son multitud – con ello alude Ponte al romance que Grandal ha tenido en la ciudad aragonesa con la profesora que fue secuestrada.
- No se trata de amoríos, eso ya pasó a la historia, con Chelo tengo más que suficiente. Verás…
   Y Grandal le cuenta que el día anterior llamó a su compañero Lucientes, comisario de Zaragoza, para preguntarle si se había sabido algo más del secuestro de María Victoria Martín-Rebollo. Lucientes le contó que finalmente habían descubierto el chalé en el que estuvo retenida la profesora y que, entre otras cosas, encontraron un montón de huellas. Grandal intentó tirarle de la lengua, pero el comisario zaragozano no le dio más detalles. Por eso, ha decidido ir la ciudad del Ebro, para ver si en un encuentro personal consigue más datos de lo encontrado en el chalé del secuestro.
- … y, como excusa del viaje, le he contado a Lucientes que voy a visitar a Mariví y que si tengo tiempo igual me paso a tomarme una copichuela con él.
- Pues dado lo que cuentas opino que sobro, no creerás que tu amigo se va a tragar la trola de que vas a visitar a Mariví acompañado por un carcamal como yo. Creo que es mejor que hagas el viaje solo. 
   Grandal acepta la argumentación de Ponte y al día siguiente coge el AVE rumbo a Zaragoza. En cuanto llega se acerca a la comisaria en la que tiene su despacho Lucientes. Ha de esperarle un buen rato porque el comisario ha ido a la toma de posesión del nuevo jefe superior de policía de Aragón.
- Así que has venido a ver a María Victoria, ¿qué tal sigue, se ha repuesto?
- Todavía no he podido verla porque está en la facultad, creo que tienen reunión de departamento, hemos quedado para la tarde. Hablando de María Victoria, ¿qué habéis encontrado en el chalé en el que estuvo secuestrada?
- Me han traído el informe completo de la investigación esta misma mañana, aquí lo tengo – y señala una carpeta llena de documentos que tiene encima de la mesa -. Con lo de la toma de posesión del nuevo jefe no me ha dado tiempo a leerlo, solo le he echado una ojeada, pero por lo que me han adelantado hay un montón de huellas.
- ¿Y qué tal el nuevo jefe?, ¿quién es, le conozco? – Grandal cambia de tema para no se noten sus intenciones.
- Es Marcial Granados, de tres promociones anteriores a la mía. Buenas intenciones tiene, ahora habrá que calibrar sus acciones porque ya conoces el dicho: de buenas intenciones está el infierno empedrado.
   Siguen charlando un rato, en el que Lucientes es requerido en un par de ocasiones por alguno de sus inspectores. Como en ese contexto, Grandal ve que no va a conseguir nada cambia de estrategia.
- Paco, veo que estás muy pillado y yo no hago más que estorbar. Se me ocurre que como a María Victoria no la veré hasta la tarde, te invito a comer. Así podremos tener un rato de tranquilidad y te cuento los últimos chismes que circulan por Madrid sobre el Cuerpo.
- Te agradezco la invitación, Jacinto, pero le prometí a Eulalia que comería en casa, ha venido a vernos una de sus hermanas – al ver el gesto de contrariedad de Grandal añade -. Lo que puedes hacer es darte una vuelta por los alrededores y te pasas por aquí sobre las dos menos cuarto que habré acabado lo que tengo pendiente y nos tomamos unas cañas, como en los viejos tiempos.
   Algo antes de la hora convenida, Grandal retorna al despacho de Lucientes.
- Me había olvidado de lo puntual que eres – comenta el comisario zaragozano.
- Bueno, tampoco tenía nada que hacer – y Grandal se dice: este es el momento de pedir lo que he venido a buscar -. Oye, Paco, mientras hacía tiempo se me ha ocurrido  que quizá fuera oportuno que les mandaras una copia del expediente del secuestro de María Victoria, incluido lo del chalé, a los colegas de la Brigada de Patrimonio; quizá ellos podrían encontrar algún dato interesante relacionado con el robo del tesoro, ¿no crees?
- ¿Para qué pueden querer el expediente si el Caso Inca está en stand by?
   Ante la réplica del comisario, Grandal se dice que será mejor sincerarse. Le cuenta a Lucientes la verdad: es él quien, de forma oficiosa y fuera de todo conducto reglamentario, está completando algunos flecos de la investigación sobre el robo del tesoro que los Sacapuntas, por una orden emanada del poder político, no pueden realizar. Por eso necesita una copia del informe del secuestro de María Victoria, sobre todo de lo encontrado en el chalé en que estuvo retenida. Lucientes se queda mirando a Grandal, se le nota que duda sobre qué responder. Tras unos instantes de vacilación dice:
- Sabes que no te puedo dar una copia del informe, va contra el reglamento. Si los Sacapuntas lo quieren que lo pidan por conducto reglamentario y… - vuelve a vacilar cuando de pronto hace un gesto como si acabara de acordarse de algo  -. Se me había olvidado, tengo que hablar con los de narcóticos, será cuestión de cinco minutos, espérame que vuelvo enseguida e iremos a tomarnos esas cañas – dicho lo cual, Lucientes abandona el despacho.
   Grandal no duda ni un segundo, coge el dossier del secuestro que sigue encima de la mesa del comisario, busca el informe sobre el chalé en el que estuvo secuestrada María Victoria y en la impresora multifunción del despacho hace una copia del expediente. Cuando a los pocos minutos vuelve Lucientes se lo encuentra mirando a través de la ventana con aire distraído.
- Vamos a por esas birras.
   Por la tarde, Grandal se vuelve a Madrid. Desde el tren llama a Atienza.
- Juan Carlos, tengo el informe del chalé donde estuvo María Victoria. No, mejor que no me preguntes como lo he conseguido. Estoy en el tren, en cuanto llegue te lo envío por mensajero. Y lo que tienes que hacer es inventarte alguna historia para que los del gabinete dactiloscópico comparen las huellas de Zaragoza con las que están registradas en el informe del tiroteo de Fuenlabrada que os enviaron los tricornios. A ver si hay suerte y encuentran un par de huellas gemelas. En cuanto sepas los resultados me llamas. Otra cuestión, esto de ayudaros me está saliendo por un ojo de la cara, ¿quién me paga la ida y vuelta a Zaragoza?, ¿tenéis algún fondo de reptiles para gastos inconfesables? A ver si podéis hacer algo para echar una mano a un pobre pensionista
- Algo se podrá hacer. Lo miraré. Y gracias por tu gestión. Está claro que quien tuvo, retuvo.
- Te has quedado corto con la máxima, la completa dice: quien tuvo, retuvo y guardó para la vejez.

viernes, 10 de marzo de 2017

112. Buscando nexos entre un tiroteo y un secuestro



   Grandal reúne a sus amigos para contarles que los policías han accedido a ayudarles para que puedan proseguir las investigaciones sobre el robo del tesoro que, oficialmente, están en stand by. Condición sine qua non es que todo se haga con la mayor discreción posible y siempre al margen de los conductos oficiales.
- Bueno, ¿y qué tienes pensado hacer? – pregunta Álvarez que suele ser el más impaciente.
- Todavía no lo tengo perfilado del todo. El planteamiento en el que había pensado es cómo conectar el suceso del polígono de Fuenlabrada con el secuestro de Zaragoza. Son dos escenarios diferentes, con protagonistas distintos, pero me da en el olfato que hay algo o alguien que une ambos incidentes. Lo que no he conseguido hasta ahora es encontrar ese nexo. Es lo primero que deberíamos investigar.
- O sea, que si te he entendido bien lo que quieres es encontrar algún vínculo que una lo del tiroteo con lo del secuestro, ¿no es así? – reitera Ballarín que, como antiguo ferretero, es amante de la precisión.
- Así es. ¿Qué creéis qué podría ser? Vamos a hacer una tormenta de ideas. Decid lo primero que se os ocurra aunque pueda parecer una chorrada – les anima Grandal.
- Bueno, algo común a ambos sucesos es que los dos son hechos delictivos – apunta Álvarez y añade -, aunque creo que eso puede formar parte del capítulo de chorradas.
- En cuanto al alguien, en Zaragoza participaron sudamericanos; en Fuenlabrada, gitanos y chinos. No parece que haya ninguna conexión – comenta Ballarín.
- A raíz de lo que acaba de decir Amadeo, creo recordar que nos comentaste – apunta Ponte dirigiéndose a Grandal – que también estuvieron en el tiroteo del polígono algunos vigilantes armados. ¿Recuerdas si eran españoles o guiris?
- En este momento, no. Será cuestión de pedirles a los Sacapuntas una copia del expediente. ¿Se os ocurre algún otro punto común más? – repregunta Grandal.
   Ante el silencio a su pregunta, el excomisario propone:
- Bien, pues en tanto no encontremos nexos entre ambos episodios, vamos a centrarnos en el hecho de la participación, en algún modo, de latinoamericanos en ellos. En el secuestro de María Victoria tenemos su propio testimonio de que los secuestradores eran sudamericanos. En cuanto a lo del tiroteo del polígono, sabemos que la policía especula que un cártel de narcos colombianos, los Varelas, estuvo en cierto modo detrás de aquel suceso, pero falta la constatación de que también lo estuvieran de facto.
- Supongo que la policía tendrá un expediente informativo con todos los detalles del caso – apunta Álvarez.
- Pues así es, Luis, ya lo comenté. Y antes de que se me olvide voy a pedirlo ahora mismo – dice Grandal.
   Y dicho y hecho, coge teléfono y llama a Atienza.
- Juan Carlos, soy Grandal, necesito el expediente del tiroteo del polígono de Fuenlabrada. ¿Puedes hacer una copia y mandármela por mensajero?
- ¿El expediente completo o te vale un resumen?
- El completo.
- Pues no lo tengo. Ese caso lo investigó la UCO de la Guardia Civil y a nosotros nos mandaron solo un resumen. Habría que pedírselo, pero ya sabes que nuestra relación con ellos no es la mejor del mundo. Es una torpeza y un sinsentido, pero así están las cosas.
- Bueno, pues mándame el resumen, pero si lo que busco no está tendréis que armaros de paciencia y pedir el archivo completo.
- ¿Te lo envío a tu domicilio?
- Sí, por favor y cuanto antes mejor.
   En cuanto termina la charla con Atienza, que ha sido seguida atentamente por los viejos, y antes de que Grandal pueda añadir algo, sale a la palestra la petición de los que, además de policías amateurs, también ejercen de abuelos.
- Jacinto – habla Ponte como decano del grupo -, como hoy es sábado, nosotros tres tenemos que echar una mano con los nietos. Por tanto, creo que podríamos dejarlo aquí y volver a reunirnos el lunes – es decir eso y acordarse de lo que el trío llama “los lunes de Grandal” en alusión a que es el día que el excomisario lo dedica a su amiga Chelo, por lo que rectifica -. Bueno, o el martes, supongo que por un día más no pasa nada.
   Y en eso quedan, la siguiente reunión será el próximo martes a las once horas.
   Esa misma tarde, Grandal recibe la copia de una sinopsis del expediente del tiroteo en el Polígono Cobo Calleja de Fuenlabrada. Se pone las gafas para leer y abre el expediente. Casi al término del mismo encuentra algo que le hace volver atrás para releer el párrafo: “Al final de la acción nos encontramos con tres individuos fallecidos, un gitano, un oriental y uno de los guardias de seguridad de nacionalidad colombiana, varios heridos de distinta gravedad y un cierto número de participantes que lograron huir…”.
- O sea, que hubo, al menos, un sudamericano inmerso en el suceso – comenta Grandal en voz alta -. Claro que si falleció en el tiroteo no pudo estar en Zaragoza pues el secuestro fue mucho después. Supongo que habrá detenidos y algunos que lograron huir, aunque increíblemente el resumen no lo dice…
   No termina la frase, lo que hace es volver a llamar a Atienza.
- Juan Carlos, el resumen que me has enviado es insuficiente. Voy a necesitar el expediente completo y actualizado porque lo del polígono fue la penúltima semana de enero. ¿Qué los picoletos te van a poner pegas? Hombre, usa tus naturales encantos – nada más decirlo, Grandal se muerde los labios, no es la frase más oportuna para decírsela a un policía de quien sus compañeros aseguran que pierde aceite; rectifica -, me refiero a que tus dotes diplomáticas son bien conocidas. ¿Qué estás seguro de que no te lo van a mandar? – mientras dialoga con Atienza, Grandal trata de recordar a quién conoce de la Benemérita que esté aun en activo cuando un nombre viene a su memoria -. Mira, acabo de acordarme de que tengo un buen amigo entre los del tricornio. Voy a hacer una llamada. Si no funciona, te volveré a llamar para que, pese a tus reparos, seas tú quien lo intente. Un abrazo.
   En cuanto cuelga, llama a la comandancia de la Guardia Civil de Castellón.
- Soy el comisario Jacinto Grandal, quisiera hablar con el coronel Tresreyes, por favor.
   Grandal es consciente de que, por muy viejos conocidos que sean, el coronel antes que amigo suyo es guardia civil por lo que no le extrañaría que se negase a lo que va a pedirle: que presione a la UCO del Cuerpo para que remita el expediente completo de lo del polígono a la Brigada de Patrimonio. Decide que lo mejor es contarle la verdad a su amigo, pero una verdad algo maquillada.
- Hombre, Jacinto, ¿qué es de tu vida? Desde que estuviste por estos pagos buscando a unos calés no he sabido nada más de ti – el vozarrón de Tresreyes hace vibrar el altavoz del teléfono.
- Por eso te llamo, Alejandro, por un fleco que todavía anda suelto sobre la misma investigación por la que buscaba a una familia gitana, a la que por cierto terminé encontrando. Como te comenté en su día sigo ayudando, oficiosamente claro está, al grupo de colegas que investigan el robo del Tesoro Quimbaya. Hace algo más de tres meses hubo un tiroteo en un polígono de Fuenlabrada, no sé si te suena.
- Sí, hombre, es un caso que lo investiga la gente de mi tocayo Palacios – precisa el coronel.
- Efectivamente, pues bien, los hombres de Palacios nos mandaron una sinopsis del caso, pero han surgido nuevas pistas y necesitamos el expediente completo de aquel suceso. Sabes bien, porque lo hemos comentado en más de una ocasión, los ridículos recelos que existen entre nuestros dos cuerpos – Grandal hace una pausa -. ¿Sabes qué te digo?, que me estoy enrollando mucho, voy al grano. La gente de la UCO se hace la remolona y no acaba de mandarnos el archivo completo del caso. Alegan no sé qué historias de que les falta completar algunos datos. Yo creo que son simples excusas. Lo que te pido es el favor de si puedes llamar a Palacios para que nos envíe el expediente. Si no te es posible – está en un tris de decir o si no quieres, pero lo obvia -, lo entenderé y no por eso dejaré de acudir al homenaje que se está preparando con motivo de tu pase a la reserva – Grandal con su última frase intenta tocar la tecla sentimental de Tresreyes que, en efecto, está a punto de cumplir la edad para pasar a la situación de reserva.
   Hay un breve silencio hasta que Tresreyes contesta:
- Tranquilo, amigo, mañana llamaré a Palacios, a ver de qué humor se ha levantado.

martes, 7 de marzo de 2017

111. Marchando una de criadillas



   Ponte hace muchos días que no abre la prensa digital. Como suele ocurrirle a menudo, no sabe ni en qué día está. Mira el ángulo inferior derecho de la pantalla y ve la fecha.
- Vaya, estamos a uno de abril – dice en voz alta. La data le lleva a la memoria que hasta mil novecientos setenta y cinco, año de la muerte del Caudillo, el uno de abril era llamado el Día de la Victoria, pues en tal fecha de mil novecientos treinta y nueve el general Franco firmó el último parte de la Guerra Civil Española. Era un breve texto que su excelente memoria recuerda perfectamente, decía: “En el día de hoy, cautivo y desarmado el Ejército Rojo, han alcanzado las tropas nacionales sus últimos objetivos militares. La guerra ha terminado”. Ya han pasado setenta y siete años de aquella carnicería, quien lo diría, piensa el viejo. Se deja de añejos recuerdos y abre El Mundo.
   La portada on line del rotativo madrileño está llena de colorido y de noticias. Tantas que es fácil perderse ante tamaño despliegue informativo. Va picando en los titulares como si fuera una abeja libando flores. De la información nacional se queda con dos que se refieren a la falta de gobierno: Iglesias presiona al PSOE: “si no cede, iremos a elecciones”. La otra es: Rivera se da quince días para ver si hay gobierno o nuevas elecciones. Estamos donde estábamos, se dice el viejo. Llevamos la tira de tiempo sin gobierno y el país sigue funcionando igual. Lo mismo es que los políticos sobran. De internacional se queda con otros dos: Un hacker dice que ayudó a Peña Nieto a ganar las elecciones. Tiene que hacer un esfuerzo memorístico para recordar que el tal Peña es el presidente de Méjico. La otra se refiere a las dos grandes potencias: Rusia veta el pacto nuclear al no ir a la cumbre en EEUU. Más de lo mismo, piensa, y hasta ahí llega.
   Mientras Ponte se informa, poco y mal, de cómo está el mundo, Grandal no ceja de darle vueltas a la idea que les contó a sus amigos el día anterior: la existencia de algunos flecos del robo que, en su día, no fueron investigados exhaustivamente y que podrían ayudar a su esclarecimiento. Uno, el tiroteo en el polígono de Fuenlabrada; el otro, el secuestro de María Victoria. Llega a la conclusión de que si él y sus amigos actúan solos no irán a ninguna parte. La única solución es que los Sacapuntas les echen una mano, aunque tendrá que ser bajo cuerda. Una vez ha despejado sus dudas llama a Atienza.
- Juan Carlos, si hoy tienes un hueco me gustaría echar una parrafada contigo. Hay algo que quiero contarte.
- ¿Qué si tengo tiempo?, todo el del mundo. Aquí me tienes, mano sobre mano. Cambiando papeles de un sitio a otro para hacerme la ilusión de que trabajo. Puedes venir cuando quieras. Ah, una pregunta, que contigo nunca se sabe, ¿se trata de una charla privada o pueden participar Eusebio y Michel?
- Por lo que a mí respecta no hay inconveniente en que estéis todos. ¿Te parece bien que me pase mañana?, ¿sí?, pues mañana nos vemos.
   Lo primero que detecta Grandal en el despacho que sirve de cuartel general al grupo coordinador del Caso Inca es que está muy ordenado. Donde antes había papeles, carpetas y cajas apiladas por cualquier parte, ahora todo parece pulcro y recogido. En algo tendrán que invertir el tiempo, piensa el excomisario, que es recibido como si hiciera un siglo que no le hubiesen visto. Y por la pregunta que le hace Bernal no parece que tengan muchas ganas de trabajar.
- ¿Comisario, vas cogido de tiempo o lo tienes para tomarte unas birras con estos parados de tapadillo que ni siquiera están registrados en el INEM?
   A Grandal no le da tiempo a contestar la jocosa pregunta porque Blanchard se le adelanta:
- ¿Qué es el INEM?
- Vamos a ver, franchute - dice Bernal en un tono en el que el despectivo sinónimo de francés no suena como tal -, ¿tú a qué has venido a España?, ¿a colaborar en el Caso Inca o a perfeccionar tu español coloquial? – y antes de que Blanchard pueda decir nada, le explica -. INEM es la sigla de Instituto Nacional de Empleo, organismo que gestiona el servicio público de empleo. Todos los parados deben inscribirse en el mismo para encontrar un nuevo curro. Y ahora que este filólogo aficionado ha satisfecho, por el momento, su voracidad insaciable de nuevos vocablos, ¿valen esas birras? No tenemos que ir lejos, el bar está en la esquina.
   En tanto se acercan al establecimiento, Blanchard va contando a Grandal que ha leído que España es el país europeo con mayor número de bares por habitantes. Solo en Madrid hay más bares que en toda la Europa central y nórdica. Por eso aquí siempre encuentras un bar a la vuelta de la esquina. En éste, dado como les saluda el camarero, parece que los policías son viejos clientes.
- Paco, unas birras para toda la basca y algo para echarse a la boca.
- Hoy tengo como plato especial unas criadillas de cordero al estilo de la casa que están de toma pan y moja – anuncia el de la barra.
- Antes de que empiece a incordiarme – dice Bernal -, explícale aquí al franchute que son y cómo preparas las criadillas. 
   El dueño del bar, pues tal es el que sirve en la barra, le cuenta a Blanchard que las criadillas son el nombre gastronómico que reciben los testículos de cualquier animal de matadero, en este caso de cordero. Su mujer, que es quien las prepara, usa una receta que le enseñó su abuela. Primero filetea las criadillas y las salpimentea al gusto, también espolvorea un poco de perejil. Luego, machaca en el mortero unos dientes de ajo para que suelten todo su jugo y con ello remoja los filetes para que cojan sabor. Echa en la plancha unas gotitas de aceite, de oliva por supuesto, deja que se extienda y pone las criadillas a hacerse. Finalmente, cuando están bien doraditas y cuajadas las retira y ya pueden servirse.
- Están como para mear y no echar gota – remacha el del bar.
   Blanchard, muy en su papel de recopilador de recetas populares españolas, ha tomado nota de cuanto le ha explicado el dueño mientras sus compañeros degustan las criadillas. Cuando termina sus notas ve que, afortunadamente para él, solo queda uno de los filetes que se lo toma haciendo de tripas corazón e intentando que no le den arcadas, algo que consigue en un alarde de voluntad. Cuando terminan con el tentempié, vuelven a la Brigada donde Grandal les explica su plan.
- … y vosotros no podéis ni debéis hacer nada, pero a mí y a mis vejetes no hay quien nos pueda prohibir actuar, salvo que sea algo ilícito y no es el caso. Podemos seguir investigando tanto lo del polígono como lo del secuestro, pero para ello necesitaremos que en algún momento nos echéis una mano. Nada oficial. Solo os pediremos que, cuando os lo indiquemos, hagáis unas cuantas llamadas a algunos compañeros anunciándoles que iré a visitarles y quizá que busquéis en los archivos algún dato que pueda hacernos falta. Todo dentro de la mayor discreción, sin dejar rastros que puedan inculparos y sin dar un cuarto al pregonero. Si me decís que no lo entenderé y no habrá ningún reproche. Si estáis de acuerdo, os lo agradeceré y os mantendré informado de la marcha de las investigaciones que realizaremos con el máximo sigilo posible.
   Los policías discuten entre ellos sobre la propuesta del excomisario. Atienza cree que no es una buena idea, si se descubriera que ayudan a los jubilados les podía caer encima un marrón de cagarse. A Bernal, en cambio, la propuesta le parece cojonuda. Sería una manera de compensar su frustración por tener las manos atadas y de darles en los morros a sus jefes. Blanchard no opina, pero al final es quien decanta la disyuntiva.
- Yo, aquí solo soy un invitado, pero ésta es una situación que me recuerda a otra parecida que tuvimos hace tiempo y en la que recordé una frase famosa de vuestra historia, aquella de ni quito ni pongo rey, pero ayudo a mi señor. En este caso, mi señor; mejor dicho, nuestro señor es el deber profesional. Somos policías, nos encargaron la investigación de un delito y nuestro deber era y sigue siendo esclarecerlo. Si yo tuviera que hacer alguna de esas llamadas que pide el comisario, tengo muy claro lo que contestaría – y hasta ahí llega el francés.
- ¡Olé tus cojones, gabacho! – exclama Bernal tan dado como siempre al uso de las partes pudendas en las imprecaciones.
   Visto lo cual, Atienza claudica, le ayudarán, pero pide al excomisario que al primer indicio de que pueda haber la más mínima fuga informativa, corte de raíz cualquier investigación.
- Os mantendré informados – anuncia el excomisario.