viernes, 10 de marzo de 2017

112. Buscando nexos entre un tiroteo y un secuestro



   Grandal reúne a sus amigos para contarles que los policías han accedido a ayudarles para que puedan proseguir las investigaciones sobre el robo del tesoro que, oficialmente, están en stand by. Condición sine qua non es que todo se haga con la mayor discreción posible y siempre al margen de los conductos oficiales.
- Bueno, ¿y qué tienes pensado hacer? – pregunta Álvarez que suele ser el más impaciente.
- Todavía no lo tengo perfilado del todo. El planteamiento en el que había pensado es cómo conectar el suceso del polígono de Fuenlabrada con el secuestro de Zaragoza. Son dos escenarios diferentes, con protagonistas distintos, pero me da en el olfato que hay algo o alguien que une ambos incidentes. Lo que no he conseguido hasta ahora es encontrar ese nexo. Es lo primero que deberíamos investigar.
- O sea, que si te he entendido bien lo que quieres es encontrar algún vínculo que una lo del tiroteo con lo del secuestro, ¿no es así? – reitera Ballarín que, como antiguo ferretero, es amante de la precisión.
- Así es. ¿Qué creéis qué podría ser? Vamos a hacer una tormenta de ideas. Decid lo primero que se os ocurra aunque pueda parecer una chorrada – les anima Grandal.
- Bueno, algo común a ambos sucesos es que los dos son hechos delictivos – apunta Álvarez y añade -, aunque creo que eso puede formar parte del capítulo de chorradas.
- En cuanto al alguien, en Zaragoza participaron sudamericanos; en Fuenlabrada, gitanos y chinos. No parece que haya ninguna conexión – comenta Ballarín.
- A raíz de lo que acaba de decir Amadeo, creo recordar que nos comentaste – apunta Ponte dirigiéndose a Grandal – que también estuvieron en el tiroteo del polígono algunos vigilantes armados. ¿Recuerdas si eran españoles o guiris?
- En este momento, no. Será cuestión de pedirles a los Sacapuntas una copia del expediente. ¿Se os ocurre algún otro punto común más? – repregunta Grandal.
   Ante el silencio a su pregunta, el excomisario propone:
- Bien, pues en tanto no encontremos nexos entre ambos episodios, vamos a centrarnos en el hecho de la participación, en algún modo, de latinoamericanos en ellos. En el secuestro de María Victoria tenemos su propio testimonio de que los secuestradores eran sudamericanos. En cuanto a lo del tiroteo del polígono, sabemos que la policía especula que un cártel de narcos colombianos, los Varelas, estuvo en cierto modo detrás de aquel suceso, pero falta la constatación de que también lo estuvieran de facto.
- Supongo que la policía tendrá un expediente informativo con todos los detalles del caso – apunta Álvarez.
- Pues así es, Luis, ya lo comenté. Y antes de que se me olvide voy a pedirlo ahora mismo – dice Grandal.
   Y dicho y hecho, coge teléfono y llama a Atienza.
- Juan Carlos, soy Grandal, necesito el expediente del tiroteo del polígono de Fuenlabrada. ¿Puedes hacer una copia y mandármela por mensajero?
- ¿El expediente completo o te vale un resumen?
- El completo.
- Pues no lo tengo. Ese caso lo investigó la UCO de la Guardia Civil y a nosotros nos mandaron solo un resumen. Habría que pedírselo, pero ya sabes que nuestra relación con ellos no es la mejor del mundo. Es una torpeza y un sinsentido, pero así están las cosas.
- Bueno, pues mándame el resumen, pero si lo que busco no está tendréis que armaros de paciencia y pedir el archivo completo.
- ¿Te lo envío a tu domicilio?
- Sí, por favor y cuanto antes mejor.
   En cuanto termina la charla con Atienza, que ha sido seguida atentamente por los viejos, y antes de que Grandal pueda añadir algo, sale a la palestra la petición de los que, además de policías amateurs, también ejercen de abuelos.
- Jacinto – habla Ponte como decano del grupo -, como hoy es sábado, nosotros tres tenemos que echar una mano con los nietos. Por tanto, creo que podríamos dejarlo aquí y volver a reunirnos el lunes – es decir eso y acordarse de lo que el trío llama “los lunes de Grandal” en alusión a que es el día que el excomisario lo dedica a su amiga Chelo, por lo que rectifica -. Bueno, o el martes, supongo que por un día más no pasa nada.
   Y en eso quedan, la siguiente reunión será el próximo martes a las once horas.
   Esa misma tarde, Grandal recibe la copia de una sinopsis del expediente del tiroteo en el Polígono Cobo Calleja de Fuenlabrada. Se pone las gafas para leer y abre el expediente. Casi al término del mismo encuentra algo que le hace volver atrás para releer el párrafo: “Al final de la acción nos encontramos con tres individuos fallecidos, un gitano, un oriental y uno de los guardias de seguridad de nacionalidad colombiana, varios heridos de distinta gravedad y un cierto número de participantes que lograron huir…”.
- O sea, que hubo, al menos, un sudamericano inmerso en el suceso – comenta Grandal en voz alta -. Claro que si falleció en el tiroteo no pudo estar en Zaragoza pues el secuestro fue mucho después. Supongo que habrá detenidos y algunos que lograron huir, aunque increíblemente el resumen no lo dice…
   No termina la frase, lo que hace es volver a llamar a Atienza.
- Juan Carlos, el resumen que me has enviado es insuficiente. Voy a necesitar el expediente completo y actualizado porque lo del polígono fue la penúltima semana de enero. ¿Qué los picoletos te van a poner pegas? Hombre, usa tus naturales encantos – nada más decirlo, Grandal se muerde los labios, no es la frase más oportuna para decírsela a un policía de quien sus compañeros aseguran que pierde aceite; rectifica -, me refiero a que tus dotes diplomáticas son bien conocidas. ¿Qué estás seguro de que no te lo van a mandar? – mientras dialoga con Atienza, Grandal trata de recordar a quién conoce de la Benemérita que esté aun en activo cuando un nombre viene a su memoria -. Mira, acabo de acordarme de que tengo un buen amigo entre los del tricornio. Voy a hacer una llamada. Si no funciona, te volveré a llamar para que, pese a tus reparos, seas tú quien lo intente. Un abrazo.
   En cuanto cuelga, llama a la comandancia de la Guardia Civil de Castellón.
- Soy el comisario Jacinto Grandal, quisiera hablar con el coronel Tresreyes, por favor.
   Grandal es consciente de que, por muy viejos conocidos que sean, el coronel antes que amigo suyo es guardia civil por lo que no le extrañaría que se negase a lo que va a pedirle: que presione a la UCO del Cuerpo para que remita el expediente completo de lo del polígono a la Brigada de Patrimonio. Decide que lo mejor es contarle la verdad a su amigo, pero una verdad algo maquillada.
- Hombre, Jacinto, ¿qué es de tu vida? Desde que estuviste por estos pagos buscando a unos calés no he sabido nada más de ti – el vozarrón de Tresreyes hace vibrar el altavoz del teléfono.
- Por eso te llamo, Alejandro, por un fleco que todavía anda suelto sobre la misma investigación por la que buscaba a una familia gitana, a la que por cierto terminé encontrando. Como te comenté en su día sigo ayudando, oficiosamente claro está, al grupo de colegas que investigan el robo del Tesoro Quimbaya. Hace algo más de tres meses hubo un tiroteo en un polígono de Fuenlabrada, no sé si te suena.
- Sí, hombre, es un caso que lo investiga la gente de mi tocayo Palacios – precisa el coronel.
- Efectivamente, pues bien, los hombres de Palacios nos mandaron una sinopsis del caso, pero han surgido nuevas pistas y necesitamos el expediente completo de aquel suceso. Sabes bien, porque lo hemos comentado en más de una ocasión, los ridículos recelos que existen entre nuestros dos cuerpos – Grandal hace una pausa -. ¿Sabes qué te digo?, que me estoy enrollando mucho, voy al grano. La gente de la UCO se hace la remolona y no acaba de mandarnos el archivo completo del caso. Alegan no sé qué historias de que les falta completar algunos datos. Yo creo que son simples excusas. Lo que te pido es el favor de si puedes llamar a Palacios para que nos envíe el expediente. Si no te es posible – está en un tris de decir o si no quieres, pero lo obvia -, lo entenderé y no por eso dejaré de acudir al homenaje que se está preparando con motivo de tu pase a la reserva – Grandal con su última frase intenta tocar la tecla sentimental de Tresreyes que, en efecto, está a punto de cumplir la edad para pasar a la situación de reserva.
   Hay un breve silencio hasta que Tresreyes contesta:
- Tranquilo, amigo, mañana llamaré a Palacios, a ver de qué humor se ha levantado.

martes, 7 de marzo de 2017

111. Marchando una de criadillas



   Ponte hace muchos días que no abre la prensa digital. Como suele ocurrirle a menudo, no sabe ni en qué día está. Mira el ángulo inferior derecho de la pantalla y ve la fecha.
- Vaya, estamos a uno de abril – dice en voz alta. La data le lleva a la memoria que hasta mil novecientos setenta y cinco, año de la muerte del Caudillo, el uno de abril era llamado el Día de la Victoria, pues en tal fecha de mil novecientos treinta y nueve el general Franco firmó el último parte de la Guerra Civil Española. Era un breve texto que su excelente memoria recuerda perfectamente, decía: “En el día de hoy, cautivo y desarmado el Ejército Rojo, han alcanzado las tropas nacionales sus últimos objetivos militares. La guerra ha terminado”. Ya han pasado setenta y siete años de aquella carnicería, quien lo diría, piensa el viejo. Se deja de añejos recuerdos y abre El Mundo.
   La portada on line del rotativo madrileño está llena de colorido y de noticias. Tantas que es fácil perderse ante tamaño despliegue informativo. Va picando en los titulares como si fuera una abeja libando flores. De la información nacional se queda con dos que se refieren a la falta de gobierno: Iglesias presiona al PSOE: “si no cede, iremos a elecciones”. La otra es: Rivera se da quince días para ver si hay gobierno o nuevas elecciones. Estamos donde estábamos, se dice el viejo. Llevamos la tira de tiempo sin gobierno y el país sigue funcionando igual. Lo mismo es que los políticos sobran. De internacional se queda con otros dos: Un hacker dice que ayudó a Peña Nieto a ganar las elecciones. Tiene que hacer un esfuerzo memorístico para recordar que el tal Peña es el presidente de Méjico. La otra se refiere a las dos grandes potencias: Rusia veta el pacto nuclear al no ir a la cumbre en EEUU. Más de lo mismo, piensa, y hasta ahí llega.
   Mientras Ponte se informa, poco y mal, de cómo está el mundo, Grandal no ceja de darle vueltas a la idea que les contó a sus amigos el día anterior: la existencia de algunos flecos del robo que, en su día, no fueron investigados exhaustivamente y que podrían ayudar a su esclarecimiento. Uno, el tiroteo en el polígono de Fuenlabrada; el otro, el secuestro de María Victoria. Llega a la conclusión de que si él y sus amigos actúan solos no irán a ninguna parte. La única solución es que los Sacapuntas les echen una mano, aunque tendrá que ser bajo cuerda. Una vez ha despejado sus dudas llama a Atienza.
- Juan Carlos, si hoy tienes un hueco me gustaría echar una parrafada contigo. Hay algo que quiero contarte.
- ¿Qué si tengo tiempo?, todo el del mundo. Aquí me tienes, mano sobre mano. Cambiando papeles de un sitio a otro para hacerme la ilusión de que trabajo. Puedes venir cuando quieras. Ah, una pregunta, que contigo nunca se sabe, ¿se trata de una charla privada o pueden participar Eusebio y Michel?
- Por lo que a mí respecta no hay inconveniente en que estéis todos. ¿Te parece bien que me pase mañana?, ¿sí?, pues mañana nos vemos.
   Lo primero que detecta Grandal en el despacho que sirve de cuartel general al grupo coordinador del Caso Inca es que está muy ordenado. Donde antes había papeles, carpetas y cajas apiladas por cualquier parte, ahora todo parece pulcro y recogido. En algo tendrán que invertir el tiempo, piensa el excomisario, que es recibido como si hiciera un siglo que no le hubiesen visto. Y por la pregunta que le hace Bernal no parece que tengan muchas ganas de trabajar.
- ¿Comisario, vas cogido de tiempo o lo tienes para tomarte unas birras con estos parados de tapadillo que ni siquiera están registrados en el INEM?
   A Grandal no le da tiempo a contestar la jocosa pregunta porque Blanchard se le adelanta:
- ¿Qué es el INEM?
- Vamos a ver, franchute - dice Bernal en un tono en el que el despectivo sinónimo de francés no suena como tal -, ¿tú a qué has venido a España?, ¿a colaborar en el Caso Inca o a perfeccionar tu español coloquial? – y antes de que Blanchard pueda decir nada, le explica -. INEM es la sigla de Instituto Nacional de Empleo, organismo que gestiona el servicio público de empleo. Todos los parados deben inscribirse en el mismo para encontrar un nuevo curro. Y ahora que este filólogo aficionado ha satisfecho, por el momento, su voracidad insaciable de nuevos vocablos, ¿valen esas birras? No tenemos que ir lejos, el bar está en la esquina.
   En tanto se acercan al establecimiento, Blanchard va contando a Grandal que ha leído que España es el país europeo con mayor número de bares por habitantes. Solo en Madrid hay más bares que en toda la Europa central y nórdica. Por eso aquí siempre encuentras un bar a la vuelta de la esquina. En éste, dado como les saluda el camarero, parece que los policías son viejos clientes.
- Paco, unas birras para toda la basca y algo para echarse a la boca.
- Hoy tengo como plato especial unas criadillas de cordero al estilo de la casa que están de toma pan y moja – anuncia el de la barra.
- Antes de que empiece a incordiarme – dice Bernal -, explícale aquí al franchute que son y cómo preparas las criadillas. 
   El dueño del bar, pues tal es el que sirve en la barra, le cuenta a Blanchard que las criadillas son el nombre gastronómico que reciben los testículos de cualquier animal de matadero, en este caso de cordero. Su mujer, que es quien las prepara, usa una receta que le enseñó su abuela. Primero filetea las criadillas y las salpimentea al gusto, también espolvorea un poco de perejil. Luego, machaca en el mortero unos dientes de ajo para que suelten todo su jugo y con ello remoja los filetes para que cojan sabor. Echa en la plancha unas gotitas de aceite, de oliva por supuesto, deja que se extienda y pone las criadillas a hacerse. Finalmente, cuando están bien doraditas y cuajadas las retira y ya pueden servirse.
- Están como para mear y no echar gota – remacha el del bar.
   Blanchard, muy en su papel de recopilador de recetas populares españolas, ha tomado nota de cuanto le ha explicado el dueño mientras sus compañeros degustan las criadillas. Cuando termina sus notas ve que, afortunadamente para él, solo queda uno de los filetes que se lo toma haciendo de tripas corazón e intentando que no le den arcadas, algo que consigue en un alarde de voluntad. Cuando terminan con el tentempié, vuelven a la Brigada donde Grandal les explica su plan.
- … y vosotros no podéis ni debéis hacer nada, pero a mí y a mis vejetes no hay quien nos pueda prohibir actuar, salvo que sea algo ilícito y no es el caso. Podemos seguir investigando tanto lo del polígono como lo del secuestro, pero para ello necesitaremos que en algún momento nos echéis una mano. Nada oficial. Solo os pediremos que, cuando os lo indiquemos, hagáis unas cuantas llamadas a algunos compañeros anunciándoles que iré a visitarles y quizá que busquéis en los archivos algún dato que pueda hacernos falta. Todo dentro de la mayor discreción, sin dejar rastros que puedan inculparos y sin dar un cuarto al pregonero. Si me decís que no lo entenderé y no habrá ningún reproche. Si estáis de acuerdo, os lo agradeceré y os mantendré informado de la marcha de las investigaciones que realizaremos con el máximo sigilo posible.
   Los policías discuten entre ellos sobre la propuesta del excomisario. Atienza cree que no es una buena idea, si se descubriera que ayudan a los jubilados les podía caer encima un marrón de cagarse. A Bernal, en cambio, la propuesta le parece cojonuda. Sería una manera de compensar su frustración por tener las manos atadas y de darles en los morros a sus jefes. Blanchard no opina, pero al final es quien decanta la disyuntiva.
- Yo, aquí solo soy un invitado, pero ésta es una situación que me recuerda a otra parecida que tuvimos hace tiempo y en la que recordé una frase famosa de vuestra historia, aquella de ni quito ni pongo rey, pero ayudo a mi señor. En este caso, mi señor; mejor dicho, nuestro señor es el deber profesional. Somos policías, nos encargaron la investigación de un delito y nuestro deber era y sigue siendo esclarecerlo. Si yo tuviera que hacer alguna de esas llamadas que pide el comisario, tengo muy claro lo que contestaría – y hasta ahí llega el francés.
- ¡Olé tus cojones, gabacho! – exclama Bernal tan dado como siempre al uso de las partes pudendas en las imprecaciones.
   Visto lo cual, Atienza claudica, le ayudarán, pero pide al excomisario que al primer indicio de que pueda haber la más mínima fuga informativa, corte de raíz cualquier investigación.
- Os mantendré informados – anuncia el excomisario.

viernes, 3 de marzo de 2017

Capítulo 22. El stand by no va con los jubilados.- 110. Los viejos no tiran la toalla



   Grandal cita a sus amigos para contarles la reunión mantenida con los investigadores del Caso Inca. Antes de que pueda decir nada, Álvarez deja caer la propuesta de que al terminar podrían echar una partidita de dominó pues hace días que no juegan.
- Coño, Luis, no hemos venido a echar una partida. Estamos aquí para que nos cuente Jacinto lo que opinaron los Sacapuntas de nuestro análisis sobre las últimas noticias del robo – le reconviene Ballarín.
   El excomisario les explica el encuentro con sus jóvenes colegas y el análisis que hicieron a partir de los dos últimos datos relativos al robo: la oferta de los cubanos y la orden de dejar en stand by las investigaciones. Cuando Grandal termina su relato, Ponte resume lo dicho.
- O sea, que los polis ahora saben a quién tienen que buscar, pero no pueden hacerlo porque se lo han prohibido sus mandos.
- Yo no lo hubiera resumido mejor – admite Grandal a quien le gusta dar jabón a sus veteranos compinches.
- Oye, Jacinto, ¿y los Sacapuntas no podrían hacer como que no hacen nada, pero bajo cuerda seguir investigando? – pregunta maliciosamente Álvarez.
- Pues no, Luis. No pueden hacerlo porque la obediencia a las órdenes es una de las normas básicas del Cuerpo. Si la incumplieran, podrían expedientarles e imponerles una dura sanción.
- Mira por donde, eso es algo que no nos puede pasar a nosotros. No tenemos mandos, aunque a veces llamemos a Jacinto jefe. Por tanto, tampoco hemos de atenernos a ninguna clase de obediencia y no existe nadie que pueda expedientarnos – señala humorísticamente Ballarín.
- Lo que es tanto como decir que nosotros sí que podemos seguir investigando – afirma Ponte.
- Mira, eso es algo en lo que no había caído – admite Álvarez que añade - ¿Y se puede saber qué podríamos investigar? – pregunta, más en plan de guasa que otra cosa.
- A ver, a ver, vamos a centrarnos – pide Grandal -. ¿Estáis diciendo que os gustaría continuar las investigaciones sobre el robo del tesoro?
   Los tres viejos se miran entre sí y casi al unísono, como si se hubieran puesto de acuerdo previamente, exclaman:
- ¡Equilicuá!
- ¿No podéis decir simplemente sí como todo el mundo? – se burla Grandal y cambia de registro al adoptar un tono a medio camino entre la sorpresa y una cierta irritación -. No sé si habéis perdido el poco seso que os debe quedar. ¿Vosotros sabéis lo que estáis diciendo?, ¿os habéis parado a pensar a quién habría que investigar ahora?
- La verdad es que yo no me he parado a pensar qué es lo que podríamos investigar, pero para eso estás tú, apuesto que ya mismo nos lo explicas – afirma despreocupadamente Álvarez.
   Puesto que tanto Ballarín como Ponte secundan la petición de Álvarez, el excomisario se pone en plan didáctico.
- Vamos a ver, mis queridos matusalenes, si os queda claro cómo está el panorama. La situación es la siguiente. Los servicios cubanos de inteligencia, probablemente a instancias de las FARC, han ofrecido oficiosamente al gobierno español devolverles lo que parece ser el tesoro robado si, pese a estar en funciones, continúa apoyando las conversaciones de La Habana entre la guerrilla y el gobierno colombiano. Los analistas del CNI y de la policía dan a la propuesta un alto grado de verosimilitud. Llegados aquí, hay un racimo de preguntas a plantear. ¿Fueron las FARC autoras del robo del tesoro? Respuesta: es posible, pero altamente improbable. Otra pregunta: ¿tienen las FARC en su poder las piezas robadas? Respuesta: es posible, pero sumamente dudoso. Entonces – prosigue el excomisario -, ¿quién robó el tesoro y quién retiene las joyas? Dados los interesados nexos entre la guerrilla y algunos cárteles de la droga, todos los indicios apuntan a que son estos últimos los que efectuaron, o mandaron realizar, el robo y los que se supone que conservan las piezas robadas. Dicho en cristiano para que se me entienda: a quien habría que investigar ahora es a los narcos que presuntamente son los protagonistas de esta historia sin fin.
- Bueno, ya estuvimos investigando a tipos que estaban en lo da la droga. Sin ir más lejos, a los Corrochanos – apunta Ballarín.
- Es que ahora no hablamos de un clan gitano de medio pelo, estamos hablando de unos delincuentes que se encuentran entre los más violentos y sanguinarios del mundo. De unos fulanos que manejan más dinero que los presupuestos de muchos ministerios. De unos tipos cuyo principal territorio de actuación son algunas regiones selváticas de Colombia y Perú, pero que extienden sus garras por medio mundo. Entonces, ¿estáis dispuestos a enfrentaros a gente cuyos sicarios matan por un puñado de dólares?, ¿queréis encararos con clanes que tienen pasta para corromper a políticos, jueces y policías?, ¿estáis preparados para viajar a Sudamérica o adónde sea a proseguir las investigaciones?
   Los contundentes interrogantes de Grandal generan un silencio sepulcral, da toda la impresión de que los viejales no se han parado a pensar en todo lo que el excomisario acaba de explicarles.
- O sea, que si te he entendido bien, Jacinto, a los policías les han mandado parar sus jefes y a nosotros la realidad, ¿no es eso? – resume Ponte.
- Lo has entendido perfectamente.
- Es decir, que tampoco podemos hacer nada – resume Ballarín.
- Algo siempre se puede hacer – objeta Grandal que añade -, pero por vía indirecta. No podemos; mejor dicho, no debemos investigar a los posibles ladrones del tesoro, dado el enorme riesgo que ello supondría. Por otra parte, tampoco tenemos medios para hacerlo. Ahora bien, sí podríamos seguir algunas pistas que de modo tangencial podrían servir para facilitar el desenlace del caso y que están a nuestro alcance y en las que el peligro que podríamos correr digamos que es asumible.
- ¡Y se puede saber a qué diablos esperas para contárnoslo, alma de cántaro! – exclama Álvarez que es muy castizo en sus expresiones.
- Vaya, hombre, me han llamado muchas cosas en mi vida, pero nunca me habían tildado de alma de cántaro, porque soy cualquier cosa menos ingenuo – responde Grandal que mira socarronamente al autor de la frase.
- No es más que una forma de hablar, Jacinto. Si te he molestado, lo retiro y pido disculpas – se excusa Álvarez.
- Dejaros de jueguecitos coloquiales, que parecéis dos chicos de primero de la ESO, y vamos al grano – les reprende sin un grano de acritud Ponte -. ¿Qué pistas son esas en las que podríamos seguir hurgando?
- Veréis – Grandal se repantiga en la silla y adopta una pose más profesoral todavía -. Desde que supe que la Dirección General de la Policía había dado la orden de dejar en stand by las investigaciones sobre el robo, no he cesado de darle vueltas a aquellos flecos, relacionados de alguna manera con el robo, que no han sido investigados a fondo y que, en el supuesto de hacerlo, podrían aportar alguna luz al caso. Y creo haber descubierto, al menos, dos. Uno de ellos ligado con el tiroteo del polígono de Fuenlabrada. El otro, con el secuestro de María Victoria, que en su momento os conté.
- Espera, Jacinto, a ver si te he cogido el hilo – ruega Ponte -. El suceso de Fuenlabrada establece un nudo de unión entre los Corrochanos, una empresa china dedicada al lavado del dinero, y unos narcos colombianos que son, por un lado, los proveedores de droga para el clan gitano y, por otro, clientes de los chinos para lo del blanqueo de la pasta. ¿Te sigo?
- Perfectamente, Manolo – le adula Grandal.
- Lo que no me cuadra – prosigue Ponte – es que tiene ver el incidente de Fuenlabrada con lo del secuestro de la zaragozana, ¿qué pinta en esta historia la especialista en arte indígena?
   El excomisario da cumplida respuesta a las dudas de su amigo-
- Verás, Manolo. En el caso de María Victoria los que la secuestraron para que autentificara unas piezas quimbayas eran latinoamericanos. Y en el tiroteo de Fuenlabrada también participó algún sudamericano. ¿Qué supone todo ello? Pues que hay en España una banda de sudacas que sigue actuando en asuntos que, directa o indirectamente, tienen algún tipo de relación con el robo. ¿Es esa banda la que efectuó el robo? No lo creo, pero si es posible que esté de alguna manera conectada con los que lo llevaron a cabo. Pues bien, esas dos pistas, la de Fuenlabrada y la de Zaragoza, son en las que podríamos seguir hurgando.
- Ya nos dirás cómo – quiere saber Ballarín.
- En eso estoy. Cuando lo tenga claro, discutiremos sobre ello.
- Si hemos terminado, podríamos echarnos una partidita, ¿vale? – reitera Álvarez.
- Luis, majo, eres más repetitivo que un tornillo pasado de rosca – le apostrofa Ballarín.