viernes, 10 de febrero de 2017

104. Llegó el comandante y mandó a parar



  El Director Operativo, al ver la cara de pasmo que se les ha quedado al trío de inspectores al escuchar su pregunta sobre qué debía hacer la policía ante la información que viene de La Habana, lanza una carcajada. Se ve que es hombre con sentido del humor.  
- La pregunta era meramente retórica. No sois vosotros – dice dirigiéndose a los inspectores del Caso Inca – quienes tenéis que dar la respuesta, ni siquiera nosotros – añade englobando en ese nosotros a Ramos y a él mismo -. La respuesta ya la ha dado quien tiene competencia para ello y es que desde hoy el Caso Inca queda en stand by; dicho en cristiano para que se me entienda mejor: el caso queda inactivo a la espera de recibir nuevas instrucciones. Esto es una orden y viene de arriba.
   Bernal, como hombre que no tiene pelos en la lengua, levanta la mano para plantear el interrogante que todos tienen en mente.
- Director, ¿puedo hacerle una pregunta?
- Dispara.
- ¿Debemos entender que la célula de coordinación queda disuelta y que podemos regresar a nuestros anteriores puestos?
- En absoluto. El grupo del Caso Inca va a continuar como hasta ahora, únicamente que sin llevar a cabo nuevas investigaciones. Podéis ir poniendo al día el papeleo y disfrutaréis de unos días de vacaciones, pero sin salir de Madrid por si el viento rola de otro cuadrante. Ramos ya tiene las correspondientes autorizaciones.
   Ahora es Blanchard quien levanta la mano.
- Señor Director – el galo, como siempre, guarda las formas -, si no se van a realizar nuevas investigaciones aquí estoy de más, por lo que supongo que podré volver a París.
- Lo lamento, Michel, pero la orden le incluye a usted – Carranza habla de usted al francés cuando a sus inspectores les tutea -. Recibirá en cualquier momento la correspondiente comunicación de su departamento – y vuelve a dirigirse al trío -. Como me da la impresión de que os habéis quedado un tanto frustrados, os diré que están en marcha varias operaciones, digamos que por vía diplomática, para recabar más información sobre la oferta de los servicios cubanos. Y no puedo añadir más. ¿Alguna pregunta? – el silencio es la respuesta -. Ah, cualquier duda que se os plantee en relación al caso vuestro interlocutor será el comisario Ramos. Bien, caballeros, solo quiero decir una cosa más: felicitaros por vuestro trabajo. Espero y deseo que esta felicitación se materialice, cuanto antes, en recompensas más gratificantes. La reunión se ha terminado. Buenos días.
   Al salir de la Dirección Adjunta, Ramos pregunta:
- ¿Os dejo en la Brigada?
   Una rápida mirada parece ponerles de acuerdo y es Atienza quien responde:
- Gracias, Jefe. Iremos andando, así vamos digiriendo lo que nos ha ordenado el comisario Carranza.
- Carranza - precisa Ramos -, como yo y como vosotros, al fin y al cabo no es más que un mandado por muy aparente que pueda resultar lo de Director Adjunto. No lo olvidéis. Otra cosa, si alguien quiere tomarse unos días de vacaciones solo tiene que pegarme un telefonazo. Hasta luego.
   Cuando se quedan solos, Bernal propone:
- Opino que es el momento de tomarse un copazo. ¿Vamos a algún sitio en particular o entramos en el primer bar que mole?
- Por mí donde sea – responde Blanchard.
   Atienza, a su vez, se encoge de hombros. Da la impresión de que es a quien la orden recibida ha dejado más tocado. Buscan una cafetería que parece poco ruidosa, eligen una mesa en un rincón y piden tres wiskis dobles para empezar. Durante bastantes minutos nadie habla, como dijo antes Atienza están digiriendo la orden que les acaban de dar. Al final, es Bernal quien rompe el oneroso silencio.
- Tiene cojones de adónde ha llegado la policía – afirma hablando como si él no perteneciera a la misma -. A que te digan que dejes de investigar un delito como la copa de un pino porque hay por medio no sé que mierda de contactos diplomáticos. Como sigan así casi sería mejor que disolvieran el Cuerpo.
- Yo no hago más que preguntarme que hemos hecho mal para que nos aparten del caso – se lamenta Atienza.
- Pues a mí todo esto no me ha cogido de nuevas. No es que supiera nada, claro, pero sí sé que en cuanto los políticos meten sus narices en un asunto todo puede irse al garete – Lo que significa irse al garete tuvo que preguntarlo Blanchard cuando lo oyó por primera vez y desde entonces, venga o no a cuento, utiliza esa expresión siempre que puede. Y para su consternación también ha descubierto que es una frase que ha dejado de usarse, casi nadie menor de cuarenta años sabe que irse al garete es un término que se refiere a una embarcación que por haber perdido sus anclas, tener una avería en sus máquinas  o por otra causa, se mueve solo impulsada por la fuerza del viento, del mar o de la corriente.
- Juan Carlos, no es que hayamos hecho algo mal – Bernal trata de que su compañero remonte el ánimo -, al contrario, creo que más bien se trata de que nos íbamos acercando demasiado a los autores del atraco y, dado que ni éste es un robo vulgar ni los autores deben de ser unos robaperas cualesquiera, alguien en las alturas se ha puesto nervioso y ha dicho aquello de la canción de Carlos Puebla: llegó el comandante y mandó a parar.
- ¿Tú crees? Ojalá fuera verdad lo que dices – dice Atienza que trata de consolarse con los argumentos de su colega para terminar añadiendo - ¿Y ahora qué hacemos?
   Blanchard es quien le contesta:
- Cualquier cosa menos rompernos los cuernos. Nos han ordenado que paremos y vamos a parar, seguir investigando sería un suicidio profesional. Y yo, como Eusebio, tengo hijos que están muy empeñados en comer, como poco, cuatro veces al día. Vosotros supongo que tendréis que poner al día todos los informes pendientes sobre la investigación. Por mi parte, voy a hacer lo mismo para mis jefes. Y lo de cogerme unos días libres de servicio me parece una idea tan sugerente como sugestiva.
- Bueno, pues vámonos a la Brigada y a quien Dios se la dé, San Pedro se la bendiga – acepta Atienza y antes de que Blanchard le pregunte, explica -. Ese refrán, Michel, quiere decir que, en ocasiones, solo cabe aceptar el buen o el mal éxito de un asunto con resignación y conformidad, por el sesgo que toman las circunstancias.
   En la Brigada, Atienza encuentra la nota de una llamada. Dice escuetamente: te ha llamado el señor Vieques. Volverá a hacerlo. Preguntado, el compañero que ha tomado el recado solo puede decirle que la llamada fue a las once treinta cinco y que el tal Vieques hablaba español con un ligero acento caribeño, podría ser dominicano, portorriqueño, cubano o de por esos pagos. El hecho de que se trate de un hispanoamericano pone de los nervios al inspector de Patrimonio.
- No conozco a nadie que se llame Vieques – le explica a Bernal – y se trata de un latinoamericano.
- Bueno, ¿y qué? – cuestiona Bernal.
- Que puede tener algo que ver con el caso – responde Atienza.
- Mira, Juan Carlos, no te pongas fantasioso. Lo que sea, sonará. Ya tendrás tiempo de ponerte nervioso cuando hables con el tal Vieques. Mientras tanto, tómate una tila o algo para tranquilizarte. Creo que nos hemos pasado de wiskis. Me voy a casa a ver si los meo. Si te parece, esta tarde nos ponemos con el papeleo.
   Blanchard, que se ha ido a su hotel, no deja de pensar en el mandato que les ha dado el Director Operativo: dejar el caso en stand by a la espera de nuevas órdenes. Y a espaldas de sus colegas hispanos y por su cuenta y riesgo toma una decisión que, en el supuesto de que la persona a la que va a llamar no sea discreta, le puede costar un serio disgusto profesional. Recuerda aquella expresión que solía repetir su madre: el que no se moja, no pasa el río, y él está dispuesto a cruzarlo aunque se moje. Además, se dice, solo se me podrá acusar de indiscreto, pues el Director no ha dicho nada de que guardáramos ninguna clase de reserva. Por tanto… llama a Grandal.
- Comisario, soy Blanchard, me gustaría tener con usted una conversación privada, al margen de mis compañeros del caso. ¿Puedo contar con su discreción?
   Grandal vacila. ¿Charlar con el francés sin que lo sepan sus colegas?, ¿qué coño querrá preguntarle o contarle el gabacho? Le puede más la curiosidad y acepta. Quedan en verse después del almuerzo. Como Blanchard conoce bien el disparatado horario español en lo tocante a las comidas, quedan para las cinco de la tarde. ¿A ver qué le digo y, sobre todo, cómo se lo digo?, se dice el francés al apagar el móvil.

martes, 7 de febrero de 2017

103. Una extraña pregunta



   La entrevista en casa de Pérez Recarte ha durado más de lo esperado. Cuando Atienza sale ya es de noche. Pese a ello se apresura a llamar a Bernal.
- Eusebio, tenemos que vernos inmediatamente.
- ¡Coño, Juan Carlos!, ¿tú sabes la hora que es? Estoy ayudando a Berta a bañar a los niños. Como se nota que no tienes críos.
- Lo siento, pero lo que he de contarte no puede esperar a mañana ni tampoco es cuestión de decírtelo por teléfono. Siento que tengas que dejar a Berta que se arregle sola con los niños, pero te espero en la Brigada.
   Acto seguido, llama al inspector francés. Ocurre algo parecido que con Bernal, Blanchard protesta por lo avanzado de la hora.
- Juan Carlos eres un desorganizado. Estas no son horas, pero si es tan importante como dices, me visto y estoy contigo en un periquete – Esta expresión le encanta a Blanchard, les tuvo que contar a sus amigos galos hispanoparlantes que no la conocían que significaba un brevísimo espacio de tiempo y que, desgraciadamente, ya nadie la usa y ha pasado al cementerio de las frases olvidadas.
   Cuando los tres se encuentran en la Brigada, Atienza les cuenta lo que acaba de transmitirle su amigo del CNI. Blanchard es el primero en reaccionar por alusiones.
- ¿Así que te ha dicho el amigo Enrique que estoy armando mucho ruido en mis comunicados a París?
- Literalmente.
- ¿Y cómo sabe el contenido de los informes que envío a mis superiores? – pregunta, mosqueado, el galo.
- No seas ingenuo, Michel. Estamos hablando de los servicios de inteligencia. Esos saben hasta lo que sueñas.
- Hombre, si se tratara del Mossad israelí, la CIA o el MI6 británico aún, pero no creía que el CNI estuviera a su altura.
- Lo esté o no, lo que me ha dicho es eso. Por consiguiente, tú mismo. Además, no sería raro que la información que pueda tener el CNI provenga de tu propia gente. Ten en cuenta que en Francia, como ocurre aquí, los que mandan en la cúpula policial son políticos y esa gente ya sabes cómo se las gasta. Si nos han de vender para apuntarse un tanto lo hacen sin pestañear.
- A mí – Bernal mete baza –, es que en este jodido caso ya no me sorprende nada. Si me dijeran que el mismísimo Papa de Roma o el Presidente Obama también están metidos en el ajo me parecería lo más natural. Teníamos a unos gitanos y a unos chinos, ahora han entrado en la historia las FARC, el gobierno colombiano, el cubano y unos cárteles de la droga. Ya solo falta un émulo de Bob Dylan que cante aquello de The answer is blowin’ in the wind.
- Bueno, si ya os habéis desahogado pongámonos al tajo – Atienza se ha puesto en plan serio -. Hemos de analizar adónde nos lleva esta información y lo que hemos de hacer ante el nuevo escenario que se nos plantea.
- Eso supone muchas horas de trabajo y tampoco es que nos paguen para eso. Tengo tantas ganas como tú de solucionar este puto caso, pero que el análisis lo hagamos ahora, a las tantas de la noche, o lo dejemos para mañana no va a cambiar nada. Si Michel quiere quedarse, allá él, pero lo que es mi menda se vuelve a casa y mañana será otro día – Bernal también se ha puesto serio.
- Por una vez, y sin que sirva de precedente, estoy de acuerdo con Eusebio – dice Blanchard -, yo también me vuelvo. Y te aconsejo, Juan Carlos, que hagas lo mismo. Mañana podemos madrugar.
   Atienza ha de ceder. No tiene sentido de que haga el trabajo de análisis sin sus compañeros. A primera hora del día siguiente, en la Brigada de Patrimonio, los inspectores del Caso Inca proceden al análisis de la información y la petición que les ha pasado Pérez Recarte. Antes de que puedan meterse en faena son llamados al despacho del jefe de la Brigada.
- Os vais a venir conmigo, nos está esperando Carranza – les comunica Ramos. Atienza quiere preguntar a su jefe que es lo que está pasando, pero este le ataja -. Hablaremos en el despacho de Federico.
   Mientras van a coger el coche, Blanchard pregunta a Bernal:
- Me suena el nombre de Federico Carranza, pero ahora no recuerdo exactamente quién es.
- Es el Director Adjunto Operativo, la mano derecha del Director General o, por decirlo de otro modo, el profesional que ostenta el cargo más alto de la policía. Fue quien nos echó una mano en el asunto del bufete de abogados que contrató a la agencia de detectives que seguía los pasos a Adolfo Martínez. Para ser un comisario principal, que en ocasiones se ha de comportar más como un político que como un policía, es un tío bastante majo.
   Cuando llegan a la sede de la Dirección Operativa, les pasan directamente al despacho del Director Adjunto. Carranza está hablando por teléfono, con un gesto les invita a sentarse en una mesa redonda que hay en una esquina del despacho. En cuanto deja el teléfono, saluda a los recién llegados. Ramos le presenta a Blanchard que es el único a quien no conoce Carranza. La puerta del despacho se abre y aparece una secretaria con un bloc en la mano.
- Caballeros – dice Carranza –, antes de comenzar, Amparo tomará nota de lo que queráis tomar. Para mí, lo de siempre.
   En cuanto se marcha la secretaria con la comanda, Carranza toma la palabra:
- Como sabéis, ayer nuestros queridos amigos de la Casa – Así se suele llamar al CNI en los medios policiales – nos dieron una información al tiempo que nos hacían una petición. En vuestro caso – y señala a los inspectores – por medio de un amigo personal de Atienza, en el nuestro – y señala a Ramos – a través del jefe del departamento de América. En ambos casos la comunicación tuvo carácter informal. ¿Por qué no lo hicieron por el conducto reglamentario? Lo pregunté, pero me dieron la callada por respuesta y mi Director, que fue el primero a quien se lo conté, me dijo que ya lo sabía pero no añadió más. De momento vamos a olvidarnos de esta cuestión y vamos a centrarnos en primer lugar en la información que nos pasaron… - En ese momento vuelve a sonar el teléfono. Carranza se levanta como si le hubieran pinchado y al tiempo que se acerca a su mesa le dice a Ramos -. Joaquín, sigue tú.
- Como supongo que iba a contar el comisario – Las diferencias de rango hay que dejarlas patentes desde el primer momento -, la información a la que aludía era la que procede de un hombre de la Casa en La Habana tras entrevistarse con un agente de los servicios cubamos de inteligencia. En síntesis, que si el gobierno español, pese a estar en funciones, seguía apoyando las conversaciones entre el gobierno colombiano y las FARC podría verse recompensado con la devolución de unos bienes históricos…
   Por encima de lo que está diciendo el jefe de la Brigada de Patrimonio resuena la tonante voz del Director Adjunto que le está gritando a alguien al otro lado del hilo telefónico:
- … y no estoy para nadie, aunque llame el mismísimo ministro, ¿queda claro? – a lo que sigue un fuerte chasquido al colgar el aparato.
- Perdón, pero a veces me hacen perder los papeles y lo único que consigo es que se me recrudezca la úlcera de estómago – se lamenta Carranza -. ¿Por dónde vais?
- Me he limitado a resumir el mensaje de los cubanos – se explica Ramos.
- Bien. Continúo y abrevio esta fase. La conversación entre el agente cubano y el nuestro tuvo carácter oficioso. No se mencionó la palabra quimbaya. Es un misterio qué tienen que ver los cubanos en el asunto del tesoro. Todos los intentos de profundizar en la cuestión con los representantes colombianos y de las FARC no han tenido éxito. A pesar de todo ello, tanto en la Casa como en la Dirección General están convencidos de que el cubano se refería al Tesoro Quimbaya. No existe ningún otro bien histórico muy preciado que hayamos perdido o que ha sido robado. ¿Qué grado de credibilidad se le puede dar a la información? Los servicios de nuestra embajada en La Habana, los analistas de la Casa, así como los nuestros le dan más de un ochenta por ciento de probabilidades de que la información sea veraz. Por consiguiente, y mientras no tengamos pruebas o, al menos, indicios en contra aceptaremos este dato como cierto. Dicho en cristiano: alguien que tiene las piezas robadas del tesoro o – y hace un inciso para remarcar lo que va a decir -… que conoce a quien las tiene nos promete que si somos buenos y mostramos un apoyo sin fisuras a las conversaciones de La Habana nos devolverán el tesoro robado. Hasta aquí la parte expositiva de la información que viene de Cuba, ahora entramos en las tripas del asunto, ¿qué ha de hacer la policía española ante esto?
   Los tres inspectores se miran entre sí con evidente estupor. ¿Han entendido bien?, ¿el segundo cargo más importante de la policía española les está pidiendo su opinión sobre lo que hay que hacer? ¿A santo de qué viene tan extraña pregunta?

viernes, 3 de febrero de 2017

102. Donde hay patrón, no manda marinero


  
   Atienza escucha con suma atención las explicaciones que le está dando su amigo Pérez Recarte sobre lo que se cuece en las conversaciones de La Habana entre las FARC y el gobierno colombiano.
- En su comienzo, la principal fuente de ingresos de las FARC fue el cobro de rescates por secuestros y el robo de ganado, pero pronto se dieron cuenta de que el tráfico de droga podía ser un poderoso instrumento para allegar fondos. En un informe del gobierno de Colombia se afirma que la guerrilla obtenía el 78% de sus recursos gracias al narcotráfico. Desde el 2010, la minería ilegal ha ganado terrero en las finanzas de las FARC, pero el tráfico de cocaína sigue siendo uno de sus puntales económicos. Lo consiguen traficando directamente con la coca o por el llamado Impuesto al Gramaje, pagado por cada gramo producido por los campesinos cocaleros. Por esa causa, la relación entre la guerrilla y ciertos cárteles de la droga es sumamente estrecha pues ambos grupos obtienen grandes beneficios con su mutuo entendimiento – Pérez vuelve a hacer un receso después de la larga parrafada.
- Lo de las FARC y su relación con el mundo de la droga me ha quedado muy claro. De eso sí sabía algo, pero lo que no acabo de ver es el nexo de todo ello con las conversaciones de La Habana – puntualiza Atienza aprovechando el parón de su compañero.
- Todo a su tiempo, Juan Carlos. ¿Quieres más café?, creo que Lupe ha dejado hecho en la cafetera.
   Mientras Pérez va a por café, Atienza recapacita en lo que le está contando su amigo y comienza a barruntar por donde deben ir los tiros del posible nexo de unión entre el robo del tesoro y las conversaciones entre las FARC y el gobierno colombiano. Tras tomarse otro cafelito, Pérez retoma su relato.
- Voy a saltarme algunas partes de la historia para que no te pierdas. En las conversaciones de La Habana, que han sido y son profusamente aireadas por la prensa mundial, hay muchos intereses en juego que no siempre aparecen en los medios. Uno de los muchos interesados en que esos diálogos lleguen a buen puerto es nuestro gobierno y tiene poderosas razones para ello. Cerca de cuatrocientas cincuentas empresas españolas operan actualmente en Colombia. Grupos como Repsol, Telefónica, Iberia, BBVA y Globalia tienen importantes inversiones en aquel país y compañías constructoras como ACS, OHL, Sacyr y Ferrovial son líderes allí en la construcción de infraestructuras. Nos jugamos tal cantidad de dinero en aquella tierra que si las conversaciones fracasaran y el país volviera a sumergirse en una sangrienta guerra de guerrillas como en años atrás, el roto que se podría hacer a nuestra economía sería sumamente grave – Pérez hace otro parón.
   En esta ocasión, Atienza no pregunta nada, ya le dijo antes su compañero que todo a su tiempo.
- Bien – prosigue Pérez -, dentro del escenario que te he pintado, hace algunos días se produjo un hecho en La Habana que afecta directamente al Caso Inca. Alrededor de los protagonistas de las conversaciones Gobierno-FARC bullen montones de personajes de lo más variopinto, entre ellos muchos funcionarios cubanos que, al fin y al cabo, son los anfitriones y los que más han impulsado el diálogo. Pues bien, un miembro de los servicios de la inteligencia cubana deslizó en el oído de uno de nuestros hombres en Cuba que esperaba que el actual gobierno español, aunque esté en funciones, siguiera ayudando decididamente a que las conversaciones terminaran con un acuerdo de paz honorable y que eso podría tener su recompensa para nuestro país en forma de la devolución de unos bienes históricos muy preciados. Naturalmente…
   Atienza, no puede contenerse e interrumpe a su compañero:
- ¡No me digas que tienen en su poder el Tesoro Quimbaya y lo devolverán si apoyamos un final feliz de las conversaciones!
- Ojalá fuera tan sencillo como eso, pero desgraciadamente no es así – Pérez embrida la explosión de júbilo de su amigo -. En primer lugar, fue una conversación absolutamente informal entre un agente cubano y uno de los nuestros. En segundo lugar, nadie habló para nada del Tesoro Quimbaya. Y en tercero, no está nada claro que pintan en todo esto los cubanos. Por todo ello, nuestras antenas en La Habana han extremado sus contactos, tanto con los representantes de las FARC y del gobierno colombiano como con los propios cubanos, sin que hasta el momento hayan conseguido recabar más detalles sobre la propuesta.
- Quique, sigo sin comprender adonde quieres llegar contándome esta historia – cuestiona Atienza.
- No seas impaciente, Juan Carlos – le reconviene Pérez -. Necesitaba contártelo para que entiendas mejor lo que viene después. Nuestros terminales en La Habana informan que el agente cubano que habló con uno de nuestros hombres no es un cualquiera, está muy posicionado dentro de la inteligencia del régimen castrista, por lo que dan a sus palabras un alto grado de verosimilitud. Por consiguiente, y a pesar de que el nombre quimbaya nunca salió a relucir, nuestros agentes en Cuba están convencidos de que esos pretendidos bienes históricos muy preciados que el cubano dijo que se podían devolver a España no pueden ser otros que las piezas robadas del Tesoro Quimbaya.
- Me estoy haciendo un lío, Quique. ¿Todo eso qué quiere decir, que las piezas las tienen los cubanos o que están en posesión de las FARC? – pregunta Atienza.
- No, necesariamente. La hipótesis que maneja nuestra célula en La Habana es que el tesoro no lo tienen ni los cubanos ni las FARC, pero que posiblemente ambos conozcan quien es el grupo o la persona que lo tiene en su poder. Y ese grupo o persona ha de estar relacionado tanto con los cubanos como con los guerrilleros. En esa dirección, y por descarte, en la Casa hemos llegado a la conclusión de que solo puede ser un cártel de narcotraficantes.
- Empiezo a comprender por dónde van los tiros – admite Atienza -. Y también empieza a tener sentido el tiroteo del polígono de Fuenlabrada, así como se confirman algunas de las hipótesis que hemos barajado del caso. Y algo más, ahora recuerdo que hace unos días el comisario Grandal, que no sé si sabes que colabora con nosotros, reflexionando en voz alta dijo que no le sorprendería que los autores del robo podrían ser una banda de narcos colombianos porque para ellos sería un motivo de orgullo devolver a su país un tesoro que consideran suyo, o que podrían emplearlo como moneda de cambio bajo cuerda en los tratos con su gobierno, o también que el tesoro podría jugar alguna clase de papel en las conversaciones entre las FARC y el gobierno de Colombia.
- ¡Coño con el comisario Grandal!, podrá estar jubilado pero veo que no ha perdido el olfato con el que tanto nos daba la brasa en Ávila – recuerda Pérez -. Pero a lo que iba. En los últimos días parece que tu jefe ha estado haciendo llamadas sugiriendo que nuestro gobierno sabe mucho del robo del tesoro, pero que por los motivos que fuere no los cuenta. Es por eso por lo que estamos manteniendo esta charla off the record.
- ¿Qué quieres decir?
- Pues que te voy a dar un mensaje y no se trata de una petición personal sino que viene de arriba aunque esta conversación, a todos los efectos, nunca la hemos tenido. Les vas a decir a tus compañeros del caso, especialmente al francés que está armando mucha ruido en sus comunicaciones a París, que dejen de soltar globos sonda sobre los silencios que guarda el gobierno sobre el Caso Inca porque si continuáis dando palos al avispero pueden cabrearse las avispas y armarse la de Dios es Cristo. 
- ¿También se lo he de contar a mi jefe? – pregunta Atienza.
- No es necesario, con tu jefe y con Carranza alguien con más rango que el mío está teniendo en estos momentos una conversación parecida.
- ¡O sea, que nos tenemos que callar! – explota Atienza -, ¿pero en que mierda de policía estamos metidos?
- En la de siempre, majo, en la de que donde hay patrón, no manda marinero.
- Y el caso sin resolver y los atracadores se irán de rositas – se lamenta Atienza.
- Por lo que he podido entrever, creo que el caso se resolverá, que los atracadores o, al menos, los que lo llevaron a cabo y asesinaron al vigilante de seguridad no se irán de rositas y que, al final, las medallas os las vais a llevar vosotros, me refiero a los que coordináis el caso. Dos cosas más para terminar: reitero que esta es una conversación off the record, la otra ¿quieres más café?