viernes, 3 de febrero de 2017

102. Donde hay patrón, no manda marinero


  
   Atienza escucha con suma atención las explicaciones que le está dando su amigo Pérez Recarte sobre lo que se cuece en las conversaciones de La Habana entre las FARC y el gobierno colombiano.
- En su comienzo, la principal fuente de ingresos de las FARC fue el cobro de rescates por secuestros y el robo de ganado, pero pronto se dieron cuenta de que el tráfico de droga podía ser un poderoso instrumento para allegar fondos. En un informe del gobierno de Colombia se afirma que la guerrilla obtenía el 78% de sus recursos gracias al narcotráfico. Desde el 2010, la minería ilegal ha ganado terrero en las finanzas de las FARC, pero el tráfico de cocaína sigue siendo uno de sus puntales económicos. Lo consiguen traficando directamente con la coca o por el llamado Impuesto al Gramaje, pagado por cada gramo producido por los campesinos cocaleros. Por esa causa, la relación entre la guerrilla y ciertos cárteles de la droga es sumamente estrecha pues ambos grupos obtienen grandes beneficios con su mutuo entendimiento – Pérez vuelve a hacer un receso después de la larga parrafada.
- Lo de las FARC y su relación con el mundo de la droga me ha quedado muy claro. De eso sí sabía algo, pero lo que no acabo de ver es el nexo de todo ello con las conversaciones de La Habana – puntualiza Atienza aprovechando el parón de su compañero.
- Todo a su tiempo, Juan Carlos. ¿Quieres más café?, creo que Lupe ha dejado hecho en la cafetera.
   Mientras Pérez va a por café, Atienza recapacita en lo que le está contando su amigo y comienza a barruntar por donde deben ir los tiros del posible nexo de unión entre el robo del tesoro y las conversaciones entre las FARC y el gobierno colombiano. Tras tomarse otro cafelito, Pérez retoma su relato.
- Voy a saltarme algunas partes de la historia para que no te pierdas. En las conversaciones de La Habana, que han sido y son profusamente aireadas por la prensa mundial, hay muchos intereses en juego que no siempre aparecen en los medios. Uno de los muchos interesados en que esos diálogos lleguen a buen puerto es nuestro gobierno y tiene poderosas razones para ello. Cerca de cuatrocientas cincuentas empresas españolas operan actualmente en Colombia. Grupos como Repsol, Telefónica, Iberia, BBVA y Globalia tienen importantes inversiones en aquel país y compañías constructoras como ACS, OHL, Sacyr y Ferrovial son líderes allí en la construcción de infraestructuras. Nos jugamos tal cantidad de dinero en aquella tierra que si las conversaciones fracasaran y el país volviera a sumergirse en una sangrienta guerra de guerrillas como en años atrás, el roto que se podría hacer a nuestra economía sería sumamente grave – Pérez hace otro parón.
   En esta ocasión, Atienza no pregunta nada, ya le dijo antes su compañero que todo a su tiempo.
- Bien – prosigue Pérez -, dentro del escenario que te he pintado, hace algunos días se produjo un hecho en La Habana que afecta directamente al Caso Inca. Alrededor de los protagonistas de las conversaciones Gobierno-FARC bullen montones de personajes de lo más variopinto, entre ellos muchos funcionarios cubanos que, al fin y al cabo, son los anfitriones y los que más han impulsado el diálogo. Pues bien, un miembro de los servicios de la inteligencia cubana deslizó en el oído de uno de nuestros hombres en Cuba que esperaba que el actual gobierno español, aunque esté en funciones, siguiera ayudando decididamente a que las conversaciones terminaran con un acuerdo de paz honorable y que eso podría tener su recompensa para nuestro país en forma de la devolución de unos bienes históricos muy preciados. Naturalmente…
   Atienza, no puede contenerse e interrumpe a su compañero:
- ¡No me digas que tienen en su poder el Tesoro Quimbaya y lo devolverán si apoyamos un final feliz de las conversaciones!
- Ojalá fuera tan sencillo como eso, pero desgraciadamente no es así – Pérez embrida la explosión de júbilo de su amigo -. En primer lugar, fue una conversación absolutamente informal entre un agente cubano y uno de los nuestros. En segundo lugar, nadie habló para nada del Tesoro Quimbaya. Y en tercero, no está nada claro que pintan en todo esto los cubanos. Por todo ello, nuestras antenas en La Habana han extremado sus contactos, tanto con los representantes de las FARC y del gobierno colombiano como con los propios cubanos, sin que hasta el momento hayan conseguido recabar más detalles sobre la propuesta.
- Quique, sigo sin comprender adonde quieres llegar contándome esta historia – cuestiona Atienza.
- No seas impaciente, Juan Carlos – le reconviene Pérez -. Necesitaba contártelo para que entiendas mejor lo que viene después. Nuestros terminales en La Habana informan que el agente cubano que habló con uno de nuestros hombres no es un cualquiera, está muy posicionado dentro de la inteligencia del régimen castrista, por lo que dan a sus palabras un alto grado de verosimilitud. Por consiguiente, y a pesar de que el nombre quimbaya nunca salió a relucir, nuestros agentes en Cuba están convencidos de que esos pretendidos bienes históricos muy preciados que el cubano dijo que se podían devolver a España no pueden ser otros que las piezas robadas del Tesoro Quimbaya.
- Me estoy haciendo un lío, Quique. ¿Todo eso qué quiere decir, que las piezas las tienen los cubanos o que están en posesión de las FARC? – pregunta Atienza.
- No, necesariamente. La hipótesis que maneja nuestra célula en La Habana es que el tesoro no lo tienen ni los cubanos ni las FARC, pero que posiblemente ambos conozcan quien es el grupo o la persona que lo tiene en su poder. Y ese grupo o persona ha de estar relacionado tanto con los cubanos como con los guerrilleros. En esa dirección, y por descarte, en la Casa hemos llegado a la conclusión de que solo puede ser un cártel de narcotraficantes.
- Empiezo a comprender por dónde van los tiros – admite Atienza -. Y también empieza a tener sentido el tiroteo del polígono de Fuenlabrada, así como se confirman algunas de las hipótesis que hemos barajado del caso. Y algo más, ahora recuerdo que hace unos días el comisario Grandal, que no sé si sabes que colabora con nosotros, reflexionando en voz alta dijo que no le sorprendería que los autores del robo podrían ser una banda de narcos colombianos porque para ellos sería un motivo de orgullo devolver a su país un tesoro que consideran suyo, o que podrían emplearlo como moneda de cambio bajo cuerda en los tratos con su gobierno, o también que el tesoro podría jugar alguna clase de papel en las conversaciones entre las FARC y el gobierno de Colombia.
- ¡Coño con el comisario Grandal!, podrá estar jubilado pero veo que no ha perdido el olfato con el que tanto nos daba la brasa en Ávila – recuerda Pérez -. Pero a lo que iba. En los últimos días parece que tu jefe ha estado haciendo llamadas sugiriendo que nuestro gobierno sabe mucho del robo del tesoro, pero que por los motivos que fuere no los cuenta. Es por eso por lo que estamos manteniendo esta charla off the record.
- ¿Qué quieres decir?
- Pues que te voy a dar un mensaje y no se trata de una petición personal sino que viene de arriba aunque esta conversación, a todos los efectos, nunca la hemos tenido. Les vas a decir a tus compañeros del caso, especialmente al francés que está armando mucha ruido en sus comunicaciones a París, que dejen de soltar globos sonda sobre los silencios que guarda el gobierno sobre el Caso Inca porque si continuáis dando palos al avispero pueden cabrearse las avispas y armarse la de Dios es Cristo. 
- ¿También se lo he de contar a mi jefe? – pregunta Atienza.
- No es necesario, con tu jefe y con Carranza alguien con más rango que el mío está teniendo en estos momentos una conversación parecida.
- ¡O sea, que nos tenemos que callar! – explota Atienza -, ¿pero en que mierda de policía estamos metidos?
- En la de siempre, majo, en la de que donde hay patrón, no manda marinero.
- Y el caso sin resolver y los atracadores se irán de rositas – se lamenta Atienza.
- Por lo que he podido entrever, creo que el caso se resolverá, que los atracadores o, al menos, los que lo llevaron a cabo y asesinaron al vigilante de seguridad no se irán de rositas y que, al final, las medallas os las vais a llevar vosotros, me refiero a los que coordináis el caso. Dos cosas más para terminar: reitero que esta es una conversación off the record, la otra ¿quieres más café?

martes, 31 de enero de 2017

Capítulo 20. Una oferta que viene de Cuba.- 101. ¿Qué sabes de las conversaciones de La Habana?


   En una de sus últimas reuniones con los inspectores del Caso Inca, Grandal les sugirió que tendrían hablar con sus superiores. Deberían explicarles las muchas sospechas que tenían sobre que el Gobierno estaba ocultando información que podría ser decisiva para el esclarecimiento del caso. El problema que ahora se les plantea es doble: que mando escoger para que les escuche y qué contarle para que la acción no sea considerada como una falta grave contra el reglamento policial. Barajan muchos nombres que tras analizarlos han ido desechando. Al final se quedan con uno: el jefe de la Brigada del Patrimonio Histórico.
- En mi opinión es el más indicado para entender y comprender nuestras razones. No solo es quien mejor conoce la marcha de la investigación sino también el que será capaz, dentro de su ámbito competencial, de romper una lanza por la misma y, de paso, por nosotros – Atienza defiende con calor su propuesta.
- No discuto lo que dices de tu jefe, el problema radica en que solo se moverá en su ámbito competencial, y ese es el que todos sabemos, está circunscrito a un espacio muy concreto, el del patrimonio histórico-artístico. Tu jefe tendría que saltarse muchos peldaños para llegar hasta donde pajarean los fulanos que toman las decisiones políticas. Creo que tendríamos que buscar en otros caladeros – rebate Bernal.
- ¿Qué peldaños tiene que saltarse? – quiere saber Blanchard.
- Pues mira, por encima tiene al jefe de la Unidad de Delincuencia Especializada y Violencia, quien depende del jefe de la Comisaría General de Policía Judicial, el cual está subordinado al mandamás de la Dirección Adjunta Operativa, encima del cual está el Director General de la Policía que es el que despacha diariamente con el Secretario de Estado de Seguridad, quien por encima ya solo tiene al Ministro. Todos los cargos citados, salvo los tres últimos, están ocupados por comisarios principales; es decir, por profesionales – le explica Bernal.
- Si te he entendido bien, quiere decir que el jefe de la Brigada para llegar al primer cargo político que, en definitiva, son los que toman las últimas decisiones, tendría que saltarse tres peldaños jerárquicos – resume Blanchard.
- Exacto. Y ya me dirás como un jefe de Brigada va a puentear a tres compañeros de cuerpo que encima tienen un rango superior al suyo. Lo que dije: hay que buscar en otros caladeros – insiste Bernal.
- Dime en cuales – le reta Atienza.
- Ese es el problema, no lo sé – admite el policía de la Judicial.
   Y como no encuentran nada mejor, terminan por aceptar la propuesta de Atienza. Joaquín Ramos, jefe de la Brigada del Patrimonio Histórico, es un caso bastante insólito en el universo policial. Tras ingresar en el cuerpo, estudió en la Universidad Nacional de Educación a Distancia la carrera de Historia del Arte que siempre fue su auténtica vocación. Como no podía ser de otra manera, terminó en la Brigada de la que hace años es su jefe. Ramos escucha con suma atención la explicación de los tres inspectores. Se le nota preocupado. Es consciente de que los tres policías están ante un caso irresoluble si no se les ayuda, lo que para su Brigada sería una mancha indeleble en su historial. Por eso, se decide a contarle al trío algo que hasta el momento había callado.
- Os voy a contar algo, pero con la exigencia de que no vais a repetir ni una sola palabra y más que exigencia es una orden. Hace un par de semanas, tuvimos uno de los encuentros periódicos que celebramos los compañeros que estamos al frente de los distintos departamentos del Cuerpo. Generalmente, no solemos hablar del trabajo, pero ese día no sé por qué alguien sacó a relucir el Caso Inca. Ante mi sorpresa, dos de mis superiores inmediatos, el jefe de la UDEV y el de la Comisaría General, mostraron sus reticencias ante lo que denominaron la falta de interés del Secretario de Estado y del propio Ministro sobre la investigación que estáis llevando a cabo. Algo que fue refrendado por Federico Carranza que, como sabéis es el Director Adjunto Operativo. Ante la sorpresa general y la mía en particular, el Director General, que ese día estaba invitado, no opinó nada. La gente entendió el mensaje y se acabaron los comentarios. El silencio del Director se interpretó de muy diversas formas: que si no le gustaba el tema, que si con ello recordaba que en nuestros almuerzos no se habla de cuestiones profesionales, que si patatín, que si patatán. Al marcharnos, compartí coche con Carranza y me comentó que no sabía exactamente qué, pero que intuía que algo raro pasaba con el Caso Inca. Opinión que le dije compartir. Y ahora me venís con vuestras quejas. Como acabáis de oír no sois los únicos en sospechar que aquí hay gato encerrado. Lo que no sabemos es qué clase de gato.
- Entonces, jefe, ¿qué hacemos? – pregunta Atienza.
- Dadme unos días para pensarlo. Haré unas cuantas llamadas y volveré a hablar con Carranza.
- ¿Me permite, comisario, decir algo desde mi perspectiva de colaborador en el caso y con la libertad que da no  formar parte de la policía española? – inquiere Blanchard que, ante el tácito beneplácito de Ramos, prosigue -. Yo veo el robo del tesoro como un caso que lleva camino de pasar al archivo de los delitos irresueltos. Lo que sería una afrenta, no ya para la Brigada, también para toda la policía. Aparte de que no recuperar el tesoro supone una ofensa para el conjunto de la sociedad española. Opino, y con esto termino, que el Caso Inca debe ser resuelto usando los medios que sean necesarios, aunque fuera bordeando la estricta legalidad.
- Alguna de las cosas que has dicho, Blanchard, voy a darlas por no oídas, pero añadiré que básicamente estoy de acuerdo contigo. Bien, como he dicho dadme unos días. A través de Juan Carlos os tendré informado. Y gracias por vuestro tesón y firmeza.
   Pasan varias jornadas sin que Ramos les llame a para contarles sus gestiones. Lo que hace que el trío de inspectores se vayan poniendo nerviosos. No hacen más que repasar sus notas y debaten hasta la extenuación todas las hipótesis que han ido barajando. Una de esas mañanas en las que terminan hastiados de confrontar teorías, Atienza ve que tiene un WhatsApp de Pérez Recarte, su compañero de promoción que trabaja en el CNI. El mensaje es breve: ¿Cuando tomamos un Moka? La escueta nota es, en realidad, una contraseña entre ambos amigos. Lo que viene a decir es que han de hablar cuanto antes. Ese mismo día Atienza y Pérez hacen realidad una parte del mensaje: toman café en el domicilio del último. Tras servirles la infusión la esposa de Pérez les deja.
- Salgo a recoger a los niños. Hasta luego.
   En cuanto se quedan solos, Pérez no se anda con rodeos, ataca directamente el motivo por el que ha citado a su amigo.
- ¿Tú qué sabes de las conversaciones de La Habana?
- ¿Las conversaciones de La Habana? – pregunta sorprendido Atienza -. No sé a qué te refieres.
- Sí, hombre, las conversaciones que están sosteniendo en Cuba el Gobierno colombiano y las guerrillas de las FARC para terminar con una lucha que dura ya más de medio siglo.  
- Ah, eso. Pues sé lo que leo en la prensa y lo que cuentan los telediarios, pero poco más. Cómo comprenderás esa es una cuestión que está muy lejos de mis tareas y de mis problemas que no son pocos precisamente.
- Te resumo la cuestión: las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, más conocidas por su sigla FARC, son un grupo guerrillero de extrema izquierda que se autoproclama marxista-leninista y que operan desde mil novecientos sesenta y cuatro en gran parte del territorio colombiano y en la zona fronteriza con Venezuela. Internacionalmente es considerado como un grupo terrorista. Desde la década de los ochenta se nutren en buena medida del narcotráfico para mantener su aparato militar y comprar armamento. Hace cuatro años que ambas partes mantienen conversaciones en La Habana, auspiciadas por el gobierno cubano, para conseguir el cese temporal pero indefinido de acciones militares de ambos bandos, la desmovilización, entrega de armas y reinserción de los militantes del grupo guerrillero. El actual presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, está decidido a conseguir el acuerdo de paz con las FARC y para ello ha pedido la colaboración internacional. Nuestro gobierno apoya plenamente al gobierno colombiano en ese empeño en conseguir la paz – al llegar aquí, Pérez se toma un respiro que aprovecha Atienza para meter baza.
- Bien, ya estoy al día de la lucha entre las FARC y el gobierno colombiano y de las conversaciones de La Habana. Ahora la pregunta: ¿y por qué me cuentas todo eso?
- Esa es la segunda parte. Presta atención.

viernes, 27 de enero de 2017

100. ¿Quién me compra este misterio? Adivina, adivinanza



   Los policías del Caso Inca, a los que acompaña Grandal, están esperando en lo que llaman el desayunador de la planta baja del hotel a que llegue la doctora Martín-Rebollo a la que han invitado a desayunar. Atienza encuentra a María Victoria algo desmejorada respecto a cuando estuvo en Madrid y piensa que es natural, no todos los días lo secuestran a uno. Lo primero que hace es disculpar la ausencia de Bernal. El inspector de la Judicial, después del puyazo que le metió Grandal el día anterior sobre sus malos modos con la profesora, ha preferido ausentarse aduciendo que tenía que hablar con sus colegas zaragozanos a ver qué le contaban sobre el secuestro.
   María Victoria quizá esté un tanto demacrada, pero no parece haber perdido el apetito pues hace honor al sabroso buffet compuesto por frutas, zumos, cereales, bollería, embutidos y hasta se atreve con uno de los platos calientes, un triángulo de tortilla de patata. No lo prueba todo, pero si pica de aquí y de allá. Durante el desayuno, la conversación es informal y se habla de todo un poco sin aludir en ningún momento al motivo de la reunión. Cuando terminan, Atienza les conduce a un saloncito de reuniones que previamente ha reservado. Blanchard abre su Moleskine y Atienza deja encima de la mesa el magnetófono.
 ¿Te importa que grabemos la conversación? – pregunta el inspector a María Victoria.
- En absoluto – es la lacónica respuesta de la mujer.
- Gracias, Mariví – Atienza utiliza su nombre familiar en un intento de quitar aire oficial al interrogatorio -. Como Grandal nos ha proporcionado una copia de tu declaración ante el comisario Lucientes, no vamos a hacerte repetir lo que ya contaste. Nos centraremos en preguntas concretas. Te hago la primera: has declarado que tus raptores hablaban un español latinoamericano, ¿podrías precisar de qué parte de América?
- Creo que ya lo dije, su modo de hablar el español me sonaba al de los países de  Centro o Sudamérica… Podrían ser panameños, colombianos, venezolanos o de por ahí, pero soy incapaz de precisar de qué lugar.
- Otra pregunta: antes de que te secuestraran, ¿notaste algún movimiento raro en tu entorno, personas que no conocías, individuos que preguntaran por ti en el vecindario, en la facultad o a tus amistades?
- Sobre eso solo tengo un dato. Un bedel de la facultad me comentó que hace como cosa de tres semanas un tipo muy moreno, vestido con un chándal y que no parecía estudiante le estuvo preguntando donde podía ver el horario de los profesores del departamento de Historia del Arte.
- ¿Llegaste a tener en tus manos las piezas quimbayas que te enseñaron?
- Por supuesto. Después de enseñármelas me las dejaron para que pudiese examinarlas detenidamente. Y no solo una vez sino dos.
- Y no te quedó ninguna duda de que eran réplicas de las originales.
- En la medida que una inspección ocular pueda servir, ninguna. Aunque hubiese estado más segura si hubiese podido analizarlas en el laboratorio, sin embargo mi opinión con un margen de seguridad de más del noventa por ciento es que las piezas eran meras copias.
- ¿Por qué crees que no te llevaron algunos de los aparatos que les dijiste que serían necesarios para realizar un análisis exhaustivo de las piezas?
- No lo sé, pero en Zaragoza no es fácil hacerse con esos instrumentos. Solo los hay en la Facultad de Geología y no sé si en la Escuela de Ingenieros y quizá en alguna empresa de metalurgia. Creo que eso consta en mi declaración.
- Aunque no les viste las caras, ¿recuerdas cómo reaccionaron cuando les dijiste que las piezas eran falsas? Me refiero a si exclamaron algo o si movieron el cuerpo de alguna manera. En fin, si dieron alguna muestra de sorpresa, indignación o desagrado.
- Diría que su reacción, en la medida que pude observar, fue más bien de desagradable resignación. Para mí, y es una opinión algo aventurada, que ya esperaban lo que les conté, que las piezas eran copias.
   Blanchard interviene por primera vez en el interrogatorio:
- ¿Mencionaron en algún momento la palabra quimbaya? 
- En ninguno, solo hablaron de piezas de una cultura indígena americana, pero ni la palabra quimbaya ni siquiera la de tesoro salió de su boca.
   Atienza retoma el turno de preguntas:
- Recordarás que en la tormenta de ideas nos contaste que en el mundo de la historiografía del arte precolombino era opinión común que las piezas del tesoro robadas eran réplicas. Después de lo sucedido, ¿sigues creyéndolo?
- Más que nunca. Creo que lo ocurrido lo avala. Una banda de latinoamericanos secuestra a una experta en arte precolombino con la única finalidad de que autentifique unas piezas de la orfebrería quimbaya. Las piezas en cuestión datan de mediados del siglo XX; es decir, son copias. Blanco y en botella. ¡Cómo no me voy a creer que son reproducciones!
- ¿Es posible que las piezas que autentificaste fueran parte de las que transportaba el furgón blindado que robaron delante del museo? – pregunta Blanchard.
- No lo puedo asegurar. Lo que sí sé es que las piezas en cuestión: un poporo, un collar y la figura de un cacique son idénticas a las que tiene catalogadas el Museo de América y que formaban parte del conjunto que se envió a París. Y añado: son demasiadas coincidencias, por  lo que aunque no lo afirmo con plena seguridad opino que la respuesta a tu pregunta tendría que ser afirmativa.
   Llegados a ese punto, Atienza explica a María Victoria la conversación que tuvieron con una cualificada experta en museística que les aseguró que en el noventa y nueve, coma noventa y nueve por ciento de veces, los museos solo prestan obras originales.
- Y estoy por completo de acuerdo. Es más, diría que más que una opinión es un hecho cierto, aunque sé que ello se da de bruces con el hecho de que las piezas que me mostraron fueran copias.
   Prosigue Atienza contándole el hallazgo de una fotografía que mostraba que, durante el tiempo en que determinadas piezas del tesoro se prestaron al museo parisino, en las vitrinas de la sala del Museo de América donde se expone el conjunto del tesoro se veían los correspondientes huecos pertenecientes a las obras que faltaban y termina diciendo:
- Las piezas que faltaban en las vitrinas se supone que son las que se mandaron al museo francés. Si ahora dices que unas piezas iguales a las que deberían formar parte del lote que se mandó a París son copias, ¿quiere eso decir que el conjunto del Tesoro Quimbaya o, al menos, algunas de las piezas que expone el Museo de América son réplicas?
   María Victoria no responde inmediatamente. Da la impresión que está procesando el planteamiento que ha hecho el inspector de Patrimonio. Cuando responde su voz no es tan firme como en anteriores respuestas.
- Me pones en un aprieto, Juan Carlos. Y para ser sincera he de decir que mi respuesta no puede ser otra: no lo sé. Lo que sí sé, y que precisamente es una de las falsedades que desmontaba sobre el Tesoro Quimbaya en el artículo que escribí en El Heraldo, es que existen unas réplicas de todas las piezas del tesoro que fueron las que estuvieron expuestas entre 1978 y 1984, fecha en la que se cerró el museo para ser restaurado. Ahora bien, desde la reapertura del museo en 1994, las piezas del tesoro que se exponen en la sala dedicada al mundo funerario son las originales.
- ¿Entonces…? – inquiere Atienza.
   El amago de pregunta queda flotando en la atmósfera del saloncito sin que ninguno de los presentes se arriesgue a contestar. Es Grandal, que ha permanecido callado hasta el momento, quien da una respuesta en clave sarcástica.
- Todo esto me recuerda a una vieja copla que tarareaba a menudo mi santa madre, La Parrala, en la que hay una estrofa que dice: Unos decían que sí, otros decían que no, y otra en que se canta ¿Quién me compra este misterio? Adivina, adivinanza… Pues así estamos: unos dicen que las joyas robadas son originales, otros que son copias y al final hay que cantar lo de ¿Quién me compra este misterio?
   Las miradas que ambos inspectores echan al excomisario son todo un poema y no precisamente trufado de buenas intenciones. María Victoria, en cambio, esboza un amago de sonrisa entre irónica y comprensiva. Y de esa manera termina el interrogatorio a la doctora Martín-Rebollo. Atienza lo resume así:
- Volvemos a estar como al principio o más bien peor porque ahora, por no saber, ni siquiera sabemos si las piezas robadas son auténticas o falsas.
- No, Juan Carlos – rebate Grandal y al mismo tiempo le anima -. Los ladrones han movido ficha y cabe esperar que sigan moviéndolas. Quizá estemos al principio, pero del fin.