viernes, 23 de diciembre de 2016

90. Van a flipar en colores



   Ponte madruga aunque sea domingo, está citado con sus amigos en casa Grandal para continuar el debate sobre las seis certezas y una duda definidas por los inspectores del Caso Inca. Esta mañana solo abre una portada, elige la de El País porque en la versión on line es la que en su opinión mejor resume las noticias más importantes. El titular principal trata de lo que sigue siendo el suceso político más destacado del país en los últimos días: la investidura del futuro Presidente del Gobierno. Ni la lee, más de lo mismo, piensa. En cambio se fija en un suelto que viene en la columna de salida: La fractura social causada por la crisis abre camino a Trump. En la misma se explica que: El auge del candidato republicano desconcierta a Estados Unidos. O sea, que la crisis no solo está pasando factura a los gobiernos europeos, también ha llegado a América, piensa. Y Trump, que por lo que leído no tiene ninguna experiencia política, puede convertirse en el nuevo presidente yanqui, algo que veo probable puesto que, por lo que parece, la mayoría de periódicos le están haciendo la campaña hablando todos los días de él, concluye
   A las diez y media, como habían quedado, los cuatro amigos se reúnen en casa Grandal para retomar el debate sobre los ítems que restan por analizar. En el corcho sigue pinchado el folio del quinto ítem que no llegaron a debatir el día anterior cuyo texto dice: Según la confesión de Martínez, los ladrones conocían la fecha exacta de la llegada del tesoro a Madrid, pese al secreto con el que se planeó su envío. Lo que muestra que tenían contactos, españoles o franceses, que les facilitaron tal información.
- ¿Qué habéis pensado sobre esto? – indaga Grandal.
   Nadie del trío de la bencina, como a veces les llama Chelo, contesta por lo que es el excomisario quien toma la palabra:  
- Hay poco que decir sobre este punto. Parece incontestable que la banda tenía un infiltrado en los órganos directivos de alguno de los dos museos concernidos porque cabe pensar que la fecha de la vuelta no era algo que supieran los empleados. Y para comprar a un directivo de uno o de los dos museos hace falta una considerable mordida, lo que viene a confirmar el poderío económico de la banda.
- Te olvidas de algo, Jacinto – objeta Álvarez -. Supongo que tanto las autoridades policiales francesas como españolas conocían la fecha del viaje, por tanto también habrían podido sobornar a algún mando policial.
- No es probable, pero si posible – admite Grandal -. En cualquier caso, sigo insistiendo en la gran capacidad económica de los ladrones.
- Y yo, como dije ayer, insisto en que los ladrones no han robado las piezas para hacer negocio con ellas. Las robaron por otro motivo, lo que no se me alcanza es cual – reitera Ballarín.
- Si nadie dice algo más sobre este ítem lo damos por cerrado – indica Grandal que, ante el asentimiento del trío, escribe en el folio del corcho: Es muy probable que la banda tuviera algún cómplice en la dirección de uno o ambos museos para saber la fecha del envío. Lo que refuerza la idea de su poderío económico. No hay que descartar que el o los sobornados pudiesen ser mandos policiales.
- Vamos con el sexto ítem – y Grandal escribe en el folio: Las autoridades concernidas, tanto españolas como francesas, siguen sin dar muestras de gran interés por el resultado de las investigaciones.
- No sé si habéis pensado que en el robo del tesoro hay algunos datos que son muy sospechosos y que lo convierten en un caso nada corriente – apunta el excomisario -. Como botones de muestra cito dos. Uno es que los ladrones no forman precisamente una banda de robaperas, son gente que por los indicios que tenemos tiene mucha pasta. En el mundo del hampa eso no es nada habitual. Otro dato es el que indica este ítem. El poco entusiasmo que muestran las autoridades españolas y francesas de que se sustancie la investigación del robo.
- O sea, que como dijo Lola Téllez, lo del robo también te da mala espina – recuerda Ponte.
- En efecto, muy mala espina porque en todo esto hay algo que no cuadra. O yo he perdido el olfato o hay gente que les está haciendo la cama a los Sacapuntas y de paso a los que les ayudamos.
- Y esa gente ¿quién es? – pregunta Ballarín.
- Daría las dos pagas extras de este año por saberlo – responde Grandal.
- Si es que existe esa gente – apunta Ponte – han de ser tipos muy bien posicionados, de muy arriba.
- ¿Estás apuntando al Gobierno? – Álvarez pone nombre a la sospecha de Ponte.
- Más bien a los gobiernos porque no hay que perder de vista a los gabachos – matiza Ponte.
- Yo he llegado a pensar – dice Grandal - que esa pachorra gubernamental respecto a la investigación debe tener una causa muy poderosa. Una razón podría ser que el gobierno supiera el paradero de las piezas robadas. Otra sería si el gobierno estuviese negociando con los ladrones para recuperarlas. Y rizando el rizo de las teorías más locas, otra causa podría ser que el gobierno ya tuviera las piezas en su poder.
- Desde luego, Jacinto, lo que es imaginación no te falta – se asombra Ballarín.
- Mucha imaginación nos hará falta si queremos desenredar este maldito embrollo – contesta Grandal que añade -. Si nadie tiene otra idea cerramos este ítem - y escribe en el folio: El poco interés que muestran las autoridades galas y españolas en la solución del caso da a entender que saben datos, desconocidos por los investigadores policiales, que inducen a ambas administraciones a una cierta apatía. Si se supieran esos datos o informaciones, el caso estaría prácticamente resuelto. Pregunta: ¿Qué datos saben los gobiernos y por qué lo ocultan a su policía?
- Si lo que acabas de escribir fuera aunque solo sea medio cierto, sería tanto como decir que lo que estamos haciendo es perder el tiempo miserablemente – afirma Álvarez.
- No te digo que no, Luis, pero y lo bien que lo estamos pasando ¿qué? Eso no se paga con dinero – replica Ponte.
- Bueno, vamos con la duda – y Grandal escribe en el folio: Puede haber algún tipo de conexión entre los ladrones, el clan gitano de los Corrochanos y la empresa china del Polígono Cobo Calleja que blanquea capitales ilícitos. Es el dato más dudoso
- ¿Quién quiere hablar?
- No es por ponerme moños, pero de los que estamos aquí posiblemente yo sea el que más sabe de los Corrochanos a través del Tío Josefo – declara Ponte que añade -. Eso me conduce a afirmar que esa presunta conexión entre gitanos, chinos y ladrones es algo que no afecta al núcleo del robo. Lo digo porque parece probado que los asiáticos y los calés andaban metidos en negocios comunes, en cambio no hay indicios de que los ladrones tuvieran algo que ver con algunos de ellos.
- Lamento tener que contradecirte en parte, Manolo. El informe de los picoletos confirma que los orientales eran los que lavaban la pasta de un cártel colombiano y que esos mismos narcos son los proveedores de la droga que distribuyen los Corrochanos. En lo que te doy la razón es de que no hay datos que alguno de los tres grupos sea el que llevó  cabo el robo - declara Grandal.
- Entonces, ¿por qué los Sacapuntas afirman que este dato es el más dudoso? – inquiere Ponte, evidentemente fastidiado porque Grandal ha echado por el suelo su aportación.
- Porque esa conexión todavía no está plenamente probada – responde Grandal que al darse cuenta que ha molestado a Ponte se apresura a matizar -. Aunque estoy de acuerdo contigo en que es bastante probable que ese nexo no afecte a lo que es la trama del robo – y para que no se enreden más las cosas cambia de tema -. Bien, ¿alguien quiere comentar algo más? ¿No? – y Grandal escribe debajo del séptimo ítem: Es dudoso que la conexión entre gitanos, chinos y colombianos afecte a la trama del robo, aunque no lo descartamos al cien por cien.
- Pues damos por concluido el debate de las seis certezas y una duda.
- ¿Y qué tal ha quedado? Me refiero al debate – pregunta Álvarez.
- De diez – les adula Grandal -. Estáis en lo que los cursis llaman la tercera edad, pero vuestras neuronas siguen en la primera. Cuando les cuente a los Sacapuntas vuestras conclusiones van a flipar en colores. Ya veréis.
- Y si de esas conclusiones sacan algo en limpio, una vez más serán ellos los que se llevarán las felicitaciones y nosotros tendremos que conformarnos con leerlo en los periódicos – se lamenta Ballarín.
- ¿Qué quieres, Amadeo, que nos den una medalla? – pregunta irónicamente Álvarez.
- Pues no me importaría – replica Ballarín -. Anda y que no iba a fardar ante mis nietos con una medalla prendida en el pecho. Nunca me han puesto ninguna y me haría ilusión.
- Eso te lo resuelvo yo, Amadeo – le consuela Ponte -. En la próxima reunión voy a traer alguna de las medallas que le han puesto a mi nieto Gaby en la guardería y te la regalo. ¿Te vale la medalla de ser el que mejor ha pintado garabatos en el segundo trimestre?
- Manolo, eres un coñón incorregible – ironiza Ballarín.

martes, 20 de diciembre de 2016

89. Debate sobre seis certezas y una duda



   Como habían acordado el día anterior, los cuatro jubilados se reúnen en casa de Grandal para debatir sobre los siete puntos que sintetizan lo que la policía ha descubierto en sus últimas investigaciones sobre el robo del tesoro.
- ¿Habéis estado reflexionando sobre la cuestión? – pregunta el excomisario.
- Reflexionar, sí, otra cosa es que se nos haya ocurrido algo, al menos a mí – confiesa Ponte.
- Vamos a ver que sale. Si no hay opiniones en contra, seré yo quien modere el debate. Comencemos por el primer punto – y Grandal, que ha sacado un panel de corcho que Chelo tiene en la cocina, pincha en él un folio en el que previamente ha escrito: Obdulio Romero y Adolfo Martínez fueron los dos cómplices de los ladrones en el interior del museo, y pregunta: - ¿Alguna idea sobre este punto?
- Idea no, pero si tengo dos preguntas – quien interpela es Ballarín -. La primera es: ¿para qué necesitaban los atracadores a Romero cuándo Martínez era el que tenía que manipular el mecanismo de las cámaras de seguridad?
- Por lo que me han explicado, Romero era el plan B por si fallaba el A que era Martínez; si la maniobra de éste, por lo que fuese, no funcionaba, Romero, que era el que la mañana del robo estaba en la sala de pantallas, sería el encargado de cegar las cámaras de la entrada – explica Grandal.
- Bien. La segunda cuestión: ¿la policía maneja alguna hipótesis de que por qué asesinaron a Romero y a su cuñado?
- Sí – responde Grandal -. Creen que a Romero le debieron pedir lo mismo que a Martínez, que no hiciera alardes con el dinero que le pagaron. Dado que, al parecer, Romero no les hizo caso y empezó a gastar a manos llenas, aunque fuera con la intermediación de su cuñado, decidieron pasaportarlos a ambos antes de que llamasen la atención de la policía y pudieran interrogarles – y al llegar aquí, el excomisario da un giro a su discurso -. Bueno, me parece bien que preguntéis sobre lo que no sabéis, pero os recuerdo que estamos aquí no para preguntar sino para ofrecer ideas sobre los ítems en cuestión.
- Yo si he sacado una deducción de este punto – informa Álvarez -. Si los ladrones les dieron matarile a Romero y a su cuñado, eso quiere decir que alguien les seguía los pasos y que sabían de sus gastos excesivos. Conclusión: alguno o algunos de los ladrones seguían en Madrid o encargaron a otra banda que hiciera la faena de vigilarlos, primero, y liquidarlos, después. Me inclino por la primera opción, es decir que los ladrones están en la ciudad o al menos lo estuvieron hasta el día del asesinato de Romero y su pariente.
- Felicidades, Luis, ya tenemos la primera deducción – y Grandal anota tras el primer ítem: Algún/algunos miembros de la banda estaban en Madrid, al menos hasta el asesinato de Romero y su cuñado. Pregunta: ¿seguirán estándolo? y luego añade:
 - ¿Alguna otra idea? – como nadie responde, escribe en el folio del corcho el segundo ítem: El dinero con el que se pagaba a las agencias que vigilaron a Martínez procedía de una compañía con sede en Panamá, lo que da a entender que los organizadores del robo es gente adinerada.
- ¿Qué habéis pensado sobre este punto?
- Yo opino – dice Ballarín – que si los que mandaron vigilar a Martínez tienen tanta pasta como parece, ¿a santo de qué robar unas joyas que difícilmente se pueden vender? Y si no las han robado para venderlas, entonces ¿para qué?, ¿para guardarlas en su casa y ser ellos los únicos que puedan contemplarlas? Eso no tiene ningún sentido.
- Lo que dice Amadeo – Ponte interviene a su vez – es algo que se cae por su propio peso.
- Aplausos para Amadeo – le felicita Grandal, que vuelve otra vez al folio y anota bajo el segundo ítem: Una organización que tiene su sede en Panamá y que parece disponer de grandes recursos no parece lógico que sea la que haya robado las piezas del tesoro para venderlas. Pregunta: ¿entonces para qué las robaron?
- Yo creo – vuelve a intervenir Ballarín -; es más, estoy convencido de que los ladrones nunca han pensado en venderlas. Las han robado por otro motivo, lo que no se me alcanza es cual.
- ¿Algo más? – pregunta el excomisario -, ¿no? Entonces seguimos – y anota en el folio del corcho el tercero de los ítems: La pista de Panamá más el atracador que amenazó a Ponte el día del robo y el desconocido que captó a Martínez como cómplice sugieren que los organizadores pueden ser de nacionalidad/origen colombiano.
- ¿Quién tiene algo que decir al respecto?
- Me toca a mí – dice Ponte -. Un inciso antes de meterme en harina. Este debate y el tonillo con que nos preguntas, Jacinto, me retrotrae a mis ya lejanos años en la escuela de mi pueblo. Gracias por la inyección de rejuvenecimiento – añade con una sonrisa -. A lo que iba, supongo que en estos casos no hay que creer en las casualidades. Y el hecho de que uno de los atracadores, y con el que todavía sueño, me dijera aquello de a callarse o… y el fulano que sobornó a Martínez hablasen con acento sudamericano induce a pensar que la banda del robo es de Sudamérica o, al menos, cuenta entre sus miembros con gente de aquella parte del mundo. Si a ello se añade la pista de Panamá, pues blanco y en botella. Para no enrollarme más: la banda del robo es de nacionalidad u origen sudamericano o, al menos, lo son algunos de sus miembros. O sea, que organizadores y ejecutores parecen ser sudamericanos.
- Ahora te tocan los aplausos, Manolo – admite Grandal, que añade -. Una pregunta: ¿crees que pueden ser de origen colombiano?
- En eso no me mojo, Jacinto, pero en todo caso estoy convencido de que son latinoamericanos – reitera Ponte.
- De acuerdo – acepta Grandal, que escribe en el folio debajo del tercer ítem: Hay claros indicios de que los que organizaron y ejecutaron el robo es una banda sudamericana o, al menos, lo son algunos de sus miembros. Pregunta: ¿Serán colombianos? Y sin solución de continuidad escribe el cuarto ítem: Las fotografías del museo tomadas durante el tiempo en que las piezas quimbayas estuvieron prestadas inducen a creer que las obras robadas son las originales.
- ¿Quién quiere intervenir?
   En esta ocasión, ninguno de los tres viejos alza la voz. Ante el silencio, es el propio Grandal quien sigue hablando.
- Yo tengo algo que decir al respecto. La cuestión de si las piezas robadas eran las auténticas o meras réplicas generó una línea de investigación en la que los inspectores del caso invirtieron muchas horas. Es más, durante muchas semanas estuvieron convencidos de que eran simples copias. La ambigua postura de la dirección del museo, el rechazo de la jueza de instrucción a dictar un mandamiento para que el museo diese una respuesta definitoria, la aparente apatía del Gobierno sobre la investigación del caso llevó a la policía a sospechar que lo robado eran reproducciones. Además, en los ambientes del mundo del arte, como nos comentó la profesora Martín-Rebollo, corrió el rumor de que no eran piezas originales sino réplicas. Entonces, cabe preguntarse: ¿por qué el museo, la juez y el Gobierno se mantuvieron, y se mantienen, callados sobre el particular? ¿Qué intereses ocultos hay detrás de esa calculada ambigüedad? ¿Quién o quiénes hicieron correr la especie de que eran copias? ¿Se os ocurre algo al respecto?
- Yo he estado meditando en ello – confiesa Álvarez – y si uno fuera malpensado podría creer que eso no es una casualidad, sino una jugada bien calculada. Si así fuera, tendríamos que buscar el nexo que provoca que la juez, el museo y los gobiernos español y francés jueguen a lo mismo. Si encontráramos ese vínculo tendríamos la mitad de la solución del robo. Por consiguiente, lo que hay que preguntarse es: ¿Qué clase de acuerdo y por qué?
- ¡Cojonudo, Luis! Hoy estás sembrado – le felicita Grandal, que se apresura a escribir debajo del cuarto punto: El hecho de que se haya dado a entender que las piezas robadas eran copias presupone alguna clase de acuerdo entre los gobiernos francés y español -. Bien, esto funciona como un reloj suizo. Vamos a por el quinto ítem – y escribe: Según la confesión de Martínez los ladrones conocían la fecha exacta de la llegada del tesoro a Madrid, pese al secreto con el que se planeó su envío. Lo que es indicio de que tenían contactos en los museos, españoles o franceses, que les facilitaron tal información.
- ¿Qué habéis pensado sobre ello?
   Ballarín mira ostentosamente su reloj, tras lo que toma la palabra:
- Jacinto, son algo más de las ocho y todavía tengo que volver a Boadilla donde me espera mi mujer. Vosotros, continuad si queréis, pero yo tengo que marcharme.
- Perdona, Amadeo. Metidos en faena, se nos ha ido el tiempo de mala manera. Cerramos aquí el debate y, si no tenéis inconveniente, continuaremos mañana aunque sea domingo. ¿Os viene bien a las diez y media?

viernes, 16 de diciembre de 2016

88. ¿Y ahora qué?



   La portada de El País del tres de marzo lleva como principal titular: El debate aleja toda esperanza de una investidura de Sánchez. Y en tres subtitulares explica los entresijos de la sesión de investidura en el congreso de diputados. PSOE y Ciudadanos no consiguen más votos para su acuerdo de gobierno. El segundo resume la posición del PP: Rajoy renuncia a cualquier intento de aproximación y califica de “farsa” la sesión. El último describe la postura del nuevo partido izquierdista: Iglesias rompe los puentes con los socialistas con una andanada de duros ataques.
   Un gráfico muestra el resultado de la votación de la candidatura de Pedro Sánchez, secretario general del PSOE, para ser investido Presidente del Gobierno: 130 votos a favor, 219 en contra. Ponte se queda solo en los titulares, no le interesa la letra pequeña, y cuando está a punto de cerrar la web otro titular en el faldón le llama la atención, reza así: Nadie puede frenar a Donald Trump. La noticia suscita su curiosidad y lee el breve texto en el que se explica que el Supermartes consolida al millonario, el cual se perfila como el candidato republicano con más opciones para optar a la presidencia estadounidense en las elecciones de noviembre. Vaya, piensa Ponte, un tipo insólito para un país que no deja nunca de sorprenderme. Y ahora, sí cierra el portátil.
   Otras son las preocupaciones de los inspectores del Caso Inca. Van cerrando pistas, la última y que aún está calentita es la declaración de Adolfo Martínez confesando que fue quien manipuló las cámaras de seguridad de la entrada del Museo de América el día del robo. Van cerrando pistas, pero siguen sin avanzar demasiado en la investigación. Por eso, han resuelto dedicar la mañana a realizar una puesta en común sobre lo que saben del caso y llevar a cabo un debate sobre ello. En la sala de la Brigada de Patrimonio que les sirve de estado mayor pinchan en el portapapeles un nuevo folio en blanco en el que Atienza escribe:
 Lo que sabemos:
1. Obdulio Romero y Adolfo Martínez fueron los dos cómplices de los ladrones en el interior del museo.
2. El dinero con el que se pagaba a las agencias que vigilaron a Martínez procedía de una compañía con sede en Panamá, lo que da a entender que los organizadores del robo es gente adinerada.
3. La pista de Panamá junto con el atracador que amenazó a Ponte el día del robo y el desconocido que captó a Martínez como cómplice sugieren que los organizadores pueden ser de nacionalidad/origen colombiano.
4. Las fotografías del museo tomadas durante el tiempo en que las piezas quimbayas estuvieron prestadas inducen a creer que las obras robadas son las originales.
5. Según la confesión de Martínez, los ladrones conocían la fecha exacta de la llegada del tesoro a Madrid, pese al secreto con el que se planeó su envío. Lo que es indicio de que tenían contactos en los museos, españoles o franceses, que les facilitaron tal información.
6. Las autoridades concernidas, tanto españolas como francesas, siguen sin dar muestras de gran interés por el resultado de las investigaciones.
7. Puede haber algún tipo de conexión entre los ladrones, el clan gitano de los Corrochanos y la empresa china del Polígono Cobo Calleja que blanquea capitales ilícitos. Este es el dato más dudoso.
- Esto es cuanto sabemos. Con plena certeza en unos puntos y en los que no, con una probabilidad del noventa y tantos por ciento de que sean ciertos – sintetiza Atienza -. Estos ítems tienen que ser el fundamento sobre el que sustentar las nuevas líneas investigadoras.
- Y esos ítems descartan muchas de las hipótesis que durante meses hemos estado barajando, tales como si las piezas robadas eran copias, si los ladrones lo sabían o no, si habían utilizado o no internet, etcétera, etcétera – precisa Bernal.
- Bien, ¿y ahora qué? – Es la pregunta recurrente que usa Blanchard cuando la investigación llega a lo que parece un punto muerto.
   La respuesta de Atienza es encogerse de hombros. La de Bernal, mirar con cara de pocos amigos al francés, mientras piensa que el gabacho sigue siendo un aguafiestas.
   Blanchard, como si hubiera leído el pensamiento de su colega hispano, añade:
- Soy consciente de que con esa pregunta hago el desagradecido papel de cenizo, pero alguien tiene que hacerlo. Conocemos los datos que Juan Carlos, de manera impecable, acaba de transcribir y que arrojan luz sobre muchas de las hipótesis que hemos manejado durante tanto tiempo y que Eusebio ha sintetizado certeramente – El galo pretende congraciarse con sus compañeros a base de adjetivos elogiosos -. De acuerdo, pero vuelvo a la pregunta de antes: ¿y ahora qué? Y para evitar suspicacias, aclaro que la pregunta no os la hago solamente a vosotros, también me la hago a mí. Porque… - Blanchard se calla, alguien está llamando a la puerta de la sala de operaciones.
   Atienza es quien se levanta, abre la puerta y saluda a Grandal.
- Buenos días, comisario, te estaba esperando – y volviéndose a sus colegas dice -. Se me había olvidado comentaros que para la puesta en común de esta mañana, me he permitido invitar al comisario del que, como en anteriores ocasiones, espero que nos pueda ayudar desde su amplia experiencia.
   Si Bernal y Blanchard se creen o no el supuesto olvido de Atienza no lo dan a entender. El saludo de ambos al excomisario es si no efusivo si correcto y en el caso del francés hasta cordial. El inspector de Patrimonio resume a Grandal el contenido del folio, los posteriores comentarios y el interrogante que ha lanzado el inspector galo.
- Y en esas andamos. ¿Qué opinas?
   Grandal se lo piensa antes de responder.
- Creo que vuestro resumen es intachable y por mi parte no añadiría más. Pienso que de ahí lo mejor que en estos momentos se puede extraer es una nueva hipótesis de trabajo como forma de seguir avanzando en la investigación.
- ¿Qué clase de hipótesis? – formula Blanchard, claramente interesado ante la propuesta del excomisario.
- Michel, creo que eres un fan de las frases coloquiales del español, pues bien hay una que no sé si conoces y es la de aquí te pillo, aquí te mato. Lo digo en tono jocoso porque es más o menos lo que me pides. Una cosa es que haya formulado una sugerencia y otra muy distinta es que conozca la respuesta adecuada. Eso es algo que hay que meditar detenidamente, al menos por mi parte. Mis neuronas no son ni tan rápidas, ni tan flexibles, ni tan jóvenes como las vuestras. Lo mejor que puedo hacer, siempre que estéis de acuerdo, es copiar vuestro resumen, llevármelo conmigo y echarle un pensament como suele decir un amigo catalán. 
   Y en eso quedan. En cuanto llega a casa, Grandal echa mano del móvil para llamar a sus jubilados amigos. Tiene tajo para ellos. Al día siguiente, en el saloncito del modesto piso del excomisario se reúnen los cuatro compañeros. Sobre la mesa el folio en el que Grandal copió los ítems de los Sacapuntas sobre el estado actual de la investigación del robo del Tesoro Quimbaya.
- Ahí tenéis el resumen de lo que saben mis jóvenes colegas sobre el robo y que en algunos casos ha sido posible probarlos gracias a vuestras pesquisas.
- Bueno, Jefe, para ser precisos tendrías que haber dicho nuestras y no vuestras – le rectifica un sonriente Ballarín.
- Amadeo, eres un pelota – le acusa, también de buen humor, Álvarez.
- Dejaros de coñas – les reprende un bien humorado Ponte, que dirigiéndose a Grandal pregunta -. ¿Y qué quieres que hagamos con eso?
- Algo que soléis hacer muy bien, pensar – es la amable respuesta del excomisario.
- Así a bote pronto ya lo pienso, pero no se me ocurre nada. Posiblemente sea porque no nos has invitado ni a un café. Cada día eres más rácano, Jacinto – Lo que podría ser una reprimenda no parece tal dado el risueño semblante y el tonillo guasón de Álvarez.
   Grandal, que ha estado estrujándose el magín previamente, les explica lo que ha pensado para sacar algún resultado de los datos transcritos. Harán una especie de tormenta de ideas, como ya la hicieron en anteriores ocasiones, sobre cada uno de los siete ítems, y a ver los resultados que obtienen.
- ¿Y quieres que lo hagamos aquí y ahora? – pregunta Álvarez.
   Ante la respuesta afirmativa de Grandal, Ponte formula una propuesta diferente.
- Eso es mucho tomate para hacerlo hic et nunc, como diría mi profe de latín en aquellos lejanos años que estudiaba el bachillerato. Creo que será más eficaz que cada uno se lleve una copia a casa, que nos volvamos a reunir mañana y así tendremos más tiempo para reflexionar.
   La propuesta del decano es aceptada por unanimidad. Mañana lo debatirán.