domingo, 6 de noviembre de 2016

*** Un nuevo gobierno, ¿y ahora qué?



    España tiene nuevo gobierno. La pregunta que se plantean mis compatriotas es ¿y ahora qué?
   ¿Qué va a hacer el nuevo ejecutivo para solucionar o, al menos, paliar los muchos problemas que tiene el país? ¿Qué problemas? Así, a bote pronto, se pueden enumerar unos cuantos. La amenaza secesionista - el más grave -, la creación de empleo, embridar el descontrol autonómico, garantizar el sistema de pensiones, erradicar la corrupción política, lograr un pacto estatal para una educación de calidad, eliminar las duplicidades políticas y administrativas, impulsar la ciencia y el i+d, lograr que la justicia sea realmente independiente, reducir el número de municipios y entes políticos y un largo etcétera.
   Solo con que el flamante gobierno arreglara o comenzara a arreglar algunos de los problemas enumerados podría merecerse un notable alto. Ojalá - voz que usamos los españoles cuando deseamos vivamente que algo suceda - sea así. Mis muchos años me hacen ser pesimista.
   Sirvan estas someras reflexiones para anunciar a mis lectores que, desde el treinta de septiembre al día de hoy, el blog ha tenido seis mil descargas. Crecemos a un ritmo de mil páginas vistas por semana. Aleluya.

viernes, 4 de noviembre de 2016

76. Un funeral gitano



    La portada online de El País del veintiséis de enero tiene como titular central: Iglesias tendrá que consultar a las bases y Sánchez a la dirección. ¿Cómo harán eso de consultar a las bases?, ¿los afiliados irán a votar a las sedes del partido?, se pregunta Ponte. Claro que ahora con esto de internet también pueden hacerlo a través de la red. ¿Y por qué el del PSOE no consulta también a las bases? En cualquier caso, estoy convencido de que lo que vayan a hacer ya lo tiene decidido la cúpula del partido, digan lo que digan los cándidos tipos de las puñeteras bases. En la columna de salida un titular, más pequeño que el anterior, dice: La UE considera tomar medidas drásticas para el problema de los refugiados. Y debajo un subtitular que explica: Varios países quieren prolongar dos años la suspensión del acuerdo de libre circulación. No, si al final van a rehacer las fronteras de siempre y cada uno en su casa y Dios en la de todos, pero los pobres refugiados continuarán encerrados en esos campamentos de vergüenza. Y concluye la lectura.
   Está llegando al extremo de que ni siquiera suele terminar las portadas. Además, tiene que prepararse, esta mañana tiene cita con el Tío Josefo y no puede llevar un atuendo de brocha gorda para ver al viejo gitano, sabe que este irá hecho un pincel, un pincel calé, pero pincel al fin y al cabo. Ponte no le ha contado de antemano lo que pretende, solo le ha dicho que tiene ganas de echar unas parrafadas. Han quedado en un bar de Móstoles cerca de donde vive el patriarca. Lo que le lleva a pensar que se han visto muchas veces, pero ninguno de ambos ha invitado al otro a visitar su casa. Igual es cierto eso que dice Ballarín, de que siempre hay una especie de barrera entre payos y gitanos.
   La entrevista es tan cordial como de costumbre. Lo primero que pregunta Ponte, como está mandado, es si el pequeño Frasquito, uno de los nietos del Tío Josefo, ya está completamente restablecido. Afortunadamente es así. Luego viene lo de contarse como está el resto de la parentela. Ponte sabe lo importante que es la familia para los calés. A lo largo de la charla van pasando de un tema a otro hasta que terminan conversando de cómo le van las cosas a Ponte.
- Pues ahí estamos, pero hasta que no se resuelva lo del robo del tesoro no dormiré tranquilo porque sigo siendo el único testigo ocular del caso. Hay noches que todavía tengo pesadillas con el atracador que me apuntó con una pistola.
- Hombre, don Manué, es que tener un hierro apuntándote a las napias es mu duro, no solo pa un payo, también pa un gitano.
- Por cierto – Ponte decide que ha llegado el momento -, hablando de su gente, he leído en los papeles que los Corrochanos tuvieron una buena refriega en el Cobo Calleja con unos chinos.
- Pues así parese. Y uno de los chaveas del Tío Rafaé lo pagó con su piel, que la palmao, vamos. Presisamente en unos días, cuando el jues de instrusión dé la orden, lo van a enterrar. Me han contao que va a venir casi toa la familia que anda esparsia por esos mundos de Dios.
- ¿Los funerales gitanos son como los de los payos o son diferentes? – quiere saber Ponte.
- Bueno, pues má o meno. Cuando un andoba la diña, lo mismo da que sea una cosa u otra. L´a palmao y hay que echarle tierra ensima.
- ¿Era muy joven el muerto?
- Casi un chavea, seguramente por eso palmó, porque le faltaba esperiensia y arriesgó demasiao el pellejo. Y no vale la pena que le peguen a uno cuatro tiros por unos duros, sean muchos o pocos – al Tío Josefo lo del euro, al menos en su forma de hablar, le trae al fresco.
   Ponte registra en su memoria lo de que le peguen a uno cuatro tiros por unos duros. Ya tiene un dato que contarle a Grandal: el motivo de la pelea o, al menos, uno de ellos parece que fue el dinero. Habrá que seguir tirando de la lengua al Tío Josefo a ver si suelta más información.
- Así que van a venir más parientes de los Corrochanos al funeral…
- Naturá, nosotros tenemo mucho respeto a los muertos. Vendrán a mostrar al fallesio su considerasión y el respeto debio al patriarca de la familia.
- Y esa consideración y respeto ¿de qué manera se demuestra?
   Al Tío Josefo la deriva que ha tomado la charla no le gusta ni pizca, el tema de la muerte no es algo que le haga feliz precisamente, pero en atención a su viejo amigo decide contarle algo más, a ver si así deja de preguntar.
- Verá, don Manué. Lo primero es que no dejamos que a nuestros muertos se les hagan autosias, aunque en este caso con jueses de por medio no habrá sio posible. Al fallesío, Antoñito era su grasia, se le va a velar durante tres días, si el estao del cadáver lo permite. Debajo de su ataúd se colocarán algunas de las cosas que más le gustaban como café, sigarros, vino… Esos días de velatorio, los familiares no usarán jabón ni se pondrán ropa nueva ni bailarán o cantarán. Los varones llevarán una sinta negra en la camisa como señá del luto. Acabados los días de vela se le enterrará tal y como la palmó, con toas las cosas que solía llevar ensima. Al cabo de unos días, el número depende si hay familias que tengan que viajar, se selebrará una comia en su memoria, donde se servirán los platos que más le gustaban y se dejará en la mesa una silla vasia para el difunto - Hasta ahí llega el patriarca en su explicación sobre los funerales gitanos. Espera que sea suficiente y que no haya más preguntas sobre la cuestión.
   Ponte no está para sutilezas y sigue tirando de la cuerda con peligro de romperla.
- Y después del funeral supongo que lo llevarán al cementerio, ¿al de los payos o hay cementerios aparte para los gitanos?
   El semblante del Tío Josefo no se altera un ápice, aunque está pensando que su viejo amigo se está pasando, ¿o acaso no se ha dado cuenta de cuánto le incomoda hablar de la muerte?, más fiel a su concepto de la amistad contesta:
- Si se nos enterrara aparte sería una muestra más del rasismo de la mayoría de payos, entre los que por descontao no le incluyo a usté. Si va a un gran sementerio como La Almudena o San Isidro comprobará que las sepulturas más cuidadas, con más flores y objetos del difunto pertenesen a familias gitanas. Un ejemplo: en el sementerio de Valladolid hay un sepulcro en el que está enterrao el Tío Borlas, que fue patriarca de uno de los clanes de la siudad. Pues se dise de ese mausoleo que es uno de los más hermosos y bien decoraos de to el país – y para dar fin a una conversación que no haría feliz a ningún calé la remata dando una pizca de información personal -. Justamente, con lo del funeral del Antoñito tengo mis más y mis menos. M´explico. Por un lao, debería asistir al funeral, cómo lo harán la mayoría de los patriarcas. Es una cuestión de respeto p´al muerto y pa el Tío Rafaé. Pero por otra, no m´apetese ná. Los Corrochanos siguen siendo unos malajes y cuanto más lejos de ellos, mejor. Y ya está bien hablar de muertos, no vayamos a tentar la bicha. De lo que hay que hablar es de los vivos.
   La última frase del gitano hace que Ponte se caiga del guindo por su falta de tacto. No más hablar de muertos, hay que cambiar de registro, pero quiere soltar un último mensaje sobre los entierros, pues le interesa que el patriarca acuda al funeral de los Corrochanos porque en los velatorios, para aliviar las muchas horas muertas, la gente habla de todo.
- Tiene toda la razón, Tío Josefo. Ni una palabra más sobre los muertos, habiendo tanto que contar sobre los vivos, pero no me resisto a darle un consejo, si usted me lo permite – ante el leve asentimiento del gitano, Ponte prosigue -. Dados mis muchos años, he tenido que asistir a muchos entierros, demasiados, y en ellos he aprendido que cuando los familiares del fallecido se quedan solos hacen el recuento de los que fueron y de los que no. Y quedan agradecidos a los que asistieron al entierro. Como también toman nota de aquellos que no estuvieron y lo tendrán en cuenta en el futuro. Usted, que no solo es viejo como yo, sino mucho más listo, sabrá sacar la moraleja – y aquí, Ponte da el quiebro que esperaba el Tío Josefo como agua de mayo -. Y hablando de vivos, como está su sobrino-nieto Bartolillo, el que encontré recogiendo naranja en Castellón, ¿sigue por allí?
   Cuando payo y gitano se despiden, Ponte deja caer que la próxima vez que se vean, que espera que sea pronto, la invitación corre por su cuenta. Hoy, como han estado en territorio del Tío Josefo, ha sido el patriarca el que ha pagado. El gitano a lo de la próxima vez no responde, lo que dice al marcharse es una antigua despedida que Ponte hacía años que no oía.
- Quede usté con Dios, don Manué.

martes, 1 de noviembre de 2016

75. No me lo creo ni harto de vino



   El veinticinco de enero, cuando Ponte abre El Mundo en su versión online se encuentra en la portada, debajo de la foto de un sonriente secretario general del PSOE, el siguiente titular: Los barones del PSOE exigirán ratificar el pacto que negocie Sánchez con Podemos o C´s. Y en la columna de salida otros dos titulares: El PP pide al PSOE que impida a Sánchez seguir arrodillado ante Iglesias. En el otro el presidente del BBVA afirma: En España ha habido demasiada connivencia entre empresarios y políticos. A Ponte solo le llama la atención la afirmación del banquero. A buenas horas, mangas verdes, se dice recordando el refrán. Claro que hay mucha connivencia y la seguirá habiendo, ¡no te jode! Los empresarios porque sin el paraguas de los que mandan en el Boletín Oficial del Estado tendrían que soportar muchos chaparrones y los pobrecitos podrían mojarse. Y los políticos porque necesitan de los préstamos bancarios para poder sufragar los desmesurados gastos de sus aparatos y, sobre todo, de las interminables campañas electorales. Y ya no le apetece seguir leyendo mucho más porque tiene un gusanillo que no deja de importunarle. Grandal le ha llamado a primerísima hora y le ha citado a su casa a tomar café. Le extraña que siendo lunes, día que el excomisario dedica a Chelo, le cite a su casa. ¿Qué tripa se le habrá roto a Jacinto?, piensa el vejete.
   A Juan Carlos Atienza le costó lo suyo convencer a Grandal que pidiera a Ponte que volviera a entrevistarse con el Tío Josefo. En principio, el excomisario se negó en redondo a volver a representar el papel de correveidile. Le recordó al inspector de Patrimonio lo mal que había terminado la reunión que tuvieron en la cafetería Van Gogh, en la que Ponte al despedirse dijo que no volvieran a contar con él para tirarle de la lengua al patriarca del clan de los García Reyes. Para convencerle, Atienza no tuvo más remedio que contarle parte de lo que le había dicho su amigo del CNI sin desvelar la fuente.
- Por tanto, sabemos que existe una conexión entre la empresa china del Cobo Calleja y un cártel de la droga colombiana, pero seguimos en ayunas sobre lo que pintan los gitanos en todo este asunto – remata Atienza su explicación.
- Pues se lo preguntas a quien te haya contado esa milonga – rebate Grandal.
- No, no lo sabe o no ha podido o no ha querido decírmelo. De los gitanos no me dijo una sola palabra. Y ya no tengo, no tenemos, a quien recurrir más que a ti; mejor dicho, a tu amigo Ponte.
- Pero vamos a ver, Juan Carlos, ¿pretendes que me crea que en un asunto de tantos millones, como en el que al parecer andan compinchados un cártel colombiano y una organización que se dedica al tráfico ilegal de mercancías, tiene alguna tecla que tocar un grupo de desharrapados calés medio analfabetos que viven en un asentamiento tercermundista como la Cañada Real? ¡Vamos, ni harto de vino! – vuelve a refutar Grandal.
- Vayamos por partes. Parece probada la existencia de una alianza, todavía no sabemos si fija o temporal, entre la empresa china y los colombianos. ¿El motivo de la entente? Se barajan varias hipótesis. Una puede ser que esa empresa china ayude a los colombianos a introducir su droga en España camuflándola entre las miles de toneladas de mercancías que descargan todas las semanas en nuestros puertos. Otra podría ser que la organización asiática le sirva a la colombiana como blanqueadora del dinero de la droga. Hay varias hipótesis más, pero según mi amigo esas dos son las más consistentes.
- De acuerdo. Acepto que el pacto entre los morenos y los amarillos es cosa probada, pero repito una vez más: ¿qué coño pinta en todo eso un clan como el de los Corrochanos?
- Sabes como yo que los Corrochanos están metidos desde hace años en el menudeo de la droga – recuerda Atienza.
- Ahí quería llegar. Los Corrochanos eran unos camellos de medio pelo que con el tiempo han pasado a ser unos distribuidores también de medio pelo. Eso no es suficiente para que estén al mismo nivel, ni mucho menos, que los chinos o los sudacas. Vamos, que los calés juegan en tercera división, como mucho, y los otros en la Champions League. Como dije antes: eso no me lo creo ni harto de vino.
- De acuerdo que juegan en categorías distintas, pero sigue habiendo alguna suerte de cordón umbilical que une a los tres grupos – insiste Atienza.
- ¿Y creéis que todo ese follón tiene algo que ver con el robo del tesoro? – pregunta Grandal que comienza a estar harto de la terquedad del joven inspector.
- Si te soy sincero, no lo sé, no tenemos indicios de que ambos casos puedan estar relacionados, pero… - y Atienza hace una minipausa – te voy a decir algo y espero que no te rías, tengo un presentimiento, una corazonada de que existe algún tipo de nexo que une ambos casos.
- El olfato – define Grandal.
- Sí, comisario, el olfato policial del que tanto nos dabas la vara en Ávila.
   Y, curiosamente, eso es lo que termina decidiendo a Grandal a convencer a su amigo Ponte. Por eso le ha invitado a casa a tomar café; eso sí, después de la siesta. Es Chelo quien abre la puerta y, como suele hacer, le planta un par de besos en las mejillas.
- Manolo, tendrás el pelo blanco y alguna arruguilla junto a los ojos, pero sigues teniendo la misma pinta de galán maduro de siempre. Cada día me recuerdas más a Vittorio de Sica.
- Ah, ¿pero no era a Omar Sharif a quién me parecía? – precisa Ponte, acompañando la pregunta con una sonrisa burlona.
- Digamos que eres una mezcla de ambos. Y has cogido lo mejor de cada uno.
   Después de que Chelo les haya servido el café y para el amo de la casa una copita de licor de hierbas, deja solos a ambos hombres y se interna en la cocina, de la que siempre dice que es su lugar preferido. Por eso, y en más de una ocasión, Ponte ha pensado de ella que debe ser la puta más casera de todo Madrid. Casera y buena persona, se dice.
- Manolo, voy al grano. Tengo algo que pedirte y de antemano te digo que me repatea tener que hacerlo, pero los amigos estamos para eso, para hacernos compañía cuando vienen mal dadas y para pedir favores que no deberían pedirse.
- Ya sé, quieres pedirme una copia de mi declaración al fisco para ver cuánto le birlo al robaperas de Montoro – Ponte se ha puesto en guardia ante el preámbulo de su amigo, pero ha preferido ponerse en modo burlón y de ahí su cita del Ministro de Hacienda.
- Tranquilo. Lo que te voy a pedir es más duro que eso, pero en cambio no tendrás que soltar ni un euro a los buitres de la Agencia Tributaria – responde Grandal recurriendo también a la ironía tributaria.
   Grandal le cuenta su entrevista con Atienza y lo que este quiere. A Ponte la petición no le coge de sorpresa. Siempre ha estado convencido de que los polis del caso son unos tarugos y que si no hubiera sido por la ayuda que les han prestado él y sus amigos todavía estarían en las primeras páginas del Caso Inca. Aun así se hace de rogar. Sabe que lo más posible es que el Tío Josefo no sepa nada más de los Corrochanos o que si sabe algo se lo oculte, pero le apetece volver a echar una parrafada con el patriarca. Así, y tras hacer sudar la camiseta a Grandal como si fuera un centrocampista de un equipo de tuercebotas, accede a la petición. Intentará, solo lo intentará, reitera, ver al Tío Josefo y tirarle de la lengua.
   Antes de marcharse, ocurre algo que no tiene nada que ver con la petición de Grandal y que deja desconcertado a Ponte. Aprovechando que el anfitrión ha ido al baño a desaguar, Chelo sale de la cocina, se le acerca y con voz apenas audible le dice:
- Manolo, tengo que hablar contigo de un asunto personal que me quita el sueño, pero antes he de pedirte que no le digas a Jacin nada de lo que te voy a contar. ¿Me das tu palabra de caballero que no dirás nada?
- Por supuesto, Chelo. Ya sabes que entre mis escasas virtudes está la de que no soy cotilla, como también creo que sabes que me caes fenómeno.
- Lo sé, Manolo, lo sé, por eso quiero hablar contigo. Lo que te voy a pedir jamás se me hubiese ocurrido pedírselo a Luis o a Amadeo.
- Bueno, pues estoy a tu disposición. Llámame cuando quieras y tenemos esa charla. Sabes que puedes contar conmigo para lo que sea.
   Volviendo a su casa, Manolo piensa más en lo que le puede pedir la buena de Chelo que en la entrevista que ha de tener con el Tío Josefo. ¿Qué le pasará a esta chica?, ¿se habrá quedado embarazada o Jacinto le ha pedido que se case con ella y no sabe qué hacer? Mujeres.