martes, 18 de octubre de 2016

71. Un tiroteo suspende la tormenta


                                                                                     
   Atienza y Martín-Rebollo, coordinadores de la tormenta de ideas que se está celebrando en la Brigada de Patrimonio, al hacer el balance del debate coinciden en que ha suscitado más preguntas que respuestas. Discuten en si volver al planteamiento que María Victoria hizo en la presentación o tratar de encontrar una respuesta a la pregunta de: ¿por qué el Gobierno oculta que lo robado solo son réplicas de las piezas originales? Interrogante que no encontró una contestación que agradase a la mayoría del grupo. Tras un denso diálogo se inclinan por la segunda opción, pero añadiendo preguntas del tipo de: ¿cómo siendo tantas las personas que, presumiblemente, estarían al tanto del encubrimiento, la noticia no se ha filtrado a los medios? o ¿cómo respondería la opinión pública española ante la ocultación de la verdad? Y así es como, la moderadora comienza la nueva sesión:
- Caballeros, Juan Carlos y yo hemos decidido no pasar al tercer apartado antes de encontrar respuestas a las preguntas que no han sido contestadas. Ahí las tenéis. Vuestra es la palabra.
   Bernal levanta presto la mano.
- Si la señora moderadora me lo permite – dice con marcado retintín -, me gustaría comenzar con la pregunta de cómo respondería la opinión pública si supiera que lo robado son copias. Creo que eso a nosotros nos debe tener sin cuidado. Conociendo a nuestros paisanos, si hay cuarenta y tantos millones de españolitos habrá otros tantos millones de opiniones. Por tanto, creo que éste es otro ítem que se puede echar a la papelera.
- Yo, al revés que Eusebio, no conozco a todos los españoles – ironiza Blanchard -, pero os aseguro que si esto pasara en Francia se montaría un escándalo político de puta madre como decís aquí. Y pido disculpas a Mariví por el uso de un lenguaje tan barriobajero.
- Sin que sirva de precedente, tengo que decir que estoy de acuerdo con Eusebio – la moderadora trata de rehacer los puentes del buen entendimiento con el inspector de la Judicial -. Creo que esta cuestión puede eliminarse o quedarse para una segunda ronda. Opiniones al respecto.
   El debate es breve. Acuerdan por unanimidad dejar la pregunta para una hipotética segunda ronda de debate. Tras el acuerdo, Martín-Rebollo vuelve a tomar la palabra:
- Siguiendo el mismo criterio que para la pregunta que acabamos de postergar, opino que podíamos hacer lo mismo con el ítem de ¿cómo siendo tantas las personas que, presumiblemente, estarían al tanto del encubrimiento, la noticia no se ha filtrado a los medios? Aunque descubriéramos la respuesta correcta dudo mucho que eso nos condujera a alguna pista para el esclarecimiento del caso. ¿Qué pensáis al respecto?
   Todos están de acuerdo por lo que la pregunta va a la papelera virtual del debate. Con lo cual, la moderadora retoma la pregunta inicial.
- Bien, señores. Volvemos a la primera pregunta: ¿por qué el Gobierno oculta que lo robado solo son réplicas de las piezas originales? Recapitulo lo que se dijo ayer: según Juan Carlos, citando fuentes museísticas, se rumorea que no se ha hecho pública la verdad por un pacto entre nuestro Gobierno y el de Colombia. Motivo: los colombianos no quieren que el robo del Tesoro Quimbaya distraiga a sus ciudadanos del tratado de paz con las FARC. Michel alegó que la causa podía estar en que ahora tenemos un Gobierno en funciones, a lo que replicó Jacinto recordando que en la fecha del robo el Gobierno estaba en la plenitud de funciones. Eusebio puso en tela de juicio que encontrar la respuesta a la pregunta en cuestión pudiera servirnos de algo, opinión que yo rebatí. Hasta aquí, la sinopsis de lo que se dijo ayer.
   Hay un breve lapso de silencio hasta que Grandal levanta la mano. Les cuenta a sus compañeros de debate la reunión que mantuvo el día anterior con el trío de jubilados y las conclusiones a las que ellos habían llegado.
- O sea, que les vieillards vienen a opinar que lo hecho hasta hoy ha sido poco menos que perder el tiempo – es el resumen que hace Blanchard.
- Exactamente, lo que dijeron era que estábamos mareando la perdiz – contesta, socarrón, Grandal.
- Tantas opiniones me recuerdan lo que dice Clint Eastwood en una de sus pelis: las opiniones son como el agujero del culo, todos tenemos uno – La cinematográfica cita es obra de Bernal.
   La moderadora hace un gesto de desagrado ante el escatológico lenguaje del policía, pero prefiere continuar como si nada:
- Bien, hemos oído lo que opinan los amigos de Jacinto y lo que opina nuestro amigo Eusebio. ¿Continuamos? – su tono de voz muestra señales de que su paciencia está sufriendo una dura prueba.
   Atienza, que las caza al vuelo, intuye que la moral del grupo se está resquebrajando por momentos, por lo que propone un receso para que se remansen las aguas. Incluso, va más allá: en lugar de que les traigan las bebidas a la sala, sugiere que podrían acercarse al bar más próximo y de paso estiraban las piernas. Proposición que es inmediatamente aceptada. Martín-Rebollo se queda recogiendo sus notas. Grandal se le acerca.
- No sabes, Mariví, cuanto sentí que no pudiéramos hacer el viaje a Patones – se lamenta el excomisario.
- Pero bien que empleaste el día – es la seca respuesta de la profesora.
- ¿Te ha molestado que contara lo que me dijeron ayer mis amigos? – inquiere un sorprendido Grandal.
- Molestarme, no, pero a fuer de sincera si te digo que esas interrupciones, y es la segunda que protagonizas, en el desarrollo de la tormenta no hacen más que prolongar y embarullar el desenlace del debate. Esto se va pareciendo cada vez más al mito de Sísifo, cuando parece que hemos llegado a una conclusión sólida, llegas tú y lo echas todo a rodar. Y vuelta a empezar.
- Créeme que lo siento. No era mi intención torpedear el desarrollo del debate. Al contrario, lo que deseo es que todo este enredo se solucione de la mejor forma posible y cuanto antes.
- Te creo, pero lo que más rabia me da es que voy a tener que volverme a Zaragoza sin haber terminado esta maldita tormenta. Las fechas que tenía para lo del tribunal se han terminado y mis clases y alumnos me reclaman. Además, soy la directora del departamento y mi eventual sustituto es de los que se ahoga en un vaso de agua.
- Dentro, aproximadamente, de un mes tengo que ir a Zaragoza porque hay unos pequeños asuntos que he de resolver – Grandal está improvisando sobre la marcha. Ni tiene que ir a la ciudad de La Pilarica, ni tiene ningún asunto que resolver. Lo que si tiene es la necesidad de volver a ver a María Victoria. Es la primera vez que siente la exigencia de ver a una mujer desde hace un montón de años.
- ¡Estupendo! – exclama la profesora, sin disimular la alegría que le da la noticia -.¿Conoces la ciudad?
- Sí, pero de pasada.
- Entonces ya tienes guía para enseñarte todos los rincones zaragozanos. Tienes mi número. Llámame antes de venir y te prepararé unas rutas mejores que las de una agencia de viajes.
   El coloquio es interrumpido por un Atienza acalorado y nervioso.
- Mariví, Jacinto, tenemos que suspender la tormenta hasta nueva orden. Acaban de llamar de Jefatura. Se ha producido un tiroteo en el Polígono Cobo Calleja de Fuenlabrada. En principio, parece que podría tratarse de un enfrentamiento entre bandas, pero las noticias todavía son confusas. Eusebio y Michel han salido para Fuenlabrada. Yo he vuelto para contároslo y me voy para allá. Os agradezco, especialmente a ti Mariví, vuestra espléndida y desinteresada colaboración.
   Tanto a la profesora como al excomisario, la noticia de la suspensión les cae como un cubo de agua fría. Ambos tenían mucho interés en proseguir la tormenta por motivos que poco tenían que ver con la investigación del Caso Inca. Grandal, como expolicía, está habituado a cortes como éste en la labor policial, pero Martín-Rebollo no, por eso es ella la que pregunta:
- Juan Carlos, no acabo de entender porque un tiroteo, en lo que supongo que es un polígono industrial, ha de aplazar el desarrollo de un debate que estaba comenzando a dar frutos. ¿Qué tiene que ver eso con el robo del tesoro?
- Con los pocos datos que tengo no te lo puedo decir con exactitud, pero si os adelanto que, al parecer, algunos de los participantes en la refriega son gitanos del clan de los Corrochanos, familia de la que sospechamos que puede tener alguna conexión indirecta con la venta del furgón blindado. Me voy. Estaremos en contacto – y dicho esto, Atienza se marcha.
   La profesora y el excomisario quedan tan sorprendidos como desconcertados. Una pelea entre gitanos y chinos, ¿qué tendrá eso que ver con el robo del Tesoro Quimbaya?

domingo, 16 de octubre de 2016

*** Once mil y subiendo




   Si el dos de este mes decía en un post informativo que el blog se dispara, hoy confirmo tal noticia. En esta semana, en la que por cierto cumplí 81 años, el número de páginas leídas ha superado la cifra de 11.000. Según se desprende de la información del servicio de estadísticas de Google, ello es debido posiblemente a un grupo de internautas norteamericanos que acceden semanalmente al blog con una fidelidad digna de premio.
   Mi gratitud y mi deseo de comunicarme con ellos de algún modo, por ejemplo: por medio de los comentarios que se pueden escribir en el blog. Los contestaré inmediatamente.

viernes, 14 de octubre de 2016

70. ¿Cui prodest?



   El veinte por la noche, Juan Carlos Atienza llama al resto de los integrantes de la tormenta de ideas que están llevando a cabo en relación al robo del Tesoro Quimbaya. Tendrán que aplazar veinticuatro horas la siguiente sesión del debate porque el veintiuno la Brigada de Patrimonio en pleno va a estar muy ocupada: han detenido un barco de buscadores de tesoros que estaban saqueando unos pecios en la bahía de Cádiz. La nueva convocatoria es el veintidós, a las diez horas.
   Ese inesperado día en blanco es aprovechado de diversas formas por los demás miembros del grupo. Blanchard piensa hacer un viaje de ida y vuelta para conocer el pueblo de su madre: Herrera del Duque, en la provincia de Badajoz. Invita a Martín-Rebollo y a Grandal a viajar con él. Ambos declinan su invitación con diferentes excusas pues resulta que la pareja ha programado otro viaje. La profesora tiene interés en conocer el madrileño pueblo de Patones de Arriba, con importantes restos arqueológicos y un castro carpetano del siglo II a.C. El excomisario se ha brindado a ser su guía, aunque en realidad no ha estado nunca en Patones, algo que ha obviado decir a María Victoria. Por su parte, Bernal ha decidido tomarse un día sabático y atender sus asuntos domésticos. Sus hijos se lo agradecerán.
   A las ocho y pico de la mañana del veintiuno suena el móvil de Grandal. Hace rato que se levantó para preparar el viaje programado.
- Jacinto, buenos días, ¿no te habré despertado? – es María Victoria quien le llama.
- En absoluto, hace más de una hora que estoy en pie. Te recogeré a las diez y media en el hotel como habíamos quedado.
- De eso va la llamada. No vamos a poder ir a Patones. Me acaba de llamar el decano de la facultad. Se ha presentado una reclamación contra el tribunal de tesis doctoral que presidía.
Por ese motivo tengo que volver a reunir a los miembros del tribunal para ver cómo capeamos el recurso.
- No te preocupes, Mariví. Espero que habrá más ocasiones para que te pueda enseñar esa maravilla de piedra y pizarra – Cualquiera diría que Grandal se conoce Patones como la palma de su mano -. Oye, se me acaba de ocurrir que si termináis antes de la hora del almuerzo, me llamas y estaré encantado en invitarte a comer.
- Me temo que tampoco podrá ser. No localizan al ponente y mientras nos reunimos, debatimos y, en su caso, rehacemos nuestro pronunciamiento se nos va a ir la mañana y hasta es posible que parte de la tarde. Lo siento, me hacía mucha ilusión conocer Patones, pero habrá otros días para visitarlo
   Grandal se queda compuesto y sin compañera de viaje. ¡Con la ilusión que le hacía! Como hombre práctico que es, decide cambiar el programa. Llamará al resto de cuarteto a los que, entre unas y otras cosas, hace días que no ve. Tiene un buen motivo para charlar con ellos: contarles cómo se ha desarrollado hasta ahora la tormenta de ideas en torno al robo. Quizá a los viejos se les ocurran ideas que los Sacapuntas y sus amigos no hayan podido tener en cuenta. El trío de jubilados, como un solo hombre, se presenta enseguida en casa de su Jefe, están impacientes para que les ponga al día de cómo se está desarrollando la tormenta. El excomisario les hace un resumen de lo que ha dado de sí el debate que sostienen en la Brigada de Patrimonio.
- O sea, que al final, como dicen los valencianos, de forment ni un gra – dice Álvarez que, desde que su hijo Santiago veranea en Torrenostra, visita frecuentemente las tierras levantinas.
- Pues la verdad es que sí. El punto en el que ahora estamos atascados es el planteamiento que sugeristeis vosotros sobre la relación entre el robo e internet.
   De pronto, a Grandal se le ocurre algo en lo que no había pensado anteriormente.
- ¿Os apetece que montemos aquí y ahora un debate paralelo? – pregunta Grandal, no demasiado convencido que de ello saque algo en claro.
- ¿Y por qué no? Hasta la hora del almuerzo ninguno de los cuatro tiene nada más que hacer. Por probar nada se pierde.
   Y dicho y hecho. Los cuatro se sientan alrededor de la mesa del saloncito-comedor y, con Grandal en el papel de moderador, comienzan su particular tormenta de ideas. El excomisario enuncia como primera pregunta, la que no han sido capaces de contestar en la sede de la policía: ¿cuáles pueden ser los motivos del Gobierno para ocultar que lo robado solo son réplicas de las piezas originales?
- Si nos permites, Jacinto, esa pregunta la hemos debatido por nuestra cuenta y opinamos que por ahora es irrelevante. Creemos que es mejor comenzar por este planteamiento: Una persona o personas organizan el robo de unas piezas del Tesoro Quimbaya que resultan ser copias. Hay muchas probabilidades de que supieran que lo que robaban eras réplicas. ¿A pesar de ello por qué las roban? – Ponte es quien ha tomado la palabra.
- Los que organizaron el robo sabían que eran copias – Álvarez es quien contesta a Ponte -, por tanto no estamos ante una operación con una finalidad económica sino de otro tipo que por ahora desconocemos. Ahora bien, ¿los que ejecutaron el robo sabían que robaban réplicas? – se pregunta y él mismo responde -. Es posible, la mano de obra de la operación no tenía porque saberlo.
- Otra pregunta - interviene Ballarín sin hacer caso del moderador -. Si era un robo por encargo, los receptores de lo robado, ¿sabían que iban a recibir copias o los ejecutores pensaban meterles un gol?
- De ninguna manera – contesta Ponte -. Los receptores no iban a aceptar las piezas robadas hasta que una autoridad en arte precolombino las autentificara. ¿Supone eso que los receptores ya sabían que eran réplicas?
- Quizá – contesta Álvarez -, podría ser que receptores y organizadores del robo son los mismos y ya sabían que lo que robaban eran copias.
- Hay una pregunta del millón que, según he leído, es fundamental en toda investigación – explica Ponte – y que se resume en el latinajo de cui prodest?, a quien aprovecha el robo.
   Grandal contempla asombrado como los carcamales de sus amigos están llevando a cabo una tormenta de ideas sui generis sin atenerse a ninguna de las normas de esa técnica grupal ni hacer el más mínimo caso al moderador. Hasta que de pronto se le cae la venda de los ojos. Lo que está sucediendo no es más que una representación: esas preguntas que no se contestan o lo hacen a medias, ese debate que no es un debate; todo eso es algo que sus amigos lo han tratado antes y, por la rapidez de las intervenciones, más de una vez. ¡Menudos zorros!
- Vamos  ver, carrozones. ¿Cuántas veces habéis debatido estas cuestiones? – pregunta con una sonrisa en los labios.
- Pues tantas como días hace que nos abandonaste por esos estreñidos de los Sacapuntas y demás compañeros mártires – contesta un socarrón Álvarez.
- ¿Y se puede saber a qué conclusiones habéis llegado o es mucho pedir? – interroga Grandal.
- Que te lo cuente el de los latinajos jurídicos que es un pico de oro – sugiere con sorna Ballarín, mirando al decano de todos ellos.
   Ponte carraspea para aclararse la voz y saca un papelito de uno de sus bolsillos. Todas las evidencias apuntan a que era algo que los tres jubilados tenían preparado de antemano.
- Como han dicho Amadeo y Luis, el asunto lo hemos discutido ampliamente y al final hemos llegado a unas conclusiones que no consideramos todavía como definitivas, pero que son con las que contamos hasta el día de hoy. Están aquí anotadas – dice Ponte mostrando el papel, una simple hoja de bloc – por si os pueden servir de algo. Otra cosa, esto no es que te lo hayamos ocultado, es simplemente que no habíamos tenido ocasión de entregártelo.
- Por favor – le ataja Grandal -, no tenéis que disculparos por nada. Todo lo que hacéis suele estar bien hecho y siempre con la recta intención de descubrir a los que se llevaron el tesoro… o las copias, que para el caso da lo mismo. Y ahora, Manolo, aparte de que luego me des el papel, ¿querréis hacerme el santísimo favor de contarme de viva voz lo que dice?
- Pues dicho de forma resumida: no perdáis tiempo planteándoos preguntas sobre si los ladrones sabían o no si las piezas robadas eran auténticas o simples copias. Lo supieran o no, el hecho es que cometieron el atraco. También es una pérdida de tiempo cuestionar los motivos por los que el gobierno no cuenta que las piezas robadas son réplicas. A toro pasado, el gobierno quizá se beneficie de alguna manera con no contar la verdad, pero ello no afecta a que el hecho se realizó. En última instancia, lo que hay que buscar es a quien beneficia el robo y no solo me refiero al aspecto económico, quizá haya otra clase de intereses. Lo que importa saber es: ¿quién saca réditos del hecho? Y solo hay una respuesta posible: los que lo organizaron y quienes lo ejecutaron. Todo lo demás es marear la perdiz.