viernes, 7 de octubre de 2016

68. Con internet hemos topado



   Tras contestar al inspector Blanchard sobre la metodología a utilizar en el desarrollo de la tormenta de ideas y dado que no ha habido ninguna pregunta más, la profesora Martín-Rebollo retoma el hilo de su presentación.
- Ahora enumeraré los ítems en qué vamos a centrar el debate. Se agrupan en tres apartados basados en hechos que consideramos probados. El primero es que los ladrones no sabían que lo que estaban robando eran copias. De este dato se desprenden preguntas como las siguientes: ¿cómo una banda, que da un golpe de esa magnitud, ha podido cometer un fallo de ese calado?, ¿los ladrones ya deben saber que lo robado son simples réplicas?, ¿qué puede pasar cuando los atracadores se enteren de que su botín no vale lo que creían? El segundo apartado se basa en el hecho de que las autoridades españolas están ocultando a la opinión pública que las piezas robadas no son las originales. De ello se desprenden interrogantes como: ¿cuáles pueden ser los motivos que llevan al Gobierno a no hacer pública la noticia?, ¿cómo siendo tantas las personas que, presumiblemente, estarían al tanto del encubrimiento, la noticia no se ha filtrado a los medios?, ¿cómo respondería la opinión pública española al conocer la verdad? Y finalmente, el tercer apartado de ítems se fundamenta en que el llamado Caso Inca se ha empantanado y algo habrá que hacer para sacarlo del marasmo en que está. Preguntas a plantear: si todo sigue como hasta ahora, ¿cómo repercute ello en el esclarecimiento del caso?, para la resolución del delito que sería más eficaz ¿seguir ocultando que las piezas robadas son copias o publicar la verdad?, ¿cuáles podrían ser las repercusiones que el anuncio de la no autenticidad podría tener entre los ladrones y/o autores intelectuales del robo? Y cómo coda del anterior interrogante, en su caso qué sería mejor para la investigación policial: ¿qué el ejecutivo publicara directamente la noticia o que la filtrara a los medios como producto de una investigación de la prensa? Por supuesto, a los interrogantes enumerados se podrán sumar otros en la medida que el debate se desarrolle. Preguntas, por favor.
   Nadie levanta la mano hasta que Grandal lo hace al tiempo que saca un papelito de uno de sus bolsillos.
- Perdón, Mariví – el excomisario utiliza el hipocorístico familiar de María Victoria, tal como la doctora Martín-Rebollo ha pedido que la llamen -, pero mis amigos – se refiere al trío de jubilados -, que pese a sus años son unos duchos internautas, me han pedido que sugiera al grupo que también deberíamos incluir en el debate algunos ítems relacionando el robo e internet. Por ejemplo: dada la certeza de que las piezas robadas son copias y teniendo en cuenta que suponemos que las que las robaron son profesionales, ¿cómo se compadece eso conque nadie de la banda navegara por la red antes del robo para obtener toda la información posible? Si lo hubiesen hecho habrían descubierto que lo que pretendían robar eran meras réplicas. Eso nos lleva a otras preguntas, tales como: ¿se trata de una banda bien organizada o de un grupo de chapuceros?, ¿alguien que organiza un atraco de esta naturaleza no cuenta, entre sus componentes, con internautas o hackers que barran en la red cuanto se haya publicado sobre el tesoro?, ¿el hecho de no haber utilizado internet no podría echar por tierra la tesis de que éste es un robo por encargo? Hay varios interrogantes más que no quiero explicitar para no monopolizar el uso de la palabra.
   Un sepulcral silencio es la respuesta a la intervención de Grandal. Como nadie habla tiene que ser la moderadora la que tome la palabra:
- A reserva de lo que opine el resto del grupo, creo que tendríamos que recoger la sugerencia de los amigos del comisario para que formara parte de un cuarto apartado. Y para reforzar esta propuesta recuerdo a todos que si tecleas en internet copias del Tesoro Quimbaya, encuentras más de diez mil resultados. ¿Alguna objeción a lo que acabo de proponer sobre la sugerencia de Jacinto?
- Si me permites, Mariví – el galo también parece haber entrado en la senda del tuteo -, más que una objeción a tu propuesta lo que pongo sobre el tapete es una variante de la misma. Creo que deberíamos cambiar la prioridad del orden del debate de los interrogantes que has planteado al principio. Opino que deberíamos comenzar por los que acaba de sugerir Jacinto. Mi razonamiento es el siguiente: si llegásemos a la conclusión de que los ladrones no son una banda especializada en robos de valiosas piezas artísticas, eliminaríamos de un plumazo muchos de los interrogantes que has planteado y, por tanto, ganaríamos tiempo. Asimismo, eliminaríamos la hipótesis, que desde el principio del caso dimos como cierta, de que estamos ante un robo a la carta. Los que tienen la capacidad para montar un robo de esta clase también la tienen para contar con los mejores hackers que hay en el submundo de la informática. Esto también eliminaría varias de las preguntas que planteaste.
   La propuesta del inspector galo provoca un alud de intervenciones. Todo lo que era orden y método ha desaparecido para convertirse en un guirigay. Todos hablan, opinan y echan su cuarto a espadas. Así no hay forma de entenderse, hasta que la coordinadora del debate se ve forzada a dar unas palmadas para restablecer el orden. Las palmadas no surten mucho efecto, por lo que Martín-Rebollo se pone seria.
- Caballeros, caballeros – dice alzando la voz por encima de los diálogos cruzados -, caballeros. Portaros como tal y no como un grupo de adolescentes cabreados. Si a la primera de cambio os enzarzáis como verduleras voy a retirar mi colaboración.
   Poco a poco el silencio vuelve a adueñarse de la sala. La moderadora retoma la dirección.
- Recopilo lo que ha pasado en los últimos minutos. Jacinto ha presentado una sugerencia sobre la posible relación entre el robo e internet. Y Michel, partiendo de esa idea, ha propuesto darle prioridad en el debate. Como en la tormenta, no de ideas sino de gritos, que habéis montado ha quedado demostrado que hay opiniones dispares haremos lo más civilizado. Votaremos – y al ver que Bernal pretende hablar le corta de raíz -, y no admito una palabra más sobre la cuestión u os quedáis más solos que los de Tudela – apostilla, rememorando la popular jota cuya letra dice: Nos han dejao solos a los de Tudela… -. Vamos a ver: votos a favor de que lo primero a debatir sea la relación del robo con internet.
   Tres manos se levantan. Las de Grandal, Blanchard y la propia Martín-Rebollo.
- Señores, la propuesta de Michel basada en la aportación de Jacinto cuenta con mayoría absoluta. Fin de la discusión. Dada la hora que es, creo pertinente que dejemos para esta tarde la continuación del debate.
   Almuerzan en un restaurante cercano y durante la sobremesa, como profesionales que son, hablan de todo menos de la tarea que les espera. En la sesión vespertina, la moderadora pone sobre la mesa la propuesta votada al final de la mañana:
- Tenemos la certeza de que las piezas robadas son copias y creíamos que la banda que las robó estaba formada por profesionales. ¿Cómo se compadece eso conque nadie de la banda navegara por la red antes del robo? ¿Quién toma la palabra?
   Blanchard es el primero que levanta la mano.
- Ese increíble fallo en la planificación del robo es algo inexplicable y además contradictorio. Me explico: no cabe duda que el robo fue una acción cuidadosamente organizada. Los atracadores conocían la hora de la llegada del furgón blindado, sabían que el momento de la llegada del vehículo a las puertas del museo era un punto ciego en la vigilancia de las fuerzas de seguridad. Neutralizaron en minutos a los vigilantes armados del furgón y al personal del museo. En fin, que lo planificaron todo, salvo la muerte del vigilante de seguridad que podemos considerar como  accidental. ¿Cómo un planeamiento tan detallado puede irse al traste por un fallo tan monumental como no haber entrado en la red? El hecho de un error tan inexplicable como contradictorio me lleva a pensar que hay algo que no cuadra, que se nos escapa y ese algo que, confieso, soy incapaz de discernir podría ser clave en el esclarecimiento del caso.
   La intervención del galo provoca una cascada de comentarios, opiniones cruzadas y un rosario de nuevas preguntas, pero respuestas consolidadas muy pocas. De manera, que al finalizar la tarde en el folio del mural únicamente hay anotadas dos frases: No uso de internet por ladrones. Algo inexplicable y contradictorio. Así se cierra la primera sesión de la tormenta de ideas, con tan pobre bagaje.

martes, 4 de octubre de 2016

Capítulo 13. La tormenta de ideas.- 67. Una colaboradora inesperada



   La tarde del diecinueve tal como habían quedado, Grandal se dirige a la sede de la Brigada de Patrimonio donde le están esperando los tres inspectores que dirigen el Caso Inca, pero no están solos, hay alguien más: una mujer. Tiene un rostro de rasgos proporcionados y si no fuera por una silueta un pelín redondeada y unas indiscretas arrugas en las comisuras de ojos y labios, nadie diría que probablemente dobló el Cabo de Hornos de los cincuenta. Va vestida con elegante sencillez lo que provoca que, como afirmaba Coco Chanel, los hombres se fijen más en ella que en su indumentaria. Atienza se la presenta al excomisario.
- Te presento a María Victoria Martín-Rebollo, catedrática de Historia del Arte de la Universidad de Zaragoza y una de las expertas de arte precolombino más reconocidas mundialmente. Aprovechando que está en Madrid presidiendo un tribunal, ha tenido la amabilidad de aceptar mi invitación para colaborar con nosotros en la tormenta de ideas. Doctora – dice Atienza dirigiéndose a la profesora -, Jacinto Grandal, comisario jubilado y quizá el hombre que más nos está ayudando, junto a tres amigos suyos, para resolver el caso.
   La profesora y el excomisario se estrechan la mano y musitan el tópico encantado, una, y un placer conocerla, el otro.
- Bien – retoma la palabra Atienza dirigiéndose al grupo -, ahora que ya estamos todos, la señora Martín-Rebollo, que además de en arte es también experta en técnicas grupales, será quien dirija la sesión de brainstorming si no tenéis inconveniente. ¿De acuerdo? Una cuestión de intendencia: antes de comenzar va a venir el chico del bar a preguntar lo que queráis tomar.
   Como si hubiese oído a Atienza, aparece un silencioso camarero que va tomando nota de las peticiones de los participantes. Momento que aprovecha la catedrática para preguntar en voz queda a Grandal:
- ¿Es usted el mismo Jacinto Grandal que resolvió el caso de la calle Leganitos?
- El mismo – responde un sorprendido Grandal -, pero eso ocurrió hace más de veinte años. ¿Cómo es que se acuerda?
- Por aquellos años estaba en Madrid preparando las oposiciones para profesora de secundaria y el crimen tuvo mucho eco en el colegio mayor donde vivía. Una de las residentes había conocido en una fiesta al estudiante de veterinaria que resultó ser el asesino. Cuando se solucionó el crimen todavía recuerdo su foto en la portada de El Caso. Y si me permite, añadiré que el tiempo ha sido generoso con usted. Ha envejecido francamente bien. No todos podemos decir lo mismo.
   Grandal agradece la observación con una sonrisa y piensa que esa cara le recuerda a alguien, pero que no localiza a quién. Cuando va  contestar a la docente, Atienza llama al orden golpeando con su boli en uno de los vasos.
- Señora y señores, atención por favor. Siéntanse donde prefieran que vamos a comenzar. Doctora Martín-Rebollo, cuando quiera.
   La citada se pone unas gafas que le dan un vago aire profesoral y saca de un bolso de un tamaño más que respetable un bloc de tapas negras y un mazo de fichas que deja encima de la mesa. A continuación se dirige a un tablero portapapeles ubicado en el lado abierto de la u que forman las mesas.
- Antes que nada, dos cuestiones de procedimiento. Una, que durante mi presentación, que procuraré sea lo más breve posible, podéis interrumpirme en cualquier momento. La otra, que para que la atmósfera grupal sea más fluida y directa propongo que nos olvidemos de los tratamientos y demás ringorrangos. Por favor, no me llaméis doctora, ni señora Martín-Rebollo, ni siquiera María Victoria, con Mariví es suficiente, aunque a mis años el diminutivo a veces me suena un tanto ridículo. En definitiva, que nos tuteemos ¿De acuerdo?
   Todo el mundo asiente y Grandal levanta la mano.
- Estoy de acuerdo en lo del tuteo, pero lo de a tus años sobraba. Desde mis sesenta bien cumplidos te diré que, como repetía mi santa madre, te veo en la flor de la vida – afirma el excomisario acompañando su galante y tópica frase con una amable sonrisa.
- Gracias, comisario. Se nota que eres de la vieja escuela, de los que lanzaban requiebros a las damas.
- Bueno, ¿empezamos o vamos a pasarnos la mañana echándonos piropos? – Bernal, tan patán como siempre, ha metido baza.
- Mi querido amigo Eusebio, con el debido respeto te diré que tienes la sensibilidad de une brique. Piropear a una dama aussi charmante es algo que honra a quien lo hace – Blanchard, que siempre se la tiene guardada a Bernal, ha empleado su lengua paterna para que su frase no suene tan áspera como en español, aparte de que cuenta con el nulo dominio del francés por parte del policía de la Judicial.
- Caballeros, por favor –interviene María Victoria -. Dejémonos de pullas – dice dirigiéndose a Bernal y a Blanchard - y de requiebros – y le dirige a Grandal una mirada que es mitad de reprimenda y mitad de complicidad – y ciñámonos a nuestra tarea. Como os decía antes, en primer lugar voy a comenzar la presentación centrándome en la cuestión de las réplicas de las piezas del Tesoro Quimbaya. Como sabéis, el tesoro está compuesto por ciento veintidós piezas, de oro, plata y cobre… - la moderadora se detiene, Bernal ha levantado la mano -. ¿Alguna pregunta?
- Perdona, Mariví, pero siempre he creído que todas las piezas era de oro macizo.
- Es una creencia generalizada, pero falsa. La composición metalográfica de las piezas del tesoro incluye aleación de oro, plata y cobre en diferentes proporciones. Salvo las cuentas de alguno de los collares ninguno de los objetos que integran el tesoro es de oro macizo. Ello no le resta ni un ápice a su valor histórico, arqueológico y hasta estético. Bien, sigo. El tesoro llegó a España para la celebración del IV Centenario del Descubrimiento, y después de ser expuesto en Sevilla fue guardado en el Banco de España. Dado el enorme valor de la colección, todas las piezas fueron reproducidas en oro y cobre. De esa manera, mientras las piezas originales han estado custodiadas en las cámaras acorazadas del Banco de España, las piezas que se han mostrado en diversas exposiciones o en el propio Museo de América eran réplicas de las auténticas. Esta situación se mantuvo así hasta abril de mil novecientos ochenta y cinco, fecha en la que tras la renovación del museo la colección original se trasladó desde el banco al Museo de América donde permanecen desde entonces. Otra cuestión: las noventa piezas que se cedieron al museo parisino du Quai Branly para la muestra de arte indígena que se llevó a cabo el pasado año y que posteriormente fueron robadas, ¿son las auténticas o meras réplicas? Según la información que me ha llegado y que concuerda con la vuestra, son copias. Bien, hasta aquí lo que podemos llamar la introducción del tema que vamos a debatir. Preguntas, por favor.
   Lo que ha expuesto la profesora es algo que todos conocen por lo que nadie pide la palabra. Esa mínima pausa le sirve a Grandal para recordar a quien se parece la doctora Martín-Rebollo: a la psicóloga que trataba de sus depresiones al protagonista de la serie televisiva Los Soprano, y por la que el mafioso se sentía atraído.
- Dado que no hay preguntas, continúo – es la profesora quien vuelve a hablar -. Como el material para la tormenta es amplio, si os parece, vamos a dejar por probados aquellos ítems en los que haya unanimidad sobre su certeza. Son los siguientes: Primero, las piezas robadas no son las auténticas sino meras réplicas. Segundo, los ladrones no sabían que lo que estaban robando eran copias. Tercero, las autoridades españolas ocultan a la opinión pública que las piezas robadas no son las originales. Y cuarto, el caso parece haber llegado a un callejón sin salida y algo ha de cambiar para solucionarlo. ¿Alguna pregunta, alguna opinión?
   Nadie levanta la mano ni hace gesto alguno de replicar a lo que acaba de exponer María Victoria, por lo que ésta se dispone a continuar cuando Blanchard levanta la mano al tiempo que pide disculpas.
- Excusez-moi, doctora…, quiero decir Mariví, tengo una duda sobre la metodología que vamos a seguir en la lluvia de ideas. Aunque sea interrumpir por unos minutos tu presentación, serías tan amable de darnos unas pinceladas de cual va a ser el método que piensas emplear en el debate.
- Por supuesto, Michel. Pienso hacerlo de la forma más simple posible y sin sujetarme a las reglas preceptuadas del brainstorming. Escribiré en el portapapeles mural la pregunta de turno y a partir de ahí, cada uno de vosotros podrá expresar sus opiniones, discrepancias o planteamientos. Cualquier otro miembro de la mesa podrá rebatirle, apoyar su exposición o replantear lo que se haya dicho. Y seguiremos así, pregunta a pregunta, hasta que lleguemos a una conclusión que cuente, al menos, con tres votos a favor, lo que supone la mayoría absoluta. ¿Entendido?
   El inspector francés asiente por lo que la doctora Martín-Rebollo se dispone a concluir su presentación.

domingo, 2 de octubre de 2016

*** El blog se dispara




   El habitual número de páginas vistas del blog se ha disparado en la última semana. Las masivas descargas que se han producido desde los Estados Unidos han hecho que en el último mes sean 1000 las páginas vistas. De forma que hemos rebasado con creces la cifra de 9000 páginas vistas.
   Es obvio decirlo, pero estoy encantado. Todos los novelistas escribimos para ser leídos, alguna excepción habrá pero esa es la intención generalizada. Y es el caso de este octogenario aficionado a escribir literatura de ficción.
   Solo me resta decir: gracias, amigos. Prometo que, mientras me queden fuerzas, seguiré escribiendo. Es mi manera de resistir a los imparables avances de la vejez.