viernes, 9 de septiembre de 2016

60. Lo mejor es enemigo de lo bueno



 
   La única pista que por el momento les queda por investigar al cuarteto de jubilados metidos a detectives es la de averiguar si el furgón blindado, en el que se transportaba el Tesoro Quimbaya, después del robo fue vendido por unos gitanos al dueño de un desguace. Y para ello solo tienen un hilo del que tirar: el Tío Josefo, patriarca del clan de los García Reyes, que es viejo conocido de Ponte y la persona que podría saber si lo de los gitanos es cierto. Lo que ocurre es que el cuarteto tiene un problema: desconoce el paradero del Tío Josefo, el único medio de encontrarlo es a través de uno de sus nietos que está internado en un centro hospitalario de Madrid; por eso, como afirma irónicamente Álvarez, se han convertido en visitadores médicos. Ya han buscado en algunos de los hospitales públicos más grandes y conocidos de la ciudad sin haber encontrado rastro alguno del familiar del patriarca gitano. Han de seguir insistiendo.
   El día doce prosiguen con su plan de visitas a algunos de los centros hospitalarios que les restan por investigar. Por la mañana, Álvarez y Grandal han visitado el Hospital Gregorio Marañón, posiblemente el mayor centro sanitario de Madrid, sin resultado ninguno. Por la tarde, recorren el Hospital Universitario 12 de Octubre, otro de los grandes centros de la Seguridad Social madrileña, con el mismo resultado: ningún rastro de los García Reyes.
   A su vez, Ballarín y Ponte, por la mañana visitan el Hospital Universitario de la Princesa que es uno de los cuatro hospitales docentes de la Facultad de Medicina de la Universidad Autónoma de Madrid. Como está emplazado en el barrio de Salamanca, cogen la línea 4 del metro en la estación de Argüelles que les lleva hasta la estación de Diego de León muy cerquita del hospital. La visita, como las hechas a los demás centros, es decepcionante, ni rastro de los gitanos a los que buscan. Por la tarde, acuden al Hospital Universitario Niño Jesús, sito en la Avenida de Menéndez Pelayo. Cuando se dirigen paseando al centro hospitalario pasan por delante del Estadio Santiago Bernabéu. La vista del mítico estadio del Real Madrid le hace recordar a Ballarín las muchas tardes memorables que pasó en el coliseo viendo jugar al equipo del que fue socio.
- No veas la de partidos que he visto ahí dentro. Venía mucho, sobre todo con mi hijo Jaime que era más merengue que yo, pero desde que se casó dejó de venir conmigo, su mujer no soportaba quedarse sola en casa. Dejé de comprar el abono y al final también me di de baja como socio. Hoy solo me quedan recuerdos.
- Yo no soy nada futbolero – comenta Ponte -. Y bien que me tomáis el pelo por ello. En toda mi vida solo he estado dos veces en el Bernabéu. Una, con mi hijo David, viendo un entrenamiento del Madrid. La segunda recuerdo que fue un partido del Madrid contra el Valencia y en el que acompañé a Joaquín Pifarré, un amigo valenciano de Hidroeléctrica, que vino a ver el encuentro. Después de eso ya no volví a pisar el estadio.,
   Rememorando esos recuerdos llegan al Hospital Niño Jesús. En uno de los pasillos de la segunda planta encuentran un numeroso grupo de gitanos. Se paran a preguntarles cuando, antes de que la pareja de veteranos pueda decir algo, uno de los cales dirigiéndose a Ponte le espeta:
- Usté es don Manué Ponte, ¿a que sí?
- Sí señor, ¿y tú quién eres?
- Mi menda es Enrique el Gamba. Cuando currelé pa usté era un chavea y me decían el Quique.
- Entonces, tú serás un García Reyes – en una afirmación que también es pregunta.
- Si señó, a mucha honra.
   Ponte y Ballarín dan un suspiro de alivio. Al final, los han encontrado.
- ¿Tenéis a alguien de la familia aquí? – inquiere Ponte.
- Si señó, al churumbel más chico del Curro. Tuvo una neumonía que lo puso chungo. Ha estao a punto de diñarla, aunque parese que ya va mejorando.
- Y de mi amigo, el Tío Josefo ¿qué me cuentas?
- Pues si hubiese venio usté esta mañana se lo habría tropesao.
- Me gustaría echar una parrafada con él, hace mucho que no nos vemos. Me das su móvil y le llamaré.
- No tiene. Dise que eso de estar siempre localisao le da mal fario, pero ya le digo, pásese usté mañana y lo encontrará aquí.
- Pues muchas gracias, Enrique, y que Frasquito se ponga bien. Por cierto, su padre, el Curro, ¿está aquí? Me gustaría darle un abrazo.
- Estaba. Ha salío a haser una comanda y no sé cuándo volverá, pero no se apure, ya le diré que ha preguntao usté por él. Seguro que también se llevara un alegrón.
   En cuanto salen del hospital, les falta tiempo a la pareja para llamar a Grandal: 
- Jacinto, que hemos encontrado a los García Reyes. Están en el Hospital del Niño Jesús.
- ¿El Niño Jesús? ¡Coño, si es que estoy perdiendo facultades! – exclama Grandal -. Deberíamos haber empezado por los centros especializados en chavales como el Niño Jesús. Nos habríamos evitado el patear tantos hospitales. ¿Has hablado con el Tío Josefo?
   Ponte le cuenta a Grandal su diálogo con Enrique el Gamba. Tendrán que esperar a mañana para hablar con el patriarca del clan.
   Ponte duerme mal esa noche, pese a la falta de sueño el miércoles trece madruga. Por fin podrá charlar con su viejo amigo el Tío Josefo. Aunque lo de amigo, tratándose de una relación entre un payo y un gitano, es siempre algo relativo. Recuerda una copla del gitano Peret, el rey de la rumba catalana, que tenía una canción que se titulaba Mig Amic en la que rememoraba a su padre que vendía tejidos y al que la gente que le trataba le llamaba Medio Amigo, y eso era porque un calé nunca entrega toda su amistad a un payo. Sin embargo, Ponte espera que el patriarca de los García Reyes, en recuerdo de los viejos tiempo, se sincere y le cuente cuando sepa, si es que sabe algo, de esos gitanos que se supone que vendieron el furgón blindado.
   Al despertar, y siguiendo su inveterado hábito, abre el ordenador para ver que cuenta la prensa, hoy le toca al ABC. En la primera portada aparece una fotografía a cinco columnas con Pedro Sánchez y otros dos dirigentes del PSOE y un pie que dice: PP y C´s permiten a Patxi López presidir el Congreso mientras enfrentan a Podemos con el PSOE. Me parece una prudente decisión que los distintos partidos se repartan los cargos más importantes de la legislatura, se dice Ponte. En la segunda portada el titular principal es: Puigdemont promete el cargo sin mención a la Constitución ni al Rey. A estos secesionistas no les apean del burro de la independencia ni haciéndoles carantoñas ni dándoles estacazos, piensa el viejo. En el centro hay una composición fotográfica de pescados cuyo pie dice: El consumo de pescado cae un 13,5 % en los últimos seis años. Más o menos tantos años como dura la crisis, se dice. Y en el faldón otro titular: La banca española ha perdido desde las elecciones generales 21.500 millones en Bolsa. Hay un par de subtitulares más, pero no los mira, no puede perder más tiempo.
   Cierra el ordenador, pues tiene que arreglarse para estar presentable en su visita al Tío Josefo. Sobre la visita, el día anterior debatió el cuarteto si alguno de ellos debería acompañar a Ponte en su visita al hospital. Ponte prefería que le acompañase, al menos, otro de los compañeros y lo justificaba alegando:
- Así me sentiré más arropado y siempre tendré alguien que me eche una mano si la entrevista con el Tío Josefo se tuerce. Concreto más, prefiero que me acompañe Jacinto que es quien tiene más experiencia en tratar con los gitanos y además conoce al patriarca.
- Sería un tremendo error que te acompañara – afirma, tajante, Grandal -. Para el patriarca del clan no soy más que un madero y mi mera presencia haría que se cerrara en banda y no soltaría prenda.
- Bueno, pues que me acompañe Amadeo o Luis – propone Ponte.
-  Mira, Manolo, no insistas. Lo mejor es enemigo de lo bueno, y lo mejor es que vayas tú solito. El Tío Josefo se sentirá más cómodo hablando con alguien a quien conoce y en quien confía, en cambio la presencia de un desconocido le hará ser renuente a la hora de contarte lo que sabe, suponiendo que sepa algo.
   Vistos los argumentos expuestos, Ponte acepta ir solo, aunque la soledad le haga estar algo más nervioso que de costumbre.
- Ojalá siga teniendo buen recuerdo de mí y ojalá sepa algo de los presuntos calés  que vendieron el furgón blindado – dice en voz alta para terminar añadiendo -. Dos ojalás seguidos muchos son. Espero que suene la flauta aunque sea por casualidad.


martes, 6 de septiembre de 2016

59. Haciendo de visitadores médicos



   Cuando el director de la agencia de detectives, cuyos hombres están siguiendo al sospechoso de ser cómplice de los ladrones del Tesoro Quimbaya, revela el nombre del cliente interesado en saber las andanzas del tal Adolfo Martínez, la sorpresa de los inspectores del caso es unánime. Quizá más que sorpresa es contrariedad porque el cliente de la agencia es un conocido bufete madrileño, González-Arroyo y Asociados.
   Blanchard, que desconoce la legislación española, quiere saber:
- ¿Aquí puede la policía exigir al bufete el nombre del cliente que les ha hecho tal encargo? Lo pregunto porque no creo que unos abogados estén interesados directamente en saber de Martínez. Lo más seguro es que no sean más que unos intermediarios que estén cumpliendo el encargo de un cliente.
   Quien le contesta es Atienza, que para eso es un aplicado estudiante de Derecho en sus ratos libres:
- No, no podemos. Los abogados están protegidos por el derecho y el deber de sigilo y del secreto profesional que forma parte del derecho a la defensa, uno de los que consagra nuestra Constitución. Y, además, el Estatuto General de la Abogacía dispone que los abogados deberán guardar el secreto de todos los hechos o noticias que conozcan por razón de cualquiera de las modalidades de su actuación profesional, no pudiendo ser obligados a declarar sobre los mismos.
- ¿Entonces…? – La inconclusa pregunta del inspector galo queda en el aire.
- Entonces no nos queda otra que pedir a la juez un mandamiento judicial. El problema es que su libramiento no será automático, sino que su señoría nos pedirá pruebas o, al menos, indicios de comisión de delito que a su juicio sean suficientes para que el derecho a la confidencialidad de las relaciones abogado-cliente decline ante otro derecho que se considere de rango superior, por ejemplo: cuestiones que afectan al orden público, a la defensa nacional, a la posibilidad de un atentado, a un golpe contra el estado de derecho, etcétera.
- ¿Y el robo del tesoro entra en alguno de esos supuestos? – sigue preguntando Blanchard.
- Es bastante dudoso – contesta un apesadumbrado Atienza.
- O sea, que la que le hemos montado al de la agencia no nos ha servido para nada – sintetiza Blanchard.
   Bernal desahoga su malhumor contra la abogacía:
- ¡Putos abogados, son peores que un grano en el culo!
   Atienza prefiere ver el vaso medio lleno:
- Algo hemos sacado en limpio de todo esto. Los tipos de la agencia han dejado de vigilar a Martínez, por tanto el riesgo de que el sospechoso descubra que le estamos siguiendo ha disminuido considerablemente. Menos da una piedra.
   Ajenos a las dificultades por las que pasan los policías del Caso Inca, el cuarteto de jubilados, una vez concluidos los fastos navideños, se ha vuelto a reunir para revisar el estado de sus investigaciones.
- De momento, solo tenemos una pista que seguir: la del furgón blindado. Como recordaréis, el propietario del desguace de Humanes afirmó en la declaración que hizo a la policía que la furgoneta se la habían vendido unos gitanos, por eso hemos estado buscando a los amigos de Manolo, a los García Reyes, por si ellos pudieran saber algo de esos supuestos vendedores. Como no sabemos dónde vive ahora el clan y la única pista que tenemos de ellos es que un nieto del Tío Josefo, el patriarca de la familia, está internado en un hospital madrileño, mañana empezaremos a visitar centros hospitalarios a ver si encontramos en el que lo están tratando. Vosotros dos – se dirige a Ponte y Ballarín – visitaréis el Hospital Clínico y el Hospital Universitario Fundación Jiménez Díaz. Luis y yo investigaremos en el Ramón y Cajal por la mañana, por la tarde iremos a La Paz.
- Y una vez en el hospital, ¿qué hemos hacer para localizar al nieto del Tío Josefo? – se interesa Ballarín.
- Preguntad en recepción. Si os niegan la información, algo bastante probable, pululad por los pasillos. Las familias gitanas suelen acudir masivamente a los hospitales donde está internado algún familiar. Allí dónde veáis un grupo numeroso de gente que por su traza y forma de vestir os parezca que son calés, preguntad. Vosotros lo tenéis mejor que nosotros porque está Manolo a quien conoce más de medio clan de los García Reyes. Yo jugaré con la ventaja de presentarme como policía y, posiblemente, en admisiones me puedan facilitar la información. Comenzaremos por los cuatro hospitales que he citado porque creo que son de los más grandes de Madrid. Si no los localizamos en ellos seguiremos con el resto de la red hospitalaria de la Comunidad. La primera pareja que los descubra que avise inmediatamente a la otra.
- Además de avisar, ¿hemos de hacer alguna otra cosa? – pregunta Ponte.
- Sí sois tú y Amadeo quien localiza al clan lo que has de hacer es decirles quien eres. A buen seguro que si no hay alguien que te conozca, al menos sí que les sonará tu nombre. Les preguntarás por el Tío Josefo, por lo demás improvisa. Si somos Luis y yo quienes los encontramos no haremos nada hasta que tú puedas venir. Tú eres el hombre clave de esta operación porque eres quien tiene buen rollo con los García Reyes.
- Jacinto, antes has dicho que empecemos mañana, pero te recuerdo que mañana es sábado. Alguno de nosotros seguro que tiene compromisos familiares, yo sin ir más lejos. Y al día siguiente, domingo, ni te cuento. Tendríamos que dejarlo para el lunes – objeta y propone Álvarez.
   Ballarín y Ponte asienten secundando con el gesto la objeción y la propuesta de Álvarez. Grandal hace una mueca de contrariedad, pero acepta la sugerencia. No le queda otra. Sabe que para sus aficionados detectives priman los deberes familiares antes que los investigadores.
   El lunes, once de enero, Ballarín y Ponte se dirigen a media mañana al Hospital Clínico Universitario San Carlos, que ese es su nombre completo, aunque todo el mundo lo conoce como El Clínico. Es un complejo hospitalario inmenso, construido en el mismo estilo de ladrillo visto que los demás edificios de la Ciudad Universitaria que se erigieron después de la guerra civil y al que los años pasados desde su construcción han hecho mella. No tienen mayores problemas para acceder al interior del centro, pero deambular por sus interminables pasillos les lleva toda la mañana. Encuentran a un nutrido grupo de gitanos en una de las alas y cuando les preguntan por los García Reyes los calés se los quitan de encima de malos modos. La gitana a la que sus deudos han ido a arropar se debate entre la vida y la muerte y su familiares no están para chismorreos.
   Álvarez y Grandal han visitado el Hospital Ramón y Cajal, ubicado en la carretera de Colmenar Viejo en la zona norte de la capital, es un centro todavía más grande que El Clínico. Grandal, que ha echado mano de su caducada acreditación de comisario, no tiene problemas para que el departamento de admisiones le informe de que no hay ningún García Reyes internado en el centro. Lo mismo ocurre cuando por la tarde visitan el Complejo Universitario La Paz que, con sus más de mil doscientas camas, es otro de los hospitales públicos más grandes de la ciudad. Ni rastro de los García Reyes.
   Por la tarde, Ballarín y Ponte visitan el Hospital Universitario Fundación Jiménez Díaz, también conocido como Clínica de la Concepción, que al estar emplazado en la Avenida de los Reyes Católicos les queda, sobre todo a Ponte, muy cerquita de sus domicilios. La investigación no da ningún fruto.  
   Por la noche, los miembros del cuarteto se telefonean y deciden que retomarán sus visitas a los centros hospitalarios al día siguiente. En la relación de hospitales que les falta por investigar el reparto ha quedado así: Álvarez y Grandal irán al Hospital Gregorio Marañón, que con sus 1671 camas es posiblemente el mayor centro sanitario de Madrid, y al Hospital Universitario 12 de Octubre, otro de los complejos hospitalarios con cerca de mil cuatrocientas camas. Mientras, Ballarín y Ponte visitarán el Hospital Universitario de la Princesa y el Hospital Universitario Niño Jesús, centros que, por su menor tamaño y su ubicación en el centro de la ciudad, son más adecuados para los dos miembros más ancianos del cuarteto.
   Como resume Álvarez tirando de ironía:
- La verdad es que valemos para todo, hemos pasado de ejercer de detectives a trabajar de visitadores médicos.