viernes, 27 de mayo de 2016

Capítulo 6. Los jubilados en acción.- 30. Siga a ese coche



   El primer día de diciembre de 2015 depara una noticia que pone al Dúo Sacapuntas ante una nueva variante de su investigación que no esperaban. Uno de los agentes de la Brigada de Patrimonio, que forma parte de la unidad de apoyo para el Caso Inca, rastreando por internet ha encontrado una información que ofrece una nueva perspectiva al tan traído Tesoro de los Quimbayas. Encuentra un artículo en el que una prestigiosa especialista en arte precolombino y antigua subdirectora del Museo de América relata que hace tiempo, dado el alto valor económico y artístico de la colección, todas las piezas fueron reproducidas en oro y cobre. De esta manera, mientras las piezas originales han permanecido guardadas en las cámaras acorazadas del Banco de España, las que se han podido ver en algunas exposiciones o en el propio museo son copias de la colección original. El artículo aporta otro dato más: cuando las piezas auténticas salen del Banco de España son siempre custodiadas por la Guardia Civil.
   Puesto que los objetos de la colección cedidos para su exposición al Museo du Quai Branly de París no fueron protegidos por la Benemérita, cabe plantearse si los que se enviaron y posteriormente fueron robados del furgón blindado ¿eran copias o eran las piezas auténticas? Como Bernal y Atienza conocen sobradamente los entresijos de la administración pública española saben que si preguntan directamente a la dirección de Museo de América es posible que no les contesten, que les den largas o incluso que les oculten la verdad. Lo más eficaz, y al tiempo reglamentario, será acudir a la jueza instructora del caso para que sea ella la que adopte las medidas que estime pertinentes para dilucidar si las piezas robadas eran las originales o meras copias. Otro misterio más a sumar al ya de por sí embrollado asunto del robo del Tesoro Quimbaya.
   Ajenos al nuevo dato sobre el tesoro, Grandal y Ponte tienen ese miércoles una tarea específica: averiguar el domicilio de uno de los empleados de la empresa encargada de la seguridad del museo, que es uno de los que ha podido manipular las cámaras de vigilancia, y que hoy ha estado trabajando en el museo adónde ha llegado en su coche. Han quedado en la intersección de Hilarión Eslava con Cea Bermúdez a las dos y media. Ponte tendrá que almorzar un poco antes de lo que suele hacerlo, no sea que ahora que está a punto de ver convertida en realidad la recurrente frase que suena en toda película de acción que se precie: siga a ese coche, no la disfrute plenamente por si le sobreviene la somnolencia que le suele invadir tras el almuerzo. A la hora convenida aparece el comisario a bordo de un Seat León dos puertas, de color rojo y que a juzgar por su matrícula cuenta con una pila de años.
   Ponte se ha metido en internet y ha buscado información sobre cómo acechar a un coche sin que su conductor se aperciba de que es seguido. Ha leído una web titulada: las 10 reglas que debe saber para perseguir un vehículo sin delatarse. Una de ellas es que el color del vehículo perseguidor debe de ser poco llamativo.
- Jacinto, ¿no deberías haber cogido un coche de otro color menos chillón que el rojo?
- Quizá sí, pero este es el único que me quedaba en el garaje. El Maserati de color champagne se lo ha llevado el mayordomo y el BMW gris metalizado lo tiene el ama de llaves – contesta con guasa Grandal -. Manolo, ¿cuántos coches crees que tengo?
- Lo decía para que el objetivo no nos detecte fácilmente – se disculpa Ponte.                               
- Vamos a ver, Manolo, piensa. Un empleado que ha estado currando y que saldrá a las tres con más hambre que un gitano, con unas ganas locas de llegar a su chozo para sentarse a la mesa, ¿crees que tendrá en la chola que un par de viejales como nosotros le vayamos siguiendo por la caótica circulación madrileña del mediodía? Es lo último que podría pensar.
   Viendo que el excomisario no parece estar del mejor humor, Ponte cambia de tema.
- ¿Dónde le vamos a esperar, en el parking del museo?
- No, ahí seríamos demasiado visibles. Como el museo no tiene más que una salida hacia la Avenida de los Reyes Católicos y desde ahí solo se puede continuar hacia el Arco de la Victoria, nos apostaremos en la Plaza del Cardenal Cisneros, que es la primera rotonda en la que puede cambiar de sentido, bien para seguir por la Avenida de la Complutense, por la de Puerta de Hierro que desemboca en la carretera de A Coruña, o para torcer por la Avenida Juan de Herrera que le puede llevar, entre otros destinos, a la M-30. A partir de la rotonda de Cisneros es donde nos vamos a pegar a su trasero y precisamente será en ese trecho donde estaremos más al descubierto. Luego, en cuanto entre en una vía de mayor tráfico seguirlo sin que se aperciba será pan comido. Además, como te he dicho, dudo mucho que el tipo pueda sospechar que le van siguiendo. En cualquier caso, voy a procurar que entre ese fulano y nosotros haya, al menos, otro vehículo.
- ¡Caray, Jacinto, cómo se nota que eres un profesional! A mí no se me habría ocurrido pensar en todo eso – comenta Ponte con un dejo de admiración que tiene la virtud de disipar el mal humor de Grandal.
   A los doce minutos de espera aparece un Renault Clio, con motor diésel, de un azul metalizado que conduce el empleado objeto del seguimiento. Como había previsto Grandal, en la rotonda de Cardenal Cisneros el objetivo gira en dirección a la Avenida Juan de Herrera. El excomisario se le pega detrás. Al final de Juan de Herrera toma la calle a su izquierda, la de Martín Fierro, que desemboca en la Avenida de Séneca, en ella los perseguidores ya llevan otro vehículo entre el suyo y el de la presa. Al final de Séneca, el perseguido coge la M-500 para acceder inmediatamente a la M-30. A la altura del Parque Zoológico sale de la autovía para adentrarse en la Avenida de Portugal, al término de la cual entra en la siempre congestionada Autovía de Extremadura. Grandal no deja que otro vehículo se interponga entre su objetivo y ellos. La densidad de tráfico de la A-5 es enorme y además tiene muchas salidas, por eso le sigue como un galgo a una liebre, pegado a su culo.
- ¿No vamos demasiado cerca? – pregunta Ponte mirando con recelo las luces traseras del Clio.
- En esta carretera lo que hay que hacer es tener los cinco sentidos fijos en la conducción, no si te siguen o dejan de seguir. ¿Es que no sabes que es una de las entradas; bueno, en este caso, salidas más peligrosas y congestionadas de Madrid?
   En ese mismo momento, el Clio enciende el intermitente indicativo de giro a la derecha. Los paneles informativos indican que la próxima salida es la número 11, hacia San José de Valderas/Centro Comercial/San Martín de Valdeiglesias. El empleado se mantiene a su izquierda en la bifurcación en dirección a San José para tomar la Avenida de los Castillos, ya en el municipio de Alcorcón. En la segunda rotonda gira a la derecha para coger la calle Padrón, pasa otra rotonda tras la que accede a la calle Ribadeo en la que disminuye notablemente su velocidad que hasta el momento ha mantenido regularmente.
- Hemos de tener cuidado, está buscando donde aparcar – explica Grandal que ahora le ha dado un amplio margen de distancia al Clio.
   Casi en la esquina de Ribadeo con Carballino, el objetivo encuentra un hueco bastante estrecho, pero en el que con varias maniobras consigue aparcar. Mientras, Grandal ha estacionado su coche a la entrada de lo que parece la puerta de un garaje con un rótulo de prohibido aparcar y, por si hubiera duda, le acompaña un letrero que pone: avisamos grúa. Desde allí ven como el empleado se acerca en su dirección andando sin prisa, da toda la impresión de que sigue sin percibir que es objeto de seguimiento.
- Que viene, que viene – dice Ponte que por momentos se está poniendo nervioso.
- Tranquilo, Manolo. Si llega a nuestra altura, simularemos que estamos charlando, pero pon la mano apoyada en la sien, de forma que te tape media cara.
- Pero igual puede reconocernos.
- Manolo, no digas simplezas. A mí no me ha visto nunca, ¿cómo va a reconocerme? Y en cuanto a ti, ¿tú crees que va a recordar a un señor mayor que a veces tomaba café donde él suele hacerlo? Además, con las luces interiores apagadas y la escasa luz que tiene esta calle desde fuera apenas si verá más que dos personas que están manteniendo una amistosa charla.
   Los temores de Ponte no se materializan, antes de llegar hasta ellos, a la altura de la calle Cambados, el objetivo entra en un portal. La misión que podría denominarse de siga a ese coche ha terminado por el momento.

martes, 24 de mayo de 2016

29. De búsqueda por la Cañada Real



   Ponte, en su duermevela matinal, no hace más que pensar sobre como localizar a la familia gitana que puede ayudarles a encontrar a los tocayos que encontraron el furgón blindado y que luego vendieron a un chatarrero; si es que quieren, porque los calés son muy suyos, y siempre que la versión del fulano del desguace sea cierta. Como no llega a ninguna consecuencia práctica, deja de dar vueltas al asunto y abre el ordenador. La noticia que destaca El Mundo del último día de noviembre es una encuesta de Sigma Dos y su titular: Ciudadanos adelanta al PSOE y se queda solo a cuatro puntos del PP. ¡Coño, cómo han subido estos chicos!, piensa el viejo. Claro, que es solo un sondeo y estos de las encuestas fallan más que una carabina de feria y para mí que además las manipulan. Otra noticia que le llama su atención dice que: El Papa visita la gran mezquita de Bangui para mostrar la hermandad con los musulmanes. Es un bonito detalle, pero seguramente se quedará solo en eso, en un detalle. No creo que a la mayoría de musulmanes, y también de los cristianos, el gesto les hará cambiar de posiciones. En la sección de internacional, el pie de una foto en la que se ve la borrosa cara de un niño reza así: Niños suicidas afganos a 100 dólares. Ves, piensa, lo que decía antes. La miseria aliada con la religión produce estas monstruosidades. Críos que deberían estar en la escuela y lo que hacen es empuñar un kalashnikov. Y aunque no es un gran aficionado al fútbol termina repasando los resultados de los partidos de primera división del día anterior, es algo que hay que conocer porque la marcha de la liga es un tema de charla que más pronto que tarde saldrá en la conversación con sus amigos.
   Ponte ha quedado con Ballarín en el Paseo de Moret, casi esquina con Pintor Rosales. Puntual como un reloj suizo de alta gama, Ballarín le está esperando dentro de su coche.
- Buenos días, Amadeo, ¿hace mucho que esperas?
- Nada, unos minutos. Oye, tú que eres muy leído, ¿quién es la señora de la estatua? – pregunta Ballarín señalando el monumento que hay en la esquina de las dos calles, pero ya dentro del Parque del Oeste.
- Es doña Concepción Arenal, una escritora del diecinueve.
- Bueno, ¿dónde vamos?
- Jacinto me ha dicho que empecemos por la Cañada Real.
- Ese nombre me suena de algo, pero no sé de qué.
- Te sonará porque sale bastantes veces en los sucesos. La llamada Cañada Real Galiana es una zona de asentamientos ilegales en la que abundan los gitanos, los camellos, los yonquis y demás gente de esa ralea.
- Oye, Manolo, ¿y no será peligroso ir a un barrio así? Ya sabes que un yonqui te puede atracar por cuatro perras; bueno, ahora por cuatro euros.
- Según me explicó Jacinto, la Cañada está dividida en varios sectores que se extienden no solo por Madrid, sino también por los términos municipales de Rivas-Vaciamadrid y Coslada. Vamos a visitar solo dos de sus sectores: el tres y el cuatro, con una mayoría de familias de etnia gitana. Los calés no son precisamente unos angelitos, algunos también se dedican al menudeo de la droga, pero no creo que nos pase nada por hacer algunas preguntas.
- Bueno, esperémoslo, aunque no creas que las tengo todas conmigo.
- Coño, Amadeo, me estás saliendo un caguetas. Mira, haremos una cosa para que te quedes tranquilo: mientras yo pregunto, tú te quedas dentro del coche y bajas el seguro de las puertas.
- Es posible que sea un caguetas, como dices, pero también soy de los que no dejan a un amigo solo ante el peligro – afirma Ballarín dando a la frase un tono melodramático.
- Eso de solo ante el peligro me suena a película del oeste, como aquella que hizo John Wayne – se burla Ponte.
- Error. La protagonizó Gary Cooper. ¿Por dónde tiro?
- Coge la M-50 en dirección sur.
   La Cañada Real es como suponían: chabolas hechas con materiales de derribo, calles sin asfaltar, inmundicias, basura y por todas partes miseria, marginación…. Un barrio tercermundista con algunas pinceladas singulares que le confieren un aire peculiar: abundancia de antenas parabólicas, aparcados aquí y allá vehículos de alto porte y, de vez en cuando, edificaciones bien construidas que destacan todavía más junto a las viviendas de fortuna. Otra nota discordante es el relativo alto número de críos de variadas edades jugando entre los montones de chatarra. Deberían estar en el cole, pero…
   Ponte, repasa las directrices que le dio Grandal para comportarse como un payo respetuoso. Lo primero a tener en cuenta son algunos rasgos de la cultura gitana, esto conlleva que no debe preguntar a las mujeres ni a los jóvenes en general, debe hacerlo a un tío que es un gitano de edad que, por sus años, poder y comportamiento, suscita el respeto de los demás. Mucho mejor si pudiese acceder a que le reciba un patriarca o jefe reconocido y cabeza visible de una familia extensa. El poder del patriarca no es absoluto. Se asienta en su autoridad moral y el respeto que el gitano siente por sus mayores, de forma que el patriarca actúa como el tío más importante. También es el encargado de interpretar la ley tradicional y velar por ello, lo que es esencial en una cultura como la gitana de carácter ágrafo, es decir de una cultura cuyos códigos y pautas de comportamiento se transmiten oralmente. Además de tener en cuenta todo ello ha urdido una ingenua treta para que sus pesquisas no encuentren demasiados recelos. Va a enseñar una amarillenta fotografía, que encontró en la caja de Partagás en la que guarda viejas fotos de cuando trabajaba en Hidrola, en la que aparece junto al tío Josefo, el patriarca de los García Reyes, también conocidos como el clan de los Estepeños, al tiempo que contará que le dejó a deber tres mil pesetas y que, aunque pueda parecer una cantidad insignificante, para él es una cuestión de honor devolverle los dieciocho euros en que se han convertido. ¿Por qué ahora?, porque le han diagnosticado un cáncer y antes de que se lo lleve por delante no quiere dejar deudas. Quizá no le crean, pero es mejor una excusa aunque sea endeble que ninguna.
   Bien porque no consiguen topar con el gitano adecuado, bien porque nadie se cree la historia que cuenta Ponte, las indagaciones son un fracaso. Al menos, piensa Ballarín, no han visto ni notado nada que sugiera que hayan corrido peligro en algún momento. Cuando están a punto de tirar la toalla, la fortuna les sonríe. Entre dos de las nuevas urbanizaciones planeadas en la zona, Los Ahijones y El Cañaveral, encuentran unas chabolas casi pegadas a la autopista de peaje, la Radial 3, y allí un gitano que está trasteando en una furgoneta cargada con fruta les dice que quien más sabe de las familias que viven en la Cañada es el tío Ginés el Rubio, patriarca del clan de los Canelitas, y que vive en un poblado limítrofe al desarrollo urbanístico de los Berrocales, ya en el término de Rivas-Vaciamadrid.
   El tío Ginés resulta ser un calé que podría pasar perfectamente por payo. Para empezar, debió tener el pelo sino rubio, sí al menos castaño. Quizá de ahí le venga su mote. Tiene los ojos de un gris desvaído y su tez no es tan renegrida como la mayoría de los de su etnia. Habla pausado, con una poderosa voz de bajo y tiene el tic de que cada pocos minutos mira el reloj de bolsillo que, sujeto por una leontina, guarda en uno de los bolsillos del chaleco. Ginés les hace muchas preguntas sobre quiénes son y qué buscan. Ballarín y Ponte sin ponerse previamente de acuerdo deciden contar la verdad sobre sus respectivas personalidades. Lo que cuentan sobre su vida, trabajo y situación actual, sin hacer ninguna referencia al Tesoro Quimbaya, parece convencer al patriarca que debe ser tan viejo como ellos. En cambio, la historia de las tres mil pesetas de marras no parece que acabe de creérsela, pero la vieja foto que le enseña Ponte termina por animarle a hablar:
- Los García Reyes son unos calós de tronío y con los que es mejor estar amigachaos que lo contrario. Lo último que supe de ellos es que paraban por Salamanca, pero… - Ginés vuelve a mirar su reloj -, pero si siguen con lo de siempre, por estas fechas suelen marchar a la zona de Castellón para la recolección de una mandarina temprana que se cultiva por allí y que si no    recuerdo mal se llama satsuma.
   Y eso es cuanto logran averiguar en su búsqueda por la Cañada Real.

viernes, 20 de mayo de 2016

28. Los lunes de Grandal



   Los domingos, Ponte suele remolonear más que de costumbre porque la casa está más silenciosa. Felisa, su asistenta, no viene los fines de semana por lo que no hay nadie más que él que altere la quietud del piso. De todas formas, se dice, hoy no puedo estar demasiado en la cama porque el Jefe, así han empezado a llamar a Grandal, les ha convocado a una reunión en su casa a media mañana. Se levanta y prepara el desayuno. Recuerda que los domingos, cuando aún vivía su mujer, salía a comprar churros que luego tomaban con chocolate que había preparado su esposa. ¡Qué tiempos aquellos! Después de desayunar y de lavarse los dientes, se vuelve a meter en la cama y abre el ordenador. Hoy toca El País. El titular central del órgano de Prisa de 29 de noviembre, a tres columnas, reza así: Rajoy cierra su mandato con una leve reducción del paro. Pues no es que se haya lucido mucho, dice en voz alta como suele, pero menos da una piedra. La fotografía que viene debajo, con unas personas tendidas en el suelo, lleva un pie que la explica: Al menos 14 muertos en otro tiroteo en EEUU. Esto de los yanquis no hay manera de arreglarlo mientras se empeñen en mantener la cultura de que en la mayoría de familias haya una o varias armas. Así les luce el pelo. Y en el faldón, el titular es: España, un país más viejo y menos poblado. Como parte interesada en la noticia también lee el subtítulo: Por primera vez desde 1944, los nacimientos son menos que las muertes. Mira por donde he aquí una noticia más cierta que los impuestos. Que se den una vuelta por el barrio y cualquiera podrá comprobar que es tal y como lo cuentan. Vaya problema que van a tener mis hijos y toda su generación, ¿quién coño les va a pagar sus pensiones? En la parte superior de la columna de salida viene una información del exterior: El Congreso de Brasil abre proceso de destitución de Rousseff. Otra que, posiblemente, ha metido la mano en la caja del pan, se dice. Y debajo una perla más sobre el interminable rosario catalán: La Generalitat mantiene su desafío tras la anulación del Constitucional. Ya me extrañaba que hoy no dijeran nada sobre los separatistas, a estos no los para ni Casillas de portero.
   Los cuatro detectives aficionados se han reunido en casa de Grandal. El Jefe tiene que comunicarles nuevas directrices.
- En los últimos días nos hemos dispersado demasiado con la noticia del hallazgo del furgón y con las averiguaciones de Luis sobre la prensa colombiana. Creo que es el momento de que reconduzcamos nuestras investigaciones y que las centremos en aquello que puede darnos fruto con más rapidez y efectividad. Me refiero al seguimiento de los empleados del museo que, con más probabilidad, han podido tener acceso a manipular las cámaras de seguridad. Hasta el día de hoy, Manolo ha sido el único que ha logrado averiguar donde vive el objetivo que tenía asignado. Bien, esos seguimientos hay que reactivarlos. Además, tenemos que reordenar las actuaciones de la próxima semana. ¿Alguna pregunta?
- Por mi parte, ninguna – responde Ballarín. Álvarez y Ponte asienten.
- Bien, pues el inmediato reparto de misiones va a quedar así. Luis, tienes que hacerte con el domicilio del objetivo que tienes asignado. Amadeo, lo mismo, averigua donde viven los dos fulanos que te han tocado. Manolo, como tú ya has cumplido con tu misión, lo que vas a hacer es seguir buscando a los García Reyes. Sé que es un embolado de cuidado, pero hay que hacerlo. Quizá en unos días pueda darte algunas informaciones que te servirán de ayuda. En cuanto a lo que a mí respecta, también voy a pegarme a los dos tipos del museo que viajan en sus propios vehículos, a ver si me llevan hasta sus domicilios. A esos dos los he dejado para mí porque seguir a un coche por Madrid es algo que requiere una cierta práctica. ¿Quedan claras las asignaciones de tareas? ¿Alguna pregunta?
   Solo Ponte levanta la mano:
- Jacinto, he pensado que lo único que me queda por hacer para encontrar alguna pista sobre los García Reyes es visitar los poblados chabolistas donde se asientan núcleos gitanos y preguntar por ellos, ¿qué te parece la idea?
   Grandal se toma unos minutos para reflexionar sobre la propuesta de Ponte.
- De entrada, no me parece mal, pero por el momento la vas a posponer. Esos poblados no son seguros, abundan en ellos los camellos y por tanto los yonquis y te pueden dar un disgusto. Será mejor que lo dejes hasta que cualquiera de nosotros pueda acompañarte.
- Entonces, me quedo sin deberes esta semana y me voy a aburrir – alega Ponte -. Por ello te voy a pedir algo: que me dejes acompañarte en el seguimiento de tus objetivos. Te prometo que estaré calladito y que no te molestaré, me limitaré a observar y hacerte compañía.
   A Grandal la propuesta no parece hacerle demasiada gracia, pero accede.
-  Bueno, Manolo, pero como has prometido estarás callado y no incordiarás, ¿de acuerdo? Entonces, el martes, a las tres que es cuando cierra el museo me esperas…; a ver, tú que vives por esa zona dime un sitio donde pueda aguardar en doble fila sin armar el taco. Tendrá que estar cerca de Cristo Rey para que podamos acceder de forma fácil a la Avenida de la Victoria.
   A Ponte solo le falta batir palmas como un niño. Al fin va a ver convertida en realidad esa frase que tantas veces ha oído repetir en las películas de acción: siga a ese coche.
- Me puedes esperar en Joaquín María López, en el tramo comprendido entre Isaac Peral e Hilarión Eslava, es un trozo de calle que tiene escaso tráfico y donde no hay demasiado problema para aparcar en segunda fila. Luego, desde Hilarión Eslava se puede torcer a la izquierda para acceder a Cea Bermúdez y de allí a la zona del Arco del Triunfo hay un paso – detalla Ponte.
- De acuerdo, y lo que puedes hacer el lunes, Manolo, es darte otra vuelta por los alrededores del museo a ver si consigues más información.
- Jacinto, si me permites. Lo que acabas de mandarle a Manolo para el lunes tendrá que posponerse a otro día. Los lunes el museo está cerrado, por tanto se supone que los trabajadores no acudirán al curro ese día – Es Ballarín quien ha hecho la precisión, al tiempo que piensa que Grandal habrá sido un buen policía, pero como organizador deja mucho que desear. No saber o no recordar el dato de los lunes no dice mucho a su favor.
- Es verdad, me había olvidado que los lunes no abren – admite Grandal sin dar mayor importancia a su olvido.
- Entonces, ¿qué hago el lunes? – quiere saber Ponte.
- Un día de vacaciones no nos vendrá mal – sugiere Grandal.
- A mí se me ocurre, Jacinto, que el lunes podría darme una vuelta por algún poblado chabolista a ver si doy con la pista de los García Reyes – propone Ponte.
- Me parece bien, pero ya te he dicho que no debes ir solo y yo no te puedo acompañar, mi agenda del lunes la tengo muy ocupada – precisa Grandal.
   Posiblemente Ponte, que es quien hace más años que conoce al excomisario, sea el único que sabe el pequeño misterio de los lunes de Grandal. Ese día es el que dedica a su novia, aunque hablar de novia quizá resulte excesivamente rebuscado. El antiguo policía, que lleva separado casi dos décadas de la que fue su esposa, tiene un arreglo con Chelo, una rubia de frasco de cuarenta y pocos años que todavía está de buen ver. La dama en cuestión ejerce de azafata, acompañante de lujo o escort como también se les llama; en fin, que es una puta de altos vuelos y que suele trabajar a destajo los fines de semana con los clientes que vienen a Madrid a pasar el weekend. Los lunes, Grandal la recoge y durante veinticuatro horas a la semana conviven como si fueran un matrimonio convencional. Salen a comer, van al cine, al teatro, o si a Chelo no le apetece patear la calle se quedan todo el día en casa donde ella pasa las horas viendo la tele o leyendo el Hola, Diez Minutos, Lecturas o cualquier otra revista del corazón de las que es una adicta. Mientras que él es quien prepara la comida y trata de satisfacer sus pequeños caprichos hasta donde llegan las posibilidades de su pensión. De eso van los lunes de Grandal.
- Manolo, para lo de los gitanos cuenta conmigo el lunes – se ofrece Ballarín.