viernes, 20 de mayo de 2016

28. Los lunes de Grandal



   Los domingos, Ponte suele remolonear más que de costumbre porque la casa está más silenciosa. Felisa, su asistenta, no viene los fines de semana por lo que no hay nadie más que él que altere la quietud del piso. De todas formas, se dice, hoy no puedo estar demasiado en la cama porque el Jefe, así han empezado a llamar a Grandal, les ha convocado a una reunión en su casa a media mañana. Se levanta y prepara el desayuno. Recuerda que los domingos, cuando aún vivía su mujer, salía a comprar churros que luego tomaban con chocolate que había preparado su esposa. ¡Qué tiempos aquellos! Después de desayunar y de lavarse los dientes, se vuelve a meter en la cama y abre el ordenador. Hoy toca El País. El titular central del órgano de Prisa de 29 de noviembre, a tres columnas, reza así: Rajoy cierra su mandato con una leve reducción del paro. Pues no es que se haya lucido mucho, dice en voz alta como suele, pero menos da una piedra. La fotografía que viene debajo, con unas personas tendidas en el suelo, lleva un pie que la explica: Al menos 14 muertos en otro tiroteo en EEUU. Esto de los yanquis no hay manera de arreglarlo mientras se empeñen en mantener la cultura de que en la mayoría de familias haya una o varias armas. Así les luce el pelo. Y en el faldón, el titular es: España, un país más viejo y menos poblado. Como parte interesada en la noticia también lee el subtítulo: Por primera vez desde 1944, los nacimientos son menos que las muertes. Mira por donde he aquí una noticia más cierta que los impuestos. Que se den una vuelta por el barrio y cualquiera podrá comprobar que es tal y como lo cuentan. Vaya problema que van a tener mis hijos y toda su generación, ¿quién coño les va a pagar sus pensiones? En la parte superior de la columna de salida viene una información del exterior: El Congreso de Brasil abre proceso de destitución de Rousseff. Otra que, posiblemente, ha metido la mano en la caja del pan, se dice. Y debajo una perla más sobre el interminable rosario catalán: La Generalitat mantiene su desafío tras la anulación del Constitucional. Ya me extrañaba que hoy no dijeran nada sobre los separatistas, a estos no los para ni Casillas de portero.
   Los cuatro detectives aficionados se han reunido en casa de Grandal. El Jefe tiene que comunicarles nuevas directrices.
- En los últimos días nos hemos dispersado demasiado con la noticia del hallazgo del furgón y con las averiguaciones de Luis sobre la prensa colombiana. Creo que es el momento de que reconduzcamos nuestras investigaciones y que las centremos en aquello que puede darnos fruto con más rapidez y efectividad. Me refiero al seguimiento de los empleados del museo que, con más probabilidad, han podido tener acceso a manipular las cámaras de seguridad. Hasta el día de hoy, Manolo ha sido el único que ha logrado averiguar donde vive el objetivo que tenía asignado. Bien, esos seguimientos hay que reactivarlos. Además, tenemos que reordenar las actuaciones de la próxima semana. ¿Alguna pregunta?
- Por mi parte, ninguna – responde Ballarín. Álvarez y Ponte asienten.
- Bien, pues el inmediato reparto de misiones va a quedar así. Luis, tienes que hacerte con el domicilio del objetivo que tienes asignado. Amadeo, lo mismo, averigua donde viven los dos fulanos que te han tocado. Manolo, como tú ya has cumplido con tu misión, lo que vas a hacer es seguir buscando a los García Reyes. Sé que es un embolado de cuidado, pero hay que hacerlo. Quizá en unos días pueda darte algunas informaciones que te servirán de ayuda. En cuanto a lo que a mí respecta, también voy a pegarme a los dos tipos del museo que viajan en sus propios vehículos, a ver si me llevan hasta sus domicilios. A esos dos los he dejado para mí porque seguir a un coche por Madrid es algo que requiere una cierta práctica. ¿Quedan claras las asignaciones de tareas? ¿Alguna pregunta?
   Solo Ponte levanta la mano:
- Jacinto, he pensado que lo único que me queda por hacer para encontrar alguna pista sobre los García Reyes es visitar los poblados chabolistas donde se asientan núcleos gitanos y preguntar por ellos, ¿qué te parece la idea?
   Grandal se toma unos minutos para reflexionar sobre la propuesta de Ponte.
- De entrada, no me parece mal, pero por el momento la vas a posponer. Esos poblados no son seguros, abundan en ellos los camellos y por tanto los yonquis y te pueden dar un disgusto. Será mejor que lo dejes hasta que cualquiera de nosotros pueda acompañarte.
- Entonces, me quedo sin deberes esta semana y me voy a aburrir – alega Ponte -. Por ello te voy a pedir algo: que me dejes acompañarte en el seguimiento de tus objetivos. Te prometo que estaré calladito y que no te molestaré, me limitaré a observar y hacerte compañía.
   A Grandal la propuesta no parece hacerle demasiada gracia, pero accede.
-  Bueno, Manolo, pero como has prometido estarás callado y no incordiarás, ¿de acuerdo? Entonces, el martes, a las tres que es cuando cierra el museo me esperas…; a ver, tú que vives por esa zona dime un sitio donde pueda aguardar en doble fila sin armar el taco. Tendrá que estar cerca de Cristo Rey para que podamos acceder de forma fácil a la Avenida de la Victoria.
   A Ponte solo le falta batir palmas como un niño. Al fin va a ver convertida en realidad esa frase que tantas veces ha oído repetir en las películas de acción: siga a ese coche.
- Me puedes esperar en Joaquín María López, en el tramo comprendido entre Isaac Peral e Hilarión Eslava, es un trozo de calle que tiene escaso tráfico y donde no hay demasiado problema para aparcar en segunda fila. Luego, desde Hilarión Eslava se puede torcer a la izquierda para acceder a Cea Bermúdez y de allí a la zona del Arco del Triunfo hay un paso – detalla Ponte.
- De acuerdo, y lo que puedes hacer el lunes, Manolo, es darte otra vuelta por los alrededores del museo a ver si consigues más información.
- Jacinto, si me permites. Lo que acabas de mandarle a Manolo para el lunes tendrá que posponerse a otro día. Los lunes el museo está cerrado, por tanto se supone que los trabajadores no acudirán al curro ese día – Es Ballarín quien ha hecho la precisión, al tiempo que piensa que Grandal habrá sido un buen policía, pero como organizador deja mucho que desear. No saber o no recordar el dato de los lunes no dice mucho a su favor.
- Es verdad, me había olvidado que los lunes no abren – admite Grandal sin dar mayor importancia a su olvido.
- Entonces, ¿qué hago el lunes? – quiere saber Ponte.
- Un día de vacaciones no nos vendrá mal – sugiere Grandal.
- A mí se me ocurre, Jacinto, que el lunes podría darme una vuelta por algún poblado chabolista a ver si doy con la pista de los García Reyes – propone Ponte.
- Me parece bien, pero ya te he dicho que no debes ir solo y yo no te puedo acompañar, mi agenda del lunes la tengo muy ocupada – precisa Grandal.
   Posiblemente Ponte, que es quien hace más años que conoce al excomisario, sea el único que sabe el pequeño misterio de los lunes de Grandal. Ese día es el que dedica a su novia, aunque hablar de novia quizá resulte excesivamente rebuscado. El antiguo policía, que lleva separado casi dos décadas de la que fue su esposa, tiene un arreglo con Chelo, una rubia de frasco de cuarenta y pocos años que todavía está de buen ver. La dama en cuestión ejerce de azafata, acompañante de lujo o escort como también se les llama; en fin, que es una puta de altos vuelos y que suele trabajar a destajo los fines de semana con los clientes que vienen a Madrid a pasar el weekend. Los lunes, Grandal la recoge y durante veinticuatro horas a la semana conviven como si fueran un matrimonio convencional. Salen a comer, van al cine, al teatro, o si a Chelo no le apetece patear la calle se quedan todo el día en casa donde ella pasa las horas viendo la tele o leyendo el Hola, Diez Minutos, Lecturas o cualquier otra revista del corazón de las que es una adicta. Mientras que él es quien prepara la comida y trata de satisfacer sus pequeños caprichos hasta donde llegan las posibilidades de su pensión. De eso van los lunes de Grandal.
- Manolo, para lo de los gitanos cuenta conmigo el lunes – se ofrece Ballarín.

martes, 17 de mayo de 2016

27. Mucho arroz para tan poco pollo



   A Bernal y Atienza la noticia del hallazgo del furgón blindado les ha cogido en sus domicilios. Bernal está lidiando con su hijo más pequeño que se muestra inapetente, mientras los hermanos mayores ven la televisión y su esposa ultima la preparación de la cena. Atienza está delante de los fogones cocinando una merluza rebozada con guarnición de guisantes, al tiempo que su compañero de piso y de cama se esmera en preparar un coctel de frutas. Es Bernal quien toma la iniciativa y llama a su compañero:
- Juan Carlos, ¿sabes lo del furgón?
- Hace unos minutos me han llamado los compañeros de Fuenlabrada.
- ¿Nos vamos para allá?
- Bueno… - Atienza duda -. Es ya muy tarde, Eusebio, y no creo que solucionemos nada yéndonos ahora Si no tienes inconveniente creo que lo podíamos dejar para mañana a primera hora.
- Desde luego, el furgón no se va a mover de allí. De acuerdo, nos vemos mañana.
   Al día siguiente, los dos policías se dirigen a Fuenlabrada. En la comisaría local de la policía nacional les informan que el hallazgo se ha producido por una auténtica carambola. En una de las operaciones que la policía desarrolla contra el blanqueo de capitales, en este caso de las mafias chinas, se han registrado varias naves de comerciantes orientales en el polígono industrial Cobo Calleja. Dicho polígono es el principal centro importador y distribuidor en España de productos fabricados en China. En una de las naves registradas, los agentes encuentran un furgón que lleva en las portezuelas y en los laterales el logotipo de una empresa que transporta los artículos chinos a bazares de todo el país. Al principio, no se le da ninguna importancia al vehículo, es uno de los muchos que utilizan los comerciantes del polígono. Hasta que uno de los inspectores se da cuenta de que no es la habitual furgoneta dedicada al pequeño transporte, para esa tarea no era necesario blindarla. En un segundo momento se descubre que los logotipos de los laterales han sido pintados no hace demasiado tiempo y, un dato más interesante aún, las placas de identificación pertenecen a otro furgón que yace en el desguace hace años y la documentación del vehículo es más falsa que un billete de tres euros. De ahí a identificar el furgón como el que transportaba el Tesoro Quimbaya ha sido una tarea sencilla.
- ¿Y qué coño hacía el furgón en la nave de una empresa china de Fuenlabrada? – se dice Bernal en una pregunta que es más retórica que otra cosa.
- En el atestado de los compañeros que han llevado a cabo la investigación se afirma que el dueño ha declarado que lo compró de segunda mano al dueño de un desguace que hay en Humanes de Madrid.
- ¿Crees que el chino dice la verdad? – pregunta Bernal.
- Tendremos que interrogarle a ver si sacamos algo en claro.
   El interrogatorio del comerciante chino, a través de un intérprete porque el oriental apenas si balbucea unas pocas palabras en español, no aporta nueva información. Ratifica su primera declaración de que lo compró al dueño de un desguace sito en el pueblo de Humanes. El Dúo Sacapuntas se desplaza a dicha localidad para interrogar al propietario del cementerio de automóviles. El interrogatorio al que someten al dueño del centro de despiece automovilístico se centra en averiguar a quien le compró el furgón blindado. No sacan nada en limpio. El industrial del desarme de vehículos les da la rocambolesca versión de que lo compró a unos gitanos que le dijeron que lo habían encontrado abandonado en un descampado cercano adonde ellos acampaban, que hasta tenía las llaves puestas, pero sin documentación alguna. Lo único que admite el patrón del desguace es que le puso las placas de otro furgón que había desguazado y que falsificó la documentación. De los gitanos solo sabe eso, que eran de esa etnia, pero no conoce sus nombres ni donde pueden vivir. Los policías no se creen esta versión, pero no consiguen que el chatarrero se salga del guion.
- Este pozo está seco – sentencia Bernal -. A este fulano ya no le vamos a sacar nada más.
- Todavía nos queda algo por investigar. A lo mejor por ahí tenemos más suerte.
- ¿Te refieres al “artista” que pintó los nuevos logotipos en el furgón? Yo también lo he pensado, pero soy pesimista. Como nos metamos a buscar en la maraña de empleados y subcontratados que trabajan para los chinos nos podemos perder en un océano de conexiones que nos harán perder mucho tiempo y que, a buen seguro, no nos llevarán a ninguna parte.
- Posiblemente tengas razón, Eusebio, pero el negativismo tampoco nos aportará nada. No podemos descartar cualquier pista por nimia que sea. Tampoco tenemos tantas como para desperdiciar esta – responde Atienza.
   A rebufo de la policía van los vejetes convertidos en detectives. Grandal los ha llamado para informarles de las escasas noticias que ha conseguido recabar sobre el hallazgo del furgón.
- El furgón ha sido encontrado en el polígono industrial Cobo Calleja de Fuenlabrada. Estaba en el almacén de uno de los muchos chinos que tienen allí sus comercios.
- Si los chinos también andan metidos en lo del robo, ¡aviados estamos, eso va a ser mucho arroz para tan poco pollo! – sentencia Álvarez poniéndose castizo.
- No te pongas pesimista, Luis, que no es para tanto. Por ahora parece que los chinos no tienen nada que ver. Compraron el furgón al dueño de un desguace de Humanes que a su vez se lo compró a unos gitanos.
- Entonces, ¿a quién tendríamos que investigar, a los chinos, al chatarrero o a los gitanos? Inquiere Álvarez.
- De entrada, yo descartaría a los chinos y al del desguace. Creo que deberíamos centrarnos en los gitanos puesto que son los primeros de esta cadena y que, por tanto, son los más cercanos a los atracadores o a quienes pudieron tener algún contacto con estos.
- Si hay que investigar a unos gitanos eso es casi más difícil que hacerlo con los chinos. Como ha dicho antes Luis es mucho arroz para tan poco pollo. ¿Vosotros sabéis lo difícil que es sacarle a un calé la verdad como no quiera contarla? – Ballarin que es quien ha hecho la pregunta parece tan pesimista como Álvarez con los chinos.
- Manolo, ¿te acuerdas del suceso de los robos de cobre en Móstoles que fue precisamente cuando nos conocimos? – pregunta Grandal a Ponte.
- ¿Los robos de cobre? Ah, claro. Me había olvidado de ese asunto. Si la memoria no me falla eran los García Reyes los que manejaban el cotarro – Ponte está recordando.
- A ver, chicos, hacednos partícipes de vuestros recuerdos porque Amadeo y yo no sabemos de qué coño estáis hablando – exige Álvarez.
- Es una vieja historia…
   Grandal explica que en la década los ochenta hubo una auténtica plaga de robo de cables de cobre en los tendidos eléctricos que la compañía Hidroeléctrica, en la que trabajaba Ponte por entonces, estaba llevando a cabo en las nuevas urbanizaciones que, como setas en otoño, aparecían mes tras mes en el pueblo de Móstoles que por entonces registraba el mayor índice de crecimiento urbano de toda Europa. Grandal estaba destinado en la brigada de robos y a raíz de las denuncias puestas por la empresa fue cuando conoció a Ponte. Pese a las exhaustivas investigaciones realizadas por la policía y al reforzamiento que la compañía eléctrica hizo en su propio sistema de seguridad y vigilancia los robos siguieron. La situación cambió cuando alguien sugirió una idea que en principio parecía un tanto descabellada: contratar como vigilantes a familias gitanas de las que estaban afincadas, más bien temporalmente, en las zonas chabolistas de los alrededores. A dicha medida Grandal se opuso frontalmente, mientras Ponte fue uno de sus valedores. Medida que acabó adoptándose. El resultado fue espectacular: los ladrones del cobre desaparecieron de la noche a la mañana. Y Ponte se ganó unos nuevos amigos, entre ellos la interminable parentela de la familia García Reyes que fue una de las que hizo posible el fin del latrocinio cuprífero.
- ¿Y tú crees, Jacinto, que los García Reyes podrían ayudarnos a encontrar a los presuntos vendedores del furgón? – pregunta Ponte.
- A mí, desde luego no me ayudarían. Para ellos solo sigo siendo un madero que, después de los picoletos, es lo más bajo de la raza humana, pero si se lo pides tú es posible que accedan a echarnos una mano. Fuiste tú quien les dio el curro de la vigilancia, no solo a ellos sino a casi toda su parentela. Y los calés tendrán muchos defectos, pero también son de los que saben devolver los favores recibidos.
- ¿Y dónde podríamos hacernos con ellos?

viernes, 13 de mayo de 2016

26. Han encontrado el furgón blindado



   El Confidencial del 26 de noviembre trae como noticia principal: Los críticos del PSOE de Madrid lanzarán su asalto al poder tras el Comité Federal. Estos periodistas o no se enteran o se trata de rellenar la portada, piensa Ponte. Saben mejor que yo que en cuanto los afiliados madrileños huelan que el partido puede formar gobierno se pondrán todos, como un solo hombre, detrás de quien les pueda garantizar la mamandurria. Como en cualquier otro partido, vamos. La primera foto pertenece a otro tema muy diferente: El saqueo del deporte español. Aquí lo de meter la mano en el cajón del pan se ha convertido en toda una epidemia, hasta entre los deportistas, se dice el viejo. Hay otra foto en la que aparece Felipe VI y cuyo pie es: Una lección del Rey a los políticos: “manca fineza” y falta grandeza, le merece un único comentario en voz alta: bonito titular. Otra de las fotos que le llama la atención es una composición del mapa de España y dos rótulos de calles, aunque es mucho más expresivo el pie: Franco aún vive en 317 calles de toda España; José Antonio, en 373. ¿Las habrán contado de verdad?, piensa. La última información en la que posa sus ojos es una curiosidad: ¿En un paso de cebra tiene preferencia el ciclista o el vehículo? Buena pregunta cuya respuesta no conozco, habrá que leer la información.
   Ponte está firmemente decidido a que no le vuelva a pasar lo del día anterior. Además, hoy lo va a tener más fácil porque los jueves el museo abre de forma continuada desde las nueve y media hasta las siete de la tarde. Por tanto, va a poder comer a su hora habitual y echarse una pequeña siesta sin mayor riesgo. De todas formas, decide ser precavido y no tomar un almuerzo de los que inducen a que la siesta sea más prolongada.
- Felisa, hoy quisiera una comida ligerita. Tengo cosas que hacer luego y no debo estar demasiado pesado.
- ¿Una comida ligera? ¿Qué le parece una sopita de cabellos de ángel y un filete de pollo? Recuerde que la médica de general le ha recomendado que coma poca carne roja.
- Estupendo.
- ¿Comerá a su hora o la adelanto?
- No, comeré cuando siempre.
   Antes de las siete, Ponte ya está en los alrededores del museo esperando la salida de su objetivo. Piensa que seguramente cogerá el metro para volver a casa y las dos estaciones más cercanas son la de Islas Filipinas, de la línea 7, o la de Moncloa, desde la que puedes acceder a las líneas 3 y 6. Esta última que es la circular es, posiblemente, la que tendrá más posibilidades de ser la utilizada. 
   El vigilante de seguridad, al que ha de seguir, tras salir del museo toma la llamada ruta verde que discurre por lo que era el antiguo tendido de los raíles del tranvía Moncloa-Paraninfo en dirección a la calle Princesa. No anda excesivamente aprisa por lo que el viejo puede seguirle sin mayor problema. Doble contra sencillo que va a coger el metro, se dice Ponte. En efecto, el tipo entra en el Intercambiador de Moncloa y se dirige a tomar la línea 6 del metro en dirección sur. El viejo se mete en el mismo vagón que su presa para estar más seguro de no perderle. Esa línea suele estar siempre muy concurrida lo que le ayuda a pasar desapercibido. Además, ¿quién va a pensar que un vejete está siguiendo a un hombre al que le dobla la edad? Lo que le fastidia es no poder sentarse, todos los asientos están ocupados. Antes, piensa, alguna de las personas más jóvenes se habría apresurado a cederme su asiento, pero en los tiempos que corren esas buenas costumbres han desaparecido. Ahora, si eres viejo, te jodes y aguantas. En la siguiente estación, Argüelles, se puede sentar. ¡Menos mal!, se dice, porque la línea 6, que da la vuelta al corazón de la ciudad, puede ser muy larga en función del destino al que vayas. En la siguiente parada, Príncipe Pio, su perseguido se apea. Ponte hace lo mismo y de pronto se da cuenta de que se le puede plantear un problema. El Intercambiador de Príncipe Pío es punto de inicio, terminal o de paso de varias líneas de autobuses de la Empresa Municipal de Transportes, pero también conecta las líneas de autobuses interurbanos que acceden a Madrid por la carretera de Extremadura, los trenes de Cercanías Renfe de las líneas C-1, C-5 y C-10 e incluso líneas de autobuses de largo recorrido. El dilema lo resuelve con rapidez: decide que le seguirá si coge un bus de la EMT, pero que si sube a un coche de cercanías o de otros puntos más lejanos lo dejará ir.
   El inexperto detective tiene suerte, su objetivo se pone en la cola que aguarda el bus de la línea 25 de la EMT en dirección a la Casa de Campo. Ponte es uno más de los que está en la cola, justo tres personas detrás del trabajador del museo. Cuando sube al coche el viejo se sienta en uno de los asientos reservados para minusválidos, embarazadas y ancianos que está libre. Apenas si se ha sentado se da cuenta de que ha cometido un error de principiante: esos asientos están en la parte delantera del autobús y desde esa posición no podrá ver en que parada se baja su perseguido. La solución que adopta, algo que jamás haría un profesional del seguimiento, es sentarse de medio lado y mirar hacia atrás cada vez que se abren las puertas traseras del vehículo para que desciendan los pasajeros. El bus toma el Paseo de la Virgen del Puerto hasta llegar a la intersección con la calle Segovia donde gira a la derecha para franquear el río Manzanares por el Puente de Segovia, al final del cual tuerce a la izquierda incorporándose al Paseo de la Ermita del Santo. En una parada del paseo, cerca del cruce con la Vía Carpetana, es donde se apea el objetivo.
   Mientras el perseguido espera que se ponga verde el semáforo para cruzar la calle, el viejo da unos pasos como dudando de hacia dónde ir. En cuanto se enciende la luz verde, el objetivo cruza a la otra acera, anda como unos cuarenta o cincuenta metros y se adentra en una calle de las que conducen directamente al río. Ponte, que no conoce muy bien el barrio, se dice que como la vía sea muy larga hay muchas posibilidades de que el tipo se pueda dar cuenta de que le sigue pues por los alrededores no se ven otros viandantes. Otra vez tiene suerte, el hombre se mete en la calle San Conrado, un callejón que debe tener poco más de cien metros y que termina en la Avenida del Manzanares, paralela al mismo río, y entra en el tercer portal de la derecha. Ya sabe dónde vive, ahora solo tiene que mirar en los buzones que hay en la entrada para ver si alguno de ellos corresponde a uno de los nombres de los presuntos sospechosos. Enseguida encuentra el nombre que busca, Obdulio Romero. Ya tiene localizado al objetivo que le asignó Grandal.
   Ponte se vuelve al Paseo de la Ermita del Santo a coger el bus para volver a casa con la satisfacción del deber cumplido. Acaba de llevar a cabo su primer trabajo detectivesco y, en su opinión, lo ha hecho francamente bien. Grandal podrá sentirse satisfecho de su cometido. Piensa en llamarle desde el autobús, pero decide que será mejor hacerlo cuando llegue a casa pues con el ruido de fondo y su creciente sordera no se manejará muy bien con el móvil. En cuanto llega a casa se quita la ropa de calle, se pone el pijama y encima una bata y llama a su jefe en las tareas detectivescas. Tiene que hacerlo un par de veces más porque el teléfono de Grandal no para de comunicar. Al final desiste, ya le llamará mañana.
   El teléfono de Grandal está ocupado porque el excomisario está intentando localizar a alguno de sus muchos amigos que están todavía en activo en la policía para que le den más información sobre un soplo de un antiguo subordinado que le ha llegado en forma de WhatsApp con un mensaje lacónico:
- Han encontrado el furgón blindado.