martes, 3 de mayo de 2016

23. ¿Qué hay que buscar? La pasta



   Grandal, que definitivamente ha tomado el timón del flamante equipo de jubilados, no se resiste a seguir dando instrucciones para el buen funcionamiento del equipo.
- Una vez puestos de acuerdo en la manera de afrontar los problemas que vayan surgiendo en la investigación, creo que deberíamos establecer unas normas elementales de funcionamiento de las reuniones. Lo que podríamos llamar unas reglas de procedimiento. ¿Os parece? Bueno pues, salvo que haya algún acontecimiento excepcional, en las reuniones ordinarias lo primero será informar sobre los resultados obtenidos desde la anterior reunión, los analizaremos y valoraremos. Después, trazaremos el plan de trabajo para las jornadas que vengan a continuación. Finalmente, dedicaremos el último tramo de la junta para preguntas, consultas, sugerencias, etcétera. ¿De acuerdo? Bien, pues os voy a contar lo que he conseguido averiguar, que no es demasiado. Como me temía, los Sacapuntas no han conseguido grandes avances en su investigación, están atorados y, al parecer, lo fían todo a que la Interpol o la policía francesa les saque del atolladero. Como nosotros no tenemos a ningún organismo foráneo al que acudir no vamos a perder el tiempo esperando a que vengan los guiris a sacarnos las castañas del fuego. Vamos a centrarnos, al menos de momento, en una sola dirección… - Grandal hace una pausa y toma un sorbo de un café que preparó Ballarín y que a estas horas ya está frío.
- ¿En qué dirección? – quiere saber Álvarez.
- En la única que veo factible en estos momentos: la inutilización de las cámaras de seguridad que enfocan la delantera del museo es el único dato que resulta prometedor. Es casi seguro que la manipulación la hizo alguien desde dentro, por consiguiente nuestros esfuerzos tendrán que centrarse en la búsqueda del presunto o presuntos cómplices de los ladrones entre el personal del museo. Sé que todos los empleados, funcionarios, interinos y contratados han sido investigados a fondo y no han encontrado nada. Pero a lo mejor la inspección no ha sido tan a fondo como aseguran. Algún resquicio ha debido de quedar sin explorar.
- ¿Entonces…? – Ponte deja el resto de su pregunta al aire.
- Entonces, vamos a enfocar nuestra investigación sobre el personal del museo y de la empresa que lleva el mantenimiento del sistema de seguridad y que han podido tener acceso a las cámaras. No son muchos, seis para ser exactos.
- ¿Y qué es lo que vamos a hacer? – pregunta Álvarez.
- Investigar minuciosamente a cada uno de esos presuntos cómplices. Necesitamos saberlo todo sobre ellos. He conseguido el nombre de esas personas – ante la mirada interrogativa que percibe en sus amigos se explica -. Mejor no preguntéis como lo he logrado, aunque tampoco ha sido tan difícil. Tened en cuenta que estamos ante personas corrientes y molientes, ninguna de ellas tiene un historial que lleve el marbete de confidencial.
- ¿Solo tienes los nombres, ningún dato más? – inquiere Ponte.
- Por ahora, solo los nombres que no es poco. Ese será el hilo del que vamos a comenzar a tirar para devanar el ovillo. A esos nombres hay que ponerles caras, domicilios, familias, amistades, nivel de vida, aficiones y cuantos datos puedan conducirnos a descubrir quién o quienes han sido los que han facilitado el robo.
- Muchos de esos datos pueden conseguirse por medio de internet – afirma Álvarez.
- Jacinto, tendrías que concretar más las acciones a llevar a cabo para investigar todos esos datos que necesitamos conocer – pide Ballarín siempre amigo de las concreciones.
- Por supuesto, Amadeo. Eso ya está previsto. Vamos por partes. Manolo, que es quien mejor conoce el museo, se convertirá en habitual de la cafetería del mismo para…
- Perdona, Jacinto, pero el servicio de cafetería en la actualidad se encuentra cerrado, por lo que no es posible acceder al mismo – informa Álvarez.
- ¡Vaya! ¿Y cómo lo sabes? – inquiere, curioso, Grandal.
- El aviso está colgado en la web de museo. Ya te dije que navego mucho por la red.
- ¿Y cuál es la cafetería, bar o tasca más cercana al museo? En algún sitio han de desayunar los empleados del museo, tomar sus cafelitos de media mañana o las cañas previas al almuerzo.
- La cafetería más próxima es la de la Agencia para la Cooperación, pero su acceso es muy restringido y está cerrada frecuentemente porque su espacio también se emplea para la presentación de libros, la celebración de cócteles y otros actos especiales – informa Ponte, que precisa -. Lo más probable es que la mayor parte del personal debe ir a la cafetería de la Fundación Jiménez Díaz o a la del Clínico que están siempre abiertas y muy cercanas al museo.
- Bien, pues tu primera misión, Manolo, será estar atento a la entrada y salida del personal del museo cuando se abre y se cierra. Por cierto, ¿alguien sabe qué horario tiene?
- De martes a sábado, de nueve y media a las tres de la tarde. Los jueves, de nueve y media a las siete de la tarde. Los domingos y festivos de las diez a las tres, ah y esos días la entrada es gratuita – responde Ponte quien tiene una pregunta -. ¿Y cómo voy a saber quiénes forman parte del personal del museo?
- Una de las habilidades que tiene que desarrollar un buen detective es el arte de observar, de escuchar, de estar atento a cuanto pasa a su alrededor. Primero, si estás en la plazuela que hay delante del museo en las horas de entrada y salida del personal irás quedándote con muchas caras. Después, en las cafeterías a las que acuden los trabajadores del museo pegarás la oreja a las conversaciones. Ese será otro medio para descubrir quiénes son los que trabajan en el museo y, con un poco de suerte, de enterarte de algún dato que nos pueda interesar. Una vez que comiences a identificar a esas personas, entrará en acción Amadeo – ahora Grandal se dirige a Ballarín -. A ti te voy enseñar a manejar una microcámara con la que fotografiarás a los tipos que te vaya indicando Manolo. Naturalmente, eso lo harás con total discreción, de forma que nadie se percate de que lo estás fotografiando.
- Y el siguiente paso, ¿cuál será? – pegunta Ballarín.
- Con los nombres y las caras de los presuntos cómplices será fácil seguirles y averiguar sus domicilios. A partir de ahí comenzaremos a investigar a fondo a esas personas hasta que lo sepamos todo sobre ellos, y cuando digo todo, digo todo – afirma con rotundidad Grandal.
- Bueno, Amadeo y Manolo ya tienen curro, ¿y yo mientras qué hago? – pregunta Álvarez.
- A ti te reservo para que, por ahora, trabajes en internet. Tienes que averiguar todos los datos de los seis nombres que os he dado e investigar todo lo que haya sobre el Tesoro Quimbaya, sobre el propio museo y acerca de las bandas especializadas en robos de objetos artísticos y del mundo de los peristas. No esperes a descubrirlo todo. Cada dos días me harás un resumen de los datos más significativos que hayas descubierto.
- Oye, Jacinto, y sobre ese rumor que nos contaste de que tus colegas creen que el furgón robado sigue oculto en Madrid, ¿no vamos a investigar eso? – inquiere Ponte.
- Es posible que el furgón esté guardado en algún garaje de la ciudad, pero os aseguro que en el caso de que fuera así estará más limpio que una novicia. Por el momento no pienso perder el tiempo siguiendo esa pista. El rastro que hay que seguir es uno que no es fácil de ocultar y por consiguiente hay más probabilidades de encontrarlo.
   Como Grandal parece que se ha olvidado de concretar cuál es el rastro en cuestión, la pregunta es obligada:
- ¿Y qué rastro es ese? – inquiere Ballarín.
- La pasta. Si como sospecho alguno de los empleados del museo fue el que inutilizó las cámaras, ese individuo o individuos han tenido que cobrar por ello. Y el dinero, cuando se tiene en cantidad y se ha logrado sin doblar el espinazo, es muy difícil ocultarlo, su patita, como la del lobo del cuento, termina descubriéndose. En resumen: lo que tenemos que buscar es la pasta.
- Confieso que con lo de la metáfora del lobo me he hecho un lío – confiesa Álvarez -. ¿La pasta de quién?
- De quien va a ser, de los que han ayudado a los ladrones a que su golpe solo tenga como testigo a Manolo, aquí de cuerpo presente.

viernes, 29 de abril de 2016

22. Dejemos en paz a Kipling



   Tal como habían quedado, el día diecinueve los jubilados metidos a detectives se reúnen en casa de Grandal para que el anfitrión les cuente el plan de trabajo. Para esta primera sesión el excomisario tiene unas intenciones más didácticas que otra cosa, para ello ha repasado sus propias notas de un seminario sobre criminalística que impartió durante varios cursos en la Escuela Nacional de Policía de Ávila.
- Antes de meternos en harina, creo que es necesario explicaros algunas nociones elementales sobre criminalística. Se trata de una disciplina que usa un conjunto de técnicas y procedimientos de investigación cuyo objetivo es el descubrimiento, explicación y prueba de los delitos, así como la verificación de sus autores y víctimas – A continuación Grandal se extiende sobre las técnicas y procedimientos criminalísticos hasta que se da cuenta de que sus oyentes no le están prestando demasiada atención -. Me da la impresión de que no estáis atendiendo.
- Lo siento, Jacinto – se disculpa Álvarez -. No sé si Manolo y Amadeo están entendiendo lo que nos explicas, pero confieso que yo soy incapaz de seguirte.
   Grandal ya sospechaba que los tres vejetes no tienen las mismas capacidades que sus alumnos de Ávila. Tendrá que volver a intentarlo, pero rebajando el nivel técnico de sus explicaciones. El resultado es idéntico, al cabo de unos minutos constata que otra vez sus contertulios están perdiendo interés en lo que está explicando.
- Mira, Jacinto - Ponte, que ha percibido la desazón de Grandal, intenta justificar la situación -, creo que a mí me está pasando algo de lo que decía antes Luis, que no soy capaz de seguirte. Todo eso de la investigación criminal son conocimientos que, de algún modo, nos superan. Ten en cuenta que nuestras respectivas vidas profesionales han estado muy alejadas de la actividad policial. Ni Amadeo en su ferretería, ni Luis en el Canal, ni yo en Iberdrola jamás nos tuvimos que enfrentar a casos delictivos y si alguno ocurrió no tuvimos que investigarlos, para eso estaba la policía.
- Entonces, ¿qué propones, que deje de explicaros algunas de las reglas básicas que tendríais que saber si de verdad pretendéis que desentrañemos este robo? – inquiere Grandal, un tanto molesto al constatar su fracaso como profesor.
- Esas que llamas reglas básicas son harto complicadas para nosotros. Quizá nos bastaría con saber algunas normas mucho más elementales para aplicarlas al trabajo de investigación – insiste Ponte.
   Ballarín, que hasta el momento ha estado callado, toma en ese momento la palabra.
- No sé si viene a cuento, pero en cierta ocasión un representante de una empresa de tornillería me enseñó unas reglas muy simples que me han sido muy útiles en mi trabajo. Claro, no es lo mismo investigar un robo como el del furgón que organizar una determinada sección de una ferretería, pero creo que lo que me explicó aquel tipo se podría aplicar también a la investigación.
- ¿Y cuáles son esas reglas? – quiere saber Álvarez.
- Pues cuando te surge un problema o te encuentras ante alguna cosa que quieres organizar has de comenzar planteándote unas preguntas sobre el problema o asunto en cuestión. Las preguntas son cómo, cuándo, dónde, qué, quién y por qué. Las correspondientes respuestas te señalan el camino que has de seguir.
- Tiene razón Amadeo – confirma Ponte -. Me había olvidado del poema de Kipling – y recita -: Seis honrados servidores me enseñaron cuanto sé; sus nombres son cómo, cuándo, dónde, qué, quién y por qué. Lo escribió un poeta angloindio que también fue periodista llamado Rudyard Kipling.
- ¡Lo que me faltaba oír, mezclar la criminalística con la poesía! – exclama Grandal -. ¿De qué nos va a servir una poesía para investigar? Dejemos en paz a Kipling que aquí no se le ha perdido nada.
- Ese poema me lo enseñó hace años – se explica Ponte - mi hija Clarita que, como sabéis, estudió Ciencias de la Información. En periodismo se las conoce como las seis w, aunque hay una que empieza por h. En la facultad les enseñaron que para que un informe sea considerado completo debe responder a una lista de verificación de esas seis preguntas, cada una de las cuales comprende una de las palabras interrogativas del poema.
- Muy bien, pero aquí no tratamos de escribir ninguna crónica ni artículo, lo que pretendemos es llevar a cabo una investigación policial – rebate Grandal.
- Lo que acaba de afirmar Manolo va a misa – afirma Ballarín -. El uso de esos seis servidores, yo desconocía que era un poema, sirve para mucho más que para redactar una información. Y os lo voy a demostrar con un hecho que me ocurrió cuando trabajaba en mi ferretería, en ese caso el problema era almacenar un gran lote de tornillos que acababa de comprar.
- ¿Y por qué precisamente tornillos? – inquiere Álvarez con un tonillo ligeramente impertinente.
- Porque hay tantos tipos de tornillos que hacen que la tornillería sea un mundo en sí misma. Solo por sus características básicas los tornillos se pueden clasificar en cientos de tipos. Según el diámetro exterior de la caña, el tipo y paso de rosca, el sentido de la hélice de la rosca, el material de que están hechos, la resistencia mecánica que tienen, el tipo de cabeza, si son para madera o para chapa metálica… Podría estar una hora enumerando clases y tipos de tornillos y no acabaría. Bueno, pues un día hice un gran pedido de tornillos porque había una fábrica que, a punto de cerrar, estaba vendiendo grandes lotes a precios de saldo.  El volumen del pedido fue tal que tuve que reorganizar la superficie del almacén y hasta la de la tienda para dar cabida al nuevo stock. No sabía cómo hacerlo, hasta que el viajante que me había vendido el lote me dijo lo de las seis preguntas a plantearse. Las mismas que Manolo ha dicho del poeta ese. Pues bien, aplicando esas preguntas y sus correspondientes respuestas el trabajo organizativo fue mucho más eficaz, cómodo y rápido de lo que imaginé al principio. De ahí que piense que, para empezar, nos podría servir también a nosotros.
   Grandal mueve la cabeza haciendo un gesto negativo.
- No lo veo claro. Tengo todas las dudas del mundo de que esas preguntas nos sirvan de algo.
Por ejemplo: sabemos qué hay que investigar, sabemos cuándo y dónde, ¿quién?, pues nosotros, ¿por qué?, porque nos sale de las pelotas. Y ¿cómo?, esa es la pregunta del millón y es lo que pretendo explicaros y no habéis querido entenderme.
- Jacinto, no es justo eso que dices. No es cierto que no hemos querido entenderte, más bien tendrías que decir que no hemos sabido – se excusa Ponte.
- La verdad es que entre unos y otros la hemos liado parda. Jacinto con lo de la criminalística, Amadeo y Manolo con los versos del tío ese de las seis preguntas y al final, ¿hemos adelantado algo? Nada, ni pizca. – se lamenta Álvarez.
   Un silencio incómodo se cierne sobre los reunidos, son conscientes de que lo que acaba de resumir Álvarez se acerca mucho a lo que les está pasando. Grandal ha estado reflexionando y se da cuenta de que su posición respecto a la investigación del robo ha cambiado. Ahora, la idea le va pareciendo más atractiva por momentos, podría ser una ocasión pintiparada para comprobar si sus dotes detectivescas se han enmohecido o siguen tan frescas como antaño. Por eso es quien propone una salida al impase al que parecen haber llegado.
- Lo que dice Luis es cierto, no vamos a ninguna parte si nos enfrentamos por una cuestión de método. Os propongo que nos olvidemos de unas pautas predeterminadas y que vayamos solucionando los problemas a medida que vayan apareciendo. Aplicaremos el sentido común y en cada momento si alguien propone una determinada forma de encarar un problema en la que estemos los cuatro o, al menos tres, de acuerdo será la que pongamos en práctica. ¿Os parece bien?
   La propuesta es aceptada unánimemente. Acaban de poner los primeros cimientos de la investigación del robo y, algo más importante aún, han constatado que son capaces de debatir asuntos sin tensionar excesivamente la armonía del grupo, así como de llegar a acuerdos desde puntos de vista encontrados. Son buenas noticias que Ponte sintetiza en una frase:
- ¡Caballeros, ya somos un equipo!

martes, 26 de abril de 2016

21. El cuarteto entra en juego



   El Confidencial del diecisiete de noviembre trae como noticia principal a cuatro columnas: Interior extrema la vigilancia en Ceuta, Melilla y los centros judíos. Francia apuesta por la “mano dura” y cierra filas con su presidente. Esta masacre de París traerá cola, piensa Ponte. No estoy muy seguro si los terroristas se saldrán con la suya o les va a salir el tiro por la culata. Claro que por lo pronto la primera victoria ha sido suya, han conseguido una propaganda brutal y según dice Jacinto, que de terrorismo sabe un rato, ese es uno de los primeros objetivos que buscan los terroristas: el de la comunicación, el de decir al mundo que están ahí y que pueden golpear cuando y donde quieran. El viejo no sigue leyendo más, la mayor parte del centro de la portada está conformado por artículos de opinión y por otras informaciones sobre los sangrientos sucesos parisinos.
- Bueno – dice en voz alta -. Me tendré que levantar. Hoy tenemos limpieza en casa de Jacinto. La verdad es que me hace ilusión lo de jugar a detectives. Quien me lo iba a decir a mis años.
   El calificativo de pocilga que Grandal aplicó a su casa se acerca bastante a la realidad. Todo está manga por hombro y el polvo se acumula en los lugares más insospechados. Lo único que hay relativamente limpio es el dormitorio y su pequeño cuarto de baño.
- La viuda de un policía que murió en un atentado etarra viene dos veces por semana a limpiar, pero esta semana ha estado pachucha y no ha podido venir – se excusa Grandal.
- No te preocupes. Esto con un cubo, la fregona y unas bayetas lo vamos a dejar como los chorros de oro – le anima Ballarín.
   Y dicho y hecho, Álvarez y Ballarín se acercan a un chino cercano, de los que antes del euro eran de todo a cien y ahora todo a sesenta céntimos, y compran los útiles necesarios para el aseo del piso. En seguida se nota quien está habituado a la limpieza de un hogar y quien no ha cogido una escoba en su vida. Ponte y Álvarez son los que se muestran más desmañados en el manejo del cubo y la fregona.
- Si me viera la pobre Purita – evoca Ponte – no me reconocería. ¡A mis años y con un plumero en la mano quitando el polvo!
- ¡Otro que tal baila! – exclama Álvarez -. El mismo asombro que el que tendría mi costilla. Es la primera vez en mi vida que cojo una fregona. Espero que no lo vayáis contando por ahí que el choteo que organizarían a nuestra costa los coñones del centro sería morrocotudo.
- Tampoco es para tanto. Yo soy de los que le echo una mano a mi mujer siempre que hace falta – confiesa Ballarín -. Y no por eso me siento minusvalorado.
- Tú dirás lo que quieras, Amadeo, pero esto del fregoteo es cosa de mujeres. Han nacido para esto, como nosotros lo hemos hecho para llevar los garbanzos a casa – sentencia Álvarez.
- Luis, eres más carca, machista y antiguo que Torrente – se burla Grandal.
- Pues yo seré carca, pero ¡anda que tú! ¿Y quién coño es Torrente?
- No me digas que no has visto ninguna peli de Torrente, el brazo tonto de la ley.
- Ah, ese Torrente. Pues, macho, me parezco tanto a él como un pirulí a un huevo de avestruz, entre otras cosas Torrente es colchonero y yo soy merengue, y él es fan de El Fary y yo lo soy de Manolo Escobar.
    El cuarteto necesita dos largas tardes para dejar la casa donde van a instalar su cuartel general en condiciones de revista. En la primera reunión, Ballarín les sorprende a todos, pues tiene cierta fama de tacaño, cuando abre su vieja cartera de cuero y saca una botella de sidra El Gaitero.
- He traído esta sidrina, como diría un guaje, para brindar por el comienzo de nuestra aventura.
   De lo primero que tratan es del calendario de reuniones y la primera piedra en la que tropiezan es la de las intocables partidas de dominó. Hay opiniones para todos los gustos. Álvarez se niega tajantemente a dejar de jugar. Ballarín no adopta una postura tan radical, pero si es partidario de mantener en lo posible el ritmo de dos tardes de dominó. A Grandal no le importaría dejar de jugar o hacerlo solo de vez en cuando. Tras un fluctuante debate, se impone la propuesta de Ponte: jugarán un día a la semana. El resto lo dedicarán a la investigación. Sobre la tarea investigadora, Grandal explica a sus amigos lo errados que están en sus planteamientos.
- Me da la impresión de que andáis un tanto equivocados. Investigar un hecho delictivo, como el robo del Museo de América, no es algo para llevarlo a cabo un par de días a la semana. Es un trabajo de todos los días y de muchas horas por jornada. Si le dedicamos un par de veces a la semana nunca conseguiremos sacar nada en limpio.
- Hombre, Jacinto, ninguno de nosotros tiene edad ni está en condiciones de dedicarse a un trabajo full-time – puntualiza Ballarín que le gusta presumir de sus conocimientos de inglés.
- Eso ya lo sé, lo que quiero que os quede bien claro es que las reuniones semanales de los cuatro pueden ser una, dos, tres o las que acordemos. Eso no es lo importante. Lo que sí es determinante es que cada uno se tendrá que responsabilizar de una determinada parcela de la investigación y dedicarle a ella todo el tiempo libre que pueda sacar a lo largo de la semana. Si no hacemos eso no llegaremos a ninguna parte… y si lo hacemos seguramente tampoco, pero al menos lo habremos intentado. En otras palabras, aunque sea una investigación de aficionados hemos de poner toda la carne en el asador o el asunto se nos escapará vivo.
- ¿Entonces qué es lo que propones? – pregunta Álvarez.
- Tengo el bosquejo del plan de trabajo en mente, pero no he perfilado aún todos los detalles. Necesito algo más de tiempo para enhebrar todos los flecos en una trama más sólida. Y para ello también necesito tener más información sobre el estado de la investigación. Ya he quedado para tomar café con un excompañero que trabajó a mis órdenes y que tiene acceso a la investigación. Voy a tratar de sonsacarle cuanto pueda sobre la investigación de los inspectores que llevan el caso a los que, por cierto, les han puesto de mote el Dúo Sacapuntas, no sé si ya os lo había comentado. Y a lo que iba, en función de lo que logre averiguar diseñaré el plan que vamos a seguir y las tareas que corresponderán a cada uno. También intentaré hacerme con la dirección de Portela, uno de mi promoción, que dirigió el grupo de Patrimonio Histórico hasta que se jubiló, y aunque es la discreción personificada trataré de tirarle de la lengua.
- Oye, Jacinto, lo de trabajar de manera individual me parece que puede resultar aburrido – opina Ponte -. Una de las virtudes que creíamos que iba a tener este proyecto es que íbamos a estar mucho más tiempo juntos, ir cada uno por su cuenta ya es lo que hacemos ahora. Además, vosotros todavía sois jóvenes, pero yo no me veo con ánimos ni fuerzas para investigar lo que sea sin el apoyo de alguno de vosotros. Por eso mi pregunta es ¿no sería mejor trabajar por parejas?
- Lo estudiaré, Manolo, y veré si es aconsejable. En cualquier caso, encontraremos una solución para que no tengas que hacer muchas tareas de manera solitaria. No te preocupes. Dadme cuarenta y ocho horas y tendré mucho más perfilado el plan de acción. De momento, Amadeo, ve completando el archivo periodístico sobre noticias del robo que ya tienes en marcha. Y tú, Luis, comienza a rastrear en internet toda la información que encuentres sobre el Tesoro Quimbaya. Nos volveremos a ver pasado mañana.
- ¿Y yo qué hago? – pregunta Ponte.
- Tú sigue paseando a tu nieto por delante del Museo de América a ver si te enteras de algo nuevo.
- Con el niño no voy a poder ir, mi hija me ha prohibido que vuelva a pasearlo por allí – explica Ponte.
 - Antes de marcharnos deberíamos volver a brindar. Una vez que Amadeo tiene un detalle no vamos a dejar mediada su botella – sugiere Álvarez.
- Propongo un brindis – dice Ponte -. Brindemos por la puesta en acción de la patrulla de jubilatas.
   El cuarteto de policías aficionados no solo ya tiene sede sino que también entra en juego, aunque Grandal continúa pensando que esas alegrías iniciales puede que no duren demasiado tiempo. De todas formas, se dice, cosas más raras se han visto.