viernes, 11 de marzo de 2016

08. Oro que robaban vuestros antepasados



   A Bernal, que le ha caído mal el franchute, le alegra que pese a su dominio de la lengua desconozca los vocablos poco usuales del español. Pero no se molesta en aclararle el significado de frisar, es Atienza quien lo hace:
- Frisar quiere decir acercarse o estar próximo a algo, especialmente a una determinada edad, en este caso que estaba a punto de cumplir los cuarenta. Prosigo. Como decía, se casó con Purificación Carreño, de profesión sus labores. Tuvieron dos hijos: Clara, nacida en mil novecientos setenta y ocho y David dos años después. Hasta que nació el benjamín, la familia vivió en un piso que tenían en Sevilla la Nueva y que Manuel heredó de sus padres, luego compraron un chalé pareado en Villaviciosa de Odón. La esposa de Ponte falleció en el dos mil cinco. Unos años después vendió la vivienda de Villaviciosa y compró dos pisos en Hilarión Eslava, una calle del barrio de Gaztambide que es limítrofe con la Ciudad Universitaria. Su hija Clara, que se había casado, se quedó a vivir en uno de los pisos con su marido e hijos y Ponte en el otro, donde algún día vivirá su hijo David que está de profesor de español en Estados Unidos. En el plano profesional, el año noventa y dos fue un momento importante para Ponte puesto que su empresa de toda la vida, Hidrola, se fusionó con Iberduero para dar lugar a Iberdrola, la compañía eléctrica más importante del país. A raíz de esa fusión hubo un ere…
- Un expediente de regulación de empleo – aclara Bernal que ya se ha dado cuenta que los acrónimos del español de nuestros días tampoco son el fuerte del franchute.
– Y una oferta de prejubilaciones – prosigue Atienza - con buenas condiciones. Ponte fue uno de los que se acogió a la oferta y al año siguiente, con cincuenta nueve tacos, causó baja en la compañía y engrosó el mundo de los prejubilados. En la década siguiente, viajó bastante, tanto por España como por el mundo, en compañía de su esposa hasta el fallecimiento de ésta. Desde entonces ha llevado una vida tranquila y reglada. Tiene una asistenta que lleva con la familia hace muchos años y que se encarga de la casa y de prepararle las comidas. Por las mañanas, a primera hora, el viejo sale a comprar el pan y de paso se toma un cafelito en cualquiera de los bares cercanos. A media mañana, si hace bueno, saca a pasear a sus nietos. Precisamente en uno de esos paseos fue cuando se topó con el suceso del museo. Este año, como el nieto mayor va a la guardería, solo pasea con el pequeño. Los jueves come con unos amigos jubilados en algún restaurante del barrio y dos días a la semana, martes y jueves juegan por la tarde unas partidas de dominó en el Centro de Mayores de La Moncloa. Y poco más. Como ves, lleva una vida plana y sin mayores incidencias que los alifafes propios de una edad tan avanzada como la que tiene.
   El francés está a punto de preguntar que son alifafes, pero se contiene, lo que hace es ahondar en la imagen que se va formando del testigo:
- ¿No tiene ninguna cuenta pendiente con la justicia?, ¿tiene un expediente limpio?
- Cuenta ninguna si exceptuamos alguna multa por aparcamiento indebido, pero eso en una ciudad como Madrid le ocurre al mejor de los ciudadanos.
- ¿Se le conocen vicios o aficiones que necesiten de mucho dinero para satisfacerlos?
- Es hombre bastante moderado en todo. Suele beber un vaso de vino en las comidas y se toma alguna que otra caña, es exfumador, no juega salvo alguna semana que echa una primitiva y en cuanto a mujeres personalmente me da la impresión que ya no se le levanta. En resumen: está más limpio que una patena – afirma Bernal.
- Entonces, ¿ninguna incidencia, nada fuera de lo corriente?
- Nada. El mayor sobresalto que habrá podido tener en los últimos años será que le hayan ahorcado el seis doble en alguna partida – comenta Bernal echándole guasa a su respuesta.
   Otra vez con el español coloquial, se dice Blanchard. Tendrá que sugerirles en algún momento que procuren utilizar la lengua normativa y no la de la calle. ¿Qué será eso de ahorcar el seis doble? Aunque la palabra partida le induce a suponer que se debe tratar de algún juego.
- Alors, ya me habéis descrito la biografía del testigo, ahora solo falta que me contéis los datos del robo que no figuran en el dossier que enviasteis a París.
- ¿A qué datos te refieres? – pregunta Bernal.
- A cuales van a ser, a los del Tesoro de los Quimbayas.
   Blanchard algo sabe del tesoro. Durante el viaje a Madrid entró en internet buscando información sobre el mismo. Después de desechar diversas webs se limitó a leer lo que la Wikipedia recogía sobre esa muestra de la cultura precolombina. Sospecha que sus colegas hispanos saben mucho más de lo que han incluido en el expediente que enviaron a Paris, por eso les pregunta sobre ello. Antes de contestar al francés, Atienza y Bernal se miran. El de la judicial se encoge de hombros y le pasa la pelota a su compañero:
- Lo del tesoro de los indios mejor te lo cuenta Juan Carlos, que de eso lo sabe todo.
   Atienza asiente e inicia su exposición, se le nota que está en su elemento.
- Antes de hablar del tesoro, te voy a dar algunas pinceladas del pueblo y la cultura que fue capaz de fabricar esa maravilla. La de los quimbayas fue una etnia que vivió en parte del territorio de lo que hoy conocemos como Colombia. Cuando llegaron los españoles estaban organizados en una suerte de federación cuyo centro principal se ubicaba en los alrededores de la actual ciudad de Chinchiná, situada en el oeste del país, y cuyo nombre, en lengua indígena significa río de oro. Los quimbayas opusieron una tenaz resistencia frente a los conquistadores españoles que, tras duras batallas, consiguieron derrotarles. No tanto por su superioridad en número de guerreros, pero sí en lo concerniente al armamento y a las tácticas militares. Tras ser vencidos, los quimbayas continuaron existiendo, pero finalmente como grupo organizado y como cultura desaparecieron hacia principios de mil setecientos.  
- ¿En qué partes del territorio colombiano dices que se asentaron? – quiere saber el galo a quien, al parecer, le gustan las precisiones.
- Sobre la localización exacta hay lagunas, lo que está más documentado es que vivieron en algunos de los actuales departamentos de Colombia, tales como Caldas, Quindío, Risaralda y el Valle del Cauca. En cuanto a su cultura lo que más se conoce de ella es la minería, fundamentalmente aurífera, y la orfebrería. Llegaron a contar con unas técnicas metalúrgicas muy avanzadas para procesar el oro, especialmente para combinar cobre con oro que no abundaba en su región. Esa combinación de oro y cobre, llamada tumbaga, la llevaban a cabo de manera que fueron capaces de dotar a las piezas que elaboraban de un brillo, durabilidad y atractivo realmente espectacular. Fueron unos verdaderos maestros en la fabricación de objetos con metales preciosos, especialmente con el oro.
- Oro que luego se lo robaban vuestros antepasados, ¿no? – pregunta el gabacho con su miajita de mala leche.

martes, 8 de marzo de 2016

Capítulo 2. La policía en acción 07. Un dúo con franchute añadido



   Tras el rapapolvo de su hija conminándole a que nunca más vuelva a hacer declaraciones a los medios, Manuel Ponte le jura y perjura que no volverá a suceder. El viejo coge a su nieto mayor de la mano y se van al parque. Al pasar por delante de la cerrajería que está en uno de los bajos de la finca donde vive, el cerrajero le llama:
- Don Manuel le he visto en la tele. Ha estado usted cojonudo. No sabía que había sido testigo del robo del museo. Me lo tiene que contar.
- Gracias, Marcos. Otro día te lo contaré. Ahora me voy con Gaby al parque.
   Desde la cafetería Rionegrito, uno de los clientes habituales que le conoce y que está tomando una caña en la puerta le grita:
- Señor Ponte, hay que tener un par de pelotas para enfrentarse a los atracadores como usted lo hizo. Bien hecho, sí señor.
   Y así, cada vecino y conocido con los que se cruzan le paran para felicitarle por la entrevista y por su valiente comportamiento en el suceso. Cuando al fin, abuelo y nieto llegan al parque les espera el último y desagradable encuentro.
- ¿Don Manuel Ponte, verdad? Somos de Antena 3 y queremos hacerle una entrevista sobre su testimonio en el robo del furgón blindado.
   El viejo da media vuelta y se marcha como si hubiese visto al diablo. Buena se pondrá su hija como se entere de que le acosa la prensa, mejor será no decirle nada.
   Mientras, la investigación sobre el caso del Museo de América, que en la jerga policial ha pasado a denominarse “Caso Inca”, sigue adelante a trancas y barrancas. Los dos inspectores encargados de coordinarlo han sido rápidamente bautizados por sus compañeros. Lo han tenido fácil. Les han puesto de mote el Dúo Sacapuntas, por un cierto parecido con una pareja de humoristas españoles que se hicieron famosos en la década de los noventa. Atienza es alto, delgado, desgarbado y con cara de ratón de biblioteca, apariencia a la que ayudan unas gafas montadas al aire y una nariz larga y afilada. Ello no impide que sea considerado como uno de los más agudos integrantes de la Brigada de Patrimonio. Bernal es bajo y rechoncho. Tiene la cara redonda en la que lo más destacado es una nariz aplastada, como la de un boxeador, y unos ojillos a los que parece que no se les escapa detalle. Sus colegas de la judicial le consideran un policía competente y tesonero. Hoy están reunidos en la Comisaría General, el jefe les va a presentar a un inspector que ha mandado la Dirección general de la Policía Nacional de Francia puesto que el furgón robado procedía de París, ciudad en la que el Tesoro Quimbaya había sido expuesto durante unos meses en el Museo du Quai Branly y francesa era  la empresa que transportaba el cargamento.
   El inspector galo se presenta como Michel Blanchard, del Servicio de Cooperación Técnica Internacional de Policía (SCTIP). Es de mediana edad y, dado como viste parece que acaba de salir de un tailleur du Faubourg Saint-Honoré. Por lo demás, parece una persona correcta aunque un pelín autosuficiente. No tiene problemas para entenderse con sus colegas pues habla un excelente español. No es raro, su apellido materno es Prieto, de los Prietos de la extremeña villa de Herrera del Duque, aunque es un dato que oculta celosamente a lo que le ayuda que en Francia se pierde el apellido materno. Eso sí, cuando habla en español tiene la propensión de usar de vez en cuando expresiones de su lengua paterna.
   Una vez hechas las presentaciones, los españoles le hacen un resumen de cuanto han averiguado hasta el momento sobre el robo del furgón y la posible identidad de los atracadores. La explicación es breve: tienen varias líneas de investigación abiertas, pero ningún resultado de momento. Desconocen la identidad de los delincuentes y no han encontrado el furgón. Precisamente, hallar el vehículo es una de sus prioridades pues están casi seguros de que el coche no ha salido de España y, posiblemente, ni siquiera de Madrid, lo que hace que su radio de búsqueda sea relativamente más factible.
   Tienen otra pista aún más prometedora: las cintas de las cámaras de seguridad están en blanco. El día del asalto, las dos cámaras apostadas en el ángulo izquierdo del museo, según contemplas la fachada, no funcionaban. Fueron las dos únicas cámaras que estaban estropeadas esa jornada. Hecho que les induce a pensar que posiblemente los atracadores tengan algún cómplice entre los empleados del museo. Han interrogado a todo el personal del centro, así como a los técnicos de la empresa encargada del mantenimiento de los sistemas de seguridad sin haber obtenido resultados concretos, pero siguen insistiendo en esa pista.
   Mientras, el único testigo del caso hace ya días que no abre el Kiosko. Con tantos lances y emociones lo de repasar la prensa ha quedado postergado. El miércoles, 28 se decide a hacerlo. Pulsa la web de El Mundo. La portada, con todo su colorido se despliega ante sus ojos. La foto que hoy le llama la atención es la instantánea que recoge el momento en que Pau Gasol le pone un tapón a Le Bron, una de las estrellas de la NBA. Este chico es realmente bueno, piensa el viejo. En la columna de la izquierda un rosario de noticias sobre el secesionismo catalán: Cataluña Sí que es Pot apuesta por el referéndum para frenar a Junts pel Sí y la CUP, La desconexión de Cataluña va en serio, Cuatro causas judiciales contra la familia Pujol y siguen más informaciones y artículos de opinión sobre el mismo asunto a los que ya casi no presta atención. Estos van a terminar siendo independientes a base de aburrirnos a todos, se dice. Otro titular concita su atención: Austria construirá una valla en la frontera con Eslovenia para detener a los refugiados. No será con vallas como vais a parar a esa marea humana que huye de la guerra y del hambre, piensa. Y hasta ahí llega.
   En tanto el viejo está cumpliendo con uno de sus diarios ritos, los dos inspectores encargados del Caso Inca siguen contando al policía francés que se les ha unido como van las investigaciones sobre el suceso. Cuando concluyen la exposición, Blanchard sintetiza lo más significativo en una sola frase:
- O sea, que solo hay un testigo ocular, el viejo que estaba en el exterior del museo.
- Bueno, también tenemos las cintas de las cámaras de seguridad del Faro de Moncloa, que esas sí que funcionaban. Lo que ocurre es que dada la altura del faro y el ángulo cenital en que están colocadas lo que se ve en las cintas es una visión muy escorzada, lo que las hace poco valiosas. Asimismo, contamos con las cintas de las cámaras de videovigilancia de la Agencia de Cooperación, el edificio contiguo al museo, en las que solo se ve el paso de los vehículos, pero que nos has permitido determinar la hora de la llegada de los atracadores – explica Bernal.
- Por tanto, la mejor y hasta ahora única fuente que contamos sigue siendo la del viejo. Contadme más de él – insiste Blanchard.
   Atienza abre una carpeta y hace un resumen de los muchos datos que tienen sobre la biografía del testigo del que, prácticamente, lo saben todo.
- Manuel Ponte Fernández, natural de Sevilla la Nueva…
- ¡Un andaluz! – exclama el franchute, como si el hecho de ser de la tierra de María Santísima fuera un dato importante para la investigación
- Sevilla la Nueva es un pueblo de la Comunidad de Madrid que está a unos cuarenta kilómetros de la capital – explica Bernal con una media sonrisa pelín irónica.
   El gabacho no parece molesto por su ignorancia de la geografía española, se limita a asentir. Atienza prosigue:
- Hizo estudios primarios, bachillerato y un grado de formación profesional en centros públicos. Muy joven entró en la empresa Hidroeléctrica Española como lector de contadores. Fue ascendiendo en la compañía hasta llegar a dirigir el Servicio de Reclamaciones, actualmente reconvertido en Departamento de Atención al Cliente. Se casó tarde, frisando los cuarenta…
- ¿Frisando? – inquiere el gabacho, cortando la exposición de Atienza.

viernes, 4 de marzo de 2016

0.6. Cuatro jubilados comentando la primicia



   El móvil de Clara Ponte echa humo. Tras los avances informativos previos al telediario de mediodía de Canal 5, familiares, amigos y conocidos la han llamado para contarle que han visto a su padre en la tele. Que hay que ver lo estupendo que se conserva para sus años. Y con qué seguridad habla, como si fuera un locutor. Y como le sienta de bien lo moreno que está en contraste con su pelo tan blanco. Y con que agilidad maneja el carrito del niño a pesar de sus años. Cuando oye la alusión a su hijo le falta un ápice para lanzar el móvil por la ventana. Antes de apagarlo llama por enésima vez a su padre, no contesta. Hoy es lunes, piensa, y no tiene partida de dominó. ¿Dónde estará? Vacila en si llamar al único de los amigos de su padre de quien tiene el teléfono, pero desiste. Tiempo tendrá de ajustarle las cuentas. Le quita la batería al móvil. Coge el teléfono fijo, al que nadie ha llamado, y marca el número de Pepe Cruz, compañero de colegio de su marido y que en el ambiente del foro madrileño tiene reputación de ser un competente laboralista.
- Pepe, ¿puedes acercarte a casa?
- Lo siento, Clara, pero con esta maldita crisis que no parece tener fin estoy de trabajo hasta la coronilla. ¿Pasa algo? Lo pregunto porque si se trata de una emergencia intentaré hacer un hueco.
-  No es ninguna emergencia, aunque…; bueno, de algún modo sí. ¿Has visto los informativos de mediodía del Canal 5?
- Pues estoy yo como para ver la tele. Tengo tajo para aburrir. ¿Qué ha dicho la caja tonta?
   Clara le hace a Pepe un resumen de las declaraciones de su padre a la televisión y lo remata con una petición:
- Quería pedirte, y eso pienso ahora que lo puedes hacer por teléfono, que le aconsejaras al bocazas de mi señor padre que no volviera a hacer más declaraciones a los medios. Podrías utilizar cualquier excusa legal, que igual cuela; por ejemplo, decirle que al ser secreto el sumario la ley prohíbe a los testigos hablar del caso.
- Lo siento, Clara, pero eso no puedo hacerlo. Tu padre será octogenario, pero no es tonto. Posiblemente, no sepa que el Derecho Procesal no limita los derechos fundamentales de la persona que actúa como testigo, pero sé que ha leído más de una vez la constitución y posiblemente recuerda que el derecho a la libertad de expresión es un derecho fundamental y no va a limitarlo el juez.
- Bueno, vale, pero es que se está pasando doscientos pueblos. Le ha dado una información a los de la televisión que no se la dio a la policía.
- ¿No la dio porque se le olvidó o lo hizo aposta?
- No lo sé, todavía no he podido hablar con él. Y lo que es peor, los de la tele han utilizado al pequeño, a Julio.
- ¿El niño ha salido en pantalla? No me lo puedo creer.
- No se le ve nada, pero sí sacan el cochecito en el que va.
- Bueno, ese es otro cantar. Mira, Clara, las declaraciones que valen a efectos judiciales son las efectuadas ante el juez durante el juicio y sometidas a las preguntas del fiscal y de los defensores. Como mucho lo que hará la policía será volver a llamarle para que les cuente esa nueva información y a lo mejor le sueltan un chorreo, pero de ahí no pasará la cosa. Y permíteme un consejo. Quien tiene más ases en la mano para lograr que tu padre no vuelva a contar nada más a los medios eres tú. Si te pones seria, y tú sabes hacerlo, tienes la suficiente ascendencia sobre tu progenitor para que diga amén a lo que le indiques. Eres la persona a la que más necesita en el mundo y no va a poner eso en peligro por ninguna aparición en la tele. Por otra parte, ya ha tenido sus cinco minutos de gloria.
- Bien, te haré caso. La policía no sé si le dará un chorreo, pero yo desde luego sí. Gracias por todo. Eres un amigo de los buenos. Siempre se puede contar contigo.
- De todos modos, mantenme informado por si puedo ayudaros en algo.
   Mientras Clara Ponte se queda rumiando en como tapar la boca al autor de sus días, Manuel está presumiendo ante sus amigos de su aparición en la tele. Se ha reunido con sus habituales compañeros de la partida de dominó que juegan dos veces a la semana en el Centro de Mayores de Moncloa. Cómo él, están todos jubilados. Son Amadeo Ballarín, propietario de una feterrería que ya no regenta; Luis Álvarez, exempleado del Canal de Isabel II y Jacinto Grandal, antiguo comisario de policía. Están en casa de Ballarín porque es el que tiene una televisión de pantalla curva de sesenta y cinco pulgadas de grande que casi parece una pantalla de cine. El anfitrión ha grabado la entrevista a Ponte que acaban de volverla a ver y están comentándola.
- Manolo, hay que ver lo bien que das en la tele. No me extrañaría que te ofrecieran un papel de galán maduro, en plan de Vittorio de Sica – comenta Jacinto Grandal que es un poco coñon, quizá porque es el más joven de los cuatro.
- Yo lo de salir en la tele…, no sé qué decirte. Ahora te conoce todo el mundo y no podrás ir por la calle sin que alguien se acerque y te diga aquello de que usted es el que vio el robo del Museo de América y tal y tal. No sé si has hecho un buen negocio – afirma Luis Álvarez, un setentón que los lleva francamente bien.
- Pues a mí no me parece mal. Yo creo que Manolo tiene todo el derecho del mundo a contar a la gente lo que vio, que sea en la tele o en un periódico, eso que más da – opinina el anfitrión que nadie diría que acaba de cumplir los setenta si no fuera por su blanco cabello.
- Ahora, hablando en serio, Manolo – retoma la palabra Grandal -, si esa suposición tuya sobre la existencia de una mujer entre los atracadores no se la contaste a la policía tienes que hacerlo cuanto antes, aunque mientras no se demuestre lo contrario no es más que eso, una suposición. Y te aseguro que a mis compañeros no les va a gustar nada que les hayas ocultado ese dato.
- Es que no lo oculté, Jacinto, cuando me interrogaron en la comisaría no dije nada sobre una posible mujer porque eso lo he pensado luego, cuando se me ha pasado el susto y he ido reconstruyendo lo que pasó.
- Bueno, dejaros de monsergas que esa historia no da más de sí – apremia Álvarez -. Como no espabilemos no encontraremos mesa en Sazadón y tendremos que esperar en la barra.
- No te preocupes, Luis – le tranquiliza Ballarín -, he reservado mesa para después del telediario.
   Al llegar a casa, Manuel llama a la puerta de al lado, donde vive su hija. Todas las tardes que hace bueno, y el otoño madrileño suele deparar muchas, recoge a su nieto mayor, de casi tres años, y le lleva al parque de San José de Calasanz para que juegue un rato.
- Hola papá, te estaba esperando. Ven, pasa un momento a la habitación.
   El rapapolvo que Clara le echa a su padre es de los que marcan época.
- ¿Se puede saber en qué estabas pensando para ir dando entrevistas como si fueras un participante de Gran Hermano? Y por si faltaba poco has consentido que utilicen a mi hijo para adornar el reportaje. Nunca hubiera esperado una cosa así de mi padre. Siempre te tuve por un hombre sensato y prudente, pero lo de hoy me ha hecho ver cuán equivocada estaba. Y encima alardeando como si te hubieses enfrentado a los ladrones. ¿Por qué no has contado que te measte encima?
   Esta última frase hace que Manuel hunda la cabeza entre los hombros y se pase la lengua por los labios. Conoce esa sensación, se le está secando la boca. No replica. Sabe que cuando su hija se enfada lo mejor que puede hacer es dejar que se desahogue.
- … y que esta sea la última vez, me oyes, la última que te pones delante de una cámara, de un micro o de un periodista, sea de donde fuere. Te lo ruego como hija y te lo exijo como madre. Si esto se vuelve a repetir te juro que me vas a oír. ¡Y no quiero oír ni una palabra más sobre el dichoso robo! ¿Te ha quedado claro?
   Manuel mueve la cabeza en señal de asentimiento. Se acabaron las primicias televisivas.