viernes, 22 de enero de 2016

10.11. Votos a favor: 55. En contra: 0


    Rodrigo Arbós ha convocado urgentemente al núcleo duro del clan familiar, han acudido sus hermanos Antonino y Gonzalo más su sobrino Leoncio. El patriarca actual del clan no pierde el tiempo en florituras y va directamente al grano:
- Os he llamado porque me ha llegado un rumor que de confirmarse puede suponer un cambio sustancial en la política local – Ante la expectación de sus familiares suelta la noticia -. Me han contado de buena fuente que José Vicente Gimeno se va a marchar del pueblo.
- ¿Y dónde va? – pregunta Leoncio curioso.
- Parece que a Valencia, pero lo de menos es adonde pueda ir, lo importante es que si se marcha del pueblo hemos de movernos rápidos para retomar un poder que nunca debió salir de nuestras manos – contesta Rodrigo tajante.
- Un grano en el culo menos que tendremos – comenta Antonino con satisfacción.
- Si se va Gimeno, ¿seguirá Marín cómo alcalde? – pregunta Gonzalo.
- Esa es la cuestión – abunda Rodrigo -, qué va a pasar con el Ayuntamiento y con la jefatura local. Tenemos que ponernos al tajo para reconquistar lo que era nuestro y que nunca debimos dejarnos arrebatar – reitera.
- Para mí que Marín no aguantará el tirón sin tener a Gimeno al lado – especula Gonzalo -. Todos sabemos que el alcalde no da un paso sin antes consultarlo con José Vicente. Como se quede solo no va a saber ni cuando ir a mear.
- Puedes apostar que será así – confirma Rodrigo -. Por lo tanto, hay que tener gente preparada para el relevo de Marín en cuanto se produzca, algo que si se confirma la marcha de Gimeno puede ser cuestión de meses o quizá de semanas. Pero como la primera vacante será la de la jefatura local, antes que nada hemos de tener preparado un nombre para proponerlo a nuestros amigos de la Jefatura Provincial como nuevo jefe de Falange. Del Ayuntamiento ya nos ocuparemos en su día.
- A bote pronto, no se me ocurre nadie de la familia que pueda ser un candidato presentable para los de la capital  - dice Antonino como para sí.
- No es necesario que tenga que ser un pariente, lo importante es que sea alguien fácil de manejar y que reúna una serie de condiciones. Tendría que ser uno que estuviese afiliado a Falange, que tuviera buena fama, que no fuese mal visto por el mando, mejor si tuviera un título o alguna clase de estudios y, por descontado, que fuese un hombre sin aristas ni recámara para que se dejara aconsejar debidamente. Esto último es lo más importante. Hemos de evitar por todos los medios que nos vuelva a salir otro Gimeno. ¿Conocéis a alguien así? – plantea Rodrigo.
   Tras unos minutos de silencio pensando en personas que respondan al perfil que ha dibujado el patriarca, Antonino toma la palabra:
- Se me ocurre que quizá nuestro sobrino Gervasio podría servir.
- Tío – interviene Leoncio -, no es por llevarle la contraria, pero Gervasio no vale. Tiene mucho desparpajo, pero es medio analfabeto, apenas si sabe firmar. ¿Cómo va a ser el jefe de Falange?
- Estoy de acuerdo con Leoncio – respalda Rodrigo.
   El grupo vuelve al silencio hasta que Leoncio hace una nueva propuesta:
- ¿Y si proponemos a Rafael Blanquer?, por su matrimonio con Pepita está emparentado con la familia, reúne algunas de las condiciones que has citado y con lo flojo que es de muelles será fácil de llevar del ramal.
- Quita, quita, sobrino – rebate Rodrigo -. Con lo mujeriego que es el Rafa no ganaríamos para follones, o peor aún si algún marido engañado no pretendiera tomarse la justicia por su mano. Necesitamos a alguien que piense con la cabeza y no con la polla.
   Otra vez el silencio se adueña de la situación hasta que Gonzalo suelta otro nombre:
- ¿Qué os parece Ricardo Poveda, el maestro?
- Es forastero – puntualiza Antonino.
- Sí, pero está casado con Adelina Salvador que es del pueblo, lo que le hace senillense por matrimonio – aclara Gonzalo – y, además, a mí me da en la nariz que es boquirrubio.
- A Ricardo le nombró Gimeno Delegado del Frente de Juventudes– recuerda Rodrigo -. En principio podría ser considerado un hombre suyo, pero por lo que le he tratado, y ahí coincido con Gonzalo, me da la impresión de que no tiene mucho carácter y de que podría ser maleable. Y cumple con los demás requisitos que planteé antes. Quizá fuera una opción a tener en cuenta. ¿Qué opináis?
- Si me dejan decirles algo... – interviene Leoncio un tanto dubitativo - Felisa es prima de la mujer de Poveda y se llevan muy bien; de hecho, es la madrina de su niña mayor. Explico esto porque mi mujer me ha dicho en más de una ocasión que quien lleva los pantalones en esa casa es Adelina. O sea, que si podemos llegar hasta ella, manejar a su marido no tendrá que ser demasiado difícil. Y como les decía, ambas hacen buenas migas.
- Eso está bien pensado, Leoncio – admite Rodrigo palmeando a su sobrino en la espalda -. A falta de mejores candidatos vamos a centrarnos de momento en Poveda. Comenzar a preguntar a los nuestros por ese fulano. Necesito saberlo todo de él, especialmente cuáles son sus puntos flacos. Y tú, sobrino, dile a Felisa que se deje caer más a menudo que antes por la casa de su prima y que le baile bien el agua. Para meter en la talega al tal Ricardo lo primero será conquistar a su mujer.
   Los problemas y trapicheos políticos a escala pueblerina no tienen parangón con los que tiene el país en el marco internacional. Desde que acabó la segunda guerra mundial, el Régimen franquista ha sido una especie de apestado en el concierto internacional. Hasta no hace mucho las fronteras españolas, salvo la portuguesa, estaban cerradas y en Madrid las embajadas abiertas eran contadas, con la excepción de algunos países hispanoamericanos y árabes.  La partición del mundo en dos bloques antagónicos y el inicio de la llamada guerra fría han supuesto, casi por carambola, la salvación del Régimen. La comunidad internacional, por intereses estratégicos y en algunos casos tapándose la nariz, se ha apresurado a olvidarse de las carencias democráticas españolas, por decirlo de forma suave, y a reconocer su gobierno. La Santa Sede y los Estados Unidos han sido los primeros en dar un paso al frente con la firma de sendos acuerdos que confirman la aceptación de un modelo político que años antes había sido duramente criticado y presentado al mundo como una dictadura que estuvo en connivencia durante años con los derrotados regímenes fascista y nazi.
   Tras el ingreso de España en la UNESCO en enero de mil novecientos cincuenta y tres, el Gobierno español ha estado maniobrando para que el país adquiera el estatus de nación plenamente aceptada en el marco internacional. El problema no parece fácilmente soluble pese al declarado apoyo que están prestando los Estados Unidos y sus adláteres. A mediados del cincuenta y cinco se produce el enésimo enfrentamiento entre los dos bloques antagónicos que se reparten el poder mundial: esta vez se trata de admitir como nuevos miembros de la ONU a dieciséis naciones, entre ellas España. Por motivos estratégicos, una serie de maniobras de última hora provocan que se cierre un acuerdo de compromiso entre Estados Unidos y la URSS. El catorce de diciembre del cincuenta y cinco, y ante la satisfacción de los representantes españoles Erice y Areilza, la Asamblea General proclama el ingreso de España en la Organización de Naciones Unidas, pese a la tenaz oposición de algunos países como Méjico y Bélgica que en el último momento se abstuvieron. Votos a favor de la admisión: 55. En contra: 0.
   A pesar de que España ha sido homologada internacionalmente en su interior todavía resuenan los ecos de la sangrienta guerra civil y la mayor parte de sus ciudadanos, salvo algunos privilegiados y quienes no muestran demasiados escrúpulos, se conforman con sobrevivir. El pueblo español tiene poco tiempo y menos interés en ocuparse de los problemas internacionales. Senillar no es una excepción a ese estado de cosas, allí lo que interesa en estos momentos es si José Vicente y su esposa Lola se van del pueblo o no. Y si se van quien ocupará el sillón del poder.

martes, 19 de enero de 2016

10.10. Una pelea a cara de perro



   Tras la entrevista con su amigo Germán en la que le pidió que tratase de influir ante el Gobernador Civil para que le nombrase para un cargo en Valencia, José Vicente le cuenta a Lola la conversación que ha mantenido con su amigo y conmilitón, pero con una sustanciosa variante: le dice que el Jefe Provincial le ha ofrecido la posibilidad de ser designado para un prometedor cargo en cuestión de semanas y poco menos que le ha forzado a aceptarlo. En el fondo no es más que una añagaza para probar como responde su mujer ante la posibilidad de tener que irse del pueblo. La reacción de Lola le produce más zozobra si cabe.
- No me habías dicho nada de que quieres que nos volvamos a ir a Valencia.
- ¿Cómo que nos volvamos a ir? ¿Me quieres decir cuándo nos fuimos?
- Me refiero a que ya quisiste que nos marcháramos.
- Eso se ajusta más a la verdad. A ver si consigo explicártelo de forma que me entiendas sin montar un drama. Aquí ya no vamos a conseguir más de lo que tenemos. Lo único que el futuro puede depararnos es más de lo mismo. En la ciudad, en cambio, las posibilidades de mejorar en todos los órdenes van a ser muchas y prometedoras. No estoy dispuesto a seguir siendo el tuerto en un pueblo de ciegos. En la anterior ocasión, en que tuvimos en nuestra mano la posibilidad de mejorar, te hice caso y me quedé, pero ahora estoy decidido a aceptar el ofrecimiento. Si me quieres, si deseas que nuestra hija tenga un futuro mejor, la única salida es irnos. Y ahora parece que se va a presentar la ocasión para ello. Oportunidades así han de cogerse al vuelo.
   Lola vuelve a adoptar la misma postura que cuando lo de la oferta de dirigir la Obra Sindical de Educación y Descanso, hasta utiliza parecidos argumentos que José Vicente rebate uno tras otro. Después de una larga discusión, que ha ido subiendo de tono y agriándose, Lola quema sus naves.
- Mira, José Vicente, podrás pintarlo como quieras, pero no estoy dispuesta a irme del pueblo.
- La mujer debe ir adónde vaya su marido. Es su obligación.
- Aquí nací, aquí he vivido y aquí pienso seguir – es la tajante respuesta de Lola.
- ¿Es tu última palabra?
- Sí.
- ¿Y estás dispuesta a quedarte, no solo sin tu marido, sino también sin tu hija?
- ¡No te irás a llevar a la niña! – salta Lola como una leona.
- Por supuesto que me la llevaré. En la ciudad va a tener futuro, aquí ninguno.
- La niña debe de estar con su madre. Es ley natural.
- Y la esposa debe de estar con su marido. También es ley natural – replica José Vicente.
- ¡No te dejaré que la apartes de mí! – exclama Lola cuya angustia comienza a ser patente.
- No tengo ninguna intención de hacerlo, pero si mi mujer no es capaz o no quiere o no puede, que no sé cual es la causa, seguir a su marido allá donde vaya, la niña si lo hará.
- ¡No serás capaz de hacer una monstruosidad cómo esa!
- Ponme a prueba y verás – responde retadoramente José Vicente.
   Ha sido una pelea breve, pero a cara de perro. A José Vicente le ha servido para reforzar las sospechas de que su mujer no quiere irse del pueblo por motivos que apuntan en una sola dirección: posiblemente tiene un amante y lo más probable es que sea Rafael Blanquer. Aunque no tiene pruebas de la supuesta infidelidad de Lola, la da como cierta. Lo que le lleva a plantearse qué hacer, qué clase de respuesta dar. Pese a que, como siempre, trata de racionalizar el problema, le pueden sus sentimientos y una riada de amargas sensaciones le invade. Una mezcla de rabia, vergüenza, frustración, ira, tristeza y un deseo irrefrenable de venganza. Recuerda una especie de oración que solía repetir su amigo Jerónimo Romero, casado con una mujer muy pizpireta y casquivana y que repite en voz alta:
- Señor, que Lola no me ponga los cuernos, y si me los pone que no me entere, y si me entere que no me duela - No está seguro si su esposa se los ha puesto, pero aún en la duda ya le duelen.
   A Lola la discusión le ha forzado a encarar sin tapujos cuáles son sus verdaderos sentimientos. ¿Por quién se decide?, ¿por Rafael o José Vicente? Sin olvidar el problema añadido, pero capital, de su hija. La amenaza de su marido de llevarse a la niña le ha clavado un puñal en el pecho. Además, es consciente de que si se queda dará la campanada. Nunca le importó demasiado el qué dirán, sin embargo a medida que ha ido cumpliendo años le concede cada vez más importancia. Y luego está Rafa, siempre Rafa. ¿Será verdad que sigue loco por ella o solo ha sido un ardid para volver a tenerla? No está tan segura. Tras sus primeros y turbulentos encuentros le da la impresión de que vuelve a reencontrarse al hombre machista, vicioso y egoísta que, en su día, le empujó a la ruptura. Una lucha sin cuartel se entabla entre su cabeza y su corazón. La mente le dice unas cosas, los sentimientos le dictan otras. Vuelve a centrarse en su hija, en su matrimonio…, en su madre. ¡Pobre mamá, que disgusto se llevaría!, pero su vida es suya y nadie ha de marcarle lo que debe de hacer con ella. No encuentra respuesta a su dilema, solo un llanto amargo e incontenible por lo que pudo ser y no fue.
   Teresita la Rajolera, una de las cotillas más retorcidas del pueblo, se hace la encontradiza con Fina que está esperando a recoger a su niña pequeña a la salida de la escuela.
- ¿Qué tal, Fina? Dirás ¿qué hace ésta aquí? Estoy aguardando a recoger la cría de mi vecina Isabel. Me lo ha pedido y, claro, ¿cómo iba a decirle que no? Más vale tener un buen vecino que un mal pariente. Por cierto, tú, con lo amiga que eres de Lola, debes de saberlo. ¿Qué hay de ese rumor que me ha llegado de que se van a Valencia?
- Si he de serte sincera, no lo sé.
- Pues a mí me lo ha contado una persona – y baja la voz para añadir -, y me ha pedido que no diga su nombre, que dice que lo sabe de buena tinta.
- Ya sabes que la gente habla por hablar.
- Por lo que me han dicho, debe de ser algo más que un rumor. Al parecer, José Vicente ya le ha preguntado a la muchacha que tienen de asistenta si le gustaría vivir en Valencia.
- Si es así, igual no es un bulo, pero, como te digo, no sé nada.
- Te creo. Aunque con lo amigas que habéis sido es raro que Lola no te haya comentado nada.
- Y seguimos siendo muy buenas amigas, pero eso no quiere decir que nos lo contemos todo. Mira, ahí están las crías. Bueno, te dejo que quiero pasarme por casa de mis padres para que mi madre vea la niña que, como está mal de las piernas, hace tiempo que no la ve. Adiós.
   Fina se va con su niña echando pestes por lo bajo de la chismosa. Si se ha creído esa cotilla, piensa, que le voy a referir algo de lo que Lola me ha contado va servida. Pobre Lola, en buen lío se ha metido, ¡qué pena me da! A veces tener un gran amor puede ser peor que una maldición.

domingo, 17 de enero de 2016

*** Nueva novela: ¿qué llevaba el furgón robado?



   El furgón blindado, robado a punta de pistola ante el Museo de América, ¿qué llevaba? Llevaba un tesoro. Un tesoro excepcional, original, único, valiosísimo y real.
   Excepcional porque se aparta de la regla común en lo que concierne a la generalidad de los tesoros.
   Original porque tiene en sí mismo carácter de novedad no solo por su contenido en sí, también porque se ha mantenido íntegro desde su creación hasta nuestros días.
   Único porque lo es. Hay tesoros más bellos, más completos, más valiosos, más artísticos, pero posiblemente sea difícil encontrar uno tan singular como este.
   Valiosísimo puesto que su valor real es incalculable, no solo porque es una colección de piezas hechas de oro sino por su importancia arqueológica, histórica y artística.
   Real porque no estamos hablando de un tesoro ficticio sino auténtico, tan real que cualquier lector puede contemplarlo. Para ello solo tiene que visitar el Museo de América de Madrid, subir hasta la segunda planta y casi al final del recorrido, en una sala solo para él, se encontrará frente al mismo.
   Esta, como la mayoría de las novelas, es una historia imaginaria, pero también tiene retazos de realidad como son las noticias que lee de buena mañana en su ordenador uno de los protagonistas y, en especial, el tesoro al que debe su nombre el relato.
    ¿De qué tesoro estamos hablando? En el post del próximo domingo lo desvelamos.