martes, 10 de noviembre de 2015

9.4. La política es como el arco iris



   La campanilla que voltea la puerta de La Moda de París emite su argentino tilín. Una compradora.
- Buenos días, doña Angustias, cuanto tiempo sin verla por esta casa – Para Lola la esposa del médico no es una cliente más.
- Pues es verdad, hace mucho que no te visitaba, pero antes que nada lo más importante ¿cómo va ese embarazo?
- Francamente bien. ¿No se lo ha comentado don Manuel?
- Manolo nunca habla de sus pacientes, es muy reservado en esa cuestión. Me alegro mucho que todo vaya bien. Se te nota en la cara, estás mucho más guapa. Una vez que me has puesto al día sobre tu estado, que era lo importante, el otro motivo que me trae es que necesito unos tapetes individuales, como de juego de café. Ya sabrás – añade bajando la voz – que en casa se reúnen casi todas las noches esos amigotes rojllos de Manolo para escuchar la radio, incluso algunas de las emisoras prohibidas. Como fuman como carreteros me han quemado un par de mantelillos. Pensé en ponerles unas botanas, pero me ha dado pereza y me he dicho que ya era hora de comprar un nuevo juego. ¿Qué me puedes ofrecer?
   Los amigotes a los que aludía Angustias, los ferroviarios Ballesta y Bonet, junto con su anfitrión, Manuel Lapuerta, proceden, como tantas noches, al rito de escuchar las informaciones que emiten las emisoras extranjeras, rematadas por el boletín de medianoche de la BBC, que luego les traduce el médico. Lo que cuentan las radios españolas ha sido previamente censurado, no vale la pena oírlas.
- Los americanos, los canadienses y diez países europeos, entre ellos Francia y Gran Bretaña, acaban de firmar la creación de una especie de pacto de defensa que se llamará la Organización del Tratado del Atlántico Norte.
- ¿Y eso para qué va a servir? – pregunta Ballesta con su sempiterno afán por lo concreto.
- En principio, parece que va a ser un pacto defensivo entre los países firmantes, de manera que si uno de ellos es atacado es como si también agredieran al resto. Servirá para eso, al menos teóricamente, pero me huelo que, sobre todo, significa un claro aviso a la URSS que ahora es el enemigo potencial del mundo libre.
- ¿Y ese tratado no dice nada de acabar con el Régimen de Franco? – quiere saber Bonet.
- Que haya oído, ni palabra. No creerás, Celestino, que los yanquis y los europeos están preocupados por el peligro militar español. ¿O tú nos ves con fuerza para derrotar a los Aliados? – pregunta irónicamente el médico.
- No derrotaremos a los Aliados – responde un tanto mosca el ferroviario -, pero sí seremos la única dictadura fascista que resta.
- ¿Saben el último chiste sobre eso? – Ballesta es un patoso contando chistes, pero quiere distender el ambiente -. Está Franco reunido con sus ministros y uno de ellos se queja de las privaciones que padece la nación y de que nadie nos ayuda, y pone el ejemplo de lo que el Plan Marshall ha hecho para levantar a países como Alemania e Italia. Entonces otro ministro dice que lo mejor sería declarar la guerra a los yanquis, éstos nos invadirían y luego nos llegarían los beneficios del Plan. Franco les interrumpe comentando que la idea le parece buena, pero añade ¿y qué pasaría si les ganamos?
   Lapuerta ríe con ganas el chiste, uno de los muchos que circulan sobre el Caudillo, pero Bonet sigue terne en sus posiciones:
- La cuestión no es para tomársela a choteo. Podemos tener muchos problemas si los países democráticos no deciden cargarse al último fascista que queda en Europa.
- Franco es un dictador de derechas, eso es indubitable, pero no creo que sea realmente un seguidor del fascismo italiano – afirma rotundo el médico.
- ¿Qué no es fascista? ¿Entonces qué es? – pregunta asombrado Bonet.     
- Ante todo es un soldado y, como buena parte de los militares, solo cree en el ejército, la patria y Dios. Y posiblemente en ese orden. De ser algo, Franco es un nacionalista.
- ¿Cómo qué nacionalista? – interpela un desconcertado Ballesta –. Nacionalistas eran los del Partido Nacionalista Vasco o los de Izquierda Republicana que lucharon contra los franquistas.
- Y Franco es tan nacionalista como ellos, solo que de España, no de una de sus regiones. No es casualidad que el adjetivo nacional acompañe a las principales manifestaciones de su Régimen, los propios golpistas se llamaban a sí mismos los nacionales y con ese nombre hemos acabado todos por denominarles. Y no solo participa Franco de ese nacionalismo, son muchos los militares que, pese a la retórica antimarxista en boga, optarían antes por una España roja que por una España rota.
- Entonces, si los franquistas eran nacionalistas como dice – replica Bonet -, ¿por qué en el treinta y seis el Gobierno vasco y la Generalidad de Cataluña no secundaron el golpe militar?
- Porque los nacionalismos, por su propia razón de ser, son siempre excluyentes. Un nacionalista vasco o catalán estará siempre en contra de un nacionalista español y al revés. Por eso se llevan tan mal unos con otros. Además, y fue un motivo determinante, el gobierno republicano respaldó los estatutos regionalistas, de ahí que los gobiernos vasco y catalán se pusieran a su lado, aunque siempre fueron unos aliados tibios y poco leales con la República, precisamente por ser española. Al menos, eso es lo que han dejado entrever las emisoras británicas.
- Usted perdone, don Manuel, pero eso del nacionalismo de Franco no acaba de convencerme. Yo sigo creyendo que es un fascista puro y duro – insiste Ballesta.
- Vamos a ver cómo te lo explico para que lo entiendas, Alfredo – Lapuerta se pone en plan didáctico -. Nacionalistas son los que sacralizan su tierra, su raza, su lengua, su historia, su cultura... En fin, aquello que según ellos los hace distintos de los demás. Su doctrina se basa en que se consideran diferentes y, en el fondo, mejores que los otros que son todos los que no comulgan con su credo, casi sería mejor decir que no comulgan con sus sentimientos porque el nacionalismo es más un sentimiento que un cuerpo doctrinal. Hay frases hechas en el franquismo que se refieren con frecuencia a esa sacralización: la sagrada tierra de la patria, el macizo de la raza, la lengua del imperio, nuestra gloriosa historia, etcétera, etcétera.
- Admitiendo lo que usted dice, aunque tengo mis duda – interviene Bonet -, ¿se podría decir que los partidos citados eran nacionalistas de izquierdas y Franco lo es de derechas?
- Pues no – es la tajante respuesta del médico -. No hay nacionalismos de izquierda. La ideología izquierdista; es decir, las ideas comunistas o socialistas son universalistas. Recordar algunas estrofas de la Internacional: arriba parias de la tierra, el género humano es la internacional, agrupémonos todos en la lucha final, etcétera. Toda la letra del himno trasciende cualquier tipo de frontera, algo que tanto encandila a los nacionalistas sean de donde fueren.
- Vamos a ver, don Manuel, y usted perdone, pero sigo sin entenderlo – insiste testarudo Ballesta -. ¿Quiere usted decir que la ideología de un partido que se llamaba Izquierda Republicana no es la de un nacionalismo de izquierdas?
- Rotundamente no. Son antes que nada nacionalistas duros y puros, todos los demás adjetivos que puedan ponerse son cortinas de humo. Y hablando del nacionalismo, de todas las épocas y latitudes, os diré que es más un sentimiento que otra cosa, se parece más a la religión que a una concepción política. Tiene más que ver con los afectos que con las razones. Eso es lo que lo hace tan atractivo y al tiempo tan peligroso.
- Pues sigo sin estar de acuerdo con usted, don Manuel, ¿cómo no va a ser Franco fascista cuándo es el jefe nacional de la Falange? – arguye Ballesta contundentemente, pues los argumentos del médico no parecen convencerle en absoluto.
- Franco se apoderó de la Falange como pretexto para dar contenido político a su gobierno y de paso contentar a sus grandes valedores, Hitler y Mussolini, pero desaparecidos estos ya veréis como los falangistas irán perdiendo comba. Por otra parte, cabe añadir que hay algo que une al franquismo y a los falangistas, éstos también son nacionalistas españoles. Uno de sus puntos fundamentales establece que España es una unidad de destino en lo universal y que toda conspiración contra esa unidad hay que combatirla. Dicho esto, insisto en que podéis estar o no de acuerdo conmigo, pero sigo creyendo que Franco es un dictador nacionalista que tiene de fascista lo que yo de cartujo.
- Entonces, ¿qué diferencias hay entre el nacionalismo de Franco y el de aquellos partidos vascos y catalanes que se autodenominan nacionalistas? – inquiere tercamente Bonet.
- Una básica, hasta el golpe de estado de los militares, tanto el nacionalismo vasco como el catalán toleraban mal que bien las reglas de juego, cosa que, evidentemente, no hicieron Franco y sus compinches. Por lo demás, todos ellos coinciden en considerar sagrado el suelo de su nación y convertir ese sentimiento en la piedra angular de su política. Para los vascos esa nación son Las Vascongadas y Navarra, para los catalanes Cataluña y los territorios que consideran irredentos, para el Caudillo y los que piensan como él la España imperial, la de Carlos I. ¿Os ha quedado claro?
   En cuanto dejan la casa del médico, Ballesta explota:
- ¡No te amola el carcundia éste! Mira por donde sale ahora. Pues si este hombre no es un facha yo soy Greta Garbo.
- Alfredo, te lo dije una vez y te lo repito, don Manuel no es carca ni rojo. Lo que pasa es que piensa diferente de la mayoría. Él siempre dice que la política es como el arco iris, tiene muchos colores. ¿Sabes cuál es la mejor definición de don Manuel? Se la oí decir a Lola Sales.
- ¿Quién es Lola Sales?
- La chica que está casada con el mamón de la cooperativa. Decía que de ser algo, don Manuel es un anglófilo; es decir, que le gusta todo lo inglés.
- Sí, recuerdo que ya me lo dijiste una vez, pero eso de que Franco no es fascista no acabo de tragármelo, lo diga don Manuel o el sursuncorda.

viernes, 6 de noviembre de 2015

9.3. Lola está hecha un lío



   El plazo que el jefe de los Arbós pidió a Gimeno, para encontrar una solución al posible relevo de su hermano Rodrigo en la dirección de la Hermandad Sindical, no llega a ser consumido, a los cuatro días Benjamín ya tiene una solución que proponer.
- Después de darle muchas vueltas al problema y de hablarlo con mucha gente creo, José Vicente, que he encontrado una solución que, no sé si es la mejor, pero al menos considero que es la menos mala. Yendo al grano, Rodrigo está dispuesto a aceptar su relevo, pero pide que se le dé algo a cambio. Lo cual me parece muy justo. A una persona con el historial de mi hermano no se le puede enviar a casa sin darle una satisfacción.
- ¿Y qué es lo que quiere Rodrigo?
- Quiere que se le nombre presidente de la cooperativa.
- ¿Presidente de la cooperativa? – La cara de sorpresa de Gimeno dice bien a las claras que otra vez Benjamín ha conseguido cogerle con el paso cambiado - ¿Y qué hacemos con Leoncio?
- Leoncio se convertirá en la cara nueva y joven que buscan los de Sindicatos para presidir la hermandad.
   Al llegar a ese punto, el estupor de Gimeno ya es total. Piensa que no debería de asombrarle nada que venga de su antiguo mentor, pero una vez más éste ha conseguido lo del más difícil todavía. Sustituye a un Arbós por otro y todo queda reducido a un intercambio de puestos. No le va a quedar más remedio que enseñar los dientes al viejo cacique.
- Verá, señor Benjamín, su sobrino Leoncio es una excelente persona que merece todos mis respetos y que me ha sido de gran ayuda en la cooperativa. Dicho esto, he de añadir que no tiene las mínimas cualidades exigidas para presidir la hermandad.
- No veo por qué. Si está capacitado para dirigir la cooperativa, ¿por qué no va a estarlo para dirigir la hermandad?
- No quisiera parecer descortés, pero… usted y yo sabemos lo que hace su sobrino en la cooperativa, nada. Se limita a firmar los documentos que le pongo delante y a presidir la junta directiva, en la que todo se reduce a seguir mis indicaciones.
- De acuerdo, y eso mismo puede hacer en la hermandad. Se le pone al lado un secretario tan eficiente como tú y problema solucionado.
- Lo siento, pero no lo veo tan de color de rosa como lo pinta usted. Dudo mucho que en Valencia se traguen el nombre de su sobrino para nuevo presidente.
- Mira, José Vicente, entre nosotros no vamos a engañarnos que nos conocemos hace ya unos cuantos años. En este problema hay dos planos distintos. Uno es si los problemas para la solución que te propongo provienen de la capital. Y otro si su origen es local. ¿Cuál de ambos planos es el causante de las dificultades?
   Gimeno llega a tener la respuesta en la punta de la lengua, pero acaba achantándose. Se da cuenta de que el viejo político sigue imponiéndole. 
- ¡Por Dios, señor Benjamín! No irá a creer que me opongo a la propuesta que ha formulado. De ninguna de las maneras. Me he limitado a exponer las posibles pegas que presumiblemente plantearán los de sindicatos.
- Me alegra oírte decir eso. Y puesto que tú no eres la fuente de las dificultades, me permito sugerirte que no debes de preocuparte. Lo que deberías de hacer es presentar a los de Valencia la propuesta de la que hemos hablado y esperar a ver qué clase de respuesta dan nuestros amiguetes de la capital. ¿Te parece bien?                                        
   Al llegar a casa, Gimeno le cuenta a su mujer una versión edulcorada de su conversación con el patriarca de los Arbós. Le dice que al ver a Benjamín tan derrotado sintió piedad de él y accedió a su propuesta. Lola no acaba de creer a su marido.
- No me explico por qué siempre acabas por ceder ante el patriarca. Parece como si le tuvieras miedo.
- ¿Miedo? ¿Y por qué he de tenerle miedo? No exageres, Lola.
- No exagero, me limito a describir la situación. Siempre terminas haciendo lo mismo. Cuando Benjamín te aprieta las tuercas acabas cediendo y diciendo que es la última vez que te arrugas. Porque lo que haces es eso, arrugarte.
- De arrugarme nada de nada. Lo que hago es ser político, le doy cuerda, pero al final la partida la ganaré yo.
- Hombre, marido, por ley de vida lo lógico es que Benjamín la palme mucho antes que tú, pero si tu política es que el patriarca la espiche para terminar con el resto del clan, aviados estamos.
   Gimeno decide no continuar una conversación que está yendo por unos derroteros que no le gustan nada. Piensa que últimamente Lola está muy desabrida con él, por momentos hasta antipática. Se consuela diciéndose que quizá sea debido a su estado. Todo el mundo sabe que las embarazadas tienen un humor voluble y un talante más bien egoísta. Solo piensan en su bebé y todo lo demás les importa un comino.
   Lola piensa lo contrario que su marido. Cree que su próxima paternidad le ha cambiado a peor. En los últimos tiempos le da la impresión que se ha hecho más blando, que se ha acomodado a la situación, que se ha dejado ir. Se dice que así no van a ninguna parte. Mientras José Vicente no le plante cara al clan de los Arbós será un pelele entre sus manos. Y no le gusta nada la idea de estar casada con un pelele.
   Una tarde paseando por el Calvario se tropieza con Rafael. Intenta ignorarle, pero el hombre la detiene, amablemente pero con firmeza.
- ¿Dónde vas, Lolita? – Sigue siendo el único del pueblo que la llama así.
- A dar un paseo. Don Manuel me ha recomendado que pasee un ratito todos los días. Dice que en mi estado es un excelente ejercicio.
- ¿Me permites que te acompañe un trecho?
- Rafa, te recuerdo que soy una mujer casada.
- Eso sobra, Lolita, que estás casada bien que lo sé y bien que me pesa, pero el paseo de dos antiguos amigos a plena luz y sin nada que ocultar no puede ser considerado como algo incorrecto o inmoral. Una mujer que ha sido tan avanzada y liberal como tú lo sabe mejor que nadie.
   Lola no se ha enterado del final de la frase. Se ha quedado con lo de bien que lo sé y bien que me pesa. ¿Qué habrá querido decir Rafa? ¿Acaso sigue estando enamorado de ella? ¿Es posible que después de tantos años la maravillosa llama que la transformaba en la mujer más feliz del mundo siga ardiendo? ¿Este es el Rafa que me hizo mil perrerías, tantas que tuve que echarle de mala manera, o acaso haya cambiado, haya madurado? Mira al hombre. Sí, está más cambiado. Sus rasgos se han redondeado y quizá tenga algún quilo de más, pero sigue siendo tan guapo como siempre y en el fondo de sus ojos parece brillar la misma chispa de malicia que tanto la encandilaba. Suspira, Lola, está hecha un lio.

martes, 3 de noviembre de 2015

9.2. Dar la vuelta a la tortilla



   En las tertulias que se montan en los cafés del pueblo, los debates sobre la recién inaugurada Cruz de los Caídos y su simbolismo son frecuentes aunque escasamente virulentos. En el fondo no es que a la gente le importe demasiado, pero de algo hay que charlar.
- Pues a mí lo del monumento me parece más una inutilidad que otra cosa y, encima, ahí, en medio de la plaza, no es más que un pegote.
- La verdad es que feo es un rato largo.
- Y esa cruz, ¿para qué coño sirve?
- Según dijo Gimeno en el discurso de inauguración para recordar a los caídos por Dios y por España.
- Eso es una bobada, mejor habría sido invertir el dinero en construir algo de provecho.
- A mí me parece bien lo de la cruz. Es bueno que el personal no olvide lo que pasó.
- Y la cruz, ¿a qué caídos representa, a los que mataron los rojos o a los que se cargaron los nacionales?
- Haces unas preguntas de bombero, macho. Caídos no hay más que los que se llevó por delante el rojerío, los demás no cuentan.
   En la tertulia privada del domicilio de Manuel Lapuerta, éste y los dos ferroviarios también comentan lo del monumento, pero las conclusiones a las que llegan son muy diferentes.
- ¿Y a santo de qué sale ahora Gimeno con la crucecita de marras, después de tanto tiempo del triunfo de los golpistas? – pregunta retóricamente Bonet.
- Yo creo que es una manera de montar su particular recuerdo de la victoria – contesta Ballesta y, dirigiéndose a Lapuerta, pregunta - ¿Usted qué opina?
- Que dentro de unos años, la gente pasará por delante de la cruz sin fijarse en ella. Y en una década, nadie recordará por qué o en memoria de quién se erigió.
- Entonces, ¿para qué la han construido? – vuelve a preguntar Bonet.
- Una fijación de todos los vencedores es construir monumentos, cuanto más aparatosos e inútiles mejor, para recordar a las futuras generaciones quiénes fueron los ganadores. Desde los emperadores romanos a Napoleón o Mussolini todos han hecho lo mismo. Aquí, Franco construye el Valle de los Caídos y Gimeno erige su crucecita – Es la explicación que ofrece el médico.                                                                     
   Los comentarios de la gente no es que preocupen excesivamente al creador del pegote en forma de cruz, según lo ha bautizado el imaginario popular, aunque hoy Gimeno ha vuelto de Valencia especialmente nervioso. Su mujer se lo nota nada más verle entrar.
- Lola – El tono de la voz también muestra su excitación -, creo que vamos a tener la oportunidad de librarnos definitivamente de los Arbós.
- ¿Y cómo lo vamos a conseguir?
- Verás. Hace un par de años las Hermandades Provinciales de Labradores y Ganaderos se fusionaron con las Cámaras Agrícolas, creándose en cada provincia una Cámara Oficial Sindical Agraria. La medida ha llegado ahora al ámbito municipal y se va a proceder a una reestructuración de las Hermandades Sindicales locales y la renovación de sus jefes. Esa va a ser la oportunidad que esperábamos para deshacernos de los Arbós en los puestos de poder.
- Déjame adivinar lo que estás pensando: sustituirás a Rodrigo al frente de la hermandad por alguien de nuestra cuerda.
- Premio para la señora. Además, la hermandad del pueblo ha llevado hasta ahora una vida absolutamente plana. Todos sabemos que Rodrigo no tiene el empuje ni el talento de Benjamín y se ha dejado ir, pero si conseguimos poner al frente a otra persona la situación puede dar un giro espectacular.
- ¿Qué se puede hacer desde la hermandad que no se haga desde la cooperativa?
- Es cierto que la cooperativa está vinculada con la hermandad, pero esta última al ser una organización sindical puede tener mayor margen de acción y, sobre todo, estar más legitimada para llevar a cabo infinidad de cuestiones. Por poner algunos ejemplos: relacionarse con el Servicio Nacional de Productos Agrarios, la gestión del crédito agrícola y la seguridad social, preparar las cartillas del agricultor, controlar las básculas, celebrar la contratación de seguros colectivos contra el pedrisco o incendios y muchas cosas más.
- ¿El puesto de presidente de la hermandad es de designación directa?
- Por descontado. Se le considera un puesto político.
- ¿Y quién lo designa?
- Depende. Hay hermandades que, por su elevado número de socios o por su importancia política, sus órganos directivos los designa directamente el Delegado Provincial de Sindicatos y a veces también mete mano la Delegación del Ministerio de Agricultura, pero salvo esas excepciones lo habitual es que sea el jefe local del Movimiento quien proponga la persona a presidir.
- ¿Sin ninguna clase de limitaciones?
- Teóricamente el reglamento señala que, tanto para la presidencia como para los puestos de funcionario, tendrán preferencia los que pertenezcan a la vieja guardia, caballeros mutilados de guerra, ex combatientes, ex cautivos, huérfanos de guerra o de caídos por el Movimiento.  
- Es decir, que hemos de buscar un mirlo que tenga alguna de esas condiciones.
   Lo buscan y terminan encontrándolo. Se llama Olegario Zaragozá y tiene la condición de hijo de caído por el Movimiento. Su padre fue uno de los que, en el período revolucionario que azotó al pueblo en el treinta y seis, fue sacado de la cárcel local y fusilado en una cuneta. Gimeno habla con Olegario y le convence fácilmente para hacerse cargo de la hermandad. Por cuanto sabe de él, cree que será fácil de manejar y, aunque también es hombre de derechas, no pertenece al círculo de los Arbós con los que se lleva mal por una cuestión de delimitación de hitos de unas fincas contiguas.
   Una vez encontrado el futuro sustituto de Rodrigo Arbós, a Gimeno solo le resta lograr que el clan no ofrezca excesiva resistencia al cambio, para ello como aconseja la más elemental prudencia no habla con la persona a sustituir sino con el jefe de la familia.
- Señor Benjamín, necesito saber su opinión sobre un problema que se me va a plantear en cuestión de semanas, si no de días, y que, en honor a la verdad, no sé cómo resolverlo.
- Ya sabes, José Vicente, que siempre puedes contar conmigo.
- La decisión la he de tomar yo como jefe local, pero conocer lo que usted piense sobre el caso me sería de gran ayuda.
   Gimeno le cuenta al viejo cacique la situación que se plantea con la remodelación de las hermandades sindicales, lo que comporta el relevo de la presidencia de las mismas.
- … y en sindicatos son partidarios del relevo de aquellos presidentes que, como Rodrigo, llevan muchos años.
- Perdona que te rectifique, José Vicente, pero eso no es cierto, al menos en el caso de mi hermano. Rodrigo solo lleva de presidente desde mil novecientos cuarenta y cuatro, cuando se implantaron las hermandades. O sea, que tampoco tanto.
- En cualquier caso, insisten en que hay que proceder al relevo porque a partir de ahora las hermandades van a tocar más palillos y quieren que haya gente joven y con empuje.
- Hombre, lo de joven es evidente que no se le puede aplicar a Rodrigo. En cuanto a lo del empuje habría mucho que decir. Mi hermano ha hecho mucho por el Régimen, más de lo que algunos harán jamás. Por si no lo sabes, durante la guerra Rodrigo estuvo encarcelado por el comité antifascista del pueblo y si no llega a escaparse le hubiesen dado el paseo. Eso quiere decir que es ex cautivo. Fue el primer jefe de Falange del pueblo en los duros tiempos de la guerra. Lo que supone que es de la vieja guardia. También ha sido el primer presidente de la cooperativa de San Isidro…, en fin, para qué seguir. ¿Conoces a alguien en el pueblo que tenga un currículum la mitad de comprometido con la Causa como el de mi hermano?
- Todo eso ya lo sabía, señor Benjamín, y es precisamente lo que les he contado a los de sindicatos, pero insisten en que las hermandades necesitan ahora nuevas caras y gente más joven y, claro, Rodrigo tiene un historial excepcional, pero no es alguien nuevo ni mucho menos joven. Y eso yo no puedo cambiarlo ni desconocerlo, de ahí mi problema y la causa de esta conversación. Me veo obligado a relevar a su hermano y, si le tengo que ser sincero, no sé cómo hacerlo.
- Puestas así las cosas habrá que pensar en otras salidas. Dijiste al principio que el cambio tendrás que hacerlo en unas semanas, eso quiere decir que tenemos ese tiempo para encontrar una salida que nos satisfaga a todos. Dame diez días y te ayudaré a encontrar una solución.
   En cuanto llega a casa, Gimeno le cuenta a Lola su conversación con Benjamín:
- … y el patriarca le ha dado la vuelta a mi propuesta, la tortilla del revés. ¡Tiene más conchas que un galápago!
- Sabe más el diablo por viejo… - confirma Lola, pero positiva como casi siempre añade -. De todas formas, hemos de aprender de esa capacidad inagotable que Benjamín tiene para darle la vuelta a la tortilla. Tengo que confesar que es un hombre al que admiro, con lo viejo que es y la enorme habilidad que tiene para sortear cualquier escollo que se le ponga por delante. Y, posiblemente, hace todo eso sin haber leído a Maquiavelo – remata Lola con una irónica sonrisa.