viernes, 7 de agosto de 2015

6.13. ¿Qué es eso de la democracia orgánica?



   El engranaje de la conexión Gimeno-Marín, o lo que es lo mismo: jefe local- alcalde, funciona como una máquina de precisión. Gimeno suele ir poco por el Ayuntamiento y cuando lo hace cuida con mimo que sea el alcalde quien figure en primera fila y a quien se le dispensen todos los honores. Idéntica postura adopta en todos los actos públicos, el regidor va delante y él le sigue en un segundo plano. En definitiva no hace más que seguir fielmente la sugerencia que le dio Lola:
- José Vicente, tú debes ir siempre unos pasos por detrás de Fernando. El alcalde es él y, por consiguiente, a él debe corresponder la preeminencia en todos los actos y ceremonias.
- Eso debería ser así, el problema es que Fernando se empeña en ser él quien vaya detrás de mí.
- Has de convencerle de que la dignidad de la alcaldía es la más importante y que, por tanto, debe ser quien presida los actos.
- ¿Y si termina por creerse que es el número uno de verdad y nos sale la criada respondona?
- Tranquilo, marido, sin ti Fernando no es capaz ni de saber dónde tiene su mano derecha. Mira, si de algo peca Fernando, y eso es muy propio del género masculino, es de ser un pelín vanidoso. Tú báilale el agua en ese terreno y lo demás se te dará por añadidura.
   El cotidiano quehacer en la alcaldía parece darle la razón a Lola. En cuanto alguien le va al nuevo alcalde con un asunto que trasciende los límites ordinarios de la gestión municipal, no tiene ningún reparo en puntualizar:
- Voy a comentárselo a José Vicente, a ver qué opina.
   Y hasta que Gimeno no da su parecer en el Ayuntamiento no se mueve un papel. Las continuas visitas de Fernando terminan incomodando al que maneja los hilos del teatrillo y se queja por ello a quien mejor sabe escucharle, su esposa:
- Este Fernando se está convirtiendo en un incordio. Si no viene tres o cuatro veces al día a verme para consultarme no viene ninguna. Encima como cuando hay un asunto de cierto calibre no me gusta tomar una decisión sin antes hablarlo contigo, tengo que volver a citarlo tras comentártelo. Lo que te digo, un incordio.
- Bueno, si hay asuntos importantes sobre los que tomar una resolución es natural que te visite las veces que sea necesario.
- Si fuera así no me quejaría, pero es que en la mayoría de ocasiones las cuestiones que me plantea son auténticas chorradas. Y con tanta visita estoy empezando a descuidar mis tareas en la cooperativa.
- Eso no debe continuar así. La cooperativa es la que nos da el pan y con las cosas de comer no se juega. Lo que tienes que hacer es marcarle un tiempo para que vaya a verte, no que interrumpa tu trabajo cada dos por tres. ¿Sabes qué? – Pregunta Lola un tanto retóricamente -, lo que vamos a hacer a partir de mañana es que le invitaremos a tomar café con nosotros después del almuerzo y ese será el momento en que nos exponga todas los asuntos sobre los que haya que decidir. Solo en caso de una emergencia deberá ir a la cooperativa a contártela.
   Tantas idas y venidas del nuevo alcalde a la cooperativa no han pasado desapercibidas, quizá por eso los vecinos han bautizado al nuevo acalde como Fernando Siseñor porque es incapaz de decir un solo no al jefe local. La singular simbiosis entre Marín y Gimeno funciona como un reloj suizo y, por lo que se ve, a gusto de ambos. El alcalde luce su buena estatura y su pose un tanto marcial en las procesiones y en los actos públicos. El jefe se conforma con mandar. María Eugenia, la señora alcaldesa, es feliz luciendo la mantilla, junto a su marido, en los actos religiosos y aireando un precioso mantón de Manila en las fiestas civiles, hasta se ha comprado un vestido negro de organdí que, al parecer, la hace menos gruesa. Lola, la esposa del jefe, se conforma con saber quién es el número uno. En cuanto a los demás, el vecindario ha aceptado el nuevo cacicazgo como un hecho natural. Además piensan que dentro de lo que cabe, Gimeno no es de los peores: suele ser amable con la gente que va a verle, tiene grandes dosis de paciencia para escuchar sin aparente cansancio a los pedigüeños de turno, mano izquierda para resolver conflictos y notable olfato político para saber a quién puede tratar con dureza y ante quien debe de ser mucho más flexible. Otro dato que obra a su favor es que da la impresión de que no tiene una excesiva codicia y no le pone precio a los favores que dispensa. Tampoco rechaza los presentes y dádivas que los agraciados con sus decisiones le llevan discretamente a casa, pero como casi siempre se trata de productos del campo no resulta demasiado escandaloso.
   En el plano político todo parece que encaja perfectamente: la gente sabe quién manda y a quien acudir en última instancia. Hasta un liberal escéptico como Manuel Lapuerta lo admite ante sus rojillos amigos de la tertulia radiofónica.
- … pero, don Manuel, no me diga que le parece bien que Gimeno se haya convertido en el cacique del pueblo. ¡Es lo último que esperaba de un hombre cómo usted! – se lamenta dolido Bonet.
- Vamos a ver, Celestino, no sé cómo explicártelo para que lo comprendas. En un sistema democrático auténtico, el caciquismo no tiene cabida. Los ciudadanos eligen a sus representantes y el que más votos tiene, sea una persona o un partido, es el que manda. Eso lo tienes claro, ¿verdad? – Ante el asentimiento del ferroviario, el médico prosigue -. Ahora bien, resulta que no vivimos en un estado democrático por mucho que les haya dado en decir que el Régimen es una democracia orgánica. Tenemos un sistema personalista que concentra todos los poderes en un solo individuo. Para ser más claro, tenemos una dictadura que pretende disfrazarse de otra cosa, pero que no engaña a nadie.
- Ya era hora de que comenzara a llamar a las cosas por su nombre.
- Bien, sigo. Éste no es un régimen democrático y los que mandan son designados por quien tiene poder para hacerlo. En una situación así es cuando el caciquismo florece porque tiene un cierto sentido. Una sociedad necesita saber dónde reside el poder real, en nuestro singular régimen en el cacique de turno. La única diferencia que tenemos aquí es que en muchos pueblos el alcalde es quien detenta todo el poder, pero aquí quien lo ejerce no es el alcalde, sino José Vicente.
- Bueno, eso tampoco es una novedad – asegura Alfredo que asiste callado a la pugna dialéctica entre sus amigos -. Por lo que me han contado, aquí tienen una larga experiencia de que quién manda en el pueblo es alguien que no necesita estar en el Ayuntamiento.
 - Digan lo que digan, a mí no me quita nadie de la cabeza que lo de los caciques es cosa del siglo pasado – afirma rotundamente Bonet.
- Para ser más precisos, Celestino, habría que afirmar que el caciquismo es cosa de las sociedades no democráticas.
- Pues yo tengo mis dudas de que si alguna vez somos democráticos no seguirá habiendo caciques – vaticina Ballesta.
- Hombre, cuando haya democracia sin adjetivos el caciquismo desaparecerá como la nieve en verano – asegura el médico.
- Hablando de lo que usted llama democracia sin adjetivos, explíquenos que quiere decir eso de la democracia orgánica – pregunta Bonet.
- No es más que una de tantas frases huecas que no quieren decir nada y a las que tan aficionado es el Régimen. Una de las características que define el nacionalismo de Franco, como a todos los demás, es su inagotable capacidad para fabricar eufemismos e imaginería retórica para disfrazar su totalitarismo. Y buena prueba de ello es que colocan adjetivos a conceptos universales que no los precisan.
- Habla usted como los ángeles, don Manuel.

martes, 4 de agosto de 2015

6.12. JV number one



   Senillar ya tiene nuevo Ayuntamiento y un novel alcalde. No queda claro si los vecinos se han apercibido que también tienen un nuevo cacique. Gimeno, el actual hombre fuerte, tiene en su mente decenas de proyectos y planes para mejorar el pueblo en todos los ámbitos. Está especialmente interesado en un proyecto que, paradojas de la vida, combatió en tiempos no demasiado lejanos: la posibilidad de dotar al pueblo de industrias, aunque sean pequeñas, para que los jóvenes no tengan como único futuro el trabajo agrícola. Sabe que va a ser una aventura complicada, pero no se arredra fácilmente y diseña un plan para intentar que se instale alguna industria. Visto el fracaso que tuvo el plan de Paco Vives para crear fábricas de cerámica, opta por instalaciones más modestas y que puedan aprovechar las materias primas del pueblo: conserveras de productos vegetales o de envasado de frutos secos; en fin, industrias que ofrezcan nuevas y más prometedoras salidas laborales que las actuales. El plan lo presentará en el Gobierno Civil el alcalde, a quien acompañará. Tiene una duda: piensa que serán muchos los que recordarán el pasivo papel que jugó en el similar proyecto que, no hace demasiados meses, planteó Paco Vives. ¿Qué dirán ahora, qué pensarán? Como siempre que le asaltan dudas lo debate con su esposa.
- José Vicente, no debes de preocuparte por lo que vayan decir. La gente habla por hablar. Opino que debemos de ir acostumbrándonos a llevar adelante los proyectos que entendamos que son interesantes para nosotros y, por supuesto, para el pueblo sin dar ningún valor al qué dirán.
- Estoy de acuerdo, Lola, aunque no deja de fastidiarme que seguramente tendré que soportar algún que otro puyazo malintencionado.
- Eso forma parte de tu trabajo. Te recuerdo esa frase que sueles repetir: que un político tiene que desayunarse todas las mañanas media docena de sapos.
- Claro, claro, pero seguirá dándome mil patadas cuando oiga aquello de que cuando el plan fue de otro me opuse y ahora que es nuestro lo apoyo
- Eso es el pan nuestro de cualquier político. Cuando está en la oposición sostiene unas posturas y al llegar al poder defiende las contrarias. En cambio, a mí lo que me preocupa es el propio proyecto, no tanto por su contenido sino por el momento en que vais a presentarlo. El país está en bancarrota y supongo que las arcas estatales solo deben de tener polvo. No sé si no tendríais que esperar, pero, en fin, tú resuelves. Y otro aspecto que tampoco me parece prudente es que acompañes a Fernando. Debías de enviarlo solo, al fin y al cabo el alcalde es él.
- Se lo prometí, Lola. Es la primera vez que visita el Gobierno Civil y está más nervioso que un flan. No quiere quedar mal y temo que el ambiente le imponga. No puedo dejarle solo, cariño. Tengo el compromiso y hasta el deber de arroparle.
   Marín y Gimeno presentan al Gobernador el que han denominado Plan de Proyectos Industriales Senillenses que, naturalmente, necesitará para su puesta en marcha financiación y créditos de las entidades oficiales. El poncio escucha muy atentamente la explicación sobre el proyecto que José Vicente realiza con su acostumbrada fogosidad y brillantez. El resultado no puede ser más decepcionante para los dos munícipes. La primera autoridad provincial, después de celebrar las excelencias del plan y felicitarles por la magnífica idea que dice mucho de su interés por el pueblo, no tiene más remedio que echar agua al vino de sus afanes. El país continua viviendo en una dramática situación: sigue la enorme carencia de productos básicos apenas paliada por las cartillas de racionamiento, prosigue la pertinaz sequía que provoca unas escuálidas cosechas y que genera que la situación eléctrica se mantenga tan difícil como en años anteriores pese a la continua construcción de nuevas centrales térmicas e hidráulicas… El Gobernador sigue desgranando el rosario de penalidades y carencias que aquejan a la España de la posguerra pese a los ingentes esfuerzos del Régimen que, bajo la suprema dirección del Caudillo, terminarán por convertir a la nación en un país que será la envidia del mundo entero, pero mientras llegue ese día habrá que apretarse el cinturón, por lo que planes tan ambiciosos y con tanto futuro como el presentado tendrán que esperar a que llegue su momento.
   Cuando Gimeno le cuenta el resultado de la visita al Gobierno Civil, Lola más que consolar a su marido puntualiza:
- No quisiera repetir esa frase tan odiosa de ya te lo dije, José Vicente, pero tal y como presumía hemos cometido un doble error: primero, presentar un plan para el que el país, y en eso estoy de acuerdo con el Gobernador, no está preparado todavía, y segundo, acompañar a Fernando en la presentación. Tendrías que haberle mandado solo, así hubiese sido el único en estrellarse. Deberías de hacerme más caso y no cazar con tanta alegría, aunque también podemos extraer una lección: hay que analizar con más detenimiento los asuntos que vayan a presentarse al Gobierno Civil. 
- Bueno, amor, lo hecho ya es historia. Lo importante ahora es estudiar qué vamos a hacer porque la mayoría de nuestros planes giraban en torno al proyecto de industrialización.
- Lo que hay que hacer ahora es sentarse y esperar a que cambie la situación, que mejoren las cosas, que la economía funcione, que todo vaya normalizándose.
- Pero eso puede durar años.
- Es posible, pero ¿por qué darnos tantas prisas?, si el que manda en el pueblo ya eres tú.
- Sí, pero mandar por mandar no tiene mucho sentido. Se supone que los que tenemos poder es para usarlo en beneficio de los ciudadanos y para eso hay que hacer obras, actuaciones, planes; en fin, que la gente vea que nos movemos – arguye Gimeno.
- En teoría supongo que será así, pero ese principio habría que matizarlo. Se pueden y se deben hacer proyectos cuando hay medios para ello, pero si no los hay lo mejor es esperar a que cambie el signo de los tiempos. No hay nada más frustrante que comenzar una obra y dejarla a medias porque se han agotado los fondos. En la situación actual mi opinión es que hay que aplicar la máxima que preconizaba San Ignacio de Loyola: en tiempo de desolación nunca hacer mudanza.
   Lola tiene razón, al menos en parte: su marido se ha convertido, de la noche a la mañana, en el nuevo cacique. El viejo, Benjamín Arbós, sigue teniendo influencias y amigos, pero poder, lo que se dice poder, lo tiene todo Gimeno. Es el jefe local y, en la práctica, también ejerce de alcalde por persona interpuesta. Eso quiere decir que tiene todos los resortes del poder político en su mano. En el plano profesional, aunque teóricamente tiene un superior por encima de él, como secretario de la cooperativa agrícola es quien hace y deshace en los asuntos agrarios de la localidad, que es tanto como decir que también es quien maneja la economía local. A través de Bosch, sino decide sí influye igualmente en los asuntos del coto arrocero. El juez lo ha designado él y por mucho que Lapuerta sea un hombre independiente le debe el cargo. Hasta el párroco, mosén Bautista, que es bastante cazurro y le gusta muchísimo el poder, ha sabido entender que a quién hay que bailarle el agua es a José Vicente. Al fin, y gracias en buena parte al maquiavelismo que ha sabido desplegar Lola, es el número uno. Su esposa es la primera en ser consciente de ello, por eso con motivo de su onomástica elabora una tarta, con la ayuda de su amiga Fina, en la que se puede leer: JV number one.
- ¿Y eso qué quiere decir? – pregunta Fina.
- Literalmente, número uno. En otras palabras, que quien manda de verdad en el pueblo es José Vicente.
- No hacía falta que lo pusiéramos en la tarta, eso lo sabe hasta el último gato.

viernes, 31 de julio de 2015

6.11. Cariño, eres un genio



    Tras el cambio de impresiones entre José Vicente y Lola sobre el candidato buscado para relevar a Vives, él se marcha a la cooperativa y ella a la Moda de París. Uno de los acuerdos que tomaron antes de casarse fue que, mientras no llegaran los hijos, ella seguiría ayudando a su madre en el modesto establecimiento de modas. Realmente hace más que ayudar, es Lola quien lleva prácticamente el negocio. Las tareas de la casa nunca le gustaron demasiado y, por el momento, cuenta con una muchacha, Laurita, que se encarga de los trabajos más rudos. Continuar tratando a las clientas le permite mantener un contacto fluido con el mujerío local, aspecto a cuidar por parte de la esposa de quién se ha convertido, prácticamente, en el cacique del lugar.
   Cuando a mediodía Gimeno vuelve a casa, tras dar un par de besos a su mujer le cuenta lo que ha pensado sobre como arropar al candidato a alcalde que han elegido con concejales idóneos:
- Lola, ¿sabes en quién he pensado cómo posible concejal? En Julio Bosch. ¿Qué te parece?
- Le tengo poco tratado, pero, hasta donde sé, creo que tiene muchos de los perfiles que dibujamos para los candidatos. Lo que ya no sé es si será de los que termine creyéndose que un concejal manda. También desconozco de qué pelaje es su mujer.
- A él le conozco bastante bien. Es hombre tranquilo, serio, poco dado a ponerse plumas y más bien apolítico. En el pueblo tiene fama de buena gente y está bien considerado, tan es así que ostenta el cargo de vicepresidente de la comunidad de regantes del coto arrocero. Si contáramos con él tendríamos el apoyo, al menos indirecto, de los arroceros. En cuanto a su mujer, la verdad es que poco puedo decirte de ella. 
- En principio me parece un buen candidato. De su mujer no te preocupes, ya me encargo de enterarme de dónde le aprieta el zapato. ¿Has pensado en más gente?
- Sí, pero no acabo de decidirme.
- En cuanto a Bosch, ¿piensas hablar en seguida con él?
- De momento no le diré nada. No sea que comience a correr el rumor y la liemos. Voy a esperar a hablar con el Gobernador a ver qué me dice. No sea también que Germán se haya pasado de revoluciones y tengamos una desagradable sorpresa. ¿No lo ves así, Lola?
   Como le sopló el secretario de la Jefatura Provincial, Gimeno es convocado a Valencia y el Gobernador, sin demasiados preámbulos, le comunica que ha resuelto nombrarle alcalde. José Vicente, que ha preparado exhaustivamente la entrevista al alimón con su mujer, explica a su jefe que, naturalmente, está a disposición de lo que ordene el mando, pero que entiende que sería más oportuno, en estos momentos, que los dos cargos más importantes de la localidad no concurriesen en la misma persona. Por eso se permite el atrevimiento de proponer el nombre de una persona de absoluta confianza política, un hombre de derechas de toda la vida, y que tiene buena fama y mucho prestigio en el pueblo. Responde de él y le garantiza al jefe que si le designa alcalde se acabarán los problemas políticos en Senillar. Termina convenciendo al preboste y sale del Gobierno Civil con su propuesta aceptada. Inmediatamente se pone a trabajar para reunir a un equipo de concejales lo más compacto y aparente posible. Al pensar en ello a Gimeno se le ocurre otra idea:
- ¿Sabes qué he pensado, cielo? Que voy a hablar con Lapuerta a ver si le convenzo para que acepte formal parte del nuevo Ayuntamiento como concejal.
- ¡Caramba, José Vicente, esa si qué puede ser una buena jugada! Don Manuel es el hombre con mayor prestigio en el pueblo. Nunca habría pensado en él.
- Ya ves que tu marido está haciendo progresos.
- Y es bien cierto. Aunque te adelanto que no te va a resultar fácil convencerle. Don Manuel es un hombre complejo. ¿Sabes qué decía de él aquel maestro del que te hablé?, que era uno de los espíritus más libres que había conocido, pero que también era un hombre lleno de contradicciones.
- De todos modos lo voy a intentar, todo será encontrarle una gatera por donde entrarle.
   El médico, como apuntó Lola, resulta un hueso duro de roer. A los argumentos que esgrime Gimeno, les da la vuelta con absoluta facilidad. No está dispuesto a servir de corifeo a un alcalde que, como sabe perfectamente, no será más que un títere en manos del joven político. José Vicente está a punto de abandonar su intento cuando recuerda algo del historial del médico que puede ser el portillo por donde penetrar en su fortaleza. Ya que no concejal tratará de persuadirle de que forme parte del poder local en otro puesto.
- Pues me das un disgusto al no aceptar, Manolo, pero respeto tu decisión, aunque, si he de serte sincero, no comparto muchos de los argumentos que expones. Y puesto que no concejal, le harías un gran favor al pueblo si aceptases ser juez.
   Lapuerta ya fue juez del pueblo antes de la guerra civil y nunca ocultó que no le importaría volver a serlo, le gusta y lo considera un cargo en el que se puede ayudar a la gente.
   En cuanto regresa a casa, a Gimeno le falta tiempo para dar a su mujer la buena nueva:
- ¡Albricias, Lola, lo conseguí en parte! Acabo de fichar al médico, pero para juez. Solo nos faltan tres nombres para completar el equipo. Uno de ellos he pensado que podría ser un Almiñana. Por un lado le pago los favores hechos y al mismo tiempo tendremos a nuestro lado una de las familias más largas del pueblo.
- Fantástico. A mí se me habían ocurrido dos nuevas posibilidades, a ver que te parecen. Opino que tendrías que proponer a un hombre de la confianza de los Arbós. Eso cubriría el flanco del clan y no alteraría el poder real en el Ayuntamiento. Siempre dices que los concejales poco o nada pueden hacer acerca de las decisiones que tome el alcalde.
- Cariño, eres un genio. El día que me dijiste que sí me toco una quiniela de catorce.
- No me adules tanto que me lo voy a creer. La segunda persona que te propongo espero que merezca tu placet. ¿Qué te parece el nombre de José Vicente Gimeno para concejal?
- ¿Yo, concejal? – El asombro de Gimeno es patente -. Me convenciste para no ser alcalde, ¿y ahora pretendes qué sea concejal? Eso es un contrasentido.
- Lo he pensado muy detenidamente. Antes sabías de lo que se trataba en el Ayuntamiento porque Severino Borrás te lo contaba y también te informaba de cuánto se decía en el grupúsculo de los amigos de Vives. Ahora esperemos que sea Marín quién te cuente lo que se dice y se hace en la corporación, pero no podremos estar seguros si nos dice todo lo que hablan de forma oficiosa o fuera de los plenos. En cambio, si formas parte del Ayuntamiento estarás al cabo de la calle de todo. Dicho de otro modo, será mejor estar dentro del consistorio para poder controlar más eficazmente todo cuanto ocurra. Además, así podrás vender a Fernando y al resto de concejales que la mejor demostración de que estás con ellos al cien por cien es que serás uno más del equipo. Otro dato a tener en cuenta es que puede ser una excelente escuela para aprender de manera directa cómo se maneja el Ayuntamiento.
   Algunos días después se constituye el ilustrísimo Ayuntamiento de la villa de Senillar, con la siguiente composición:
Alcalde-Presidente: Fernando Marín
Concejales: Diego Almiñana
                     Julio Bosch
                     José Vicente Gimeno
                     Antonio Vidal

   El pueblo ha entrado en una nueva era, al menos desde una perspectiva política, y en esa era el matrimonio Gimeno-Sales son los indiscutibles reyes.