martes, 9 de junio de 2015

5.10. El trayecto Senillar-Valencia



   En el café de Alejandro el Pipa el tema central de las tertulias, una vez terminada las cotidianas partidas, es casi siempre el mismo: el fútbol. Los que escucharon el partido por la radio cuentan a los demás tertulianos el triunfo del Real Madrid en la Copa del Generalísimo, al ganar por tres a uno al Valencia en el estadio barcelonés de Montjuich. Aunque en esa tarde del verano del cuarenta y seis las noticias que suscitan más comentarios son dos de alcance económico puesto que afectan a todos los bolsillos. Una es que, a primeros de julio, el Consejo de Ministros acuerda aumentar el racionamiento del pan empezando por las cartillas de tercera categoría.
- ¿Y de cuánto es la subida?
- Según el periódico, la ración sube a doscientos cincuenta gramos.
- Pues tampoco es que se hayan estirado mucho.
- Bueno, también dice el Gobierno que esa cifra podrá aumentarse en la medida que la cosecha de trigo mejore.
- Si es que con la jodida sequía llevamos unos años con unas cosechas que no alcanzan para nada.
- Habrá que dar por descontado que el pan del racionamiento seguirá sin ser blanco.
- ¡No te fastidia, pues claro! El que quiera pan blanco ya sabe adónde tiene que ir a buscarlo, a casa de los estraperlistas.
- Que seguirán haciéndose de oro. Y los que vivimos de un sueldo continuaremos pasándolas moradas para terminar el mes – se queja Clavé el telegrafista que, como casi todos los asalariados, se las ve y se las desea para salir adelante.
   La otra noticia económica es que la gasolina deja de ser un producto sujeto a estricto racionamiento y se decreta su libre comercialización. El precio de venta del combustible se fija en dos pesetas por litro y ese coste, que se considera escandaloso, es el que provoca la diatriba que está soltando Pepe Traverso, uno de los transportistas locales:
- No hay derecho. ¿Cómo tienen los santos huevos de poner la gasolina a dos pesetas? Con el combustible a ese precio, ¿a cuánto tendremos que subir los portes? Estos desgraciados se van a cargar el transporte por carretera. Claro, lo que les interesa es otra cosa...
- ¿Y qué es esa otra cosa? – pregunta uno.
- Os lo voy a decir: lo que le interesa al gobierno es favorecer el transporte por ferrocarril, por eso la subida escandalosa de la gasolina y el gasoil.
- ¿Y por qué le tiene que interesar al gobierno favorecer al tren?
- ¡Joder, pareces tonto! El motivo es más claro que el agua. ¿Quiénes son los propietarios de los camiones? Pues pequeños empresarios como yo, que a partir de ahora se las van a ver putas para poder sacar su negocio adelante. En cambio, ¿quién es el propietario de la RENFE? El gobierno. La cosa está más clara que la luz del día.
   Superando a esas noticias, lo que de verdad ha encendido de entusiasmo al pueblo es que el mejicano Carlos Arruza ha vuelto para torear por segunda vez en las fiestas de agosto. El día anterior a su visita lidió una corrida en Valencia y uno de los morlacos le pegó un puntazo en el pecho del que aún se resiente. Previendo que no pueda trastear al novillo que le han preparado, ha venido acompañado de otro matador, Julio Pérez el Vito, a quien acaba de dar la alternativa. La plaza revienta de personal, no cabe ni un alfiler en los carros que conforman el ruedo y en los balcones y ventanas que dan al rústico e improvisado coso. El diestro mejicano se ha convertido en el ídolo local por excelencia. La pasión levantada el año anterior es una nimiedad comparada con el paroxismo y la locura que ha despertado este año. Carlos ha tenido un detalle más: aprovechando que ha venido de Méjico su mamasita, como cariñosamente la llama, la ha convencido de que rompa el tabú, que se ha autoimpuesto su madre, de no ir a la plaza cuando su hijo es uno de los que forman el cartel. Doña Cristina Camino estará en el coso viendo torear a su hijo por primera vez. La sientan en el palco del Ayuntamiento, entre Fermín de Belda y Paco Vives. Las faenas de los diestros, que visten traje campero, resultan flojillas, pero ambos reciben los máximos trofeos entre olés, vivas y bravos. Las palmas echan humo y si fuera por los espectadores los toreros hubiesen dado un millón de vueltas al ruedo. Antes de marcharse los miembros de la comisión organizadora del evento le insisten al matador que el próximo año le esperan y que le van a montar una fiesta hispano-mejicana por todo lo alto, van a traer hasta mariachis y una vocalista que canta rancheras mejor que Jorge Negrete.                                                         

   La carretera nacional que atraviesa el pueblo, y gracias a la cual han conocido al diestro mejicano, es motivo de orgullo para los lugareños que alardean de que su pueblo tiene buenas comunicaciones. En la realidad no lo son tanto. Solo dos transportistas realizan pequeños portes a los pueblos cercanos y a la capital. Y únicamente un par de empresas de transportes prestan servicios de viajeros entre el pueblo y la capital. Hay otro medio de comunicación: el ferrocarril, pero a la gente los aproximadamente ochocientos metros que separan el centro de la villa de la estación les parece una considerable distancia; el resultado es que pocas personas utilizan el tren, solo los familiares de aquellos que trabajan en la RENFE. En cambio, el coche de línea, como el pueblo llano denomina al autobús que enlaza el pueblo con la capital, sale del mismo centro de la localidad, de las Cuatro Esquinas, que junto con la Plaza Mayor conforman el corazón de la villa. Por eso es habitual la escena de hoy. Apenas faltan unos minutos para que el reloj del campanario marque las ocho de la mañana, pero ya hay un grupo de personas que aguarda la llegada del coche de línea que cubre el trayecto Albalat-Senillar-Valencia. La mayoría son adultos que van al mercado que los lunes se celebra en la capital. Es el más popular de la provincia, tanto que cuando se dice voy al mercado todos sobreentienden de cual hablan. De ahí que los lunes, los autobuses de primeras horas de la mañana con destino a la ciudad van abarrotados. En el mercado hay, básicamente, dos zonas netamente diferenciadas: la de ropa, complementos y cachivaches y la de frutas y verduras. En la zona de ropa se pueden encontrar prendas de marca de temporadas anteriores o con alguna tara a precios muy baratos, o ropa sin marca aún más económica. En la zona de las verduras, son los propios huertanos los que ofrecen sus productos, frescos y a mucho mejor precio que en cualquier verdulería. El único inconveniente que tiene el mercado es su dependencia del tiempo. Al ser al aire libre, cuando llueve todo el mundo sale corriendo, y en verano se pasa un calor casi insoportable, a pesar de los toldos tendidos entre los puestos.
   Además de la gente mayor, un reducido grupo de muchachos también espera el autobús. Son chicos que estudian en la ciudad o en el instituto de bachillerato de la vecina Benialcaide. El floreciente cultivo del boniato y el dinero que genera el estraperlo han sido los causantes de que unas pocas familias se hayan planteado darles estudios a sus retoños para que sean algo en la vida, como suelen repetir. También hay algunos poquitos padres que, aunque no naden en la abundancia, hacen un meritorio esfuerzo para que su prole tenga un título con el que ganarse la vida. En el pueblo solo se puede cursar la enseñanza primaria o el bachillerato por libre, lo que siempre resulta particularmente duro. Si se quieren realizar otros aprendizajes hay que desplazarse fuera. Una de las estudiantes que aguarda el autobús, Beatriz Villangómez, que es la mayor de todos y que está preparando las oposiciones de magisterio en una academia de la ciudad, se aparta del grupo de jovencitos que la rodean al ver acercarse a Lolita.
- Buenos días, Lolita. ¿Dónde vas?
- A Valencia, tengo que visitar algunos almacenes para reponer existencias.
- ¿Te importa si me siento contigo?
- Ya puedes imaginarte que no, Bea, pero creo que deberías hacerlo con tus amigos. Fíjate con que desconsuelo te miran en cuanto les has dejado.
- No son más que unos críos. Prefiero ir contigo y que me cuentes esas historias de cuando la guerra que sabes contarlas como nadie. Ah, terminé la novela que me dejaste, me encantó, ¡qué bonitas son las historias de amor!
- En la literatura, quizá; en la vida real, las historias de amor provocan más penas que alegrías; o sea, que de bonitas lo justito – es la amarga respuesta de Lolita.

viernes, 5 de junio de 2015

5.9. ¿Cómo he estado tan ciego?


   Gimeno no sale demasiado contento de la entrevista con el Gobernador Civil, esperaba que cesase fulminantemente al alcalde, pero no ha sido así. Por eso cuando le cuenta a Lolita como se ha desarrollado la reunión lo hace un tanto alicaído:
- Hubo un momento que creí que me había cargado a Vives, era como si tocase su cese con la punta de los dedos, pero al final, ya ves, vuelvo con las manos vacías. Ese Paco tiene siete vidas como los gatos.
- No te preocupes. Esto no ha sido más que un asalto, habrá más. Si no puedes ganar por fuera de combate, la victoria a los puntos también sirve, quizá es menos brillante, pero vale lo mismo. Es más, creo que nos ha venido bien que le haya dado una moratoria a Vives, porque... supón que el Gobernador lo cesa mañana, ¿acaso sabes quién lo va a sustituir? Podría ocurrir que nombraran un alcalde que te pusiera las cosas todavía más difíciles. ¿Te has planteado esas y otras muchas preguntas para las que tendremos que tener preparadas sus pertinentes respuestas cuando llegue la hora del relevo? No me contestes – y su sensual boca se distiende en una generosa sonrisa -, lo leo en tus ojos, no te lo has planteado y no tienes respuestas. Si te sirve de consuelo, yo tampoco. Pero sí sé que nuestra siguiente tarea es encontrar esas respuestas. Y me doy por pagada si me invitas a un café.
- No solo eres la agudeza personificada, sino que encima resultas baratísima como consejera. Con un café asunto resuelto. Vales infinitamente más que eso. Lo sé muy bien. Ya no estoy tan seguro de que lo sepan otros.
   A Lolita no le queda nada claro si la frase de José Vicente va dedicada a alguien en particular, pero prefiere no ahondar en ello. Está feliz. Ha descubierto en el juego político una insospechada palanca para desarrollar aptitudes que desconocía que atesoraba. Y le da vidilla. Mucha.
- Estoy segura de que eres el jefe más galante de toda la provincia. Me vale con un café porque tú me das más que yo a ti. Tu sinceridad, tu petición de ayuda y, ¿por qué no decirlo?, tu amistad han supuesto mucho para mí. Me han hecho sentirme viva y eso no se paga con dinero.                                                                                                                                                              
   José Vicente tiene otro frente abierto en el plano personal: Merceditas. Piensa que es estupenda, una mujer encantadora y algún día será una magnífica esposa y seguramente una madre ejemplar. Entonces, ¿por qué no acaba de gustarle? No sabe qué hacer. Le agrada, pero algo falla en la relación. No es culpa de ella, es él quien patina. ¿Por qué no es capaz de enamorarse de una jovencita que tiene tan buenas cualidades como la Estanquerita? No solo es bonita y simpática, también es discreta y con mucho sentido común. Por ahora no pasó de rondarle la calle. No se atrevió a dar el paso de hablar con el tío Genaro para entrar en casa. Con un tropezón es más que suficiente. Su prestigio quedaría dañado ante los ojos de mucha gente si volviera a repetirse lo de la hija de los Arnau. Sus dudas, sus vacilaciones, su no saber qué hacer se las resuelve de un plumazo una tarde de verano la propia Merceditas al dejarla a la puerta de su casa.
- Creo, José Vicente, que no deberías volver a buscarme.
- ¿Y eso por qué?
- Me parece que no pasaremos de ser buenos amigos.
- Las parejas necesitan tiempo para conocerse y para saber si pueden llegar a ser algo más que amigos – Gimeno está un tanto desconcertado de que sea la joven quien plantee la cuestión que él es incapaz de resolver.
- Es posible, pero llevamos hablando desde finales del año pasado y creo que ya nos conocemos lo suficiente. Me pareces muy majo y una gran persona, pero ni creo que yo sea la mujer que te conviene ni tú eres el hombre de mis sueños. Perdona que sea tan cruda, pero las cosas es mejor hablarlas sinceramente, ¿no te parece?
- Por supuesto. Aunque tengo que confesarte que tus palabras me causan una gran sorpresa. No me las esperaba – a Gimeno que sea la joven la que ha tomado la decisión de cortar su incipiente romance no deja de fastidiarle, su amor propio está tocado.
- No quisiera que te molestaras. Tienes un montón de cualidades y seguro que serás capaz de hacer feliz a cualquier mujer, pero las cosas del cariño ya sabes como son.
- Tú me gustas mucho, Merceditas.
- Y tú a mí también, José Vicente, pero para casarse creo que eso no es suficiente. Hace falta mucho más y ni tú ni yo parece que estemos dispuestos a ello. Yo, al menos, te lo digo de corazón, no me veo capaz. Por eso creo que lo mejor es que quedemos como buenos amigos, pero nada más.
   Lo que Merceditas no ha dicho a José Vicente es que días atrás mantuvo una charla con sus padres. Sus progenitores le preguntaron sobre sus sentimientos y cuando ella les contó las dudas que tenía, le aconsejaron que no era bueno que siguiera con una relación que no parecía conducir a ninguna parte. Llevaban hablando varios meses y la gente ya murmuraba. Lo mejor era que lo dejaran y cada uno por su sitio. No iban a faltarle buenos partidos.
   Desde que Merceditas le dio puerta, Gimeno se siente tocado. No porque fuera la jovencita la que tomó la iniciativa, aunque su orgullo de macho se resintió, sino porque ha vuelto a quedarse muy solo. Sabe que si la Estanquerita no lo hubiese hecho, al final hubiese sido él quien habría dado la espantada. Le gustaba la muchacha, pero no le llenaba ¿Y dónde encontrar una mujer que le llene? ¿Y si la culpa no es de las mujeres, sino suya? ¿Y si resulta que es tan raro o exigente o egoísta que no hay ninguna mujer capaz de colmar el vacío que siente dentro de sí? Interrogantes como esos se los plantea muy a menudo, y alguna que otra noche le han dado las mil y una en la cama sin poder pegar los ojos a causa de tantas preguntas y tan pocas respuestas. Lo que sí sabe es que clase de mujer le haría feliz. Hace algunos años hubiera comenzado la enumeración de cualidades deseando que fuera joven, guapa, que tuviera buen tipo, de esos que se le alegran a uno las pajarillas al contemplarlo... A partir de su vigesimosexto cumpleaños cambió de prioridades. Ahora le gustaría encontrar una mujer que fuera simpática, ocurrente, que tuviera una cierta cultura, capaz de mantener una conversación más allá del chismorreo del momento, que le comprendiera, que estuviese preparada para poder ayudarle en su carrera, que tuviese sentido del humor, que...
   De pronto, un fogonazo de luz cegadora estalla en su mente. Conoce a una mujer así, y con más cualidades todavía. ¿Cómo ha sido tan ciego? ¿Es posible que a estas alturas no haya caído en ello? ¿Por qué será tan estúpido? Tras dirigirse una retahíla de insultos se calma. Vuelve a pensar en ella. Es perfecta, perfecta, la mujer ideal... Y siente en sus entrañas como la eclosión de un germen que ya estaba allí y que de repente se despliega con una fuerza increíble llenándole por completo. De pronto descubre que si todavía no está enamorado debe de faltarle el canto de un duro, porque lo que es gustarle le gusta a rabiar. Y no solo eso, si hay una mujer por la que sienta un respeto y una admiración rayanos en la idolatría es ella. Es ella, repite una y otra vez... Hay una pega y muy grande: sabe que no le traga como hombre. Desconoce los motivos, pero se lo dejó hace tiempo muy claro: podrán ser compañeros, colaboradores y hasta amigos, últimamente lo son y de los buenos, pero como hombre no cuenta para ella. Seguramente sería con el último con el que se casaría. Parece condenado a estar tan cerca de la fuente en la que calmar su sed y no poder probar ni gota. Por un momento llega a cruzar por su cabeza la idea de hablarle de sus sentimientos, pero la rechaza, es una locura, si se lo cuenta lo único que conseguirá será perderla también como amiga. Quizá por primera vez en su vida, percibe que los sentimientos imperan sobre la razón y descubre asimismo que producen más dolor que goce. Tantos años esperando que su corazón latiera más aprisa ante la mera evocación de un nombre femenino y llegado el momento solo siente amargura, estar tan cerca de ella y al mismo tiempo tan lejos.  Esboza una sonrisa tristona, amarga, melancólica… De su soliloquio le saca la entrada de Lolita en el despacho de jefatura.
- José Vicente, he comenzado a preparar la campaña de Navidad y Reyes, ¿me puedes decir una cifra, aunque sea aproximada, de con cuánto puedo contar?
   Gimeno se queda mirando a su joven delegada con aire absorto.
- ¿Qué te pasa? ¿Tienes algún problema? ¿Puedo hacer algo por ti? – se interesa sinceramente Lolita.
   La respuesta de Gimeno es una agria carcajada.
- Qué raro estás hoy. ¿Me quieres decir qué bicho te ha picado?                         

martes, 2 de junio de 2015

5.8. ¿A qué puñetas jugáis en Senillar?



   La conversación que mantienen Lolita y José Vicente acerca de qué deberían hacer, respecto al proyecto de Vives de solicitar que se desvíe la carretera nacional que discurre por el interior del pueblo, está teniendo unos tintes de sincera profundidad desconocidos hasta ahora entre ellos, aunque la joven sigue manteniendo ciertas reservas hacia su jefe político. Por eso, cuando Gimeno dice que no solo es una mujer maravillosa sino también la persona más inteligente que conoce, Lolita se queda mirando fijamente al hombre, trata de descubrir el más pequeño signo que delate falsedad o ironía en sus palabras, pero solo ve sinceridad. Y eso le conmueve. No está acostumbrada a que la traten como una persona capaz de pensar por su cuenta y al mismo tiempo como una mujer. Y descubre que le gusta. Sabe muy bien lo qué suelen valorar los hombres en las mujeres, no hay más que observar adónde van sus miradas: a los pechos, al culo, a las piernas, a la cara y casi siempre por ese orden. José Vicente es una excepción, salvo en sus primeros contactos, en los que tuvo que ponerle en su sitio, nunca más le dirigió una mirada salaz y la trató siempre como a una igual. Recuerda que Rafael nunca se comportó así, solo veía en ella a la mujer, jamás a la persona. En la comparación gana Gimeno por goleada, aunque a los sentimientos eso les traiga sin cuidado.
- Gracias por tus palabras, José Vicente, pero como sigas así – acompaña su respuesta con una generosa sonrisa - tendré que volver a llamarte jefe. Vamos a centrarnos en la próxima reunión de Vives y su pandilla. Me contaste que tienes un topo infiltrado entre ellos. No, no quiero saber quién es, no me interesa… por el momento. Se me ocurre que podrías pedirle que en esa reunión plantease alguna sugerencia para que tomasen aquellas medidas que previamente hubiésemos estudiado. Con lo cual, seríamos nosotros quienes marcaríamos el camino a seguir y el ritmo del proceso.
- Me parece una idea cojonuda… Perdona el vocabulario, pero no se me ocurre otro calificativo más expresivo.
- ¡Ay los hombres!, siempre a vueltas con vuestros atributos. Creo que deberías sugerirle a tu topo que deje caer la idea de que, como en Valencia no les hicieron caso, lo mejor sería cursar la solicitud del desvío directamente al ministerio. El no ya lo tienen, pero a lo mejor en Madrid hay más suerte y cambia la tortilla. Si lo hacen los tendremos atrapados.
- Ya veo por dónde vas. Si llega la solicitud al ministerio lo más probable es que pregunten a Obras Públicas de Valencia qué pasa con esa petición del Ayuntamiento de Senillar, con lo cual el delegado se cabreará todavía más por haberlo puenteado.
- Muy bien José Vicente, ya le vas cogiendo el aire a las añagazas políticas. Ese es uno de los efectos que podríamos obtener. Y pudiera ser que consiguiéramos un trofeo más valioso, si el Gobierno Civil también se enterara de que el Ayuntamiento se dirige directamente al ministerio sin pasar por su filtro el rebote que seguramente cogerían nos vendría de perlas.
- Pienso que también nos interesará primar a Severino para que nos pase una copia de la solicitud que haga el Ayuntamiento.
- Excelente idea. Me siento como una Mata Hari. Te prometo que no me lo pasaba tan bien desde... – sabe perfectamente cuándo se lo pasaba bien y con quién -; bueno, desde que llevaba trenzas.
   El infiltrado de Gimeno juega sus cartas y Vives se traga el cebo con anzuelo y todo. Elaboran y envían al Ministerio de Obras Públicas una solicitud formal pidiendo la construcción del desvío. Veinticuatro horas después de su redacción, Gimeno tiene en su poder copia del escrito y de la documentación aneja que le acompaña. Su topo ha sido quien, bajo mano y con la promesa de total discreción, le ha pasado copia del expediente. Sin esperar a que desde Madrid haya respuesta, José Vicente lleva la documentación a su camarada y amigo Germán Peláez, secretario de la Jefatura Provincial del Movimiento. La ruleta del juego sucio de la política se ha puesto en marcha, solo falta averiguar quién ganará la partida.
   Transcurrido casi un mes, Gimeno es convocado al Gobierno Civil. Tras una espera de cerca de una hora, el Gobernador y Jefe Provincial le recibe. Su cara es inexpresiva, pero el tono de su voz corta como un bisturí:
- Buenas tardes, Gimeno – coge un expediente que tiene encima de la mesa y le echa un vistazo -. Te he llamado para que me expliques a qué puñetas jugáis en Senillar al dirigiros directamente a Madrid sin que en Gobierno Civil, ni en la correspondiente delegación se tenga noticias de ello. ¿Es qué no sabéis cómo funciona la administración? ¿Acaso pensáis que el Gobernador Civil es una especie de florero puesto por el gobierno de la nación como decorado? ¿Os imagináis qué pasaría si cada uno de los casi nueve mil municipios del país se pusieran a pedir obras a la administración central sin ton ni son? Pero, hombre de Dios, yo te hacía mucho más inteligente que todo eso, pero visto este expediente ya no estoy tan seguro.
   Gimeno aguanta el chaparrón lo mejor que puede. En cuanto el poncio le da la primera oportunidad se apresura a explicarle que los documentos, que el Gobernador ha arrojado encima de la mesa, los aportó él precisamente para subsanar una falta, en su opinión imperdonable, del Ayuntamiento de Senillar y en la que la jefatura local no ha tenido ni arte ni parte. Cuenta al jerarca la historia del proyecto y de cómo se enteró del mismo por casualidad. En el momento que tuvo noticia cierta de la falta de lealtad del alcalde hacia la jerarquía, se apresuró a hacer llegar la documentación a la provincial. A él también le ha dolido profundamente el hecho, que es prueba de una carencia total de fidelidad hacia los principios de Falange y de que se hayan saltado la cadena de mando. Actuaciones así jamás las hubiese realizado un verdadero falangista.
- Bien..., perdona mis exabruptos de antes, Gimeno, pero estos chicos de la secretaría no siempre me lo cuentan todo correctamente. No sabía que te habías limitado a denunciar el hecho, creía que también eras partícipe de esta..., no sé cómo tipificarla.
- Lo entiendo, camarada, y no hay nada que perdonar. Me considero, ante todo, un hombre de partido y jamás hubiese consentido que este disparate se llevase a cabo de haberlo sabido. Esto se ha producido porque, como antes afirmaba, lo han llevado a cabo individuos que no sienten nuestro ideario.
- Sí, pero el alcalde también es afiliado. ¿Cómo alguien con carné se mete en aventuras que pueden salirle tan caras?
- Esa es la cuestión, camarada. El alcalde es un afiliado de pacotilla. Le daría igual tener el carné de socio de un club de fútbol. No es un falangista auténtico. Solo es un comerciante que hizo mucho dinero con el mercado negro y que cree que todo vale. Actúa como los nuevos ricos y está convencido de que el dinero abre todas las puertas. Por eso hace lo que hace.  
- ¿No hay ninguna duda de que la iniciativa de esta descabellada petición ha partido del alcalde? ¿Cómo se llama? – hojea el expediente -. ¿Ha sido Vives el autor?
- Hasta dónde he podido averiguar parece que sí. Y, naturalmente, la solicitud lleva su firma.
- Te pregunto esto porque ya sabes lo que pasa en los pueblos. Siempre hay un listo, con intereses personales, que coge al alcalde de turno, que en muchos casos es medio analfabeto, y le calienta la cabeza sobre lo interesante que sería realizar tal o cual obra. Convence al pobre hombre y le hace firmar lo que sea. ¿Ha podido pasar algo de eso en este caso?
- No lo creo, camarada. Francisco Vives no es hombre de estudios, pero tampoco es un ignorante y sabe pensar por su cuenta. Lo que le ocurre es que pretende gobernar el pueblo como si fuera un cacique de los años veinte, de aquéllos contra los que clamaba tu paisano Joaquín Costa. Cree que el Estado Nacionalsindicalista no es más que una mera formulación retórica. Está convencido de que todo vale y de que la cadena de mando no es más que un estorbo. Yo sufro en mi jefatura actuaciones de ese tipo constantemente, que no te he denunciado porque sé que tienes asuntos mucho más importantes que resolver y no vas a perder tu valioso tiempo en enmendarle la plana a un alcalde de pueblo.
- Pues quizá hiciste mal, Gimeno. La prudencia es una virtud, pero si hubiésemos intervenido antes, actuaciones tan desordenadas como ésta acaso no se hubiesen producido.
- Tienes toda la razón, camarada, pero de verdad me da no sé qué venirte con cuentos de esa índole. No sé si te acuerdas, pero hace un tiempo ya hubo un problema con motivo de la puesta en marcha del coto arrocero y en aquel momento tuve que recurrir a ti porque se trataba de lo que consideré un auténtico golpe de mano contra el partido.
- Siii, algo recuerdo – no recuerda absolutamente nada, pero lo del coto le suscita otra cuestión -. Por cierto, y a propósito del arroz, quiero felicitarte por tu magnífico informe sobre el aumento de la producción cerealista en Senillar. Se lo he mostrado a más de un jefe local poniéndolo como modelo de buen hacer. Y te lo adelanto: te he propuesto al Ministerio de Agricultura para que te concedan la medalla al Mérito Agrícola. Enhorabuena por adelantado.
- Muchas gracias, jefe. Mi única aspiración es servir al partido y a la patria con total entrega. En cuanto a lo del expediente del desvío, ¿quieres que haga alguna gestión? – Gimeno teme que el jefe se haya olvidado de por qué está allí.
- No, no hace falta. Ya me encargo de tirarle de las orejas al cantamañanas de tu alcalde y de hacerle saber que de ésta se va a librar, pero que va a ser su última oportunidad. Puedes retirarte. 
- A tus órdenes, camarada. ¡Arriba España!