martes, 19 de mayo de 2015

5.4. ¡Qué listo eres, Paco!



   Consumada la boda de Rafael y Pepita, y tras hundirse anímicamente, Lolita ha decidido que hay que tirar adelante, que el mundo sigue dando vueltas, que lamentarse solo conduce a la desesperación y que la nostalgia solo produce melancolía. Puesto que el negocio de la tienda le exige poco esfuerzo y se sabe su mecánica de memoria, se entrega de lleno a sus otras actividades y la más importante es dirigir la delegación de la Sección Femenina. Como es mujer orgullosa se esfuerza en disimular el impacto que ha sufrido, cree que lo ha conseguido, en realidad no es así. A ninguno de los que la conocen bien y la tratan a diario se les escapa el mal momento por el que atraviesa. Y sin que se pongan de acuerdo, todos adoptan parecida actitud: la de no mencionar nada de lo ocurrido. Hay una excepción: su amiga Consuelo, que siempre le tuvo envidia.
- ¿Sabes que se cuenta del por qué se han casado tan precipitadamente el Rafa y la tontorrona de Pepita?
- No tengo ningún interés en saberlo, Consuelo, pero mucho me temo que, de todas formas, me lo vas a contar.
- Pues sí, y te voy a hacer un favor contándotelo porque es un triunfo para ti. Aseguran que el sietemachos de tu exnovio le ha hecho un crío.
- No me interesa nada de lo que le pase a Rafa. Por favor, vamos a cambiar de conversación – pide con un hilo de voz porque la noticia ha sido otra puñalada.

   En el pueblo, el grupo de Paco Vives y sus amigos sigue empecinado en ganarle la partida política a Gimeno. En ese contexto, uno de los incondicionales del alcalde, Jaime Rúas, le ha sugerido que sería una provechosa reforma para Senillar si consiguiesen que Obras Públicas hiciese un desvío de la carretera por fuera de la población. Cada día hay más tráfico y la travesía de tanto automóvil por la localidad ocasiona un sinfín de problemas, especialmente por los camiones que cada vez son de mayor tonelaje. Hay un par de curvas, las que están a la entrada y salida de la Plaza Mayor, que son francamente peligrosas porque forman ángulos de noventa grados y parte de una de las calles es muy estrecha, tanto que algún balcón se ha ido al suelo destrozado por un camión. Además, a medio y largo plazo el desvío reportaría nuevos ingresos para el pueblo porque a ambos lados del mismo se podrían construir gasolineras, restaurantes, bares, talleres de reparaciones; en fin, toda una serie de establecimientos que darían trabajo y serían fuente de nuevos ingresos.
- Oye, pues no se me había ocurrido – admite Vives -. Me parece que es una excelente idea. Lo que pasa es que construir un desvío costará un montón de duros y ya sabes que las arcas municipales están llenas de telarañas.
- Al Ayuntamiento una obra así prácticamente no le costaría un duro.
- ¡Coño, Jaime, me lo estás poniendo de dulce! ¿Cómo que no costaría un duro?
- Porque esas obras las financia el Ministerio de Obras Públicas.
- ¡Joder, si es que últimamente estoy atocinado! Pues claro. Las carreteras las construye Obras Públicas y, por tanto, los desvíos también. ¿Y eso cómo se logra, qué gestiones hay que realizar?
- Exactamente no lo sé, pero supongo que lo primero será hablar con los de la Delegación Provincial de Obras Públicas y luego me imagino que vendrá la fase del papeleo, las solicitudes, los informes, los permisos y todo eso.
- Estoy pensando que si se hace un desvío se tendrán que expropiar fincas. Eso seguro que no le va a gustar al personal.
- Depende de qué clase de fincas. Si lo que te expropian son huertos y campos de regadío te hacen la santísima, porque el justiprecio de las fincas nunca llega a su valor real. Pero si te expropian tierras de secano entonces hasta puede ser un negocio porque la indemnización que te ofrecen suele ser mayor que lo que valen en el mercado.
- ¿Y por dónde iría el desvío?
- Eso lo deciden los ingenieros, pero ya te adelanto que tendrá que ir por el oeste del pueblo; es decir, por la zona del Calvario porque por el lado contrario está la vía del tren.
   El alcalde comienza a repasar mentalmente qué clase de fincas hay en esa parte del pueblo, justo entre el límite de las casas y las colinas que contornean la zona de poniente. La mayor parte de ellas son de secano, campos de almendros y algarrobos, pero hay algunos huertos. Va recordando quiénes son sus propietarios y una sonrisa de tahúr se pinta en sus labios.
- Varias de las fincas que hay por esa parte y que son de regadío pertenecen a algunos de los cabrones que nos jodieron el proyecto de las fábricas.
- En efecto. Y ahora podríamos devolverles la pelota.
- Jaime, sabía que tenías buena cabeza, pero no que hilaras tan fino… - y alzando la voz llama -. Asunción, saca el coñac francés que nos regalaron que vamos a tomarnos unos copazos.
   Vives convoca a sus partidarios para que escuchen la idea de Rúas y aporten sugerencias y críticas. Se oye de todo, quienes están a favor y quienes en contra, pero poco a poco las posiciones se van decantando.
- Yo creo que es una buena idea.
- Pues a mí no me gusta nada, me pueden joder el algarrobal que tengo junto al cerro de Matagats – se lamenta uno de los asistentes.
- No tienes por qué inquietarte, Pau, te prometo que si el desvío pasa por lo tuyo te conseguiré una tasación superior al valor de la finca – Vives trata de tranquilizarle y al tiempo evitar que haya más protestas de esa clase porque hay otros que están en el mismo supuesto.
- ¿Acaso eres tú quién va a fijar las indemnizaciones? – pregunta desconfiado el llamado Pau.
- Por supuesto que no voy a ser yo, las fijará el Ministerio, pero te garantizo que hay muchas maneras de llegar a un acuerdo para que ninguno de los que tengan fincas, sobre todo de secano, pierda un solo duro, más bien lo ganará – Vives sigue tratando de desactivar el flanco de los propietarios que pudiesen verse afectados por el hipotético desvío.
- A mí no me importaría tocarles los huevos a los hijos de puta que arruinaron lo de montar las fábricas de cerámica.
- Yo el plan lo veo bien porque será bueno para todos, se tengan o no fincas por las que vaya a pasar el desvío.
   Esa es la opinión que, con matices, se va imponiendo en el grupo. El proyecto debería de seguir adelante, al menos tendrían que intentarlo. 
- Estoy de acuerdo con las últimas cosas que se han dicho. Deberíamos de llevar adelante la idea, porque suponiendo que el Ministerio dijera que no, quedaría en la gente la impresión de que el único que se preocupa verdaderamente por sus intereses es Paco. El tanto político que se apuntaría valdría un imperio – matiza Rúas resumiendo la opinión más generalizada.
- Déjame matizar eso último, Jaime – precisa el alcalde -. Quien se preocupa por el pueblo no solo es Paco Vives, también son sus amigos… - Tras la pausa echa una ojeada a su alrededor y pregunta -. Entonces, ¿estamos de acuerdo, lo pedimos a Obras Públicas?
   La opinión es unánime a favor del proyecto. Ahora hay que pasar a la siguiente etapa: la de la engorrosa burocracia.
- ¿Y qué es lo primero que habría qué hacer?
- Yo creo – contesta el padre de la idea – que Paco o la persona que designe tendría que ponerse en contacto con la Delegación de Obras Públicas y…
- Jaime – le interrumpe Vives -, ¿primero no tendría que reunir el pleno del Ayuntamiento para que aprobase la solicitud?
- Pienso que antes de reunir el pleno, cosa que en su momento habrá que hacer, tendríamos que hablar de manera oficiosa con los de Obras Públicas para sondearles si el proyecto es factible, si hay financiación, en qué presupuesto podría incluirse la obra, qué debería de aportar el Ayuntamiento; en resumen, los aspectos más importantes que podría conllevar la obra.
- Oye, Jaime, ¿y si los del Ministerio contestan que no?, ¿qué hacemos?
- Si dicen que no al proyecto – contesta rápido Rúas como si tuviese preparada la respuesta -, cosa que puede ocurrir, deberíamos de hacer lo que dije antes: difundir la petición hecha para que la gente vea que nos ocupamos de sus intereses. No tendríamos la obra, pero ganaríamos puntos.
- Se me ocurre algo – interviene Vives – para completar lo último que ha dicho Jaime. Si nos deniegan el plan, tendríamos que dejar correr el rumor de que Obras Públicas ha denegado el proyecto porque los principales propietarios de las fincas de regadío que iban a ser afectadas se oponen al mismo. Y todos sabemos quiénes son esos propietarios.
- ¡La leche, qué listo eres Paco!  – aplaude el pelota de turno.

domingo, 17 de mayo de 2015

*** 5000



La pasada semana el blog rebasó holgadamente la cifra de las 5000 páginas vistas. Digo lo de siempre: ya sé que no es una cifra espectacular, pero para un blog que solo es soporte de una novela por entregas, de un casi octogenario y desconocido autor, tiene su pequeño mérito. Como lo tiene el que el blog ha sido abierto desde 42 países.
Larga y feliz vida a todos los internautas que lo leen.

viernes, 15 de mayo de 2015

5.3. ¡Viva los novios!



   Águeda y Maruja no acaban de ponerse de acuerdo en los detalles sobre la inminente boda de sus hijos Pepita y Rafael. Águeda es partidaria de realizar el banquete en plan casero, en cambio Maruja opta por encargar la comida a algún restaurante. Ante la  insistencia de Maruja en su opción, Águeda saca a relucir su talante cicatero:
- ¿Pero estás loca? Eso nos costaría una fortuna. Bastantes gastos tenemos como para tirar el dinero trayendo gente de fuera y que vaya usted a saber cómo servirán el convite. En cambio, lo de celebrarlo en el almacén no me parece mal. Y sobre la comida ya estuve pensando en ello, creo que podíamos encargar unos langostinos de Vinaroz y luego jamón serrano del bueno, de Teruel, con eso y unas croquetas muy ricas que va a preparar mi cuñada Catalina ya teníamos unos entremeses muy apañados. Y como plato fuerte, encargarle a la Torrafabes que nos prepare unas paellas y luego chuletas de lechal que Rita, la de la carnicería de la plaza, ya me ha dicho que nos las pondrá a buen precio. Y de postre fruta, que esa no necesitamos comprarla, y pastelitos de boniato y almendraos que mi sobrina Anabel los hace muy buenos. La tarta se la encargaremos a Martínez, el de la panadería de la calle Loreto. Y para rematar café del de verdad y licores. Ah, se me olvidaba, y puros, que esos corren a cargo del Braulio, ya le encargó al estanquero unos puritos canarios que se ve que son cosa fina. Un banquetazo de categoría, vamos.
- Vaya, veo que lo tienes todo muy pensado, pero hasta ahora no me habías dicho ni media palabra – Maruja no puede ocultar su despecho.
- Es que del convite es la primera vez que hablamos. Tú tampoco me comentaste lo del restaurante de Gandía. Estamos empatadas, pero estarás de acuerdo conmigo que mi plan nos va a salir mucho más económico que el tuyo.
- ¿Y quién va a servir las mesas?
- ¡Qué pregunta! Para eso está la parentela. Tus hermanas, mis cuñadas, nuestras sobrinas, las amigas. No va a faltar quien nos ayude, no te preocupes.
- Todo lo que cuentas me parece bien – Maruja esgrime su diplomacia de andar por casa, pero no cede -. Lo tienes muy pensado, ¿pero no crees que sería mucho más cómodo que encargáramos la comida a unos profesionales y que nos despreocupásemos del asunto? Costaría más, de acuerdo, pero las dos tenemos un solo hijo y no volveremos a tener que preparar otra boda. Si no nos gastamos los cuartos ahora, ¿cuándo vamos a hacerlo?
- Mira, Maruja, estamos de gastos hasta las cejas. Si vosotros no os hubieseis emperrado en que la pareja debía de tener su propia casa, ahora estaríamos en disposición de poder afrontar el desembolso que podría suponer encargar el banquete a ese restaurante del que hablas, pero después de lo que nos ha costado montarles la casa y el negocio ya no podemos malgastar ni un duro más. Por lo tanto, tendremos que conformarnos con lo que hay. Además, ¿tú sabes cómo nos iban a criticar si encargáramos la comida a gente de fuera? Quita, quita, que bastante estamos dando que hablar con una boda tan precipitada – contraataca Águeda.
   A Maruja no le queda otra que ceder. Hablar del convite lleva de la mano a referirse a la lista de invitados y en ese punto las consuegras vuelven a trabarse de cuernos. Paradójicamente se da el caso contrario: Águeda quiere invitar a medio pueblo, mientras Maruja opta por un número de invitados mucho más reducido. No se ponen de acuerdo y, como ninguna cede, al final llegan a una solución de compromiso: cada familia hará su particular lista y pagará el gasto de sus invitados.

   El cura termina de echar las bendiciones a los contrayentes y, tras darles la mano para que se la besen, se retira a la sacristía acompañado por los monaguillos. Pepita y Rafael ya son marido y mujer. Civilmente lo eran desde el día anterior, cuando fueron al juzgado municipal donde el secretario les hizo firmar los prescriptivos documentos y les entregó el correspondiente Libro de Familia. Los desposados salen de la iglesia en cuya puerta les esperan los invitados y, algo más apartados, los inevitables corrillos de curiosos formados en su mayoría por mujeres. Las comadres no quieren perderse un solo detalle de cómo van vestidos los recién casados, especialmente la novia, lo que dará tema de conversación durante varios días.
   La recién desposada luce un vestido recargado de bordados y puntillas que le han confeccionado en Valencia, con una cola considerable que se lleva todo el polvo que hay entre su casa y la iglesia pues la costumbre del pueblo es que ambos novios vayan a pie de su casa al templo. El novio lleva un traje como nunca se había visto allí: una chaqueta de esmoquin conjuntada con unos pantalones a rayas negras y una flor blanca en el ojal. El padrino es el tío Braulio que va embutido en un flamante terno que parece tener dos tallas menos de las que necesitaría porque se le ve muy incómodo. La madrina es Maruja que luce un floreado traje de seda y una añeja mantilla que casi le llega al borde la falda. De los cuatro protagonistas del casorio da la impresión de que es la que más lo está disfrutando, ¡lleva tantos años anhelando ese momento!
   La boda es por todo lo alto. Hacía años que en el pueblo no se veía un dispendio como el que los padres de los contrayentes han derrochado. En el banquete no ha faltado de nada, y después del café y los licores el tío Braulio ha pasado con una caja de puros canarios repartiéndolos entre los hombres. Luego los novios han ido de mesa en mesa departiendo con familiares y amigos. Cada vez que se acercan a un grupo suenan los gritos de rigor: ¡viva los novios!, ¡que se besen, qué se besen! Los recién casados no llegan al final del convite, tienen que coger el correo de Barcelona donde estarán unos días y de allí volarán a Palma de Mallorca donde completarán su luna de miel. Antes de su partida, la madre de la novia hace un aparte con su flamante yerno y, con muchos remilgos y frases plenas de doble sentido, le pide que tenga cuidado en las relaciones con su hija, que procure hacer las cosas que los maridos hacen a sus mujeres con la mayor ternura posible porque como su chica está en estado un proceder brusco podría hacerle daño. No le pide que no la toque, que eso ni quiere ni puede decirlo porque ahora es su mujer y le pertenece, lo que le ruega es que lo haga con paciencia y cuidado. Y nada más. Seguro que van a ser muy felices porque se lleva la mejor hija del mundo y una mujer de su casa.
   Terminado el banquete, las madres de los contrayentes invitan a los comensales a ver el hogar de los recién casados. La mayor parte de los hombres no hacen caso de la invitación y siguen bebiendo, charlando y fumando, pero en cambio las mujeres van casi todas en pos de Águeda y Maruja, que les van enseñando las distintas dependencias de la casa de la pareja, el ajuar de la novia y los muchos regalos que familiares y amigos les han hecho. No les va a faltar de nada insiste la madre de la novia. Más de una invitada piensa que como se nota que tanto Pepita como Rafael son hijos únicos y que sus padres han tirado la casa por la ventana.            
   Cuando Lolita ve pasar la comitiva de la boda, de vuelta de la iglesia, y como bromean los novios con los desocupados y curiosos que desde las aceras les dan la enhorabuena, termina derrumbándose. Se encierra en su habitación, abre la gaveta del secreter, la única que tiene cerradura, y desparrama encima de la cama un puñado de fotos de cuando su noviazgo con Rafa, el único que ha tenido y que quizás tenga. Las mira una a una en silencio mientras las va reduciendo a pedacitos. Sus ojos se llenan de lágrimas que lenta y calladamente van resbalando por las mejillas, hasta que da rienda suelta a la pena que la corroe y prorrumpe en un amargo llanto. No hay dolor más hondo que el que provoca la muerte de la esperanza. Ha de echar mano de todo su coraje para no derrumbarse. Y como terapia más eficaz para no recordar y no dar vueltas como un molino a lo que ya no tiene remedio se sumerge en el trabajo.