martes, 21 de abril de 2015

4.10. ¿De verdad Senillar se moderniza?



   Llegan las fiestas de agosto y Carlos Arruza cumple su promesa: ha llegado a Senillar dispuesto a torear. El apoderado ha estado en desacuerdo con la decisión de su poderdante desde el primer momento, nunca le pareció buena idea la de lidiar un novillo en el pueblecito, pero al ver lo que allí llaman plaza de toros se le ha revuelto el estómago. El coso es un rectángulo, el que forma la Plaza Mayor, cuyo perímetro está formado por los carros de los labradores recubiertos de planchas de madera por arriba, donde se aposenta el personal, y en la parte frontal que da al albero se han colocado tablones que sirven al mismo tiempo de peldaños para subir a los cadafales, así llaman a los carros reconvertidos en tendidos, y por donde escapar de las embestidas de los astados. El albero se asienta en la carretera que atraviesa la plaza, con una ligera pendiente, y que se ha recubierto de una fina capa de arena traída de la playa. Han montado un par de burladeros de fortuna que no cree que resistan la menor acometida de cualquier morlaco. Su único alivio es el novillo que ha comprado la comisión, es de una conocida ganadería salmantina y por peso y cornamenta quizá no presente demasiadas dificultades. Aunque su gran preocupación es la asistencia médica en el caso de que su pupilo tuviese una cogida, ¡Jesús del Gran Poder no lo consienta!
   Al contrario que su apoderado, el diestro azteca parece que se lo está pasando bomba. La placita le recuerda alguno de los cosos de pueblo en los que toreó en Méjico cuando comenzaba su carrera, y sigue impactado por el cariño que le profesa aquella gente. Lo improvisado del festejo lo denota el hecho de que el Ciclón de la Tauromaquia, como le llama la prensa taurina, realiza la faena en traje de calle, con el mismo pantalón y la arrugada camisa con que viajó, pese a ello y a las condiciones de la plaza y del novillo la faena es aseada. La suerte que más aplausos provoca es cuando hace el desplante del teléfono en el que el diestro se acoda en la testuz del animal en actitud de telefonear. La ovación que sigue a la muerte del novillo es apoteósica. La presidencia le otorga las dos orejas y el rabo y hay gente empeñada en que también le den las patas. Tras incontables vueltas al ruedo, ha de ser el propio Arruza quien ponga fin a aquella vorágine de entusiasmo y delirio.
   Días después de la emotiva visita del diestro un trovador local compone algo parecido a una cuarteta, y a la que tiene la osadía de poner música, que desde entonces forma parte del acervo poético-musical del pueblo: Senillar se moderniza/sin pretexto ni excusa/pues ha toreado en ella/el diestro Carlos Arruza.
   La comisión pro-Arruza ha montado una exposición sobre la estancia del matador mejicano en el pueblo. Lo que más abunda son fotografías en las que aparece el espada con diversos grupos de gente. Lolita, que en compañía de sus amigas la visita, se altera visiblemente cuando en una de las fotos se encuentra al torero flanqueado por Rafael y Pepita. Un ramalazo de ira y celos la inunda. Tiene que hacer un penoso esfuerzo para que no se le note. Fina, que se ha dado cuenta, aprovecha que están delante del cuadro que enmarca los ripios sobre Arruza y Senillar para lanzar una pregunta al grupito con la que desviar la atención:
- ¿Qué os parece lo del verso?, ¿es tan bueno cómo dicen?
   Lolita descarga toda su rabia en la respuesta:
- Es una sinigual muestra de lo que en nuestro pueblo se le llama cultura. ¡Hatajo de ignorantes!
                                                                         *                                                                   
   Pese a lo que dice la coplilla, Senillar no se moderniza porque haya toreado en ella el maestro mejicano, pero Paco Vives, el alcalde, sí está empeñado en remozarla y eso comporta algo más que instalar servicios públicos ineludibles como el agua corriente o la pavimentación de las calles. Es imprescindible que la población tenga nuevas fuentes de riqueza y no supeditarse exclusivamente a la agricultura. Pese a su formación muy elemental, su actividad empresarial le ha enseñado que no es inteligente depender de un solo producto, por eso está decidido a dotar al pueblo de otros sectores productivos. Ya consiguió introducir un nuevo cultivo antes inexistente como el arroz, pero esa actividad sigue formando parte de la producción agrícola y no libra al pueblo de la peligrosa dependencia del monocultivo. Sabe que las mejores posibilidades de diversificar la economía están en el mundo de la industria y hacia él enfoca su atención.
   Los problemas con los que se enfrenta son diversos y de calado: Senillar no cuenta con tradición industrial, sus comunicaciones son relativamente escasas, el grado medio de formación de sus habitantes es muy básico, no existen materias primarias y tampoco hay grandes capitales para realizar las fuertes inversiones que exige una industria. Pese a todos los inconvenientes persiste en su idea de industrializar el pueblo. Le ayuda a ello el hecho de que en la provincia se está iniciando un modesto renacimiento industrial motivado por el auge de la construcción y que tiene su origen en el mucho dinero que produce el estraperlo y la exportación naranjera. Se están desarrollando varias industrias, entre ellas la cerámica que tiene una añeja historia en el valenciano pueblo de Manises y que ahora se está expandiendo por buena parte de la vecina provincia de Castellón. Alguien le ha aconsejado que lo más sencillo y factible quizás sea montar fábricas azulejeras. Alguna tradición de ese sector hay en el pueblo, desde antiguo han existido, y todavía quedan, un par de modestos obradores en los que se elaboran productos de barro cocido, principalmente tejas y adminículos para el hogar como botijos, cántaros, tinajas y otros objetos similares. Vives reúne al Ayuntamiento para explicarles sus ideas y proyectos. Antes de que termine la sesión municipal, la noticia ya está en todos los mentideros locales.

   Al anochecer del día siguiente se celebra un cónclave en casa de Benjamín Arbós, están reunidos los siete mayores terratenientes del pueblo, aunque Lapuerta suele afirmar que tildar a un propietario de terrateniente en una sociedad minifundista no deja de ser una exageración. Allí están, además de los Arbós, los Gasulla, los Pellicer, los Armengol, los Blasco, los Doménech y los Peruanos. El objetivo de la reunión es analizar hasta dónde pueden verse afectados sus intereses si los proyectos del alcalde siguen adelante y el pueblo se industrializa. Hay opiniones para todos los gustos. Al final se impone la tesis de los Arbós: si se montan industrias en el pueblo eso será malo para los propietarios agrícolas que han de contratar jornaleros. Si hay industrias habrá menos peones dispuestos a trabajar en el campo, la gente prefiere laborar bajo techado y no estar sujeta a las inclemencias atmosféricas y el trabajo agrícola suele ser más duro que el industrial y peor retribuido. La consecuencia de todo ello solo puede ser una: tendrán que pagar más a los braceros y sus ganancias caerán en picado. Industria, allí, ninguna. Lo mejor para todos es que las cosas sigan igual como hasta ahora.
- Y que todo siga igual, ¿quién es el guapo que se lo va a meter a Paco Vives en la mollera? – pregunta uno de los asistentes.
- Dejádmelo a mí. Ya encontraré el modo de pararle los pies – les tranquiliza Benjamín.

   Gimeno se levanta presuroso, a la puerta de su minúsculo despacho de la cooperativa están Benjamín y Rodrigo Arbós y su sobrino Leoncio, presidente de la entidad.
- Hombre, ustedes por aquí. Pasen, por favor. Gerardito trae otra silla. Siéntense.
- ¿Qué tal José Vicente, cómo va todo?
- Como de costumbre. Aquí estamos, a vueltas con el papeleo.
- Verás, José Vicente, venimos a hablar, no con el secretario de la cooperativa sino con el jefe local del Movimiento. Estamos muy preocupados. Y creemos que tú eres una de las pocas personas que puede ayudar a solucionar el problema que se nos viene encima.
- No es necesario que les diga que cualquier cosa que esté en mi mano pueden contar con ella.
- Lo sabemos y te lo agradecemos de antemano, por eso estamos aquí.
   Benjamín le hace a Gimeno una sinopsis de los proyectos que tiene en mente el alcalde, pero tiñéndolos del color que mejor cuadra a sus propósitos. Le cuenta que el afán industrializador que parece que le ha entrado a Vives solo es una estratagema para conseguir sus fines particulares y que no beneficiarán al pueblo. Gimeno asiente pero, como ya va conociendo a los Arbós, mentalmente pone en cuarentena algunas de las cosas que le cuentan.
 - Bueno, en principio lo de montar industrias me parece una excelente idea. Eso le vendría muy bien al pueblo, sobre todo a los jóvenes pues tendrían más  oportunidades laborales – apunta Gimeno.
- Estamos totalmente de acuerdo. Es una buena idea..., en principio. Pero detrás de algo que parece bueno y deseable, nos tememos que se esconden otras intenciones no tan loables.
- ¿Cuáles?
- Verás. Algunos, por no decir la mayoría, de nuestros amigos, que por cierto también son los tuyos – agrega con marcada intención Benjamín -, están convencidos de que la jugada que pretende Vives no es montar fábricas por qué sí. Hay un objetivo oculto detrás de todo ello y no es otro que dominar el comercio local y convertirse no solo en el hombre más rico sino también en el más poderoso del pueblo.
- Esa intención no es nueva. Vives la tiene desde que le nombraron alcalde – apostilla Gimeno.
- En efecto, pero ahora parece que ha encontrado el instrumento adecuado para llevar a la práctica su desmedida ambición. Y es el establecimiento de algunas fabriquitas. Lo que realmente persigue es que la mano de obra local derive de la agricultura a la industria. ¿Para qué? Al escasear los jornaleros no habrá más remedio que traerlos de otros pueblos, habrá que pagarles más, los labradores tendrán menos margen de beneficio y por tanto serán más débiles ante el comercio. Tendrán muchas menos posibilidades de luchar contra los precios que marquen los comerciantes que capitanea Vives y que actúan como si fueran un monopolio
   Gimeno escucha atentamente la explicación de Benjamín, pero los argumentos que expone siguen sin convencerle hasta que el viejo zorro suelta su bomba final, la que sabe que puede causar el mayor impacto en el empleado de la cooperativa:
- A todo ello habrá que añadir que si la agricultora local tiene menos actividad y los agricultores menos ingresos, eso repercutirá directamente en la marcha de la cooperativa. Y quizá no sea un disparate pensar que puede llegar un día en que los cooperativistas tengan que replantearse si van a poder pagar el sueldo de sus empleados. Todas esas razones, como las acabo de exponer, forman el quid de la cuestión. Es posible que, en el caso de que el plan de Vives vaya adelante, pueda haber alguna salida más para la juventud del pueblo, pero a costa del empobrecimiento de la mayoría de vecinos que, al fin y al cabo, viven del campo y quizá, Dios no lo quiera, hasta la misma desaparición de la cooperativa.
- Visto desde esa perspectiva, creo que tiene más razón que un santo. Algo habrá que hacer, ¿no? – responde Gimeno, esta vez con un tono de estar mucho más convencido.

viernes, 17 de abril de 2015

4.9. Un mejicano en Senillar



   Enrique Guerrero se ha ido del pueblo y su desaparición le sienta a Lolita como una purga. Está desconcertada, el joven se ha ido sin despedirse y nadie sabe adónde ni cuál es el motivo de su marcha. Tras algunas discretas averiguaciones consigue enterarse de que Sanchís ha comentado que su sobrino se ha ido a Madrid a hacer un curso de análisis clínicos, pero lo que le preocupa es que el viejo farmacéutico ha añadido que no sabe cuándo volverá y ha dejado caer: si es que vuelve.
   La joven se deprime porque parece que todo le sale mal: Rafael se echa novia, encima parece que la cosa va en serio, y la persona con la que pretendía darle en la cresta se ha esfumado. Si creyera en conjuros diría que alguien le echó mal de ojo. Días después, semioculta tras la puerta de su tienda ve pasar, camino de misa de doce pues es domingo, a Pepita colgada del brazo de Rafael. Es la primera vez desde hace mucho tiempo que vuelve a ver a Rafa, lo encuentra tan pinturero y elegante como siempre; se le ve contento, parece que el nuevo noviazgo le está sentando bien. No puede resistir la tentación de volver a espiar el retorno de la pareja. Por la noche, en su habitación, con los ojos preñados de lágrimas, repasa viejas fotografías, las que no devolvió a Rafael cuando rompieron. No sabe si cortarlas en pedacitos o quemarlas, tras muchas dudas vuelve a dejarlas en la caja de madera taraceada en que las guarda. Y por si faltaba algo, sigue sin saber nada del sobrino de Sanchís.

   Lo del curso de análisis clínicos de Enrique Guerrero es una verdad a medias: la entidad organizadora, la Facultad de Farmacia de la Universidad Central de Madrid, le llama curso aunque solo dura cuatro semanas. Enrique traba amistad con un grupo de cursillistas que terminan formando una pandilla que dedica más tiempo a divertirse que al aprendizaje de las técnicas analíticas. Hay una compañera, Covadonga, que tiene una farmacia en Avilés, con la que rápidamente congenia. No es una belleza, pero tiene un carácter tranquilo y una sonrisa agradable; es de esas personas que irradian una sensación de paz y serenidad. Terminan emparejándose y el resto de compañeros bromean a su costa.
- Quién te lo iba a decir Covi, qué ibas a encontrar novio en Madrid.
- Como broma, vale, pero nada más. No somos novios ni mucho menos, simplemente, amigos.
- Hija, pero si estáis juntos la mitad del día.
- Como el resto del grupo, guaje.
   El flirteo de Enrique con la asturiana termina cuajando. Todavía sigue acordándose de Lolita, pero Covadonga es una chica maja, simpática y buena conversadora lo que hace que el recuerdo de la joven senillense vaya diluyéndose. Parece que su amigo Grau tenía razón: lo que sentía por la joven, todavía no sabe si era amor, parece que no está resistiendo la distancia.
                                                                        *  
   Carlos Arruza torea en Valencia. El mejicano es uno de los diestros de moda en un verano en el que la segunda guerra mundial ha dado paso en Europa al Plan Marshall. Además de su innegable torería otro hecho que le ha aupado a los primeros puestos del escalafón taurino es que algunos medios han tratado de convertirlo en el antagonista de quien, sin duda alguna, es el número uno en el planeta del toro: el cordobés Manuel Rodríguez “Manolete”.
   Un grupito de aficionados de Senillar, comandados por el más taurino de todo el pueblo, Fermín de Belda, ha ido a verle torear al coso de la calle Játiva. Aunque ese día el matador azteca no cuaja una gran faena, los lugareños, con Fermín al frente, se han desplazado al hotel en el que descansa el torero e insisten en verle para felicitarle. El apoderado trata de quitárselos de en medio con la excusa de que el maestro está cansado y necesita reponerse pues en dos días ha de torear en Alicante y por medio hay un pesado viaje por carretera. La insistencia de los senillenses no tuerce la voluntad del apoderado a quien la negra blusa campesina de Belda ha sido suficiente para catalogarle como el clásico paleto huertano. Tras la negativa, el grupo se refugia en el bar del hotel para tomar unas copas y decidir qué van a hacer. Ante su sorpresa, en un extremo de la barra está el diestro mejicano departiendo con uno de los miembros de su cuadrilla.
- Fermín, ¿ese alto no es Arruza?
   El aludido, uno de los escasos vecinos del pueblo que ha visto repetidas veces al matador, con parsimonia y, sin que parezca importarle interrumpir la charla que mantiene el diestro, le aborda.
- Perdone, usted es Carlos Arruza, ¿verdad?
- El mismo – contesta el torero con su cadencioso acento mejicano.
   El resto del grupo se ha arremolinado en torno al diestro y al bueno de Fermín que está empeñado en invitar al matador a tomar lo que quiera porque, en su opinión, es el torero más grande del mundo desde que faltó Joselito. El peón, con el que departía Arruza, intenta espantar al inesperado moscón, pero al mejicano le hace gracia la verborrea del pueblerino y se deja invitar a un café. Belda tiene la osadía de pedir al diestro que les visite en las fiestas de agosto, lo que sería un honor para todo el pueblo. El mejicano, dada la insistencia de Fermín, solo se compromete a parar un momento en el pueblo pues le coge de mano en su viaje a la ciudad alicantina.
   Al día siguiente el torero pasa por Senillar. Desconoce que a un par de kilómetros antes de llegar al pueblo están apostados unos mozos que, en cuanto ven pasar la rubia del matador, lanzan un cohete cuyo estampido es la señal que espera el gentío. Arruza nunca pudo imaginárselo: en la plaza, engalanada con banderas españolas y mejicanas, está esperándole un enorme gentío y la banda de música tocando el pasodoble que lleva su nombre y hasta las pocas piezas mejicanas que conocen como Adelita y Cielito lindo. La auténtica emoción que percibe en la gente le llega al corazón. Está acostumbrado a los aplausos y vítores de los públicos de los cosos taurinos, pero nunca vio a todo un pueblo, de gente campesina y modesta, tan entregado y con tantas ganas de ofrecerle su cariño y simpatía. Tan es así que, en un gesto espontáneo, pregunta a Andrés Gago, su apoderado, si tiene alguna fecha libre durante la semana de las fiestas de agosto. Al parecer la tiene pues una corrida que tenían apalabrada en el norte ha sido cancelada. Sin dudarlo un momento le indica que reserve ese día: toreará en Senillar, sin cobrar un duro por supuesto

   De la noche a la mañana, los senillenses se vuelven confesos seguidores del diestro azteca que mantiene en los ruedos un apasionante duelo con Manolete, pese a que fuera de los cosos son buenos amigos, y que hace revivir a los aficionados a la fiesta otros enfrentamientos de tiempos pasados como los protagonizados por Joselito y Belmonte o Bienvenida y Ortega. El Califa de Córdoba, como también apodan a Manolete, ya no es el número uno para ellos y hasta un vate local le pone una letra peyorativa al pasodoble del torero cordobés. La breve parada del matador es relatada una y otra vez por las esquinas del pueblo y todo el mundo se hace lenguas como una persona tan famosa como el diestro mejicano, un auténtico coloso del ruedo, ha tenido el detalle de conversar con unos vecinos de tú a tú y hasta de prometerles que volverá. Una inusitada fiebre arrucina se extiende por la población.
   Con el paso de los días la simpatía hacia el torero se convierte en verdadero fervor. Menos elevarlo a los altares todo lo demás es poco. Inmediatamente se constituye una comisión pro-Arruza porque son muchas las cosas que hay que preparar para su venida. En el pueblo jamás ha toreado un matador de la categoría del azteca y eso significa que habrá que mejorar y adecentar la plaza de toros, hecha con los carros de los labradores, que los vecinos construyen en la Plaza Mayor. Además está el problema de las reses, hay que contratar auténticos toros de lidia porque no valen las vaquillas cerriles que se corren en las tientas locales y que han sido toreadas en la mitad de pueblos de la provincia. El tío Fermín de Belda se autonombra presidente de la comisión y Agustín el Pipa es designado vicepresidente, entre ambos se comprometen a tenerlo todo a punto. Todos están de acuerdo en que Fermín es la persona más apropiada para esa tarea. Es taurino, soltero, y tiene tiempo y dinero para dedicarlo a lo que más le gusta. Ahora, en Arruza ha encontrado el leiv motiv de su vida.

   José Vicente Gimeno ha pensado en meterse en la comisión encargada de preparar la actuación del diestro mejicano, puede ser una buena ocasión para hacerse notar, más aún al enterarse de que el alcalde no ha mostrado mayor interés por ello. Lolita, a quien ha pedido su opinión, se lo quita de la cabeza.
- Yo no me metería, José Vicente. No se te conoce como aficionado a los toros, ni siquiera sueles asistir a las capeas que se organizan en las fiestas de agosto. Además, todos los que están en la comisión son viejos amigos que han viajado mil veces juntos para ver algunas de las ferias taurinas más importantes de España. Tú no serías más que una especie de pegote y darías la nota – Casi está en un tris de revelarle el mote que algunas lenguas afiladas le han puesto: Perejil, porque está en todas las salsas, pero se contiene. Una cosa es que no sea santo de su devoción y otra herirle en su orgullo. En lugar de ello su final es otro -. Bueno, esa es mi opinión, ya que me la has pedido, pero conociéndote sé que tienes el suficiente criterio para decidir por tu cuenta. O sea, que tú mismo.