martes, 17 de marzo de 2015

3.14. Sois la leche: ¡poner perdices estando en veda!

    El día de la inauguración del grupo escolar, Gimeno hace de introductor y va presentando al Gobernador las distintas personalidades locales. El alcalde se ha tenido que tragar el sapo de que, siendo él la primera autoridad del pueblo, sea el jefe local quien lleve la batuta del acto.
   La comitiva, seguida por gran número de vecinos, se dirige a las nuevas escuelas ubicadas en la calle Sichar. Han montado una especie de rústica carpa en el patio del colegio, al fondo de la cual hay una improvisada tarima, con una larga mesa, desde la que las autoridades presidirán el acto. La han guarnecido con unos faldones laterales y a falta de reposteros hay unos cobertores y los cuadros de Franco y José Antonio escoltando el crucifijo del centro. A ambos lados del fondo del escenario hay dos niños enarbolando la bandera nacional y la de Falange. En la parte delantera de la carpa se han colocado varias hileras de sillas de tijera que rápidamente han sido ocupadas por los primeros en llegar, el resto de asistentes ha de quedarse de pie y son muchos los que ni siquiera consiguen acceder al entoldado, en un lateral del cual han puesto unos bancos corridos en los que se sienta una representación de los alumnos del centro docente que ahora se inaugura.

   En el acto solo intervienen dos oradores: el jefe local y el provincial. Gimeno, que lleva el uniforme falangista reglamentario y que estrena este día, se pone de pie, se cuadra ante el Gobernador, y pide su venia:
- Con tu permiso, camarada.
   Se acerca al micrófono y le da unos golpecitos que resuenan como disparos, se aclara la voz y empieza un discurso que ha preparado y ensayado minuciosamente:
- Excelentísimo señor Gobernador Civil y Jefe Provincial del Movimiento, reverendo señor cura párroco, dignísimas autoridades provinciales y locales – se ha cuidado muy mucho de no citar explícitamente al alcalde -, señoras y señores, queridos niños: hoy es una fecha que las generaciones futuras tendrán que marcar con piedra blanca en los anales de la historia local. Hoy es uno de esos días que simbolizan un hito imperecedero en el devenir de una comunidad. Hoy es un momento histórico para todos los presentes y, sobre todo, para vosotros, queridos alumnos, porque inauguramos oficialmente un templo del saber que, por primera vez en la vida del pueblo, estará a la altura de lo que demandan los tiempos modernos. Ahí lo tenéis, alumnos de Senillar, un grupo escolar construido con los mejores materiales y que desafiará el paso de los años, un centro educativo equipado con los más modernos instrumentos didácticos, unas aulas amplias, luminosas, soleadas… donde unos entregados profesores os enseñarán que sois unos seres trascendentes, que sois portadores de valores eternos, que sois el relevo de unas generaciones que han tenido que luchar duramente para que podáis gozar de una paz que, gracias a la entrega y la omnisciencia del Caudillo, disfruta nuestra Patria…
   El joven político sigue y sigue con su farragosa y grandilocuente oratoria que si bien fatiga a algunos embelesa a los más ¡Hay que ver el secretario de San Isidro lo bien que habla, es un pico de oro!
- … os tengo que confesar que el día en que fui a presentar los planos de las nuevas escuelas a nuestro jefe provincial, para que los conociera, estaba tan nervioso que me dolía el estómago. No podía imaginarme, camarada, – y todo esto lo está diciendo mirando al Gobernador – que saldría de tu despacho confortado e ilusionado porque… – y vuelve a dirigirse al auditorio –, tengo el honor de proclamarlo en público, este magnífico edificio, que hoy inauguramos, recibió el impulso decisivo gracias a la directa intervención del excelentísimo señor don Francisco Javier Municio, que hoy nos honra con su presencia. Sin su generosa ayuda, sin su aliento constante, sin su apoyo irreductible esta obra hubiera tardado mucho más en llevarse a cabo. Porque no creáis que su gestación ha sido fácil, todo lo contrario. Este centro del saber ha tenido enemigos, quizá no por mala voluntad, posiblemente más bien por ignorancia. En cambio, nuestro jefe y guía desde el primer momento me dijo: camarada, adelante, una obra que sirve a la juventud debe de ser lo primero que hay que acometer porque solo recogen cosechas los pueblos que saben sembrar…
   Un atronador aplauso se funde con la pausa del orador. La metáfora de la cosecha y de la siembra la han entendido todos y evidentemente les ha gustado. Mientras, el Gobernador se está preguntando: ¿y cuándo le dije todo eso?
- …y este grupo escolar, que hoy inauguramos, va a llevar un nombre ilustre, el del más recordado de nuestros camaradas, el del más llorado de nuestros caídos, se va a llamar José Antonio. Estuvimos dudando si poner el patronímico completo de El Ausente, pero al final creímos que era suficiente con su mero nombre. Mis queridos pequeños, entrar todas las mañanas en un templo del saber con el nombre de José Antonio servirá para que, recordando sus palabras,…
   Una cálida ovación cierra la intervención de Gimeno, quién después de agradecer las muestras de apoyo, cede la palabra al preboste provincial. El Gobernador hace un discurso escueto. Da las gracias a las autoridades locales por su tesón para llevar adelante la construcción de las nuevas escuelas, agradece a los vecinos su apoyo y su asistencia al acto, les dice a los niños que han de aprovechar las oportunidades que les va a brindar el flamante colegio, recuerda a todos que la educación de las jóvenes generaciones es una de las más queridas preocupaciones del Generalísimo y cierra la intervención con su felicitación y aliento para el jefe local del Movimiento a quien augura un brillante futuro.
- … y con estas palabras, doy por inaugurado el Grupo Escolar José Antonio de Senillar. Muchas gracias.

   Termina el acto con todos los presentes puestos en pie, el brazo extendido haciendo el saludo romano y cantando el Cara al sol, al final del cual el Gobernador da los gritos de rigor coreados por los asistentes:
- ¡España!
- ¡Una!
- ¡España!
- ¡Grande!
- ¡España!
- ¡Libre!
- ¡Arriba España!
- ¡Arriba!
- ¡Viva Franco!
- ¡Viva!

   Acabado el acto el Gobernador pretende marcharse, pero su secretario, en rápido conciliábulo, le informa que las autoridades locales han preparado una cena en su honor y que esperan que se quede, lo contrario se lo tomarían como un desaire. El jerarca hace un mohín y asiente, un día más va a llegar al Gobierno Civil a las tantas, pero que se le va a hacer, son gajes del cargo. Lo que ha sido calificado como un tentempié es un ágape en toda regla en el que el plato fuerte son unas perdices trufadas que huelen que alimentan. Parece que el Gobernador está un tanto inapetente porque cuando sirven las gallináceas se limita a pinchar algo de la guarnición, pero no prueba las aves, por mucho que Gimeno, que está sentado a su lado, le insiste en lo ricas que están y que son de toda confianza porque las cazaron el día anterior.
   Mientras el poncio se despide de las autoridades municipales, Germán, su secretario particular, le echa un chorreo del carajo a su camarada Gimeno:
- Pero, José Vicente, ¿a qué lumbrera se le ha ocurrido poner perdices en el menú?
- Tú mismo me comentaste una vez que al jefe le gustaban mucho, por eso las hemos puesto, y ¡anda qué no costó cazarlas, con las pocas que ahora hay! 
- ¡Los de pueblo sois la releche! Poner perdices, acabadas de cazar, al Gobernador estando en plena veda. ¡Os habéis lucido!

viernes, 13 de marzo de 2015

3.13. Con pólvora del rey saldrá más caro



   La comisión de tenderos que ha ido a protestar al alcalde por la demora, según su opinión, de las obras de pavimentación de las calles se las está teniendo muy tiesas con Paco Vives.
- ¿Qué de qué nos quejamos? De que la obra está resultando muy cara y que a todos nos va a costar muchos duros por la cantidad de ventas que estamos perdiendo – interviene irascible uno de los comisionados, Pablo Bou, que tiene fama de hablar primero y pensar después.
- Eso es lo que os duele, el bolsillo. Os recuerdo que hemos hecho varias gestiones para que las obras las pagaran las autoridades provinciales, pero no lo hemos conseguido. Ese reproche lo admito. Pero ¿sabéis qué me dijo el vicepresidente de la Diputación? Si quieres tener un traje nuevo, no esperes que te lo pague el vecino, o lo apoquinas tú o seguirás con el viejo. Yo me apliqué la moraleja del cuento, si queremos tener calles nuevas no va a venir nadie de fuera a financiarlas, las tendremos que pagar nosotros. Y tal como se ha hecho el prorrateo del gasto, a pagar en tres anualidades, lo cierto es que cada vecino va a tener una derrama anual de unos cientos de pesetas. Poca cosa realmente.
- Unos cientos de pesetas serán poca cosa para los que tenéis el bolsillo repleto, pero para la mayoría de nosotros es una cifra más que respetable.
   Vives mira inquisitiva y retadoramente a sus convecinos, los conoce a todos y sabe perfectamente que ninguno de ellos está entre los pobres de solemnidad del pueblo.
- Voy a hacer una cosa – el alcalde se está cabreando y cuando eso ocurre suele ponerse chulo -. Si alguno de vosotros no puede pagar la derrama que se pasará dentro de unos días al cobro que lo diga y gustosamente se la abonaré de mi bolsillo.
   Los comisionados callan. La mayoría no levanta la vista del suelo. A más de uno se le ve avergonzado. Bou, inasequible al desaliento, vuelve a la carga con nuevos argumentos:
- Me gustaría saber para qué cojones te has metido en este follón. ¿Acaso no estaban bien las calles?, ¿qué más da que sean de tierra o de asfalto? Si nos ponemos a cambiar cosas en el pueblo puede ser la locura. Y más si los cambios tienen que salir de nuestros bolsillos. Porque, claro, cambiar se puede cambiar todo. Primero fue el agua corriente. Nuestras madres y mujeres, hasta hace cuatro días, fueron a las fuentes públicas a por agua. Se podía haber seguido así siempre. Y esa obra la pagó el gobierno. Ahora las calles. ¿Y mañana que será? ¿Construir un dispensario, ampliar la carretera de la mar, poner un nuevo alumbrado? Se pueden hacer muchos cambios, pero ¿con qué dinero? Con el mío, desde luego, no.
- Tranquilo, Pablo. Si ahora no lo pagamos a escote, podemos pedir un crédito al banco que, eso sí, acabará repercutiendo en nuestros bolsillos. Solo que si lo hacemos con pólvora del rey la obra nos saldrá más cara. Y por ese motivo no estoy dispuesto a transigir.

    Gimeno siente curiosidad en saber por qué Lolita no ha querido participar en la comisión de tenderos que han ido a protestarle al alcalde por el presunto retraso de las obras de pavimentación. Su respuesta es contundente:
- ¿Qué por qué no he querido formar parte de los de la comisión? Elemental, jefe, porque me parece una obra necesaria y oportuna. Ya está bien que cuando llueva las calles se vuelvan intransitables pues no todas tienen aceras. La pavimentación tendría que haberse hecho hace un montón de años, pero los alcaldes que hemos tenido hasta la fecha no es que hayan mostrado demasiada iniciativa. Vives si la ha tenido y hay que felicitarle por ello.
- Estoy de acuerdo contigo en parte. En lo que no lo estoy es que esas obras la tengan que pagar los vecinos, la inversión tendría que correr a cuenta del Ayuntamiento.
- Sabes mejor que yo que el municipio no tiene un duro. Y por lo que me cuentan, las autoridades provinciales no han podido o no han querido, eso no lo sé, afrontar los costes de las obras. Por consiguiente, si queremos calles como Dios manda nos tendremos que rascar el bolsillo. Y tú, ¿por qué discrepas de esas obras?, ¿por qué te parecen mal o, simplemente, porque ha sido una iniciativa de Vives? – inquiere Lolita con mala idea.
   Gimeno trata de defenderse:
- Te equivocas. Las obras no me parecen mal. En lo que si discrepo es, como he dicho, que esos trabajos corran a cuenta de los vecinos. Y eso tiene un claro culpable: el acalde. Si Vives hubiese sido más hábil y manejado mejor la mano izquierda a buen seguro que habría sido capaz de conseguir que toda la reforma la hubiera sufragado bien la Diputación Provincial, bien la delegación provincial del Ministerio de Obras Públicas. Al menos, si no toda la obra, una parte de ella.
- ¿Acaso tú lo hubieses conseguido? – pregunta Lolita en tono de chanza.
- No lo dudes – es la concisa y tajante respuesta de José Vicente.

   Realmente, Gimeno está que trina por el gol que le ha metido Vives llevando adelante el proyecto de la mejora viaria, pero guarda un as en la manga: se trata de la construcción de las nuevas escuelas, que ha sido una iniciativa suya desde el primer momento, y cuyas obras ya han finalizado. Estaba previsto que el dieciocho de julio se inaugurase el flamante grupo escolar, con asistencia de las primeras autoridades provinciales. Gimeno se lleva un pequeño disgusto cuando desde la Jefatura Provincial le indican que la inauguración no será posible realizarla el dieciocho porque en esa fecha, en la que se celebra el inicio de la guerra civil, la que el Régimen llama la Cruzada, el Jefe Provincial del Movimiento ha de atender otros compromisos. La han tenido que trasladar a la segunda quincena de octubre. Una lástima, porque el dieciocho es fiesta y la asistencia de público hubiese sido más nutrida, pero qué se le va a hacer.
   El grupo escolar es un moderno edificio de dos plantas que consta de diez aulas, servicios y otras salas para diversos usos. Lo rodea un patio de recreo cerrado por una valla. Las clases son espaciosas y dotadas de amplios ventanales por donde se cuela el sol gran parte de la jornada. En conjunto el centro docente es un edificio amplio, luminoso y funcional. Tiene capacidad para escolarizar a todos los niños del pueblo, suponiendo que todos los padres estén dispuestos a enviar sus hijos al mismo. Ricardo Poveda, a quien gracias a la intervención de Gimeno han nombrado director del colegio, tiene grandes proyectos para mejorar las futuras prestaciones del centro: en los próximos años piensa montar un laboratorio de ciencias naturales, una biblioteca, ajardinar los laterales del patio y en la zona más amplia construir un pequeño campo de deportes.

   Para Gimeno el centro docente se ha convertido en la niña de sus ojos, lo considera una obra suya y, como tal, una victoria frente a sus enemigos políticos. Con la inestimable colaboración de Poveda, cuida con mimo los mil y un pequeños detalle para que todo esté impecable el día de la inauguración, no quiere que haya el menor fallo. Hasta ha tenido la idea de que una partida de escopetas salga a cazar perdices porque alguien le ha soplado que al Gobernador le pirran. Para tenerlo todo a punto tiene a la mitad de los oficios del pueblo trabajando sin descanso rematando los últimos flecos de la obra.
- Jerónimo, dice Ricardo que tienes que repasar las persianas de las aulas de la planta baja, algunas no corren.
- Ya te dije, José Vicente, que esas persianas son maluchas. Pesan mucho y las cintas terminan rompiéndose, además como tienen las lamas tan gruesas se atrancan con mucha facilidad.
- Bueno, haz lo que puedas. Lo importante es que funcionen el día de la inauguración, luego ya veremos lo que hacemos con ellas.
- José Vicente – Poveda se acerca acompañado de otra maestra -, Eduvigis no está de acuerdo con la distribución que se ha hecho de las aulas.
- A ver, Edu, ¿qué pasa?
- No me parece bien que las niñas tengan que estar en la planta baja y los chicos arriba – se queja la maestra -. Las aulas de la primera planta son más soleadas y reciben más luz. Creo que todos tenemos el mismo derecho a las mejores aulas.
- Totalmente de acuerdo, Edu, pero la distribución no se ha hecho caprichosamente, se ha tenido en cuenta que niños y niñas han de estar en espacios separados y Poveda ha creído que es mejor que los chicos estén en la planta superior porque así los tendrán más controlados.

   Aunque el día de la inauguración es miércoles y por tanto laborable, Gimeno ha tenido la previsión de programar el acto oficial por la tarde, con lo cual ha dado la posibilidad de que durante la mañana la gente haya acudido a sus habituales ocupaciones. El pueblo se engalana para recibir al Gobernador Civil, los balcones se cubren de colgaduras y la gente se viste con la ropa de los domingos. En la Plaza Mayor autoridades y fuerzas vivas esperan la llegada del preboste. Cuando aparece el viejo Mercedes con el banderín desplegado, la banda municipal rompe el silencio con una marcha. José Vicente se adelanta para abrir la puerta del automóvil, pero le gana la mano el policía que va en el asiento al lado del chofer. El Gobernador lleva terno cruzado de un color grisáceo, sombrero a juego y gafas oscuras.
- ¡Arriba España! A tus órdenes, camarada – vocea Gimeno cuadrándose ante su superior jerárquico.
   La gente cuchichea: nada menos que tutea al señor Gobernador, ¡la influencia que debe de tener este hombre!

martes, 10 de marzo de 2015

3.12. No se hacen tortillas sin cascar huevos



   El último proyecto que ha puesto en marcha el emprendedor alcalde de Senillar es pavimentar las principales calles del pueblo. En el pueblo, a excepción del recorrido que hace por el interior de la villa la carretera de Cádiz a Barcelona, calles de San Antonio y San Jaime más la Plaza Mayor, el resto de viales son de tierra. Cuando llueve las calles se embarran y en épocas de sequía se convierten en una fuente inagotable de polvo. Paco Vives ha decidido que ha llegado el momento de terminar con ese estado de cosas. Hay que modernizar el pueblo. El problema es, como casi siempre, la financiación, ¿quién pagará la obra? Vives intenta conseguir que la costeen las instituciones provinciales, pero en Gobierno Civil le informan que no hay ninguna inversión prevista para obras de esa clase y le remiten a la Diputación, cuyo vicepresidente le da a Paco una respuesta parecida. Se las tendrán que arreglar con financiación local y, como el Ayuntamiento también tiene las arcas vacías, la única solución factible es que los vecinos paguen la obra a escote, porque si solicitan un crédito bancario, al precio que están los intereses, la pavimentación puede costar un pico.

   Cuando el alcalde hizo circular la noticia de que se iban a arreglar las calles a todo el mundo le pareció una gran idea, ya era hora de que el pueblo tuviera calles asfaltadas como en la capital, pero cuando anuncian a los vecinos que la obra la tendrán que costear ellos, en función de los metros de fachada que tengan sus viviendas, el clamor es general: no hay derecho, no se les puede exigir que paguen una obra que no han pedido y que Dios sabe para qué va a servir. Además, ¿para qué pagan impuestos, qué se hace con los dineros de las contribuciones? Los vecinos de las calles afectadas, que habían presumido de lo bien que iban a quedar sus viales, tienen ahora que sufrir las burlas de aquéllos cuyas calles no van a ser remodeladas. Las quejas contra la decisión del alcalde son unánimes, pero no van más allá de ser proferidas en las tertulias de los cafés y tabernas o en los corros que hacen las mujeres en el lavadero municipal. Los comentarios que se oyen en la calle, interesados o no, son de toda laya.
- Ya me dirás para qué sirve tener calles asfaltadas. Toda la vida de Dios las calles han sido de tierra y así deberían seguir. Es una obra arbitraria, inútil y carísima.
- Pues a mí no me parece mal. Yo creo que a la larga nos beneficiará a todos, pero lo que no es de recibo es que la tengamos que pagar los vecinos. Las obras municipales las ha de costear el Ayuntamiento.
- Pero si el Ayuntamiento no tiene fondos, alguien las tendrá que pagar.
- Para eso está el gobierno y los muchos impuestos que nos sangran el bolsillo.
- La culpa de todo la tiene Paco Vives que se ha empeñado en querer cambiar el pueblo, pero con el dinero de los demás. Si lo tuviera que apoquinar de su bolsillo ya veríais como esa obra no se haría.
- Te recuerdo que Paco vive en el Rabal y también tendrá que rascarse el bolsillo en la parte que le toque.
- Sí, pero él se lo puede permitir. Yo, no.
- La madre del cordero es saber quién se va a beneficiar de esta obra.
- Yo te lo diré, se van a beneficiar los de siempre, los ricos. Porque, vamos a ver, ¿a quiénes les interesa que las calles estén asfaltadas? Pues a los que tienen coche. ¿Y quiénes tienen automóvil? Tú mismo.
- La de tonterías que hay que oír, si aquí no tienen coche ni los médicos.

   En la tertulia del café de El Porvenir también hay comentarios para todos los gustos.
-¿Qué pasa con las obras de pavimentación de las calles que casi todo el mundo echa pestes de ellas? – quiere saber Grau que al ser forastero no acaba de entender la revolera que se ha montado.
   Como nadie parece darse por aludido, es Lapuerta quien contesta:
- Es propio de la mentalidad pueblerina, con excepciones naturalmente. Quieren modernizarse, pero siempre que pague otro.
- No lo entiendo, Manolo. La obra será beneficiosa para todos los vecinos, para los actuales y hasta para los que no han nacido. Todas las ciudades y pueblos que quieren progresar tienen las calles asfaltadas desde hace tropecientos años. Si la pavimentación beneficiara únicamente a algunas personas, a los que piensan así o asá, entendería las protestas, pero es una obra para todos, ricos o pobres, azules o rojos. No entiendo por qué se quejan.
- Así es este pueblo, Alfonso. Quieren que se hagan cosas, pero con el dinero de los demás. En cuanto les rascas el bolsillo se acabó la fiesta. ¿Sabes cuál será el resultado de la obra? Que el pueblo tendrá unas preciosas calles pavimentadas y Vives perderá el favor de muchos de sus convecinos. No es la mejor receta para mantenerse de alcalde muchos años.
- Y según usted, ¿cuál es la receta adecuada? – quiere saber Ballesta.
- No hacer nada. Mantener el statu quo, es decir que se queden las cosas como estaban.
- Eso es muy triste. Si no se hace nada, si se mantienen las cosas como están los pueblos no prosperan – insiste Grau.
- Totalmente de acuerdo, de ahí lo que decía antes. En muchos pueblos, y éste no es la excepción, ocurre que si uno quiere mantener muchos años la alcaldía, la fórmula consiste en molestar al vecindario lo menos posible, y una forma muy eficaz es no hacer nada y entonces no has de pedir dinero a la gente. Ah, se me olvidaba, y organizar muchas fiestas. En cambio, el alcalde que se mete en obras, lo recordarán con nostalgia dentro de años, pero en el presente concitará contra sí la mala leche de buena parte de sus convecinos.
- Perdona, Manolo, pero no estoy de acuerdo con tu teoría. La considero muy negativa. Todo el mundo quiere progresar – afirma Grau de manera rotunda.
- Sí, pero muchos quieren progresar tirando con pólvora del rey que, en principio, es gratis, pero que a la postre sale muy cara porque al final hay que pagarla con intereses.

   Las obras de pavimentación siguen. Las murmuraciones también, casi al mismo ritmo que los trabajos. Y algo nunca visto en el pueblo: se forma una comisión de tenderos de algunas de las calles que se están asfaltando. Los comisionados han ido a hablar con el alcalde para manifestarle sus quejas y su preocupación por que las obras se están demorando mucho y las ventas se están resintiendo. Los comerciantes alegan que hay muchos clientes que han dejado de acudir a sus tiendas para no tener que sortear calles levantadas, evitar apestosas calderas para calentar el alquitrán y un sin fin de ruidos y molestias. Vives, que ya ha tenido que soportar muchas críticas, explota:
- Es totalmente falso que las obras vayan con retraso. Todo lo contrario. El contratista me ha asegurado que posiblemente terminarán unos quince días antes de lo que estaba programado. Si todas las reclamaciones que traéis están tan fundamentadas como ésta os tengo que decir que os habéis columpiado de mala manera.
- Lo importante no es si terminan antes o después, sino que las calles están hechas una porquería, casi parecen más un frente de batalla que otra cosa. Y por ese motivo los clientes vienen menos a las tiendas. ¿Quién nos compensará las ventas que no efectuemos?
- No se hace una tortilla sin cascar huevos. Al principio, cuando se habló de pavimentar las calles a muchos de los que estáis aquí la obra os pareció de perlas – al ver los gestos negativos de algunos tenderos, Paco añade con su tono más duro - , y no me tiréis de la lengua que comienzo a dar nombres. ¿De qué os quejáis ahora?

   Gimeno está encantado con las protestas contra las obras de pavimentación patrocinadas por la alcaldía, protestas de las que, bajo cuerda, él ha sido uno de los principales impulsores. No es que la remodelación de las calles le parezca mal, lo que realmente le interesa es que se incremente el número de vecinos descontentos con la gestión de Paco Vives. Está maniobrando a medio y largo plazo. En todo este tinglado, algo que le ha sorprendido es que Lolita no estuviera entre los dueños de establecimientos que fueron a protestar; es más, sabe que se lo pidieron y se negó a participar. Se dice que tendrá que preguntarle el por qué.