martes, 9 de diciembre de 2014

1.14. Decisión salomónica



   El Jefe Provincial del Movimiento y Gobernador Civil de Valencia recibe a José Vicente Gimeno, jefe local de la Falange de Senillar. Contestando al saludo falangista de su subordinado, el preboste medio levanta el brazo para inmediatamente tender la mano al visitante.
- ¿Qué tal, Gimeno? No te había vuelto a ver desde tu nombramiento. Toma asiento y cuéntame.
   José Vicente le explica los problemas del pueblo, desde su particular óptica, de tal modo que la opción que plantea el alcalde queda como una especie de obra menor que tampoco va tener un impacto social tan importante como asegura Vives. La razón es simple: la obra de la distribución del agua potable, a cargo de las arcas municipales, lleva aparejada una condición y es que la instalación de la misma en cada hogar deberá de ser sufragada por cada propietario, ese gasto no va a poder ser afrontado por todos los vecinos, con lo cual la obra solo favorecerá a las familias que tengan más recursos.
- …y, en cambio, dándole prioridad a la construcción de un nuevo grupo escolar, moderno y eficiente, camarada, empezarías a ganarte a un sector como el del magisterio que tan apartado ha estado de nuestra doctrina y comenzarías a convertir en realidad aquellas palabras de El Ausente – e impostando la voz medio declama –: “Maestros nacionales: ¡Ayudadnos a salvar a España! …enseñad a los niños a creer en Dios, en la Patria y en la obra de salvar a España mediante una alegre vida de trabajo y de milicia” – cuando termina la parrafada, pequeñas gotas de sudor perlan su frente. Es consciente de que su disertación tanto ha podido gustar a su superior como haberle parecido una payasada.
   Al Jefe Provincial, aunque habituado a la farragosa oratoria falangista, que él no prodiga demasiado dada su condición de militar, no deja de impresionarle la fogosidad dialéctica del joven mando. Oyéndole acaba de averiguar el motivo por el qué el alcalde de Senillar también ha solicitado audiencia. Se trata de una riña por el poder. Está acostumbrado a esas peleas tan propias de la política de campanario de la mayor parte de políticos locales. Sabe que según cual sea su fallo estará señalando al vencedor de la pugna.
- Muy bien, camarada. Deja tu propuesta al secretario, la estudiaré y tomaré una resolución. Ahora cuéntame cómo van las cosas en la jefatura.

   Un ceremonioso y obeso secretario, entrado en años, calvo, algo miope y vestido con un terno gris en cuyo cuello se adivinan motas de caspa introduce al alcalde al despacho del excelentísimo señor Gobernador Civil de la provincia. Vives entra con paso un tanto inseguro y se queda de pie ante la enorme mesa del preboste que está leyendo la ficha, que previamente le han pasado de la secretaría particular, en la que constan los datos del alcalde. El Gobernador alza la vista y medio levantándose del sillón le da la mano al tiempo que señala una silla.
- ¿Qué tal…- el jerarca echa un vistazo a la ficha – Vives? ¿Cómo está usted? ¿Cómo van las cosas por  Senillar?
- Gracias por recibirme tan pronto, señor Gobernador. Ya sé lo muy ocupado que está y le agradezco muchísimo que me haya hecho un hueco entre sus visitas. Cuando vuelva al pueblo y les cuente a los vecinos lo bien que se ha portado conmigo estoy seguro de que…
   El Gobernador corta amablemente, pero con firmeza, el parloteo de Vives:
- Perdone, alcalde. No hago más que cumplir con mi deber, pero vaya al grano. ¿A qué se debe su visita?
   Vives le explica el proyecto de abastecimiento de agua que el Ayuntamiento, que tiene el honor de presidir, piensa llevar a cabo. Es una obra de evidente calado social y de gran importancia para el pueblo en todos los órdenes. Significaría un extraordinario paso adelante en la modernización del municipio.
- Me parece una excelente idea que solo puede contar con el beneplácito de todos – refrenda el Gobernador.
- Ahí está la madre del cordero, señor Gobernador, y perdone la forma de hablar. Que no todos están de acuerdo con el proyecto.
   El alcalde le refiere como el jefe local se opone a la obra; mejor dicho, no se opone, al menos de manera directa, pero si exige que la primera actuación que se realice en el pueblo debe de ser la construcción de un nuevo grupo escolar. Y claro, el Ayuntamiento no tiene presupuesto para llevar a cabo ambos proyectos al mismo tiempo. Ahí es donde reside el problema y por eso ha solicitado audiencia. Espera que el señor Gobernador…
- … con su superior criterio valorará cuál de las dos obras, ambas importantes, es más necesaria y urgente para el pueblo. Lo que decida su excelencia a buen seguro que será lo mejor, pero si me permite decirlo, señor Gobernador, la traída de aguas sería una de esas obras de reconstrucción que tanta falta hacen en nuestra patria y en particular en mi pueblo.
   El Gobernador asiente un tanto distraídamente mientras recuerda la intervención de Gimeno. Es mucho más político el jefe que el alcalde, que no es más que un palurdo de pueblo; eso sí, lleno de buena voluntad y de ganas de hacer cosas por los suyos. No tiene dudas sobre la pugna: el abastecimiento de agua potable, diga lo que diga José Vicente, es una obra más necesaria y más urgente para la población que la construcción de unas escuelas, pero… cuando no tiene una idea clara de cuál es la fuerza con la que cuenta cada uno de los contendientes, suele adoptar soluciones salomónicas. Aparca sus reflexiones porque el alcalde sigue con su cháchara:
- … también quiero aprovechar esta visita para informarle de los problemas que las continuas restricciones están acarreando a los vecinos en general y al comercio en particular. Si su excelencia tuviera a bien hacer una gestión ante la compañía de la luz sería de mucha utilidad para el pueblo que algunos días se suavizasen un poco los apagones. Esto es algo que seguramente podría hacer el encargado del pueblo, pero es más tozudo que una mula y no quiere o no sabe entender que el comercio tiene su horario y que no siempre se adapta al calendario de restricciones que aplica. Si le dieran un toque o pusieran otro encargado tendríamos menos problemas y…
- Bien, bien, señor alcalde – vuelve a cortarle el Gobernador -. Veré lo que se puede hacer al respecto. Y ahora, si me disculpa, tengo muchas visitas pendientes.
   Nada más terminar la audiencia, el Gobernador llama a su secretario:
- Valenzuela, pida a Germán que mande los papeles que dejó en jefatura el jefe local de Senillar. Compárelos con estos y me prepara un informe. Ah, hable con la dirección de la compañía eléctrica y que le expliquen qué pasa con las restricciones.

   La disposición que toma el Gobernador es un tanto salomónica, intenta contentar a ambos gerifaltes locales: la instalación del agua corriente será la primera obra a acometer y una vez terminada la obra se presupuestará la construcción de un nuevo grupo escolar. En realidad, tanto los afectados como el resto de vecinos toman la decisión como una victoria de Vives. Pese a que la resolución le sienta a José Vicente como si le hubiesen colocado un par de banderillas negras en todo lo alto, hace de la necesidad virtud y se apresura a felicitar al alcalde por la consecución de las obras que van a cambiar la faz del pueblo. Cuando en privado se queja al secretario de la Jefatura Provincial del desaire que, en su opinión, le ha hecho el jefe, recibe una respuesta que le da qué pensar:
- Mira, José Vicente. Has de tener en cuenta que el jefe es también el Gobernador Civil y tiene que jugar a dos paños. En aquellas localidades en los que el alcalde y el jefe estáis enfrentados se lo ponéis muy difícil. Le obligáis a tomar resoluciones que no dejen mal a uno ni a otro. Si quieres ganar la partida a Vives tienes que hacerte el amo del cotarro, has de conseguir tener más apoyos que tu oponente y eso no se logra en unas semanas, se requiere tiempo, paciencia y mano izquierda.
   Salvados todos los problemas, se acomete la instalación del agua corriente. Se levantan las calles para excavar zanjas en las que se instalan las cañerías de agua potable y la red de aguas fecales. Muchos vecinos se han mostrado recelosos ante lo que supone un cambio importante en la vida cotidiana, recelo que en muchos casos se ha incrementado cuando han tenido que hacer frente al gasto de la instalación en el interior de sus domicilios. Esos recelos se comentan en todos los corrillos vecinales y, como no, hasta en la trastienda de la Moda de París.
- Mi padre está que trina con lo que le ha costado la instalación del agua corriente en casa – comenta Consuelo.
- ¿Y qué pensaba tu padre, que se la iban a poner gratis? – replica Fina.
- Ya veréis como todas las dudas y recelos sobre la obra desaparecerán como por ensalmo cuando, en cuestión de días, nos acostumbremos a que al abrir el grifo mane generosamente el agua – afirma una redicha Lolita.
- ¿Sabéis que voy a echar de menos?, que ya no tendremos que hacer varios viajes al día hasta alguna de las fuentes para llenar los cántaros, sobre todo porque dejarán de vernos los chicos cuando vamos y venimos – se lamenta Consuelo.
- Por ahí se murmura que Gimeno, el de la cooperativa, estaba en contra de lo del agua potable – comenta Fina.
- Ese membrillo no sería más tontorrón si chupara picaportes – apostilla despectivamente Lolita.

   El día que se inaugura la obra, con asistencia de las autoridades provinciales, a excepción del Gobernador que está en Madrid, el alcalde no resiste la tentación de mostrarles el verso, compuesto por un vate local, grabado en el bordillo de entrada de la caseta del pozo y que ya figuraba en el que había antes de la guerra: Neptuno, aquí liberal, /por saciar la sed del mundo, /hizo de un pozo profundo /este bello manantial. 
- Excelente poema, de buena factura y muy bien medido – afirma con gesto grave, y sin dejar traslucir su ironía, el Presidente de la Diputación -. Les felicito por su buen gusto.

domingo, 7 de diciembre de 2014

*** 4000

Esta semana el blog alcanza las 4000 páginas vistas. Digo lo de siempre: ya sé que no es una cifra espectacular, pero para un blog que solo es soporte de una novela por entregas, de un autor desconocido, tiene su pequeño mérito. Como lo tiene el que el blog haya sido visitado desde 42 países de todos los continentes, salvo África.
Larga vida a todos los internautas que nos visitan.

viernes, 5 de diciembre de 2014

1.13. Pelea de gallos



   El zorro de Benjamín Arbós ha sabido elegir bien. Dos gallos no caben en el mismo gallinero. Los rifirrafes entre el alcalde y el jefe local comenzaron casi desde su primer encuentro. Vives tiene mucho carácter, es temperamental y está acostumbrado a imponer su voluntad. Gimeno es de los que las mata callando, tiene recámara, es inteligente y, ante su asombro, está descubriendo que mandar sabe más dulce que la miel. Al principio tuvieron roces sin importancia, pero rápidamente las diferencias se han ido ahondando. Y en las últimas semanas han surgido dos factores que han agrandado el foso que comienza a separarlos. Uno, de evidente calado, es el ámbito competencial. En el ordenamiento jurídico del nuevo estado español aparecen delimitadas qué materias corresponden a los Ayuntamientos y cuáles a las jefaturas locales del Movimiento Nacional, eso en la teoría, en la realidad es otro cantar. Como el poder es vertical y dimana siempre del inmediato superior, quien se lleva el gato al agua es el líder que tenga más y mejores contactos en la cadena de mando. Esa situación fáctica es tierra abonada para las peleas entre púgiles de similar pegada y eso es lo que ocurre en Senillar. En términos absolutos, Vives tiene más entidad por historial, por su capacidad de iniciativa, por conocimiento del pueblo y de su gente, al fin y al cabo es un senillense más. Gimeno apenas si tiene historia, su capacidad está todavía por demostrar, es forastero, pero cuenta con dos bazas que no posee Vives: es más ambicioso y, a través de los Arbós, está comenzando a tejer una interesada red de amistades en la capital. El propio José Vicente se sorprende a sí mismo al comprobar con qué rapidez está adquiriendo los modales y actitudes de un líder, como si llevara mandando toda la vida. El ejercicio del poder está cambiando hasta su habitual manera de comportarse. El hombre más bien retraído y poco seguro de antaño ha dado paso a otro convertido en un torbellino social y con un aplomo insultante. A veces piensa que es como si dentro hubiese llevado a otro ser en estado potencial y que al haber encontrado el ambiente adecuado se ha desarrollado plenamente. En cualquier caso, le apasiona el giro que está tomando su vida y cómo han cambiado su escala de valores y sus expectativas sociales.

   Otro factor que alimenta la enemistad entre ambos líderes es más bien grotesco: el protocolo. Hay una sorda pelea, no tanto entre ellos sino entre sus seguidores, para ver quién es el que ocupa el puesto de honor en una procesión, quién preside una conmemoración o quién inicia o termina un acto en el que haya que pronunciar unas palabras. Los problemas protocolarios han llegado a extremos esperpénticos e incluso han salpicado a otras autoridades. Un caso elocuente ha sido la ubicación en el templo parroquial de ambas autoridades en la misa cantada de los domingos: durante algunos festivos se sentaba en el primer banco de la derecha aquél de ambos que llegaba primero. La situación degeneró en una especie de carrera bufa que llegó al extremo de que algún domingo, bien Vives, bien Gimeno llegaron a la iglesia más de media hora antes de que empezara la santa misa con tal de asegurar el puesto de preeminencia. Y todo ello ante la rechifla de muchos convecinos que hasta hacían apuestas a ver cuál de los dos se sentaría antes en el dichoso banco. El absurdo pulso acabó tras intervenir mosén Amancio que recordó a ambas autoridades que en el banco en disputa siempre se habían sentado los miembros del Ayuntamiento y en el primero de la izquierda los representantes de los demás poderes locales. A Gimeno la resolución no le hizo ni pizca de gracia, pero se calló. Benjamín le ha repetido una y otra vez que con la Iglesia lo mejor es no meterse y decir amén a lo que propone. Además, ha descubierto que la arisca, al menos con él, encargada de la Moda de Paris no va a misa de doce sino a la de las siete de mañana, que es rezada y, por tanto, mucho más corta. Se ha pasado al culto de primera hora, así puede verla, aunque Lolita sigue tratándole de forma tan fría y distante como siempre.
  
   En lo que atañe a las formas, el alcalde y el jefe local se llevan bien y hasta se cruzan mutuos elogios. Eso en la superficie, en el fondo ambos son conscientes de que es cuestión de tiempo que uno derrote al otro, aunque por el momento las fuerzas parecen bastante parejas. Vives, como buen empresario, está demostrando ser un magnífico gestor y tener mucha iniciativa, en cambio no se le dan tan bien las relaciones públicas ni las intrigas palaciegas. Gimeno es el reverso de la moneda, no le gusta gestionar y prefiere que todo siga igual, pero aprende a marchas forzadas las artes del cabildeo y está ganando adeptos tanto en el pueblo como en la capital y además guarda un as en la manga: cada día es mejor orador. El enfrentamiento es cada vez menos disimulado. Se juegan el cetro del dominio local.
   El origen de su primer encontronazo serio es decidir la prioridad en la ejecución de dos importantes obras municipales: la instalación del agua corriente o la construcción de un grupo escolar. Vives opta por la primera, mientras Gimeno, que en principio le daba igual, se decanta por la segunda tras consultar con Benjamín Arbós. La pelea de gallos está servida.
- Es de cajón que la primera obra a ejecutar es llevar el agua a las casas – afirma el alcalde -. Ya contamos con el pozo excavado en el Calvario, de propiedad municipal, y que tiene caudal más que suficiente para abastecer a todo el pueblo. Es un escándalo que en un municipio tan rico en agua como el nuestro las mujeres tengan que seguir surtiéndose de las fuentes públicas. Si instalamos el agua potable será la primera localidad de la comarca que la tenga y eso puede atraer a más gente y quizá se instalen fábricas y comercios que den más vida y mejores posibilidades a los jóvenes de encontrar empleos fuera del trabajo del campo. Todo eso sin contar los considerables beneficios sanitarios e higiénicos que una instalación de esa clase va a reportar. La inversión es considerable, pero se podría buscar financiación en las entidades oficiales. 
- Mira, Paco – responde José Vicente -, no cuestiono la importancia que tiene la instalación del agua corriente, pero considero que no es la obra más urgente. En mi opinión – no lo cree así pero se trata más de llevar la contraria a Vives que de otra cosa - lo más urgente es la construcción de un nuevo grupo escolar. Después de la guerra, como bien sabes, ha habido un notable repunte en la tasa de natalidad y el número de críos se ha disparado, no caben en las aulas de las viejas escuelas, cuyas instalaciones son deplorables y a todas luces insuficientes. Un nuevo grupo escolar servirá no solo para escolarizar a todos los niños sino también para darles una mejor formación. Y tener una buena educación será lo que de verdad les dará las mejores posibilidades de encontrar buenos empleos.
   Lo que Gimeno no cuenta es que, además de darle en la cresta al alcalde, tiene otra motivación personal. Se ha hecho amigo de Ricardo Poveda, uno de los maestros jóvenes que llegaron al pueblo un año antes que él, y el conquense, Poveda es de Cuenca, le ha convencido de que urge levantar unas nuevas escuelas, las unitarias existentes están que se caen de viejitas. De hecho ya antes de la guerra hubo varios acuerdos municipales para erigir unas nuevas, pero por unas u otras causas las propuestas nunca llegaron a buen puerto. Ahora ha llegado el momento de llevar a cabo el antiguo proyecto.
- Construir un nuevo grupo escolar resultará muy caro y no es algo que urja – contraataca Vives.
- Bastante menos que lo del agua y además estoy convencido de que las autoridades nos prestarán su apoyo para financiar la obra. En cuanto a la urgencia es una cuestión opinable.
   Como ni el alcalde ni el jefe local se ponen de acuerdo terminan trasladando sus diferencias adónde dimana la fuente del poder de ambos. Paco pide audiencia al Gobernador Civil. José Vicente solicita ser recibido por el Jefe Provincial del Movimiento. La jugada de uno y otro es la lógica: pedir auxilio a su superior jerárquico, la única incongruencia es que ambos cargos los ocupa la misma persona.

   El secretario del Jefe Provincial del Movimiento es un chico joven, delgadito, con el pelo engominado y peinado a raya, luce un bigotillo como una raya, viste un traje marrón ojo de perdiz debajo de cuya chaqueta lleva camisa azul, pero lo que más resalta son las oscuras gafas que ocultan por completo su mirada.
- El camarada Asensio te recibirá en seguida – le comunica a José Vicente.
   Gimeno entra con aire decidido y, cuadrándose militarmente en medio del despacho, levanta el brazo derecho haciendo el saludo falangista al tiempo que con voz enérgica exclama: 
- Arriba España. Se presenta el camarada José Vicente Gimeno, jefe local de Senillar. A tus órdenes.