martes, 2 de diciembre de 2014

1.12. Debes respetar el vínculo



   En la iglesia parroquial se ha celebrado la función litúrgica de los nueve primeros viernes de mes, devoción que se deriva de una de las doce promesas que el Sagrado Corazón de Jesús hizo a Santa Margarita María de Alacoque y que, esencialmente, consiste en comulgar el primer viernes de cada mes durante nueve meses seguidos.  Acabada la función religiosa los fieles, casi todas mujeres y pocas de ellas jóvenes, van saliendo pausadamente del templo. Unas se quedan charlando junto a la puerta del templo y otras se marchan a casa. Camila Tena, con la unción de alguien que acaba de tomar la comunión, se desprende lentamente de la horquilla con que sujeta la mantilla y la pliega. Va camino a su hogar. De pronto, alguien la llama:
- ¡Camila!, ¿se puede saber dónde vas con tanta prisa?
- Lolita, hija, ¿dónde crees que va a ir una mujer casada? Y tú que cara eres de ver. Ya no se te ve ni en misa de doce de los domingos.
- Qué más quisiera, pero prefiero ir a la de siete. La verdad es que mosén Amancio es más bueno que el pan, pero no me negarás que es bastante pesado y las misas cantadas se hacen interminables. Bueno, cuéntame, ¿qué tal en tu nuevo estado?
- Pues bien, pero poco más puedo decirte. En cambio tú seguro que tienes mucho que contar. ¿Has pensado en lo que te propuse sobre la Sección Femenina?
- No mucho, la verdad, pero sigo sin tenerlo nada claro. Además, esta temporada   tengo mucho trabajo en la tienda. Hace mucho tiempo que no vendíamos tanto. Y luego tengo que echarle una mano a mamá que está bastante bien, pero ya no tiene el ánimo de hace unos años. Tú deberías saberlo pero, claro, como tienes criada y todavía – remarca la palabra para chincharla – no han llegado los hijos pues aún no te has enterado de lo que es ser ama de casa de verdad.
- Hija, oyéndote cualquiera diría que estoy todo el día mano sobre mano. Pues también tengo mis obligaciones, no creas.
- Si no lo dudo, pero es de cajón que no son las mismas. En el fondo, si he de serte sincera, te envidio.
- ¡Ay, Lolita!, no es oro todo lo que reluce. Todos llevamos nuestra cruz – es la contrita respuesta.

   Camila todavía no parece haber asimilado que es una mujer casada. Debería de haberse acostumbrado porque hace unos días celebró su primer aniversario, pero le cuesta hacerse a la idea. Por las mañanas, cuando despierta y ve a su marido durmiendo a su vera todavía se sobresalta y con frecuencia piensa que quizá hubiese sido más feliz con el alférez de complemento del que fue madrina de guerra, pero desde la batalla del Ebro no volvió a saber del oficial. ¡Qué desengaño! Hasta hubo momentos en que se le pasó por la cabeza profesar en una orden de clausura, pero no se atrevió a dejar sola a su madre que desde que los rojos asesinaron a su esposo no  volvió a levantar cabeza y se obsesionó con la idea de ver casada a su hija antes de morir. Además de soportar la obsesión de su madre por verla casada, Camila sufría la presión de mosén Amancio, el cura párroco del pueblo, que no perdía ocasión de martillear en el yunque de su soltería. Y que, cuando en el confesonario, la mujer le contó sus vagos deseos de profesar, tuvo que aguantar el rapapolvo que le echó el confesor:
- Camila, como eres una de mis contadas feligresas con buena formación cristiana está de más que te lo recuerde, pero tengo el deber de insistir. Sabes perfectamente que el estado natural de la mujer es el matrimonio y que la Iglesia Católica y la rediviva España necesitan madres que eduquen a sus hijos para ser mitad monjes, mitad soldados y eso solo está al alcance de mujeres tan piadosas y entregadas a la Causa como tú. Por tanto, nada de meterte monja, lo que debes de hacer es casarte y engendrar hijos para Dios y para la Patria.
  
   El problema de la soltería de Camila siempre radicó que en el pueblo no había buenos partidos o los que lo eran, contados, jamás se fijaron en ella, cuyos encantos nunca fueron nada del otro mundo. Su casorio vino por donde menos podía imaginar, del incierto mundo de los retornados del bando perdedor. Severino Borrás era uno de ellos. Antes de la guerra, su madre y él malvivían de lo que sacaban de un pequeño huerto y de las pocas pesetas que le pagaban por llevar las cuentas de un par de almazaras. Durante la contienda estuvo de escribiente en uno de los campamentos que las Brigadas Internacionales instalaron en Albacete y, al parecer, allí perfeccionó lo de hacer sus buenos números. Estuvo en un campo de concentración hasta que su madre reunió los avales necesarios para sacarlo. Al volver al pueblo, sin oficio ni beneficio, todos se asombraron al ver cuánto había cambiado Severino, de hombre que no pisaba la iglesia pasó a ser un auténtico beato, no había función religiosa que no contara con su presencia y era de los contados varones de misa y comunión diaria. Mosén Amancio lo tomó bajo su protección y la suerte de Severino cambió de repente. En aquella España del nacionalcatolicismo el favor de un sacerdote, y más tan combativo como el párroco, contaba mucho. Prueba de ello fue que en cuanto el mosén se enteró de que se iba a producir una vacante en las oficinas municipales le faltó tiempo para plantarse ante el alcalde y, sin cortarse un pelo, espetarle:
- Paco, sé de buena tinta que tenéis que cubrir una vacante de administrativo. Pues bien, quiero decirte que la persona más preparada que hay en el pueblo para ese puesto es Severino Borrás. No solo sabe de números y tiene buena letra, además es hombre cabal, honrado, cumplidor y buen cristiano.
   Paco Vives, que todavía no le había tomado bien el pulso al funcionamiento del Ayuntamiento, intentó inútilmente echar balones fuera pero al final se plegó al empuje y resolución del párroco. Tenía bien claro que con la Iglesia no se juega.
   Severino se convirtió en escribiente del Ayuntamiento, donde según don Nicanor, el secretario, podría hacer carrera y terminar siendo primer oficial. A Camila le parecía poquita cosa, pero entre el cura y su madre le convencieron de que era un buen hombre, sin vicios, muy piadoso y que contaba con un sueldo fijo. Resultado de todo ello es que ahí lo tiene, durmiendo a su lado.

   En el tiempo que lleva casada, Camila ha descubierto que la vida conyugal es mucho menos excitante de lo que imaginó. Va a misa de siete, luego le pone el desayuno a su marido, tarea que nunca delega en la criada, hace la compra, vigila la preparación de la comida… y así pasan las mañanas, una tras otra, con desesperante monotonía. Las tardes son más tediosas aún: cose algo, un tanto de tapadillo prepara ropita para el bebé que supone que algún día tendrá. La mejor hora es la del rosario porque siempre encuentra a alguna conocida con la que pegar la hebra y el premio gordo es cuando una de sus contadas amigas va a visitarla y la charla se prolonga hasta que la visitante se tiene que marchar. Las amigas y mosén Amancio son las personas con las que más habla, porque su madre ha envejecido increíblemente y hasta hay momentos en que parece que se le va la cabeza, y con su marido los diálogos son escasos y breves. Severino, además de su trabajo en el Ayuntamiento, lleva la contabilidad de dos comerciantes y de una almazara razón por la cual llega a casa a las tantas y, lógicamente, cansado. El matrimonio cena, reza el rosario en familia y se acuesta. Y así pasan los días.
   Hasta el débito conyugal, como el párroco gusta llamarlo, ha resultado ser decepcionante. Su nulo conocimiento de todo lo concerniente al sexo no había sido óbice para que su fantasía se desbocara e imaginara delicadas caricias y placeres, quizá pecaminosos, pero deliciosamente excitantes. La realidad ha sido muy diferente, nunca ha llegado a tener el orgasmo ese del que hablan, comienza a creer que debe ser un cuento chino, como tantos otros que circulan alrededor del sexo. Por otra parte,  su marido ha resultado ser más gazmoño que ella y poco ducho en artes amatorias. Las breves cópulas no le producen ninguna satisfacción y un año después del himeneo sus ayuntamientos semanales han pasado a ser más un desagradable deber que otra cosa.
Hasta le ha pasado por la cabeza reducirlos a uno al mes, pero en la obligada consulta, confesonario por medio, mosén Amancio ha sido tajante:
- De eso nada, hija. Te recuerdo que una de las obligaciones de toda esposa cristiana es atender los deberes del vínculo y ese es uno de ellos. Cuando no goces del ayuntamiento con tu esposo, piensa en lo que debieron de sufrir las primeras vírgenes cristianas cuando eran violadas por los legionarios romanos y ofrece tu sacrificio a la Santísima Virgen María.
- Pero, padre…
   El sacerdote la interrumpe: 
- Ni padre, ni pamplinas. Debes respetar el vínculo y eso no admite discusión. Además, ¿cómo si no vas a ser madre?

viernes, 28 de noviembre de 2014

1.11. Se busca delegada para la Sección Femenina


  Lo que le pueda pasar al Caudillo de las Españas, en el supuesto de que los Aliados ganen la guerra, le trae sin cuidado a José Vicente Gimeno, a quien han bastado apenas unas pocas semanas para hacerse con las riendas del funcionamiento de la jefatura local. Y piensa que hasta ha sido demasiado tiempo para las poquitas actividades que se llevan a cabo. La verdad es que Rodrigo, el anterior jefe, la tenía totalmente abandonada. En cuanto al ideario falangista se ha leído unos folletos y ha ojeado los libros que encontró en la jefatura. Enseguida descubre que la gente, incluidos los escasos afiliados locales al partido, está absolutamente en ayunas de casi todo lo referente a la doctrina falangista. Apenas si han oído hablar de los veintisiete puntos, síntesis del ideario falangista, y nadie ha leído textos de José Antonio Primo de Rivera. Solo conocen los símbolos externos y algunos gritos y consignas, ni siquiera se saben la letra del Cara al sol, el himno falangista. Conocen más de la Falange los niños de las escuelas que los que tienen carné del partido. Llega a la conclusión de que si habla con aplomo, y dando la impresión de creer a pies juntillas lo que dice, les podrá contar a sus afiliados cualquier historia. Por otra parte, le ha parecido notar pequeños cambios en la forma en qué la gente le trata desde que es jefe, le da la impresión de que ahora le hablan con más respeto y le escuchan más atentamente. Hasta las jóvenes le miran con ojitos más encandilados que antes.

   Una de las primeras tareas que los de la Jefatura Provincial han encargado a Gimeno es que debe de revitalizar las inexistentes actividades de las delegaciones locales, especialmente las referidas a los jóvenes: el Frente de Juventudes y la Sección Femenina. De la primera ni siquiera hay delegado, tendrá que nombrar uno. De la segunda si hay delegada, una tal Camila Tena. Al parecer fue muy eficaz en su día, pero desde que se casó, hace unos meses, la actividad de la delegación ha caído en picado. Siguiendo la sugerencia de Benjamín Arbós va a visitarla.
- Tenía ganas de conocerte, Camila. Me han contado maravillas de ti y de tu ingente labor al frente de la delegación – Gimeno descubrió hace tiempo que un poco de coba mejora espectacularmente las relaciones humanas.
- Gracias, camarada. Es verdad que trabajé mucho, tanto en la Sección Femenina como en el Auxilio Social, pero eso fue cuando era soltera, desde que me casé, nobleza obliga, reconozco que me ocupo bastante menos. Soy consciente de que tendría que dedicarle más tiempo, pero el matrimonio impone unos deberes que no lo hacen posible.
- Lo comprendo, Camila, pero dada tu valía y preparación estoy convencido de que podrías hacer un hueco en tus muchas obligaciones para dedicarlo a la delegación.
   Camila no está ya por la labor. Es verdad que tiene más trabajo en casa, pero el motivo fundamental no es ese, estaba muy unida a Castaño, el jefe local durante la guerra, y cuando éste se marchó decidió que su tiempo en la política había pasado. Ahora a lo que aspira es a ser una buena esposa y una mejor madre, si el Señor le concede el regalo de la maternidad.
- Créeme que lo siento, camarada, pero es una decisión que no tiene vuelta atrás. Tengo otras obligaciones que, como comprenderás, son antes que cualesquiera otras. Me gustaría ayudarte, pero la verdad es que no puedo.
- Bueno, no quiero forzarte. En todo caso, agradezco tu sinceridad. Y ya que dices que te gustaría ayudarme, te tomo la palabra. Como todavía no conozco a mucha gente, me serías de gran ayuda si pudieras sugerirme un nombre para sucederte.
- Eduvigis Saura – dada la rapidez de la respuesta da la impresión de que Camila la tenía preparada -. Una de las maestras. Es buena camarada. Está soltera, con lo que tiempo no le falta, y tiene carácter. Creo que lo haría estupendamente. Mucho mejor que yo. ¿La conoces?
- La verdad es que no. 
- Para demostrar mi voluntad de ayudarte, si quieres, hablaré con ella.

   Para Camila es una sorpresa que Eduvigis no acepte la propuesta, su excusa es que está metida de lleno en el desarrollo de la Acción Católica y no tiene tiempo para dedicarlo a otra actividad. Camila vuelve la vista a otras mujeres que pudiesen dirigir la Sección Femenina. No hay tantas, realmente le sobran dedos en una mano para contar aquéllas que podrían servir. De pronto se le iluminan los ojos. ¡Cómo no se le ocurrió antes! Lolita Sales podría hacerlo estupendamente, siempre y cuando consiga convencerla. Sin pensarlo dos veces envía a Brígida, la muchachita que tienen de criada, a decirle a la señorita Sales que, cuando le sea posible, se pase por casa.
- Que bien te veo, Camila. Siempre oí decir a mamá que el cambio de estado embellece a las mujeres. En tu caso, desde luego, es verdad.
- Adulona, que eres una adulona. La que estás preciosa eres tú. Te has convertido en toda una mujer.
   Tras unos minutos echándose flores y charlando de generalidades, Camila entra en materia:
- Quería hablar contigo para proponerte que seas mi sucesora en la Sección Femenina. Espera, espera antes de decir nada, déjame que te explique. Voy a hablarte desde el cariño que sabes que te tengo, pero con toda franqueza. ¿Qué estás haciendo, a qué dedicas la mayor parte de tu tiempo? Llevar adelante la tienda, que eso lo haces con el meñique y, que yo sepa, poco más. Haces muy poca vida social, casi no se te ve. Estoy convencida de que te aburres un montón. ¿Es eso lo qué quieres hacer en los próximos años? No me interrumpas, por favor, déjame terminar. Tú vales mucho y es un pecado que dejes pasar los mejores años de tu vida sin emplear los muchos dones que el Señor te ha concedido, eres amable, simpática, culta, tienes don de gentes… ¿Y qué haces con todas esas cualidades? Nada, no haces nada. Si aceptaras la delegación podrías hacer mucho bien, podrías ayudar a otras chicas y enseñarles algunas de las muchas cosas que sabes. Estoy convencida de que eso te ayudaría a ser más feliz. Compartir, y te lo digo por experiencia propia, es una de las vivencias que más llenan a una persona. Ayudarías a las demás y te ayudarías a ti misma.
- Camila, por un lado, eres dura conmigo y por otro me llenas de elogios – a Lolita no le ha gustado alguna de las cosas que su amiga ha dicho -. Por mucho que me valores no veo en qué o cómo podría ayudar. Además tú sabes, mejor que nadie, que desde que acabó la guerra me desligué de la Falange.
- Sí, pero sigues siendo afiliada. Al menos yo no he visto tu baja.
- Puedes considerarme de baja desde este mismo momento.
- No es eso, Lolita, no es eso – Camila ve que ha tomado un derrotero equivocado y trata de reconducir su argumentación -. ¿Quieres que te diga la verdad? y no me atrevería a repetirlo fuera de esta salita. Me importa más lo que sea de tu vida, me interesa más tu felicidad que lo que pueda pasar con la Sección Femenina. Si tú no la diriges se lo encargarán a otra persona, de acuerdo. Pero no se trata de eso. Lo que intento es hacerte ver que el tipo de vida que llevas no conduce a ninguna parte. Podrás decirme que soy dura, pero no creo que seas muy feliz haciendo tan poco. Fíjate, te digo más, si me dijeras que no porque estuvieses realizando cualquier otra actividad, entendería tu negativa. No la entiendo desde el momento que no haces nada con tu mucho tiempo libre.
- Camila, agradezco de corazón tus buenas intenciones, pero no me veo en el papel de guía y formadora de las calcetineras del pueblo. Para eso ya están las maestras. ¿Por qué no le haces la propuesta a doña Eduvigis? A buen seguro que te dirá que sí.
- Edu es una estupenda maestra, pero demasiado seca y arisca para el cargo. He pensado en muchas mujeres y, te lo digo una vez más, eres la mejor y, si me apuras, la única. Mira, vamos a hacer una cosa. No tomes ahora una decisión. Consúltalo con la almohada y, si te parece oportuno, coméntalo con tu madre. Dentro de unos días volvemos a hablarlo. 
   Lo que Lolita no se ha atrevido a contar a Camila es que tiene otro motivo para no aceptar el puesto: si dice que sí tendrá como jefe, al menos en el plano político, al estreñido de Gimeno. Y hasta ahí no llega su patriotismo.

martes, 25 de noviembre de 2014

1.10. Un filón inesperado



   Los dos factores de la RENFE que asisten a la tertulia de El Porvenir no han contado todo lo que saben sobre el estraperlo y no lo han hecho porque ni pueden ni quieren. Se ganan sus buenos duros haciendo la vista gorda al facturar vagones que en el manifiesto de  carga solo llevan algarrobas o boniatos, y mirar a otro lado cuando se meten de matute otras mercancías que luego se venderán a precios astronómicos en la ciudad. Esos estraperlistas son los que se están haciendo de oro. Las mujeres que viajan con un par de cestas se limitan a ganar su jornal y poco más.

   La combinación de la hambruna, el estraperlo y la asfixiante política intervencionista que atenaza al país es la principal causa de un sorprendente cambio en muchas comarcas agrarias: los tradicionalmente empobrecidos agricultores se están enriqueciendo. Todo producto que pueda convertirse en comestible alcanza precios inimaginables en el mercado negro. Senillar no es zona cerealista y tiene una producción oleícola bastante limitada por lo que no puede competir en el mercado de los dos productos preferidos por el estraperlo: la harina de trigo y el aceite de oliva. Pero el pueblo ha encontrado un filón inesperado en un cultivo tan modesto como el del boniato o batata. De antaño ese tubérculo, que ya se cultivaba en la marjalería en pequeñas plantaciones, se consumía en el pueblo de muy variadas maneras: crudo, asado, hervido y para fabricar la confitura de uno de los postres más típicos de Senillar, el dulce de boniato. Ahora se facturan vagones, con miles de toneladas, cuyo destino es paliar el hambre en las grandes urbes. El boniato se ha convertido en uno de tantos sucedáneos del pan y dado que es muy barato su comercialización ha experimentado un espectacular incremento. El fenómeno está produciendo un río de dinero para los modestos labriegos locales, nunca ganaron tantos duros ni siquiera en las mejores campañas naranjeras de antaño llegaron a tener tantos ingresos.
   De alguna forma, ese imprevisto alud de dinero ha dado un vuelco espectacular a la valoración de los estamentos que conformaban la pirámide social y económica del pueblo cuya composición era simple. En la cúspide estaba la docena escasa de las familias ricas de cuna y los contados titulados superiores destinados en la localidad. Después los dueños de los modestos negocios locales: panaderías, ultramarinos, carnicerías y demás tiendas del más variado pelaje. Luego los funcionarios por aquello del sueldo seguro. Tras ellos la gente de los oficios: albañiles, carpinteros, herreros, hojalateros… Casi en la base de la pirámide los propietarios de los minifundios agrícolas que formaban el grueso de la población, y en la cola aquéllos que se tenían que emplear de braceros. Ahora, los labriegos se han convertido en los nuevos ricos del pueblo, pese a que continúan teniendo algún que otro problema. Uno de ellos es que sigue manteniéndose la ancestral costumbre de que los comerciantes apalabren las cosechas a los campesinos y se las paguen cuando cobran de los mayoristas. Esa arcaica modalidad comercial, en la que la palabra y la buena fama personal son las que cuentan, origina que en alguna ocasión los agricultores vendan sus cosechas, pero no lleguen a cobrarlas porque el comerciante de turno se ha arruinado o ha desaparecido dejando tras sí una legión de impagados.

   De la inusitada actividad comercial que registra el pueblo y de cómo corre alegremente el dinero pueden dar fe los establecimientos comerciales de Senillar. Hasta la modesta tienda de modas de la madre de Lolita se beneficia de esa inesperada época de vacas gordas. Nunca había vendido tantos modelitos y, especialmente, tanta lencería. Un día, que estaba atendiendo a un par de jovencitas que dudaban ante los sujetadores que Lolita había puesto encima del mostrador, entró Gimeno. Fue verle y una sonrisa pícara cruzó el agraciado rostro de la joven encargada. Vamos a ver cómo reacciona este mequetrefe, se dice:
- Señor Gimeno, si espera un momento enseguida le atiendo. Aunque viene usted al pelo, ¿nos podría hacer un favor?
- Faltaría más.
- Verá, es que aquí – señalando a las dos muchachas – no acaban de decidirse entre estos dos modelos de suje. Usted que es hombre de mundo sabrá que las mujeres compramos la ropa interior pensando más en los varones que en nosotras mismas. Entonces, desde un punto de vista masculino, ¿usted por cuál se decidiría?, ¿por este que recoge el pecho y lo levanta? o ¿por este otro que al contrario no es tan provocativo?
   Gimeno mira fijamente los sujetadores, de blonda y encajes, que Lolita exhibe y no se le escapan las miradas entre curiosas y un tanto burlonas de las dos compradoras. Tres pares de oídos curiosos aguardan la respuesta del interpelado; ésta no deja de sorprenderles pues es más propia de un adolescente, incómodo ante una pregunta atrevida, que de un hombre hecho y derecho:
- Entiendo menos de sujes que de corbatas. Ya vendré en otro momento – y salió disparado de la tienda. Por unas décimas de segundo no llegó a escuchar la carcajada de las dos clientas ni pudo ver la maliciosa sonrisa que floreció en el rostro de Lolita.

   De los efectos que produce el filón del boniato está dando más datos Martín Esteller que, haciendo honor a su profesión de barbero, está al día de la mayoría de chismes que circulan por el pueblo:
- … y cualquier muerto de hambre que tenga un par de marjales o un huerto, del que antes solo malvivía, ahora se está forrando. Apalean tantos duros que no saben qué hacer con ellos.
- Quién lo iba a decir – se lamenta Bonet -, antes los pobres eran ellos y ahora lo somos nosotros.
- Hombre, pobres, lo que se dice pobres, tampoco – le corrige Clavé.
- En términos absolutos, posiblemente no, pero desde un punto de vista relativo creo que tiene razón Bonet – interviene Lastra -. Todos los que tienen ingresos fijos seguro que a fin de año van a ganar menos que cualquiera que tenga algo que vender de estraperlo. Yo lo estoy viendo en mi trabajo. Antes cuando un labriego pedía que fuera a ver uno de sus animales era porque estaba muriéndose, ahora en cuanto un mulo da un mal paso ya está el dueño llamándome para que le haga una revisión a fondo.
- Lo mismo puedo contar yo, pero de las instalaciones – apunta el encargado de la luz, que es otro de la partida. Piñana explica a sus compañeros como una de las primeras inversiones que hacen los nuevos ricos locales es echar abajo sus modestas viviendas y sobre el mismo angosto solar construir su nueva casa. Suelen ser oscuros y estrechos edificios de dos o tres alturas, pero de los que generalmente solo se remata la planta baja, las restantes quedan para cuando el calcetín vuelva a engordar. Se gana sus buenos duros montando las instalaciones eléctricas de las nuevas construcciones.
- Si el dinero se mueve siempre hay la posibilidad de que algo te toque – filosofa Ballesta.
- No a todos – asevera rotundo Clavé que, como telegrafista, no tiene fácil lo de conseguir otros ingresos.
- Cambiando de tema: ¿qué sabéis de la División Azul? – pregunta Lastra a quien lo del estraperlo ya le aburre.
- Parece que los han destinado al frente Norte.
- ¿Y eso adónde para?, porque con lo grande que es Rusia… - interroga uno de los contertulios cuyos conocimientos geográficos son justitos.
   Tras un breve repaso a la situación bélica, en la que los alemanes siguen arrasando desde el inicio de la guerra, terminan hablando de fútbol. Bonet, que es muy futbolero, sostiene que este año volverá a ganar la liga el Atlético de Aviación que ya lleva dos años seguidos proclamándose campeón.    

   Al deshacerse la tertulia, Bonet piensa que, cuando hablaron de la guerra, le hubiese gustado comentar con sus contertulios las informaciones de la contienda bélica que escucha en su radio, pero se ha contenido. Sintonizar determinadas emisoras como la clandestina Radio España Independiente, más conocida como la Pirenaica, está rigurosamente prohibido puesto que es una vía de información y propaganda del proscrito partido comunista y las condenas por saltarse la prohibición pueden ser muy duras. No es cuestión de andarse con bromas. En la soledad de su minúscula salita de estar es cuando más echa de menos a sus antiguos compañeros de tertulia. Ha estado sondeando, con mucho tiento, a algún que otro conocido para que le acompañe en las audiciones radiofónicas nocturnas, pero no ha encontrado contestación. O no se han enterado de a qué les invitaba o se han enterado demasiado bien y le han dado la callada por respuesta. Hasta que quién menos imaginaba acepta encantado la velada invitación: su compañero de trabajo, Alfredo Ballesta. Resulta que también es un represaliado político, aunque lo oculta celosamente.
   La primera noticia de la que se enteran, y que no trae ningún periódico, es que en enero se firmó en Washington, por varios importantes países, una declaración de las Naciones Unidas para garantizar la libertad y preservar los derechos humanos y de la justicia; fuera del acuerdo quedan las llamadas potencias del Eje y los estados afines y entre ellos se cita a España.
- Y eso de que dejen fuera a España, ¿tú crees que repercutirá en el gobierno?
- Cualquiera sabe, pero una cosa sí tengo clara, si por casualidad los aliados ganan la guerra, Franco las va a pasar más putas que San Amaro. 
- ¿Franco o el resto de los españoles?