martes, 20 de mayo de 2014

4.9. Así habló Zaratustra

   El manifiesto de la juventud unida por un Senillar libre, que tanto ha inquietado a los constructores, tiene una lectura muy distinta para el grupo de chicos que la han redactado. Algunos de ellos, a cuyo frente está Chelo Arbós, vuelven a visitar a Pascual Tormo pese a las discrepancias que afloraron en sus anteriores encuentros.
- Adelante, pasad. Creí que no volvería a veros – Es el saludo de Tormo al abrirles la puerta de su casa.
- Venimos a traerte el primer manifiesto que vamos a  lanzar y a preguntar tu opinión sobre el mismo. Toma, léelo – pide Chelo ofreciéndole un ejemplar del documento.
- No hace falta, ya lo conozco. Alguien dejó una copia en mi buzón.
- ¿Y qué te parece?
- Que es lamentable – opina Tormo sin cortarse un pelo -. En primer lugar quiénes lo han redactado son unos analfabetos idiomáticos. Para empezar, las faltas ortográficas son de las que hacen daño a la vista, ¿sabéis que existe algo que se llama acento?, ¿y qué coño os ha hecho la hache para que la despreciéis de esa forma?, y no digamos las comas, están puestas a voleo. Por otra parte, el texto está repleto de frases hechas que repugnan al correcto uso del español, frases que tan usadas son por los ignorantes de los políticos y los berzas de los malos periodistas, tales como en base a, a nivel de y otras lindezas por el estilo. Los dequeísmos brillan como luminarias y los solecismos campan por sus anchas. Y esa estupidez de citar a los dos géneros, ¿acaso no sabéis que en español el masculino plural comprende a ambos? Si fuerais alumnos míos no aprobaríais ni de coña. ¿Pero se puede saber qué diablos os enseñan ahora en los colegios e institutos?
- Oye, no estamos aquí para que nos sermonees. Si el manifiesto está mal escrito, la culpa es tan nuestra como tuya.
- ¡Vaya, esa sí que es buena! ¿Qué tengo que ver con ese panfleto?
- Más de lo que crees. Si nos hubieses ayudado cuando vinimos a pedir tu colaboración y apoyo, el panfleto, como tan despreciativamente lo calificas, estaría escrito como si lo hubiese redactado un carcamal de la academia.
- Mira, en eso te doy la razón.
- Vámonos, Chelo, no insistas, ya te dije que de este pozo no íbamos a sacar agua – afirma uno de los chicos a la par que hace ademán de retirarse.
   El resto de los chavales queda entre dos aguas, vacila entre seguir a su compañero o quedarse con Chelo que no se ha movido.
- No hemos venido para largarnos a las primeras de cambio, al menos yo no pienso hacerlo hasta que aquí – dice Chelo señalando a Pascual -, el señorito intelectual de pega, nos diga qué opina del contenido del manifiesto, faltas e incorrecciones al margen.
- ¿Qué opino de su contenido? No tengo ningún problema en decirlo: demagógico, populista, plagado de medias verdades y con unas admoniciones de todo punto inadmisibles.
- ¿Qué son admoniciones? – pregunta una de las jovencitas.
- Reconvenciones, amenazas, amonestaciones, intimidaciones…
- O sea, que te ha parecido una mierda – resume Chelo.
- Tanto como mierda… Creo que el panfleto, pues no es más que un libelo pésimamente escrito, posiblemente tenga buena intención. Para utilizar una expresión más correcta, los que lo han elaborado seguramente lo han hecho por un buen fin, pero han marrado el tiro. Tendría que ser menos demagógico, graduar el populismo, explicar las verdades completas y, desde luego, sin amenazar a nadie. Esto último es lo que me ha parecido más inaceptable.
- O sea, que como ha dicho Chelo, te parece una mierda – reitera el chico que quería marcharse.

   Antes de que Tormo conteste al chaval, Chelo vuelve a intervenir:
- Pues supongo que te seguirán pareciendo lo mismo los siguientes que lancemos a la calle porque éste solo es el primero. Espera y verás.
- Pascual, no sé qué opinan los demás – la que habla es una morenita que hasta el momento había estado callada -, pero a mí me has decepcionado cantidad. Esperaba de ti otra clase de reacción. Si lo estamos haciendo mal es porque gente como tú no quiere comprometerse con una causa en la que se juega el futuro del pueblo, que también es el tuyo.
   A Tormo le ha dolido el comentario, más que ninguno de los hechos hasta el momento. Y es porque la autora del mismo es Amparín Casaña, hija de uno de los mejores amigos que tiene en el pueblo y a la que conoce desde niña.
- Bueno, Amparín, no te pongas melodramática que no es para tanto. Y no es cierto que no esté comprometido con el futuro del pueblo. Lo que ocurre es que la situación la contemplo desde una óptica distinta de la vuestra.
- ¿Y se puede saber cuál es la óptica del señorito intelectual hecho de pasta de merengue? – el sarcasmo trufa la pregunta de Chelo.
   Tormo se queda mirando a la muchacha y, por un momento, duda entre no aguantar ni una bufonada más y echarlo todo a rodar o armarse de paciencia. La carita de desencanto de Amparín es la que decide la suerte de la entrevista.

   Lo que a continuación hace Pascual desconcierta a los chavales. Se vuelve al mueble bar que tiene en un rincón de su estudio y comienza a sacar botellas.
- Algo que tengo que reconocer es que soy un pésimo anfitrión. Me habéis visitado un par de veces y nunca os he ofrecido una copa. Veamos que hay por aquí: coñac, whisky, ron, vodka, jerez… Amparín, échame una mano, no hay suficientes vasos, trae algunos más de la cocina, ya sabes dónde está.
Poneros cómodos, por favor. Y os propongo algo: volvamos a comenzar, vamos a dialogar tranquilamente del asunto, haciéndolo como decía Machado, para dialogar, preguntad primero, después escuchad; eso sí, sin sarcasmos, frases hirientes ni ponerse quisquillosos, aceptando que las opiniones son libres. ¿De acuerdo?
   Los muchachos se miran entre sí, no esperaban el giro que ha dado Tormo a la entrevista. Alguno de ellos vuelve la vista a Chelo, quien también parece un tanto desconcertada, pero rápidamente recupera su aplomo y lo traduce en palabras:
- Muy bien, seño…, Pascual, dialoguemos, pero sigues sin contestar a mi pregunta, ¿se puede saber cuál es tu opinión sobre urbanizar la Marina?
- ¿Mi opinión? Os la voy a dar y ya os anticipo que, probablemente, no os va gustar o, en el mejor de los casos, me vais a acusar de tibio, de quedarme en tierra de nadie, pero bueno…En el ciclo de charlas que di el pasado curso sobre el presente y futuro de nuestro pueblo, recuerdo que una de las asistentes me preguntó si el proceso urbanizador era bueno o malo para el pueblo. Mi respuesta, que sigo manteniendo, fue que es complejo dar un sí o un no rotundo a esa pregunta. Lo positivo o negativo del urbanismo es una cuestión de medida y hasta de ritmo. Si se urbaniza una zona de forma racional, respetando el medio ambiente, adecuándose a las expectativas vitales de los ya residentes y con un ritmo que no rompa el modo de vida de la comunidad tiene muchos puntos favorables. En contra, cuando la urbanización se realiza sin tasa ni medida, destrozando el entorno, sin haber hecho un estudio de la posible demanda de viviendas y sin tener en cuenta a la población local sus aspectos negativos son evidentes.
- Y sin dar tantos rodeos, llamando al pan, pan y al vino, vino, ¿consideras positivo o negativo la urbanización de medio término municipal? Concreto más: ¿qué opinas sobre que se estén urbanizado partidas como las del Torreón, el Bordar o Freginals y que ahora quieran también urbanizar la Marina? – inquiere el chico que quiso marcharse.
- Te respondo en plan telegráfico: no tengo nada en contra de que se urbanicen las tres primeras partidas que has citado, pero sí tengo todas las reservas del mundo sobre la urbanización de la Marina. Tendrían que ofrecer seguridades sobre que la marjalería no la van a tocar, pero que hasta donde sé no lo han hecho y tengo muchas dudas de que lo vayan a hacer.
- ¡Vaya, así habló Zaratustra! – exclama uno de los chicos lanzando al mismo tiempo una burlona carcajada.

viernes, 16 de mayo de 2014

4.8. ¡Qué ingenuo eres!

   Los padres de Sergio estaban deseando tener la mínima excusa para reconciliarse con su hijo. Tras la intervención del abuelo, han hablado por teléfono y han quedado en que irán a Senillar el próximo puente. Incluso Lola se ha ofrecido quedarse unos días en el pueblo para poder ayudar a Lorena a instalar la casa. A la joven no le ha hecho ninguna gracia la propuesta, pero por una vez opta por la prudencia y se calla.

   El reencuentro de Sergio y sus padres es un momento de especial emoción para todos ellos. El padre se pone solemne, la madre no puede contener unas lágrimas y el mismo chico siente que un nudo se le forma en la garganta. Lorena mira a los tres como si fueran marcianos. No sabe a cuento de qué viene tanta emoción y tanta palabrería tierna, a ella todo aquello le parece una pura pantomima. Se acuerda de que, cuando era pequeña, sus padres se desplazaban anualmente a Francia durante la campaña de la vendimia y ella se quedaba con los abuelos; estaban más de un mes sin verse, pero no recuerda que ni sus padres ni ella montasen el cirio que están armando Sergio y sus viejos.

   Como se temía la joven, desde el primer momento no congenia con su futura suegra, sus opiniones, gustos y actitudes son diametralmente opuestos. En cuanto le muestra a la señora Lola, como la suele llamar, los muebles que ha elegido, ésta se echa las manos a la cabeza. Lorena ha escogido el mobiliario más recargado y, sin ninguna duda, más hortera que ha encontrado en el mercado, sobre todo porque la mezcla de estilos es espantosa. En el salón-comedor hay un aparador del tipo renacimiento castellano, junto a una mesa de acero y cristal y unas sillas Luis XV; es un conjunto que verlo daña la vista. Para el dormitorio la joven ha escogido una cama modelo rural adornada con una especie de grecas doradas que darían el cante en el mismísimo Partenón. Haciendo juego hay una coqueta modernista lacada en rojo y azul. Como rotundo contraste a la mezcla de estilos, en la cocina campea una brillante mesa de formica no se sabe si a juego con la vitrocerámica.
   La madre de Sergio trata de contenerse, pero en más de una ocasión se le escapa algún comentario pelín mordaz, que la joven va almacenando en su corto depósito de aguante. Cuando Lorena llega al punto de ebullición es al recordarle la buena de Lola que aún faltan las cortinas. Hasta aquí hemos llegado, se dice la joven, de ésta no paso.
- Mira, Lola – ya le ha apeado cualquier tratamiento -, eso de las cortinas y los visillos son una antigualla del tiempo de mis tatarabuelos. No hacen falta cortinajes ni nada que se les parezca. Las ventanas están para que entre la luz y el sol y para eso mejor es que no haya nada.
- Hija, una casa sin cortinas resulta muy desangelada. Darían al piso un aire de confort y una impresión muy cálida y hogareña – insiste Lola.
- Para confort ya tenemos todo ese montón de electrodomésticos que seguro que ni tú tienes en Madrid. Y lo de hogareño ya me encargo yo que lo sea. En una casa no hacen falta cortinas, lo que hace falta es una mujer que tenga contento a su hombre en la cama y de eso tu hijo no puede quejarse. O sea, que no vuelvas a darme la matraca con lo de las dichosas cortinas.

   El rifirrafe no ha pasado a mayores porque Lola se ha mordido la lengua, pero sirve para que Lorena condene definitivamente a la madre de su chico. La define como una cateta pueblerina, al fin y al cabo es del pueblo, con ínfulas de señora de capital y que se cree que gusto como el de ella no lo tiene nadie. Y, además, una entrometida y una marimandona que lo mejor que puede hacer es volverse por donde vino. Aunque todo eso no se lo dice explícitamente, la buena de Lola no es tan lerda para comprender que la mujer que ha elegido su hijo no quiere verla a su lado ni en pintura. Sin pretender mostrar todo su desencanto, pero destilando amargura en cada una de sus palabras, se queja ante su hijo de la fría y controvertida acogida que le ha dispensado la joven.
- Hijo, créeme que lo siento, pero no hay manera de que me entienda con tu chica. Cosa que digo o consejo que sugiero todo es mal recibido.
- Lo siento, mamá, pero lo que me ha dicho Lorena es justo lo opuesto. Según ella eres tú la que sistemáticamente le lleva la contraria.
- Te aseguro, hijo, que eso no es cierto. Yo me limito a aconsejarle sobre cómo quedaría mejor la casa, pero nunca he pretendido imponer mi criterio. La última palabra siempre se la dejo a ella, al fin y al cabo vais a ser vosotros los que viviréis en ella.
- Mamá, creo que lo mejor es que dejes de aconsejarla. Ten en cuenta que pertenecéis a dos generaciones distintas y, por tanto, vuestros gustos son muy diferentes.
- Entiendo y acepto que mis gustos no pueden ser los mismos que tenéis vosotros, pero hay cosas que no son cuestión de ser de una u otra generación. Por ejemplo, lo de las cortinas, ¿tú has visto algún piso, donde haya un ama de casa como Dios manda, que no tenga cortinas en las ventanas?
- Mira, mamá, puedo estar de acuerdo contigo en lo de las cortinas y los dichosos visillos, pero si por ese motivo voy a tener a Lorena enfadada, mejor están las ventanas como ahora, sin nada. Y dicho esto, te voy a pedir dos cosas. Una es que no le des más la tabarra y la dejes hacer porque será lo mejor para todos. Y la otra es que no te disgustes, por favor te lo pido.

   Mustia y desolada, Lola se despide del hijo de sus entrañas y con la moral por los suelos se vuelve a Madrid. Al llegar a casa confiesa a su marido lo mucho que le preocupa el futuro de su hijo:
- Me parece, Lorenzo, que el chico ha tenido la peor suerte del mundo al enamorarse de esa muchacha. Es terca, vanidosa, manirrota y no tiene la más mínima idea de cómo se lleva una casa. Y en cuanto a gusto, no sé ni cómo calificarla. Ha puesto un apartamento que está a medio camino entre una barraca de feria y el museo de los horrores. Solo de recordarlo se me ponen los pelos como escarpias.
- Bueno, mujer, no será para tanto – contemporiza el marido -. Es una chica joven y no puede tener los mismos gustos que tú.
- Lo de menos va a ser que tenga mal gusto, que lo tiene a toneladas. Lo peor es que temo que lleve a nuestro hijo por el mal camino. Bebe como una esponja y en el pueblo, por lo que me han contado, tiene fama de ligera de cascos y de que es una porrera. De ahí no puede salir nada bueno.
- Eso que cuentas es más preocupante, pero yo sigo confiando en nuestro hijo, en su carácter y en la firmeza de sus convicciones. Ya verás cómo antes de un año la ha reconducido por el camino correcto. Dale tiempo al tiempo.
- Parece mentira que seas tan inocente, marido. ¿Es que no ves que el carácter y las convicciones de nuestro hijo se está yendo a chorros por el desagüe de su bragueta? – insiste la mujer poniéndose metafórica.
- No digas bobadas, Lola, que no es para tanto. Nuestro Sergio tiene la cabeza lo suficientemente bien amueblada para saber reconducir la deriva que tome esa muchacha, mucho más allá de los jueguecitos de cama.
- ¡Ay, Lorenzo, no aprenderás nunca!, como eres tan buena persona crees que toda la gente tiene tan buenos sentimientos como tú.
- No se trata de sentimientos, sino de creencias, de convicciones, de actitudes. Y nuestro hijo los tiene lo suficientemente arraigados para que ninguna cara más o menos bonita sea capaz de cambiarlos.
- ¡Qué ingenuo eres, marido! 

martes, 13 de mayo de 2014

4.7. Ensayo y error

   En la reunión que mantienen los hombres de BACHSA sobre el intento de un grupo de jóvenes locales de manifestarse en contra de la urbanización de la Marina se discute sobre la oportunidad de organizar un acto público en el que las autoridades locales pudiesen explicar los beneficios que para el pueblo supondría dicha urbanización.
   El experto en mercadotecnia, que apenas ha intervenido, toma la palabra:
- Si me permiten, no considero que un acto público sea lo más adecuado para nuestros intereses y más si los intervinientes fueran los miembros del Ayuntamiento. Generalmente, salvo que sus ediles sean una excepción, la mayoría de los políticos de poblaciones pequeñas como ésta no suelen ser muy hábiles con la oratoria y el manejo de masas; su capacidad suasoria deja mucho que desear. Otro inconveniente es que en un acto público es difícil negarse a contestar preguntas y quizá no todas puedan tener una respuesta satisfactoria. Por otro lado, está por ver que la juventud acudiera a un acto de esas características.
- Entonces, Bernabé, ¿qué propones? – pregunta Cardona a su experto.
- Tengo que pensarlo, Juan Antonio, pero si me das unos días te presentaré la planificación de una estrategia destinada a desactivar, en la medida que sea posible, esa protesta juvenil y tratar de ganarnos a los padres de esos muchachos, pues dudo que a ellos les podamos convencer. En definitiva, intentaremos ganar ese tiempo al que te referías.

   Garcés toma la palabra, parece que tiene algo nuevo que decir:
- Acabo de darme cuenta de algo que puede tener su importancia. Me refiero a los chicos que encontré en nuestras oficinas. No me había dado cuenta hasta ahora de qué clase de muchachos son.
- ¿A qué te refieres? – quiere saber Cardona.
- A que todos ellos o, al menos, la mayoría son chavales del pueblo que estudian en el instituto de Benialcaide.
- ¿Y eso qué tiene que ver? – pregunta malhumorado Arbós.
   Quien responde a la pregunta es Cardona:
- Pues que eso me da la razón a lo que predije cuando le hice varias preguntas al joven operario que vino a reparar la instalación eléctrica. Recordaréis que comenté que el colectivo de jóvenes del pueblo que trabajan es el pozo donde encontraremos agua suficiente para apagar cualquier conato de incendio – Cardona sigue con su afición por las metáforas.
   El técnico en estudio de mercados remacha la cuestión:
- Respaldo lo que acaba de decir Juan Antonio. Si son estudiantes, eso quiere decir que serán una minoría, como supongo también que la mayoría de los jóvenes del pueblo sí deben trabajar físicamente. Ese es un hecho que nos puede favorecer.
- Bien – concluye Cardona -. Bernabé estudiará todos los datos que tenemos sobre el problema y me presentará un plan para contrarrestarlo. Estaremos en contacto.

   El consejo directivo de BACHSA se ha tomado muy en serio la posibilidad de la protesta, así como el impacto que puede tener entre la población. En realidad más que a la opinión local a lo que temen los empresarios es al eco mediático que se puede generar. Mientras el descontento se circunscriba al ámbito del municipio saben que pueden controlar o, como poco, minimizar los daños que puedan producir las quejas. Ahora, si la protesta trasciende los límites del pueblo son conscientes de que controlarla se puede convertir en algo muy difícil y, en el mejor de los supuestos, mucho más costoso. 
   El departamento de marketing, tras un concienzudo análisis, presenta al consejo el bosquejo de un plan estratégico para contrarrestar el germen de rechazo contra los planes expansivos de los constructores. Consiste, básicamente, en montar una especie de muestra centrada en dos ejes fundamentales: uno es visualizar como eran los sectores del Torreón y aledaños, así como el de la Marina antes de que se urbanizaran; de este último sector un conjunto de infografías, porque todavía no hay obra hecha, ilustra cómo quedará la zona. El otro eje está integrado por los datos macroeconómicos: curvas de desarrollo, inputs del sistema productivo local, ingresos del Ayuntamiento antes y después del boom inmobiliario, crecimiento del producto interior bruto del pueblo y un largo etcétera. Varias maquetas, paneles informativos, fotografías, vistas aéreas y un vídeo propagandístico completan el cuadro.
- No está mal, Bernabé - opina Huguet
- ¿Y esto quién lo va a manejar?, me refiero a quién lo va a organizar, financiar, explotar y dirigir pues – quiere saber Arechabaleta.
- Ïñigo, hoy vienes con la boina puesta, ¿verdad? ¿Qué quién va a hacer todo eso?, ¿pues quién va a ser?, nosotros. No esperarás que lo hagan los cebollinos del Ayuntamiento – la ironía de Cardona no parece hacer mella en el vasco.
- A mí esto de la muestra no me parece mal, pero lo veo como frío, con poca garra, echo en falta algo de calor humano, de contacto personal. Por ejemplo, eso que sugirió Arbós de montar un acto público explicándole al personal el proyecto urbanizador – estima Bricart.
- Si me permites, Oriol – vuelve a intervenir el experto -, lo del acto público lo desechamos desde el primer momento. ¿Por qué? Cualquier acción con público es como abrir un melón, nunca sabes lo que encontrarás dentro, si será bueno o sabrá como un pepino. De ninguna manera debemos correr ese riesgo. En cuanto al contacto personal, está previsto que la empresa a contratar, que será la que diseñe el contenido y realizará el montaje de la muestra, mande un equipo de azafatas, debidamente formadas e informadas, para que atiendan a los visitantes y den respuesta a sus preguntas.
- ¿Y si los guayabos de las azafatas se tropiezan con un atravesao qué solo haga preguntas inconvenientes e insidiosas, qué pasará?, ¿cómo saldrán del atolladero? pues – pegunta, reticente, Arechabaleta.
- Como dije al principio de mi intervención – responde el experto -, lo que he presentado no es más que un borrador del plan de contramanifestación, faltan por diseñar muchos detalles, entre ellos algunos referentes a los interrogantes que plantea Arachebaleta con muy buen tino. Si me dais unos días más acabaremos de trazar los flecos que están sin perfilar, pero así a bote pronto quiero recordar que nadie espera que unas azafatas tengan todas las respuestas. Se las instruirá adecuadamente para que ante preguntas comprometidas o de contenido problemático remitan a unos técnicos que mandará la empresa en próximos días.
- Técnicos que, por supuesto, no aparecerán – apunta Huguet.
- Bueno, dependerá de las preguntas que se hagan. Si las interpelaciones planteadas tienen respuestas que no sean nocivas para nuestros intereses sí podemos enviar a posteriori a unos supuestos técnicos que podrán contestarlas. Si las consultas formuladas encierran una carga dañina para nosotros o son de imposible respuesta, desde la óptica de nuestros intereses, entonces naturalmente no habrá ningún técnico que asome su jeta por allí.
- ¿Y crees, Bernabé, que con esa medida será suficiente para desactivar la protesta? – inquiere Bricart cuyo dudoso semblante es patentemente explícito sobre sus dudas acerca de la bondad de la medida.
- En la sociología de masas no hay nada seguro ni suficiente, Oriol. Dicho más claramente: no, no creo que la muestra baste. Seguramente no será más que el primer acto de un conjunto de medidas que iremos pergeñando en función de cual sea la respuesta de la opinión pública.
- O sea que vamos de ensayo y error – sintetiza Cardona.

viernes, 9 de mayo de 2014

4.6. Solo es un panfleto

   La sorpresa que provoca a los hombres de BACHSA la lectura del manifiesto  de los Jóvenes Unidos por un Senillar Libre es evidente. Nadie dice nada hasta que el especialista del marketing exclama:
- Eso solo es un panfleto lleno de falsedades, demagogia y sentimentalismo barato, amén de terminar con unas amenazas que no son de recibo – sentencia.
- Y a lo que hay que añadir que parece escrito por una panda de analfabetos, está plagado de faltas de todo tipo. Cualquiera diría que esos jovencitos están reñidos con la gramática. Si esos son la generación que nos va a suceder, ¡qué Dios nos coja confesados! – comenta jocosamente Cardona.
- Bueno, no es más que un borrador – justifica Garcés.
- Será todo eso, pero también es el boceto de un fulminante que mañana puede explotar en nuestras manos si no lo desactivamos a tiempo – replica un realista Badenes.
- Si en esto andan metidos chavales como mi hija y la de Amador, os digo que esto no irá a ninguna parte – afirma Arbós muy convencido -. No son más que una pandilla de críos malcriados y consentidos que nunca le han dado un palo al agua, precisamente porque los padres nos hemos partidos los cuernos para que tengan una vida mucho más fácil que la que tuvimos nosotros cuando teníamos su edad. – y José Ramón se pone sentencioso para soltar la siguiente parrafada -. En cuanto Amador nos diga quiénes son todos los chavales que estaban allí y los padres les pongamos los puntos sobre las íes, como voy a hacer con mi hija, todo eso se acaba en cuatro días. Pues faltaría más, que unos mocosos que viven como curas de los de antes vayan a venir ahora a ponernos las peras a cuarto. ¿No lo crees Amador?
   Garcés cabecea y vacila antes de contestar a su socio:
- No sé qué decirte, José Ramón. No estoy tan seguro como tú. Como dije, ya abronqué a mi hija y no veas como se puso, como una tigresa. Me llamó de todo menos bonito. Nunca había tenido un comportamiento así. La he castigado a no salir de casa hasta que me prometa que no volverá a reunirse con esa pandilla, pero no puedo retenerla indefinidamente y temo que en cuanto salga volverá a las andadas. De hecho, mi mujer me ha contado que la mayoría de las charlas telefónicas que sostiene con sus amigos, entre ellos tu hija, tratan sobre la Marina y la marjalería. Y ante eso, ¿qué puede hacer un padre?
- Darle un par de guantazos y que se entere de quien manda en casa – afirma un rotundo y cada vez más irritado Arbós.
- A ver, José Ramón, tranquilo. Esto no se arregla pegando a nadie y menos a una hija – interviene Cardona -. No soy un experto en adolescentes, pues aunque tengo hijos todavía son unos críos, pese a ello si sé que lo peor que podríamos hacer es poner a los jóvenes en contra de nuestros planes. Lo que probablemente ocurrirá si los atacamos, sea de la forma que fuere. Esa sería una política que terminaría siendo tremendamente perjudicial para nosotros.
- Entonces, ¿qué propones, que nos bajemos los pantalones ante unas docenas de porreros? – pregunta un, todavía, rabioso Arbós.
- Nadie se va a bajar los pantalones – Cardona sigue tratando de serenar a Arbós -, pero tampoco nadie se va a enfrentar con los jóvenes del pueblo. Hemos de demostrar que somos mucho más inteligentes que ellos, hemos de actuar de manera sutil, de forma que no nos vean como sus enemigos sino como adultos que intentan comprenderles y que entienden sus inquietudes y temores. En resumen, lo que hemos de hacer es ganar tiempo, desactivando su protesta en la medida de lo posible y, si lo conseguimos, una vez finalizada o, al menos, muy avanzada la urbanización, habremos ganado porque urbanización terminada victoria alcanzada, si a ello añadimos que…

   La exposición de Cardona se ve interrumpida por un hombre joven vestido con un mono azul flanqueado por otros dos operarios.
- Perdonen, ¿está el señor Garcés? – inquiere el que parece ser el responsable del grupito.
- Estoy aquí – responde Garcés, y dirigiéndose al resto de asistentes explica -. Disculpad, son los operarios que han venido a cambiar parte de la instalación eléctrica. ¿Habéis terminado? – pregunta al capataz del grupo.
- Sí señor. Hemos tenido que cambiar el cuadro de distribución y cablear…
- Vale, vale. Le dices a Francisco que me pase la factura. Gracias y podéis iros.
- Espera un momento, joven - es Cardona quien requiere al operario -. Permíteme una pregunta, ¿eres del pueblo?
- No señor, pero vivo y trabajo en el pueblo desde hace tiempo.
- Si no tienes inconveniente, me gustaría que respondieras a unas sencillas preguntas. La primera es ¿te relacionas con la gente del pueblo, sobre todo con los jóvenes?
- Con la gente mayor, poco, pero con la que tiene menos años, sí. No con todos, claro, solo con algunos, sobre todo con los amigos de mi novia que es de aquí.
- Bien. Otra pregunta – sigue interrogando Cardona -, ¿qué opinas sobre la urbanización de la zona costera, te parece bien o mal?
- Me parece una buena cosa, señor. La mayor parte de los terrenos urbanizados antes eran campos baldíos o de secano que supongo que producían poco. Ahora están llenos de viviendas que valen una millonada.
- Estupendo, una última pregunta ¿también te parece bien que se urbanice el sector de la Marina, donde está el humedal de los marjales?
   Sergio Martín, porque de él se trata, se toma un tiempo para contestar la postrera pregunta de ese desconocido tan preguntón. Recuerda las explicaciones que les daba Pascual Tormo en el ciclo de charlas a las que asistió sobre las ventajas e inconvenientes del urbanismo. Y como, en una conversación, mano a mano,  el profesor le explicó la suerte que tenía el pueblo de contar con un humedal como la marjalería y la importancia de conservarlo. Está a punto de contestar que no le parece bien cuando, de pronto, se acuerda de Lorena y piensa que se pondrá como una leona si llega a enterarse de que habla en contra de cualquier clase de urbanización y, por tanto, contra la posibilidad de seguir teniendo trabajo en la construcción. Recordar eso y cambiar de posición es todo uno, aunque trata de que su respuesta sea políticamente correcta:
- Pues verá, urbanizar supone ocupación para los trabajadores, mucho dinero para los propietarios de los terrenos y buenos ingresos para el Ayuntamiento. Todos ganamos. Que se urbanice en el sector del Torreón o de la Marina creo que es lo de menos.
- Muchas gracias, joven. Puedes irte.

   Tras marcharse Sergio y sus compañeros, el consejero de BACHSA explica a sus sorprendidos compañeros de reunión:
- Ahí tenéis un ejemplo de lo que opina esa parte de la juventud del pueblo que trabaja, y que supongo mayoritaria, sobre urbanizar la Marina. Ese es el instrumento  más eficaz para atajar cualquier clase de protesta. En ese pozo es donde encontraremos el agua suficiente para apagar cualquier conato de incendio – a Cardona le encanta lo de improvisar metáforas.

martes, 6 de mayo de 2014

4.5. El manifiesto

   José Ramón Arbós, como le sugirió el director local de la caja, se entrevista con Juan Antonio Cardona para contarle el conato de contestación a la urbanización de la Marina que parece extenderse por el pueblo. El consejero de BACHSA está de acuerdo con los recelos manifestados por Badenes. Si no se atajan a tiempo los rumores y las protestas podría generarse un problema que acaso fuera difícil de parar y que, en el mejor de los supuestos, terminaría aumentando los costes de la urbanización. Algo hay que hacer. Con lo que Cardona no comulga es con la idea de organizar un acto público para disipar los temores de parte del vecindario.
- Sinceramente, José Ramón, no creo que un acto así pueda ser muy eficaz, pero a bote pronto tampoco tengo otra idea mejor. Le pasaré la papeleta a los del marketing a ver si diseñan un plan para contrarrestar esa movida. Que se ganen el sueldo.
- Pues tengo otra sugerencia para tus chicos – añade José Ramón -. A quienes primero deben de trabajar el hígado son a los del Ayuntamiento. No hay manera de convencerles de que esto, hoy por hoy, no tiene ni medio pase, pero si lo dejamos crecer puede convertirse en un morlaco con unos pitones como dos catedrales – A Arbós le gustan mucho los toros, por eso usa frecuentemente símiles taurinos
- ¿Sabes qué? El sábado cogeré el coche y me desplazaré a Senillar. A ver si entre todos encontramos la solución más eficaz a lo que hoy no es más que un nubarrón, pero que mañana puede convertirse en un tornado que se lo lleve todo por delante.

   En la reunión del sábado están Cardona, acompañado por el director de la empresa de mercadotecnia encargada del estudio de mercados para BACHSA, los representantes locales de los constructores, José Ramón Arbós y Amador Garcés y el director local de Cajaeuropa, Agustín Badenes.
- Vamos a ver – es Cardona quien abre el diálogo -, antes que nada quiero que nos contéis cuánto sepáis de esa posible protesta sobre la urbanización de la Marina y vuestras impresiones sobre la misma.
- Verás Juan Antonio – es Arbós quien primero responde -, hay que ser de pueblo para comprender cómo reacciona el personal. Este es un sitio pequeño y pasan pocas cosas, entonces cuando ocurre algo fuera de lo habitual, lo normal es que la gente hable de ello. Y no solo hablan sino que le dan mil vueltas y acaban liándolo todo.
- Más opiniones – reclama Cardona.
- Lo que ha dicho José Ramón es cierto. La gente lo examina todo del derecho y del revés y le da tantas vueltas y revueltas que al final acaban viendo gigantes donde solo hay molinos – A Badenes le gusta presumir de su cultura cervantina.
- Amador, ¿y tú qué piensas?
- Cuando Agustín, al igual que hizo con Arbós, me llamó para contarme sus temores le insistí que no tenía por qué recelar nada, que esto, como bien se ha dicho, no eran más que chismorreos de pueblo. Eso pensaba hasta esta mañana en la que he sido testigo de algo que ha hecho que cambie de parecer. Ni siquiera he tenido tiempo de contárselo a José Ramón – añade Garcés dirigiéndose a su socio como pidiéndole perdón -. Como decía, esta mañana, y para preparar la reunión, me he pasado por la sede de ARBOGAR y allí, en uno de los despachos, estaba un grupito de chicos y chicas, entre ellos mi hija Matilde y Chelo, que es la hija mayor de José Ramón. Los he…
- ¿Chelo? – interrumpe Arbós, entre sorprendido y molesto -. ¿Y qué coño hacía allí mi hija?
- Tu hija, la mía y todos los demás estaban preparando un arsenal de propaganda en contra de la urbanización de la Marina, tenían de todo: pancartas, carteles, una especie de tebeo mural; ah, y un montón de fotocopias. Lo primero que hice fue abroncar a mi hija, luego los eché a todos, no sin antes incautarme de todo el material que pude arramblar pues, en el lío que se montó, temo que parte del mismo se lo llevaron los muchachos.
- Las pancartas y las fotocopias ¿qué contenían exactamente? – quiere saber Cardona.
- Un poco de todo, pero lo más importante es el borrador de un manifiesto que están preparando.

   Garcés saca de su maletín de ejecutivo un puñado de fotocopias que deja encima de la mesa. Cardona coge una y comienza a leer en voz alta:
- “Manifiesto a los ciudadanos y ciudadanas del pueblo de Senillar.
   Los jóvenes de la localidad, vuestros hijos e hijas, quieren denunciar el expolio de que se está cometiendo a nivel de nuestro amado pueblo. Ya nos han destrozado el paisaje, han arrasado nuestros campos y han alterado la paz y la tranquilidad que nos era tan querida. Ahora pretenden robarnos una parte irrenunciable de nuestra historia: la partida de la Marina y sobre todo el marjal.
   No nos oponemos a que el pueblo avance y se modernice. Por el mero echo de ser jovenes estamos a favor de todo cuanto suponga el progreso del pueblo, pues si Senillar avanza y se desarrolla nosotros vuestros hijos e hijas tambien avanzaremos y progresaremos. Estamos de acuerdo con que el progreso es bueno, pero no a cualquier precio. Lo del todo vale no es de recibo si por unas ganancias para hoy estamos destrozando la calidad de vida del mañana, de ese mañana que vais a legarnos a nosotros y nosotras.
   La juventud de Senillar no nos opusimos a que se urbanizara la zona del Torreón. Eran unas tierras que significaban poco para la economia local y para la vida de los hombres y mujeres de nuestro amado pueblo. Pero urbanizar la Marina es harina de otro costal. Es la zona en la que estan nuestros mejores campos, los más antiguos y hermosos naranjales de la comarca, las huertas más productivas y bien cultivadas de la región.
   Y no solo es la Marina, porque en base a la información que manejamos detrás de la Marina irá la marjaleria, que es el corazón de la misma y que como todo el mundo sabe después de La Albufera es uno de los umedales valencianos más importantes. Y para los hombres y mujeres, asi como para los chicos y chicas de Senillar, el marjal forma parte irrenunciable de nuestra historia, de nuestra vida. Son muchos los vecinos del pueblo que tienen un marjal, que sus antepasados crearon con sangre y sudor. Por unos cochinos millones, ¿vais a malvender vuestra propia historia, que tambien es nuestra?, ¿vais a enterrar y borrar el esfuerzo y el teson que pusieron nuestros mayores en levantar los marjales? 
   Tenéis que saber de que la juventud del pueblo dice NO a que se urbanice la Marina. NO a que se toque un solo junco de la marjaleria. NO a que la codicia de unos cuantos despedace y destruya el futuro del pueblo, NUESTRO FUTURO. Hoy no tenemos otra fuerza que la de la protesta, pero mañana seremos nosotros quienes gobernaremos el pueblo. Y NO OLVIDAREMOS a quienes cegados por una codicia insaciable pretenden dejarnos un pueblo, unos campos y una costa en la que el ormigón y el ladrillo lo hallan invadido todo.
   SENILLARENSES y SENILLARENSAS, os pedimos, os suplicamos que paréis el espolio que se está produciendo. Todavia estamos a tiempo para que entre todos y todas detengamos esa loca carrera de construir y construir a costa de cargarse nuestra historia, nuestros recuerdos, nuestros campos, nuestra forma de vida.
   ¡NO A LA URBANIZACIÓN DE LA MARINA!
   ¡NO A QUE SE TOQUE UN SOLO PALMO DE TERRENO DEL MARJAL!
   SENILLARENSES, SENILLARENSAS hoy os lo rogamos, mañana os lo exigiremos.
              JÓVENES UNIDOS POR UN SENILLAR LIBRE (JUSEL)”


   Cuando Cardona termina de leer el manifiesto un espeso silencio se abate sobre los reunidos, que muestran en sus rostros una mezcla de sentimientos que van desde el estupor a la consternación.

viernes, 2 de mayo de 2014

4.4. Entrega de llaves

   Sergio le ha contado a Lorena una versión editada de su charla con el dueño de la agencia inmobiliaria a quien ha consultado la posibilidad de vender el apartamento recién adquirido, como se le ha metido en la cabeza a la joven. Ha omitido la descripción de los defectos del apartamento y si le ha dicho, en cambio, que en opinión del agente inmobiliario apenas si iban a sacar beneficios si lo revendiesen dada la saturación del mercado. Allí se acaban las ansias mercantilistas de la muchacha. Decide que no venderán y vuelve a centrar todos sus afanes en el mobiliario y la decoración de su todavía no estrenado apartamento.

   En relación al piso, el señor Francisco tiene un detalle con el más joven de sus capataces.
- Sergio, nos han contratado para la instalación de los Arrayanes. Como me dijiste que te has comprado un piso allí, he pensado que cuando llegue el momento de instalar el tuyo te daré la oportunidad de que hagas la distribución de la instalación a tu gusto.
   A Sergio le falta tiempo para contárselo a Lorena y presumir que van a tener la mejor instalación de toda la urbanización.
- O sea que la instalación de la luz nos va a salir gratis – infiere la joven.
- No, cariño, lo que vale la instalación ya forma parte del precio total del piso. La oportunidad que nos brinda el señor Francisco es que podemos distribuir a nuestro gusto las tomas de corriente, la ubicación de los conmutadores, los enchufes para la tele; en fin, todo lo referido a la parte eléctrica. Lo que tengo que saber es dónde quieres las distintas tomas..
- Ah. Por toda la casa y hasta en la terraza. Oye, ¿podemos poner hilo musical? Ninguna de las casas de mis amigas lo tiene. Se iban a poner verdes de envidia.
- Lo del hilo musical no va a poder ser porque supondría un mayor coste y eso no creo que lo acepte el señor Francisco.
- El Francisco es un agarrado de mucho cuidado y tú un petardo.
- Tesoro, eres injusta con mi jefe. Es todo un detalle de su parte que nos deje distribuir la instalación a nuestro gusto. Me ha dicho Dimas que eso no lo había hecho nunca.
- Bueno, menos lobos que a ese rácano de tu jefe me lo conozco bien. Lo que no sabía es que se pueden cambiar las cosas del piso a gusto de cada propietario. 
- Verás, todos los apartamentos tienen idéntica instalación, pero el señor Francisco ha querido tener este detalle con nosotros. Por otra parte, casi todas las empresas aceptan realizar cambios o mejoras en las viviendas que, por supuesto, corren a cargo del comprador y que encarecen el precio final.
   Nada más decirlo, Sergio intuye que acaba de meter la pata.
- Pues me acabas de dar una idea porque hay varias cosas del apartamento que no me convencían ni mucho ni poco.
   El joven intenta remediar el desaguisado que él mismo ha provocado.
- Has de saber que no todas los cambios son factibles realizarlos. Hay muchos que dada la estructura son irrealizables y otro factor a considerar es que las empresas se aprovechan y cobran las mejoras a precio de oro.
- Ya estás a vuelta con el dichoso dinero, como siempre. Anda y que no eres roñoso a pesar del dineral que ganas un mes sí y otro también. No te preocupes, los cambios que tengo pensados no te costarán la hijuela.
   Visto que parece que la cosa no tiene remedio, Sergio trata de limitar el alcance de las reformas y lo primero que necesita es saber.
- ¿Y cuáles son las cosas que no te convencen?
- Pues mira, no me gusta el alicatado de los baños. He visto uno de Porcelanosa que quedará de lujo y que pega a modo con la grifería. Tampoco me peta el pavimento que lleva la terraza, desentona con el del resto del apartamento, habría que poner otro suelo. Y lo que más da el cante es la cocina. Parece mentira que a unos pisos tan modernos les vayan a poner una cocina de gas. Eso es del tiempo de Carolo. Ahí le iría ni que pintada una vitrocerámica. He oído decir que en cocinas es lo más de lo más.
- Bueno, lo hablaré con los de la promotora, a ver qué se puede hacer.

   Parecía que nunca iba a llegar, pero al fin ocurrió ese momento soñado por toda persona que compra una vivienda: la entrega de llaves. Sergio, como ha visto que hacen en las películas, toma a Lorena en brazos y de esa forma entran en su nuevo hogar. La joven está radiante de gozo y él es feliz viéndola tan dichosa. La mayoría de las mejoras que ella quería están instaladas. Lorena no se cansa de recorrer el piso y, habitación tras habitación, va desgranando el mobiliario que ocupará cada espacio. Aunque la joven se lleva una pequeña desilusión, tal y como establece el contrato desde la terraza se vislumbra el mar, pero solo un trocito y siempre que se saque medio cuerpo fuera de los límites de la barandilla con el riesgo de estamparse en el jardinillo que alegra el pretencioso hall de acceso al edificio.

   Al día siguiente de la entrega de llaves, Lorena lleva a sus amigas a que vean el apartamento y a que se mueran de envidia. Ninguna de ellas tiene una casa como aquella y es más que dudoso que alguna vez lleguen a tenerla.
- Lorena, hija, que monería de piso te ha quedado – comenta Verónica.
- Pues espera a que esté todo amueblado y con todos los aparatos que vamos a comprar. Entonces sí que estará molón.
- Os ha tenido que costar un pastón. Que suertuda eres de tener un chico capaz de currar tanto y ganar la pasta que gana. Esto, desde luego, no lo hubieses logrado con el Maxi que, por cierto, acaba de volver al pueblo para trabajar en las nuevas obras – Maribel da la noticia con toda la mala intención de que es capaz porque sabe que le va a escocer a su amiga.
   Lorena hace oídos sordos al dardo de Maribel, aunque no deja de sentir un inquietante hormigueo en lo más hondo. Para sobreponerse al subidón que le ha dado, les sugiere que la acompañen a la terraza.
- Mirar que amplia es. Ya le tengo echado el ojo a un conjunto de dos tumbonas y una mesita auxiliar para amueblarla. Son de lo más chic. Ni siquiera voy a tener que ir a la playa para ponerme morena, lo podré hacer en mi propia casa.
- Desde luego, hija, tienes más suerte que el Armengol, que le ha tocado la lotería tres veces – proclama con humor Anabelén.

   Unos días después a quien le toca el turno de visitar la vivienda es a su madre, quien fiel a su maternal condición, y dado que conoce como nadie el paño con el que se viste su hija, no duda en lanzarle un aviso:
- Hija, tienes un piso precioso. Comparado con el cuchitril en el que vivíais esto es una mansión. Que tengas mucha salud para disfrutarlo. Y ahora solo falta que tengas cuidado y no hagas tonterías, que un chico como el Sergio no lo vas a volver a encontrar ni en pintura. Ya sabes por qué lo digo.
   La visita de su suegra, aunque estrictamente no lo sea, plantea a Sergio un problema de conciencia. Desde que sus padres se enfadaron con él a raíz de dejar los estudios e irse a vivir con Lorena, apenas si han vuelto a mantener contactos. Se han limitado a felicitarse las Navidades y su madre le ha llamado en su cumpleaños. Su padre ni siquiera eso. Sabe de ellos, y sus progenitores de él, a través del abuelo que es quien mantiene un frágil hilo de contacto. Ahora que va a tener una casa como Dios manda y no el antro en el que hasta la fecha han vivido, cree que es llegada la hora de intentar la reconciliación. Habla con su abuelo y le pide que tantee a sus padres y que les diga que nada le gustaría más que hacer las paces con ellos y poder enseñarles su nueva casa, la que para su pareja es el paraíso de sus sueños. 

martes, 29 de abril de 2014

4.3. De forment ni un gra

   La visita de un grupito de jóvenes para interesarse por su posicionamiento conservacionista ha dejado perplejo a Pascual Tormo, no esperaba que en el pueblo hubiese un solo colectivo que levantase la voz contra las tropelías urbanísticas que se están cometiendo y resulta que hay un grupo de chavales  que parece rebatir su creencia. Y con una curiosa particularidad: al parecer está capitaneado por una de las hijas de José Ramón Arbós, uno de los personajes locales más comprometidos con los constructores. ¿Irán en serio aquellos muchachos o alguien los está utilizando para tenderle una trampa? Piensa que no es bueno quedarse con la duda por lo que, superando su propensión a la indolencia, opta por la acción. Hace llegar al grupo el mensaje de que le gustaría volver a dialogar con ellos.

   La panda de chicos de la vez anterior, con algunas nuevas incorporaciones, le visita. Vuelve a ser Chelo Arbós quien lleva la voz cantante.
- ¿Has cambiado de opinión o nos vamos por dónde hemos venido? – es la pregunta a modo de saludo que le suelta la jovencita.
- El otro día creo que empezamos con mal pie y me gustaría retomar la conversación con otro talante, que no es precisamente el que manifiestas, Chelito – responde Tormo a la insolente pregunta de la muchacha.
- Pues llamarla Chelito, tío, no es la mejor manera de comenzar – comenta por lo bajo uno de los muchachos.
- Eso del talante, ¿va por tu parte o por la nuestra? – inquiere Chelo con un tinte cáustico en su voz.
- Por ambas partes. Si no recuerdo mal pedíais mi consejo sobre cómo encauzar la protesta contra la urbanización de la marjalería, ¿no es así?
- Correcto. Y tú saliste por la tangente diciendo que los vainas del Ayuntamiento aseguran que el marjal no se va a tocar, que solo se van a urbanizar las zonas más periféricas – le recuerda Chelo.
- Aunque no me fío demasiado de nuestros gobernantes, sigo manteniendo que no creo que se atrevan a urbanizar el humedal porque tendrían graves problemas para conseguirlo. En una operación de ese tipo intervendría no solo el Ayuntamiento, sino también la Diputación, la Consejería de Infraestructuras, Territorio y Medio Ambiente y, hasta posiblemente, el Gobierno central. Muchos filtros que pasar.
- Sí, pero el dinero todo lo puede y la gente de la construcción lo maneja a espuertas. ¿Acaso no sabes lo que está pasando, no solamente en nuestra comunidad sino en todo el litoral mediterráneo? – plantea uno de los chicos que hasta el momento ha estado callado. Y añade -. No hay humedal ni playa ni lugar costero que se libre de la invasión del ladrillo, arrasan con todo, no se paran ante ningún obstáculo y si tropiezan con algún impedimento legal el partido político que gobierna en ese momento se apresura a allanarlo. Si no hacemos algo, lo mismo pasará en nuestro pueblo.
- Lo que dices es en gran medida cierto, pero no tiene por qué repetirse aquí. Amador Garcés que, como sabréis, está muy metido en todo ese negocio, me ha asegurado personalmente que al marjal no le tocarán ni un pelo.

   Chelo, muy en su papel de lideresa, corta el diálogo:
- Mira, tío, ya está bien de palabrería. No hemos venido a que nos sueltes ningún sermón ni que pretendas vendernos la burra de la bondad de los fulanos del ladrillo y de sus perros falderos políticos. ¿Nos vas a ayudar o qué? - interroga de forma tajante.
- Me gustaría ayudaros, pero no sé de qué manera puedo hacerlo.
- Tenemos muchas ideas: montar un foro para informar a la gente, realizar una manifestación, encargar camisetas con el eslogan de “El marjal no se toca”, redactar un manifiesto de protesta que se pasará a la firma del vecindario, visitar las sedes de los partidos políticos de la oposición para pedirles su apoyo, llenar el pueblo de pancartas y carteles llamando a la protesta contra esos proyectos; en fin, que ideas no nos faltan – expone Chelo.
- Lo que sí nos falta es alguien con el suficiente peso y autoridad para dirigir y coordinar la protesta – confiesa otro de los integrantes del grupo.
- Pues habéis marrado el tiro – afirma Tormo con una sonrisa -. Mi peso no es nada del otro mundo, como púgil no pasaría de ser un peso gallo. Y en cuanto a autoridad no tengo ninguna y mucho menos capacidad de influir en la gente del Ayuntamiento, ni siquiera pertenezco a un partido político. Vuelvo a repetirlo: vuestra causa me parece noble, pero un tanto quimérica puesto que no parece que vaya a urbanizarse el humedal. 
- Compañeros – Chelo se dirige al resto del grupo -, no perdamos el tiempo. Este no es el Pascual Tormo que creíamos conocer y del que tan buena opinión teníamos – y mirando a Tormo añade -. Gracias por nada y adiós.
- Oye, ¿y tu padre está enterado de lo que estás haciendo? – pregunta Tormo dirigiéndose a Chelo.
- Mi señor padre pasa de mí y yo le pago con la misma moneda, paso de él – es la respuesta de la jovencita.

   La frustrante entrevista le deja a Pascual un amargo sabor de boca. Sabe que ha decepcionado a los jóvenes y, lo que es peor, se ha decepcionado a sí mismo. Se autojustifica pensando en que le han cogido en un mal momento, todavía no se ha repuesto de la reciente ruptura con la que creyó que era la mujer de sus sueños y anda bastante desnortado. No se encuentra con ánimos de embarcarse en una movida como la que pretenden iniciar los jóvenes que acaban de visitarle. Ponerse al frente de esos muchachos no le traerá más que problemas y no se ve con fuerza para enfrentarlos. Por otra parte, está convencido de que la protesta de los chavales no irá a ninguna parte ni van a conseguir nada positivo. Y aún en el supuesto de que les echara una mano, ¿qué conseguirían?
- Al final, de forment ni un gra – termina repitiendo en voz alta el popular aforismo valenciano que sintetiza la falta de consistencia de algo o alguien.

   El domingo siguiente a la visita del grupo de chavales, Tormo se tropieza en una calle con Sergio Martín. No se habían vuelto a ver desde la última charla del ciclo que impartió el profesor sobre el presente y el futuro del urbanismo.
- Hombre, Sergio ¿qué tal, cómo estás?
- Bien, profe, ¿y tú cómo lo llevas?
- Haciendo la vida de siempre. Mis apuntes, las clases, un ensayo que estoy escribiendo y que no sé si lo terminaré alguna vez. Pura rutina. Por cierto, tú que supongo que te mueves en los ambientes juveniles, ¿sabes algo de un conato de protesta que un grupo de estudiantes del pueblo quiere poner en marcha?
- Profe, estás hablando con un humilde electricista que curra más de diez horas diarias. No me queda tiempo para frecuentar la vida juvenil y menos la de los estudiantes del lugar. Y no, no he oído nada, pero no me has dicho de qué protestan.
- De que van a urbanizar la partida de la Marina.
- Esa sí que es buena. Los que protestan deben ser los hijos de los ricos del pueblo porque ya me dirás, ¿de qué diablos va a vivir este pueblo si no es del turismo? Solo la gente que no le da un palo al agua puede estar en contra de que se construya. Tú mismo nos explicaste los muchos beneficios que comporta el urbanismo.
- También os expliqué que cuando se realiza un urbanismo salvaje, sin ninguna clase de respeto por el medio ambiente, las consecuencias negativas superan a las positivas. Y cuando aquí comiencen a cargarse los marjales habremos llegado a esa situación.
- Que yo sepa, en el humedal no se ha puesto un solo ladrillo.
- Por ahora, pero…